Espacio que pretende resguardar voces, experiencias y conocimientos desde el rol
social del bibliotecario. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural
intangible conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas, semblanzas,
historias de vida. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

sábado, 5 de agosto de 2017

Las bibliotecas africanas: crónicas de una resistencia contra el olvido


En esta sorprendente crónica, Fernando Báez comparte las vicisitudes de los bibliotecarios africanos en defensa de sus bibliotecas y sus libros, registrando parte de los innumerables saqueos, incendios intencionales,  destrucciones y actos terroristas, que durante años padecieron estas verdaderas casas de la memoria en los antiguos países de África. El informe es también una oportunidad para corroborar el inmenso daño que provoca la destrucción de manuscritos en la historia de la humanidad.

La lucha de los bibliotecarios africanos por defender sus bibliotecas

“!Pasajeros a Malí!”, grita una indiferente joven uniformada que lleva en sus manos una gruesa carpeta azul con el logotipo de una empresa de atención al público. Nos mira, pero tal vez no nos vea. “!Pasajeros a Malí”, repite otra vez con un megáfono al minúsculo y heterogéneo grupo que la seguimos por los pasillos como si se tratara de una líder religiosa con la indecisión propia que sienten al final los devotos fatigados. Dadas las reticencias que conforman la filosofía del pasajero que sufre la metamorfosis del maltrato y las mentiras habituales de los operadores turísticos, el grupo sabe que está en presencia de un milagro y aprovechamos el momento para compartir, en francés, en bambara, en árabe o inglés, incluso en un dialecto tuareg frases que resumen la transición y la aventura que vamos a vivir.

En Malí, aunque su nombre deriva del bambara y significa àmakɔ̌  o cocodrilo pantanoso, es habitual decir que quien no ha sido picado por un escorpión es porque no ha pisado la arena. Hay que vencer supersticiones y saber que un viaje al África subsahariana no es sólo un prodigio dada la ineficiencia controlada de las pésimas líneas aéreas sino una oportunidad única para planificar de una vez y para siempre un éxodo por los rincones más remotos de nuestra propia memoria, hacia aquello que recordamos y olvidamos que somos y estamos siendo justo en estos precisos momentos.

Cuando el avión aterriza –si aterriza y no hay un desvío por una tormenta de arena, una amenaza terrorista o por cualquier otra razón que sólo el protocolo secreto podría explicar en la ruta París-Malí– si se llega hasta la rampa principal, si no se cancela todo como correspondería ese día de rumores, entonces es posible agradecer la buena nueva del anuncio de haber llegado al Aeropuerto Internacional de Bamako, donde además de un calor asfixiante, el atropello de la sección de migración, el colorido repentino que debe ser asumido como natural, pasa uno a un cambio vertiginoso de ritmo ante la probabilidad cierta de estar a punto de ser testigo de un golpe de estado.

El caso es que, después de escuchar varias versiones sobre la huída apresurada de los moriscos de la antigua Al Ándalus, no me convencieron los argumentos y llegué a Tombuctú, la perla del desierto, para conocer la verdad de los hechos y pude evidenciar que la idea antropológica colonialista, de mentalidad primitiva, en el caso de África se derrumbaba justo en esa pequeña villa, y contra la versión espuria de la circunscrita perspectiva de Hegel sobre el desarrollo del pensamiento mundial, hoy puedo argumentar que había visitado la capital de uno de los centros culturales más importantes del mundo antiguo, donde se produjeron volúmenes sobre historia, teología y filosofía, y donde un gran Reino mantuvo vínculos formidables con La Meca, Constantinopla y Al Andalus, la sede del Islam en Europa durante siete siglos. El orientalismo ignoró por siglos –o para ser más exacto, omitió– el mestizaje curioso entre el mundo musulmán y los cultos antiguos ocurrido en diversos lugares de Etiopía, Somalia, Nigeria o  Malí, esta última una nación que conserva por fortuna un testimonio directo con la gran biblioteca de Mahmud Kati, apenas estudiada a finales del siglo XX.

El cambio tras la llegada del Islam desde el siglo XIII se observa en el relato mitológico de los pueblos mandinga (que abarcaría desde Gambia, pasando por  Guinea, Guinea-Bissau, hasta Senegal, Liberia, Malí, Sierra Leona, Costa de Marfil, y finalmente Burkina Faso), que cambió desde la creación del universo hasta la batalla de Kaibar, los comienzos de la monarquía mansaya en los mandinga, la saga de Sunjata, la genealogía de los clanes mandingas, la lista de las Treinta Familias Mandinga y el asentamiento y hegemonía de Keyita Kandasi. Es fascinante el sincretismo en algunas aldeas donde los cultos locales se combinan con la ortodoxia musulmana más próxima al misticismo. En Tarik al-fattash, de Mahmud B. Muttawakkil Ka´ti, se lee que en las tierras de Bilad al-Sudán (la tierra de los Negros) el Caos dominó, tal cual pensaban los pobladores, hasta que se aceptó el credo de Alá. Todavía puede encontrarse entre los ancianos una práctica esotérica con miembros de sus tribus y las antiguas prácticas islámicas con la comunidad. El aprendizaje del árabe estuvo relacionado con la incorporación social, pero además facilitaba la actividad comercial, de modo que los africanos hicieron del árabe una lengua común y siguen haciéndolo. Hasta los pueblos dogón, que son animistas, han preservado sus costumbres al mismo tiempo que asimlan el Islam.

En particular, la inestable ciudad de Tombuctú que en marzo de 2012 volvía a estar sitiada por rebeldes, de fuerte influencia tuareg, con sus 55.000 habitantes ha admirado turistas e investigadores a lo largo de estos últimos años, pero más allá de cualquier especulación de la ciudad de los 333 santos que capturó el interés de Bin Battuta, el gran viajero, y de los sufíes, hay que recordar que tiene las tres mezquitas más interesantes del Islam africano.
La leyenda de la riqueza del sitio lo forjó el viajero Heródoto: “Hay un país, al sudoeste de Libia, más allá del gran desierto que los comerciantes cartagineses suelen visitar. Cuentan que, después de un viaje muy largo y fatigoso, llegan a una playa donde descargan sus mercancías. Una vez dispuestas ordenadamente sobre la arena, las dejan allí, y ellos se alejan y encienden grandes hogueras para anunciar su llegada a quienes viven en aquellas tierras. Al ver el humo, los nativos salen de sus poblados y van hacia la playa, se acercan a las mercancías, las examinan y, tras depositar junto a ellas tanto oro como creen que valen, desaparecen de la vista. Entonces, son los cartagineses quienes se aproximan, y si consideran que el oro es suficiente, lo recogen y se van; pero si no les parece bastante, no lo tocan y se retiran de nuevo, y reavivan el fuego hasta que el humo vuelve a cubrir el cielo. Los nativos acuden entonces por segunda vez y añaden algo más de oro, y así se repiten las idas y venidas hasta que los comerciantes se dan por satisfechos”.
Esta leyenda prosiguió de la mano de los caravaneros que fueron luego reemplazados por los comerciantes marítimos, lo que concluyó el ciclo africano del oro.

La ciudad de Tombuctú, que fue El Dorado de África y hoy el oro es una rareza, llegó a tener 200 madrazas para enseñar teología y no menos de 40.000 estudiantes divulgaron su doctrina. Los maestros, austeros y exigentes, eran recompensados para que no tuvieran que distraerse con otras actividades: un tombouctoukoi en el siglo XVI señalaba que un maestro podía ganar 1275 cauris en un día, cantidad más que suficiente para su dedicación absoluta a la enseñanza. Las dos ramas usuales eran la exégesis coránica, la rememoración de los hadizes o tradiciones orales, la jurisprudencia o fiq y fuentes legales o usul. Por otra parte, la lengua demandaba buen conocimiento de la gramática  y las ciencias en las que los árabes eran pioneros: matemática, astronomía, medicina. La palabra algoritmo viene del árabe y deriva de al Jwarizimi.
De las mezquitas habría que mencionar Djinguereiber ó Yinguereber (la colosal), erigida hacia 1325 por Ishaq es-Saheli, el escéptico arquitecto granadino nacido en 1290 que enriqueció por la millonaria fortuna que le pagó el espléndido emperador malinké Kankan Musa o Mansa Musa, quien también se distinguió porque hizo su peregrinación a La Meca con sesenta mil personas y cien camellos cargados de oro como una prueba de devoción.

El edificio es extraño, versátil, y su estilo desconcertante y mimético, en donde se advierte la combinación del adobe y la palmera, como puede verse también en la milagrosa Sidi Yahya, que estuvo abandonada hasta que un iluminado apareció del desierto con las llaves y pudo abrirla siglos más tarde, o en la gigantesca Mezquita de Djenné o Yené: esta estructura fue declarada Patrimonio Cultural de la Unesco porque además de sus formidables medidas es un templo de una sola pieza con materiales excepcionales que han soportado todo tipo de desastres y se ha reconstruido una y otra vez sobre sus mismas bases. Ishaq, el constructor, macilento y atónito,  murió respetado e ignorado, también traicionado por muchos, en Tombuctú en 1346, pero su influencia llegó hasta Antonio Gaudí, el genio de la arquitectura de Europa.

Además de las mezquitas, las escuelas coránicas propagaron la fe aprovechando el desplazamiento de sus alumnos por el río Níger, alfabetizaron a la población y produjeron una impactante escuela de escribas. En Tombuctú funcionó la que se estima como la primera universidad del mundo de Sankore o Sankore Masjid  (aunque Bolonia mantenga el merecido prestigio europeo), una obra que dejó la huella de Modibo Mohammed Al Kaburi y  Abu Abdallah Ag Mohammed bin Al Moctar 'n-Nawahi; gracias a la erudición de sus creadores, la universidad alcanzó el número aproximado de 25.000 estudiantes y escolares entre los que se contaron hombres que llegaron a ser sabios: como Abu Al Baraaka, Mohammed Bagayogo, Ahmed Baba, Al Aqib bin Faqi Muhmud, Abu Bakr bin Ahmad Biru, Abd Arahman bin Faqi Mahmud o Mohammed bin Mohammed Kara.

El amor por la música ennoblecía a muchos habitantes. Ahmed Baba contaba que su maestro Mohamed Bagayogo, cuyo placer consistía en oír el violín, pero sin faltar a su deber de leer el Corán y ser devotó a Alá. En fiestas, encuentros, la música estuvo y sigue presente como una actividad que revela la identidad de los pobladores, en los que instrumentos árabes se mezclan con tambores y 24 danzas, no todas admitidas, daban cuenta de la variedad.
La protección de los askias favoreció la escritura. León el Africano ya señalaba: “jueces, imanes y eruditos, todos bien pagados por el rey, que muestra gran respeto hacia los hombres de saber”. Según el propio León, cuya vida es tan fantástica, los libros eran el equivalente de una moneda y entre grandes personajes se consideraba un libro el mejor obsequio.
De las grandes patrimonios de Tombuctú, sin duda se destacan sus bibliotecas y libros. Una de ellas fue la biblioteca errante que conformó lo que hoy se llama Fondo Kati: salió de España tras la expulsión del cadí Ali Ben Ziyad al-Quti, un juez civil de los musulmanes de Toledo que antes de irse recitó El Corán en la mezquita de las Tornerías y se llevó sus 400 manuscritos en árabe, hebreo y castellano aljamiado que atravesaron el desierto en camello, llegó a la comercial ciudad de Gumbu en Ghana hasta que murió en 1516.

De Mahmud Kati, sucesor en el linaje, hay pocos datos: su apellido verdadero era al-Quti (que significa “godo”) y estaba relacionado la dinastía de Witiza, que ocupó un espacio prominente en lugares como Toledo y  Córdoba así como tuvo a personalidades ilustres como Hafs bin Albar al-Quti y Suleymán bin Harit al-Quti. Vagó por el Magreb, cumplió su peregrinaje a La Meca, siguió el Tanezruf rumbo a Walata, la resplandeciente y negada Biru y no dejaba de adquirir libros-
La vida de Mahmud cambió al conocer a Askia Mohamed, militar de alto rango de la etnia soninké que se había convertido al Islam y tenía el propósito de llevar su fe hasta los confines del imperio songai, lo que logró no sin sangre (exterminó a toda una villa judía en Tindirma y los enterró en fosas comunes) y conflictos interminables que no impidieron a Mahmud casarse con una hija suya y servirle como perito en leyes. De su obra, misteriosa y aguda hay numerosos tratados, pero ninguno tan singular como Tarik el-Fettach, su Crónica del Viajero, donde se atrevió a romper el silencio sobre la cultura africana y restituir vívidamente las costumbres, la cultura y la historia del África subsahariana.
Coleccionista, bibliófilo perseverante, aprovechó la fortuna que le proporcionó la posesión de tierras que superaban en extensión las que tuvo en Al Andalus, fue reconocido por su amor hacia la cultura y no se detuvo en adquirir los más extraños volúmenes de su tiempo. Uno de sus libros, recibido del propio Askia Mohamed, era un tratado matemático que todavía se lee con las imprecisas marcas personales, pero sus notas sobre geografía e historia son una enciclopedia de los datos nunca revelados de España y África. Una de sus notas mencionaba que había adquirido la Kitab as-Shifa (Biografía de Mahoma) de Iyad, un al-andalusí procedente de Ceuta, y fijaba el precio del libro en 225 gramos de oro pagados el 22 de julio de 1468.

El Fondo Kati nunca fue una biblioteca común. Ni su número es habitual en las bibliotecas ambulantes (comenzó por superar la cifra de 400 volúmenes y sobrepasó para el siglo XXI los 7000); tampoco deja de sorprender que sus manuscritos híbridos salieron en unas condiciones clandestinas de España, pasaron de mano en mano de Marruecos a Walata en Mauritania y estaban en el Níger hacia el siglo XVI. Aproximadamente en 1818, ya con los aportes del sufismo, sus herederos la escondieron cuando los franceses la buscaban en Malí para llevársela a París.
Volvió a reaparecer la colección en 1990 y para 1999 estaba abierta al público, con los apuntes que solía hacer el malhumorado de Mahmud Kati a sus textos que proceden de fuentes árabes, españolas, hebreas e incluso francesas y que León el Africano admiró sin medida. Según la versión de Ismael Diadiè Haïdara, descendiente autorizado de los Banû l-Qûtî (corrompido como Kati), hay más de 300 archivos que permitirían reescribir los lazos entre Tombuctú y el exilio morisco español, lo que es maravilloso, irremplazable y nos pone ante una situación privilegiada para dejar atrás los libros de historia tradicional en España y recuperar una crónica íntegra y más honesta.

Ismaël Diadié Haïdara, quien ha afirmado que más que un hombre es una biblioteca multicultural, estuvo buscando sus orígenes desde afuera sin saber que la clave estaba en la biblioteca de los godos islamizados donde habían guardado los libros de esa España extraviada en un espacio muy humilde, volvió como en las leyendas a las tierras de sus antepasados para pisar la plaza de Zocodover tras el revuelo de prensa de 1999, y obtuvo el apoyo de la Junta de Andalucía, la cual hacia 2033 finalmente reivindicó la denuncia que hizo José Ortega Y Gasset en 1924 y creó la Biblioteca Andalusí de Tombuctú, en un hermoso edificio de 800 m2 donde se hizo el esfuerzo inicial, que lamentablemente se ha perdido, de restaurar algunos volúmenes.
Uno de los tres manuscritos aljamiados de  El Corán, junto a los de Estambul y El Cairo, es el de Malí copiado en el año 1203 con folios fabricados de pieles de decenas de animales seleccionados y purificados, escrito con cursiva andalusí y cúfico, con una cubierta mudéjar que tuvo al principio incrustaciones en oro que desaparecieron. Es el Corán más antiguo del África subsahariana.

En un manifiesto público fechado el 25 de Febrero de 2000 autores como el fallecido Premio Nóbel de Literatura José Saramago y autores de enorme importancia como Juan Goytisolo, Antonio Muñoz Molina, José Da Silva Horta y Ousmane Diadié Haidara, entre muchos otros,  alertaban sobre el estado del Fondo Kati: "Hoy, tres mil manuscritos de una familia exiliada de Toledo –la Familia Kati– están en peligro de destrucción en Tombuctú. El diario ABC de España, News and Events de la Northwestern Uiniversity de EEUU, el Boletín de la Saharan Studies Association de EEUU, y el 26 Mars de Mali llevan meses señalándolo en vano.
John Hunwick, de la Universidad de Evanston, EEUU, considera que esta Biblioteca se puede comparar con la curva del Níger al Nilo y al Mar Muerto en lo que a manuscritos se refiere. Estamos de hecho, a nivel de documentos, ante el más importante legado andalusí fuera de las fronteras de España.

La familia Kati (Banú l-Qûtî), se exilió en Toledo en Mayo de 1468. Se instaló desde entonces en la Curva del Río Níger (Mali), donde se mestiza con la familia real de los Sylla (1470), los  renegados portugueses (1591), y los comerciantes sefardíes de Fez (1766).
El más conocido de esta familia es Mahmûd Kati, cuya obra histórica, el Ta´rîkh el Fettaâsh fue reeditada bajo los auspicios de la UNESCO en su colección de obras representativas, Serie Africana. Los trabajos de Brun (Francia), Nehemia Levtozion (Israel), J. Hunwick (EEUU) Madina Ly Tall (Mali), Zakari Dramani Issofi (Benin), Adam Bâ Konaré (Mali) y Michael Timowsky (Polonia) muestran la importancia de esta obra de los Kati y su importancia en el nacimiento de la escritura de la historia en África.
En este Fondo existen documentos únicos sobre la penetración del Islam en España, el destino de las familias visigodas después de la caída del reino de Toledo, el exilio en África de miles de hombres de letras andalusíes como Es-Saheli de Granada y Sidi Yahya al Tudelí, el paso de León el Africano por la curva del Níger o la conquista del Imperio de Songhay por el almeriense Yawdar Pasha y su ejército de moriscos y renegados españoles y portugueses....así como varios centenares de manuscritos andalusíes.

Tememos la dispersión y desaparición de 5 siglos de historia de una familia ibérica en África. Cada día que pasa, un documento puede destruirse y con cada manuscrito perdido desaparece una porción de la historia de la humanidad. Por tanto, sumamos nuestra voz a la del poeta José Angel Valente para que “se salve urgentemente este tesoro hispano-portugués, único en África".
Lamentablemente, para 2012 el Fondo Kati todavía esperaba buena parte de la ayuda de la Junta de Andalucía, dispersada por demagogos y políticos irresponsables. Los 7000 libros que ha cuidado Haïdara están en peligro ante el silencio de una humanidad sobre la que operan los agentes de la amnesia, pese a que el tatarabuelo del intelectual escribió: “Hemos perdido el color y la lengua, pero nos queda la memoria”.

Bastó un golpe de estado en Malí el 22 de marzo de 2012 para que fuera más evidente su precariedad tras la captura de la ciudad de Tombuctú junto a Gao y Kidal por el Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad (MNLA), que aspira a crear un territorio autónomo sahelo-sahariano para el nómade pueblo Tuareg, lo que genera enfrentamientos con sus adversarios naturales, hoy en el poder desde fines del 29 de marzo tras un golpe de Estado que llevó a la conformación del Comité Nacional para el Retorno de la Democracia y el Restablecimiento del Estado (CNRDR), dirigido por el ambiguo capitán Amadou Sanogo.


Sobre la abnegación y la perseverancia: el anónimo trabajo de los bibliotecarios africanos

Hay autores como Abu al-Abbas Ahmad bin Ahmad al-Takruri Al-Massufi al-Timbukti (nacido en 1556), que da nombre a la biblioteca pública de Tombuctú y preserva 20.000 manuscritos, donde resguarda sus crónicas, que resultan fascinantes porque era un contemporáneo de Shakespeare que se afectó por la traición y por el amor. En un sublime poema se atrevía a expresar un tema que se volvería nostálgico, identitario y popular: “La sal viene del Norte, el oro viene del sur, la plata viene de los blancos, pero la palabra de Dios, los cuentos hermosos y las posturas santas sólo los hallarás en Tombuctú”.

El amor por los libros no era inusual y se citan anécdotas que tal vez exageran, pero definen un contexto. Se dice, por ejemplo, que Al Uaqidi al morir en el año 823 dejó 823 baúles de libros y que el erudito Al Jahiz fue uno de los primeros hombres víctimas de su biblioteca porque al caerle un armario con libros lo aplastó y murió. Son curiosidades, pero asombrosas porque en la misma fecha una biblioteca en Europa apenas llegaba a 2000 títulos en un monasterio. Sobre todo a partir de la batalla de las Navas de Tolosa en 1212 el exilio de familias morismas al África estableció distintas rutas de libros que fueron sacados para ser salvados de la hoguera, y entre algunos de los que huyeron estaban Al Fazzazi el Qurtubi (1229), Alí ben Ziyad (1468), el arquitecto y poeta Es Saheli (1290), el “último visigodo”, Yuder Pachá y el mitológico Azzan el Wazani mejor conocido como “León el africano”.

Una prueba de la enorme inversión en conocimiento que se hizo en esta región son sus legados, aunque hay que admitir que el 50% de 500.000 libros y archivos han desaparecido. Hoy nada más en Malí hay 408 colecciones privadas de manuscritos, entre las que sobresalen unas 25 cuyas características de organización son peculiares: ʿAbd el-Raḥmān Haman Sīdī, Aḥmad Būlaʿrāf al-Tikni, Fondo Aḥmad Goumou, al-Ḥassānī, Al-Imām al-Aqib, Al-Imām Alfa Sālem, Al-Imām Al-Suyūtī, Al-Muṣṭafā Konate, Al-Anṣārī and Sons, Alfa Bābā de Sankore, Al-Qādī ʿĪsā, Al-Wangarī, Fondo Kaʿti, Mamma Haidara, Muḥammad Maḥmūd (Ber), Muḥammad Tashīr Shirfī, Muḥammad Yaḥyā w. Bou, Shaykh al-Arawānī, Shaykhna Bul Kheyr, Shaykhna Sīdī ʿAlī, Sheibani Maiga, Sīdī Lamine Sīdī Goumou, Sīdī ʿUmar Idje, Zawiyatou al-Kunti y Zeinia (Bou Djebeha).

En la casa de la familia El Sayuti hay 2.500 textos clásicos, fue fundada en el siglo XVIII por al-Ḥājj Muḥammad al-Irāqī, quien abandonó su país para divulgar la doctrina de Mahoma y llegó hasta Tombuctú. La Biblioteca Zeinia, en la villa de Bou Djebeha llegó a ser creada por Ṭālib Sīdī Aḥmad b. al-Bashīr Sūqī al-Adawī hacia 1762 como un centro para manuscritos sagrados, en los que el dueño era un connotado especialista. Su hijo Ibrāhīm continua la tarea de copiado, poniendo fondos de su propio bolsillo y ahora está Shaykh Baye b. Shaykh Zeini, quien se ha ocupado de difundir la importancia de sus obras para atraer el apoyo extranjero que permita financiar proyectos de conservación.

La Biblioteca Mama Haidara, fundada en el siglo XVI en la villa de Bamba que está a 200 kilómetros de Tombuctú, tiene 21.000 manuscritos algunos quemados por un fuego accidental y tuvo su origen en una idea de Muḥammad al-Mawlūd. A mitad del siglo XIX, cuando todo era peor y nada prometía tiempos mejores, la colección fue asumida por Muḥammad al-Ṣāliḥ y reorganizada en un nuevo edificio por Haidara, quien vivió entre los años 1895–1981. Hacia 1973, un grupo de ladrones saqueó parte de sus libros, pero Haidara no se desmoralizó y contribuyó a constituir las bases de lo que sigue siendo un centro especializado en libros medievales de gran nivel. Como suele suceder, su crónica incluye interminables trámites para mejorar el actual edificio, con doce cuartos, oficinas, dos cuartos de huésped, Sala de Libro Raros y Manuscritos, cuartos de digitalización, laboratorio de conservación y restauración, sala de computadoras, sala de lectura y hasta un Café con wifi que mantiene la dignidad de las mejores bibliotecas del mundo africano con exposiciones frecuentes y cursos de formación para jóvenes generaciones.

En cuanto al Centro de Documentación e Investigación Aḥmed Bābā (CEDRAB) hay que indicar que fue creado en 1970, tras un congreso de expertos de la Unesco realizado en Tombuctú en 1967. Bajo el patrocinio de Kuwait, el lugar pasó a disponer de mejores recursos y hoy es un pilar de los institutos de investigación sobre el pensamiento islámico-africano  con un catálogo apenas culminado en 2003. Por otra parte la Biblioteca Shaykh al-Arawanī fue fundada en el siglo XVII a 230 km de Tombuctú en la villa de Arawān por Muḥammad Maḥmūd y heredada por su hijo Adel, que se ha dedicado a afianzar la biblioteca en un nuevo edificio.

La biblioteca Aḥmad Būlaʿraf al-Tikni le perteneció a Aḥmad Būlaʿrāf, quien había nacido en 1884 en Guelmīm, y de sus fondos en los empleó 11 copistas incluido su hijo valdría la pena citar obras como al-Wahāj, Naḥū al-Shaharaynī y Nazmūl ʿAshmawi del polémico Muḥammad Yaḥyā b. Salīm al-Walātī; también estaría Manfaʾatu al-Ikhwāni fi Shuwābil al-Iman de Aḥmad b. Būlaʿrāf; un clásico como al-Abqarīʾ fī Nazmi Saḥwi al-Akhdārī de Aḥmad b. Muḥammad b. Ubba al-Mazmarī. De Būlaʿrāf sobresale un título poco conocido como Izālat al-Rayb wa al-Shak wā al-Tarīt fī Zikr al-Muʾalīfīn min ʿulamāʾ al-Takrūr wa al-Ṣaḥrāʾ wa Shinqīṭ, en el que se utilizó la mano experto de copistas y el consejo de bibliófilos. Son joyas, pero no hay olvidar que solo el 13% de la literatura en lengua árabe ha sido traducido en Occidente.

De la biblioteca de Aḥmad Bābā b. Abiʾl ʿAbbās, hay que decir se fundó en el siglo XIX bajo el protectorado francés. No ha tenido mucha fortuna porque parte de su legado se ha perdido, pero se ha mantenido la continuidad de la institución: en 1930 al-Qāḍī Muḥammad al-Amīn se encargó de la biblioteca y tras su muerte en 1982 lo hizo al-Qāḍī ʿUmar Shirfī. El caso de la biblioteca del copista y bibliófilo Muḥammad Maḥmūd, en la villa de Ver, a unos 50 kilómetros al este de Tombuctú, es interesante porque demuestra cómo vence la perseverancia: el hijo Fida Muḥammad Maḥmūd, en 1988, reunió los manuscritos e hizo el primer inventario que hoy llega a casi 2700 manuscritos sobre los más heterogéneos tópicos del conocimiento humano.

Por ahora, aquí dejo las primeras líneas de un informe en proceso que atestigua el gran valor de los bibliotecarios en defensa de las bibliotecas contra toda forma de terrorismo. En enero de 2017, un grupo yihadista quiso incendiar los manuscritos más antiguos. Pero esta resistencia contra el olvido sigue como una tradición evolutiva digna de nuestro mayor reconocimiento en la noble historia de África.



Fernando Báez. Autor de Las maravillas perdidas del mundo: Breve historia de las grandes catástrofes de la civilización (3 tomos, 1600 pags.,2017). Es experto en Biblioclastía, sus obras pueden consultarse en el siguiente sitio: http://fernando-baez.blogspot.com.ar/

Se recomienda especialmente consultar el microblogging Twitter de Fernando Báez:
https://twitter.com/CuentaBaez

Nota: Las imágenes pertenecen a estos espacios:
http://www.bbc.com/news/world-africa-21248951

martes, 1 de agosto de 2017

Entrevista a Juan Ignacio Franco, estudiante de Bibliotecología en el Instituto de Formación Técnica Superior N° 13, Ciudad Autónoma Buenos Aires, Argentina

Noticia biográfica:
Nació en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en 1988, actualmente tiene 29 años y cursa la  carrera de bibliotecología en el Instituto de Formación Técnica Superior N°13. Realizó una pasantía laboral en la biblioteca pública del Instituto Bernasconi y actualmente se encuentra realizando otra pasantía en la Biblioteca del Docente; tiene por proyecto continuar la carrera con la licenciatura, con la intención de poder aplicar los conocimientos académicos en el interior del país donde considera que hay mucho por hacer.

Entrevistador: Daniel Canosa
Preguntas:

- ¿Por qué la Bibliotecología?

Por el orden y la organización que existe en la información; el crecimiento de ésta es cada vez más exponencial y muchas veces aquello dificulta la tarea de una búsqueda precisa. Es importante saber cómo y dónde buscar la información que uno necesita, pero por sobretodo conocer, o al menos, poseer un discernimiento crítico y analítico para saber cuál es la fuente de la cual proviene dicha información, si es confiable o no. Además, la bibliotecología ya no se limita a lo que refiere únicamente a los libros (monografías); cualquier documento puede ser una fuente de información sin importar el formato en el que se encuentre: una fotografía, una pintura, un DVD, un caset en VHS… existen varios nichos dentro de la carrera que la hacen aún más interesante; la restauración, la digitalización, etc.    

- Antes de descubrir la profesión ¿ha frecuentado la consulta en bibliotecas? ¿Ha manifestado afición por la lectura, por alguna expresión artística, literaria o cultural en particular?

Nunca fui un estudiante aplicado o que se destaque en alguna materia, es más, varias veces inclusive necesité de una profesora particular porque no ponía atención en clase, pero recuerdo que en la primaria y gracias a ella tuve mi primer contacto (como usuario) con una biblioteca, fue para realizar un trabajo práctico sobre pueblos originarios del norte del país; estaba en cuarto grado y creo que fue la primera vez que la maestra me felicitó en clase. Durante la secundaria, no frecuentaba seguido la biblioteca, salvo para casos puntuales en los que necesitaba de una bibliografía o de material que no tenía en la casa de mis padres.
De chico solía leer muchas historietas, al principio solamente miraba los dibujos pero con el tiempo me fui enganchando en las historias. Después comencé a leer las novelas gráficas japonesas (conocidas como mangas) hasta mitad de la secundaria. Luego me interesé por la novela en prosa.
En lo que se refiere al interés por la expresión literaria; si. Me gusta escribir, aunque actualmente no dispongo de mucho tiempo para ello. A los quince años mi hermano me prestó un libro de J.D. Salinger, “El cazador oculto”, (“El guardián entre el centeno”), cuando terminé de leerlo ocasioné uno de los mayores sustos en la vida de mis padres cuando les dije que quería ser escritor; a veces creo que no durmieron tranquilos hasta que me anoté en una carrera. Me gustaría escribir una novela, tengo una historia armada la cual vengo corrigiendo hace años, pero no tengo ninguna clase de interés en publicar, mucho menos comercializar, es en realidad un proyecto como desafío personal el cual quiero hacer bien y dedicarle el tiempo que sea necesario.     

- Dos preguntas en una ¿Cuál fue el libro que más lo influenció? y ¿Qué está leyendo actualmente?

Es una pregunte difícil porque fueron varios libros los que influyeron en mí según una época determinada de mi vida; incluso la misma novela leída a los quince años tiene otro significado (al menos para mí) cuando la leí nuevamente a los veinticinco, pero puntualmente uno de los libros que más me llegó y el cual suelo releer cada cierto tiempo es “El arte de la Guerra” de Sun Tzu, (si bien es de origen chino, supongo que habrá algo de influencia por las historietas japonesas sobre samuráis que leí durante la adolescencia; el tema de la ética, el honor, el control…) lo considero un manual indispensable el cual se puede aplicar en cualquier aspecto de la vida. Las oportunidades siempre están ahí afuera al alcance de cualquiera, depende de cada uno saber identificar las señales, encontrarlas o dejar pasarlas.
Actualmente estoy leyendo los apuntes de la carrera, crease o no me consume bastante tiempo. Como dijo una vez un profesor que tuve en segundo año: “Fines de semana para descansar van a tener muchos, ahora es momento de estudiar”; pero cuando viajo en el colectivo, de a poco voy leyendo “Battle Royale” de Koushun Takami, una novela distópica situada en Japón de finales de los 90´s.  

- ¿Cómo definiría a un bibliotecario?

Depende de la persona. Hay un estereotipo muy marcado en la sociedad sobre el perfil de un bibliotecario y supongo que eso se debe al cliché de los medios, (ojo, los medios no crean los estereotipos, pero los amplían y los exageran) creo que durante años no se hizo mucho para crear un cambio de imagen que revierta la situación de ver al bibliotecario como una persona ermitaña, supongo que eso se debe a que, al menos en la ciudad de Buenos Aires hay muchas bibliotecas donde no hay bibliotecarios graduados, no digo que no sean idóneas para el cargo, pero esa falta de capacitación refleja muchas veces el desconocimiento real de las actividades de un bibliotecario profesional y por lo cual muchos usuarios se quedan con una imagen que deja mucho que desear. Incluso me pasó a mi antes de comenzar la carrera que veía a los bibliotecarios de un modo equivocado, estereotipado; ahora que estoy del otro lado y conozco las actividades que se realizan la imagen dio un giro de 180°. Como toda profesión depende también de cuan proactiva sea una persona, creo que un buen bibliotecario, sabiendo que compite con Internet, examina la manera de cambiar esa imagen buscando el modo de atraer usuarios a través de una expansión cultural o bibliotecaria, cediendo o creando espacios útiles para la comunidad en la que trabaja. Mucha gente se anota en la carrera pensando que es algo “tranquilo” y a los pocos meses se da cuenta de la enorme cantidad de actividades que se deben realizar, algunos las aceptan y otros abandonan porque no era lo que buscaban.

- ¿Qué opina del rol social del bibliotecario?

La biblioteca es un servicio que se brinda a la comunidad la cual consiste en satisfacer la necesidad del usuario ya sea para ocio o investigación, como todo rubro es indispensable que se ponga a la persona adecuada para ejercer el puesto de trabajo. Hay bibliotecarios que se destacan en el área de procesos técnicos y otros que se destacan en el servicio de referencia o atención al público; nuestra razón de ser son los usuarios, por ellos estamos nosotros y lo justo sería brindarles un servicio de calidad acorde a lo que necesitan. El trabajo que se realiza es muy grande y el personal que hay para llevarlo a cabo muy escaso, no es “acomodar libros” (como la mayoría de la gente cree), hay que saber catalogar, clasificar, saber cual es el material del cual se dispone, de qué se trata, orientar al usuario en su búsqueda, capacitarlo para se maneje en forma autónoma… también hay que saber tratar con el usuario, conocer el entorno en el cual se halla la biblioteca, la realidad social de la comunidad, para ello hay que estar en una formación constante que acompañe los tiempos que vivimos.   
Considero indispensable el uso del espacio de la biblioteca para crear ámbito de toma de conciencia sobre los problemas sociales como la violencia de género, BUENA OBSERVACION por ejemplo, generar conciencia en cómo detectarlo o en caso de que sea tarde cómo se puede ayudar a la persona, acercarle los recursos o la información sobre a quién o dónde pude recurrir.

- Con respecto al plan de estudios de la carrera ¿Considera que sus contenidos favorecen la adquisición de conocimientos y desarrollo de habilidades vinculados al rol social del bibliotecario?

En lo que llevo de la carrera éste es un tema que se habló en unas pocas materias y muy por arriba, en general eran anécdotas de los profesores según el lugar donde trabajaron. Creo que es algo de lo cual debería hablarse con una plena conciencia y no solo en comentarios al paso. El rol social no es algo para tomar a la ligera y no todas las personas pueden estar al frente de esa situación, son temas bastante complejos y no son para cualquiera. Más que favorecer la adquisición de conocimientos y el desarrollo de habilidades, vemos ejemplos de lo que podríamos hacer ante una determinada situación, pero sería interesante darle espacio a una materia específica que trabaje ese aspecto.


-Se habla frecuentemente de un cambio de paradigma dentro de la profesión (pasando del paradigma de la información al de la comunicación), según su enfoque particular, ¿Percibe ese cambio en el tratamiento docente de cada materia? (la pregunta va orientada hacia los contenidos que brinda el docente, si fomenta habilidades sociales o comunicativas o centra toda su atención en contenidos técnicos).

Como la pregunta anterior, depende del docente. No es algo propio de la carrera en bibliotecología, en todos lados se da que tenes al profesor que está comprometido con la profesión y el que repite de memoria los textos de las fotocopias. Actualmente en esa diferencia que tenemos con Internet, el bibliotecario tiene que saber el modo de captar usuarios, por ello debe saber cómo relacionarse. Es un tema del cual se habla, pero no en la profundidad que considero debería tratarse; la comunicación es un complemento indispensable en el trato con el usuario, incluso tan importante como el de brindarle acceso a la información. Al no haber una materia humanística que se dedique exclusivamente al trato y la comunicación con el usuario, sería bueno que se genere un espacio para ello, que no recaiga sólo en intervenciones de los profesores (si bien son importantes, a veces pasan desapercibidas).  

-En el caso que, promovido por el docente, haya realizado una práctica académica o pasantía en alguna unidad de información ¿Considera que los conocimientos adquiridos fueron suficientes para desempeñarse en tales prácticas? ¿Qué conocimientos tuvo que aplicar?

Durante el segundo año tuve la oportunidad de hacer una pasantía laboral en la biblioteca del Instituto Bernasconi; durante la cursada tuve una buena base teórica, el “abc”, pero una cosa es la teoría dentro de la zona de confort del instituto y otra muy diferente es la práctica donde tenés que aprender el resto del abecedario. Estaría bueno practicar con sistemas de gestión más actuales que el winisis, es importante conocerlo pero no quedarse sólo con ello.
Por experiencia propia he adquirido más experiencia en las pasantías que durante las cursadas.
  
- ¿Considera que la bibliografía utilizada en materias relacionadas con tecnologías de comunicación e información se encuentra actualizada? ¿Considera válido el equilibrio entre teoría y práctica en relación a los conocimientos técnicos impartidos en la carrera?

La bibliografía que vi en las materias relacionadas con tecnologías de comunicación, está bien para tener una base, pero es solo eso, una base. Una materia como Tratamiento Automático de la Información es fundamental e importante en la carrera, tanto como la catalogación y la clasificación, por lo que me parece que la carga horaria no solo es escasa, sino que el espacio que se le da en la currícula también lo es (solo tres cuatrimestres); hoy en día con el crecimiento de la tecnología debería no sólo ser anual, sino que además hacer hincapié en asuntos como el uso de las herramientas informáticas, digitalización, edición, diseño de programas que sean útiles y exclusivos para las bibliotecas, los sistemas integrales de gestión y administración bibliotecaria.
El equilibrio entre la teoría y la práctica se da perfecto según lo que vemos en la carrera, los ejercicios prácticos que hacemos en el instituto, repito, es solo una base teórica que se desmorona cuando salimos al campo laboral (y hablo sólo de pasantías). Conozco  a muchos compañeros que se recibieron y al entrar al mercado laboral han tenido que aprender muchas cosas desde cero. Quiero aclarar que acá no se trata de los docentes que ponen la mayor voluntad para que en poco tiempo uno aprenda lo que el programa establece, la poca carga horaria atrasa los contenidos.

-¿Suele participar en listas bibliotecarias? ¿Considera interesante el nivel de los debates? ¿Cómo percibe en dicho espacio la recepción de temas políticos?

Por el momento no tuve la oportunidad de concurrir a alguna charla en lista de bibliotecarios, no dispongo del tiempo para ello, pero es algo que me gustaría una vez que me reciba y esté insertado en el mercado.

-Como estudiante ¿Presenció en el aula un debate / clase/ conversación /comentario / reflexión y/o contenido sobre la necesidad o no de contar con sindicatos / gremios / asociaciones en temas relativos a derechos laborales? En caso que la respuesta resulte negativa ¿Considera de utilidad profesional que el docente favorezca espacios de discusión y debate sobre estas temáticas?
 
No, en los años que llevo cursando jamás se tocó el tema sobre la necesidad de contar con un sindicato propio… en realidad, las pocas veces que se tocó el tema, la conversación se convirtió en un discusión partidista que no llevó a ningún lado.
Creo que sería útil que el docente cediera unos minutos de la clase para dar inicio a estos temas, pero muchas veces el programa se junta con el acotado tiempo y por eso muchas veces el tema pasa a un segundo plano. De todos modos considero de gran importancia el tema porque por lo general el bibliotecario siempre se termina acoplando al lugar donde trabaja; el bibliotecario escolar “está con los docentes”, el bibliotecario jurídico con los “judiciales”, el bibliotecario público con “los sindicatos estatales”, pero no son los gremios indicados para tratar con los temas puntuales que tienen los bibliotecarios.


-El concepto de neutralidad en la profesión ha dividido las aguas ante las problemáticas sociales y políticas que inciden en alguna medida en el contexto bibliotecario, según lo vivenciado como alumno de la carrera ¿desde el aula, recuerda si algún docente ha interpelado y/o analizado esta cuestión?

No recuerdo que puntualmente el tema lo haya tocado un docente, pero es algo evidente de que más allá de la neutralidad, hay una pasividad por parte de los bibliotecarios. Lo percibo en lo poco que se toca el tema.

-¿Como percibe a la bibliotecología en contextos interdisciplinarios? ¿Resulta visible? ¿Siente que la carrera le otorga elementos para dar respuestas a problemáticas sociales que otras disciplinas sí ofrecen? (ejemplo inclusión social, problemáticas de minorías sociales, desastres ambientales, conflictos bélicos, problemáticas jurídicas, etc.)

Suelo pensar mucho en los hospitales donde hay varios especialistas; enfermeros, neurocirujanos, psicólogos, traumatólogos, obstetras, médicos… cada uno con una especificidad definida, no puedo evitar compararlo con la biblioteca, pero la diferencia está en que ésta última hay poco personal y además se espera que sepa hacer de todo. Lo ideal sería que las bibliotecas cuenten con el personal específico y bien capacitado en el cargo que ocupa; desde procesos técnicos, hasta referencia, digitalización, restauración; que no solo sea un simple nexo entre el usuario y la información.
Sobre si resulta visible… veo que se hace lo que se puede.
En la carrera cada materia nos enseña lo propio de su contenido; se tocan temas de la realidad social pero como ejemplos concretos, creo que la biblioteca puede servir como un espacio físico para que se desarrolle debates sobre la problemática social en donde el bibliotecario puede hacer un aporte, pero lo ideal sería tener en cuenta la opinión de un especialista en su respectiva disciplina. Las respuestas a las problemáticas sociales dependen de la biblioteca, del lugar donde se encuentre y del bibliotecario que está a cargo. No es lo mismo la realidad de una biblioteca universitaria, que una pública en la ciudad de Buenos Aires que una popular en el interior del país. Los usuarios también viven realidades diferentes.    

-¿Recuerda en alguna clase que el docente haya abordado cuestiones vinculadas a bibliotecas en contextos sociales vulnerables? (comunitarias, rurales, campesinas, indígenas, carcelarias o de temas relativos a minorías, desplazados sociales, multiculturalidad, comunidades sexuales, bibliotecas humanas, etc.)

Si, una profesora nos habló sobre la realidad de las bibliotecas hospitalarias y carcelarias, aquello sirvió para ver que no todas las bibliotecas son iguales con respecto al manejo de información con el que cuentan, es especial y limitado. Creo que se requiere de una fortaleza enorme para estar al frente de una biblioteca así, sin que el entorno afecte al profesional que está al frente. Hasta donde conozco sé que en muchos casos son los mismos internos los que llevan la biblioteca al frente con ayuda de un profesional que lo orienta en cuestiones técnicas. 

-Si le fuera dado proponer modificaciones en los planes de estudio de la carrera ¿En que aspectos técnicos y/o humanísticos focalizaría su atención? ¿Favorece la institución académica escenarios de discusión y debate que habiliten posteriormente la concreción de dichas propuestas por parte de los alumnos?

Personalmente focalizaría mi atención en los aspectos técnicos durante la formación, no desmerezco la parte humanística, social, ni las comunicaciones. La tecnología y los cambios vienen sin pedir permiso y es evidente que estamos atrasados en ese aspecto. La catalogación es fundamental en bibliotecología por lo cual le daría un criterio específico y estandarizado a lo largo de los tres años.
No creo que el instituto niegue el espacio para una discusión o debate sobre la currícula que brinda, el tema es que la mayoría de los estudiantes lo van descubriendo a lo largo de la carrera. Cuáles son los puntos fuertes y los débiles que debería tenerse en cuenta, realizar un estudio estadístico, un cuadro F.O.D.A. de la situación con respecto a los contenidos académicos.
Con respecto a los aspectos técnicos; incrementaría la carga horaria en la parte informática y estandarizaría la currícula de los tres años de catalogación y clasificación.
Con respecto a la parte humanística; le daría espacio a materias como la comunicación y el trato al usuario, quizá un poco de pedagogía también para saber cómo dar a conocer al público determinados aspectos sobre la realidad social, saber cómo ofrecerle el uso de las herramientas que brinda la biblioteca para obtener así un mejor acceso a la información.

-Se habla frecuentemente de la lenta desaparición del libro impreso, incluso en foros de bibliotecología, en su caso como estudiante ligado permanentemente a la utilización de dispositivos físicos, digitales y/o virtuales ¿Qué le provoca esta situación?


Creo que el formato papel es un respaldo mejor que el electrónico ya que depende de una fuente de energía o de una central donde se encuentra la información. No es una transición que la vea en esta vida. La historia nos demostró que los formatos van cambiando, tablas, papiros, papel, tablets… pero lo esencial es la información. 

Muchas gracias Juan Ignacio
Daniel Canosa

miércoles, 26 de julio de 2017

Entrevista a Ayelen Dorta, estudiante de Bibliotecología en la Universidad Nacional de La Plata, Buenos Aires, Argentina


Noticia biográfica

Ayelén Dorta es estudiante de la Licenciatura en Bibliotecología y Ciencia de la Información en la Universidad Nacional de La Plata y Bibliotecóloga graduada de la misma casa de estudios. Entre el 2014 y el 2016 se desempeñó como alumna adscripta a la cátedra Historia del Libro y las Bibliotecas y, en 2016, como colaboradora alumna  en el Curso de Ingreso a Bibliotecología. En 2015 le fue otorgada por el Consejo Interuniversitario Nacional una Beca de Estímulo a las Vocaciones Científicas para desarrollar el proyecto titulado Espacios bibliotecarios de lectura: la Biblioteca Pública de la Provincia de Buenos Aires y la formación de una cultura científica en la flamante ciudad de La Plata (1884 - 1898). Desde el 2015 hasta el presente se desempeña como representante titular por el Claustro de Estudiantes en la Junta Asesora Departamental de Bibliotecología. A partir del 2017 colabora en el Proyecto Bienal de Investigación y Desarrollo Entramados de la Cultura Impresa en Buenos Aires: Libros, Lectores y Bibliotecas (siglos XIX-XX) dirigido por la Mg. María Eugenia Costa, e integra como miembro suplente en representación del Claustro de Estudiantes la Comisión de Reforma de los Planes de Estudio de Bibliotecología.

Entrevistador: Daniel Canosa

- ¿Por qué la Bibliotecología?

Siempre tuve un interés particular por las Ciencias Sociales y las Humanidades, pero en mis planes iniciales no proyectaba estudiar Bibliotecología al terminar el secundario. De hecho desconocía su existencia hasta poco más de un año antes de escogerla. Finalmente opté por esta carrera luego de evaluar que, entre las ofrecidas por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, era la que me permitiría mantener mi trabajo y al mismo tiempo obtener un título intermedio en un corto lapso de tiempo, en tanto no me disgustaba la propuesta del plan de estudios. No aspiraba en un primer momento a completar la formación ni con la Licenciatura ni con el Profesorado. Pero mi visión de la Bibliotecología cambió conforme fui avanzando en mis estudios: constaté que es una disciplina tanto más rica de lo que originalmente pensaba, con muchísimo que aportar y, en  consecuencia, decidí continuar formándome en el área a fin de en un futuro poder hacer alguna contribución desde el lugar que me sea factible. Actualmente sí puedo decir que se despertó en mí una sincera pasión  por este campo de estudios al que antes desconocía y ahora siento como propio.

- Antes de descubrir la profesión ¿ha frecuentado la consulta en bibliotecas? ¿Ha manifestado afición por la lectura, por alguna expresión artística, literaria o cultural en particular?

Sí, en todas mis etapas escolares visitaba con frecuencia las bibliotecas de los establecimientos educativos a los que asistí. También desde que ingresé a la escuela primaria me asocié a la biblioteca popular del barrio, aunque mis visitas a ella mermaron una vez que en mi adolescencia descubrí la lectura por medios digitales. De cualquier manera, desde que aprendí a leer, siempre disfruté muy especialmente de hacerlo pese a que en múltiples ocasiones escogí lecturas que no pude comprender por no poseer los conocimientos previos necesarios.

- Dos preguntas en una ¿Cuál fue el libro que más lo influenció? y ¿Qué está leyendo actualmente?

No podría ser tan taxativa: diferentes libros, de géneros y fines disímiles influyeron notablemente en diversos aspectos de mi vida. No obstante ello, toda vez que se me hace esta pregunta, y sin que me lo proponga, viene automáticamente a mi mente Operación Masacre, de Rodolfo Walsh. Supongo entonces que Operación Masacre es la respuesta. Algo en mí y en mi manera de abordar la palabra escrita se modificó desde que leí por primera vez esta obra. Me sentí cautivada por la forma en que Walsh reconstruyó y expuso lo acontecido en el marco de aquel triste y aberrante proceso de represión de José León Suárez y desde ese entonces entendí que una novela es con frecuencia mucho más que un medio de entretenimiento.
En el presente estoy leyendo Historia de la Lectura y de la Escritura en el mundo occidental, de Martyn Lyons  y, Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.

- ¿Cómo definiría a un bibliotecario?

Entiendo al/la bibliotecario/a como un/a importante actor/a social, que tiene a su cargo la enorme responsabilidad de acercar el mundo de la cultura (escrita, sí, aunque no exclusivamente) de manera irrestricta a toda la gente, un agente comprometido con la promoción permanente de la educación. Para cumplir correctamente esas funciones, desde luego, debe estar formado —entre otras cuestiones indispensables— en: el empleo de las nuevas TICs, en el análisis y diseño de políticas de información, debe tener los conocimientos prácticos y teóricos precisos para un buen  manejo de las colecciones a su cargo, poseer conocimientos estadísticos y recibir una buena formación científica que le permita reflexionar con profundidad sobre los diversos problemas de su campo y generar soluciones realmente eficientes.

- ¿Qué opina del rol social del bibliotecario?

Creo que la razón de ser, aquello que da sentido a la existencia misma del/la bibliotecario/a es su responsabilidad social. No hay biblioteca ni bibliotecario/a sin lectores/as, por tanto todas las actividades que lleve a cabo este/a agente deben ser por y para la sociedad en beneficio de la cual trabaja.

- Con respecto al plan de estudios de la carrera ¿Considera que sus contenidos favorecen la adquisición de conocimientos y desarrollo de habilidades vinculados al rol social del bibliotecario?

Desde mi percepción la Bibliotecología como disciplina gradualmente ha empezado a abandonar u olvidar su propósito social que, sin embargo, fue característico de los primeros movimientos bibliotecarios. Creo que progresivamente y por diferentes motivos las bibliotecarias y los bibliotecarios se alejaron tanto en su ejercicio profesional como en el ámbito educativo de los principios constitutivos de su actividad. Esto que observo en el campo, también lo veo en el plan de estudios con que me estoy formando: contrario a mis expectativas iniciales, siento que nuestra formación no está necesariamente orientada a capacitarnos para cumplir el rol social que nos compete. No obstante ello, si tengo noción de esta falencia, es gracias a la enseñanza que recibí y a los debates propiciados a este respecto por mis docentes. Con lo cual tengo una visión positiva hacia el futuro de nuestro plan de estudios (que justamente está en proceso de reforma): creo que así como se ha ido relegando a un segundo plano el rol social del/la bibliotecario/a, la reflexión profunda sobre nuestros orígenes, nuestro presente y nuestro futuro hará posible que paulatinamente volvamos a tener conciencia de que ese es el fin último al que nos debemos y la esencia que habría de estar presente en todos los aspectos de nuestra educación.


- Se habla frecuentemente de un cambio de paradigma dentro de la profesión (pasando del paradigma de la información al de la comunicación), según su enfoque particular, ¿Percibe ese cambio en el tratamiento docente de cada materia? (la pregunta va orientada hacia los contenidos que brinda el docente, si fomenta habilidades sociales o comunicativas o centra toda su atención en contenidos técnicos).


Creo que la posición de cada cátedra a este respecto es algo que varía junto con el área temática a que pertenezca y el/la docente a cargo, pero no observo en términos generales un cambio desde el paradigma de la información al de la comunicación. Más bien, noto que las asignaturas en que tradicionalmente los contenidos técnicos han tenido un peso fuerte continúan centrando su atención en ellos, en tanto la formación en habilidades comunicativas o sociales la recibimos de las materias de corte esencialmente teórico, en particular de aquellas agrupadas en el área de fundamentos teóricos de la Bibliotecología, aunque también en otras.

-En el caso que, promovido por el docente, haya realizado una práctica académica o pasantía en alguna unidad de información ¿Considera que los conocimientos adquiridos fueron suficientes para desempeñarse en tales prácticas? ¿Qué conocimientos tuvo que aplicar?

Hasta el momento no realicé ninguna práctica en unidades de información.

- ¿Considera que la bibliografía utilizada en materias relacionadas con tecnologías de comunicación e información se encuentra actualizada? ¿Considera válido el equilibrio entre teoría y práctica en relación a los conocimientos técnicos impartidos en la carrera?

En lo que refiere puntualmente a las asignaturas relacionadas con las TICs, sí, considero que la bibliografía se encuentra actualizada. Además, observé en ellas un buen equilibro entre los contenidos teóricos y los técnico-prácticos. En lo personal, siento que me han formado no sólo en el manejo de algunas herramientas específicas: por un lado aprendí a desenvolverme (al menos con cuestiones básicas) en diferentes entornos digitales, me han dado instrumentos de trabajo elementales que podría poner en práctica con relativa independencia de las herramientas informáticas precisas; pero por otro lado, me han enseñado a tener una postura crítica y reflexiva respecto a las TICs y me han dado las herramientas teóricas necesarias para ello.
Respecto a los conocimientos técnicos impartidos en la carrera en términos generales, sentí con frecuencia que la práctica se impuso marcadamente sobre la teoría. Creo que es justamente en las asignaturas que nos capacitan fundamentalmente para el ejercicio práctico en las que más se ausentan los contenidos de corte teórico que, no obstante, son necesarios para que todo/a profesional pueda meditar con fundamento sólido en su obrar cotidiano y tomar decisiones acertadas.

-¿Suele participar en listas bibliotecarias? ¿Considera interesante el nivel de los debates? ¿Cómo percibe en dicho espacio la recepción de temas políticos?

En términos generales no participo de estas listas. He estado en algunas de ellas, pero me desvinculé porque los debates que allí tenían lugar no resultaban de mi interés, ni sentí sacar provecho. En el presente sí formo parte de algunos grupos en Facebook que comúnmente se utilizan para la difusión de noticias varias sobre el campo y sólo ocasionalmente se prestan a intercambios de opiniones entre sus miembros. De las pocas veces que esto último ocurre, son prácticamente inexistentes aquellas en que se abordan temas políticos; lo cual, creo, evidencia el actual vaciamiento político que caracteriza a la Bibliotecología.

-Como estudiante ¿Presenció en el aula un debate / clase/ conversación /comentario / reflexión y/o contenido sobre la necesidad o no de contar con sindicatos / gremios / asociaciones en temas relativos a derechos laborales? En caso que la respuesta resulte negativa ¿Considera de utilidad profesional que el docente favorezca espacios de discusión y debate sobre estas temáticas?

Sí, hemos debatido en varias clases con nuestros/as profesores/as y compañeros/as sobre la importancia de movilizarnos, unir esfuerzos y organizar un sindicato que represente al/la trabajador/a bibliotecario/a y defienda sus derechos laborales. Reflexionamos juntos/as sobre las diversas situaciones específicas en las que un/a trabajador/a bibliotecario/a se encuentra desprotegido/a por no contar con ningún sindicato que intervenga en su favor e, incluso, conversamos sobre la injerencia que esta inexistencia tiene en el desconocimiento y desvalorización que con frecuencia sufre nuestra profesión.



- El concepto de neutralidad en la profesión ha dividido las aguas ante las problemáticas sociales y políticas que inciden en alguna medida en el contexto bibliotecario, según lo vivenciado como alumna de la carrera ¿desde el aula, recuerda si algún docente ha interpelado y/o analizado esta cuestión?

En efecto, es un tema que varias veces abordamos en clase y sobre el que hemos leído, debatido y reflexionado en conjunto con nuestros/as docentes y compañeros/as. Si bien son múltiples las posturas que existen en torno a la supuesta neutralidad del/la bibliotecario/a, en lo personal concluí que es totalmente equívoco pensar a la profesión como ausente de posiciones ideológico-políticas e, incluso, lo veo contraproducente pues implica minimizar la capacidad crítica de la bibliotecología e invita a la no reflexión.

-¿Como percibe a la bibliotecología en contextos interdisciplinarios? ¿Resulta visible? ¿Siente que la carrera le otorga elementos para dar respuestas a problemáticas sociales que otras disciplinas sí ofrecen? (ejemplo inclusión social, problemáticas de minorías sociales, desastres ambientales, conflictos bélicos, problemáticas jurídicas, etc.)

Por un lado, tengo la certeza de que recibimos una formación que nos habilita a hacer importantes aportes a la sociedad y también a otras disciplinas; en particular, creo que tenemos mucho que aportar a las ciencias sociales, de las que formamos parte. Sin embargo —quizá a causa de la juventud de nuestra disciplina y la consecuente indefinición sobre nuestras responsabilidades, nuestro rol, nuestro objeto de estudio— observo que aún falta bastante para que la Bibliotecología logre la visibilidad que debiera tener tanto frente a la sociedad en general como en contextos interdisciplinarios. Seguramente, a medida que sigamos tomando consciencia sobre todos aquellos campos en los que podemos incursionar y hacer nuestros aportes y, a medida que trabajemos por conquistar efectivamente esos campos, se revertirá esta situación de ‘invisibilidad’ que en el presente creo nos caracteriza.

 -¿Recuerda en alguna clase que el docente haya abordado cuestiones vinculadas a bibliotecas en contextos sociales vulnerables? (comunitarias, rurales, campesinas, indígenas, carcelarias o de temas relativos a minorías, desplazados sociales, multiculturalidad, comunidades sexuales, bibliotecas humanas, etc.).

En algunas pocas oportunidades sí, abordamos cuestiones vinculadas a nuestras responsabilidades respecto a este tipo de bibliotecas, puntualmente las carcelarias y comunitarias. No obstante, creo que se nos debería formar más y más profundamente para que estemos en condiciones de hacer aportes significativos en estos ámbitos. Desde luego, siempre una formación de grado tiene sus límites y abre un abanico de posibilidades entre las que a los/as graduados/as escogerán a cuál dedicarse y sobre cuál profundizar; pero justamente creo que la falencia en nuestra formación está en que a ese abanico le faltan las bibliotecas en contextos sociales vulnerables. En otras palabras: no conozco a ningún/a compañero/a que se visualice a futuro trabajando para esta clase de organizaciones, en tanto la gran mayoría aspira a ocupar puestos en bibliotecas universitarias u otras especializadas; creo que ello es producto de la formación que recibimos. Aun así, observo que muy paulatinamente estos temas se van insertando en algunos programas de seminarios y/o materias.

-Si le fuera dado proponer modificaciones en los planes de estudio de la carrera ¿En que aspectos técnicos y/o humanísticos focalizaría su atención? ¿Favorece la institución académica escenarios de discusión y debate que habiliten posteriormente la concreción de dichas propuestas por parte de los alumnos?

Considero que es muy complejo proponer modificaciones a un plan de estudios y no me siento en condiciones de hacerlo, menos aún en soledad. Sin embargo, sí hay aspectos específicos en los que desearía se focalice en la reforma de nuestro plan. Por un lado, creo necesario que los contenidos ‘técnicos’ (pienso específicamente en el área de procesos técnicos) se entiendan en el marco de los largos debates de que han sido y son objeto a través del tiempo y, en tal sentido, que su enseñanza exceda a lo indispensable para la práctica profesional e incluya análisis críticos sobre la finalidad última de las técnicas, sobre los motivos para emplear o no determinadas herramientas, y sobre las diversas opciones e instrumentos que existen o pueden llegar a existir para llevar a cabo un mismo propósito. Por otro lado, creo que se debería correr el foco de la educación puesto en las bibliotecas universitarias y otras especializadas y lograr una formación que contemple de facto el amplio espectro de actuación posible de un/una bibliotecario/a, siempre teniendo como eje el rol social al que debe su existencia. Finalmente, me parece que sería positivo agregar al menos como materia optativa alguna dentro de las tecnológicas y, también, hay otras áreas específicas sobre las que estimo oportuno incluir contenidos: preservación/conservación, promoción de la lectura y edición.
Respecto a las posibilidades de participación que tenemos los/as alumnos/as frente a una reforma del plan de estudios, me da gusto poder decir que en nuestra casa de estudios siempre se escucha la voz del estudiantado y de hecho se nos invita a hacer aportes desde lugares específicos creados a tal fin. Sin ir más lejos, en los últimos meses del 2016 se conformó una Comisión para la Reforma de los Planes de Estudio integrada por docentes, graduados/as y estudiantes. Asimismo, se prevé formar más adelante equipos de trabajo por áreas temáticas en los que se esperan representaciones semejantes. Fuera estas comisiones creadas ad hoc, en todos los Departamentos docentes de nuestra Facultad existe la figura permanente del/la representante alumno/a en Junta Asesora Departamental que es responsable, entre otras cosas, de hacer llegar a los directivos las propuestas y pareceres de sus compañeros/as por ejemplo en lo que refiere al plan de estudios, su estructura y contenidos, aun cuando no se esté en el contexto de una próxima reforma. Cabe decir que estas instancias de participación formales funcionan en los hechos de manera efectiva, puesto que tanto el Departamento como los docentes en general dan atención a las propuestas e ideas de los tres claustros por igual.

-Se habla frecuentemente de la lenta desaparición del libro impreso, incluso en foros de bibliotecología, en su caso como estudiante ligado permanentemente a la utilización de dispositivos físicos, digitales y/o virtuales ¿Qué le provoca esta situación?

Probablemente el libro impreso (también la revista, el diario) desaparezca con el largo transcurrir del tiempo, probablemente no, quién sabe. No le encuentro mayor sentido a conjeturar sobre el futuro del libro en estos términos, creo que si el libro impreso va a desaparecer o no, no es una realidad sobre la que nosotros/as podamos intervenir para modificarla. En contraposición, lo que sí podemos hacer en el presente es sacar el mayor provecho posible —tanto en calidad de usuarios como de mediadores de la palabra escrita— a la diversidad de dispositivos existentes, siempre entendiéndolos en sus lógicas específicas. Respecto a esto último, pienso que es importante cuidarnos de no imponer las categorías del mundo impreso al mundo digital porque cada uno maneja lógicas distintas y sólo vamos a explotar de la mejor manera las virtudes de cada entorno si somos conscientes de sus diferencias.

Muchas gracias Ayelen
Daniel Canosa