Espacio que pretende resguardar voces y conocimientos desde el abordaje de la
bibliotecología. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural intangible
conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas a bibliotecarios sobre el rol social
de la profesión. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

miércoles, 30 de agosto de 2017

El espíritu deportivo en las culturas originarias


Recientemente, esta nota publicada en El Orejiverde, relativa a un artículo perteneciente a la colección “Cuadernos de Historia Popular Argentina” (publicado en formato revista en el mítico Centro Editor de América Latina) habilitó reflexiones sobre el entendimiento del espíritu deportivo en las comunidades indígenas de América Latina, la necesidad de documentar aquellas prácticas, que de alguna manera trazan un puente con ciertos tópicos que forman parte del contexto latinoamericano, rasgos identitarios que aún nos diferencian en relación a otras culturas. El texto, titulado  “Los juegos indígenas”, bajo la autoría de Guillermo Magrassi, Mónica Berón y Juan Carlos Radovich,  da cuenta de los orígenes de algunos deportes que ya existían en América antes de la conquista española, vale detenerse en esta reflexión del suizo Alfred Métraux, uno de los que tanto han hecho desde el campo de la antropología en favor de los pueblos originarios argentinos, quien en 1940 expresó lo siguiente:

"Desde que regresé de la República Argentina, en cuyo Gran Chaco estuve cerca de un año viviendo entre los indios, muchos me han preguntado cuál es el espectáculo humano que en aquellas tierras mayor impresión han dejado en mi mente. Y cada vez que me ha sido formulada tal pregunta he contestado sin vacilar: los grandes partidos de hockey disputados a orillas del Pilcomayo. En el transcurso de una existencia errante he asistido a muchos encuentros de fútbol. He visto jugar a los admirables equipos argentinos y uruguayos. He presenciado los "Big Games" en Palo Alto, California. Pero ninguno de ésos acontecimientos deportivos me han proporcionado tanto placer como los partidos de hockey disputados en el Chaco por los indios tobas o los matacos."

Este recuerdo del antropólogo deja paso a una reflexión de Guillermo Furlong, que aún hoy es ignorado por buena parte de la sociedad: "Si es verdad que nada nuevo hay bajo el sol, esta verdad está hoy plenamente confirmada en lo que respecta a los juegos y deportes. Pero lo que más podrá extrañar (a algunos) es que para confirmación de este aserto no es menester ir a consultar los anales de los germanos, galos o visigodos, ya que, por lo que a América toca, nuestros indígenas conocían el base-ball, el hockey y el fútbol y practicaban otros deportes que nosotros desconocemos. Los citados juegos y deportes, aunque con otros nombres, existían entre ellos desde mucho antes del descubrimiento de América".

Hilando fino, se podrá corroborar que fueron muchos los deportes con origen autóctono americano más que europeo, que fueron divulgados mucho después del descubrimiento de América, si bien es cierto que desde los barcos españoles, italianos y portugueses llegaron a difundirse muchos deportes y juegos (entre ellos los de azar con barajas, los dados cúbicos, las corridas de toros, la taba con astrágalo de vacuno o lanar, el cricket, el golf, las carreras de caballos y de perros o con carromatos, las cacerías con armas de fuego, etc.), sin embargo, fueron menos de los que llevaron a su conocimiento y difusión en Europa desde América y otras partes del mundo. Ello debido a que durante la conquista y colonización de América fue escasa la inmigración de jóvenes y adolescentes, quienes habrían podido ser los portadores de juegos y prácticas deportivas que no fueran las mencionadas, más adecuadas para gente madura. En cambio el traslado forzoso de nuestros indígenas a las cortes, ferias, circos y mercados de esclavos de Europa fue casi exclusivamente de jóvenes, varones y mujeres, mayor al comienzo y desde el mismísimo primer viaje de Cristóbal Colón.

Desde el Orejiverde se han compartido informes relativos a los juegos indígenas, incurrir en el abordaje de este artículo nos a llevado a documentar el poco reconocido escenario de los deportes indígenas, muchos de ellos negados desde la historia a pesar de las crónicas existentes, como por ejemplo el  juego con pelotas de goma, antecesor indígena de nuestro fútbol actual. Según los autores del artículo todos los juegos con pelota de goma son patrimonio cultural de exclusivo origen indoamericano. La totalidad de las plantas que producen caucho, goma natural, goma elástica o goma de mascar ("chicle") pertenecen a la flora indígena americana y sus primeros empleos fueron aprendidos por los europeos de nuestros antepasados aborígenes. La única excepción la constituye la goma arábiga (que se obtiene de una acacia común en la península del mismo nombre), cuya sustancia viscosa disuelta en agua sirve para pegar o adherir. El caucho o hule, en cambio, es una sustancia elástica  indisoluble en agua y que circula por los vasos laticíferos de ciertos árboles y plantas, líquido generalmente lechoso del cual se obtienen distintos tipos de goma vegetal. La gomorresina, a su vez, que fluye del árbol del chicozapote al practicarse incisiones en su tronco, es la que proporciona el "chicle" que gustaban mascar los antiquísimos nativos mesoamericanos desde milenios antes que los norteamericanos adoptaran la costumbre y la difundieran como parte de su "humanidad de goma". Hoy tenemos absoluta seguridad de que hace por lo menos 3.500 años existían en América juegos con pelota de goma. Al menos desde el tiempo de los llamados mecas arqueológicos cuyo nombre precisamente quiere decir "los hombres o habitantes del país del hule", allá en el golfo de México.

La propia palabra cancha nos remite a un origen indígena (qeshwa o quichua) incorporada al castellano o español como muchos otros vocablos aborígenes. En su expresión inglesa, el fútbol es muy moderno, pero como deporte ya existía en toda Europa en el siglo XV antes del "cubrimiento" de América. Claro que no se utilizaban entonces las pelotas de caucho inflables y recubiertas con cuero, sino que se empleaban vejigas de animales llenas de aire. Recién "cuando arribaron a América los conquistadores españoles, pudieron ver cómo los indígenas jugaban al fútbol, con excelentes pelotas de goma, sin comparación más perfectas que las de aire…Tenían campos a propósito, de anchura y largo señalado, con rayas equivalentes a las porterías (arcos), con asientos de piedra alrededor para los espectadores, y aún tribunas de honor donde los caciques y señores se acomodaban en duhos o asientos preciosamente tallados."

Hay algo que atraviesa en todo momento este informe y es el resaltar del espíritu deportivo, que en el contexto indígena no sabe de nombres que se destaquen individualmente sino que la fortaleza del entendimiento encuentra lugar en lo colectivo, en la suma de voluntades. Dicen los autores en el apartado titulado “Nuestros indios argentinos”, que los paisanos se valían del mangay, que es un árbol bello, “para hacer sus pelotas” y su juego “se practicaba con la cabeza y con el empeine de los pies", la fuente que registra estos hechos fueron consignadas hace más de doscientos años por el sacerdote jesuita Sánchez Labrador, aclarando posibles dudas respecto al origen indígena del balompié o fútbol. Incluso  Magrassi afirma que en nuestra pampa, el mismo cronista consigna en el siglo XVIII un juego con pelota de goma distinto, ya que en este caso se empleaban las manos, y lo jugaban doce personas en círculo, todos desnudos sin hilo de ropa sobre sus cuerpos “y esto aunque sea en el rigor del invierno”.

Los autores afirman que “este juego deportivo era tradicional en nuestra tierra y muy difundido” también lo confirma, con algunas variantes en su forma, otro cronista aventurero cien años después. Se trata del explorador inglés Musters, quien además de espiar para la corona británica cuáles serían las mejores tierras patagónicas donde erigir luego sus inmensas estancias, nos dejó un valioso relato de su Vida entre los patagones (nuestros tehuelches históricos) entre 1869 y 1870. Su registro del deporte presenta algunas variantes en la forma que pueden estar dadas, tanto por los cambios habidos en el transcurso del tiempo, como también por el hecho de estar constatado el anterior entre nuestros aborígenes del Río de la Plata y éste entre los habitantes de Patagonia quienes no disponían allí de árboles de la goma. El mismo viajero afirma que el juego de la pelota estaba limitado a los jóvenes y que encuentra similitudes entre los Mapuche que lo practicaban con el nombre de pitma o pilmatún, y los Ranculche (gente de los carrizales, llamados vulgarmente ranqueles), quienes los realizaban con otras variantes aunque coincidiendo en considerarlo más como ejercitación física que como entretenimiento deportivo.

Incluso los articulistas encuentran un antecedente bastante particular en la acción conocida en el fútbol como “palomita” que como se sabe es arrojarse al suelo buscando impactar la pelota con la cabeza, al respecto existe un antecedente en Bolivia donde la regla era utilizar la cabeza en vez de las manos o pies para pegar a la pelota, situación que fue registrada por los misioneros presentes en las plazas públicas donde solían realizarse estos encuentros. Según Sánchez Labrador también nuestros mocovíes de Santa Fe practicaban un juego con pelota en donde participaban aproximadamente 200 personas, consistiendo el juego en pasarla con la cabeza hacia el otro lado, con lo cual perdía aquel que no lograse evitar el contacto de la pelota con el suelo.

Vale la reflexión final de los autores, cuando expresan que “nuestro fútbol indígena se parecía mucho más a nuestros sanos y populares “partidos de potrero" que a los controlados y muchas veces aburridos espectáculos comerciales efectuados en monumentales estadios”.  En ese imaginario de hombres desnudos ataviados con plumas en sus muñecas, cabezas y piernas, muchas cosas fueron cambiando en aras de favorecer un espectáculo masivo cuyos costos actualmente rozan la obscenidad, en algún punto los potreros siguen conservando ese espíritu que lleva a los adolescentes a “jugar a la pelota”, probablemente ese entendimiento se deba a como lo concibieron nuestros paisanos siglos atrás, cuando todo lo que tenían por delante era un campo ilimitado y una simple pelota por disputar.

Nota: este informe es apenas un resumen de la publicación titulada “Los juegos indígenas y otras diversiones” / Guillermo Magrassi, Mónica Berón y Juan Carlos Radovich. Cuadernos de Historia Popular Argentina. Centro Editor de América Latina. Se recomienda vivamente su lectura.

Fuente:
El Orejiverde
http://www.elorejiverde.com/el-don-de-la-palabra/3085-el-espiritu-deportivo-en-los-pueblos-originarios

No hay comentarios:

Publicar un comentario