Espacio que pretende resguardar voces, experiencias y conocimientos desde el rol
social del bibliotecario. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural
intangible conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas, semblanzas,
historias de vida. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

miércoles, 7 de octubre de 2020

Sobre el problema de la traducción en diferentes contextos

 

Suelo problematizar esta disyuntiva: el intento de traducir contenidos en lenguas indígenas sin incluir, en el criterio, la pertinencia cultural. No deja de representar un enorme conflicto, que nos retrotrae a experiencias en las que se involucraron investigadores europeos que incursionaron en la recuperación de mitos y leyendas indígenas, cuyas versiones terminaron publicadas, sin contar en el proceso con la mirada y la revisión de los paisanos, quienes solo limitaron su accionar al relato de las experiencias narradas por sus abuelos.

Un ejemplo ilustra este contexto. A principios del siglo XX, el etnográfo y explorador sueco Erland Nordenskiöld, recopiló un relato wichí conocido como “El robo del fuego”. Unos treinta años después, uno de sus discípulos, el antropólogo suizo Alfred Métraux, quien vivió muchos años en Argentina, escuchó el mismo cuento, pero narrado por otro wichí, y lo publicó en 1946. Más tarde, el antropólogo y editor argentino Miguel Ángel Palermo, reelaboró el texto y le dio un estilo ágil y ameno. Luego lo incluyó en su obra "Cuentos que cuentan los Matacos" en 1987.

Si trazamos el recorrido de esta narración, entre la primera recopilación y las dos publicaciones, pasaron más de 80 años, tiempo en el cual el texto sufrió modificaciones sin que los propios wichí incorporaran criterios lingüísticos al relato. Lo cual implica reconocer que, si ese libro se incluyera en las bibliotecas de las escuelas con modalidad Educación Intercultural Bilingüe, lo que los alumnos wichí estarían leyendo es la interpretación de una interpretación, bajo entendimientos ajenos a la cultura.

Una de las situaciones más frecuentes, siempre y cuando exista el consenso de trabajar con lingüistas indígenas, tiene relación con ciertas palabras que son imposibles de traducir desde la lengua originaria al castellano, con lo cual se considera criterioso dejar la palabra sin traducción. Es todo un tema ya que, en el caso que la palabra requiera un cabal entendimiento dentro del texto, la sola idea de representarla con un concepto aproximado, debería contar con la aprobación de los lingüistas indígenas, porque no todo puede traducirse, más aún cuando no existen parámetros similares en la cosmovisión de pueblos antagónicos tanto en lo cultural, como en lo social y educativo. 

En este punto vale acercar un ejemplo presente en el mundo del tango, hace unos años pude ver un CD con este tipo de música, editado desde Estados Unidos, donde el disco contaba con un sobre interno en el cual detallaba  la historia del tango en Argentina, todo el texto estaba en inglés menos una palabra: "piringundín", realmente sería imposible traducir ese término coloquial a otra lengua, que pueda representar por sí misma la noción de lugar en un contexto de arrabales, propios de una geografía urbana muy particular, cuyo sentido se define tanto en el tiempo como en el espacio.

Es probable que encontremos respuestas en el plano de la literatura. Rodolfo Alonso, gran poeta y traductor argentino (ha recuperado poesías en lengua inglesa, portuguesa, italiana y alemana, entre otras), afirma que “nadie vive en estado de diccionario. Toda gran poesía, todo poema logrado, hecho carne en su idioma, es un ser soberano y autónomo, de lenguaje vivo, orgánico. Intentar transferirlo a otra lengua será siempre utópico. Pero también irreprimible. De los muchos problemas que plantea una versión honesta: sonido, sentido, ritmo, acentos, tono, densidad, timbre, medida, y rima si la hubiere, no todos pueden ser resueltos. Hubo poetas bilingües –lo soy y nunca pude– incapaces de transportarse con vida de una a otra de sus lenguas”.

Ya lo dijo otro poeta argentino, Carlos Mastronardi: “todo es traducible excepto el lenguaje”. Mientras que César Vallejo, sentenció en su tiempo la frase “todos sabemos que la poesía es intraducible”, aduciendo que solamente “se pueden traducir los versos hechos de ideas”. Si esto ocurre con lenguas que forman parte de un mismo tronco lingüístico como el español y el francés, qué no podemos decir, en cuanto a imposibilidad, de lo que significa traducir al castellano, contenidos culturales pautados oralmente en lenguas indígenas. Parecería que la respuesta consiste en lograr acuerdos mínimos entre lingüistas, como para asegurar un entendimiento de lo que cada paisano estuvo cultivando en la memoria durante siglos.

Recientemente, El Orejiverde publicó una nota sobre la docente indígena peruana Yesica Patiachi Tayori (cuya imagen ilustra este texto), autora del libro “Relatos del pueblo Harakbut”, una de las primeras docentes de su etnia que publicó una investigación, donde rescata y revaloriza la historia y cultura del pueblo Harakbut. Esta publicación es un compilado de diversos relatos orales que le fueron compartidos a la autora desde su infancia, y que vienen siendo narrados por los propios ancianos y ancianas de las diferentes comunidades harakbut desde su contacto.

Tal como figura en el artículo, mitos como Anamei y Amarinke están presentes en la publicación que se encuentran disponible para leer y descargar de manera gratuita; conformada por 16 relatos escritos tanto en harakbut como en castellano, que nacen de las voces de narradores provenientes de las comunidades de Puerto Luz y San José de Karene, Perú.

Esta reconocida autora ha participado en conferencias en defensa de los bosques amazónicos, denunciando problemáticas relacionadas con la minería ilegal, la contaminación de los ríos, el despojo de tierras y la colonización entre otros conflictos. Su investigación académica “Literatura oral Harakbut” le permitió dar origen a este libro, y a la vez obtener el título de profesora de educación secundaria en la especialidad de comunicación, en el Instituto Superior Pedagógico Público “Nuestra Señora del Rosario” de Puerto Maldonado, Madre de Dios. No deja de representar un ejemplo genuino de trabajo sobre narrativas orales “sin intermediarios” lingüísticos que puedan, consciente o inconscientemente, deformar el sentido de lo que se pretende traducir.

No deja de ser un saludable detalle que el libro haya sido publicado por la Dirección General de Educación Intercultural Bilingüe y Rural (DIGEIBIR) del Ministerio de Educación, de Perú, como parte de su política de alentar las publicaciones elaboradas por los mismos profesionales indígenas, y a la vez permitir que los niños y niñas indígenas tengan acceso a textos y materiales educativos en su propia lengua. Traducir estas enseñanzas en lengua materna, allanan el camino hacia una mejor comprensión de las culturas originarias.

A modo de anécdota, siempre recordaré la lectura de unas pocas páginas de un libro de Oscar Wilde, traducido del francés al castellano, si se considera que este autor escribió en inglés, lo que estaba leyendo era la traducción de una traducción, recuerdo que desistí de continuar con la lectura porque la obra, cotejada con el original, parecía otra, totalmente mutilada del sentido lírico con la que había sido concebida, lo que deja en evidencia la problemática de la traducción.

Fuentes consultadas:

Relatos del pueblo Harakbut. El Orejiverde:

http://www.elorejiverde.com/el-don-de-la-palabra/5632-relatos-del-pueblo-harakbut

El robo del fuego. El Orejiverde

http://www.elorejiverde.com/toda-la-tierra-es-una-sola-alma/4809-el-robo-del-fuego

Entrevista a Rodolfo Alonso. Página 12:

https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-31849-2014-04-08.html

Entrevista a Rodolfo Alonso: El enigma de la poesía / Raúl Olvera Mijares

https://luvina.com.mx/foros/index.php?option=com_content&task=view&id=3068&Itemid=77

Nota: la imagen pertenece al siguiente sitio:

https://www.servindi.org/actualidad-noticias/19/01/2018/yesica-patiachi-tayori


viernes, 25 de septiembre de 2020

Identidad folksonómica

Hace un tiempo, me interesó como temática un análisis bibliográfico sobre etiquetado social en contenidos Web, lo que me llevó a realizar una compilación de unos cincuenta recursos electrónicos de acceso abierto, en especial publicaciones periódicas iberoamericanas. Cada uno de esos artículos fueron reseñados en forma breve a modo de resumen indicativo, lo que incluyó una identificación de aportes conceptuales o aplicados de cada trabajo.

De todos los textos analizados, me generaron inquietud dos artículos, que hacen referencia al título de esta entrada, cuyo tratamiento habilita un contexto adecuado para aplicar en el entorno Web a través de las folksonomías. Uno de ellos fue realizado en la comunidad de práctica Ethnicity del marcador social Flickr (Maldonado Matienzo, 2015), que traza un vínculo muy amplio con el concepto de identidad folksonómica, cuyos resultados han permitido visualizar un escenario que fomenta la agregación, interrelación cultural, representación y socialización de recursos de conocimiento a través de variadas personomías, atravesadas por paradigmas interdisciplinarios (Cibersemiótica, Ciberetnografía) que ayudan a comprender la identidad de cualquier comunidad discursiva, habilitando la investigación virtual etnográfica en eventuales comunidades folksonómicas. Asimismo, es válido agregar que el soporte descripto por los usuarios se corresponde con las imágenes fotográficas, en este punto las descripciones subjetivas ofrecen mucha información para ilustrar la diversidad étnica a través de las imágenes y el marcado de etiquetas, resaltándose en este caso la fotografía callejera y el periodismo de viaje.

El otro aporte documental (Herbert Massoni, 2017), también asociado a Flickr, corresponde a los documentos fotográficos realizados por el grupo “Moinhos de Vento – Porto Alegre”, en donde el criterio de los usuarios que etiquetaron dichos recursos, tuvo por vínculo un contexto afectivo (el barrio donde nacieron), aportando información específica de cada fotografía, directamente relacionado con la identidad local, con los entornos familiares y la memoria histórica (lugares, historias de vida, denominaciones de espacios públicos, elementos propios de los paisajes), así como técnicas fotográficas empleadas en las capturas y hechos puntuales relacionados con la historia, una manera muy clara de entender un registro propio consustanciado con información puntual, que representa por sí misma una fortaleza del recurso.

Resulta un hecho que la Web genera y acumula una abrumadora cantidad de datos que en su mayoría, no cuentan con una referencia textual que les permita ubicar dicha información en el contexto virtual, digital y electrónico, la información existe pero no encuentra su representación descriptiva para tornarse visible en forma global, es allí que el etiquetado de imágenes fotográficas supone introducir momentos muy específicos (lo que implica el hecho de asociar un concepto a una imagen) que, al ser captados e integrados en álbumes, exponen una narrativa que otorga entidad a la secuencia, orientada a dominios especializados recuperados por minorías.

Con lo cual, desde el punto de vista social, resulta válido dirimir el profundo aporte que las folksonomías pueden ofrecer al concepto de identidad dentro de una comunidad.

Fuente consultada:

Maldonado Matienzo, Dionnys. (2015). Identidad folksonómica de la comunidad Ethnicity en Flickr: aproximación ciberetnográfica a los procesos de etiquetado social (Título Oficial de Máster en Comunicación y Educación Audiovisual). Universidad Internacional de Andalucía; Universidad de Huelva, Andalucía. Recuperado de: http://dspace.unia.es/bitstream/handle/10334/3551/0698_Maldonado.pdf?sequence=1

Herbert Massoni, Luis Fernando, & Bones Flores, Andressa. (2017). A cidade representada em tags: explorando a folksonomia no Flickr. PontodeAcesso, Salvador, 11(3), 133-147. Recuperado de: https://portalseer.ufba.br/index.php/revistaici/article/view/23288

Nota:

El texto forma parte de una compilación y análisis bibliográfico sobre etiquetado social en contenidos Web, presentado en 2018 bajo la cátedra de Seminario B en la Universidad Nacional de Mar del Plata, a publicarse en breve.

jueves, 17 de septiembre de 2020

Sobre las reestructuraciones en contexto de pandemia y otros conceptos


Muchas veces pienso en el sentido de las profesiones, aquellas instancias que resultan clave en la vida de un profesional, cuyo simbólico eje cobra hondo significado conforme sucede el tiempo: es el traspaso del testimonio al discípulo que viene detrás, eso ocurre en un momento determinado, lo vemos en el docente cuando confía en algunos alumnos la posibilidad de continuar la misma senda de la enseñanza, lo vemos en el bibliotecario que cumple su servicio luego de toda una vida, instruyendo al que acaba de ingresar los pormenores de un eterno recorrido, lo percibimos en el investigador que confía sus apuntes a un colega que recién empieza, lo advertimos en el artista que incorpora a su trabajo la enseñanza de su destreza en escuelas y comunidades, es lo que hace que la incesante rueda siga girando, que el camino se continúe desasnando, tejiendo nuevas posibilidades, forjando nuevos destinos.

Otra instancia relevante es cuando los profesionales deciden, paralelamente al desarrollo de su profesión, compartir lo que saben, y es allí que los cursos, talleres, cátedras, foros, encuentros, conferencias, y tantos otros espacios, resulten puentes donde poder transitar lo aprendido, mientras invariablemente las inquietudes arborecen al costado de los caminos.

Estas reflexiones son motivadas por apuntes tomados en el conversatorio organizado por la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos), acerca de las bibliotecas antes y después del Covid-19, en ocasión de acompañar el Día Nacional de la Cultura en Ecuador, el 7 de agosto, cuyos invitados fueron Didier Álvarez, profesor colombiano de la Escuela Interamericana de Bibliotecología, y el bibliotecario peruano Alfredo Mires Ortíz, quienes compartieron un valioso intercambio sobre estos temas. Subrayo algunas preguntas que compartió Alfredo, en el blog de las Bibliotecas Rurales de Cajamarca, para empezar a hilar un entramado con las ideas:

- ¿Qué implica la reestructuración de una biblioteca? Tenemos que revisarles la partida de nacimiento, refundarlas en contenido y alcance, en esencia y en trascendencia.

- La barriga de la pregunta “¿cómo?” ha crecido mucho: lo que es fundamental es que se respondan las preguntas “¿por qué?” y “¿para qué?”, el resto podría caer por su propio peso.

- ¿Quién reestructura a los reestructuradores?, ¿desde qué utopía se reestructura?, ¿cómo participa la comunidad?

- La forma es hija del fondo: tenemos que trabajar ese fondo. Deberíamos volver al ciclo comunitario.

- El mundo anda partido, polarizado en dos visiones: una que ve a la tierra como una madre a la que hay que cuidar, y otra que mira a todos como objetos que hay que explotar.

- El punto de partida es vital en el proceso de reestructuración de una biblioteca.

Cuando se habla de reestructura habría que revisar antes porque se originó la necesidad de contar con una estructura, “hacer” una biblioteca es un proyecto a construir, pero nace desde un fondo que muchas veces no se explora, sino que es sedimentado por prácticas y servicios sin contemplar objetivos ni misiones, como cuando una pila de libros tapan un agujero en la pared.

A veces, las respuestas están implícitas en los ciclos comunitarios, pero no nos detenemos a observarlos, hablo realmente de observar: establecer una pausa (todo un tema si consideramos el vértigo en el cual se genera y disemina la información), y analizar con datos ese contexto. Tal vez cabría preguntarse que es lo que hace que un lector necesite ir a una biblioteca, con el actual escenario de coronavirus esa necesidad cobra otros matices, el vínculo se establece desde una distancia no marcada por la institución, las propuestas indefectiblemente están mediatizadas por una pantalla, nos vemos y nos escuchamos, pero pareciera que en muchos casos acumulamos opiniones que no encontrarán registro en un catálogo, entonces advierto un desfile de testimonios sobre las prácticas que ya conocemos, o un tópico en común (pandemia) que muchos profesionales de la información están descubriendo sin necesidad de establecer nuevos conceptos. Entiendo que existen otras miradas, y cómo los servicios se “readecuaron” a esta situación impensada, pero noto un patrón común que descuida la conceptualización, en aras de ofrecer una presencia desde la virtualidad, para recordarnos que hacemos y hacia donde vamos.

Por otra parte, resulta evidente que muchos espacios en línea no sostienen sus intervenciones con trabajos de campo, como tampoco elaboración de artículos técnicos en todo el sentido de la palabra, igualmente se tiene conocimiento que hay nuevas herramientas informativas, así como investigaciones genuinas generadas desde la profesión (si limitamos la cuestión a los artículos sobre Covid-19, la OEI ha identificado más de 300 instituciones que se han dedicado a investigar este fenómeno epidemiológico, en especial universidades), pero la mayoría, parafraseando a Thoreau, vive en un silencioso desaliento este tránsito hacia la virtualidad, y en muchos ejemplos por causas que los exceden.

Por tal motivo, y dado que me interesó la propuesta, que entiendo se aparta de este plano que acabo de esbozar a modo de introducción, intentaré compartir una serie de reflexiones en virtud de las notas tomadas en el conversatorio, en principio hay algo que mencionó Alfredo que es muy cierto: los números invisibilizan, “si aplicamos mecánicamente el tema estadístico podríamos decir que en la ciudad del Vaticano hay dos papas por kilómetro cuadrado, considerando que la superficie del Vaticano es de medio kilómetro”, lo cual todas las estadísticas que se manejan en torno a la pandemia son plausibles de ser analizadas separando los contextos, tanto sociopolíticos, como sanitarios, económicos y culturales, que dichas cifras pretenden instalar. Se percibe una incapacidad para ver y leer el contexto global, lo que observamos en muchos casos es que las autoridades aplican medidas paliativas y que eso se toma como algo episódico que los gobernantes tienen que arreglar para volver a la llamada “normalidad”.

Es claro que la pandemia no es un evento coyuntural, es consecuencia de las acciones y las responsabilidades que cada espacio político tiene en relación al cuidado del bien común, de lo que significa invertir en educación, salud pública, cultura, con lo cual es preciso reacomodar los sentidos luego de haber experimentado aquello que Didier describió como fases de estupor, negación, miedo y desconcierto que el virus provocó a nivel mundial en la población. Esta situación exige un cuestionamiento fuerte en cuanto a la importancia que tiene la representatividad en términos comunitarios, discutir el porqué de la necesidad, entender el principio de trascendencia.

Los distintos eventos virtuales que proliferan en la Web han intensificado el uso de la palabra, o como lo expresó el profesor colombiano “una perdida de la visión diacrónica de la vida”, así como una incapacidad de no salir de la coyuntura, que a su vez implica desconocer el pasado, una idea dura dice que los hombres han perdido la fuerza del acumulado de sus pueblos, y que el declive no es tanto técnico sino espiritual. Sabemos que el encierro aísla y que en muchos escenarios no se encuentran respuestas creativas para salir de la crisis, mientras resulta evidente cómo los dueños del capital están aprovechando el escenario. Dijo Alfredo que “se trabaja una terapéutica de las consecuencias, pero no una sanación de las causas”, y puso el ejemplo platónico de que una ciudad con muchos hospitales no deja de ser una ciudad mal gobernada, porque se identifica la salud con las farmacias, que es como decir que más médicos y camas por habitante implica un mejor nivel de la salud, cuando en realidad es la confirmación del deterioro en el eje salud-enfermedad, como consecuencia de los fenómenos socioculturales y la alteración de los ecosistemas, que dan lugar al tránsito de enfermedades por diversos patógenos, todo esto que está ocurriendo atenta contra la otredad, y los que la pagan son los más postergados.

En el conversatorio quedó claro cómo la crisis afecta nuestra comprensión de la vida y nuestra relación con el mundo, es un desafío y una oportunidad, y es desde la biblioteca, como organismo comunitario, que deberemos tener presencia en los proyectos de cultura, salud y educación que la sociedad necesita recibir y compartir, es preciso, bajo el entendimiento de los movimientos sociales, correlacionar ideas y prácticas, una noción que interrelaciona conocimiento, lenguaje y memoria, en ese desarrollo, la biblioteca ES comunidad, un ciclo vital que debe ser analizado porque el contexto así lo exige, y recordarnos que desde los albores de la humanidad el conocimiento se mantenía vivo en cada comunidad, porque en ese círculo se encontraba tallada la identidad, producto de esos tiestos y esas junturas.

Hay que preguntarse, y debatirlo, como participa la comunidad en esta reestructuración, y no ceder al discurso vacío, una cosa es pronunciar la palabra “empoderar”, y otra muy distinta aplicarla en el contexto real de una sociedad que exige la apropiación y el ejercicio de dicho término, si la biblioteca no tiene conciencia de su devenir, en tanto espacio orgánico en un contexto vulnerable, su sentido se verá supeditado a la mera organización de un catálogo de testimonios inconexos e insustanciales. Como afirmó Didier, “estructura es juntanza”, algo necesario por cultivar en la vida comunitaria, situación que hoy por hoy corre riesgo de disgregarse si tomamos en cuenta la cantidad de comunidades que no tienen acceso a computadoras, y a servicos sanitarios básicos.

Entonces como bibliotecarios y bibliotecarias volvamos a ver por donde estuvimos caminando, resulta claro que el individualismo es la pandemia de las pandemias, y virtualidad no implica sucumbir sino establecer “un correlato de la presencialidad en las bibliotecas”, por ende, la juntura es una clave que por el momento no encuentra espacio a través de la virtualidad, porque muchas cosas que se dicen últimamente no tienen receptores para discutir ideas y propuestas desde otro lugar, hay que “repoblar” esos conceptos para que tengan algún significado, y eso no es posible desde la ausencia de un conjunto de rostros y voces, causada por la inexistencia de la conectividad.

Didier expresó que era necesario recuperar oficios comunitarios, como el del cartero en las comunidades rurales y campesinas, esto me lleva a pensar que también es necesario recuperar el fuego de una ronda, el abrazo, la construcción del conocimiento. Por lo tanto, no dejo de pensar el día que la realidad vuelva a su curso, qué suerte correrá todo lo producido en estos meses, cuando el paso del tiempo remueva el tamiz de cada conversatorio, que nos permita ver algo más que discursos, algo más que prolijas descripciones, allí quizás tengamos algunos elementos para advertir si de algo sirvió lo que como sociedad tuvimos que padecer, recuperar esas verdades sea, probablemente, nuestra tarea en medio de este desconcierto que tanto abruma.

Todo el conversatorio puede verse en este sitio:

https://www.facebook.com/OEIEcuador/videos/2385678828402455/

El mismo ha contado con la moderación de Sebastián Concha, de la OEI, organismo que organizó el evento desde territorio virtual ecuatoriano, pautando una actividad en línea cuyos ejes temáticos estuvieron vinculados a la promoción de la lectura, el Plan Nacional de Lectura José de la Cuadra del Ministerio de Cultura y Patrimonio y la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

Agradezco mucho a Didier y Alfredo por haber compartido su conocimiento en este tema tan crucial que estamos atravesando.

Para los/as colegas bibliotecarios y bibliotecarias, se agradecerá el aporte de nuevas ideas en relación a las reestructuraciones motivadas por esta emergencia sanitaria, el texto no pretende aleccionar ni mucho menos, es acaso una propuesta entre tantas, que busca orientar el sentido de los andares en esta profesión, o al menos encontrar un rumbo donde proseguir.

Fuente consultada:


domingo, 30 de agosto de 2020

Nota sobre un poeta oralitor



En 2017, compartí con varios escritores, el 5° Encuentro Internacional de EditorialesCartoneras, uno de ellos fue el poeta Alan Paillan Manquepillán, escritor, músico, artista visual y oralitor, quien compartió una serie de reflexiones sobre un libro que había publicado poco tiempo antes del evento, uno de sus poemas expresa el vínculo que lo une a la cultura de origen:

Ahorita
Que las flores brotan
Hermosamente ingenuas
En el jardín de mi Ñuke.
Me dispongo a contemplar
El vaivén de las macetas
Colgadas del limonero.
Es verano,
Pero desde hace algunos días
Una fría brisa de la costa
Me trae rumores de invierno;
Cuando la lluvia y el frío
Se sientan a cebar unos mates
Con el anciano que recuerda
Su niñez de huerta y ciruelos:
Refrescada de estero y faldeos nocturnos
Revelando constelaciones
O el fugaz misterio de nuestro destino.

(Del poema “Choyün”)

Pero algo que me había llamado la atención de la escritura de Alan Paillan Manquepillán, había sido la publicación de su tercer libro de poesía, titulado “Feo, flojo, borracho, lacho, potencial terrorista…” (edición de autor, 2016), un conjunto de poemas que de algún modo entrecruzan la literatura con la cultura, en donde se advierte un tono apacible en las imágenes pero también una queja amarga, que deja al desnudo las imposiciones sociales y políticas de la sociedad occidental en relación al mundo mapuche, como así también una firme postura crítica en torno a quienes van perdiendo los rasgos de la cultura, acaso el siguiente poema, Causalidades, da cuenta de dicha disyuntiva:

¡Enyugue los bueyes peñi!, le dijeron.
Y justo recibió una llamada para un congreso de Mapunchelogía
En la prestigiosa Universidad de Ciencias de las Ciencias Inexactas
De Talca, París y Londres.
Disculpe peñi, dijo.
Y se fue perdiendo en la pampa…, celular en mano.

Esta situación me hizo acordar el tono crítico de investigadores como Franco Limber, de Bolivia, quien trabajó sobre el concepto de representatividad de la whipala, y lo que implicaba su utilización en las comunidades andinas, un texto que interpeló la noción de identidad en relación a los diferentes planos de entendimiento de la cultura aymará. Otro vínculo, salvando las distancias, lo encuentro en la obra del escritor paceño Víctor Hugo Vizcarra, considerado por la crítica literaria como un "Bukowski boliviano" que, mediante cuentos, crónicas, relatos y memorias, estableció una cartografía marginal del submundo andino, a estas alturas ya considerado un clásico de la narrativa boliviana contemporánea. En esos textos, más allá del estilo narrativo, se recuperan entendimientos mediante un conjunto de voces quechuas, aymaras, campesinas, donde lo que se expresa es absolutamente representativo de su entorno, propio de manifestaciones desperdigadas a lo largo del altiplano sudamericano.

Manquepillán va hacia otro lugar, pero manteniendo ese mismo entendimiento de lo que menciona en sus poemas, en su momento, a través del Orejiverde, pude entrevistarlo para conocer su obra y sus reflexiones en torno a la realidad del pueblo mapuche, comparto sus respuestas:

-¿Alan, que significa ser poeta en el universo mapuche?

La experiencia poética está muy emparentada con un develar, abstraerse de las capas que sugieren un "hecho común y corriente" para de esa forma alcanzar otras comprensiones del mismo hecho, comprensiones que no saltan a simple vista y que dejan al descubierto, muchas veces, la esencia de aquello que se vivencia u observa, su magnitud, o por lo menos, la forma en que resuena en nuestro interior, de esta manera, el respeto hacia la palabra, hacia aquello que se nombra se vuelve un hecho inherente. En el pueblo mapuche este principio es un pilar fundamental de nuestro devenir.

- En la portada de tu último libro además de escritor te consideras músico, artista visual y oralitor ¿que nos podés decir de este último concepto? ¿Necesariamente se reduce a las culturas originarias?

Considero que la oralitura es patrimonio o un constructo de todo aquel pueblo que ve en las bases su fundamento, por tanto, el oralitor no se aleja ni construye a partir de abstracciones, si no que está atento a la memoria, la cotidianidad, a los sueños de su gente... y tiene la función de transmitirlo más que por obligación, por real vocación y destino.

- En tus poemas se advierten reminiscencias de la cultura oral ¿como ha sido el proceso de creación?

En el proceso escritural me interesa dialogar, construir a partir de historias, saberes... que he ido oyendo, aprendiendo en mi derrotero. Considero importante este ejercicio, pues, de esta manera, puedo contribuir a la difusión y perdurabilidad de parte de la memoria de mi gente, para esta y las futuras generaciones, que, con sano interés, precisen saber de lo nuestro. Este tránsito: comunidad-conversación-conocimiento-escritura, es a lo que me refiero cuando hablo de oralitura. Como te decía anteriormente, difícilmente escribo o canto a partir de abstracciones. Quizás, si se quiere hablar de abstracción, ella está más ligada a lo intangible que antecede al texto, me refiero al ritmo, el pulso..., en definitiva, a mi particular forma de percibir y hacer extensivo el canto.

- Existen posturas entre ancianos mapuche donde relacionan a la identidad con la práctica de antiguas ceremonias, la lengua materna y las expresiones artísticas, algunos incluso han sostenido que el día que no haya más Nguillatún no habrá más mapuche ¿Compartís este entendimiento de la cultura?

Claramente el mapuche se vincula con su raíz, su esencia, a partir de mantener vigentes sus dinámicas culturales, las cuales están en estrecha relación con el y los territorios. Por tanto, si se pierden, se dañan, se distorsionan... repercute de igual forma en la gente.

- Estuviste presente en el 5° Encuentro Internacional de Editoriales Cartoneras ¿Que sensaciones te deparó el evento?

La verdad medio que llegué por curiosidad a dicho evento, me parece que el movimiento de editoriales cartoneras es una buena opción a la hora de nutrir la comunidad, en tanto que al ser una alternativa de publicación a muy bajo costo y artesanal, se puede replicar en cualquier parte, para de esta forma hacer extensivo todo aquello que queremos difundir entre los nuestros, sin censuras de consejos editoriales con intereses ajenos a nuestras necesidades o intereses. Ahora bien, un desafío es de qué manera se logran posicionar estas publicaciones en la población, como se le da valor al objeto, de manera que haya un interés en tenerlo, conservarlo, promoverlo... para que no suceda que, al cabo de muy poco tiempo, este objeto termine en un tacho de basura u olvidado en algún rincón.

Cada tanto encontramos en algún estante, literatura que refleja un contexto cultural determinado, el rumbo del autor representa ese cruce de caminos, es de algún modo lo que ocurre con aquellos chamanes que hacen una maloca en medio de la selva, cuidando que la construcción no deteriore el paisaje, el poeta mapuche busca con su poesía tener presente esos valores, razón por la cual es posible imaginar el cuidado ante la elección de las palabras que formarán parte de los versos.

El autor ha publicado los siguientes libros: “Kutral: instala/zión fotopoética en bábilon warria” (2008) y “Allkütuwayiñ: oír nuestras voces, oír la memoria del silencio” (2010).

Fuente:

El Orejiverde

Sobre la apropiación acrítica de la Whipala

Sobre el 5° Encuentro de Editoriales Cartoneras, Santiago de Chile

La última curda

Las casas de las palabras de las comunidades amazónicas

jueves, 20 de agosto de 2020

Culturas extinguidas, silencios que se prolongan



Hace unos años, esta problemática sobre las culturas originarias que desaparecieron en el país, encontraba al final de los textos unos signos de interrogación. Es probable que, para representar esta disyuntiva, podamos utilizar la imagen de una caída en espiral, cuyo fondo nunca es visible, y en el cual quedaron atrapados, a lo largo del tiempo, los diferentes entendimientos que formaron parte de un territorio, hoy limitado a un triste listado del país que no fue.

Se trata de un conjunto de leyendas, mitos, tradiciones, cuentos, cosmovisiones, costumbres, lenguas, que lentamente se fueron perdiendo, en el cual sus prácticas quedaron reducidas a los confines de pueblitos apenas registrados por la historia, meras culturas extinguidas que nos hablan de recuerdos familiares, rasgos étnicos, aprendizajes y enseñanzas: todo aquello que invariablemente conforma una identidad, el sentido de pertenencia a una cultura, la conciencia histórica de un linaje y de un destino, una estadística que representa un conjunto de patrimonios extinguidos para siempre, la imagen de ancianos que se llevaron lo que supieron cultivar, memoria quemada, olvido que crece.

Algunos documentos certifican que numerosas culturas originarias de Argentina desaparecieron, divididos en grupos, tenemos los siguientes casos (Asociación Guadalupe, consulta julio 2020):

Regiones del Litoral y del Chaco, las etnias de los abipones, aguilotes, cainaróes, carcarañáes, chaná-timbúes, chandules o guaraníes del Delta del Paraná, cocolotes (guaykurues), gualachíes (kaíngangs), guaraníes de Santa Ana, mataráes, mbayás, payaguaés, querandíes, yaros y tapes (guaraniés). Dentro de la rama perteneciente a los wichis figuran los agoyáes o guisnay, taynoaés o noctenes y testas. Entre los grupos étnicos con vinculación al tronco vilela encontramos registro de los ataláes o atalayas, guamalcas, ipas, ocoles, pazaines, vacaas, y yecomoampas. Con respecto a la rama de los lules figuran los axostinés, casutinés, esistinés, guaxastinés, oristinés, toquistinés y tambostinés. De la rama perteneciente a los Charrúas o Kaíngangs se encuentran los bohanes. Con relación al tronco chaná figuran extintos los pueblos de los carcaráes, corondas, mepenes, timbúes y calcines. Luego tenemos los jaaukanigas o yaaucanigas (rama de los abipones) y los minuanes (rama de los charrúas). De las regiones del Noroeste, Centro, Cuyo y Patagonia hay informaciones de culturas extinguidas como las de los ayanpitín, capayanes, chichas, haush-manekenks, jujuyes, olongastas y yacampis. Dentro de la rama lingüística del pueblo ocloya encontramos a los amanatas, apanatas, estoybalos, gaipetes, opras, osas, paypayas, tactacas y tilcalaisos. Asimismo, del grupo de los jujuyes se desprenden las siguientes ramas: chirimanos, churumatas y palomos. Finalmente con respecto a los diaguitas existen dos ramas extintas: los pulares y los tucumanastas.

Un listado del olvido, cuya función estadística es cuantificar el olvido. Según la UNESCO, en Argentina figuran actualmente menos de 20 lenguas en peligro de desaparición (entre ellas kunza, avá-guaraní, chaná, puelche, yojwaja, guaraní mbyá, mocoit, selk’nam, pilagá, tapieté, aonikenk, qom, vilela, wichí), al menos el 43% de las 6.000 lenguas -que se estima aún son habladas en el mundo- están en peligro de extinción. De este porcentaje se desprende un caso interesante, la de las lenguas trasfronterizas, de las cuáles en el país, el quechua es un claro ejemplo. Para los lingüistas, ciertas comunidades de hablantes, en contexto de frontera entre países, continúan con las prácticas culturales, logrando comunicar experiencias en una lengua local común. Bajo este sentido, las lenguas transfronterizas son naturalmente dinámicas porque son utilizadas por personas pertenecientes a distintos países, con diferentes registros orales, en lo que pareciera estar ausente las cuestiones gramaticales, en este escenario los códigos lingüísticos van mutando en directa relación con la necesidad de interactuar, ya sea por cuestiones de comercio, actividades sociales o ceremonias compartidas. En el caso del quechua, histórica lengua del antiguo Imperio Inca, se ha convertido en una familia de lenguas indígenas relacionadas, habladas por unos 8 a 10 millones de personas en Perú, Bolivia, Ecuador, Chile, Colombia y Argentina.

Para la UNESCO existen diferentes niveles, que permiten clasificar la vulnerabilidad de cada lengua en relación al número de hablantes:

A salvo: todas las generaciones hablan la lengua y su transmisión de una generación a otra es continua.

Vulnerable: la mayoría de los niños hablan la lengua, pero su uso puede estar restringido a determinados ámbitos (especialmente el familiar).

En peligro: los niños ya no la aprenden en sus familias como lengua materna.

Seriamente en peligro: sólo los abuelos y las personas de las viejas generaciones hablan la lengua. Los miembros de la generación parental, si bien pueden comprenderla, no la hablan entre sí, ni tampoco con sus hijos.

En situación crítica: los únicos hablantes son los abuelos y las personas de las viejas generaciones, pero sólo usan la lengua parcialmente y con escasa frecuencia.

Extinta: sin hablantes, el Atlas contiene las referencias de las lenguas extintas desde el año 1950.

A pesar del contexto desfavorable, todavía quedan paisanos que se resisten a ser considerados fósiles por la sociedad. Se trata de libros vivientes que aún cultivan la pureza de la lengua, con un elevado entendimiento de las costumbres culturales, cuyas incidencias van asociadas a la práctica del lenguaje, a la historia y al capital social de cada comunidad.

Hablar en lengua significa muchas cosas, es por un lado un acto de resistencia identitaria, la noción de que los pueblos indígenas estuvieron ancestralmente ligados a un territorio, por un vínculo que respetó tanto el contexto natural como geográfico. La lengua es también un modo de desarrollo endógeno con repercusión en las prácticas agrícolas, mediante las cuales los chamanes supieron verbalizar conocimientos que más tarde beneficiaron a muchos científicos. En algún punto, el mecanismo de publicación no incluyó la mención por autoría o colaboración, lo que llevó a la invisibilización de los informantes indígenas, sin reconocimiento alguno por parte de la sociedad.

Es válido admitir que las bibliotecas indígenas, los centros de documentación, las radios comunitarias bilingües y los museos etnográficos, son algunos de los espacios vivos que permiten preservar, recuperar, crear y compartir conocimientos de los pueblos originarios,  que inciden positivamente en el fortalecimiento de la identidad cultural, desde donde sea posible generar una sinergia genuina con las prácticas lingüísticas, para lo cual es necesario vincular en dicho movimiento el accionar docente y la Educación Intercultural Bilingüe. Por otra parte resulta deseable incluir, en este contexto, a las editoriales cartoneras, con el fin de poder difundir conocimiento propio en el formato libro de cartón, que las voces bilingües pasen a la escritura y a la pintura, que no haya límites para que llegue lejos lo que cada uno sabe y conoce.

Por ende, es preciso que la biblioteca, como institución gestora de la memoria humana, como mediadora entre la comunidad y el mundo exterior, como espacio de encuentro y vehículo de comunicación, propenda a la equidad social, respetando las diferentes formas de conocimiento e integrándolas entre las etnias que conforman su radio de acción y servicio dentro de la comunidad, es importante que se puedan trabajar materiales bilingües en forma oral y escrita, que el espacio articule actividades con la escuela, que los documentos sirvan de soporte para los docentes, para lo cual será necesario que el bibliotecario dedique tiempo a la investigación de la propia cultura, con ayuda de colaboradores locales y apoyo interdisciplinario.

Será un modo, probablemente utópico, de evitar que el listado de lenguas en peligro se siga extendiendo al paso de los años.

Bibliografía consultada:

UNESCO. Día Internacional de la Lengua Materna:

Moseley, Christopher (ed.). 2010. Atlas de las lenguas del mundo en peligro, 3ra edición. París, Ediciones UNESCO. Versión en línea:  http://www.unesco.org/culture/en/endangeredlanguages/atlas

Endepa. Equipo Nacional de Pastoral Aborigen

Asociación Guadalupe



Nota: la imagen pertenece al sitio Pixabay.