Espacio que pretende resguardar voces y conocimientos desde el abordaje de la
bibliotecología. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural intangible
conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas a bibliotecarios sobre el rol social
de la profesión. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Sobre archivos orales y producción documental


¿Cuál sería la mayor fortaleza de una biblioteca? Muy probablemente el poder ofrecer a sus usuarios documentos que no podrán obtener en ninguna otra unidad de información.

Producir documentos desde el conocimiento endógeno permite fortalecer el patrimonio cultural intangible de la comunidad, barrio, ciudad o pueblo.  Pensemos en las bibliotecas populares que cuentan en sus acervos con idénticos materiales de referencia y de “temas generales” (incluyendo videos), con lo cual se constituyen en espacios impersonales, lo que allí encontrará el usuario será lo mismo que podrá encontrar en otras bibliotecas populares ubicadas en el norte, sur, este u oeste del país. Todas estas bibliotecas dispondrán de materiales valiosos, distribuidos por un ente rector, que permitirán ofrecer respuestas al usuario, pero del mismo modo –y siempre considerando el acervo bibliográfico- todas estas unidades carecerán de identidad, aquello que la comunidad conserva como saber (historia local, biografías, anécdotas) no se encontrará representado.

Pensemos cuántas bibliotecas se toman como premisa el producir documentos que permitan identificar la identidad local. Acaso una de las herramientas más pertinentes lo constituyen los archivos orales (documentales audiovisuales, registros sonoros y entrevistas pautadas por el bibliotecario a miembros de la comunidad), pero no solamente en aquellas comunidades o pueblos pertenecientes a minorías étnicas, lingüísticas y/o culturales, pensemos en los ancianos y jubilados que se encuentran cerca de una biblioteca popular o pública, cuántos aportes, desde el conocimiento directo, puede generar este grupo social apelando a la memoria y el lenguaje, y no solo el testimonio oral, también los documentos personales (fotografías antiguas, recortes de diarios y revistas que probablemente ya no existan, folletos de época, artefactos y materiales), lo que convierte a este usuario potencial en un referente válido para representar la identidad local a través de documentos y fuente directa de consulta para aquellos investigadores que desean publicar sobre la historia de sus barrios.

Toda biblioteca tiene por objetivo un anhelo tal vez utópico: la búsqueda de representatividad en los acervos bibliográficos. El trabajo con archivos orales permite una comprensión más profunda de la vida social de las familias, habilita el aporte de métodos, conceptos y marcos teóricos que contrarrestarán las informaciones tradicionales que sobre estos grupos existen.
Recoger historias orales implica una profunda complejidad de significado y de sentido, donde toma valor la memoria y la subjetividad del libro viviente. Por medio de una conversación, y con un conocimiento previo del tema a documentar, se comparte entre las personas un proceso intelectual a partir del cual se produce conocimiento, activado por los recuerdos del entrevistado. Incluso la comunicación genera información contextual que no es verbalizada por el emisor, y que debe ser registrada en el documento por el bibliotecario (gestos, silencios, ilustraciones simbólicas). La interpretación de las narrativas orales (costumbres, mitos, cuentos, anécdotas, chistes, canciones, saberes) permite la recuperación de identidades y de una historia que no siempre figura en los documentos oficiales sobre la cultura. Rescatar la memoria permite recrear escenarios olvidados, indagar sobre sucesos tendenciosamente registrados, recuperar, valorar y compartir biografías cuyas historias de vida representan un modo de entender el pasado de una cultura.
Es necesario pensar a las bibliotecas como malocas o mambeaderos, lugares de encuentro donde se recrea la palabra, donde la coexistencia habilita el diálogo, la conversación, el conocimiento y la consecuente producción documental endógena. Documentos “con” la cultura, y no “sobre” la cultura. Bibliotecas cuya fortaleza sea compartir colecciones que ninguna otra unidad de información pueda ofrecer sobre el patrimonio tangible e intangible de las diversas culturas locales.

En el artículo titulado “Oralidad y memoria en la construcción social del conocimiento” he citado a Pedro FalcatoLa identidad tiene relación también con el contexto vital y con las raíces de los seres humanos, por lo cual las bibliotecas deberían interesarse especialmente en incorporar documentos sobre lo local y diferente, lo que tiene que ver con la propia región, vidas e idiosincrasia, para que ese caudal no se pierda y mediante las posibilidades que ofrecen las tecnologías de la comunicación, forme de hecho y de derecho parte del patrimonio de toda la humanidad”.
Crear el propio acervo permite asegurar una presencia en el mundo de la información. La construcción social del conocimiento fortalece la identidad, recupera tiestos de una cultura móvil, donde la lengua materna resulta un vehículo cohesivo, tanto de manera individual como colectiva. En dicho proceso de producción documental, es esencial la intervención del bibliotecario que no limite su trabajo a la mera catalogación y clasificación de lo producido, sino que elabore registros arborescentes, agregando notas marginales, comentarios y documentos desde lo que cada persona puede aportar subjetivamente con su conocimiento.

Es una tarea pero también una toma de posición para entender la profesión desde otro lugar, un concepto mucho más dinámico, proactivo, con un carácter interrogativo, en el que los usuarios participen, logrando nutrir el propio acervo ¿Qué mejor lugar que la biblioteca para recoger y valorar la memoria?
Centro neurálgico de todo tipo de expresiones, es allí donde debemos focalizar el sentido de preservar un patrimonio, ofreciendo evidencias mediante registros bibliográficos representativos.

Quien suscribe recomienda visitar el sitio web “Relatos delviento”, originario de la provincia de Córdoba, cuyos integrantes han recuperado tradiciones, cuentos y leyendas en contextos rurales mediante la construcción de archivos orales. Asimismo existen otros espacios como el Archivo oral de la memoria abierta o la Red de Archivos Orales de la ArgentinaContemporánea que incluyen documentos audiovisuales con testimonios directos de personas involucradas con sucesos particulares de la historia Argentina.

Por último, y sin pretender por supuesto ofrecer un catálogo exhaustivo de archivos orales, se recomienda la consulta del proyecto Association for Cultural Equity sitio web que recoge las grabaciones de Alan Lomas (materiales de vídeo, fotográficos, entrevistas, programas de radio), quien fuera nombrado Director del Archivo de Música Folk Americano en 1937, y colaborador habitual de la Library Of Congreso, máximo responsable de haber aportado documentos y estudios en el campo de la antropología musical y la etnomusicología en diversos países del mundo. Para mayor información consultar este documento.

Asimismo se recomienda, desde el campo de la bibliotecología indígena, consultar sobre el proyecto Biblioteca Digital Maya, a cargo del bibliotecólogo Robert Endean Gamboa, un necesario espacio de colaboración que cuenta con testimonios locales sobre la cultura maya.

Breves apuntes sobre la construcción de documentos orales.

Cuando un bibliotecario, en consenso con la comunidad, decide conformar la creación de un documento, es deseable considerar las siguientes opciones:

-         Registrar previamente el conocimiento de las personas que conforman la comunidad, para ello se requiere tiempo y un interés genuino, alejado de todo paternalismo, para que el documento final sea realmente representativo de los valores y conocimientos de la comunidad.
-         Hacer una selección de los principales temas que se desean investigar. Una vez decidido el tema que se va a trabajar, es necesario interpelar a los referentes comunitarios que poseen conocimientos sobre la cuestión (ancianos, artistas, investigadores locales, referentes culturales, representantes políticos) se decide invitarlos a la biblioteca para que expongan sus conocimientos.
-         Analizar previamente, con sumo cuidado, la variedad de preguntas con el objeto de no dejar librado al azar ningún dato que pueda resultar de interés para el usuario interesado en consultar sobre este tema. Se recomienda tener una noción de los temas a consultar como así también seguir una estructura de preguntas que tengan la virtud de generar un diálogo, lo más relajado posible, respetando los tiempos de cada persona que en ese momento intentarán explicar lo que recuerdan o conocen.
-         Es deseable anexar datos históricos y geográficos a los datos que ofrece cada informante, si hubo autores locales que publicaron sobre el barrio es preciso consultar la fuente, intentar el contacto e investigar sobre la bibliografía utilizada por dicho autor.
-         El paso siguiente, una vez grabados los relatos, es la etapa de edición, donde será necesario respetar en lo posible la estructura de las entrevistas pactadas. Es interesante como criterio respetar un esquema de bloques temáticos, como por ejemplo el siguiente: breve introducción con los datos de las personas entrevistadas -  testimonios del entrevistado -  recolección de información contextual - aportes interdisciplinarios – musicalización en caso que sea pertinente.
-         Posteriormente conviene realizar correcciones con los miembros de la comunidad, corroborar datos, discutir interpretaciones, a fin de que lo registrado represente genuina y pluralmente el saber local, incluso prestar atención, en el momento de la grabación, a la gestualidad, aquí es preciso consignar entre corchetes los gestos o señas empleados por los entrevistados para reforzar el entendimiento de lo que se ha querido transmitir.
-         Una vez editado el material, se graba en un CD y se ingresa en la base de datos, catalogando, clasificando e indizando el contenido del mismo.
El CD (o libro parlante), generado desde la radio o desde la biblioteca, es posteriormente rotulado en el estante de la biblioteca, a fin de facilitar su disponibilidad para los miembros de la comunidad.
-         Es interesante destacar el criterio adoptado para los descriptores que permitirán, de manera unívoca y sin ambigüedades, recuperar el contenido del documento sonoro. El abordaje debería ser exhaustivo, y para que esto sea posible el bibliotecario debe escuchar en su totalidad el documento oral y detenerse en cada concepto para luego representarlo mediante notas de contenido y términos descriptivos que permitan recuperar dicha información.
-         Entre los criterios adoptados figuran el consignar nombre y apellido de los referentes consultados, a la manera de descriptores que permitan identificar y también localizar a la persona en caso que el usuario decida contactarse con motivo de aportar información al documento existente.  Esta opción permite revisar la posibilidad de reedición del testimonio, sumando voces en un verdadero proceso de construcción colectiva del conocimiento, agregando contenidos hasta alcanzar un punto de fijeza, idea de completitud posiblemente inabarcable en este tipo de tarea.
Asimismo es necesario destacar que esta clase de biblioteca genera su propio acervo, y el modo de construcción de un documento tiene similitud con lo que sucede con ciertas enciclopedias virtuales, donde son los usuarios quienes proponen un término y editan sus contenidos, con la diferencia que en este caso los usuarios no pueden borrar la información existente.

Quien suscribe considera de enorme importancia que la biblioteca tenga contacto directo con una radio local, resulta un espacio ideal para complementar la tarea de recuperación de información, no solo por lo que implica en sí mismo el vínculo social y educativo de los medios de comunicación con bibliotecas y escuelas, sino también las posibilidades tecnológicas con las que cuenta y especialmente la sinergia que genera la emisora entre quienes precisamente valoran la palabra como vehículo de expresión de conocimiento. Es realmente necesario que el bibliotecario trabaje con los representantes radiales en forma asociativa, aprovechando las herramientas de un medio de comunicación que no requiere, en estos escenarios, la presencia de locutores profesionales. El bibliotecario como investigador y como periodista para favorecer la construcción de documentos genuinos que fortalecerá un patrimonio cultural en permanente riesgo.

Me aventuro a creer que esta concepción de la disciplina permitiría agregar algunas variables en el excelente artículo de Zunilda Roggau sobre el estereotipo del bibliotecario, allí la autora refiere lo siguiente:

El poder esquiva la realidad que se presenta cotidianamente y que es exigida por la biblioteca "real": un organismo vivo, que interactúe con la gente, que crezca en cantidad y calidad porque los libros se usan, se arruinan, se extravían y deben ser reemplazados, cuyo mobiliario y edificio suponen mantenimiento, reposición o ampliación, que necesita iluminación, personal competente, equipamiento y software, etc., etc. Esta es la biblioteca que intenta democratizar el saber. Pero la "biblioteca sagrada" permite camuflar a la "biblioteca real". Si la biblioteca real no existe, no se necesitan libros, ni presupuestos ni bibliotecarios reales, alcanza con el estereotipo del bibliotecario, con el estereotipo de la biblioteca, que solamente permanecerá allí para cuidar que nada cambie. Si nada cambia (dice el profesional con el estereotipo internalizado) yo no tengo que cambiar; si nada cambia (dice el funcionario con el estereotipo asumido) no hay por qué cambiar, cerrando el ciclo de retroalimentación. La imagen elitista de las bibliotecas se da la mano con la imagen estereotipada del bibliotecario, el poder se sirve de esa alianza para sus fines y por su parte la comunidad "ve" lo que quiere ver.

Se trata de una intervención social, cultural y profesional que a su vez permite conservar un saber, representando conocimiento desde la identidad y la valoración de la memoria, y para lo cual se requiere asumir un compromiso crítico y ético con nuestra vocación.

El firmante agradecerá de parte de los lectores la difusión de ejemplos concretos de producción documental en bibliotecas, museos, archivos y centros de documentación en los que hayan intervenido, con el fin de agregar prácticas y experiencias que puedan conocerse y replicarse en otros espacios. Valoraré mucho cada opinión.

Cordiales saludos.
Daniel Canosa
Bibliotecólogo. Docente-investigador.

Nota: la imagen de esta entrada pertenece conceptualmente al sitio 7000 millones de otros.

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