Espacio que pretende resguardar voces, experiencias y conocimientos desde el rol
social del bibliotecario. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural
intangible conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas, semblanzas,
historias de vida. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

martes, 1 de abril de 2014

Apuntes sobre la colección Alejandra Pizarnik

Alejandra, las palabras se queman en el viento, hay que salvarlas
Dedicatoria del libro “Libertad bajo palabra” de Octavio Paz para Alejandra Pizarnik, fechado en París, 18 de febrero de 1961

Me permito una digresión. Hace poco estuve en la Sala Americana de la Biblioteca Nacional de Maestros, el motivo fue un llamado, no sabría describirlo de otro modo, que me llevó a consultar una selección de 12 libros pertenecientes a la poeta Alejandra Pizarnik, muchos de ellos subrayados y comentados por la autora. Se trata de ese tipo de decisiones que no responden a una lógica ni al trazado de un objetivo, decisiones que una vez tomadas, hay que tratar de entenderlas.
Ya se lo interrogaba Daniel Link en su feliz disertación sobre la colección Pizarnik:

¿Cómo usaremos esta biblioteca que llega hasta nosotros? ¿Como el fragmento vivo de una memoria muerta? ¿Como una reliquia? ¿Como una experiencia de videncia o como una historia de fantasmas?

Personalmente no sé muy bien que aporte puedo ofrecer como interpretación de aquellos textos marcados (configurados con un particular sistema de colores). Como bibliotecario pienso en el potencial de la colección, el gesto que se agradece –consultar libremente esos libros– sin otra finalidad que la curiosidad por abordar un material sin precedentes, en cuya compañía la poetisa construyó parte de su literatura.

El interés por la consulta de la colección surgió luego de haber conversado con el poeta y traductor Rodolfo Alonso, quien me había recomendado en una ocasión la lectura de los poemas de Georges Schehade. Como ya había leído parte de la poesía completa de Alejandra Pizarnik (edición a cargo de Ana María Becciu), encontré similitudes entre los textos de ambos poetas. Posteriormente consulto la Colección Personal en el catálogo de la BNM y encuentro el libro de Schehade en el campo de autor, situación que originalmente motivó mi visita a la biblioteca.
Para efectuar la selección tomé por criterio consultar el área de notas de los registros bibliográficos consignados por los responsables del catálogo, en especial aquellos libros que fueron intervenidos por la autora (notas, estudios críticos, subrayados) en detrimento de aquellos que simplemente figuraban con dedicatorias o sin comentarios. Hubo en la elección meras adscripciones estéticas, con la intención de encontrar proyecciones de las lecturas frecuentadas en algunas escrituras de Alejandra Pizarnik, especialmente en los libros Otros poemas (1959), Árbol de Diana (1962), Los trabajos y las noches (1965), Extracción de la piedra de locura (1968) y algunos poemas dispersos publicados póstumamente. La serendipia me llevó a consultar los libros de Octavio Paz, de ahí asomaron otras variables que intentaré devanar con inevitable precariedad.


Como se sabe, Alejandra Pizarnik (Buenos Aires 1936-1972) hizo de su obra un mito candente de la Literatura Argentina. Según consta en el sitio Web de la BNM, parte de sus libros fueron donados por su amiga y editora Ana María Becciú, constituyendo el espacio denominado Biblioteca Personal Alejandra Pizarnik, permitiendo realizar búsquedas por autor, título y tema, además de contar con índices temáticos y de autores, lo cual nos permite asomarnos al catálogo de las elecciones estéticas, inquietudes intelectuales y afinidades literarias que poblaron los textos literarios y críticos de Pizarnik.

En esa feliz ceremonia tardía, hubo algo que me llamó la atención, que fueran los libros de Octavio Paz –aquel gran escritor mexicano– los más “intervenidos” por Pizarnik, en especial uno de ellos: “Los signos en rotación”, conjunto de ensayos, artículos y notas que cultivan reflexiones en torno a la poesía, inusitadas muchas de ellas, lo cual me permitió trazar una precaria línea con respecto a la atmósfera que sobrevolaron algunos poemas escritos por Alejandra poco antes de morir (mientras estaba internada en la sala 18 del hospital Pirovano). Es como si los artefactos generados por la escritora estuvieran de algún modo embebidos del plano propiciado por aquellas lecturas. Me da la impresión que la prosa de Alejandra Pizarnik tiene un carácter tanto filosófico como confesional, heredado en parte por estos abordajes críticos. No puedo probarlo, se trata de una mera divagación que por alguna razón necesito compartir.

Mientras estuve analizando parte de la colección me detuve en los subrayados que Alejandra remarcó en los versos del poeta libanés-francés Georges Schehade (1905-1989), un “descubrimiento” personal reciente. Allí Alejandra traduce un verso del poeta de la melancolía:
hay tanto adiós delante de tu rostro”. Lo llamativo es que en el libro “Puertas al campo” de Octavio Paz, hay un pequeño homenaje a la poética de Schehade, donde se encuentra aquel poema traducido, que Alejandra vuelve a remarcar en el mismo verso.

La lectura simple que alguien puede hacer es el impacto o representación de ese verso en la poetisa, un manojo de palabras que “dice” algo de lo que ella es, de lo que piensa con respecto a una situación de vida en donde se ve claramente reflejada: “hay tanto adiós delante de tu rostro” puede significar muchas cosas. Por alguna razón Alejandra lo marcó en dos oportunidades, “algo” de ella estaba en ese verso, “algo” que no merecía ser obviado.

Puede haber muchas interpretaciones en las sucesivas lecturas, de hecho la atmósfera poética de los libros publicados por Alejandra entre 1959 y 1968 comparten un tono con el poeta francés, razón por la cual no pude evitar establecer semejanzas con algunos versos marcados de Schehade, una suerte de correspondencia íntima, de melancólica cercanía hacia una forma de escritura que de algún modo la representó.
La tarea ciclópea que queda por delante es analizar cuánto de esa influencia aparece en los cuadernos y poemas de Alejandra, el sistema de marcado, el criterio de los colores utilizados, y las anotaciones en lápiz, para luego contrastar con los diarios privados desde donde volcaba o elaboraba su propia poesía.

Sin embargo, más allá de no tener conocimiento de la influencia del poeta francés en la poética de Pizarnik, se podría decir que tanto Schehade como Alejandra comparten un plano, hay en ambos un precario hilo en la construcción de algunos versos, algo delicado y a la vez tembloroso, algo que parecen abandonar, visible en las marcas que la poetisa realizó sobre los versos del poeta nacido en Alejandría.


Pero si bien aquí aparecen mínimos subrayados y traducciones, en los libros de Octavio Paz se advierten estudios, análisis, breves cuestionamientos y citas de otros textos, el autor de Libertad bajo palabra ofrece ensayos sobre literatura en los cuales Alejandra se detiene, indagando, "preguntando", hilando conjeturas, y trasladándolas a su propia escritura, de hecho –y haciendo un salto en el tiempo–  los últimos poemas escritos por Alejandra dejan entrever un cuestionamiento metafísico a través de la prosa ¿Cuánto de lo profanado por Octavio Paz aparece en la prosa poética y en los diarios de Alejandra Pizarnik? acaso la respuesta descanse en el Archivo Alejandra Pizarnik”, ubicado en la Universidad de Princeton, Estados Unidos, donde finalmente fueron a parar sus manuscritos, variantes y correcciones, correspondencias, cajitas y sobrecitos en los que guardaba palabras o frases recogidas en lecturas y conversaciones, cuadernos en donde anotaba poemas o fragmentos de otros autores (se sabe, luego de la muerte de Pizarnik, y por pedido expreso de su madre, las poetas Olga Orozco, Ana María Becciu y Elvira Orphée recibieron el encargo de proteger estos documentos).
Una opción alternativa es consultar los libros “Pizarnik: prosa completa” y “Alejandra Pizarnik: diarios” ambos publicadas bajo editorial Lumen con edición a cargo de Ana María Becciu.
Curioso destino de estos documentos, además de las publicaciones referidas –que recogen parte del abordaje hacia los mismos– existen pocos espacios donde consultar “objetos” pertenecientes a la escritora, dos de ellos fueron citados: la Universidad de Princeton (escrituras y documentos varios, de enorme valor) y la Biblioteca Nacional de Maestros (los libros adquiridos que conformaron su biblioteca personal).

Si bien en general los ensayos devanados por Octavio Paz provocaron en Pizarnik profundas intervenciones mediante notas y subrayados, es notable el interés que suscitó en Alejandra las ideas del ensayista mexicano sobre el concepto de otredad, relacionando el acto de "ver" en el poema, para lo cual basó sus estudios en extractos de poemas de Arthur Rimbaud (Pizarnik remarca lo siguiente "Para Rimbaud el nuevo poeta crearía un lenguaje universal, del alma para el alma, que en lugar de ritmar la acción la anunciaría", y luego "La novedad de la poesía, dice Rimbaud, no está en las ideas ni en las formas, sino en su capacidad de definir la quantité d'inconnu s'eveillant en son temps dans l'ame universelle (El poeta definirá la cantidad de desconocido despertándose en su tiempo, en el alma universal). Para el escritor mexicano este concepto es "ante todo percepción simultánea de que somos otros sin dejar de ser lo que somos y que, sin cesar de estar donde estamos, nuestro verdadero ser está en otra parte. Somos otra parte" (es posible advertir similitudes con el concepto rimbaudiano "yo es otro", asimismo Pizarnik remarca en otro texto la palabra "simultaneidad" perteneciente al mismo cuerpo de ensayos).
"No soy, no hay yo, siempre somos nosotros, la vida es otra, siempre allá, más lejos, fuera de ti, de mí, siempre horizonte..." Para Octavio Paz la imagen poética es la otredad, para luego remarcar "La imaginación poética no es invención sino descubrimiento de la presencia”
Es en este tramo donde la poetisa se pregunta "¿y entonces, cómo la imaginación tiene que proponerse su descubrimiento?" más adelante consideraría como “dudoso” el tema del descubrimiento y la proyección en el poema, dos conceptos desarrollados por el poeta mexicano.

Hubo otra variable que se sumó a este triángulo, en la colección figura un libro de Rodolfo Alonso dedicado a la autora. Se sabe que este poeta argentino tradujo a Schehade (Los poemas, Hilos Editora, 2012) y siendo el miembro más joven de la agrupación Poesía Argentina, había conocido a Alejandra en tertulias literarias, sin embargo, consultando personalmente al autor obtuve por respuesta que no compartió charlas sobre Schehade, como tampoco hablaron de los ensayos de Octavio Paz, que le dedica a la autora sendas dedicatorias de sus libros.

Es interesante detenerse en las prácticas lectoras de Pizarnik, el modo en cómo frecuenta los textos, en ocasiones con remarcados que remiten a escrituras propias ["ver mi diario 24/2"], textos que traen citas o ideas de otros escritos y pequeños ejercicios de literaturas comparadas. En muchos casos las notas de importancia son resaltadas con colores, incluyendo comentarios en lápiz.
Otra característica que se advierten en las lecturas es la demarcación de conceptos:
Metafísica, Misticismo, Dualidad, Pluralidad, Erotismo y religiosidad (John Donne)
Lenguaje natural, Melancolía, Lenguaje y cuerpo, lo indecible (Artaud, De Quincey)
Soledad, Transfiguración, Videncia, Simultaneidad, (Octavio Paz) o como cuando un simple verso se asocia con escrituras de otros autores (de Octavio Paz "toca mi piel, de barro, de diamante" (que en lápiz Alejandra asocia con Mallarmé, Elliot y sobretodo Lorca).

No deja de ser interesante la dedicatoria de este libro:

Alejandra:
"Hay que salvar al viento"
Alejandra
Las palabras se queman en el viento
Hay que salvarlas
Octavio
París, a 18 de febrero de 1961

Ya que Octavio Paz (único Premio Nobel mexicano de Literatura) lo que hace es citar un verso que Alejandra Pizarnik publicó en 1956 en un libro titulado “La última inocencia”, allí se puede leer en el poema “Origen” lo siguiente:

Hay que salvar al viento
Los pájaros queman el viento
En los cabellos de la mujer solitaria
Que regresa de la naturaleza
Y teje tormentos
Hay que salvar al viento.

Como se ve, la importancia de la colección es enorme. El responsable de Sala Americana, Ariel Fort, licenciado en Ciencias Políticas, comenta que la colección Pizarnik es de las más consultadas por investigadores. Siempre consideré que las bibliotecas deberían tener un carácter dinámico e interrogativo con respecto al potencial de sus fondos bibliográficos, es lo que ocurre con esta colección, genera documentos desde los documentos mismos, un verdadero patrimonio cultural al alcance de la mano, solo se necesita tiempo, y dedicar un espacio a la lectura crítica, al análisis de las intervenciones semánticas, al estudio literario de las sucesivas interpretaciones motivadas por ese encanto particular de estar sosteniendo los libros que Alejandra sostuvo. Si nada de esto genera interés, al menos quedará el consuelo, como me ha ocurrido, de poder acceder a otras lecturas por el simple hecho de que la autora les dedicó sus marcados y reflexiones. La literatura es inagotable, y la curiosidad debería ser, como alguna vez lo remarcó el gran bibliotecario argentino Hugo García “inagotable, continua, paciente y persistente…”

Acceder a un libro por intermedio de un comentario o una recomendación es acaso una experiencia que puede cambiar la vida de una persona, el hecho mínimo suscita una inmensa gratitud. Es por las lecturas de Alejandra Pizarnik que terminé comprando el libro de ensayos de Octavio Paz. Es por las apreciaciones de Pizarnik que tomaré un lápiz y trazaré las mismas líneas en los textos frecuentados, como una guía, acaso será un modo de agradecer el intermediario que ella fue, donde arroja con sus anotaciones un poco de claridad conceptual (arbórea, siempre iridiscente) como relámpagos en medio de una noche, o como dice Luis Chitarroni, quien recupera en Siluetas (un gran libro sobre biografías literarias), este texto de Arno Schmidt, de su Dialoge:

Un hombre con pericia y tacto ha hecho de verdad el trabajo duro “leyendo = previamente”, conquistando y desmalezando mil volúmenes de material anticuado para usted. No hacer un uso agradecido de estas sugerencias significaría que mi propia arrogante falta de pensamiento dejaría de lado las horas preciosas, irremplazables que un predecesor venerable pasó leyendo por mí.

Se dice que todos los días se suben en Youtube 100 horas de vídeo por minuto, que en Facebook se publican alrededor de 3.000 millones de fotos al mes (sí, cerca de 3 mil por segundo), que en este momento la humanidad lleva almacenado alrededor de un Zettabyte (el equivalente a más de mil billones de disquetes), que los usuarios de Internet seremos más de 5.000 millones en unos ocho años, y sin embargo en los estantes de las bibliotecas están los libros, esperando lectores, la probabilidad de agregar nuevas páginas a la inmensa construcción, aunque más no sea una divagación, como finalmente ha sido este caso.


Nota: Agradezco la gentileza de Martín Paz y Ariel Fort por facilitarme la posibilidad de consultar estos documentos.

A modo de posdata, el texto formará parte de un equívoco mucho más extenso, donde se agregarán interpretaciones de otras escrituras consultadas, acaso un abordaje literario de los libros comentados y subrayados por Alejandra Pizarnik.

viernes, 14 de marzo de 2014

Cooperativas y bibliotecas

Hace un tiempo tuve ocasión de conocer en una feria artesanal a algunos miembros de la Cooperativa Eloísa Cartonera, quienes ya llevan más de 10 años trabajando, desde que un grupo de escritores y editores se juntaran con cartoneros para elaborar en conjunto la publicación de libros de poesía con materiales de cartón pintados a mano. El contexto social de entonces (Buenos Aires,  plenas crisis 2001)  en donde surgieron muchas cooperativas, microemprendimientos, asambleas, agrupaciones barriales y movimientos sociales,  motivó la inclusión de trabajadores en situación de calle, quienes recogían cartones en sus recorridos habituales facilitando la materia prima de la editorial, a su vez recibían un importe por cada libro vendido. Así, desde la primavera de 2003, que es cuando empieza oficialmente la cooperativa, la idea de cooperativismo y autogestión marcaron la identidad de esta agrupación, entendiendo el trabajo como un bien común, con un carácter dinámico y colaborativo.

Eloísa Cartonera (nombre que refiere a una mujer descendiente de bolivianos que conquistó el corazón de uno de los fundadores del grupo, Javier Barilaro) fue creciendo y adquiriendo impacto. Inicialmente fueron 10 familias las que encuadernaban fotocopias, cortaban cartón, pintaban las tapas y se encargaban de vender y distribuir los libros, entre ellos el poeta Washington Cucurto (su verdadero nombre es Santiago Vega),  que logró entre otras cosas la colaboración de destacados escritores, quienes cedían sus derechos ofreciendo textos inéditos para la editorial.

Hay algo singular en este narrador, inventor y cultor del llamado “realismo atolondrado” (según el autor una mezcla de cosas malas y cosas buenas, habla oral, popular, mezcla de registros, ‘cruza’ de lenguajes), alguna vez lo he visto en un encuentro de poetas en la Boca, arengando al público para que consumiera poesía, en su momento llegué a preguntarme si mucho de lo que hacía era literatura, sin embargo creo que su prosa logra reflejar como las aguafuertes porteñas de Roberto Arlt– un contexto urbano con descripciones asfálticas de una Buenos Aires que hierve en calles hediondas y personajes marginales (muchos de ellos recorriendo las "bailantas" de Constitución, inmigrantes paraguayos y bolivianos,  historias de repositores en supermercados y verdulerías) un mundo que le pertenece y del cual forma parte. 

Desde el plano editorial, lo que propone Washington Cucurto es recuperar el libro, hacer que el libro fuera una “buena noticia” en la vida de las personas. Lejos de hacer una estetización de la pobreza, lo que buscan como cooperativa es compartir la alegría propia de un trabajo digno, hacer entender que lo que hacen es un producto cultural, que no se trata únicamente de un recurso económico de gente en situación de pobreza.

Vayamos a las ideas simples de este emprendimiento que ya fue replicado en más de 20 países. Es una evidencia que una de las fortalezas más significativas de toda biblioteca lo represente la producción del propio acervo. Las bibliotecas deberían destinar un espacio para la producción local de documentos, ya sea historias de vida, biografías, historia local y/o costumbres entre otros. Un modo genuino es mediante la realización de entrevistas sustentadas en trabajos previos de investigación (una práctica frecuente en comunidades indígenas y rurales),  constituyendo un archivo oral, y la posibilidad de que el usuario pueda escuchar en un dispositivo el testimonio, pero es cierto que mucha gente prefiere leer en papel, por lo cual este tipo de producciones comunitarias (artesanales, de bajo costo, sumamente prácticas) permite sumar ingenio, sentido estético e inclusión social, ofreciendo la posibilidad de transcribir las grabaciones en objetos decorativos y representativos del acervo local.

Documentar la memoria es un trabajo que desde hace siglos vienen haciendo quienes incursionan en bibliotecas, archivos, museos y centros de documentación, registrar aquello que por diversos motivos no forma parte del circuito editorial y cultural implica una tarea valiosa que requiere del trabajo interdisciplinario, permitiendo la inclusión social de aquellas personas sin recursos. Seguramente los miembros de esta cooperativa aportan un buen ejemplo desde el plano literario, ya que suelen ofrecer materiales que difícilmente puedan encontrarse en el circuito de las librerías.

Mientras tanto Eloísa Cartonera tiene un nuevo proyecto.  Piensan comprar un terreno en Florencio Varela (una hectárea de extensión), construir una casa y hacer una huerta orgánica, en el futuro también aparece la posibilidad de crear una escuela agraria, en eso están aquellos que nacieron bajo una crisis política y social, y desde entonces encarnan una poética de la resistencia.



Sitio Web:
http://www.eloisacartonera.com.ar/

jueves, 30 de enero de 2014

Sip'ohi, el lugar del manduré

Cada tanto surgen ejemplos valiosos de reafirmación de una cultura, es lo que ocurre con este  documental realizado por el director Sebastián Lingiardi, quien contó con el apoyo del CIFMA (Centro de Investigación y Formación para la Modalidad Aborigen) y la Universidad del Cine.
La película fue filmada en las comunidades de El Zauzalito, El Vizcacheral y Tres Pozos (Provincia de Chaco). El hilo testimonial lo sostiene la figura del profesor de Educación Intercultural Bilingüe Gustavo Salvatierra, quien agobiado de la ciudad en que vive, decide retornar hacia Sip'ohi, zona del impenetrable chaqueño, con la idea de recopilar los relatos orales del pueblo Wichí.

El filme es narrado en la lengua materna y subtitulado en castellano.  Lo primero que se observa es la preparación de un fuego, sin fósforos, solo dos ramas cruzadas y un palo que es frotado con las manos hasta generar cenizas. Se puede hacer una interpretación simbólica. El fuego es la cultura Wichí. Solo los Wichí lo pueden hacer, sin ayuda. Una vez logrado, lo deben cuidar, mientras el anciano relata una historia desde el fondo de los tiempos. Cuentos que contaban los abuelos, cuando los límites no existían, cuando el monte era el almacén y la farmacia de la cultura. Cuando el fuego se hacía con las manos, como ahora.

La toma de imágenes y los tiempos de las conversaciones representan el modo de relación entre los paisanos. Detrás de las reflexiones, una de las cuales me permito transcribir, podemos vivenciar el contexto de una problemática por la cual muchos indígenas han ofrecido su tiempo y su trabajo. En la trama no queda exento el desinterés que suscitan en algunos referentes Wichí el proceder de ciertos profesionales en la necesidad de buscar información que después no devuelven a la comunidad. Hay mucho silencio en el monte chaqueño, pero también una conciencia de la vulnerabilidad de la cultura oral, cuyo patrimonio, como el de tantos otros pueblos indígenas, corre riesgo de extinción.

Les pido se tomen unos minutos en leer este diálogo entre dos referentes de la cultura wichí, relatado a través de la radio de la comunidad:

- Tanto tiempo Gustavo ¿Como estás?
- Muy  bien ¿Cómo andan tus cosas por acá?
- Yo sigo estudiando con mucho esfuerzo, ahora estoy de vacaciones y trabajando en la radio ¿Vos qué contás?
- Poca gente por acá ¿no?
- Si, muchos están afuera de paseo
- ¿Sabés si está Andrés Segundo?
- Si, creo que si, no estoy seguro
- Félix, necesito un ayudante
- ¿Ayudante?
- Si, estoy haciendo un proyecto para que todos reconozcan la cultura wichí.
- Gustavo, muchas veces se intentó hacer eso y fracasamos
- Pero ¿Qué se intentó hacer?
- Buscar el reconocimiento de la gente
- Me podrías explicar a qué tipo de reconocimiento te referís
- Reconocimiento es afirmar una verdad, un conocimiento, que comparte un grupo de personas, en este caso nosotros, los wichís.  A su vez, ese conocimiento tiene un precio.  Aquí, dicen los más viejos, vino gente blanca, nos preguntó sobre nuestra cultura, se fueron con la información, nunca volvieron y a nosotros no nos quedó nada. Por eso, ahora, cuando vuelven, la gente no quiere hablar más...porque nunca hay reconocimiento para los wichís.
- Félix, por lo que decís, reconocimiento es que otros valoren el conocimiento que nosotros tenemos, además, decís que ese valor es monetario.
- Así es.
- Decís también que el reconocimiento debería venir de los blancos...porque son ellos los que se llevan la información.
- Si, vienen, sacan sus cuadernos, sus grabadores, sus cámaras. Sacan, juntan y se van. Nunca más vuelven. Bueno, algunos vuelven, pero después se van, no se quedan.
- Ajá, y decís que eso hace que los wichís se cierren cada vez más.
- Si, pero no a todos, a la gente le gusta hablar de su cultura. Pero los jefes aconsejan no hablar si no hay reconocimiento.
- Félix, me parece que llegamos a uno de los puntos del problema ¿me podes decir de qué tipo de reconocimiento hablas?
- Del reconocimiento que afirma que de nuestra cultura derivan ciertos saberes únicos...o del reconocimiento monetario. Gustavo, la verdad, estoy muy confundido, ya no se de qué estamos hablando.
- Félix, es fácil, el reconocimiento no tiene que venir de los otros porque nosotros podemos mostrar y contar nuestra cultura, nosotros mismos. Esa es la manera de reconocernos frente a los demás...y a su vez, de que los demás nos reconozcan.
- Pero Gustavo, por lo que decís, entiendo que no debemos hablar con los demás de nuestra cultura, y hablar solo entre nosotros, los wichís.
- No Félix. Digo que vamos a dejar de pedir reconocimientos, cuando hablemos por nosotros mismos, para eso tenemos que abrirnos y relacionarnos con los demás. Te voy a dar un ejemplo de lo que pensé...para ver si me puedo explicar mejor y para ver si vos, que sos joven, me podes entender.
- Te escucho, sabes muy bien Gustavo que respeto mucho todo lo que decís.
- Voy a empezar. Imagínate una película que reúna la mayor cantidad de cuentos posibles de una cultura. Esos cuentos serían como el espíritu de esa gente ¿Es así?
- Si, los cuentos se transmiten de generación en generación, de los más viejos a los más jóvenes y así van aprendiendo y formando su humor.
- Eso es, pero esos cuentos no son espíritus, están en el modo de organizar las palabras de la gente, es decir, en el modo en que la gente se afecta, y es afectada por todas las cosas que los rodean. Si estamos de acuerdo en esto, también estaremos de acuerdo en que una manera de mostrar la cultura es a través de los cuentos.
- Así es.
- Y ahora imagínate que esos cuentos no sean leídos ni extraídos de un libro, si no que sean contados por tu mamá, por mi papá o por nuestros amigos...
- Ah! Gustavo, eso sí que sería maravilloso.
- Bueno Félix, yo creo que podemos empezar ahora mismo.


 Ahí andarán los paisanos. Lo que nos queda es reflexionar el sentido de una biblioteca indígena desde la producción documental local. Que los archivos orales de Gustavo Salvatierra encuentren un espacio de articulación dentro de una casa de la memoria de la cultura. Que el conocimiento se pueda compartir, para que la necesaria interrelación que proponen los wichís pueda hacerse efectiva en el espacio de una biblioteca comunitaria. Que la lengua materna encuentre un canal de comunicación y de análisis. Que la biblioteca en ese contexto sea una prolongación de la educación familiar. Se sabe, el trabajo es arduo y las necesidades son genuinas, pero los cuentos aún se conservan en la memoria, y algunos, como el profesor Salvatierra, tuvieron la gran idea de resguardarlos del olvido.

Ficha técnica de la película:
Título: Sip’ohi, el lugar del Manduré
Argentina - 2011
Dirección y fotografía: Sebastián Lingiardi
Guión: María Paz Bustamante
Sonido: Felipe Rugeles
Narradores: Andrés Segundo, Leticia Gonzáles, Félix Segundo, Hugo Reinoso, Pedro Naureta, Wilson Mendez y el guitarrista Vicente Estrada.
Música: Cirilo Mansilla y José Ignacio Paz
Duración: 63 minutos

Acceso gratuito en este sitio:

lunes, 23 de diciembre de 2013

La inevitable construcción

Por lo demás, siendo idea cada palabra, llegará el tiempo de un lenguaje universal. Hay que ser académico –más muerto que un fósil– para perfeccionar un diccionario, de cualquier idioma que sea. ¡Unos débiles se pondrán a pensar en la primera letra del alfabeto, y rápidamente se precipitarán a la locura!

De Arthur Rimbaud a Paul Demény, Rue de Bologne Douai, Charleville, mayo 15 de 1871
La carta del vidente...[Arthur Rimbaud. Una temporada en el infierno / traducción y prólogo Marco Antonio Campos. México: Premiá. La nave de los locos, 1989]

A propósito de esta noticia (la reedición del diccionario ideológico de la lengua española, del lingüista, diplomático y académico Julio Casares, una obra inimaginable de la lexicografía castellana, fruto de un modo revolucionario de pensar el idioma, que permite agrupar las palabras  por familias, en base a sus significados y por las ideas que representan):

Viene a cuento recordarnos, como bibliotecarios, que a lo largo del año trabajamos con información en nuestros respectivos espacios de trabajo, y que a la vez, dados los múltiples debates que por dicha condición se suscitan, debemos saber hacer un buen uso de tales recursos con la intención de mejorar la utilidad en beneficio del usuario, capital simbólico de nuestra permanente intervención social.

Bregar por la utilidad social de los documentos que integran los acervos gestionados. Una tarea para lo cual se necesita vocación y un irrenunciable compromiso por el servicio. Pero la cita no es casual, nos demuestra, desde nuestros entendimientos de la disciplina, que brindar un servicio no implica exclusivamente reducir al acceso de la información lo reclamado por el usuario, también es necesario asociar y relacionar conceptos, vincular ideas, articular recursos en forma interdisciplinaria, transformar conocimientos en documentos.

Permanentemente me recuerdo que toda construcción es colectiva, dicha intención también nace de las silenciosas inquietudes, forjando multiplicaciones que deben poder articularse bajo un carácter  comunitario. Hace años Gilles Deleuze planteaba que el verdadero sentido de la filosofía es la creación de conceptos “Todo concepto tiene un perímetro irregular, definido por la cifra de sus componentes”. Para crear un concepto es necesario poblarlo de componentes, lo que a su vez requiere instaurar un plano de inmanencia (lo llegué a entender como el discernimiento que permite establecer una estructura en la cual se puedan territorializar conceptos cuyos componentes estarán delimitados por la naturaleza del  plano creado, el asunto que siempre me intrigó es cómo advertir cuando un concepto habita, en parte o totalmente, un plano de inmanencia diferente, cómo justificar ese límite en que los componentes del concepto no representan, con sus variables, la sustancia del plano pre-filosófico).  Conviene aclarar, tal como lo expresa Deleuze, que existen para los filósofos tres elementos en la filosofía: el plano pre-filosófico que debe trazar (inmanencia), el o los personajes pro-filosóficos que debe inventar y hacer vivir (insistencia) y los conceptos filosóficos que debe crear (consistencia). Evitemos incursionar por el momento en estas consideraciones, lo escarbado permite descifrar el horizonte de lo construido, aplicable a cualquier disciplina que incluya el acto de pensar variables dentro de la propia estructura.

Es necesario aplicar desde la bibliotecología este entendimiento por la construcción, ya que cuando esto se abandona, no podemos dejar de lamentarnos desde el campo de las ideas. Es necesario trabajar en nuevos conceptos, nuevas asociaciones de ideas, nuevos planos de entendimiento (existen numerosos ejemplos de construcción de tesauros, vocabularios controlados, sistemas integrados de gestión de bibliotecas, web semántica, entre otros) diseñados bajo políticas de libre acceso y en forma gratuita.
Buscar el carácter filosófico de nuestra profesión, que está implícito en la naturaleza interrogativa de los bibliotecarios. El componente técnico y el componente humanístico de nuestro quehacer.
Ya lo promulgaba Jesse Shera "toda biblioteca debería ser interrogativa"...
Sin inquietudes de por medio, un concepto se convierte en fósil, de lo contrario el ejercicio de pensamiento y la curiosidad lo tornan arborescente. Pensemos cuánto evitaríamos duplicar esfuerzos si supiéramos trazar, inventar y crear conceptos acordes a nuestras comprometidas lecturas de la profesión, tanto desde la formación académica como desde la experiencia profesional, trabajando en conjunto, con el único fin de brindar un servicio de calidad, en forma asociativa y sin perseguir fines de lucro.

Tal vez sean anhelos propios de estas fechas.  Vaya como recuerdo un  cortometraje que de algún modo simboliza todo esto que pretendo significar, se lo conoció como “Los fantásticos libros voladores de Mr. Morris Lessmore”.

Que el próximo año nos encuentre caminando, intentando empezar una nueva construcción.




miércoles, 11 de diciembre de 2013

Testimonio de Valentín Moreno, libro viviente del Centro Daviaxaiqui


Hace unos años (un sábado de octubre de 2009) entrevisté a Valentín Moreno, libro viviente del Centro Comunitario Daviaxaiqui, en Derqui, partido de Pilar. Se trató del primer documento oral del proyecto Biblioteca Qomllalaqpi, que aún hoy sus paisanos continúan peleando por el sueño de una radio indígena bilingüe. En todo este tiempo he tenido por intención salvaguardar cada audio, agregando información que se fue acumulando con el paso del tiempo. Recuerdo la autoridad de Valentín en la comunidad, el más anciano de todos ellos, hijo del cacique Don Francisco Moreno, un pi’oxonaq que curaba con diversas técnicas, y que tuvo un conocimiento profundo del monte chaqueño.
Entre sus relatos, verdaderos testimonios de vida, Moreno cuenta que nació en una zona de cañaverales y bueyes, aprendió a los 7 años a andar a caballo, pero pronto la muerte de su padre terminó marcando su carácter y su relación con la comunidad.

 En Buenos Aires empezaría una parte sacrificada de su historia, pero a la vez atravesada de múltiples connotaciones. Con pocos recursos para subsistir, se hizo un espacio de trabajo con las artesanías, colaborando para que el “Barrio Toba” de Derqui tuviera su centro comunitario, más tarde denominado “Daviaxaiqui” (ir hacia lo alto en lengua qom). Antes dio origen a una cooperativa de trabajo con 14 artesanos en Ciudadela, que marcaría el rumbo que lo llevaría posteriormente a Derqui. Acaso sin saberlo representó un símbolo de la resistencia qom, un símbolo basado en el conocimiento de la cultura, en las innumerables conversaciones compartidas con sus paisanos, donde siempre tuvo ascendencia, y en una sincera apertura hacia otras formas de conocimiento.

Don Valentín estuvo relacionado con pastores de diversas creencias, asistentes sociales, artesanos, docentes y referentes políticos que le permitieron participar de emprendimientos en defensa del derecho indígena. En la entrevista dio cuenta de los estereotipos culturales mencionando una anécdota en la que estuvo involuntariamente involucrado con motivo de una denuncia a la que acudieron gendarmes “vinieron y preguntaron quienes eran los indígenas que estaban reunidos en la calle, luego de decirles que nosotros éramos los indígenas, los gendarmes nos miraron de arriba a abajo para finalmente preguntarnos donde teníamos las plumas”. En ocasiones, Don Valentín fue presentado en círculos académicos casi como si fuera un salvaje, sintiéndose una especie de objeto.

 En la conversación se manifiesta la preocupación de Moreno por la pérdida de la lengua materna, incluso advierte que hasta en los almacenes se habla un qom castellanizado, los chicos pierden la lengua, y lo que es peor, forman parte de un proceso inevitable que incluye la negación de la raza. Es interesante el relato en torno al nacimiento de la comunidad qom de Derqui, tiene su origen en la curiosidad que suscitaba en algunos paisanos al percibir el emprendimiento de Valentín Moreno con las artesanías, ya que es de los primeros que sale fuera de la comunidad a vender artesanías y el primero en realizar contactos con directoras de escuela para dar charlas a los alumnos sobre la cultura y luego habilitar un mayor acceso al arte qom. Una vez creada la cooperativa de Ciudadela Valentín sintió que el tema de la religión empezaba a dividir el sentido de la agrupación, muchos de los paisanos se pasarían al evangelismo casi en la misma época en que algunos qom empiezan a llegar a Derqui, pero esa ya es otra historia.

 Ha pasado mucha agua debajo del puente. Debe seguir Don Valentín en su casa de siempre, la que se encuentra justamente enfrente de la Biblioteca Qomllalaqpi, sentado a la sombra de un árbol, mirando pasar el día, seguramente seguirá conversando con todo aquel que necesite saber como fue la historia de los qom, la entrañable historia de unos paisanos que un día tuvieron que irse de su Chaco natal, el Chaco profundo del que apenas se sabe. Clasificación: Costumbres / Cultura qom Informante: Valentín Moreno, artesano, historiador. Pertenece al Centro Comunitario Daviaxaiqui. Lugar / Fecha: Biblioteca Qomllalaqpi, Derqui, Buenos Aires - 24/10/2009. Entrevista: Daniel Canosa Duración: 25´ 41´´

Contenido de la entrevista:

00.00 Recuerdos del Chaco
00.40" Familia de Valentín Moreno
01'10" Lugar de nacimiento de Valentín Moreno
03'50" Trabajos comunitarios
06'40" Recuerdos sobre los Pio’xonaq
07'30" Trabajos en el campo
08'40" Fallecimiento de Francisco Moreno, cacique y padre de Valentín.
09'30" Conflictos con Gendarmería
12'30" Carencias y penurias
13'25" Viaje a Buenos Aires
18'00" Nombre de Valentín en lengua Qom
18'30" Familia de Valentín.
25'40" Inicio del trabajo de artesano
37'00" Origen de las ventas de artesanías en las escuelas
40'25" Origen de la cooperativa con Clemente López
44'50" Convenio con 400 escuelas para vender artesanías y dar charlas sobre la cultura
45'05" 14 artesanos dan nacimiento a la cooperativa de trabajo en Ciudadela
47'25" Llegada a Derqui
48'18" Encuentros con evangelistas
48'36" Breve texto en lengua Qom
50'35" Comienzo de la comunidad Daviaxaiqui
52'18" Recuerdos del monte chaqueño
54'40" Artesanos de Derqui
56'34" Reflexión final de Valentín Moreno sobre la cultura Qom

 Entrevista: Daniel Canosa