Espacio que pretende resguardar voces, experiencias y conocimientos desde el rol
social del bibliotecario. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural
intangible conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas, semblanzas,
historias de vida. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

miércoles, 22 de abril de 2026

Te Rōpū Whakahau

Te Rōpū Whakahau representa, dentro de la cultura Mâori, el compromiso de una entidad que vincula a las bibliotecas con los trabajadores de la información en Aotearoa, Nueva Zelanda, sostenida por los valores de las comunidades ancestrales, desde donde defienden las prácticas culturales a través de servicios y actividades, funcionando desde 1992 como una red ligada a la Asociación de Bibliotecas e Información de Nueva Zelanda. La Asociación cuenta con un Consejo Nacional, Ngā Kaiwhakahau, integrado por tres directivos (Tumuaki, Kaiāwhina y Kaitiaki Pūtea), además de entre 4 y 8 representantes de la membresía financiera. En este escenario, Ngā Kaiwhakahau gestiona los asuntos de Te Rōpū Whakahau y, colectivamente, tiene la autoridad para ejercer todos los poderes de la Asociación en nombre de sus miembros.

El concepto de la imagen institucional está asociado al tejido para representar el rōpū (grupo), pero no bajo la idea de lo que implica como sustantivo una prenda de vestir sino más bien de un simbolismo cuyo profundo significado incluye los valores y creencias espirituales de los maoríes. Este diseño se centra en el proverbio "waiho i te toipoto, kaua i te toiroa" (que en lengua materna significaría expresar la idea de “mantenernos cerca, no separados”), como proyecto guía de la asociación, que representa el deseo de unir personas, pensamientos y acciones para el beneficio de las generaciones futuras.

El tejido y las cuerdas también evocan el ascenso al cielo para recuperar las tres cestas del conocimiento, que según la tradición oral Mâori fueron obtenidas por el dios Tāne-mahuta en el mundo superior, y juntas representan la búsqueda de la sabiduría y el equilibrio para la humanidad: el kete-uruuru-matua (de paz, de toda bondad, de amor), el kete-uruuru-rangi (o tipua, de todas las oraciones, encantamientos y rituales utilizados por la humanidad) y el kete-uruuru-tau (o tawhito, de las guerras de la humanidad, la agricultura, el trabajo con árboles o madera, el trabajo con piedra, el trabajo con tierra, de todas las cosas que tienden al bienestar, a la vida, de cualquier tipo). (Shortland, 1882). Desde una apreciación visual que no pretende corresponderse con el significado real, los tejidos de esas cestas parecen estar unidos por la imagen de una guarda que semeja a dos pájaros enfrentados, como custodios de una cultura que comunica en silencio la unión de las personas. La iconografía cultural también se ha empleado para transmitir el compromiso del grupo como kaupapa (proyecto) maorí que trabaja por las aspiraciones de la comunidad en general, los "ngāi maoríes".

El alcance de la Biblioteca

Se destacan aportes concretos a la comunidad de usuarios/as en donde se busca, a través de la representación de los documentos, favorecer las necesidades de información de los maoríes bajo un servicio que incluye talleres y diseño de herramientas de gestión documental. En este contexto cobra mucho valor la concreción del taller Mātauranga Māori dentro de las Bibliotecas de Nueva Zelanda, desarrollado y ofrecido por Te Rōpū Whakahau para apoyar el desarrollo profesional de LIANZA (organización que promueve el valor de la cultura maorí, cuyo origen se retrotrae al año 1910 cuando se crea oficialmente LANZ, la Asociación de Bibliotecas de Nueva Zelanda). Se trata de un taller interactivo diseñado para brindar una oportunidad de desarrollo específica para los profesionales de la información, el mismo se encuentra estructurado sobre el entendimiento de que Mātauranga Māori ofrece contenidos basándose en una filosofía kaupapa Māori, donde los valores y prácticas tradicionales de la cultura se aplican en su contexto en forma endógena.

Cabe señalar que los elementos distintivos de la identidad maorí -que ya eran cultivados por las comunidades mucho antes de la colonización europea – atraviesan los significados y valores de una historia que habilita desde el pasado un presente convocante. Según varios registros, los polinesios poblaron Aotearoa alrededor del año 1250 y 1300 d. C. llegando en canoas desde diferentes regiones, la Polinesia representa una agrupación de más de mil islas en el Pacífico central y meridional, conformando un triángulo geográfico que incluye entre otros principales archipiélagos a las islas de Hawái, Nueva Zelanda, Rapa Nui, Samoa, Tonga, las islas Marquesas y la Polinesia francesa. Buena parte de las tradiciones y expresiones artísticas ancestrales aún se conservan, como el ta moko (tatuajes), el haka (danza tradicional) y el whakairo (tallado), lo que representan en su conjunto características significativas que los talleres buscan tener presente a la hora de compartir contenidos sobre los aspectos sociales, históricos y culturales de las comunidades maoríes.

Aprenderás y entenderás

Es este un precepto básico que guía las acciones de la entidad, en donde la diversidad cultural se encuadra dentro de los marcos de conocimiento maoríes, siguiendo sus principios y otorgando importancia al criterio de las metodologías kaupapa maoríes para satisfacer las necesidades de investigación de los usuarios maoríes. Se trata de un taller en donde se ofrecen capacitaciones a los profesionales que participan para el desarrollo y la prestación de servicios y recursos bibliotecarios y de información, ofrecidos dentro del Plan de Registro de Profesiones de Gestión de Bibliotecas e Información de LIANZA.

El taller está diseñado para brindar una oportunidad de desarrollo específico a los profesionales de la información. Se estructura partiendo del supuesto de que el Mātauranga Māori se enmarca en el contexto más amplio del tikanga y el Te Reo Māori, desde donde se aplican los valores y prácticas tradicionales maoríes. Asimismo, el espacio ofrece la oportunidad de participar en conferencias anuales con el objetivo de poder desarrollar nuevas habilidades y establecer contactos entre los participantes. En este punto se encuentra una similitud compartida desde la plataforma Hui ā tau, para que iwi y hapū locales (tribus/sub-tribus), conecten con los profesionales maoríes de bibliotecas, trabajando aspectos de su cultura, conocimiento e información, así como las labores que realizan, se trata de una oportunidad para comprender mejor el alcance de la biblioteca en la comunidad maorí.

Whiria Te Tāngata

He aquí uno de los emprendimientos que más impacto han tenido entre los usuarios, con el fin de poder garantizar la sostenibilidad a largo plazo del sector bibliotecario, para que sus trabajos generen resultados positivos para las comunidades. El proyecto, cuya iniciativa reunió a diez profesionales bibliotecarios y de la información, conocidos como Kākaho, de diversos orígenes, se encuentra financiado por el Programa de Asociación de Bibliotecas de Nueva Zelanda (NZLPP), dirigido por Te Rōpū Whakahau y apoyado por la Biblioteca Nacional de Nueva Zelanda.

El “Whiria te Tāngata” (se entiende como “Tejer a la gente junta”) fue un proyecto piloto de residencia artística comunitaria que permitió que durante un año 10 artistas, de 10 comunidades de la región de Waikato, participaran en prácticas creativas y desarrollaran trabajo con y junto a sus comunidades. Dicho proyecto exploró iniciativas que vincularon el trabajo creativo con salarios destinados a los artistas, buscando un equilibrio entre sostenibilidad y accesibilidad, un mecanismo de apoyo para que las prácticas artísticas vinculadas con la comunidad puedan prosperar, y sobre todo reflejar las circunstancias de cambio ante las intervenciones sociales de un conjunto de obras, que en líneas generales –y bajo un sentido de pertenencia- atravesaron temas vinculados con la salud mental, el concepto de identidad, la conexión y la cohesión social.

Cada artista, junto con un mentor asignado, creó un programa de actividades a ser realizado en el lapso de un año, con la idea de generar oportunidades, espacios, conexiones sociales e impactos positivos mediante la creación de talleres, eventos, sesiones para explicar los procesos de creación artística, y encuentros con tutores entre otros. Este emprendimiento contó con la presencia de un líder de proyecto dedicado a Whiria te Tāngata, lo que garantizó una ejecución fluida, contando con el respaldo de una serie de encuestas para garantizar la viabilidad y correspondencia del proyecto, destacándose aspectos tales como la conexión con la cultura a través de la narración para comunidades migrantes e interculturales, la conexión dentro de comunidades geográficamente aisladas, la conexión con la crianza de los hijos para las madres, y la conexión con la cultura maorí y con los jóvenes de Moana Pasifika (inmigrantes y descendientes de las islas del Pacífico, entre ellas Samoa, Tonga e Islas Cook). Estos materiales permitieron utilizar los datos de las investigaciones para comprender mejor el bienestar de las comunidades en cuanto a la aplicación de prácticas éticas y genuinas por parte de los artistas y referentes comunitarios. Los resultados de cada una de estas encuestas combinan hallazgos cuantitativos (basados ​​en cifras) y cualitativos (basados ​​en historias).

Con lo cual, el proyecto Whiria te Tāngata demuestra lo que se puede lograr cuando se prioriza el bienestar de la comunidad y se apoya mediante recursos a quienes realizan prácticas artísticas para servir a la comunidad. Todo este esfuerzo colaborativo fue documentado por un cineasta local, Dan Inglis, para registrar las historias de vida y las reflexiones de los artistas y mentores. “Tejiendo a la Gente” demostró un modo de valorar las vidas de las personas que cultivan diferentes formas de conocimiento a través del arte y la comunicación. El proyecto Whiria te Tāngata se divide en cuatro módulos de tukutuku (paneles) que están respaldados por mātauranga maorí. En líneas generales, basan sus acciones en un conjunto de ceremonias que buscan respetar las conexiones simbólicas con la tierra, los procesos de conocimiento conectados con experiencias, el fortalecimiento de las capacidades y los valores sociales, en donde la investigación cumple un rol esencial, bajo la idea de unir todos estos servicios desde el plano de las unidades de información.

Por último, es para destacar un trabajo coordinado propio de un servicio bibliotecario en comunidades aborígenes, como ha sido el Proyecto de Directrices para Encabezamientos de Materia Mâori (llamado Nga Ingoa Kaupapa Mâori / Mâori Subject Headings), iniciado en 1991, que tuvo por objetivo estudiar el uso de las bibliotecas por parte de los Mâori, e identificar sus necesidades de información. Se valora en este caso el estudio de las problemáticas en cuanto a la búsqueda y acceso a la información bajo los propios códigos culturales dentro de las bibliotecas neozelandesas, un trabajo colectivo que posteriormente derivó, en el año 2003, a la creación del MSHSC (Mâori Subject Headings Steering Committee, Comité de dirección de las MSH) que implementó tres iniciativas: crear una lista de autoridades de nombres de Iwi Hapu (narraciones tradicionales), generar una lista estándar de encabezamientos de materia en Mâori y desarrollar un conjunto de directrices de catalogación. Se trató de una forma de contribuir a un uso correcto de aplicación de lenguajes documentales y una opción representativa para satisfacer las necesidades de información de los usuarios maoríes. Con todo lo que implica recuperar conocimiento en las propias lenguas maternas, aquello que es nombrado desde los tiempos antiguos por los descendientes de pueblos originarios.



Fuentes consultadas:

Connor, H. Ko te Rākau Hei Tohu Mō te Rangahau Me te Tuhi Whakapapa: el simbolismo de los árboles como método para investigar y escribir genealogía. Genealogía 2021 , 5 (2), 29. Disponible en: https://doi.org/10.3390/genealogy5020029

LIANZA. Te Rau Herenga o Aotearoa. [Sitio Web]. Disponible en: https://www.lianza.org.nz/

Shortland, E. (1882). Maori religion and mythology. London: Longmans, Green, and CO. Disponible en: https://sacred-texts.com/pac/mrm/index.htm

Te Ara Tika Guiding Words. Ngâ Ingoa Kaupapa Mâori Mâori Subject Headings Project. Pürongo Tuatoru phase 3 research report / na Sally Simpson, 2005. Disponible en: https://trw.org.nz/wp-content/uploads/2022/09/Te_Ara_Tika_Guiding_Words.pdf

Te Rōpū Whakahau. Waiho i te toipoto, kaua i te toiroa [Sitio Web]. Disponible en: https://trw.org.nz/

Whiria te Tāngata [Sitio Web]. Disponible en: https://creativewaikato.co.nz/whiria-te-tangata  

Versión para El Orejiverde: https://www.elorejiverde.com/el-don-de-la-palabra/7059-te-ropu-whakahau

sábado, 11 de abril de 2026

Una visita a la Radio La Colifata

El sábado 4 de abril estuve en el Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial José Tiburcio Borda, para presenciar por primera vez la programación en vivo de la radio La Colifata, aquella increíble iniciativa que lleva adelante desde hace 35 años el psicólogo Alfredo Olivera -actualmente en Francia con un proyecto similar- junto a un grupo de profesionales integrados por psicólogos, trabajadores sociales, musicoterapeutas y periodistas, cuyos integrantes continúan adelante con la dirección general y estratégica del proyecto.

Creada el 3 de agosto de 1991 por el reconocido profesional de la salud mental, se constituye como la primera radio en el mundo en transmitir desde un hospital neuropsiquiátrico. El paso del tiempo corroboró el sentido de los objetivos planteados, desde un rol terapéutico y comunicacional, para lograr no solo la interacción con los pacientes, sino también discutir la estigmatización social que ha pesado sobre los internos, producto de la inclusión de las voces de quienes habían sido excluidos socialmente. Cuando los conductores del programa pidieron a los internos que le pongan un nombre a su columna o espacio, ellos eligieron más de 40 posibles nombres -entre ellos el que propuso Jorge Osvaldo Garcés: “La Colifata”- que por cierto era el único que hacía alusión a la locura, pero los internos propusieron que sean los oyentes los que voten el nombre que mas les gustaba, y la votación decantó por la denominación que ya todos conocemos.

La aceptación del nombramiento no fue algo menor, ya que La Colifata, en ese punto de encuentro entre la comunidad y los pacientes, terminó por dar una respuesta a ese lugar de asignación que viene de aquellos que se encuentran al otro lado del muro social, que en tal sentido el nombre aludiera a la locura fue un modo de aceptar ese lugar de asignación por parte de la sociedad para desde allí cuestionarlo, interperarlo, debatirlo. Como bien lo expresó Olivera “La Colifata como significante propone un giro humorístico, apuntando a – en principio – desdramatizar el problema sin negarlo, admitiendo un punto de contacto diferente desde donde se pueda generar un fenómeno de empatía social, entendiendo a la misma como “capacidad para llegar a la compenetración emotiva con otros seres” Finalmente trabajamos desde ese lugar asignado socialmente, pero operando un pequeño corrimiento. El proyecto Colifata lo que hace es instalar una pregunta allí donde hay una certeza. La certeza es loco=peligroso, loco=genio, loco=insensato permanente, por lo tanto hay que apartarlo. Colifata es… Que es? Loco= Que? Así empieza a circular toda otra serie de posibles nuevas significaciones respecto al problema. Vamos generando y promoviendo una gran construcción colectiva de nuevas representaciones que cuestionen estos mitos. El camino propuesto es ir hacia el mito para luego de-construirlo en una tarea de todos.  De-construcción participante y participativa. La radio no solo como emisión sino sobre todo como lugar de “escucha”, como una oportunidad para la “escucha” de la pregunta que habla. La radio no sólo como lugar de “palabra”, la radio como “silencio” también que permite que el cuerpo social hable. Se trata de que los pacientes ejerzan libremente el derecho a la expresión, recuperando un auditorio, la dimensión humana del otro de la cultura. Justamente, la posibilidad de estar sujetos a ella re-inscribiendo en lo social su figura, provocando una nueva mirada o, al menos, cuestionando a aquella detenida cristalización de sentido”.

El formato de la programación en vivo -sentados en círculo pacientes, organizadores y visitantes- habilita la escucha atenta y la calibración consciente de cada palabra que se pronuncia, todo se mide al momento de expresar algo, pero los colifatos parecen hacerlo de otro modo, si bien siguen una estructura propia de una programación radiofónica -un trabajo descomunal de Analía  Valotta, con asistencia de Alejandro Gunkel en los controles- la sensación que queda en el aire es que dan rienda suelta a una forma de expresión muy genuina que parece asomarse desde un plano del que apenas -los que estamos “del otro lado”- podemos imaginar en cuanto a su lógica y originalidad, no carente de un espíritu artístico que asocia permanentemente el entendimiento de un tiempo y un espacio ligados profundamente al concepto de experiencia, tal como lo suscribió el filósofo Walter Benjamin (experiencia como algo que te trasciende, que te modifica, que no te deja indiferente).

Hubo momentos (de esos que el poeta Cesare Pavese imaginó en boca de Mnemosine, cuando le pregunta a Hesíodo si no podía imaginarse una existencia solo hecha de instantes que vuelven repentinamente felices a las personas), en que esa cuerda de locos parecía ser tomada por todos al mismo tiempo, entre el colifato que hablaba y los colifatos y colifatas que escuchaban, como cuando el rapero de nombre Leandro, mirando el pasto, improvisó su canto con rima rindiendo tributo a un antiguo compañero, es allí que un anciano que estaba sentado a mi lado con la remera de la Colifata, me comentó que en ese círculo donde estaba sentado el cantante fueron depositadas una parte de las cenizas del mítico Ever Beltrán, conocido por su sección “Momento Boliviano”, un clásico de los primeros tiempos de La Colifata, ahí entendí el porqué de esa mirada clavada en el pasto, mientras ponía un cigarrillo en el suelo y le cantaba al Gran Ever sin levantar la vista al público, en recuerdo de aquel que transmitía desde el techo de la radio porque planeaba regresar a Bolivia en un helicóptero equipado con un tocadiscos Winco. Basta leer la historia de La Colifata contada por Alfredo Olivera para saber que el primer impulso que tuvo para hacer el proyecto de radio lo había recibido precisamente de Ever, quien consideraba que la música era fundamental si se quería concretar el sueño de volar. A este cronista lo llamaban “el corresponsal del cielo”, y a metros del escenario donde se encuentra la radio, una estatua realizada en su honor deja en evidencia el cariño que todos los colifatos sienten.

Me sorprendió que todos vinieran a saludarnos, otorgando un valor a la presencia de quien simplemente se acerca a escuchar, pero que termina involucrado en el intercambio de mensajes, pensamientos e historias de vida. Involuntariamente terminé siendo partícipe de ese momento en que las palabras buscan asociar alguna idea que deje resonancias y que provoque motivos para una conversación. También noté que algunos testimonios visibilizaban una problemática, de la que son plenamente conscientes. El programa finalizó con una lectura de poemas por parte de “El Beat”, uno de los pacientes más antiguos que participa de La Colifata, con un manejo correcto del tiempo y de las pausas para intercalar la música. A la salida, me encontré con el mítico Citroen de La Colifata, en donde uno de los cronistas, de nombre Julio, me contó que se subían 4 personas (soportando la capacidad máxima de este pequeño vehículo) con una grabadora para salir a buscar notas a la calle, y lo increíble es que salían sin una planificación previa, si en algún momento del recorrido veían algo que les hacía creer que podían hacer una nota, simplemente paraban el auto, se bajaban y encaraban a los transeúntes para hacerles preguntas que después terminaban editando cuando volvían. El auto -intervenido artísticamente por el pintor Milo Lockett- sigue en funcionamiento y su historia es digna de una película, ya que hace unos años, luego de que el abandono lo deterioró hasta no arrancar, los colifatos tuvieron que debatir qué hacer con el Citroen y las opciones habían sido recuperarlo para volver a salir a las calles, convertirlo en instalación artística, que sirviese como auto para escuela de manejo o… prenderlo fuego, por suerte fue la primera opción la que terminó prevaleciendo, y con la ayuda de otras radios se inició una campaña que permitió que este auto de corresponsales periodistas pudiera volver a la calle.

Aún a días de haber estado, sigo procesando el impacto de la experiencia, difícilmente como bibliotecario pueda entender el alcance de nuestra profesión en un medio de comunicación que conserva y archiva sus propios contenidos, con un tema tan sensible como lo es la salud mental.

Muchos de los que allí están todavía no pueden decidir de qué lado del muro quieren vivir sus vidas, porque necesitan esa contención y esa ayuda, y muchos otros, los externalizados, van y vuelven para colaborar, porque estar les significó un avance único en sus vidas. Y luego estamos nosotros, que podemos entrar por unas horas, y que nos preguntamos -me lo pregunto con mucho cuidado- si desde nuestros trabajos podemos aportar una idea que les permita a los colifatos transitar sus creativas vidas hacia un mundo mucho más ameno.

Muchas gracias a Analía y a los colifatos que compartieron sus historias aquella tarde.

Fuentes consultadas:

Radio La Colifata:

https://lacolifata.com.ar/

Historia:

https://lacolifata.com.ar/historia-reconocimientos/