Espacio que pretende resguardar voces, experiencias y conocimientos desde el rol
social del bibliotecario. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural
intangible conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas, semblanzas,
historias de vida. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

jueves, 20 de junio de 2013

Guardianes de la memoria…



Cada tanto aparece en el horizonte de toda disciplina una obra que simboliza el trabajo colectivo de los profesionales que la integran. Es el caso del Diccionario Biográfico de guardianes de la memoria social Boliviana, publicación que contiene 812 entradas, cuyas fuentes incluyeron diccionarios, bibliografías, publicaciones oficiales, periódicos, boletines, revistas e Internet, registrando las acciones de hombres, mujeres, asociaciones, instituciones y centros de archivo que favorecieron con su servicio el desarrollo patrimonial del querido país latinoamericano.

No es un detalle menor, ante lo singular del proyecto, recordar que el Diccionario biográfico de archivistas de Bolivia es la primera obra en su género a nivel mundial, y que su aporte se suma a otros hitos de la archivística boliviana, como lo fueron la Historia de la archivística boliviana (2006) y Legislación archivística boliviana (2007), ejemplos hasta infrecuentes en la historiografía especializada.

Como bien se expresa en el prólogo de la obra, no es objetivo del Diccionario incluir la totalidad de centros de archivo, ya que dicha tarea sería objeto de estudio de una Guía o Directorio de Archivos de Bolivia, por cierto algo pendiente de realizar. Lo que en este caso se ofrece son nombres que han sabido representar, con su vocación, el invalorable acervo archivístico boliviano. La estructura del material se consolida en las reuniones técnicas de consulta (1979-1984), congresos nacionales y departamentales, resoluciones de convenciones y congresos internacionales, tales como la Declaración de Principios de la Primera Reunión Interamericana de Archivos (1961), la Carta Americana de Archivos (1972), la Declaración de Principios de los Archivistas de Bolivia (1982), el Código de Ética del Archivista (1996) y la Declaración Universal de los Archivos
(2010). Según refiere su editor, el destacado archivero Luis Oporto Ordoñez, la expresión más significativa que corona los esfuerzos de las acciones de los archivistas se plasma en la creación de los centros de archivo e instituciones de enseñanza superior archivística.

Ha sido un trabajo soberbio, abarcando estudios sobre diccionarios biográficos de alcance nacional y regional, reseñas de archiveros a lo largo de la historia, registros sobre archiveros del incarioV, archiveros de la colonia, archiveros militares en la Guerra de la Independencia, análisis sobre el rol de los presidentes en la República, el aporte de los intelectuales, las archivistas mujeres, los archivistas profesionales, los becarios, los archiveros religiosos y empíricos, como así también los archivistas extranjeros que han colaborado mientras estuvieron en el país.

Párrafo aparte merece la investigación realizada sobre los “destructores de la memoria”, que como es sabido han provocado más daños al patrimonio documental del Estado Boliviano, que todos los factores y vectores de destrucción acaecidos durante el proceso histórico. Al respecto se incluye un pensamiento que es a la vez un resumen, simbólico, de lo que la humanidad ha sido testigo desde hace siglos:

 “Habrá que levantar dos murales en el ingreso de los archivos históricos. En un costado estarán las figuras señeras de aquellos que han dado la vida para salvar los documentos, y en el otro los que con similar denuedo han dedicado todo su esfuerzo y los medios a su alcance, para sustraerlos o destruirlos”.

No pude evitar leer la inclusión –a mi entender con buen criterio– como archivero de la memoria social boliviana al guerrillero argentino-cubano Ernesto CHE Guevara, considerado “El archivo oficial de la guerrilla”, un estudio biográfico que da cuenta de los documentos y manuscritos que el mítico revolucionario registró mientras combatía en la selva boliviana a fines de los años 60. Se trata del famoso “cuaderno rojo”, tamaño carta, anillado, y una agenda alemana modelo 151, impresa por Herstellung Baier & Schneider para Karl Klipel de Frankfurt, con acabado en tapa dura forrada en cuerina, color borra de vino, que se vendía al precio de 9.90 marcos…

El cuaderno rojo tuvo una doble finalidad, no solo sirvió para las anotaciones del diario de los dos meses iniciales de campaña, sino que también incorporaba correcciones de puño y letra, hechas con bolígrafo negro, rojo y verde, conteniendo los códigos de los mensajes cifrados que recibía y de los mensajes que enviaba el líder revolucionario. Tal como lo refirió Fidel Castro, los documentos encontrados eran “anotaciones, no escritas para la publicación, (que) le servían como instrumento de trabajo para la evaluación constante de los hechos, las situaciones y los hombres”,

Como se sabe, los manuscritos del Diario del comandante, un verdadero documento histórico, serían finalmente publicados en Cuba, incluyendo una introducción del propio Fidel.

Verdaderas historias de vida, el diccionario compila nombres como los del escribano Manuel Cáceres, Manuelita Sáenz, la primera mujer archivista, quien fuera responsable del archivo particular del general Simón Bolívar, Francisco O’Leary, custodio de los archivos de campaña del Ejército Unido Libertador, Gabriel René Moreno, quien realiza el salvamento de los archivos de la Real Audiencia de Charcas, del Archivo de Moxos y Chiquitos, y elaboró sus siete puntos para la creación del Archivo General de la Nación, el gran Gunnar Mendoza, reconocido archivista responsable de la organización del Archivo Colonial de la Casa de Moneda de Potosí y de los fondos coloniales y republicanos del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia, Alberto Crespo Rodas, Édgar Huracán Ramírez, un héroe que salvó de la destrucción los Archivos de la Minería Nacional, construyendo para su resguardo tres imponentes edificios en El Alto, Oruro y Potosí, nombres que le pusieron un cuerpo a las ideas, un diccionario que registra lo que diversos profesionales de la información a su vez registraron a lo largo de sus vidas, me parece un simbólico y sentido homenaje.

Agradezco a Luis Oporto el envío de esta obra, tan valiosa como necesaria, que nos permite acceder a una parte importante de la historia social y archivística de Bolivia, en recuerdo de quienes cultivaron con su labor la memoria impresa de un país.

Biblioteca y Archivo Historico de la Asamblea Legislativa Plurinacional Vicepresidencia del Estado Plurinacional

Guardianes de la Memoria. Diccionario Biográfico de Archivistas de Bolivia / Biblioteca y Archivo Hist6rico de la Asamblea Legislativa Plurinacional. /Luis Oporto Ord6nez (Editor). La Paz: Biblioteca y Archivo Historico de la Asamblea Legislativa Plurinacional, 2012.
671 p.

Jach'a Marrka Sullka Irpatafia Utt'a
Taqi Markana Kamachi Wakichana Tamtachawi Utt'a
Nawra Kawsaypura suyuta sullk'a Kamana
Rimanakuy u-mallina suyu kamana
Tetat guasu juvicha ja-j-kuerigua jembiapoa
Tetaguasuiftomboat juvicha jembiapoa

Editor: Luis Oporto Ordonez
Colaboradores: Carola Campos Lora, Edgar Ramirez Santiesteban y Gonzalo Molina Echeverrfa
Revisión: Gonzalo Molina Echeverrfa
Diseño y diagramación: Javier Quispe
D.L.: 4-1-148-12 P.O. ISBN: 978-99954-816-4-3 La Paz - Bolivia
Impresión
Institute) Internacional de Integration Convenio Andres Bello (III-CAB)
Av. Sanchez Lima N° 2146. Casilla 7796/Tel (591) (2) 2410401 - (591) (2) 2411041/Fax (591) 2411741
La Paz - Bolivia
Junio de 2012

Distribución gratuita:
Se autoriza la libre difusión de esta obra siempre y cuando se cite la fuente y el nombre del autor. Se prohíbe utilizarla para fines comerciales.

domingo, 9 de junio de 2013

Testimonio oral sobre cacicazgos en la cultura qom


Tuve ocasión, hace unos años, de entrevistar a quien fuera el primer cacique del Centro Comunitario Daviaxaiqui de Derqui, el artesano Máximo Jorge, nacido en Tres isletas, Castelli, provincia de Chaco, quien recuerda lo que era el “Barrio Toba” cuando llegó por primera vez: “solo pastos de dos metros de altura, todo era campo”, del cual conserva un registro fotográfico. Cuando este hombre llegó todo estaba por hacerse, en aquel horizonte no había casas, los qom recién llegados todavía no había aprendido el oficio de albañil con el que empezarían las primeras construcciones, las calles de tierra no estaban trazadas, no había agua potable ni servicio eléctrico.

Máximo tuvo una vida dura. Siendo niño aprendió a cosechar la tierra. Prácticamente fue criado por sus abuelos, conoció las privaciones, el trabajo pesado. En su adolescencia intercambió conocimientos con paisanos mocoit’s y pilagás. A los 18 años se presentó al servicio militar en Resistencia, Chaco. En el año 1983 llega a Buenos Aires, si bien su apellido debería ser Burgos, lo inscriben con dos nombres en el registro nacional, sin importarle el hecho. Al poco tiempo coincide con algunos paisanos en Fuerte Apache, conoce el cristianismo, llegando a interpelar creencias desde ambas miradas, la del mundo occidental y el mundo indígena. Reflexionó sobre el evangelismo, sobre lo que implica la ciencia para los qom. Todavía se recuerda en el barrio aquel primer cacicazgo, fundacional del Centro Daviaxaiqui (ir hacia lo alto en lengua qom):
Máximo Jorge: Cacique
Felipe Cerón y Omar Codutti: secretarios.

En la entrevista Máximo explica el sistema por votación para elegir cacique, que antiguamente era hereditario (sobre todo en Chaco), y que hoy para ejercer el cargo se necesita ser bilingüe y adherir a la escritura para preservar conocimiento. En otros tiempos no había necesidad de que haya caciques, dicha representatividad la ejercía el chamán, el piogona’q, el brujo, aquel que podía sanar y aconsejar. Hoy el cacique es un “puente” entre culturas, alguien que debe apreciar un sentido de espiritualidad y tener sobre todo responsabilidad de las familias que están bajo su cuidado.

Con respecto a la educación escolar, Máximo trazó un paralelo con la experiencia de la Biblioteca Qomllalaqpi, al constatar los métodos de enseñanza de los docentes en el aula, quienes se valían del pizarrón para fijar imágenes que posteriormente los alumnos interpretaban en el papel.
El cacique entendió que la biblioteca permitía cumplir una función similar a la del pizarrón, ya que los maestros se valían de los libros y la biblioteca permitía el acceso a los mismos. Históricamente los qom no necesitaron libros, solo memoria para recordar historias y leyendas, sin embargo la Biblioteca Qomllalaqpi agregaría una variable muy valorada por la comunidad: el propio conocimiento resguardado en un archivo oral.

“Yo lucho por los niños, esa es mi causa” dice este paisano que supo representar políticamente a su gente durante 12 años (período 1995-2007). Es un hombre alto, camina erguido, fija la mirada sin parpadear cuando responde, conoce como pocos el barrio del pueblo qom, lo vio nacer entre yuyales, colaboró en las primeras construcciones y se convirtió en un líder natural para sus hermanos, quienes lo ven como una autoridad. Escucharlo nos permite significar el rol histórico del cacique en una comunidad indígena. Idea de “puente que ampara la comunidad” tal como lo explicó este artesano del centro comunitario. Máximo Jorge aprendió de su abuelo, Burgos, quien supo ser cacique en el Chaco. Debido a su cargo ha conocido a muchos líderes indígenas de diversos países, ha participado de un congreso de dirigentes indígenas (Chile, 1998) donde compartió experiencias con representantes de otras etnias.

El documento oral permite acercar una idea sobre el nacimiento de comunidades en contextos de migración, situación que debemos analizar considerando lo que muchos paisanos sienten por la tierra natal, en ese sentido Máximo Jorge fue claro: “mi espíritu está en Chaco” dijo, y ante el sentimiento solo queda pensar lo que significa el desarraigo mientras se busca en tierras lejanas un sentido de pertenencia, la ilusión de conservar la cultura, de poder seguir hablando en lengua materna, y de mantener vivas las costumbres. Durante mucho tiempo esa fue su tarea. Fue un gusto haberlo conocido.

Clasificación: Cacicazgos / Costumbres / Cultura qom
Informante: Máximo Jorge. Artesano, músico. Pertenece al Centro Comunitario Daviaxaiqui.
Lugar / Fecha: Biblioteca Qomllalaqpi, Derqui, Buenos Aires - 28/03/2011.
Entrevista: Daniel Canosa
Duración: 34´ 57´´
Contenido de la entrevista:

0’.00’’ Recuerdos de Máximo Jorge 
2’.30’’ Acercamiento con caciques mocoit´s 
3’.06’’ Trabajo como cosechero en Formosa 
3’.20’’ Convivencia con paisanos pilagá 
3’.50’’ Presentación a servicio militar 
4’.40’’ Llegada a Buenos Aires 
5’.05’’ Conocimiento del cristianismo y evangelismo. 
7’10’’ Reflexión sobre las creencias religiosas indígenas y occidentales 
8’.30’’ Llegada a Derqui. 
8’.50’’ Constitución del primer cacicazgo: Máximo Jorge (Castelli), Felipe Cerón (Sáenz Peña) y Omar Coduti (Pampa del indio) ambos como secretarios, año 1995. 
9’.10’’ Elección del cacique. Sistema por votación. Sistema hereditario. 
9’.50’’ Requisitos para ser cacique 
10’.15’’ Necesidad de la figura del cacique. Relaciones con el chamán, Piogonaq, brujo. 
11’.01’’ Representación del cacique como “puente que ampara la comunidad”. 
11’.20’’ Estudio oral de la cultura, concentración, responsabilidad social: características del cacique. 
12’.20’’ Necesidad de la escritura para perpetuar rasgos de la cultura. 
13’.00’’ Chamanes en la actualidad. 
14’.34’’ Período como cacique (1995-2007). 
15’.50’’ Votación en la comunidad para elegir al primer cacique. 
17’.10’’ El verdadero apellido de Máximo (Burgos). Imposición del registro civil con los apellidos de las familias. 
18’.50’’ Tareas realizadas como cacique en Derqui. 
21’.50’’ Importancia de la biblioteca en la comunidad 
23’.00’’ Necesidad de la Escritura para preservar el conocimiento.
24’.45’’ Organización de la economía comunitaria. 
25’.25’’ Recuerdos del abuelo Burgos. 
27’.26’’ La vuelta a Chaco. 
28’.20’’ Educación familiar y educación escolar 
29’.40’’ Participación en Congreso Chileno con dirigentes indígenas (1998). 
33’.30’’ Visión del cacique.

sábado, 1 de junio de 2013

Sobre la representatividad de las radios comunitarias


Alguna vez, hace años, conocí una pequeña radio ubicada en la provincia de Río Negro, la FM alas (89.1 del dial) ubicada en las cercanías de una comunidad Mapuche. Fui de visita y como ese día se ausentó el telefonista me ofrecieron atender el teléfono para anotar el pedido de los oyentes, dos horas después, no dejaba de asombrarme la cantidad de personas que querían salir al aire para comentar sobre las recetas tradicionales de las comunidades aledañas, tal había sido la consigna de aquel programa. Todos aportaban algo, entre todos hacían una recreación de las costumbres alimenticias de los lugareños, ofreciendo recetas del tiempo de los abuelos, contando como se preparaban los platos y agregando leyendas en torno a ciertos alimentos. Verdaderos documentos radiofónicos. Una inestimable construcción que posibilitó al oyente ejercer la libre participación y el derecho a la información, recuperando parte de la identidad cultural. El hecho demostró la incidencia que puede lograr la radio en el desarrollo de una comunidad.

Por otra parte difundían a músicos locales, facilitándoles la presentación en festivales y la grabación de discos (entre ellas la Agrupación de Músicos Populares).  Pero acaso el dato más significativo, que puso de manifiesto la estrecha relación entre la radio y la gente, aconteció cuando se registró un caso de hantavirus en la zona de El Bolsón. Fue en la puerta de la FM que los vecinos convocaron a organizaciones sociales y autoridades del hospital para tratar espacios de discusión e información y de este modo poder enfrentar el problema. Otra característica particular de esta radio era la de transmitir desde el lugar de los hechos (en general zonas de difícil acceso, llegando en ocasiones antes que los bomberos y Defensa Civil). Esto posibilitaba que según la urgencia, los pobladores pudieran acudir a la radio para juntar donaciones en casos de inundación o incendios.

Se trata de un medio de comunicación que posee las condiciones necesarias para aportar documentos a las bibliotecas locales, fortaleciendo la identidad colectiva, ya que suelen representar las reales necesidades de información de quienes conforman una comunidad.

Para aproximarnos a este concepto de representatividad, debemos remitirnos a las experiencias radiofónicas encomunidades indígenas y rurales de Latinoamérica. Cada una de estas experiencias, respetando el modo de comunicación de sus oyentes, enriquecen con sus leyendas y cuentos la cultura popular, aquella tan menospreciada por siglos, y que sin embargo conforma un mosaico multicultural invaluable.
En cada comunidad se registran modos de expresión que los diferencian de otras sociedades o pueblos, modos que responden al entorno y al contexto. Por lo general quienes conducen esas programaciones lo hacen respetando esos códigos.
Es verdaderamente importante que el bibliotecario pueda resguardar ese tipo de programaciones, se trata de un material que permitiría a sociólogos y lingüistas poder investigar características del lenguaje, conformando mapas lingüísticos de los diferentes barrios.

Desde hace un tiempo consideré que la vinculación de radios con bibliotecas genera una sistematización de experiencias cuya producción puede resultar de utilidad para el desarrollo de colecciones representativas de eventuales bibliotecas comunitarias.
Por lo general estas radios implican la posibilidad de democratizar la comunicación a escala comunitaria, son medios que favorecen la expresión y la participación y que valoran la cultura local, ya que comparten las mismas preocupaciones y problemas. Otorgan una voz a los que desde hace siglos viven condenados al silencio.

Por tal motivo me pareció valioso difundir las actividades de la organización FARCO (Foro Argentino de Radios Comunitarias) quienes conforman un grupo de emisoras que ejercen la radiodifusión como un servicio a la comunidad y la comunicación, como un derecho de todas las personas. Es una red de radios que busca construir un camino común para apoyarse y fortalecer la comunicación de cada comunidad. La misma se encuentra dividida en 5 zonas geográficas:
Patagonia, Centro, Cuyo, Noreste y Noroeste.

Quienes integran la red FARCO tienen por misión el promover la democratización de las comunicaciones como condición indispensable para la democratización de la sociedad. Fortalecer las radios comunitarias y que éstas favorezcan la participación. Impulsar la articulación de organizaciones populares y sociales que aporten a la construcción de una sociedad más justa y solidaria. Fortalecer la identidad y la cultura popular, como así también nuevas formas de construcción política y ciudadana. Luchar por el reconocimiento legal de las emisoras de las organizaciones sociales o entidades sin fines de lucro, sin limitación de potencia ni contenidos ni a su sostenibilidad económica.
Por tal motivo apoyan con convicción y coherencia el pleno funcionamiento de la Ley de Medios de Comunicación Audiovisual.

La red de radios comunitarias busca fortalecer la heterogeneidad, la diversidad cultural y la difusión de otras formas de conocimiento. La radio debe vencer el aislamiento, construir desde el respeto de la identidad, encarnar la resistencia de la cultura comunitaria. En los montes, en las villas, en los pueblos pequeños, en los cerros, existen radios que con mínimos recursos, apenas una consola, antena, micrófono, logran ofrecer posibilidades a una realidad carente de medios, informando y documentando porque son conscientes que si algo pasa les pasa a todos.

Se trata de un espacio de convocatoria, que representa para el oyente algo más que una compañía, donde cada conocimiento se transforma en documento, y es realmente alentador comprobar como la red de radios comunitarias va creciendo año a año. Quienes estamos ligados a la información y la comunicación debemos cuidar ese compromiso, porque sus locutores tornan visibles a los invisibles, porque les permiten multiplicar voces y defender derechos, porque acaso sin darse cuenta conforman día a día un patrimonio.

sábado, 18 de mayo de 2013

Doña Fiota: la letra y la palabra


Pasaron más de 3 años de haber escuchado esta historia, y por alguna razón quiero resguardarla. Quien la rescató fue uno de esos amigos de la profesión que uno encuentra en los congresos luego de haber compartido correos y documentos sin siquiera conocernos. Este bibliotecario se llama José Bessa Freire, nació en Brasil y es uno de los que más han investigado sobre bibliotecas indígenas en América Latina. Trabaja como profesor del programa de Posgrado en Memoria Social y en el curso de Bibliotecología de la UNIRIO, su conocimiento de la realidad indígena, su generosidad como profesional y su incidencia como docente ha sido realmente valorado en cada congreso donde fue convocado.
Lo que en este caso ofreció José es simplemente una historia de vida, cuyo texto ha sido publicado en el Diário de Amazonas, ciudad de Manaus el 09/12/2007. Vuelvo al texto como quien relee antiguos refranes, sabiendo que encontrará en ellos pequeñas verdades, simbólicos modos de encontrar respuestas en medio de carencias y necesidades.

Doña Fiota. Se trata simplemente de doña Fiota. Nadie la conoce por su nombre de pila: Maria Joaquina da Silva. Pero también ¿quién llama a Pelé de Edson Arantes do Nascimento o quién conoce a Zumbi, el guerrero imbangala de Angola, por el nombre de Francisco? Basta conversar con ella para darse cuenta que doña Fiota es una mujer vigorosa, un personaje de la historia del Brasil contemporáneo. Tuve el privilegio de oirla en marzo de 2006, en Brasília, durante el seminario sobre las lenguas habladas en Brasil, organizado por la Comisión de Educación y Cultura de la Cámara de Diputados y por el IPHAN – Instituto del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional. Con su encanto e inteligencia, nos cautivó a todos.
Doña Fiota contó en ese seminario, que su padre era un bahiano que vivia andando por el mundo, en los tiempos del final de la esclavitud. Pasó por el centro-oeste de Minas Gerais, iba pasando cuando vió a la que seria después su madre en cautiverio trabajando, hilando hilo de algodón, se le acercó y perguntó si no le conseguía un trabajo. Acabó consiguiendo un servicio en la chacra de yuca, después se fue quedando y comenzó a enamorar, quedándose y enamorando, hasta que los dos se casaron, tuvieron hijos, nietos, bisnietos.
Los descendientes del andarillo bahiano con la ex-esclava se organizaron después de la abolición de la esclavitud: “Cuando rebentó la libertad, mi madre salió del Ingenio de Ribeiro buscando un lugar. Llegó aqui. Todo era mata. En la subida, había un barro blanco. Ahi fue mi madre que dió el nombre a este lugar de Tabatinga, nombre con el cual los índios tupi nombram al barro. Toda la vida fue Tabatinga. Desde el tiempo de la esclavitud. Solamente ahora es que el nombre mudó para Ana Rosa. Me gustaria cambiar el nombre Ana Rosa”.
La historia de la comunidad Tabatinga - hoy un área de quilombo, situada en el barrio Ana Rosa, en los alrededores de la ciudad de Bom Despacho (MG) – la contó Doña Fiota a los participantes del seminario de IPHAN, pero tuvo que ser traducida, porque la dijo, no en portugués, que ella domina muy bien, sino en una lengua afro-brasileña de origen bantu, llamada Gira da Tabatinga que todavía la usa un grupo de pobladores. (‘Gira’ es una simplificación de ‘gíria’ que en portugués significa ‘jerga’). Fue la primera vez que el plenario de la Cámara Federal escuchó el sonido de una lengua minoritaria de base africana, reconociendo su riqueza, su función histórica y su legitimidad.

El habla de la senzala

La Gira da Tabatinga se hablaba en las antiguas ‘senzalas’ de las haciendas del interior de Minas Gerais. Con ella, los esclavos podian comunicarse libremente sin que el patrón entendiese lo que decían. La lengua libertaba. Doña Fiota cuenta: “No se podia mencionar el nombre de las cosas. Hay assango? No, no hay assango. Hay cambelera? No, cambelera tampoco. Hay caxô? Nada de caxô. Entonces mi madre decía: ‘Catingueiro caxô. Caxô o quê? No Curimã’. Estaba avisando que el patrón había llegado”.
En una entrevista, Doña Fiota da detalles sobre la formación de la Gira da Tabatinga, producto del sincretismo de varias lenguas africanas mezcladas al portugués: “Aprendí esa lengua con mi madre. Ella me hablaba todos los dias hasta que la aprendí. Eso implica toda una historia para nuestra gente, tanto de las partes alegres, como de las tristes”. Recientemente, los pobladores se dieron cuenta que esa lengua que los había libertado, estaba amenazada de extinción, porque no la usan más los niños ni los jóvenes, dice doña Fiota: - “Aquí en el barrio es muy difícil encontrar quien hable la lengua”.
Fue entonces que la comunidad decidió fortalecer en la sala de clase la lengua denominada Gira da Tabatinga, aprovechando la ley promulgada en 2003 que torna obligatoria la enseñanza de Historia y Culturas afro-brasileñas en las escuelas de enseñanza fundamental y media. Dos investigadoras – Celeuta Batista Alves y Tânia Maria T. Nakamura – estuvieron al lado de la lucha por la revitalización de la lengua, que en el pasado fue un poderoso instrumento de resistencia de los esclavos y hoy es una marca de identidad de sus hablantes.
La comunidad consiguió la promesa de que la Secretaria Municipal de Educación remuneraría a una profesora de Gíria da Tabatinga. La cuestión era: - ¿quién daría las clases? Los pobladores no tuvieron dudas: - doña Fiota. Al fin y al cabo, ella era la Real Academia de aquella lengua de quilombo. Sucede que después de un mes de trabajo, cuando fue a cobrar su sueldo, el funcionario de Educación le dijo:- “Ah, ¿es Ud, la profesora? Entonces no le puedo pagar. ¿Cómo justifico el sueldo a una profesora que es analfabeta?”. Doña Fiota rebatió con una respuesta que solo los sabios pueden dar:

Yo no tengo la letra. Tengo la palabra.

La dueña de la palabra

Con eso, trajo por tierra la postura arrogante y casi racista que discrimina los que viven en el mundo de la oralidad. Enseñó que existe saber sin escritura; que en la situación en que ella, doña Fiota, se encuentra, no necesita la letra, porque usa la palabra para transmitir sus saberes, trocar experiencias y desarrollar suas prácticas sociales. Fue en esa lengua de fuerte tradición oral que crió y educó a sus hijos. Es en ella que hoy piensa, trabaja, narra, canta, reza, ama, sueña, sufre, llora, reclama, ríe y se divierte. Doña Fiota dejó muy claro que não es carente de escritura, como dicen algunos letrados. Ella es independiente de la escritura.
Cerca de un millón y medio de brasileños para quien el portugués no es la lengua materna están hoy en la situación de doña Fiota. Hablan una de las 210 lenguas existentes dentro del territorio nacional, 190 de las cuales son lenguas indígenas, ágrafas, sin tradición escrita, pero que son depositarias de sofisticados conocimientos en el campo de las llamadas etno-ciencias, de la técnica y de las manifestaciones artísticas.
El texto completo puede encontrarse en el sitio web personal del autor, Taqui Pra ti.

Lo interesante es la idea que desprende para los bibliotecarios que deseen ofrecer servicios en una biblioteca indígena: el no necesitar necesariamente de la letra para ejercer su trabajo, necesitar solamente la palabra, aquella que históricamente intercambiaron los miembros de pueblos originarios sin necesidad alguna de escritura. Con lo cual cambia todo un paradigma de cómo se concibe la profesión, el alcance de todas las posibilidades no contempladas en las currículas de los institutos educativos.

Considero que la interdisciplinariedad coexiste en un espacio intercultural, bilingüe, oral. Se trata de atributos que implican por sí mismos una idea de fortalecimiento de la cuestión identitaria y patrimonial de estos pueblos, que no es posible construir sin puentes que favorezcan un entendimiento de las necesidades y vicisitudes de quienes detentan otras formas de conocimiento.
La biblioteca como recinto del atravesamiento de distintas lecturas de la realidad, el bibliotecario como un nexo de las eventuales variables. Se trata de alentar la posibilidad de una mutua penetración cultural, de enriquecernos escuchando, de aprender bajo otros acercamientos de la realidad.
Si alguna vez se encuentran con alguien como Doña Fiota, no dejen pasar la oportunidad de compartir una construcción social del conocimiento, porque serán testigos de cómo ese conocimiento se transforma en documento, algo parecido a un patrimonio, aquello que da sentido y fundamento a una cultura, porque en estos casos, la cultura esta compuesta de libros vivientes, el patrimonio es la gente, y nadie como un bibliotecario para tornar accesible aquello que saben los que tienen la palabra.

sábado, 4 de mayo de 2013

Televisión étnica: el ejemplo colombiano del proyecto Kankuama TV


Suelo abordar experiencias desde una periferia, intuyo que con el objetivo de recoger ideas que puedan aplicarse dentro de una estructura de trabajo. Desconozco si este modo de propuesta genera ejemplos concretos en el corto o largo plazo, el sentido es propender a una construcción desde diversos planos disciplinares, integrar el conocimiento de aquellos que supieron resistir los aspectos esenciales de la cultura.

Tiempo atrás compartí una experiencia tan interesante como necesaria, ocurrió en Colombia, y bien valdría replicarla en toda América Latina. Se trataba del primer canal de televisión étnico de Colombia, el proyecto Kankuama TV, ubicado dentro de un resguardo indígena Kankuamo (los resguardos se han multiplicado debido a la situación de violencia registrada en algunas comunidades con bajos recursos, de hecho ha sido el Estado quien ha instrumentado la construcción de estos espacios comunitarios para que puedan defender su cultura y patrimonio). Entre sus objetivos figuran el fomento de la producción propia, la construcción de audiencia para el fortalecimiento cultural, la formación pedagógica y el afianzamiento del resguardo.
Basta ingresar a la página web para corroborar la realización de excelentes documentales sobre temas diversos como las costumbres ancestrales, los mensajes ecológicos, el proceso de fabricación del alfandoque (similar a una miel espesa transformada en masa, tarea que demanda todo un día de trabajo en la comunidad kankuama), eventos y festividades que recrean tradiciones y costumbres como las danzas Kukambas, negros y diablos.
Asimismo es posible consultar videos sobre pequeños poblados, músicos tradicionales del chicote y mensajes sobre el cuidado de los árboles buscando generar conciencia con respecto al medio ambiente.
Es común ver en los programas audiovisuales la participación de los comuneros, adaptando fábulas y mitos para el formato televisivo. Es innegable el poder que representa la información en los medios de comunicación, y pensemos por un momento cuántos obstáculos deben enfrentar las radios comunitarias y los canales étnicos, en diversos países de América Latina, para poder ofrecer contenidos en lengua materna.


Es también en Colombia donde se logró instrumentar, desde la Dirección de Comunicaciones del Ministerio de Cultura (y con el apoyo de la Comisión Nacional deTelevisión, TeleCaribe  y Teveandina - Canal 13) una serie de documentales denominado TV Étnica, buscando fortalecer las habilidades comunicativas de los grupos étnicos y mejorar su participación en las ofertas de televisión pública, a través de la formación audiovisual, acompañamiento en la producción y emisión de contenidos locales mediante los canales de televisión nacionales y regionales. Detrás de la idea de favorecer registros y permitir el conocimiento de las diversas cosmovisiones indígenas, se percibe la posibilidad de apropiación, por parte de las comunidades, de una importante herramienta comunicativa, con lo cual es posible imaginar un panorama informativo abordado por múltiples voces, históricamente acalladas por los gobiernos de turno.

En nuestro país son escasos los proyectos colectivos que involucren este medio de comunicación. En Jujuy existe el enorme trabajo de Sixto Vázquez Zuleta (toqo) , autor infatigable que en sí mismo conforma un patrimonio viviente para la cultura del norte argentino. Sus ensayos críticos, cuentos y novelas (es considerado el primer novelista indígena de la Argentina) lo ubican en un lugar de privilegio para intentar entender la cultura kolla. Este hombre fundó y dirigió la revista “Integración”, el periódico “El Comunicador de Jujuy”, el Instituto de Cultura Indígena de Humahuaca, la radio Humahuaca Frecuencia Modulada, el Museo Folklórico Regional de Humahuaca e Indiocanal 13, Televisión Omaguaca, ni mas ni menos que el primer canal por aire de televisión indígena argentino, donde su fundador, debido a prohibiciones estatales y amenazas de grandes corporaciones, emite contenidos desde la clandestinidad, razón por la cual no puede hacer pública la grilla de programas de la emisora. Lo notable del caso es que la realidad que pretende mostrar el canal indígena es ignorada por los grandes medios jujeños, quienes no ofrecen informes locales representativos a su gente, provocando una lamentable persecución que impide la libre expresión comunitaria.

Para Sixto Zuleta, un canal aborigen de TV es aquel fundado, dirigido y sostenido por indígenas, con un alcance determinado por el medio geográfico y la potencia de sus equipos, y un contenido programático intercultural y bilingüe basado en una declaración de principios. Este investigador ha brindado indicaciones relativas al personal necesario para transmitir desde un canal, el tipo de equipamiento requerido (además de las instalaciones básicas necesarias), el sostenimiento de la señal y acaso el temas más crucial: la cuestión legal para que en la Argentina se pueda habilitar este tipo de medios.
Quien suscribe considera que la actual Ley de Servicios de ComunicaciónAudiovisual implicaría para este proyecto colectivo una verdadera prueba para analizar sobre el alcance que dicha ley pueda ejercer en la actual coyuntura de la señal Indiocanal Omaguaca. Considérese que las emisiones televisivas llegan a los hogares vecinos de los pueblos originarios de Uquía, Coctaca, Hornaditas, Rodero, Varas, Calete, San Roque y Chorrillos, con una población total de alrededor de 15.000 personas, tanto indígenas como no indígenas.

Por fuera de las comunidades hay interesantes iniciativas que incluyen documentos televisivos sobre comunidades indígenas y rurales, además de proyectos culturales en zonas vulnerables. Tal es el caso del programa de cable ECOS, quienes realizaron informes sobre diferentes proyectos comunitarios, el acercamiento a estas problemáticas les permite a los paisanos tornar visible un panorama surcado por la indiferencia política y social. Nadie puede dudar del alcance de un medio de comunicación que permita en su propia lengua registrar el tratamiento de problemáticas locales, favorecer el orgullo étnico, educar mediante la oralidad, respetar el bilingüismo, difundir el patrimonio cultural y esencialmente comunicar las vicisitudes culturales en los propios códigos lingüísticos.

Debería haber innumerables ejemplos como el caso Kankuamo, aún queda mucho conocimiento disperso que se murmura o se calla en ambas lenguas. Las comunidades indígenas deben apropiarse de estos medios de comunicación, ir más allá de la mera difusión cultural, hacer visible lo que siempre fue invisible, utilizar el poder de un espacio que permite aportaciones concretas a una cultura, ejercicio necesario para contrarrestar el proceso de extinción que suelen padecer estas comunidades. Y para esto es preciso el conocimiento y la tarea colaborativa. Capacitación. Integración. Intercambio de saberes. Y que lentamente recuperen el lugar que la historia les fue negando. De ese modo justificarán plenamente el carácter multicultural y plurilingüe del país.