Espacio que pretende resguardar voces, experiencias y conocimientos desde el rol
social del bibliotecario. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural
intangible conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas, semblanzas,
historias de vida. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

domingo, 22 de marzo de 2020

Reflexiones de un bibliotecario en tiempos críticos




donde hay peligro, crece lo que nos salva
Hölderlin

El tiempo pasa de otra manera, los silencios se acumulan, las imágenes no registran movimiento, el temor adquiere muchos rostros, lo inevitable va tejiendo penumbras con el mismo hilo de la incertidumbre, las curvas que trazan los matemáticos auguran pesadillas propias de una dolorosa crisis sanitaria, ya no asistimos al trabajo, cambiamos las costumbres y cumplimos en lo posible con las normas.

Las consecuencias del Coronavirus provocaron cambios en la naturaleza, que de algún modo terminan equilibrando el permanente desbalanceo que la sociedad genera, ya se advierten disminuciones de la contaminación del aire en el norte de Italia, así como una reducción dramática de las concentraciones de dióxido de carbono en algunas regiones de China, consecuencia de las medidas adoptadas por los gobiernos (cierre de fábricas, vacío de personas circulando por las calles, cese de actividades comerciales, interrupción del turismo en contextos fluviales, entre otras), con el fin de poder detener la propagación de la enfermedad.

Es preciso orientar la reflexión, los bibliotecarios gestionamos información, lo cual nos ubica en un plano cercano a las trincheras que tantos médicos, enfermeros y científicos están ocupando con valor, no aprender de esto sería un retroceso cultural y social muy grande, va a ser difícil evaluar en el corto plazo este escenario, porque lo terrible es que aún no sabemos cuántos son los infectados, esa invisibilidad limita toda construcción, la pregunta que deberíamos plantear es si sabremos interpelar aquello que el destino nos provocó, no se trata solamente de medir con palabras estos tiempos críticos.

No sé porqué pensé en las bibliotecas humanas, una vez Mirta Pérez Díaz, a propósito de esta experiencia comunitaria, se preguntó como bibliotecaria que nos estaba pasando como sociedad, que para lograr un encuentro de personas hubo que pautar la iniciativa desde una biblioteca, en vez de que se diera naturalmente, nos habíamos dado cuenta, tardíamente, que nos estábamos perdiendo la posibilidad de un encuentro con el otro, ahora no hay forma de comunión posible, al menos desde la noción de lo que significa compartir el espacio, es una lucha de resistencia desde el propio lugar de encierro, donde simplemente esperamos, mientras descubrimos nuevas formas de entendimiento, es curioso que desde el aislamiento estemos comunicando la eventualidad de una esperanza, algo que nos ayude a pasar el día, algo nuevo que aprender.

Esta pandemia nos pone a prueba como civilización, ya aparecieron los héroes tanto como los villanos, presenciamos gestos nobles, escuchamos aplausos, y vimos hasta que punto la imbecilidad se cubre íntegramente con los atavíos del egoísmo.

No sabemos que viene después, pero no perdamos la memoria, hay que multiplicar todo lo que aprendimos en las aulas, que cada uno desde su lugar haga su trabajo de la mejor manera posible.



Nota: la imagen corresponde al siguiente sitio.

sábado, 14 de marzo de 2020

Punta Querandí: paradigma de Museo-Biblioteca en defensa del territorio (Tigre, Provincia de Buenos Aires)



Resulta todo un paradigma la situación experimentada en el territorio Punta Querandí, ubicado entre el Canal Villanueva y el Arroyo Garín, Paraje Punta Canal, dentro de la Localidad Dique Luján, Partido de Tigre, provincia de Buenos Aires, allí la concepción de territorialidad tiene absoluto sentido si tomamos en cuenta la ubicación geográfica de esta comunidad, que desde hace años viene reclamando su derecho al espacio comunitario, del cual sus ancestros han formado parte.

Los descendientes de las culturas querandí, chaná y wichí, han perdido muchas de sus tierras, así como información que tiene relación directa con la lengua materna, las costumbres, las construcciones y ceremonias ancestrales. El primer registro que se tiene de la  necesidad de recuperar este espacio, fue haber encontrado en el año 2004 restos de cerámica pertenecientes a las culturas indígenas, piezas de vasijas que datan aproximadamente de mil años de antigüedad, hallazgo que dio origen a la idea de museo, el segundo indicio lo representó la confirmación de restos de un cementerio indígena, ubicado dentro de un barrio privado, paralelamente tomaron conocimiento de la existencia de un antiguo cementerio indígena destruido a fines de los años 90, por los responsables del barrio privado Santa Catalina, a escasos metros de distancia de los nuevos hallazgos, ante estas situaciones los paisanos imaginaron que ese patrimonio correría idéntica suerte si la comunidad no intervenía, desde allí, las banderas y los símbolos se enclavaron como modo de resistencia ante los embates judiciales y las órdenes de desalojo, había nacido Punta Querandí, pero más que eso, empezaba a gestarse el paradigma de la lucha por el territorio que buena parte de las culturas indígenas del país habían perdido a lo largo de la historia.

Los que resisten, trabajando la tierra y cultivando el conocimiento, son los representantes del Consejo de Ancianos, quienes junto a varios colaboradores, y tomando como eje la espiritualidad, han podido reconstruir aspectos esenciales de las culturas preexistentes. No deja de ser un proceso muy complejo, porque lo que se está reconstruyendo es un mundo que en algún punto ha perdido su cadena de conocimiento, lo que hace Punta Querandí es similar a lo construido por la Comunidad Lof Vicente Catruano Pincén, la necesidad de recuperar ceremonias, costumbres y entendimientos para volver a equilibrar la tierra, volver a equilibrar la propia comunidad, volver a equilibrar en forma interdisciplinaria los valores de la cultura.

En esa tarea se encuentra Reinaldo Roa, perteneciente al Pueblo Guaraní, Santiago Chara, referente de la Comunidad Cacique Ramón Chara de Benavidez (Tigre), ambos miembros del Consejo de Ancianos de Punta Querandí, Jesica Zalazar (de Raíces Guaraní) y Soledad ‘Jasuka’ Roa, las dos pertenecientes al Consejo de Mujeres, asimismo prestan su ayuda Rosiene Bissoni y Pablo Badano como responsables del Consejo de Comunicación (comunicación personal, septiembre-octubre 2019), cada uno con un rol determinado, pero colaborando con las tareas de fortalecimiento y preservación del territorio de la comunidad.

Una verdadera punta de lanza de este acto de resistencia cultural lo constituye el Museo Autónomo de Gestión Indígena, concebido como idea en 2004 luego de encontrarse fragmentos de cerámica y vasijas en el territorio, la inauguración del museo se realizó en mayo de 2017, dentro de su espacio cuenta con una biblioteca sin nombre, nacida en agosto de 2018, donde se resguarda una colección de libros específicos sobre culturas indígenas, con eje en la descolonización cultural y el cuestionamiento al sistema actual que oprime a los pueblos originarios y a las mayorías populares. Muchas de las publicaciones, con foco en la antropología, permiten analizar las diferentes luchas y reivindicaciones de los pueblos indígenas, incorporando información de las etnias que poblaron estos contextos geográficos así como de migrantes de otras culturas (entre ellas querandí, chaná, guaraní, diaguita, wichi, quechua, aymara, qom).



En sus paredes de madera, con mapas, fotos, textos y dibujos, el Museo Autónomo de Gestión Indígena invita a un recorrido desde los tiempos anteriores a la invasión europea, las resistencias de los pueblos originarios a la primera y segunda fundación de Buenos Aires y el pasado reciente de las localidades cercanas, con la llegada del tren, la fábrica de formio y la aparición del cuerpo de la militante de izquierda Ana María Martínez en 1982 durante la última dictadura cívico-militar.

Pero no se trata de un Museo estancado en el pasado, sino que refleja y denuncia el abandono estatal y las consecuencias del modelo capitalista de desarrollo en los humedales del río Luján, con la invasión de barrios privados que destruyeron casi 15 mil hectáreas en las últimas dos décadas, proceso que generó más inundaciones y diversas problemáticas sociales. Se puede decir que el museo cumple un rol activista en defensa de un patrimonio, en donde los restos arqueológicos, junto con los libros, habilitan una mirada crítica del pasado y del presente, en una provincia que simbólicamente intentó tapar con tierra los restos de una cultura ancestral.
Con el paso del tiempo, y merced al voluntariado y los anhelos genuinos por desarrollar una construcción social de conocimiento, Punta Querandí fue incorporando nuevos espacios identitarios, tradicionales y educativos, como el salón comunitario, la apacheta (altar indígena que representa los valores sagrados de las ofrendas a la Pachamama), la Maloka (soberbia construcción, semejante a una vivienda colectiva que recupera una tradición milenaria) y el Opy de paja brava y barro, punto de encuentro ceremonial que invita a la reflexión y al acercamiento de lo que alguna vez se denominó “la tierra sin mal”, también cuentan con una huerta, un vivero, el gallinero y un horno de barro, en el año 2019 inauguraron el Monumento al Yaguareté, emblema de las culturas que pueblan este territorio.

Tal como lo afirman sus líderes espirituales, Punta Querandí es una comunidad indígena pluriétnica enclavada entre barrios privados, en una zona ancestralmente habitada por querandíes, chanás y guaraníes, desde hace un tiempo corre peligro de desalojo por un juicio iniciado por el presidente de una desarrolladora inmobiliaria (Punta Querandí, 2019). Esa amenaza jurídica implica la resignación de una inevitable destrucción del equilibrio ambiental de la región, especialmente en la Cuenca del Río Luján (noreste de la provincia de Buenos Aires), ya que debido a la construcción de countries náuticos, se terminaron arrasando miles de hectáreas de humedales, lo que puntualmente derivó en el incremento de las inundaciones, el desplazamiento de pobladores históricos y la devastación de cementerios indígenas anteriores a la conquista europea.

La biblioteca ubicada dentro del museo cumple una función de apoyo al conocimiento registrado en diferentes soportes, las publicaciones refieren exclusivamente a documentos relativos a las culturas indígenas del país, historias de vida, valores, factores ligados a la identidad, a los derechos y a la educación de otras formas de conocimiento, no cuenta hasta el momento con documentos orales sobre la cultura, los paisanos la consideran un espacio en crecimiento, abierto a las donaciones de materiales específicos sobre temáticas indígenas. Es posible afirmar que en cierto modo la biblioteca cumple, junto con el museo, una función pedagógica, ya que sus ilustraciones y textos enmarcados en las paredes, cuentan sobre el pasado histórico y el futuro de la comunidad, no deja de ser una toma de conciencia y a la vez un recordatorio de lo realizado hasta el momento, en el museo coexisten instrumentos musicales autóctonos, artefactos de caza, restos de cerámicas, fotografías y mapas, junto con el acervo bibliográfico obtenido en donación, en la mayoría de los casos por los propios autores.

La ubicación geográfica de Punta Querandí torna simbólico el reclamo por las tierras, ya que se encuentran virtualmente rodeados de barrios privados, pero izando sus símbolos más representativos, la whipala del museo-biblioteca, el monumento al Yaguareté, la Maloka, el Opy ceremonial, la apacheta, todos estos espacios de resistencia cultural están a la vista, representan una toma de posición pero también un legado, que viene desde el fondo de los tiempos, se puede decir que si bien la cadena oral de conocimiento se ha visto interrumpida en muchas culturas indígenas, quienes forman parte de Punta Querandí han discutido e interpelado estas tradiciones, buscando recrear las antiguas construcciones, incorporando nuevos elementos sin perder de vista el simbólico eje de la espiritualidad, desde allí avanzan, incluso hacia el pasado, y lo que encuentran a cada paso los van determinando.


Bajo esta comprensión, los referentes que sostienen Punta Querandí instalan con sus acciones iniciativas específicas, ya que no solamente interpelan cuestiones ligadas al derecho territorial, sino que habilitan el entendimiento, la comunicación y el debate que permiten sostener una identidad, recuperando los antiguos valores ancestrales, en esas acciones hay elementos que la biblioteca aún debe descubrir, pero está orgánicamente incorporada en el paradigma de la resistencia, su concepto es una apropiación de la cultura escrita, reservorio de lo realizado por autores ajenos a la comunidad, sin embargo sus libros vivientes representan la mayor fortaleza, y las historias que vienen contando desde hace unos 15 años, junto con las tareas agrícolas y educativas, esperan ser guardadas y clasificadas en este espacio. Por tal motivo se considera que la Biblioteca ubicada dentro del Museo Autónomo de Gestión Indígena, posee todos los elementos para representar la identidad de la comunidad Punta Querandí, posibilidad que va más allá del simple acto de poner libros en los estantes.

Muchas gracias a Pablo Badano por la información brindada.

Nota: El texto forma parte del documento “Bibliotecas indígenas de Argentina: paradigmas, resistencias y discontinuidades”, a ser publicado en el XXXIII Coloquio Internacional de Bibliotecarios, bajo la consigna “Servicios de Información para Grupos Vulnerables”, llevado a cabo desde el 2 al 4 de diciembre de 2019 en Guadalajara, México.

sábado, 8 de febrero de 2020

Merecido Homenaje para Alfredo Mires Ortiz



Quienes alguna vez transitamos los senderos inabarcables de la Bibliotecología Indígena sabemos lo que representa Alfredo Mires Ortiz, educador, antropólogo, miembro fundador y asesor ejecutivo de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca, organización comunitaria que se acerca a los 50 años de presencia ininterrumpida en más de 500 comunidades, ubicadas en la sierra norte de Perú. Ha sido fundador del Archivo de la Tradición Oral Cajamarquina, del Grupo de Estudios de la Prehistoria Andina y del Proyecto Enciclopedia Campesina, dedicado a la recuperación de la memoria colectiva. De su autoría o dirección, se conocen más de 130 títulos sobre tradición oral, religiosidad y cultura andina, arte rupestre e historia desde los propios pueblos. Ha desarrollado diversas experiencias con educación y prensa popular, historia oral, salud comunitaria, medio ambiente, bibliotecología, dinámica de grupos e investigación participativa. En 1992 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo "Kukulí"; En 2003 el Proyecto Enciclopedia Campesina de Cajamarca obtuvo el Premio Internacional del Convenio Andrés Bello. Durante muchos años ha acompañado a comunidades indígenas de Centro y Sud América, en procesos de afirmación cultural.

Los andares de Alfredo, ininterrumpidos, laboriosos, abnegados, no solo nos dignifican como profesionales de la información, también nos demuestran que sin empatía ni vocación no es posible fortalecer identidad alguna, acercar la lectura a pueblos alejados de los centros urbanos es algo noble, requiere la participación y el consenso de las comunidades, pero propiciar la escritura colectiva de conocimientos enraizados con la cultura oral es algo que abruma concebir, por la complejidad que dicha construcción social implica. Fue precisamente, a instancias de Alfredo, el rol que decidieron cumplir las Bibliotecas Rurales de Cajamarca, recrear conocimiento ancestral, recuperar desde la literatura las prácticas comuneras y culturales de las chacras, fortalecer el cultivo de la lectura, darse cuenta que todo lo que se conservó en la memoria tenía valor, saber que muchos pudieron por primera vez escribir su nombre.

Es por este motivo que comparto el siguiente texto publicado desde el blog de las Bibliotecas Rurales de Cajamarca. Alfredo ha sido siempre una de las personas que más respeté en el universo de las bibliotecas indígenas, tal vez porque las teorías que sembró no fueron conjeturadas desde un escritorio, les puso el cuerpo a las ideas y llegó a lugares inimaginables, completando con su vocación una bella y sencilla parábola. Que llegue a los paisanos la sincera alegría por tan merecido reconocimiento.

Comunidad meritoria

En los últimos años vemos constantemente, en estados de whatsapp, publicaciones de facebook, instagram y otras redes sociales, imágenes y expresiones donde muchas personas muestran orgullosas los éxitos propios o de algún familiar. Estos “éxitos” van desde arreglar una habitación, ganar un concurso en una fiesta infantil, hasta obtener un título o grado universitario, así como aperturar un negocio o conseguir un trabajo…
Es de imaginarse, entonces, el inmenso orgullo que sentimos todos los miembros de la Red de Bibliotecas Rurales al ver el justo reconocimiento que nuestro compañero Alfredo Mires Ortiz, ha recibido por parte del Ministerio de Cultura, porque, como él mismo dice, es un reconocimiento para todas las comunidades que forman parte de esta organización, de esta familia.

Por ello, para nosotros, estar cerca de alguien reconocido como “Persona Meritoria de la Cultura”, no es solamente un motivo de orgullo, sino también un motivo más para seguir comprometidos con esta lucha constante en la que cada día vamos aprendiendo de nuestro compañero Alfredo y de todo lo que él conoce y nos comparte acerca de la vida, de la sabiduría y de las honduras comunitarias, de nuestra historia y cultura peruana y del mundo entero. Y este orgullo colectivo se debe también a que Alfredo no solamente es un antropólogo investigador, sino porque es un hermano, un compañero que nos anima a seguir, a avanzar, a leer, a aprender y a desaprender. Nos anima con sus coplitas, con sus cuentos, con su poesía, con sus dibujos… también con sus bromas.
Ahora que los tiempos son difíciles porque con tantas redes sociales y con tanta televisión la gente lee menos y se vicia más, publica y celebra cualquier cosa y no lo que realmente merece celebrar, este reconocimiento para Alfredo es una buena señal para nosotros. Es una esperanza y un ánimo.
Bien dicen algunos compañeros en el tomo 22 de la Enciclopedia Campesina, “El porqué de los cuando”, de nuestra serie “Nosotros los cajamarquinos”:
Cuando escuchas cantar un pajarito, es porque tu día será lindo.
Cuando se juntan muchos quindes es porque va a ser un buen año.
Cuando nos armamos y la coquita nos endulza, nos va bien.
Gracias Alfredo por tu trabajo que nos augura buenos tiempos, gracias por esas buenas señales que nos hacen seguir creyendo.

Fuente

Bibliotecas Rurales de Cajamarca

domingo, 26 de enero de 2020

Qomlaqtaq. La Biblioteca trashumante del pueblo Qom (Rosario, Provincia de Santa Fe)



Este proyecto, nacido en el año 2006 pero oficializado en 2008, fue realizado por un grupo de trabajo coordinado por la licenciada en Antropología Marcela Valdata (comunicación personal, agosto-septiembre 2019), en donde colaboraron jóvenes de la comunidad Qom (ubicada originalmente en la Cooperativa Na’añaGak, dentro del Barrio Roullion, Rosario, Provincia de Santa Fe), estableciendo un vínculo asociativo con la Universidad Nacional de Rosario, tuvo por objetivo desarrollar una biblioteca popular en lengua Qom, que contempló diferentes modos de representar la colección: como biblioteca parlante, virtual, impresa y lúdico investigativa, incluyendo capacitación a indígenas para poder recopilar, seleccionar, documentar y preservar información de la propia comunidad.

En la actualidad, el proyecto ha sido continuado por el estudiante de antropología qom Andrés Honeri (comunicación personal, agosto-septiembre 2019), quien sigue contando con el apoyo de la antropóloga Marcela Valdata, y el aporte de los libros vivientes Ruperta Pérez y Arsenio Borgez, incluyendo colaboradores adolescentes del barrio, quienes ayudan con los materiales lúdicos trabajados en comunidad, así como con el sostenimiento de un blog, actualmente descontinuado, para difusión del proyecto.

El derrotero de la experiencia Qomlaqtaq podría ilustrar un paradigma de los servicios bibliotecarios en comunidades indígenas, sus miembros fundadores tuvieron un espacio compartido en el barrio toba, desde el año 2006 hasta 2010. Posteriormente, por un acto de vandalismo que incluyó un incendio, se mudaron al Obrador (Centro Cultural dependiente de la Municipalidad de Rosario, proyecto dirigido por Marcela Valdata) hasta el año 2015, en ese lapso las autoridades del Obrador solicitaron el retiro de los materiales y computadoras, para quedarse con el espacio, situación que llevó a los miembros de Qomlaqtaq a establecerse momentáneamente en el Centro de Estudios de la Universidad Nacional de Rosario, más precisamente el Centro de Estudios Aplicados a Problemáticas Socioculturales, trasladando sus libros, documentos, objetos y carpetas.

En este contexto, la idea de biblioteca trasciende el espacio físico, los colaboradores siguieron realizando materiales lúdicos e investigativos, expusieron sus trabajos en ferias, en congresos, en escuelas y en radios locales, entrevistaron a los artistas del barrio, especialmente músicos, e involucraron a docentes con diversos proyectos. Según lo ha referido Andrés Honeri, los materiales digitales generados en la Biblioteca Qomlaqtaq fueron resguardados en copias con discos externos, agregando los materiales lúdicos realizados junto a los maestros de la Escuela primaria intercultural bilingüe Ralagaic Quitagac. Se incluye en este caso las entrevistas a los ancianos qom del Barrio Roullion, la toma de capturas fotográficas de la comunidad (registrando los materiales generados en los talleres de edición multimedia con adolescentes y jóvenes de la comunidad qom), el excelente cuento digital “El zorro y el tigre salen de caza”, una escritura colectiva basada en la memoria oral de los abuelos (se destaca el aporte de los libros vivientes Sixto Flores, Roberta Catori, Arsenio Borges, Angel Fernández y Ruperta Pérez), que representó uno de los documentos más auténticos generados en la bibliotecología indígena de Argentina.

Posteriormente en el año 2013, el grupo se renueva con la participación de Andres Honeri y Agustín López, quienes retomaron el cuento con una nueva versión que tuvo por título “El astuto tatú” (So Tapinec lachigui), que habla de la relación entre el zorro, el tigre y el tatú, esta publicación fue realizada en formato libro y luego como libro multimedia (donde fue posible leer y escuchar el relato en ambas lenguas, incluyendo efectos sonoros, posibilidad de interactuar con el texto y ampliar el significado de algunos términos a modo de hipertexto), agregando más tarde un juego de cuento-rompecabezas y una lotería infantil. La primera versión incluía un cuento ancestral en formato papel más un rompecabezas hecho en cubos de madera con las escenas del cuento, a esto se le sumaba un CD donde el cuento estaba registrado en forma oral y bilingüe Qom-Castellano. La segunda versión contenía un tablero y fichas con imágenes de las aves representativas del pueblo Qom, con sus nombres en castellano y en lengua materna, detrás de los tableros había una breve descripción de dichas aves, se construyeron con fines didácticos, especialmente diseñado para compartir en escuelas, ferias y eventos culturales.

Entre los materiales trabajados por la biblioteca -cuya imagen simbólica corresponde a un pavo real de cuerpo celeste y plumas verdes- se destacan registros de plantas del Chaco, conceptos de ciencias naturales, animales, fenómenos naturales, relatos con cultivos y cosechas, descripción de partes del cuerpo humano, ilustraciones de cuentos infantiles, el cuento digital Qasogonaga, diosa de la tormenta (realizado entre docentes y alumnos de 4to grado), el relato Tacnatck (desde adentro, cuento de Roberto Arce que refiere una historia del tigre antiguo), así como registros de grupos musicales formados en el barrio, recopilación de instrumentos musicales y entrevistas a artesanos y referentes comunitarios.

En el año 2019, ya sin espacio físico propio, el nombre Qomlaqtaq continuó asociado a proyectos comunitarios, entre ellos la presentación de un documento, a través del Programa Provincial de Juventud, sobre los Qom que fueron a Malvinas. Asimismo han realizado visitas a escuelas donde cuentan la experiencia de la biblioteca, y el alcance de los cuentos digitales en la comunidad. Si bien ha sido complicado reunirse sin espacio físico, los integrantes de este proyecto, que podríamos denominar “Experiencia Qomlaqtaq”, continúan construyendo conocimiento y recuperando las raíces identitarias de la cultura.

El texto forma parte de un documento presentado en el Coloquio Internacional de Bibliotecarios de Guadalajara, que tuvo lugar del 2 al 4 de diciembre de 2019.




lunes, 30 de diciembre de 2019

Nuestros paisanos los indios, en una Biblioteca de Guadalajara



Haber compartido recientemente el 33º aniversario del Coloquio Internacional de Bibliotecarios, dentro de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), significó algo más que plantear reflexiones en torno a los servicios de información para grupos vulnerables. En la mochila llevaba algo que para El Orejiverde representaba muchas cosas, se trataba de una edición de Nuestros paisanos los indios, de Carlos Martínez Sarasola, junto con uno de sus últimos libros, La Argentina de los caciques, o el país que no fue.

El libro de Carlos fue donado a la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco “Juan José Arreola”, que forma parte del proyecto del Centro Cultural Universitario (CCU) de la Universidad de Guadalajara, un ejemplar que ya se encuentra en el catálogo, permitiendo a sus lectores entender cómo es que ha sido, desde la Revolución de Mayo en adelante –donde los indígenas estuvieron momentáneamente integrados a una noción de país que no sobrevivió el tiempo de vida de sus principales líderes– que los argentinos no supimos integrar otras formas de conocimiento dentro del contexto político, social, cultural y educativo que por entonces se estaba forjando. Por el contrario, tal como lo afirmó Carlos, como ciudadanos fuimos enseñados en la negación de los pueblos indígenas, negación que aún hoy, en diferentes estratos sociales, ha generado importantes expresiones de discriminación, segregación y racismo.

Entender esa automutilación social, es comprender en parte lo que somos como país, la lenta conformación de variadas matrices culturales que plantearon el interrogante del ser argentino, en donde la ocupación, por parte del Estado, de los denominados territorios libres indígenas, significaron no solamente un despojo arbitrario sino esencialmente la destrucción de una forma de vida, cuyo eje siempre fue la espiritualidad, deuda social que aún sigue pendiente, y que la obra de Carlos Martínez Sarasola continúa interpelando.

Dejar ese libro en aquellos estantes es una forma de tributar la memoria de nuestro querido Director, y es también, a nuestro modo, una forma de completar el entendimiento cultural de la Historia Argentina.

Se trata de una verdad que tiene que ver con nuestra identidad, bienvenida sea esa posibilidad en el concurrido espacio de una biblioteca. 

Nota: la imagen corresponde al sitio Web del autor: