Espacio que pretende resguardar voces, experiencias y conocimientos desde el rol
social del bibliotecario. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural
intangible conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas, semblanzas,
historias de vida. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

miércoles, 19 de julio de 2023

Ana Medrano, primera presidenta de la comunidad qom de Derqui


En un hecho histórico, por primera vez en el Centro Comunitario Daviaxaiqui de la comunidad qom de Derqui, una mujer es elegida presidenta, se trata de Ana Medrano, referente cultural de la comunidad, maestra bilingüe, traductora qom-castellano, artesana, tejedora, colaboradora del proyecto musical Qomi Qompi y alma materna del proyecto Biblioteca Qomllalaqpi -realizado con la colaboración de Roque López, entre 2009 y 2012- junto con el apoyo de la Fundación Desde América, recordado emprendimiento colectivo en el que estuvieron involucrados los antropólogos Carlos Martínez Sarasola y Ana María Llamazares.

Esta designación fue realizada el 19 de junio, por votación de los vecinos del llamado "barrio toba", en donde participaron 33 familias, obteniendo Ana 14 votos. El resultado genera expectativas en la comunidad, dado el compromiso que siempre manifestó Ana Medrano en defensa de la cultura oral de los ancestros qom, una mujer vinculada permanentemente con la identidad cultural de su pueblo, en donde se incluye sus tareas al frente del merendero comunitario, con asistencia a los niños y niñas del barrio, sumado a sus colaboraciones bajo el entendimiento de la interculturalidad, con múltiples actividades en el contexto educativo y en la salud pública.

Cabe señalar que la comisión directiva del centro comunitario está conformada por 12 miembros de la comunidad, y que el cargo de presidente es por 2 años, por lo tanto, el período 2023-2025 contará con la dirección de una persona muy querida en el barrio, quien seguramente realizará trabajos y proyectos que fortalecerán la identidad cultural del pueblo qom.

Por fuera de esta noticia, siempre tengo el ameno recuerdo del primer encuentro en la casa de Ana y Roque, la receptividad que hubo aquel día por un tema que habilitaba múltiples posibilidades de trabajo comunitario, ni más ni menos que una biblioteca, y sobre todo, una biblioteca oral, que pudiera resguardar el conocimiento de las personas, proyecto que desde 2009 hasta 2012 se conoció como Biblioteca Qomllalaqpi (los hijos de los qom). Se trata de un concepto que ha sido desarrollado en buena parte de América Latina, con resultados dispares, pero que en Derqui generó atención por lo que implicaba contar con un espacio que permitía el registro del conocimiento comunitario, las verdades y experiencias de la comunidad, las "dos educaciones" del pueblo qom (la tradicional que se imparte en las escuelas y la familiar, con base en la oralidad y el bilingüismo). 

Aquel día, con un mate de por medio, supe el sentido que tenía el árbol de algarrobo para la cultura, la tinta que se extraía mezclando las raíces con alcohol para dar a las artesanías el color amarronado característico, la importancia que tiene para las madres qom enterrar la placenta en algún lugar de la casa, los cantos en lengua materna que no se perdieron, el profundo grado de identidad que genera el sonido del n'viqué, los telares tejidos con las antiguas técnicas familiares, el valor de comunicar la cultura, el respeto hacia los abuelos y abuelas, el aprecio que genera la existencia de un pi'oxonaq.

Hoy Ana está al frente del Centro Comunitario Daviaxaiqui y la sola noticia es alentadora por tratarse de una trabajadora con un amplio entendimiento de su cultura.

Una feliz noticia, enhorabuena.

Versión para El Orejiverde: http://www.elorejiverde.com/buen-vivir/6750-ana-medrano-primera-presidenta-de-la-comunidad-qom-de-derqui  


sábado, 1 de julio de 2023

Interculturalizar la interculturalidad: cultivar entendimientos para fortalecer la identidad

La interculturalidad es un concepto que establece un plano de igualdad y reciprocidad, donde son posibles las comunicaciones horizontales y los intercambios de conocimientos entre grupos culturales diferentes. Transformar el sustantivo en un verbo -desde el territorio de la Educación Intercultural Bilingüe (EIB)- requiere la diagramación de políticas educativas donde se habilite un mecanismo de construcción social de conocimiento, en el que sea posible articular el entendimiento familiar de la propia cultura originaria. En este sentido, las bibliotecas indígenas resultan unidades apropiadas para gestionar un conocimiento comunitario que pueda aplicarse en el aula de modalidad EIB, a través de documentos que recuperen, desde la oralidad y la memoria, un patrimonio custodiado por los últimos guardianes de las culturas indígenas, aquellos portadores de conocimiento que las sociedades occidentales reconocen como libros vivientes o tesoros humanos vivos.

En dicho terreno, el bilingüismo es una herramienta para acercar entendimientos entre ambas educaciones, especialmente con temáticas que tengan relación con la historia cultural, el contexto geográfico, el conocimiento agroecológico y el componente lingüístico de las comunidades. Es allí, que el rol social del bibliotecario cobra una importancia trascendental, al permitir el resguardo de información como resultado de un proceso de documentación de un conjunto específico de conocimientos orales. Es preciso cambiar el paradigma de la oralidad en cuanto información que pueda cultivarse en forma interdisciplinaria, con aplicación en el aula, en donde el bibliotecario/a sea un puente de comunicación, y de eventual registro, a través de la construcción del propio acervo.

Es necesario analizar el recorrido jurídico en torno a la diversidad cultural, pero no desde un entendimiento vertical, sino favorecer el enfoque de una interculturalidad crítica basada en la igualdad de derecho, donde puedan debatirse las desigualdades y asimetrías. En Argentina, la educación destinada a las comunidades indígenas es una de las ocho modalidades que se pautaron para ofrecer la posibilidad de un aprendizaje a colectivos minoritarios en situación social vulnerable: EIB, educación técnico profesional, educación artística, educación especial, educación permanente de jóvenes y adultos, educación rural, educación en contextos de privación de la libertad, educación domiciliaria y hospitalaria. En líneas generales, es un hecho que las sociedades van evolucionando y adquiriendo derechos que fueron ganados en base a demandas y luchas concretas, situación que en el terreno de la educación incluye diseños de programas curriculares que orienten el desarrollo cultural y social de las familias, para lo cual es urgente revisar el pasado histórico de los pueblos originarios, sus resistencias, sus idiosincrasias, su invisibilidad.

La Educación Intercultural Bilingüe surge en Argentina a fines del siglo XX como modalidad para el tratamiento de la diversidad étnica y lingüística, en un escenario signado por la extrema desigualdad, pobreza y marginalidad. El inicio de esta propuesta, si bien contó en su desarrollo con una amplia legislación nacional, tuvo un carácter compensatorio (Hecht, 2015). La implementación de la enseñanza planteó una relación entre la identificación de la diversidad sociocultural y la pobreza estructural representada a través de carencias económicas, sociales, educativas y políticas de las comunidades aborígenes.

Representa una controversia que en su origen el programa haya sido delegado bajo la supervisión de la Dirección Nacional de Programas Compensatorios, dependiente de la Subsecretaría de Equidad y Calidad. Una medida que instala la asociación de la diferencia cultural con un problema que debe ser subsanado desde una compensación educativa. Este criterio fue modificado 3 años después, al pasar el área de EIB a la Dirección Nacional de Gestión Curricular y Formación Docente del Ministerio de Educación.

En líneas generales, las escuelas que cuentan con modalidad EIB deben focalizar sus contenidos curriculares en lengua originaria y en castellano como segunda lengua, los mismos deben tener un sentido de pertenencia con la cultura indígena, así como una perspectiva intercultural, que responda a la lógica de un diálogo entre culturas, con información específica que incorpore el conocimiento familiar tradicional de las comunidades. Si esto no sucede, resultaría inevitable la folclorización de una cultura que es preciso “rescatar” desde el sistema educativo, lo que invariablemente incluirá una construcción de estereotipos negativos, un desconocimiento del entorno comunitario, así como de las prácticas sociales y conocimientos culturales cultivados por los ancianos/as de las comunidades.

En ocasiones, es una carencia lo que habilita una demanda, el conjunto de reclamos que tornan visible la necesidad de una respuesta política, cuya incidencia genera un escenario de cambios que paulatinamente se incorporan en el sistema educativo. Si en una comunidad el espacio escolar no integra los conocimientos de los diferentes núcleos poblacionales que pertenecen a culturas diferentes, la persistencia del problema aumentará las estadísticas sobre deserción escolar y repitencia, números que dejarán de ser datos vacíos sin rostros visibles detrás. Se trata de una situación que tendrá por evidencia la ausencia del Estado para garantizar la equidad, la inserción social y el desarrollo educativo, en un país que registra oficialmente 33 pueblos indígenas (Martínez Sarasola, 2015), donde se hablan 18 lenguas originarias y cuenta con aproximadamente 870 comunidades con personería jurídica (Ministerio de Educación, 2009).

No entender el alcance de esta masa crítica de conocimiento, desde las cuales poder articular nuevas formas de entender la realidad, es una de las razones para comprender la complejidad del concepto de identidad de un país atravesado por múltiples matrices culturales, muchas de ellas negadas y despreciadas por buena parte de la sociedad dominante. Superadas ciertas concepciones en torno a la diversidad cultural, es preciso pasar a otra instancia: que la investigación escolar visibilice el conocimiento a ser registrado en bibliotecas bilingües e interculturales, donde las colecciones representen las características de una cultura en movimiento. Que esta casa educativa paulatinamente vaya incorporando criterios basados en los cambios propios de toda comunidad.

Es incluso válido que la biblioteca habilite un espacio para las preguntas, porque resultarán inevitables en un mundo de cambios producidos por conquistas sociales.

Paulo Freire (2015) sostenía que era necesario “desarrollar una pedagogía de la pregunta. Siempre estamos escuchando una pedagogía de la respuesta. Los profesores contestan a preguntas que los alumnos no han hecho”. Es de algún modo concebir el criterio de una biblioteca interrogativa que produce documentos, pero esos documentos no fijan para siempre un entendimiento, sino que, por el carácter oral y plural de su construcción, integrará matices propios de cada discernimiento. Estas situaciones registran casos de intervenciones comunitarias en temas que son interpelados en forma circular, especialmente en el campo lingüístico, lo que implica la importancia de registrar los cambios basados en las comunicaciones entre los miembros de la comunidad.

Podría decirse que la biblioteca indígena, tal como fue concebido el concepto de cultura en la antigüedad -una metáfora agrícola planteada por Cicerón, como cultivo del alma humana a través del conocimiento- habilita la construcción de un conjunto de saberes, creencias y conductas sociales, que permiten la comunicación interdisciplinaria con la posibilidad de resolver problemas que afectan a las propias comunidades. Suele ser habitual en barrios indígenas que cuentan con centros comunitarios y títulos de propiedad colectiva, la realización de asambleas para tomar decisiones que se vinculan con propuestas externas, requerimientos propios, o reclamos a diversas entidades públicas, en donde suelen existir los consensos como producto de extensas deliberaciones, en el que cada integrante toma la palabra desde su propia experiencia. Registrar esa toma de posición resulta una tarea de singular importancia para el bibliotecario/a, por lo que implica un material que representa el análisis colectivo de problemáticas que los interpelan, una toma de posición determinada, contenidos que no deberían ser indiferentes para el maestro de modalidad EIB.

Las sociedades avanzan con sus desigualdades a cuestas, las convenciones lingüísticas agregan nuevas conductas verbales que enriquecen el plano multicultural y plurilingüe de los países. Es deber de las escuelas incorporar esas prácticas que nombran realidades con entendimientos ancestrales, acaso un modo de reconocer los desarrollos que inciden en el mundo, y con los cuales hay que prestar atención, porque el conocimiento oral está presente en las comunidades indígenas, pero en general, exceptuando honrosas excepciones, no se tiene en cuenta su aplicación a nivel educativo. Enseñar historia, geografía o biología, por mencionar algunos ejemplos, no tiene sentido en una EIB si no se incluyen componentes del propio contexto comunitario, que permitan integrar saberes: enseñar desde lo que el alumno/a ya sabe por comunicación familiar, establecer un criterio arbóreo de conocimientos con pertenencia cultural al entorno social, histórico y educativo.

Limitar la clase, sea cual fuera su temática, a una traducción de contenidos homogéneos, semejantes a cualquier modalidad educativa, deja sin sentido el articulado concepto de la interculturalidad y el bilingüismo, tal cual se destaca en la nomenclatura de la modalidad. Asociar en el aula un conocimiento comunitario, una verdad, una memoria o un recuerdo, implica concebir una pedagogía ya explorada a mediados del siglo XX desde el punto de vista empírico por algunos maestros rurales de América Latina, en donde ha sido posible hilvanar otros conceptos desprendidos del vocabulario utilizado en el propio territorio, que acompañe la comprensión de los alumnos para poder asociar de ese modo un aprendizaje, un sentido práctico, una afirmación cultural. Se trata de una enseñanza basada en la escucha atenta, cuyo estudio tiene por premisa la creación y recreación de saberes, que los alumnos/as no tengan por práctica el consumo estadístico de documentos, sino un reconocimiento de lo que cada uno sabe, pero también de lo que se desconoce, lo cual supone la concepción de un sistema de aprendizaje que atañe a la comunidad educativa en su conjunto, de la cual el bibliotecario/a forma parte.

En muchos casos, el plano de la oralidad queda limitado al esquema del bilingüismo, donde solo se traducen contenidos aprobados por el Ministerio de Educación en lengua materna. Los entendimientos y las verdades de los descendientes de pueblos originarios quedan afuera, y con ello, una oportunidad perdida de integrar diferentes formas de comprender la realidad, diferentes modos de nombrar las cosas que nos rodean. Ya lo decían los antiguos griegos, todo aquello que es verdadero no debe ser olvidado, la educación pública no puede anclar en el olvido las verdades colectivas de los pueblos originarios, probablemente se trate de revisar un aforismo de Heráclito (2007) basado en la elección de una sola palabra: aproximación. No aproximarnos al análisis de las cosmovisiones que encierran dichas verdades, acarrea no asumir los componentes de nuestra propia identidad como sociedad multiétnica y plurilingüe.

Representa de algún modo un problema sin resolver a nivel social, y bajo el cual la educación -y en especial la bibliotecología comunitaria- puede representar, a través de la construcción y registro de documentos, una respuesta con repercusión en el aula. Es como concebir un ecosistema cuyo desarrollo depende enteramente de quienes cuidan el patrimonio de una comunidad, pero ese concepto requiere apoyo político para no ser vulnerado. La oralidad desde el contexto de las culturas indígenas, ha significado una herramienta de comunicación que ha permeado el sistema de relaciones interétnicas entre las comunidades y la sociedad occidental.

Sin embargo, a nivel educativo se han registrado algunas experiencias con materiales en soportes escritos que, si bien recuperaron aspectos significativos de las etnias, no incorporaron el testimonio de quienes integran la comunidad educativa. Incluso la edición de libros bilingües que recopilaron mitos y leyendas, en muchos casos fueron interpretaciones de un investigador ajeno a la cultura, pero con registro de informantes que recordaron haber oído de sus abuelos aquellas historias, situación que nos remite a prácticas orales de la Edad Media, en donde para poder zanjar disputas entre pueblos cercanos, se recurría al testimonio oral de las personas con mayor ascendencia en la comunidad, quienes simplemente estaban recordando públicamente de lo que otros habían recordado antes que ellos (Ong, 2016). En esa cadena de conocimiento se ha perdido, dentro del plano educativo, el testimonio endógeno del libro viviente, máxima autoridad de cada comunidad.

Alguna vez consideré que el trabajo del bibliotecario puede consistir en habilitar la arborescencia de los conceptos, desbrozar información y facilitarla al usuario. Con el componente oral este criterio cobra otro sentido, la información es una comunicación que corre riesgo de perderse si no se la registra, pero a la vez se trata de una construcción: evaluar qué es posible documentar desde el espacio de una biblioteca con el conocimiento de las personas que integran la comunidad. Dentro de este entramado, es necesario interpelar el significado de la identidad cultural indígena, lo que implica revisar la historia, examinar el recorrido jurídico del país, e integrar los tiestos de una cultura que forjó el recorrido de una Nación. La biblioteca está destinada a mostrar ese espejo a la sociedad.

Bibliografía

Argentina. Ministerio de Educación. (2009). Recomendaciones para la elaboración de diseños curriculares. Educación Intercultural Bilingüe. Ministerio de Educación. https://des-juj.infd.edu.ar /sitio/upload/eib.pdf  

Cicerón, M. T. (2005). Tusculanae Disputationes. Gredos.

Freire, P. (2015). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Ediciones.

Hecht, A. (2015, noviembre). Educación Intercultural Bilingüe en Argentina: El caso del Chaco entre 1987 y 2014. 9(2), 129-144.

Martinez Sarasola, C. (2015). Pueblos y demografía. El Orejiverde. http://www.elorejiverde.com /index.php/actualidad/pueblos-y-demografia

Ong, W. J. (2016). Oralidad y escritura: tecnologías de la palabra. Fondo de Cultura Económica.

Parménides Poema. Heráclito Fragmentos. (2007). Ediciones Folio.

Bibliografía citada en la presentación oral

Argentina. Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología (2004). Educación Intercultural Bilingüe en Argentina: sistematización de experiencias. Buenos Aires: Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología (1ª ed.).

Argentina. Ministerio de Educación (2008). VIII Congreso Latinoamericano de Educación Intercultural Bilingüe / Ministerio de Educación; UNICEF.  http://www.bnm.me.gov.ar/giga1/documentos/EL002884.pdf

Canosa, D. (2013). Documento oral sobre el violín N’viqué [Blog]. Que Sabe Quien. http://librosvivientes.blogspot.com/2013/02/documento-oral-sobre-el-violin-nvique.html

De violines, violinistas y violineros (segunda parte) el n'viqué. (2021). Revista Folklore: 20 años de historias. http://revistafolklore.com.ar/de-violinesviolinistas-y-violineros-segunda-parte-el-nvique/

“¿Los argentinos descienden de los barcos?” Mitos, prejuicios y alguna verdad. (2021). Deutsche Welle DW. Made for minds. https://www.dw.com/es/los-argentinos-descienden-de-los-barcos-mitos-prejuicios-y-alguna-verdad/a-57886935

Martínez Sarasola, C. (1992). Nuestros paisanos los Indios. Vida, historia y destino de las comunidades indígenas en la Argentina. Buenos Aires, Del Nuevo Extremo.

Artículo compartido en el VIII Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas sobre "Oralidades y culturas orales en las bibliotecas del Sur", realizado en territorio virtual colombiano, a través del Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia, en noviembre de 2022.

sábado, 10 de junio de 2023

John Palmer, el de los wichi

 

Como todo gran antropólogo, John Palmer, nacido en Inglaterra, desasnó un recorrido endógeno hacia otras formas de conocimiento, solo que, en este caso, su andar se mimetizó con las huellas de los paisanos, correspondido y aceptado en el silencio atento, a la vez que sus intervenciones fueron valoradas con respeto. En Tartagal, provincia de Salta, durante más de 30 años habitó una trinchera sin necesidad de levantar la voz, y fue consecuente con sus actos. Entendió la lengua wichi como pocos, se involucró con los problemas de la comunidad, formó una familia con una joven mujer aborigen, Tojueia, con quien tuvo 5 hijos que balbucean inglés, wichi y español, y contempló criterios que ampliaron el plano de entendimiento de su disciplina, enriqueciéndolo y extendiéndolo hasta donde el monte lo permitía.

De algún modo, les dijo a muchos de sus contemporáneos que era posible hacer las cosas de otra manera, representando las verdades de los silenciados, habilitando un modo genuino de pensar una problemática, con una conjunción acaso simétrica y poco transitada: el pensamiento crítico y el conocimiento cultural de la comunidad. Allí donde todo era sequedad, este renombrado antropólogo cultivó un jardín lleno de conceptos y arborescencias comunitarias, se lo recuerda andando en bicicleta, yendo a pie a los barrios, conversando con calma y obrando con prudencia.

Todo en John Palmer me recuerda a Carlos Martínez Sarasola, el equilibrio en la afirmación, la escucha atenta, el gesto solidario, ambos hombres-puente, cada vez que lo cruzaron, las culturas indígenas encontraron una manera amplia de acordar entendimientos, cada vez que terminaron su jornada, dejaron una respuesta y una eventual solución, una línea trazada para meditar colectivamente, y es un silencio que a partir de ahora se lamenta, porque se sabe que ciertas personas no se pueden reemplazar, donde el consuelo último es resignificar lo realizado, pero conscientes de que ante preguntas nuevas, no tendremos otra opción que aventurarnos en nuestro criterio, cuestionándonos secretamente bajo la forma de una interrogación ¿Qué diría John Palmer si ahora estuviera? ¿Qué diría Carlos?

En el documental del cineasta Ulises Rosell, titulado “El etnógrafo”, se aprecia la historia de John Palmer, quien, por su sincera preocupación, llega a ser representante legal de la comunidad Lapacho Mocho, ubicada en el Chaco Salteño, en un contexto de lucha por la posesión de tierras frente al avance de la agricultura intensiva y a la explotación minera en manos de empresas multinacionales.

No sé porque, me viene a la mente esta frase de Luis Chitarroni, también reciente -y lamentablemente- fallecido, desconozco si mide el acto colaborativo de John Palmer, ese que en silencio personificó cada día que le tocó estar en la comunidad, pero quizás algo acerca lo mucho que hizo mientras se dejó vivir, el texto dice así:

“En términos de relato consecuente, morir implica, acaso con desgano, una sola peripecia anterior, que se denomina en tercera conjugación del infinitivo con un verbo de rima consonante: vivir. Que se derrama y se derrocha y se despilfarra en un pleonasmo o una redundancia”.

Y tal vez valga sumar esta disquisición, de que John Palmer reinventó de alguna manera el alcance de su disciplina -así como lo hizo Martínez Sarasola con el entendimiento de la identidad nacional- porque recogió verdades, porque plasmó en ellas su propia -serena, inconmensurable- sabiduría.

Se lo va a extrañar.

Versión para El Orejiverde: http://www.elorejiverde.com/toda-la-tierra-es-una-sola-alma/6735-john-palmer-el-de-los-wichi

jueves, 1 de junio de 2023

Algunas reflexiones del universo cartonero

Si algo quedó claro con el III Festival del Libro Cartonero realizado en Lima, Perú, es la permanencia del universo de las editoriales cartoneras, una señal de que esa forma de edición artesanal llegó para quedarse. En dicho horizonte, se registran eventos anuales que siguen en agenda y cada vez son más los investigadores que dedican un tiempo a este fenómeno artístico y cultural. Nada indica que las editoriales cartoneras se llamen a silencio o se tornen invisibles, y más si observamos el panorama sociopolítico y las crisis cíclicas que se originan en buena parte de los países, sobre todo Latinoamérica.

En lo personal, consideré apropiado introducir en el conversatorio "Cartografías cartoneras en América Latina", del cual formé parte junto a Ksenija Bilbija, Flavia Kraus y Valeria Lepra, un pensamiento de Alfredo Mires Ortiz, bibliotecario peruano de la región de Cajamarca, quien alguna vez dijo lo siguiente: “la Biblioteca empieza a existir cuando la necesitamos, y crece más todavía cuando se convierte en una demanda, que la Biblioteca existe cuando una comunidad sabe que su permanencia depende de sí misma”. De alguna manera podemos decir esto de buena parte de las editoriales cartoneras que desde hace ya 20 años proliferan en distintos países, y de las cuales, según figura actualizado en el Directorio de Editoriales Cartoneras, tenemos un total de 344 editoriales cartoneras. Vale señalar que este dato global, por la naturaleza del contexto colaborativo y comunitario, no pretende, ni podría, ser completo o exhaustivo. He tenido el cuidado de corroborar que ese listado sigue siendo operativo, que esas editoriales cartoneras siguen brindando un servicio, pero es común encontrar menciones de cartoneras de las cuales no es posible hallar datos en la Web.

Estamos hablando de un total de 28 países con experiencias de editoriales cartoneras, de los que sobresalen México, con 56 cartoneras, y Chile, con 55, muy cerca Brasil con 45 editoriales cartoneras, luego Perú con 37 y más abajo Argentina con 28 y España con 24 cartoneras. Me interesó mucho, y me pareció adecuado el criterio, el lema de este evento denominado "tránsitos y adaptaciones", tránsitos es una acción que viene del verbo transitar, ir de un lado a otro, atravesar, que es un poco el recorrido multidisciplinario que llevaron adelante, en forma fragmentada y bajo distintas direcciones, las innumerables editoriales cartoneras de América Latina, que más tarde se extendieron a otras latitudes. Ese verbo de alguna manera ubica un plano donde se vinculan las experiencias comunitarias, el encuentro de adscripciones identitarias, que muchas veces no distingue barreras entre el escritor, el editor y el lector.

En dicho tránsito, se fueron encontrando nuevas formas de acceder a la literatura, y a la vez nuevos modos de nombrar lo creado, no deja de resultar curioso que, en algunas experiencias literarias cartoneras, lo dicho desde la literatura tenga honda vinculación con el formato, las tapas de cartón pintadas a mano que encierran un manojo de fotocopias. Mientras que, por otro lado, tenemos el término adaptaciones, con el cual entendemos aquello que implica ajustar una cosa a otra, adaptarse a algo. Si revisamos la etimología, el término se compone de un prefijo que indica aproximación o cercanía, y un verbo que vincula los conceptos de ajustar, aplicar, alcanzar, en tal sentido me parece muy ilustrativo del movimiento cartonero hablar de un fenómeno cultural que establece una cercanía con la intencionalidad de la propuesta, a la vez que permite alcanzar, a través de la acción cultural y comunitaria, una posibilidad de visibilidad artística, que permanentemente se reinventa en función de sus inquietudes, interrogantes, exploraciones.

Necesidad de brindar un testimonio a través de un conjunto de artefactos con palabras, que expresan un modo muy genuino de convalidar el arte, probablemente se trate incluso de un sentido de pertenencia, en el que tanto los escritores como los lectores, se deban la tarea, en paralelo a la obra publicada, de interpelar el sentido de esta propuesta artesanal, de esto que llamamos libros cartoneros, editoriales cartoneras. Son los tránsitos y adaptaciones de un formato que se ha instalado definitivamente en el escenario de la literatura popular, donde ha sido posible articular circuitos emergentes de comunicación cultural, de expresiones artísticas variadas y de animación y acceso a la lectura, desde un trabajo de base colaborativo y asociativo.

En el encuentro mencioné las experiencias previas a la irrupción de Eloísa Cartonera, todas ellas en la década del ’70, destacándose Ediciones El Mendrugo, de la poeta argentina Elena Jordana, quien a principios de los años 70’ publicó libros encuadernados con cartón corrugado, distribuidos personalmente por la propia autora en sus viajes a México, Estados Unidos y Argentina. Por otra parte, se incluyó en el conversatorio la singular experiencia del poeta y narrador paraguayo Carlos Martínez Gamba, verdadero referente de la literatura oral guaraní, en su vertiente campesino indígena, en especial con la publicación de un libro cartonero en 1971, entendido como el primer cuento paraguayo en lengua guaraní, titulado "Hógape ojevýva karréta nandi rehevéma" ("Del que vuelve a su casa con la carreta vacía"). Por último, me pareció pertinente incluir la mención del Taller Leñateros, experiencia maya que nace en México en 1975, por intermediación de una poeta y editora, Ámbar Past, que propone a comunidades indígenas del barrio Cuxtitali la publicación de libros artesanales escritos, ilustrados, impresos y encuadernados con antiguas técnicas empleadas por ancestros mayas. Esta observación estuvo vinculada al concepto adaptaciones, por lo que implica un sistema de producción artesanal basado en criterios de reciclado, recogiendo en este caso desperdicios agrícolas e industriales para transformarlos en verdaderos objetos artísticos.

El otro tema que pude compartir, muy brevemente, fue el de la incidencia que tienen los libros cartoneros en bibliotecas indígenas, como formatos idóneos para transcribir los documentos orales y ofrecer a las comunidades una forma de autopublicación que implica por sí mismo un recurso económico, considerando que buena parte de las comunidades sobreviven por la venta de artesanías y charlas sobre la cultura en los colegios de la zona. Claramente se puede establecer un circuito de producción documental entre la comunidad, la biblioteca, la editorial cartonera y las radios indígenas bilingües, medios de comunicación que consideré apropiados para articular conocimiento local, en donde las editoriales cartoneras cumplen un rol de difusión artística comunitaria y fortalecimiento de la lecto escritura en culturas históricamente ágrafas.

En ese posible escenario, se utiliza el conocimiento oral como base, el mismo atraviesa una serie de intervenciones y prácticas tomando como anclaje la lecto-escritura, para luego transformar lo creado en un artefacto de palabras, pintado a mano en forma artesanal. Finalmente, el proceso queda registrado en el catálogo de una biblioteca a través del fondo oral con su formato escrito derivado. Se entiende que esta última acción no implica una función estática o pasiva del documento que pasa a formar parte de un estante, sino más bien es el inicio de una acción dinamizadora, que vincula el formato libro cartonero con las necesidades de lectura de una comunidad. Que puede viajar, en una función básica de servicio de extensión bibliotecaria, a distintas comunidades a través de mochilas viajeras, y cuyo catálogo puede ser compartido por diversidad de instituciones académicas, escolares, universitarias, centros de documentación o grupos de investigación.

Representa un circuito de trabajo que en forma permanente va generando conocimiento, cultura, expresión literaria, arte pictórico, las posibilidades que despliegan las editoriales cartoneras son numerosas, irregulares, comunitarias, vinculantes, adaptativas, dinámicas, complejas. Un pequeño universo indeterminado donde se encuentran poetas, narradores, cuentistas, ensayistas, pintores, dibujantes, artesanos, diseñadores y editores, y podemos incluir también a los bibliotecarios, locutores de radio, artistas y referentes comunitarios que trabajan en el mundo del reciclado y la recolección.

Hubo dos anécdotas que me parecieron ilustrativas en cuanto al alcance que tienen los libros cartoneros en las bibliotecas. Una vez, la docente en bibliotecología Mirta Pérez Díaz, utilizó un libro cartonero para una actividad en clase, ese libro lo había comprado cuando participé en el encuentro cartonero de Santiago de Chile de 2017, “La gota de agua”, de Amado Nervo, publicado por Ediciones Liz, sabía que en sus manos ese material iba a tener una utilidad insospechada. Poco tiempo después, me dijo algo que comparto: “pocos estudiantes perciben estos documentos como parte de los fondos de una biblioteca”. Desde otro lugar, otro bibliotecario, Javier Areco, me comentó una vez que el bibliotecario de la Biblioteca Pública de Los Ángeles, le mostró en streaming los anaqueles interminables que tienen de fanzines, dijo que “no solo forman parte del fondo: todos fueron adquiridos pagando, por más informal que pueda parecer la editorial autogestionada o el autor emprendedor que los creó, porque los consideran únicos, reflejan lo local y están comprometidos en apoyar esos movimientos y conservar esa memoria”. Por ende, es improbable medir el impacto que un simple libro cartonero puede tener en una unidad de información.

Me pareció adecuado finalizar con una frase de Martín Kohan, escritor argentino, quien dijo recientemente que “Las voces del decir literario, incluso cuando elevan su volumen, tienden a circular como un murmullo. Pienso así a la literatura, incluso a la más resonante: como un murmullo, persistente y sustancial, que circula con nitidez entre el ruido del vocerío”.

Me sentí identificado porque en lo personal busco ampararme en ese murmullo, y no dejo de pensar que todo este fenómeno surgió por un pedazo de cartón que un hombre en situación de calle le vendió a un poeta a cambio de unas monedas.

Agradezco a Alfredo Ruiz Chinchay por la invitación.

III Festival Internacional del Libro Cartonero:

https://www.ccincagarcilaso.gob.pe/actividades/iii-festival-internacional-del-libro-cartonero/

Conversatorio "Cartografías cartoneras en América Latina":

https://www.facebook.com/cultura24.tv/videos/cartograf%C3%ADas-cartoneras-en-am%C3%A9rica-latina/1621480231683530/


sábado, 13 de mayo de 2023

III Festival del Libro Cartonero: tránsitos y adaptaciones

 


Del 19 al 20 de mayo, se llevará adelante una nueva edición del Libro Cartonero, en este caso tomando por lema un criterio, a mi entender, afortunado: tránsitos y adaptaciones de un formato que se ha instalado definitivamente en el escenario de la literatura popular, donde ha sido posible articular circuitos emergentes de comunicación cultural, de expresiones artísticas variadas y de animación a la lectura, desde un trabajo de base colaborativo y asociativo.

El festival estará organizado por el Centro Cultural Inca Garcilaso, Cultura 24 TV del Ministerio de Cultura del Perú, la Municipalidad Metropolitana de Lima y la editorial Viringo Cartonero, ofrecerá un total de nueve conversatorios, tres talleres, cinco presentaciones de publicaciones cartoneras, dos conciertos y una feria de libro cartonero, que presentarán al público la variada y original producción de las editoriales cartoneras nacionales e internacionales. Una muestra del permanente crecimiento de las editoriales cartoneras en Latinoamérica.

Los diferentes conversatorios estarán a cargo de editores y editoras cartoneras, así como de docentes e investigadores de Alemania, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Costa Rica, España, Estados Unidos, México y el Perú, quienes compartirán sus valiosas experiencias en torno a la edición, producción y circulación de los libros cartoneros. Los talleres serán dirigidos por el reconocido artista peruano Alexander Tongombol y la editora Rosi Castellanos, mientras que los grupos “Inspiración criolla” y “Etiqueta Azul” realizarán conciertos de cierre en ambos días.  La trasmisión virtual de las actividades culturales estará a cargo del canal web Cultura24 TV, del Ministerio de Cultura del Perú.

En el marco del festival se presentará también la primera revista cartonera publicada en el Perú, titulada Ojo de agua, resultado de un proyecto común del Centro Cultural Inca Garcilaso con la Biblioteca de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la Universidad Antonio Ruiz de Montoya y las editoriales Viringo Cartonero y La Maga Cartonera. La revista mantiene un enfoque intercultural y posee cuatro secciones constantes: ensayos, poesía, testimonios y traducciones.  La publicación surgió como respuesta a la necesidad de promover el pensamiento y costumbres de las diferentes comunidades que actualmente conviven en el país. De esta manera, la escritura creativa y la imaginación gráfica de sus colaboradores encuentran una tribuna que les permite materializar su fecundidad espiritual.

Asimismo, se presentará la tercera colección de libros cartoneros en sistema braille, conformados por los siguientes títulos: Intelectuales peruanas (Flora Tristán, Rosa Arciniega y María Wiesse), Animales en peligro de extinción (pelícano, lobo marino, gato andino y guanaco) y Plantas medicinales del Perú (ayrampu, muña, eucalipto y boldo). Los ejemplares, que fueron elaborados por el Centro Cultural Inca Garcilaso, la Gran Biblioteca Pública de Lima, el Programa Lima Lee de la Municipalidad Metropolitana de Lima y la editorial Viringo Cartonero, serán donados a diversas bibliotecas especializadas, del Perú y el exterior en beneficio de los usuarios que así lo requieran.

De mi parte, el sábado 20 de mayo, tendré el gusto de compartir un conversatorio virtual bajo el título "Cartografías cartoneras en América Latina", en el que estarán presentes destacados referentes del universo cartonero: Ksenija Bilbija (Universidad de Wisconsin, Estados Unidos), Flavia Kraus (Universidad do Estado de Mato Grosso, Brasil) y Valeria Lepra (Universidad de la República, Uruguay). Allí compartiré algunas ideas vinculadas con el Directorio de Editoriales Cartoneras, los antecedentes editoriales previos a Eloísa Cartonera y la incidencia de los libros cartoneros en el escenario de las bibliotecas indígenas.

Fuente consultada:

https://www.ccincagarcilaso.gob.pe/actividades/iii-festival-internacional-del-libro-cartonero/