Espacio que pretende resguardar voces, experiencias y conocimientos desde el rol
social del bibliotecario. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural
intangible conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas, semblanzas,
historias de vida. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

lunes, 19 de octubre de 2020

Sobre la vocación

Alguna vez, estudié Letras en la Facultad de Humanidades de La Plata, hice dos años, una noche subí al tren sabiendo que no iba a volver, no me pareció tan terrible, aprecié algunas cosas, me fueron indiferentes otras, cultivé innumerables lecturas y un intento infructuoso por traducir latín. Tengo una anécdota con esta materia, y tiene que ver con la vocación, con aquello que justifica una elección, mera aproximación a una encrucijada de un tiempo que ya no vuelve.

Esto ocurrió a principios de los años 90, tenía examen, el profesor se llamaba Marcos Ruvituso, su imagen (barba, anteojos y voz gruesa), de alguna manera correspondía a la de un maestro que enseñaba una lengua muerta. Aquella tarde/noche nos había entregado las hojas del parcial, no era sencillo traducir latín, recuerdo que, para completar un texto de media carilla, nos llevaba aproximadamente treinta minutos entre 6 personas, pero al profesor lo alegraba saber que aprendíamos, era una buena persona, su semblante traducía eso, la vida feliz de alguien que hacía lo que le gustaba, y en esa actitud intuíamos un apego profundo hacia el sentido de construir socialmente un conocimiento.

El asunto es que esa noche teníamos que rendir sobre morfología de textos clásicos, y traducir una frase. Me acuerdo antes de empezar el examen haber visto un inmenso ventanal que daba a la Ciudad de la Plata, toda la ciudad cabía en esa ventana nocturna, las luces temblorosas de los departamentos parecían lejanos cuadros de Edward Hopper, el horizonte era indefinido, no se sabía donde terminaba ese crepúsculo. Todo a lo lejos titilaba.

A mi lado tenía un compañero de banco, nos deseamos suerte, después de todo éramos cerca de 20 callados estudiantes de Letras, que intentaban rendir un examen en ese cuarto aislado del viejo edificio, hasta que ocurrió una variable seguramente anhelada por muchos: se había cortado la luz, pero no solo en el edificio, en toda la ciudad de La Plata, nunca había sentido tanta oscuridad, me maravillaba saber que girando hacia mi derecha no podía ver a la persona que tenía al lado, ni siquiera podía ver mis manos.

En cuestión de segundos se escucharon en las demás aulas los lógicos chirridos de sillas y mesas y de pasos apurados saliendo hacia los pasillos, porque no había nada que hacer, y quedarse no tenía sentido. Recuerdo que por la autoridad que emanaba el profesor, nadie tuvo el gesto de arrastrar una silla, simplemente estábamos esperando que nos dijera que hacer, algo extraño considerando la situación, lo usual hubiera sido irse, sin embargo el maestro se sentó en el borde de una mesa, encendió con tranquilidad un cigarrillo (con lo cual todo el centro de atención de la clase viró hacia la esfera roja de su cigarro, logrando el efecto de un pequeño faro en medio de un oscuro océano), y fue allí que sin prisa empezó a hablar, diciendo que el contexto era propicio, la falta de luz precisamente, para contar una historia.

Entonces empezó a relatar un antiguo mito latino, sobre la importancia que significaba en la antigüedad la conservación de la luz como idea de resguardo del conocimiento y la virtud, un amparo contra la ignorancia, a todo esto, el silencio del edificio era total, ya todos los estudiantes estaban en la calle, menos nosotros, veinte alumnos y un profesor de latín contando una historia increíble en un escenario inaudito. No tengo presente que algo parecido me haya sucedido alguna vez, pero si recuerdo que al bajar las escaleras algo nacía en mi, algo que también de algún modo se perdía: si había vocación, si solo había vocación, estas cosas eran posibles.

Me acuerdo algunas circunstancias de esos dos años en que estudié Letras, ver por primera vez los perdigones de la dictadura en las paredes de la Facultad, una charla debate sobre el Borges de “las orillas”, los ensayos de Beatriz Sarlo, la escritura rabiosa de Roberto Arlt, los textos “cinematográficos” de Manuel Puig, una disertación sobre literatura francesa en un sótano con 6 o 7 alumnos, la sentencia de la profesora de literatura inglesa, desanimando a todos aquellos que estudiaban la carrera para “ser escritores”, una clase de semiótica que de tan mecánica resultaba poco valorada, como también una tarde en la Biblioteca de la Universidad, donde me encontré de casualidad con el profesor de Latín, para comentarle azorado lo que me había generado la lectura del poema “el barco ebrio” de Arthur Rimbaud, a lo que el maestro respondió de tal manera, que sentí que no tenía preparación para estar ahí, y a la vez, trasladado a un plano más amplio, que no tenía argumentación para sostener una conversación sobre literatura. Esa incomprensión de las cosas, que creía entender a mis 20 años, desistieron la idea de continuar la carrera.

Simplemente me había detenido a meditar sobre el alcance de mi propio entendimiento, moldeado por tibias abstracciones propias de un romanticismo tardío, las variables que no se correspondían con los parámetros de la formación universitaria, y a la vez cuestiones vinculadas con el sentido de la carrera, que dejaba afuera toda subjetividad, toda necesidad de interpretación.

Pero sinceramente nunca podré olvidarme de aquella clase, una noche imprecisa, mientras todo estaba en penumbras y adentro de nosotros, alguien encendía algo parecido a una luz.

Nota: algunos de los documentos publicados por Marcos Ruvituso se pueden consultar en el portal de Memoria Académica de la UNLP.

miércoles, 14 de octubre de 2020

Entendimiento interdisciplinario del concepto identidad cultural

La oralidad está compuesta de memorias, recuerdos y conocimientos, que al ser recreados enriquecen el sentido de lo que se pretende comunicar. En algunos casos, estás prácticas incluyen la utilización de imágenes simbólicas que buscan estructurar lo que es preciso verbalizar (a modo de ejemplo la utilización en ciertas culturas, de bastones para “explicar” con dibujos en el suelo lo que se va narrando, como ocurre con los denominados “palabreros” de la cultura Wayuu colombiana) [Epinayuu, 2009], incluso las onomatopeyas o sonidos son considerados al transcribir un documento oral. La oralidad implica de algún modo conceptualizar un conocimiento cultivado en la memoria, otorgándole un carácter dinámico e interrogativo al pasado de una cultura.

El trabajo con fondos orales permite la posibilidad de reconstruir el pasado histórico de los pueblos afectados por conflictos bélicos, migraciones forzadas o persecuciones motivadas por temas ideológicos, religiosos o de condición sexual.  En tal sentido, una experiencia que esclarece este concepto lo constituyen los archivos orales, con testimonios de personas víctimas del terrorismo de Estado (entrevistas audiovisuales) cuyo objetivo era documentar historias de vida, para de este modo facilitar el estudio e investigación de los procesos históricos relativos a la memoria social de una comunidad, pueblo o país (a modo de ejemplo el Archivo Oral de Memoria Abierta y el Archivo del patrimonio inmaterial de Navarra), aquí la utilización de fuentes no documentales (principalmente orales y gráficas) favorecen la reconstrucción histórica de un pueblo, distinguiendo las diferencias existentes entre memoria e historia oral.

En relación al Archivo del patrimonio inmaterial de Navarra, un criterio interesante ha sido agrupar los recuerdos y experiencias en una serie de apartados:

-Memoria sobre el pasado cercano (recuerdos y testimonios audiovisuales que los informantes conservan como testigos presenciales en relación con hechos históricos relevantes vividos).

-Testimonios transmitidos de generación en generación sobre el pasado remoto (suele ser un conjunto de explicaciones históricas –o pseudohistóricas– muy esquematizadas, puesto que han perdido la precisión y el rigor de muchos datos contextuales, sobre hechos históricos lejanos, se tratan de percepciones con poca representatividad histórica).

-Historias de vida que integren recuerdos y experiencias sobre la vida cotidiana y casos, teniendo presente que todos ellos se integran en el relato biográfico (relatos individuales que no pertenecen a la colectividad y que se perciben como "históricos", cuyo método es descriptivo y se recoge sobre individuos concretos, normalmente relatado por ellos)

-Memoria gráfica (recopilación de imágenes antiguas de las localidades a investigar que evidencien desde lo icónico su evolución social, cultural y productiva, según los cambios que han experimentado).

En el tratamiento documental con sociedades ágrafas existen algunas categorizaciones en relación a la oralidad:

-carácter acumulativo (el conocimiento antiguo no pierde validez)

-carácter redundante (repetición de discursos)

-carácter conservador y tradicional (capacidad de la memoria oral y su valoración)

-carácter participante (el saber se discute colectivamente)

-carácter situacional (aprendizaje desde la práctica)

-carácter homeostático (rasgos de aquellas sociedades que viven el presente desprendiéndose de los recuerdos que ya no tienen pertenencia actual), en este caso es válido suponer que el registro de los fondos orales recupera y preserva un modo de entendimiento generacional.


Tal como lo afirma Vaca Cárdenas (2017), la memoria histórica la constituyen recuerdos, percepciones y experiencias de la gente viva sobre su pasado, es un conjunto de testimonios con los que trabaja la historia oral para reconstruir ese pasado. Los testimonios son sobre todo de primera mano, de testigos presenciales, aunque a veces se registran percepciones sobre un pasado más lejano o remoto fruto de la transmisión oral intergeneracional. A través de la historia oral nos podemos acercar a la vida cotidiana y a las formas de vida no registradas por las fuentes tradicionales; nos enseña cómo pensaban, cómo interpretaban y construían su mundo, y representan una perfecta introducción al conocimiento de la experiencia individual y colectiva. Así, la historia se humaniza y personaliza, porque acoge las expectativas, las emociones, los sentimientos y los deseos de las personas.

Según el autor, esta subjetividad, lejos de ser un demérito, es un punto de origen para la comprensión de la sociedad en la que vive y ha vivido la persona. Sin embargo, si bien en ciertos contextos (como podría ser los conflictos por guerras, persecuciones o terrorismo de Estado), hay que ser conscientes de que el testimonio oral, revela más sobre el significado y la valoración de los hechos que sobre los hechos mismos, es en las culturas indígenas donde cobra otro tipo de sentido, ya que lo que se recupera es sustancialmente un conocimiento adquirido por descendencia familiar y/o comunitaria, en donde entran en juego un conjunto de saberes, destrezas y técnicas que representan en forma endógena la riqueza interior de la cultura. En estas situaciones el conocimiento está vinculado con la comunicación y las diferentes maneras de cultivar la memoria social.

Por tal motivo, la comprensión de la identidad cultural cobra un valor simbólico en la recuperación de narrativas orales. Según refiere Lucía Golluscio, profesora de la cátedra de Etnolingüística de la Universidad de Buenos Aires, quienes forman parte de poblaciones indígenas adscriben a diversos entendimientos del concepto Identidad Cultural. La palabra etnia (proveniente del latín y del griego) hace referencia a un pueblo particular con determinada cultura. La etnología de fines del siglo XVIII consideró como un atributo necesario de estos pueblos las características raciales. En el contexto de formación de los nuevos estados-nación, la antropología encontraba su objeto de estudio en conjuntos sociales definidos por la coexistencia de dos elementos: raza y cultura. Los propios miembros de las comunidades entienden en algunos casos a la identidad con la práctica de la lengua materna, llevando a asociar la muerte de una lengua con la muerte de una cultura [Woodbury, 2000].

En otros testimonios se percibe una relación entre la práctica de compartir las ceremonias ancestrales con el sentido de identidad “el día que no haya más lengua (mapudungun) ni más nguillatún, ese día no habrá más mapuche” (no recuerdo el autor o autora de esta frase, pero representa un hondo sentido de conexión entre ambos conceptos). En este apartado se consideran las rogativas o camarucos, fiestas anuales que representan los ciclos de la naturaleza, las danzas ancestrales, ceremonias y celebraciones comunitarias, así como los parlamentos que involucran a toda la comunidad, con un marcado sentido de pertenencia a los valores de la cultura.

Un punto de interés es representado a través de los patrones culturales que guardan relación con la forma de vida social y comunitaria, profundamente vinculados con la comprensión de la propia identidad (ejemplos registrados en la etnia colla, donde es común visualizar, entre los diaguitas, omaguacas, apatamas y grupos de origen quechua y aymara provenientes de Bolivia, una serie de patrones culturales que guardan relación con la forma de vida andina, economía pastoril de altura, agrícola de papa y maíz, recolección de algarroba y sal, construcción de viviendas con piedra, medicina tradicional, instrumentos musicales característicos, prácticas de “coqueo”, instalación de apachetas para ofrendas, ceremonias de corpachadas, cultos y rituales a la Pachamama) lo que no deja de entenderse como una forma de resistencia y preservación cultural [Martínez Sarasola, 1992].

Indígenas urbanos que ocuparon los más bajos estratos socioeconómicos, han llevado al cuestionamiento de la pérdida de identidad en los centros de mayor concentración demográfica, ejemplos de retracción lingüística reflejado especialmente en los jóvenes que pierden la lengua materna y no tienen deseos de conservarla, sin embargo se detectan casos donde los aspectos esenciales de la identidad se resisten desde las prácticas de antiguos valores (algunos, como entre los qom de Derqui, de modo simbólico, como lo ha sido la plantación en el barrio de algarrobos, árbol representativo de la cultura), también es para destacar que ciertas culturas, históricamente se han desplazado para obtener el alimento, con lo cual en algunos casos es discutible la pérdida de identidad por cuestiones de migración forzada.

Otro aspecto que permite interpelar la identidad es la condición hereditaria, el formar parte de un linaje marcado por la consanguinidad de los ancestros, un sentido de pertenencia a una misma raza o condición social, con lo cual, se tratan de elementos que simbolizan para las comunidades la propia comprensión del concepto Identidad Cultural.

Quien suscribe recuerda un trabajo de recolección de testimonios que fueron posteriormente editados por la Fundación desde América [Documental Indígenas de la Argentina. Un viaje por el arte y la cultura de los pueblos originarios, 2005], donde muchas de las respuestas giran en torno al orgullo étnico (no avergonzarse de lo que cada uno es), la lengua recuperada, el recobrar tiestos de la cultura (conocimiento de un origen y un pasado histórico), rescatar, revalorizar y conservar costumbres, reconocer el conocimiento, la espiritualidad, la cosmovisión originaria (cuyo principal obstáculo han sido las misiones religiosas que buscaron instalar otros credos) y el legado familiar.

También se manifiesta el tema de los derechos (reivindicar el territorio, reafirmación de los valores, reunirse en comunidad, recuperar la medicina de campo, reciclar las artes milenarias, recuperar ceremonias y prácticas comunitarias, valorar la propia producción artística) “si yo ignoro lo que fueron mis antepasados, lo que fue mi abuelo, teniendo que vestirme de otra manera, o hablar de tal manera, genera mucha confusión, hay indígenas que no han perdido el valor espiritual a pesar de instalarse en medios urbanos” [Alejandro Paisman - comunidad tehuelche Santa Cruz], “identificarse de lo que uno es” [Mabel Pelo, comunidad ocloya, Jujuy] “no avergonzarse de ser aborígenes, entendido como ser naturales” [Balbin aguaysol comunidad diaguita Tucumán, Clemente Soria Aramallo, comunidad tupí guarani Salta].

Liliana Tamagno, antropóloga argentina, menciona tres aspectos de fortalecimiento identitario: la lengua (perder la lengua no implica necesariamente pérdida de la identidad, se evidencia en algunos casos una interrupción de la memoria local por falta de hablantes bilingües); las relaciones de parentesco (rupturas de lazos de origen, concepto de comunidad, reconstrucción del “alma colectiva”) y la religiosidad (en este aspecto la cosmovisión es un concepto más amplio, que incluye el término religión), en la cosmovisión hay una visión totalizadora e integradora por parte del paisano, relación del hombre con los animales y plantas que lo rodean, que es acaso un pilar de la identidad indígena [Martínez Sarasola, 2010], asimismo la espiritualidad es un componente de dicha cosmovisión, en el sentido de modos de vida que encuentran su carácter simbólico y representativo en la celebración de ceremonias ancestrales, recuperadas en su gran parte por las comunidades y sus descendientes.

Otro aspecto para entender la identidad es la relación del indígena con la tierra (significación simbólica, valores, espíritus, sacralidad) y el territorio como reafirmación de la identidad indígena (recuperar aquello que les fue arrebatado, recuperar una relación con la tierra, un modo de aplicar la espiritualidad perdida).

En otros casos [Documental Indígenas de la Argentina. Un viaje por el arte y la cultura de los pueblos originarios. Parte 6] se hace hincapié en conceptos como el “Buen vivir”, tener entendimiento de lo que implica convivir en comunidad, apreciar la cosmovisión originaria como un elemento clave de la identidad, reencontrar el eje existencial, el respeto por todas las formas de vida, el reconocimiento de la sabiduría de los ancianos, el sentimiento de pertenencia a la tierra y al universo, la omnipresencia de la espiritualidad y lo sagrado.

Asimismo, los fondos orales permiten registrar el discernimiento local sobre las problemáticas y conflictos que solamente las propias familias comprenden y padecen, entre ellas la imposición de una cultura escrita, sin considerar el componente bilingüe e intercultural, la imposición de  una creencia religiosa que minimiza su cosmovisión, la imposición de un sistema jurídico que no reconoce sus derechos fundamentales, como ser la libre elección de nombres personales o el despojo y expropiación de sus tierras ocupadas ancestralmente (lo que deriva en su condición migrante), la indiferencia e invisibilización de una sociedad que en silencio despreció sus conocimientos, ignoró su patrimonio cultural y desvalorizó su sistema de pensamiento, la problemática de las “dos educaciones” (la educación estatal y la educación familiar indígena), la desvalorización de sus prácticas medicinales y chamánicas, incluyendo la farmacopea tradicional, causas y conflictos que al ser debatidos y salvaguardados en una colección sonora, permite a la comunidad ofrecer su propio pensamiento documentado al resto de la sociedad dominante de la cual forman parte.

Desde el campo de la etnografía, existe registro de una disputa académica que aporta matices que corresponde analizar, tiene su origen en unas palabras de Clifford Geertz: “los bosques están llenos de intérpretes ansiosos” (1983), M. Di Leonardo lo traduce de una manera radicalmente diferente, y es el permanente merodeo alrededor de la Otredad, aquellos tropos eurocéntricos cuyos estudios no han tratado de generar un compromiso real con las historias que se pretendieron recuperar, detalladas por intermedio de los diversos grupos minoritarios, allí el autor afirma que la antropología tiene el dudoso honor de “especializarse” en el más Otro, el Primitivo [Devalle, 2002] idea que debemos tratar con cuidado, si como profesionales de la información, pretendemos ofrecer un entendimiento genuino entre personas que cultivan otras formas de conocimiento.

Sostener que la identidad puede ser fortalecida mediante la construcción de fondos orales, implica una permanente correspondencia con una raíz histórica, un reconocerse en el pasado histórico, en un conjunto de testimonios que la oralidad recupera desde el conocimiento local bajo un abordaje de construcción endógena. Si la posición del investigador no contempla este entendimiento, difícilmente los contenidos del acervo resulten representativos, si el paisano presiente que solo hay un observador en dicha construcción (un “ellos” que interpretan sobre un “nosotros”), la mirada del documento tendrá un lejano perfil etnográfico, que buscará inconscientemente interpretar otras formas de socialización desde una postura ajena, propia de un laboratorio, es bajo esa aclaración que debe entenderse cualquier intervención sincera en comunidades.

Igualmente es muy complejo afirmar que un concepto como el de identidad pueda ser fortalecido mediante la construcción de fondos orales en bibliotecas autodenominadas indígenas, a lo sumo en algunas experiencias se podrá demostrar que ciertos aspectos de la identidad se ven reflejados o correspondidos en la colección de dichas bibliotecas, en especial por la colaboración de los propios miembros de las comunidades, quienes validan con sus conocimientos un conjunto de verdades recuperadas en el proceso constructivo del acervo. Probar la representatividad de dicho entendimiento cultural a través de colecciones orales exige un profundo estudio que excede el alcance de esta nota.

Bibliografía

DEVALLE, S. B.C. (2002). Etnicidad e identidad: usos, deformaciones y realidades. Disponible EN: https://centroderecursos.cultura.pe/sites/default/files/rb/pdf/Etnicidad_e_identidad.pdf

EPINAYUU, P. Ignacio. (2009). Los archivos de la oralidad como propuesta metodológica para establecer espacios de diálogo intercultural” EN: Memorias del I Encuentro de Interculturalidad y Biblioteca Pública. Bogotá, 10-13 noviembre 2009, Biblioteca Nacional de Colombia. P. 80-91 

GEERTZ, Clifford. (1973). La interpretación de las culturas. Barcelona : Gedisa

GOLLUSCIO, Lucía. (2006). El Pueblo Mapuche: poéticas de pertenencia y devenir. Buenos Aires: Biblos. Selección. 

GOROSITO KRAMER, Ana María; ACHILLI, Elena; TAMAGNO, Liliana. Un debate sobre la interculturalidad (2004). EN:  http://coleccion.educ.ar/coleccion/CD9/contenidos/sobre/pon6/index.html

INDÍGENAS DE LA ARGENTINA [Capítulos 1-6] : un viaje por el arte y la cultura de los pueblos originarios / Paulo Campano; Carlos Martínez Sarasola; Ana María Llamazares; Mercedes Bullrich. Buenos Aires: Fundación desde América. 2005.

MARTÍNEZ SARASOLA, C. (1992). Nuestros paisanos los indios: vida, historia y destino de las comunidades indígenas en la Argentina. Buenos Aires: Emecé.

MARTÍNEZ SARASOLA, C. (2010). De manera sagrada y en celebración. Identidad, cosmovisión y espiritualidad en los pueblos indígenas”. Buenos Aires: Biblos.

VACA CÁRDENAS, A.N. (2017). La banda de pueblo como elemento de construcción social y su incidencia en los habitantes de la Parroquia Calpi, comprendidos entre los 50 a 75 años en el período de enero a diciembre del 2015. Proyecto de investigación para la obtención del título: Licenciatura en Ciencias de la Comunicación Social. Tutor. Mba. Carlos Larrea Naranjo. Universidad Nacional de Chimborazo. Facultad de Ciencias Políticas y Administrativas. Escuela de Comunicación Social, Ecuador.

WOODBURY, Anthony C. (2000). Una defensa de la afirmación “Cuando muere una lengua, muere una cultura”. EN: Courtis, C. (comp.) Lenguaje, cultura y sociedad. Buenos Aires OPFyL, UBA. (Traducción interna para uso de la Cátedra Etnolingüística UBA-CONICET a cargo de Lucía Golluscio). 

Versión para El Orejiverde

http://www.elorejiverde.com/el-don-de-la-palabra/5762-entendimiento-interdisciplinario-del-concepto-identidad-cultural

miércoles, 7 de octubre de 2020

Sobre el problema de la traducción en diferentes contextos

 

Suelo problematizar esta disyuntiva: el intento de traducir contenidos en lenguas indígenas sin incluir, en el criterio, la pertinencia cultural. No deja de representar un enorme conflicto, que nos retrotrae a experiencias en las que se involucraron investigadores europeos que incursionaron en la recuperación de mitos y leyendas indígenas, cuyas versiones terminaron publicadas, sin contar en el proceso con la mirada y la revisión de los paisanos, quienes solo limitaron su accionar al relato de las experiencias narradas por sus abuelos.

Un ejemplo ilustra este contexto. A principios del siglo XX, el etnográfo y explorador sueco Erland Nordenskiöld, recopiló un relato wichí conocido como “El robo del fuego”. Unos treinta años después, uno de sus discípulos, el antropólogo suizo Alfred Métraux, quien vivió muchos años en Argentina, escuchó el mismo cuento, pero narrado por otro wichí, y lo publicó en 1946. Más tarde, el antropólogo y editor argentino Miguel Ángel Palermo, reelaboró el texto y le dio un estilo ágil y ameno. Luego lo incluyó en su obra "Cuentos que cuentan los Matacos" en 1987.

Si trazamos el recorrido de esta narración, entre la primera recopilación y las dos publicaciones, pasaron más de 80 años, tiempo en el cual el texto sufrió modificaciones sin que los propios wichí incorporaran criterios lingüísticos al relato. Lo cual implica reconocer que, si ese libro se incluyera en las bibliotecas de las escuelas con modalidad Educación Intercultural Bilingüe, lo que los alumnos wichí estarían leyendo es la interpretación de una interpretación, bajo entendimientos ajenos a la cultura.

Una de las situaciones más frecuentes, siempre y cuando exista el consenso de trabajar con lingüistas indígenas, tiene relación con ciertas palabras que son imposibles de traducir desde la lengua originaria al castellano, con lo cual se considera criterioso dejar la palabra sin traducción. Es todo un tema ya que, en el caso que la palabra requiera un cabal entendimiento dentro del texto, la sola idea de representarla con un concepto aproximado, debería contar con la aprobación de los lingüistas indígenas, porque no todo puede traducirse, más aún cuando no existen parámetros similares en la cosmovisión de pueblos antagónicos tanto en lo cultural, como en lo social y educativo. 

En este punto vale acercar un ejemplo presente en el mundo del tango, hace unos años pude ver un CD con este tipo de música, editado desde Estados Unidos, donde el disco contaba con un sobre interno en el cual detallaba  la historia del tango en Argentina, todo el texto estaba en inglés menos una palabra: "piringundín", realmente sería imposible traducir ese término coloquial a otra lengua, que pueda representar por sí misma la noción de lugar en un contexto de arrabales, propios de una geografía urbana muy particular, cuyo sentido se define tanto en el tiempo como en el espacio.

Es probable que encontremos respuestas en el plano de la literatura. Rodolfo Alonso, gran poeta y traductor argentino (ha recuperado poesías en lengua inglesa, portuguesa, italiana y alemana, entre otras), afirma que “nadie vive en estado de diccionario. Toda gran poesía, todo poema logrado, hecho carne en su idioma, es un ser soberano y autónomo, de lenguaje vivo, orgánico. Intentar transferirlo a otra lengua será siempre utópico. Pero también irreprimible. De los muchos problemas que plantea una versión honesta: sonido, sentido, ritmo, acentos, tono, densidad, timbre, medida, y rima si la hubiere, no todos pueden ser resueltos. Hubo poetas bilingües –lo soy y nunca pude– incapaces de transportarse con vida de una a otra de sus lenguas”.

Ya lo dijo otro poeta argentino, Carlos Mastronardi: “todo es traducible excepto el lenguaje”. Mientras que César Vallejo, sentenció en su tiempo la frase “todos sabemos que la poesía es intraducible”, aduciendo que solamente “se pueden traducir los versos hechos de ideas”. Si esto ocurre con lenguas que forman parte de un mismo tronco lingüístico como el español y el francés, qué no podemos decir, en cuanto a imposibilidad, de lo que significa traducir al castellano, contenidos culturales pautados oralmente en lenguas indígenas. Parecería que la respuesta consiste en lograr acuerdos mínimos entre lingüistas, como para asegurar un entendimiento de lo que cada paisano estuvo cultivando en la memoria durante siglos.

Recientemente, El Orejiverde publicó una nota sobre la docente indígena peruana Yesica Patiachi Tayori (cuya imagen ilustra este texto), autora del libro “Relatos del pueblo Harakbut”, una de las primeras docentes de su etnia que publicó una investigación, donde rescata y revaloriza la historia y cultura del pueblo Harakbut. Esta publicación es un compilado de diversos relatos orales que le fueron compartidos a la autora desde su infancia, y que vienen siendo narrados por los propios ancianos y ancianas de las diferentes comunidades harakbut desde su contacto.

Tal como figura en el artículo, mitos como Anamei y Amarinke están presentes en la publicación que se encuentran disponible para leer y descargar de manera gratuita; conformada por 16 relatos escritos tanto en harakbut como en castellano, que nacen de las voces de narradores provenientes de las comunidades de Puerto Luz y San José de Karene, Perú.

Esta reconocida autora ha participado en conferencias en defensa de los bosques amazónicos, denunciando problemáticas relacionadas con la minería ilegal, la contaminación de los ríos, el despojo de tierras y la colonización entre otros conflictos. Su investigación académica “Literatura oral Harakbut” le permitió dar origen a este libro, y a la vez obtener el título de profesora de educación secundaria en la especialidad de comunicación, en el Instituto Superior Pedagógico Público “Nuestra Señora del Rosario” de Puerto Maldonado, Madre de Dios. No deja de representar un ejemplo genuino de trabajo sobre narrativas orales “sin intermediarios” lingüísticos que puedan, consciente o inconscientemente, deformar el sentido de lo que se pretende traducir.

No deja de ser un saludable detalle que el libro haya sido publicado por la Dirección General de Educación Intercultural Bilingüe y Rural (DIGEIBIR) del Ministerio de Educación, de Perú, como parte de su política de alentar las publicaciones elaboradas por los mismos profesionales indígenas, y a la vez permitir que los niños y niñas indígenas tengan acceso a textos y materiales educativos en su propia lengua. Traducir estas enseñanzas en lengua materna, allanan el camino hacia una mejor comprensión de las culturas originarias.

A modo de anécdota, siempre recordaré la lectura de unas pocas páginas de un libro de Oscar Wilde, traducido del francés al castellano, si se considera que este autor escribió en inglés, lo que estaba leyendo era la traducción de una traducción, recuerdo que desistí de continuar con la lectura porque la obra, cotejada con el original, parecía otra, totalmente mutilada del sentido lírico con la que había sido concebida, lo que deja en evidencia la problemática de la traducción.

Fuentes consultadas:

Relatos del pueblo Harakbut. El Orejiverde:

http://www.elorejiverde.com/el-don-de-la-palabra/5632-relatos-del-pueblo-harakbut

El robo del fuego. El Orejiverde

http://www.elorejiverde.com/toda-la-tierra-es-una-sola-alma/4809-el-robo-del-fuego

Entrevista a Rodolfo Alonso. Página 12:

https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-31849-2014-04-08.html

Entrevista a Rodolfo Alonso: El enigma de la poesía / Raúl Olvera Mijares

https://luvina.com.mx/foros/index.php?option=com_content&task=view&id=3068&Itemid=77

Nota: la imagen pertenece al siguiente sitio:

https://www.servindi.org/actualidad-noticias/19/01/2018/yesica-patiachi-tayori


viernes, 25 de septiembre de 2020

Identidad folksonómica

Hace un tiempo, me interesó como temática un análisis bibliográfico sobre etiquetado social en contenidos Web, lo que me llevó a realizar una compilación de unos cincuenta recursos electrónicos de acceso abierto, en especial publicaciones periódicas iberoamericanas. Cada uno de esos artículos fueron reseñados en forma breve a modo de resumen indicativo, lo que incluyó una identificación de aportes conceptuales o aplicados de cada trabajo.

De todos los textos analizados, me generaron inquietud dos artículos, que hacen referencia al título de esta entrada, cuyo tratamiento habilita un contexto adecuado para aplicar en el entorno Web a través de las folksonomías. Uno de ellos fue realizado en la comunidad de práctica Ethnicity del marcador social Flickr (Maldonado Matienzo, 2015), que traza un vínculo muy amplio con el concepto de identidad folksonómica, cuyos resultados han permitido visualizar un escenario que fomenta la agregación, interrelación cultural, representación y socialización de recursos de conocimiento a través de variadas personomías, atravesadas por paradigmas interdisciplinarios (Cibersemiótica, Ciberetnografía) que ayudan a comprender la identidad de cualquier comunidad discursiva, habilitando la investigación virtual etnográfica en eventuales comunidades folksonómicas. Asimismo, es válido agregar que el soporte descripto por los usuarios se corresponde con las imágenes fotográficas, en este punto las descripciones subjetivas ofrecen mucha información para ilustrar la diversidad étnica a través de las imágenes y el marcado de etiquetas, resaltándose en este caso la fotografía callejera y el periodismo de viaje.

El otro aporte documental (Herbert Massoni, 2017), también asociado a Flickr, corresponde a los documentos fotográficos realizados por el grupo “Moinhos de Vento – Porto Alegre”, en donde el criterio de los usuarios que etiquetaron dichos recursos, tuvo por vínculo un contexto afectivo (el barrio donde nacieron), aportando información específica de cada fotografía, directamente relacionado con la identidad local, con los entornos familiares y la memoria histórica (lugares, historias de vida, denominaciones de espacios públicos, elementos propios de los paisajes), así como técnicas fotográficas empleadas en las capturas y hechos puntuales relacionados con la historia, una manera muy clara de entender un registro propio consustanciado con información puntual, que representa por sí misma una fortaleza del recurso.

Resulta un hecho que la Web genera y acumula una abrumadora cantidad de datos que en su mayoría, no cuentan con una referencia textual que les permita ubicar dicha información en el contexto virtual, digital y electrónico, la información existe pero no encuentra su representación descriptiva para tornarse visible en forma global, es allí que el etiquetado de imágenes fotográficas supone introducir momentos muy específicos (lo que implica el hecho de asociar un concepto a una imagen) que, al ser captados e integrados en álbumes, exponen una narrativa que otorga entidad a la secuencia, orientada a dominios especializados recuperados por minorías.

Con lo cual, desde el punto de vista social, resulta válido dirimir el profundo aporte que las folksonomías pueden ofrecer al concepto de identidad dentro de una comunidad.

Fuente consultada:

Maldonado Matienzo, Dionnys. (2015). Identidad folksonómica de la comunidad Ethnicity en Flickr: aproximación ciberetnográfica a los procesos de etiquetado social (Título Oficial de Máster en Comunicación y Educación Audiovisual). Universidad Internacional de Andalucía; Universidad de Huelva, Andalucía. Recuperado de: http://dspace.unia.es/bitstream/handle/10334/3551/0698_Maldonado.pdf?sequence=1

Herbert Massoni, Luis Fernando, & Bones Flores, Andressa. (2017). A cidade representada em tags: explorando a folksonomia no Flickr. PontodeAcesso, Salvador, 11(3), 133-147. Recuperado de: https://portalseer.ufba.br/index.php/revistaici/article/view/23288

Nota:

El texto forma parte de una compilación y análisis bibliográfico sobre etiquetado social en contenidos Web, presentado en 2018 bajo la cátedra de Seminario B en la Universidad Nacional de Mar del Plata, a publicarse en breve.

jueves, 17 de septiembre de 2020

Sobre las reestructuraciones en contexto de pandemia y otros conceptos


Muchas veces pienso en el sentido de las profesiones, aquellas instancias que resultan clave en la vida de un profesional, cuyo simbólico eje cobra hondo significado conforme sucede el tiempo: es el traspaso del testimonio al discípulo que viene detrás, eso ocurre en un momento determinado, lo vemos en el docente cuando confía en algunos alumnos la posibilidad de continuar la misma senda de la enseñanza, lo vemos en el bibliotecario que cumple su servicio luego de toda una vida, instruyendo al que acaba de ingresar los pormenores de un eterno recorrido, lo percibimos en el investigador que confía sus apuntes a un colega que recién empieza, lo advertimos en el artista que incorpora a su trabajo la enseñanza de su destreza en escuelas y comunidades, es lo que hace que la incesante rueda siga girando, que el camino se continúe desasnando, tejiendo nuevas posibilidades, forjando nuevos destinos.

Otra instancia relevante es cuando los profesionales deciden, paralelamente al desarrollo de su profesión, compartir lo que saben, y es allí que los cursos, talleres, cátedras, foros, encuentros, conferencias, y tantos otros espacios, resulten puentes donde poder transitar lo aprendido, mientras invariablemente las inquietudes arborecen al costado de los caminos.

Estas reflexiones son motivadas por apuntes tomados en el conversatorio organizado por la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos), acerca de las bibliotecas antes y después del Covid-19, en ocasión de acompañar el Día Nacional de la Cultura en Ecuador, el 7 de agosto, cuyos invitados fueron Didier Álvarez, profesor colombiano de la Escuela Interamericana de Bibliotecología, y el bibliotecario peruano Alfredo Mires Ortíz, quienes compartieron un valioso intercambio sobre estos temas. Subrayo algunas preguntas que compartió Alfredo, en el blog de las Bibliotecas Rurales de Cajamarca, para empezar a hilar un entramado con las ideas:

- ¿Qué implica la reestructuración de una biblioteca? Tenemos que revisarles la partida de nacimiento, refundarlas en contenido y alcance, en esencia y en trascendencia.

- La barriga de la pregunta “¿cómo?” ha crecido mucho: lo que es fundamental es que se respondan las preguntas “¿por qué?” y “¿para qué?”, el resto podría caer por su propio peso.

- ¿Quién reestructura a los reestructuradores?, ¿desde qué utopía se reestructura?, ¿cómo participa la comunidad?

- La forma es hija del fondo: tenemos que trabajar ese fondo. Deberíamos volver al ciclo comunitario.

- El mundo anda partido, polarizado en dos visiones: una que ve a la tierra como una madre a la que hay que cuidar, y otra que mira a todos como objetos que hay que explotar.

- El punto de partida es vital en el proceso de reestructuración de una biblioteca.

Cuando se habla de reestructura habría que revisar antes porque se originó la necesidad de contar con una estructura, “hacer” una biblioteca es un proyecto a construir, pero nace desde un fondo que muchas veces no se explora, sino que es sedimentado por prácticas y servicios sin contemplar objetivos ni misiones, como cuando una pila de libros tapan un agujero en la pared.

A veces, las respuestas están implícitas en los ciclos comunitarios, pero no nos detenemos a observarlos, hablo realmente de observar: establecer una pausa (todo un tema si consideramos el vértigo en el cual se genera y disemina la información), y analizar con datos ese contexto. Tal vez cabría preguntarse que es lo que hace que un lector necesite ir a una biblioteca, con el actual escenario de coronavirus esa necesidad cobra otros matices, el vínculo se establece desde una distancia no marcada por la institución, las propuestas indefectiblemente están mediatizadas por una pantalla, nos vemos y nos escuchamos, pero pareciera que en muchos casos acumulamos opiniones que no encontrarán registro en un catálogo, entonces advierto un desfile de testimonios sobre las prácticas que ya conocemos, o un tópico en común (pandemia) que muchos profesionales de la información están descubriendo sin necesidad de establecer nuevos conceptos. Entiendo que existen otras miradas, y cómo los servicios se “readecuaron” a esta situación impensada, pero noto un patrón común que descuida la conceptualización, en aras de ofrecer una presencia desde la virtualidad, para recordarnos que hacemos y hacia donde vamos.

Por otra parte, resulta evidente que muchos espacios en línea no sostienen sus intervenciones con trabajos de campo, como tampoco elaboración de artículos técnicos en todo el sentido de la palabra, igualmente se tiene conocimiento que hay nuevas herramientas informativas, así como investigaciones genuinas generadas desde la profesión (si limitamos la cuestión a los artículos sobre Covid-19, la OEI ha identificado más de 300 instituciones que se han dedicado a investigar este fenómeno epidemiológico, en especial universidades), pero la mayoría, parafraseando a Thoreau, vive en un silencioso desaliento este tránsito hacia la virtualidad, y en muchos ejemplos por causas que los exceden.

Por tal motivo, y dado que me interesó la propuesta, que entiendo se aparta de este plano que acabo de esbozar a modo de introducción, intentaré compartir una serie de reflexiones en virtud de las notas tomadas en el conversatorio, en principio hay algo que mencionó Alfredo que es muy cierto: los números invisibilizan, “si aplicamos mecánicamente el tema estadístico podríamos decir que en la ciudad del Vaticano hay dos papas por kilómetro cuadrado, considerando que la superficie del Vaticano es de medio kilómetro”, lo cual todas las estadísticas que se manejan en torno a la pandemia son plausibles de ser analizadas separando los contextos, tanto sociopolíticos, como sanitarios, económicos y culturales, que dichas cifras pretenden instalar. Se percibe una incapacidad para ver y leer el contexto global, lo que observamos en muchos casos es que las autoridades aplican medidas paliativas y que eso se toma como algo episódico que los gobernantes tienen que arreglar para volver a la llamada “normalidad”.

Es claro que la pandemia no es un evento coyuntural, es consecuencia de las acciones y las responsabilidades que cada espacio político tiene en relación al cuidado del bien común, de lo que significa invertir en educación, salud pública, cultura, con lo cual es preciso reacomodar los sentidos luego de haber experimentado aquello que Didier describió como fases de estupor, negación, miedo y desconcierto que el virus provocó a nivel mundial en la población. Esta situación exige un cuestionamiento fuerte en cuanto a la importancia que tiene la representatividad en términos comunitarios, discutir el porqué de la necesidad, entender el principio de trascendencia.

Los distintos eventos virtuales que proliferan en la Web han intensificado el uso de la palabra, o como lo expresó el profesor colombiano “una perdida de la visión diacrónica de la vida”, así como una incapacidad de no salir de la coyuntura, que a su vez implica desconocer el pasado, una idea dura dice que los hombres han perdido la fuerza del acumulado de sus pueblos, y que el declive no es tanto técnico sino espiritual. Sabemos que el encierro aísla y que en muchos escenarios no se encuentran respuestas creativas para salir de la crisis, mientras resulta evidente cómo los dueños del capital están aprovechando el escenario. Dijo Alfredo que “se trabaja una terapéutica de las consecuencias, pero no una sanación de las causas”, y puso el ejemplo platónico de que una ciudad con muchos hospitales no deja de ser una ciudad mal gobernada, porque se identifica la salud con las farmacias, que es como decir que más médicos y camas por habitante implica un mejor nivel de la salud, cuando en realidad es la confirmación del deterioro en el eje salud-enfermedad, como consecuencia de los fenómenos socioculturales y la alteración de los ecosistemas, que dan lugar al tránsito de enfermedades por diversos patógenos, todo esto que está ocurriendo atenta contra la otredad, y los que la pagan son los más postergados.

En el conversatorio quedó claro cómo la crisis afecta nuestra comprensión de la vida y nuestra relación con el mundo, es un desafío y una oportunidad, y es desde la biblioteca, como organismo comunitario, que deberemos tener presencia en los proyectos de cultura, salud y educación que la sociedad necesita recibir y compartir, es preciso, bajo el entendimiento de los movimientos sociales, correlacionar ideas y prácticas, una noción que interrelaciona conocimiento, lenguaje y memoria, en ese desarrollo, la biblioteca ES comunidad, un ciclo vital que debe ser analizado porque el contexto así lo exige, y recordarnos que desde los albores de la humanidad el conocimiento se mantenía vivo en cada comunidad, porque en ese círculo se encontraba tallada la identidad, producto de esos tiestos y esas junturas.

Hay que preguntarse, y debatirlo, como participa la comunidad en esta reestructuración, y no ceder al discurso vacío, una cosa es pronunciar la palabra “empoderar”, y otra muy distinta aplicarla en el contexto real de una sociedad que exige la apropiación y el ejercicio de dicho término, si la biblioteca no tiene conciencia de su devenir, en tanto espacio orgánico en un contexto vulnerable, su sentido se verá supeditado a la mera organización de un catálogo de testimonios inconexos e insustanciales. Como afirmó Didier, “estructura es juntanza”, algo necesario por cultivar en la vida comunitaria, situación que hoy por hoy corre riesgo de disgregarse si tomamos en cuenta la cantidad de comunidades que no tienen acceso a computadoras, y a servicos sanitarios básicos.

Entonces como bibliotecarios y bibliotecarias volvamos a ver por donde estuvimos caminando, resulta claro que el individualismo es la pandemia de las pandemias, y virtualidad no implica sucumbir sino establecer “un correlato de la presencialidad en las bibliotecas”, por ende, la juntura es una clave que por el momento no encuentra espacio a través de la virtualidad, porque muchas cosas que se dicen últimamente no tienen receptores para discutir ideas y propuestas desde otro lugar, hay que “repoblar” esos conceptos para que tengan algún significado, y eso no es posible desde la ausencia de un conjunto de rostros y voces, causada por la inexistencia de la conectividad.

Didier expresó que era necesario recuperar oficios comunitarios, como el del cartero en las comunidades rurales y campesinas, esto me lleva a pensar que también es necesario recuperar el fuego de una ronda, el abrazo, la construcción del conocimiento. Por lo tanto, no dejo de pensar el día que la realidad vuelva a su curso, qué suerte correrá todo lo producido en estos meses, cuando el paso del tiempo remueva el tamiz de cada conversatorio, que nos permita ver algo más que discursos, algo más que prolijas descripciones, allí quizás tengamos algunos elementos para advertir si de algo sirvió lo que como sociedad tuvimos que padecer, recuperar esas verdades sea, probablemente, nuestra tarea en medio de este desconcierto que tanto abruma.

Todo el conversatorio puede verse en este sitio:

https://www.facebook.com/OEIEcuador/videos/2385678828402455/

El mismo ha contado con la moderación de Sebastián Concha, de la OEI, organismo que organizó el evento desde territorio virtual ecuatoriano, pautando una actividad en línea cuyos ejes temáticos estuvieron vinculados a la promoción de la lectura, el Plan Nacional de Lectura José de la Cuadra del Ministerio de Cultura y Patrimonio y la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

Agradezco mucho a Didier y Alfredo por haber compartido su conocimiento en este tema tan crucial que estamos atravesando.

Para los/as colegas bibliotecarios y bibliotecarias, se agradecerá el aporte de nuevas ideas en relación a las reestructuraciones motivadas por esta emergencia sanitaria, el texto no pretende aleccionar ni mucho menos, es acaso una propuesta entre tantas, que busca orientar el sentido de los andares en esta profesión, o al menos encontrar un rumbo donde proseguir.

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