Espacio que pretende resguardar voces, experiencias y conocimientos desde el rol
social del bibliotecario. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural
intangible conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas, semblanzas,
historias de vida. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

sábado, 11 de abril de 2026

Una visita a la Radio La Colifata

El sábado 4 de abril estuve en el Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial José Tiburcio Borda, para presenciar por primera vez la programación en vivo de la radio La Colifata, aquella increíble iniciativa que lleva adelante desde hace 35 años el psicólogo Alfredo Olivera -actualmente en Francia con un proyecto similar- junto a un grupo de profesionales integrados por psicólogos, trabajadores sociales, musicoterapeutas y periodistas, cuyos integrantes continúan adelante con la dirección general y estratégica del proyecto.

Creada el 3 de agosto de 1991 por el reconocido profesional de la salud mental, se constituye como la primera radio en el mundo en transmitir desde un hospital neuropsiquiátrico. El paso del tiempo corroboró el sentido de los objetivos planteados, desde un rol terapéutico y comunicacional, para lograr no solo la interacción con los pacientes, sino también discutir la estigmatización social que ha pesado sobre los internos, producto de la inclusión de las voces de quienes habían sido excluidos socialmente. Cuando los conductores del programa pidieron a los internos que le pongan un nombre a su columna o espacio, ellos eligieron más de 40 posibles nombres -entre ellos el que propuso Jorge Osvaldo Garcés: “La Colifata”- que por cierto era el único que hacía alusión a la locura, pero los internos propusieron que sean los oyentes los que voten el nombre que mas les gustaba, y la votación decantó por la denominación que ya todos conocemos.

La aceptación del nombramiento no fue algo menor, ya que La Colifata, en ese punto de encuentro entre la comunidad y los pacientes, terminó por dar una respuesta a ese lugar de asignación que viene de aquellos que se encuentran al otro lado del muro social, que en tal sentido el nombre aludiera a la locura fue un modo de aceptar ese lugar de asignación por parte de la sociedad para desde allí cuestionarlo, interperarlo, debatirlo. Como bien lo expresó Olivera “La Colifata como significante propone un giro humorístico, apuntando a – en principio – desdramatizar el problema sin negarlo, admitiendo un punto de contacto diferente desde donde se pueda generar un fenómeno de empatía social, entendiendo a la misma como “capacidad para llegar a la compenetración emotiva con otros seres” Finalmente trabajamos desde ese lugar asignado socialmente, pero operando un pequeño corrimiento. El proyecto Colifata lo que hace es instalar una pregunta allí donde hay una certeza. La certeza es loco=peligroso, loco=genio, loco=insensato permanente, por lo tanto hay que apartarlo. Colifata es… Que es? Loco= Que? Así empieza a circular toda otra serie de posibles nuevas significaciones respecto al problema. Vamos generando y promoviendo una gran construcción colectiva de nuevas representaciones que cuestionen estos mitos. El camino propuesto es ir hacia el mito para luego de-construirlo en una tarea de todos.  De-construcción participante y participativa. La radio no solo como emisión sino sobre todo como lugar de “escucha”, como una oportunidad para la “escucha” de la pregunta que habla. La radio no sólo como lugar de “palabra”, la radio como “silencio” también que permite que el cuerpo social hable. Se trata de que los pacientes ejerzan libremente el derecho a la expresión, recuperando un auditorio, la dimensión humana del otro de la cultura. Justamente, la posibilidad de estar sujetos a ella re-inscribiendo en lo social su figura, provocando una nueva mirada o, al menos, cuestionando a aquella detenida cristalización de sentido”.

El formato de la programación en vivo -sentados en círculo pacientes, organizadores y visitantes- habilita la escucha atenta y la calibración consciente de cada palabra que se pronuncia, todo se mide al momento de expresar algo, pero los colifatos no, si bien siguen una estructura propia de una programación radiofónica -un trabajo descomunal de Analía  Valotta- la sensación que queda en el aire es que dan rienda suelta a una forma de expresión muy genuina que parece asormarse desde un plano del que apenas -los que estamos “del otro lado”- podemos imaginar en cuanto a su lógica y originalidad, no carente de un espíritu artístico que asocia permanentemente el entendimiento de un tiempo y un espacio ligados profundamente al concepto de experiencia, tal como lo suscribió el filósofo Walter Benjamin (experiencia como algo que te trasciende, que te modifica, que no te deja indiferente).

Hubo momentos (de esos que el poeta Cesare Pavese imaginó en boca de Mnemosine, cuando le pregunta a Hesíodo si no podía imaginarse una existencia solo hecha de instantes que vuelven repentinamente felices a las personas), en que esa cuerda de locos parecía ser tomada por todos al mismo tiempo, entre el colifato que hablaba y los colifatos y colifatas que escuchaban, como cuando el rapero de nombre Leandro, mirando el pasto, improvisó su canto con rima rindiendo tributo a un antiguo compañero, es allí que un anciano que estaba sentado a mi lado con la remera de la Colifata, me comentó que en ese círculo donde estaba sentado el cantante fueron depositadas una parte de las cenizas del mítico Ever Beltrán, conocido por su sección “Momento Boliviano”, un clásico de los primeros tiempos de La Colifata, ahí entendí el porqué de esa mirada clavada en el pasto, mientras ponía un cigarrillo en el suelo y le cantaba al Gran Ever sin levantar la vista al público, en recuerdo de aquel que transmitía desde el techo de la radio porque planeaba regresar a Bolivia en un helicóptero equipado con un tocadiscos Winco. Basta leer la historia de La Colifata contada por Alfredo Olivera para saber que el primer impulso que tuvo para hacer el proyecto de radio lo había recibido precisamente de Ever, quien consideraba que la música era fundamental si se quería concretar el sueño de volar. A este cronista lo llamaban “el corresponsal del cielo”, y a metros del escenario donde se encuentra la radio, una estatua realizada en su honor deja en evidencia el cariño que todos los colifatos sienten.

Me sorprendió que todos vinieran a saludarnos, otorgando un valor a la presencia de quien simplemente se acerca a escuchar, pero que termina involucrado en el intercambio de mensajes, pensamientos e historias de vida. Involuntariamente terminé siendo partícipe de ese momento en que las palabras buscan asociar alguna idea que deje resonancias y que provoque motivos para una conversación. También noté que algunos testimonios visibilizaban una problemática, de la que son plenamente concienstes. El programa finalizó con una lectura de poemas por parte de “El Beat”, uno de los pacientes más antiguos que participa de La Colifata, con un manejo correcto del tiempo y de las pausas para intercalar la música. A la salida, me encontré con el mítico Citroen de La Colifata, en donde uno de los cronistas, de nombre Julio, me contó que se subían 4 personas (soportando la capacidad máxima de este pequeño vehículo) con una grabadora para salir a buscar notas a la calle, y lo increíble es que salían sin una planificación previa, si en algún momento del recorrido veían algo que les hacía creer que podían hacer una nota, simplemente paraban el auto, se bajaban y encaraban a los transeúntes para hacerles preguntas que después terminaban editando cuando volvían. El auto -intervenido artísticamente por el pintor Milo Lockett- sigue en funcionamiento y su historia es digna de una película, ya que hace unos años, luego de que el abandono lo deterioró hasta no arrancar, los colifatos tuvieron que debatir qué hacer con el Citroen y las opciones habían sido recuperarlo para volver a salir a las calles, convertirlo en instalación artística, que sirviese como auto para escuela de manejo o… prenderlo fuego, por suerte fue la primera opción la que terminó prevaleciendo, y con la ayuda de otras radios se inició una campaña que permitió que este auto de corresponsales periodistas pudiera volver a la calle.

Aún a días de haber estado, sigo procesando el impacto de la experiencia, difícilmente como bibliotecario pueda entender el alcance de nuestra profesión en un medio de comunicación que conserva y archiva sus propios contenidos, con un tema tan sensible como lo es la salud mental.

Muchos de los que allí están todavía no pueden decidir de qué lado del muro quieren vivir sus vidas, porque necesitan esa contención y esa ayuda, y muchos otros, los externalizados, van y vuelven para colaborar, porque estar les significó un avance único en sus vidas. Y luego estamos nosotros, que podemos entrar por unas horas, y que nos preguntamos -me lo pregunto con mucho cuidado- si desde nuestros trabajos podemos aportar una idea que les permita a los colifatos transitar sus creativas vidas hacia un mundo mucho más ameno.

Muchas gracias a Analía y a los colifatos que compartieron sus historias aquella tarde.

Fuentes consultadas:

Radio La Colifata:

https://lacolifata.com.ar/

Historia:

https://lacolifata.com.ar/historia-reconocimientos/

martes, 24 de marzo de 2026

50° aniversario de la Dictadura Cívico Militar



En este 50° aniversario de la Dictadura Cívico Militar que nuevamente nos convoca, es inevitable seguir reclamando Justicia, Verdad y Memoria, para que la cifra de los desaparecidos deje de postularse, para que podamos hacer las paces con el pasado sin olvidar ni cubrir su silencio.

Cada uno en su conciencia transita un camino, hace lo que puede, cumple con su tarea, apuesta una vez más por la educación, trata de argumentar por qué, en un Estado, es importante defender la salud pública, por qué es importante otorgar derechos a los trabajadores, por qué es importante cultivar el conocimiento y apoyar la investigación, por qué es importante el arte, sea cual fuere el plano que habita, por qué son importantes las bibliotecas, los archivos, los centros de documentación, de alguna manera sostener esa discusión es cuidar ese lugar donde los que no están esperan ser nombrados.

Como escribió Gelman en ese mismo libro donde cito su poema “tenemos hambre del secreto donde el dolor es de madera y se echa al fuego”. Lo que buena parte de la sociedad pretende es saber qué ocurrió, para que cada uno pueda reparar su historia, el destino que no fue, el viento que sale de cada carta, de cada foto, de cada recuerdo.

Sin Estado presente no garantizamos ese día, aún ahora, 50 años después del tiempo más oscuro de nuestra historia como país, corregir las consecuencias de ese dolor es algo a lo que no podemos renunciar.

Por todo aquello que sigue valiendo la pena intentar.

miércoles, 4 de marzo de 2026

El impacto de la lectura en el pueblo Kankuamo


El pueblo kankuamo representa, junto a los Kogui, Arhuacos y Wiwas, uno de los cuatro grupos indígenas que habitan la Sierra Nevada de Santa Marta, en el norte de Colombia, allí la lectura es un ejercicio que va más allá del entendimiento de las palabras escritas. Se trata, en algún punto, de un cruce de caminos entre las “dos educaciones”, tal como fue conceptualizado en algún momento por los referentes comunitarios del Centro Daviaxaiqui de Derqui (provincia de Buenos Aires), esto es, la educación familiar indígena y la educación escolar. En el caso de la cultura kankuama (aquellos guardianes que equilibran el mundo), la lectura refiere a la comprensión de un espacio vital en sincronía con la espiritualidad indígena y el conocimiento del territorio, una forma de discernimiento que tiene arraigo en el entendimiento endógeno de la cultura, que habilita la interacción con respecto al concepto de identidad cultural.

Mucho se ha hablado, dentro y fuera de la comunidad, de lo que representa la Biblioteca Pública Kankuaka, un espacio social y educativo ubicado en la comunidad de Atánquez, dentro del Resguardo Indígena Kankuamo, en la ladera sur de la Sierra, desde donde se guarda “el código de la memoria” vinculado profundamente con la pervivencia cultural. Entre los caminos recorridos por los referentes de la biblioteca, se destaca la creación de la Red de Bibliotecas del Pueblo Indígena Kankuamo, constituido oficialmente a través de las autoridades del Cabildo Indígena del Resguardo Kankuamo, por intermedio del Consejo General de Mayores, mediante la Resolución No. 1 publicada el 24 de octubre de 2025. Esta decisión responde a los mandatos del Quinto Congreso del Pueblo Kankuamo, organizado en diciembre de 2022, que reafirma el compromiso colectivo con la protección, preservación y proyección de la memoria histórica, cultural y ancestral del pueblo originario.

La Red de Bibliotecas nace como un sistema comunitario y territorial orientado a salvaguardar el conocimiento propio, fortalecer la oralidad, la lectura y la escritura en lengua kankuama y en español, y garantizar el acceso comunitario a libros, documentos y nuevas tecnologías. Su funcionamiento se articula con el Centro de la Memoria y Documentación Histórica, el Modelo Educativo Propio (Maku Jogúki), la Comisión de Comunicaciones y la Comisión de Educación Propia y Cultura, teniendo como nodo central a la Biblioteca Pública Kankuaka.

El pensamiento puro de los mamos

Resulta valioso el cruce de caminos entre el conocimiento oral de los mamos (autoridades espirituales que se preparan toda una vida aprendiendo a escuchar a la naturaleza, heredando el silencio de la tierra) y las nuevas tecnologías, en donde los jóvenes de la comunidad participan con escrituras de textos, utilización de micrófonos, grabadoras y cámaras, para recuperar en otros formatos los rituales y conocimientos del patrimonio intangible de la comunidad, resguardado en la memoria de los sabios indígenas. El trabajo tiene sentido si se presta atención al entendimiento ritual del origen de las cosas, tal como lo conciben los mamos, vinculado con la concepción del pensamiento puro, como una energía preexistente a la creación del universo.

En este territorio, la lectura implica un intercambio intergeneracional orientado a preservar la música, los saberes medicinales, los oficios tradicionales, todos elementos propios de un concepto de cultura interpelado por el saber de las personas, en donde resulta interesante analizar la asociación de esta casa de las palabras con lo que representa, desde una perspectiva de carácter comunitario, el sentido de una maloka, espacio donde la palabra cobra una relevancia de carácter ceremonial.

Es esencial para un mamo la escucha atenta y el traspaso de conocimiento, en un contexto en el que muchos jóvenes se encuentran apartados de la cultura ya sea por sentimientos de vergüenza o desinterés en el uso de prendas tradicionales, así como expresiones artísticas autóctonas que se van perdiendo al paso del tiempo. Esta situación repercute directamente en la lengua materna, en donde cada vez resulta más difícil encontrar hablantes puros por fuera de las zonas rurales donde están asentadas la mayor parte de las comunidades, una problemática que evidencia las dificultades de aprender un idioma que no tiene relación alguna con la lengua castellana.

Se trata de una lucha que hace tiempo lleva adelante la biblioteca, prácticamente desde su fundación en 2013, con la intención de asociar la lengua como parte esencial de la identidad kankuama, en donde también se resalta la función “psicocultural y emocional” producto de los conflictos armados en el país durante las últimas décadas del siglo XX y las primeras del XXI, en donde se registraron permanentes persecuciones y asesinatos en interminables guerrillas, con presencia de paramilitares, narcotraficantes y el Ejército, situación que aún persiste, incluyendo el interés económico de empresas multinacionales en las tierras y en los recursos geológicos.

Aprender en el hacer

Es por eso que cobra mucho valor el trabajo que lleva adelante la biblioteca desde el año 2015, cuando inauguraron un laboratorio creativo que, bajo la concepción “aprender en el hacer”, han logrado recuperar conocimientos y destrezas cultivados por sus mayores, se trata de una metodología que permite motivar la lectura del territorio. En dicho espacio se aprenden recetas de cocina tradicional, se conversa en fogones recreando historias guardadas en las memorias colectivas, y se realizan trabajos de animación con técnicas de stop motion, utilizando las historias relatadas por los abuelos y abuelas. También se incluye el conocimiento de los tejidos con diseños gráficos y serigrafía para comprender no solo su aspecto estético sino especialmente su funcionamiento y uso dentro de las comunidades.

Lo que se aprecia es un trabajo de documentación que recupera el conocimiento de los mamos a través de nuevas tecnologías, con participación de los jóvenes, quienes de esta manera registran información relacionada con petroglifos, calendarios de cosecha, ciclos de los ríos y datos de antiguas terrazas agrícolas como tecnologías de siembra, un verdadero archivo vivo del territorio, que requiere el espacio de la biblioteca para debatir discusiones públicas y fomentar el pensamiento crítico sobre el alcance de la cultura en la salvaguarda del territorio kankuamo.

Fuente consultada:

Biblioteca Pública Kankuaka (sitio Web). https://bibliotecakankuaka.org/   

Ortíz, Andrés. El País. (2026). La biblioteca comunitaria que preserva la memoria indígena en la Sierra Nevada de Santa Marta. Disponible en: https://elpais.com/america-colombia/2026-02-01/la-biblioteca-comunitaria-que-preserva-la-memoria-indigena-en-la-sierra-nevada-de-santa-marta.html?ssm=TH_CM&utm_source=th&utm_medium=social

Comunicación PIL. Cabildo Indígena del Resguardo Kamkuamo (2022). Declaración Ancestral del V Congreso del Pueblo Indígena Kankuamo. Disponible en: https://cabildokankuamo.org/declaracion-ancestral-del-v-congreso-del-pueblo-indigena-kankuamo/

Kanduruma Lab. Aprender en el hacer. Biblioteca Kankuaka. Disponible en: https://bibliotecakankuaka.org/project/kandurumalab/

Versión para El Orejiverde:

https://www.elorejiverde.com/el-don-de-la-palabra/7050-el-impacto-de-la-lectura-en-el-pueblo-kankuamo

jueves, 5 de febrero de 2026

El invisible testimonio


Un libro.

A horas de ser triturado junto a otros libros de una biblioteca universitaria.

Ocurrió hace años, las circunstancias del contexto son menores, tanto como sus personajes, lo que hice fue separar un libro que estaba destinado a un expurgo, donde simplemente iba a ser transformado en papel picado, la decisión me hizo acordar a un cuento sufí, “Las estrellas de mar”, en donde un escritor observó como un muchacho dedicaba su día a recoger estrellas de mar de la orilla para lanzarlas al agua otra vez, aquel hombre le había preguntado al joven que estaba haciendo y este le contestó:

"recojo las estrellas de mar que han quedado varadas y las devuelvo al mar; la marea ha bajado demasiado y muchas morirán".

Dijo entonces el escritor." Pero esto que haces no tiene sentido, primero es su destino, morirán y serán alimento para otros animales y además hay miles de estrellas en esta playa, nunca tendrás tiempo de salvarlas a todas".

El joven miró fijamente al escritor, cogió una estrella de mar de la arena, la lanzó con fuerza por encima de las olas y exclamó " para ésta... sí tiene sentido".

Después sabemos por el cuento que, al otro día, el escritor corrió a la playa, buscó al joven y le ayudó a salvar estrellas.

Este libro fue una de esas estrellas.

Al día siguiente, con la arbitrariedad del expurgo ejecutada, y luego de saber que lo que tenía en manos era el único objeto que sobrevivió a esa decisión tan poco comprensible –una eliminación de documentos para favorecer “el reciclado” y el problema del “espacio”- dediqué un tiempo a examinarlo. El libro está cubierto con un cartón artesanal, como si fuera prensado con hojas de árboles, incluye un texto vertical del lado izquierdo y una especie de tela sellada desde donde se resalta en forma opaca unos símbolos pintados de blanco, como si fuera estampado con cal, y luego tres solapas con sus dobleces que parecen guardar las palabras mientras se corre el telón para iniciar la lectura, la primera de esas solapas en un tono color pastel, similar a una hoja de calcar, la segunda solapa del mismo color amarronado que la cubierta de cartón, y finalmente una última solapa con una guarda acaso anaranjada, que prologa el silencio y la incertidumbre del objeto.

Buena parte del libro está escrito en ideogramas chinos, parece destinado a la lectura y al asombro. Las hojas son de excelente calidad, dejan entrever distintas caligrafías e imágenes, con delicadas impresiones, con pinturas trazadas en otras épocas, de un tiempo que parece quedarse asociado a églogas serenas acaso anacrónicas o profundas meditaciones en entornos rurales, historias que la tradición oral supo conservar.

Luego supe que ese objeto era parte de una colección digital de libros raros chinos, que albergó la División Asiática de la Biblioteca del Congreso, aproximadamente unos 5300 títulos, de los cuales se digitalizaron cerca de 2000. Se define en este caso como libro raro aquellos documentos impresos y manuscritos encuadernados en idioma chino producidos antes de 1796. Algunos de esos libros datan de los siglos XI o XII, buena parte de la colección reúne libros impresos, manuscritos, sutras budistas (discursos, enseñanzas y preceptos atribuidos a Siddhartha Gautama), obras con imágenes pintadas a mano, diccionarios geográficos locales y mapas antiguos. Se dice que estos materiales abarcan una amplia gama de disciplinas, entre ellas la historia, la geografía, la filosofía y la literatura. La mayoría son ediciones de la dinastía Ming (1368-1644) y principios de la dinastía Qing (1644-1795), mientras que casi 30 títulos son ediciones de la dinastía Song (960-1279) y la dinastía Yuan (1279-1368).

Con respecto a la colección, la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos digitalizó estos libros raros chinos en colaboración con la Biblioteca Nacional Central de Taiwán, en reconocimiento al valor de la colección como recurso fundamental para el estudio de la China premoderna, que incluye la historia local, la geografía, la política, la vida social y económica, la educación, la agricultura y la biología.

Aquella mañana que decidí guardarlo en mi mochila, me quedé pensando en los procesos de producción de un libro, desde que es concebido en manuscritos hasta que es enviado a una imprenta, cuando al otro día observé cómo un conjunto de 500 libros muy similares al que separé fueron puestos en una bolsa para ser enviados a una trituradora, la sensación de pérdida habilitaba un puente semántico entre quienes no pudieron leer esos manuscritos, y quienes, como yo, no podían entender esos símbolos cargados de significado. Mi no entendimiento del idioma me igualaba en esa noción de pérdida con la posibilidad de una lectura que invisibles lectores no tuvieron.

Y es que también esos actos trazan una línea que separa a los bibliotecarios comprometidos con la vocación, de aquellos que prefieren hacer de cuenta que esas acciones no tienen relación alguna con el sentido ético del quehacer profesional.

La disciplina habilita estas discusiones, muchas veces subyace una lógica cuya implementación puede agregar líneas reflexivas y críticas al plano de la biblioclastía, y probablemente la ausencia de recursos impide destinar un tiempo para evaluar la colección, en donde sea posible seleccionar algunos títulos que eventualmente puedan formar parte de bibliotecas insertas en comunidades asiáticas de inmigrantes. Entiendo que organizar ese criterio requiere personas con dominio del idioma, y con conocimiento de la demanda de información que pueda manifestarse en este tipo de colectivos. El criterio requiere trabajo, investigación, organización. El expurgo no. Cuando un edificio se construye pasan años, demolerlo lleva minutos.

Lo que se pierde es la significatividad que pueda tener un documento de este tipo para quien comprenda sus símbolos.

Como lo dijo Borges:

Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica. "La rosa es sin porqué", dijo Ángelus Silesius; siglos después, Whistler declararía "El arte sucede".

Ojalá seas el lector que este libro aguardaba.

No soy el destinatario de esa lectura, acaso solo el testigo de unas cuantas cosas sin resolver, pero aquel día devolví una estrella por encima de las olas.

Sitio consultado:

Library of Congress. Collection Chinese Rare Book Digital Collection. Disponible en: https://www.loc.gov/collections/chinese-rare-books/about-this-collection/

sábado, 27 de diciembre de 2025

La imprescindible resistencia

Un año más que se termina, en medio de un desasosiego que no permite dimensionar el rumbo en el que nos estamos dejando llevar como país, en ocasiones con mansedumbre, hacia una incógnita disfrazada de un entendimiento vinculado con la apropiación del concepto de libertad, donde muchos ciudadanos y ciudadanas quedan afuera, pero sabiendo que la palabra resistencia seguirá incorporando otros matices, otra hondura. Es entonces cuando contemplo los ejemplos que permiten encontrar un modo de reparar y corregir lo que está ocurriendo, más allá del trabajo de los profesionales de la información, de toda la gente ligada a la cultura social de este país, del trabajador de a pie que intenta hacer bien su trabajo, de los médicos que cumplen con algo más que una jornada laboral, de los que investigan, de los que siguen haciendo arte en medio del desprecio y la banalidad, solo por nombrar unos pocos casos.

Me quedo con dos instancias, una simbólica, efectiva, ofrecida desde el conocimiento producto del estudio y el esfuerzo, la otra, por su permanente ejemplo de construcción comunitaria. La primera de ellas pertenece a los biólogos marinos del CONICET, la segunda a los paisanos de Punta Querandí.

Pasaron unos meses de ocurrida la campaña de exploración al cañón submarino Mar del Plata, por parte de unos investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, logrando algo inusitado, pero que aun así se espera de buena parte de la sociedad: que la ciencia tenga impacto positivo y permita visibilizar la importancia que habilita el estudio y la investigación en un país que siempre se ha destacado por el recurso humano. Vale reiterar que el tipo de respuesta que esos científicos llevaron adelante, en este contexto de crisis política y social que se vive en Argentina, ha sido ni más ni menos que desde el conocimiento, el motivo real por el cual las personas desarrollan sus vocaciones, otorgando tiempo y esfuerzos por mostrar a la ciudadanía el aporte que impacta en las vidas de las personas cuando se realizan en forma ética y comprometida desde el área de la ciencia y la tecnología. 

Se sabe que en esa campaña realizada en una región de alta biodiversidad y poco explorada del Atlántico sur, participaron científicos del IBIOMAR (Instituto de Biología de Organismos Marinos), quienes a bordo del buque oceanográfico Falkor (too) realizaron una campaña sin precedentes en la historia de la institución, generando un acercamiento afectivo con la población argentina, y cuyas intervenciones tuvieron una enorme y merecida repercusión en medios nacionales e internacionales, visibilizándose el trabajo colectivo desde el streaming realizado por los científicos a través de YouTube, con picos de audiencia que superó las 40 mil personas, verdaderamente todo un récord para el ámbito científico. Se pudo mostrar que no todo está perdido, que ahí tenemos una respuesta para entender que el mayor problema será siempre la ignorancia. Desde ese barco se construyó algo que no deberíamos olvidar, y cuando la sociedad acompañó esa grabación bajo el agua, a lo que estaba adhiriendo es a un sentido de pertenencia con la cultura argentina, porque ahí hay parte de nuestro ADN, el que nos hizo reconocidos en el mundo.

El otro ejemplo viene ocurriendo desde hace casi dos décadas, ya cuesta encontrar palabras ante tantas actividades vinculadas con la identidad de los pueblos originarios, en donde siempre surgen desde esos espacios las ideas más equilibradas, respetuosas, sustentables y sensibles con el medio ambiente y el desarrollo humano, en todas sus perspectivas, ya sea laborales, artísticas, ecológicas, en el que nada es posible sin el colectivo que participa y colabora, en el que nada es posible sin referentes éticos y con conocimiento. El territorio Punta Querandí ha ido desarrollando, desde el trabajo consecuente, un aporte infrecuente en nuestra sociedad, un sentido de pertenencia concebido desde lo pluriétnico y multicultural, recuperando un modo de entender lo comunitario, ancestral, sagrado y educativo, que no es otra cosa que una soberbia respuesta a todo este desfasaje que estamos viviendo como sociedad, una respuesta que indica que siempre es posible el crecimiento si va acompañado del vínculo empático con el entendimiento de la identidad, donde la diversidad cultural de los pueblos originarios es la mayor de las fortalezas.

Crecer desde lo que cada uno sabe, construir como antiguamente construyeron los indígenas que estuvieron antes de que los funcionarios públicos alambraran los territorios en nombre del Estado, Punta Querandí no solo recupera esa idea, sino que evoluciona hacia el conocimiento desde la educación. Se puede decir que el marco que permanentemente atraviesa este grupo de personas –con pertenencia a las culturas guaraní, kolla, qom y otras identidades– nos recuerda una frase del Chango Spasiuk vinculada con el contexto del arte, cuando dijo que siempre "la salida es colectiva", por la importancia que tiene la expresión artística y sociocultural en un espacio plural. Parafraseando unas palabras que expresó alguna vez Atahualpa Yupanqui "el arte es como una antorcha que usan los pueblos para ver la belleza en el camino", bien podríamos decir que la cultura es como una antorcha que día a día sostienen en las comunidades para fortalecer la identidad mientras avanzan en ese encrespado camino hacia la espiritualidad y la sabiduría.

Cada vez que siento que nos estamos perdiendo en medio de esta niebla, entro al sitio de Punta Querandí, y por un momento, algo parecido a la empatía lo cubre todo, esperando que ese ejemplo no solo continúe, sino que también se replique en otros espacios, difícilmente a un país le vaya mal si tenemos conciencia de lo que alguna vez fuimos. Como dijo hace un tiempo la cineasta Lucrecia Martel "La cultura es un intercambio simbólico que sirve para armar un destino común, para inventar un mundo”, se puede apreciar en Punta Querandí el alcance de este pensamiento, porque el intercambio simbólico es común a todos los días en ese enclave protegido por las familias de pueblos originarios, como cuando decenas de colegios atraviesan con los botes el ingreso a la comunidad, para interactuar con todos los espacios simbólicos que la resistencia de estas comunidades ha sabido recuperar, desde la Biblioteca hasta el Museo, desde el Opy hasta la Apacheta, desde la Maloka hasta el Horno de barro, todo es juntura que se expresa, todo es cultura que se comparte, todo es un destino que entrelaza, que nos hace mejores, y cuya labranza es validada, una vez más, desde el conocimiento, desde la identidad.

Vaya como expresión de deseo en estas celebraciones, que ese círculo siga en movimiento, para que nos acordemos en tiempos de incertidumbre, que la cultura ancestral no ha sido arrebatada, que es de las pocas cosas que nos podrán dar una esperanza, ese sentido de pertenencia por el cual muchos aún siguen cultivando un quehacer que viene desde el fondo de los tiempos, respetando el ciclo de la naturaleza, honrando el pasado, donde todo vuelve a empezar.

Como lo canta Silvio Rodríguez en una canción:

esos, son los imprescindibles.

Sitios consultados:

Fundación Atahualpa Yupanqui. Emoción en el folklore por lo que dijo Chango Spasiuk de Atahualpa Yupanqui.  https://www.atahualpayupanqui.org.ar/noticias-fay/emocion-en-el-folklore-por-lo-que-dijo-chango-spasiuk-de-atahualpa-yupanqui/  

IBIOMAR. Instituto de Biología de Organismos Marinos (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) https://ibiomar.conicet.gov.ar/

Punta Querandí. https://puntaquerandi.com/

domingo, 30 de noviembre de 2025

Kuril Dhagun, Centro de Conocimiento del Estrecho de Torres, Australia


La Biblioteca Estatal de Queensland –Estado de la federación australiana que ocupa la porción nororiental de la isla, integrando en su territorio la península de Cape York y el Estrecho de Torres– creó en el año 2006 el Kuril Dhagun que fue considerado el primer Centro de Conocimiento Indígena dentro de la Biblioteca, un espacio concebido para el aprendizaje y la conexión con la cultura, enfocados prioritariamente en las necesidades locales, con un fuerte vínculo en la tradición oral de las culturas aborígenes. En dicho contexto se destacan las exhibiciones, eventos y actividades para beneficio de la propia comunidad, además de contar con la posibilidad de consultar las colecciones bibliográficas, y documentos vinculados con la investigación genealógica de historias familiares.

Este espacio cuenta con un equipo aborigen e isleño del Estrecho de Torres, ubicado en una de las 274 islas que se extienden entre la península de Cape York y la isla de Nueva Guinea, con un porcentaje de población indígena que varía según la región, entre el 3% y casi el 77% entre la franja del Estrecho de Torres, donde la comunicación se realiza en dos idiomas (el Kala Lagaw Ya o lengua centro-occidental, y el Meriam Mir o lengua oriental) junto con el Creole derivado del inglés, llamado Brokan, que se utiliza regularmente en todas las islas. Se estima que las comunidades aborígenes están representadas por más de 250 grupos lingüísticos distintos, y que los indígenas australianos están emparentados con quienes ya habitaban Australia continental cuando Gran Bretaña comenzó a colonizar la isla en 1788. Según algunas investigaciones, se cree que en el pasado los pueblos originarios migraron al norte de Australia desde Asia en embarcaciones primitivas, con teorías que los identifica desde hace aproximadamente 70.000 años con migrantes de África, lo que los convertiría en la población humana más antigua que vive fuera del continente africano.

El nombre del centro cultural proviene del idioma Yuggera (o turrbal), lengua nativa de Brisbane: "kuril" se refiere a un marsupial nativo, similar a una rata acuática, y "dhagun" significa tierra, lugar o país, juntos representan el término "lugar del kuril". Si llevamos la noción de lenguaje a otro plano, podemos suponer que la experiencia que se desarrolla en Kuril Dhagun establece un significado alejado de las situaciones jerárquicas, que solo pueden coincidir con la práctica de la conversación circular, donde es común expresar verdades, compartir interrogantes y agregar conocimientos. El contexto del centro comunitario habilita reflexionar, en este punto, sobre el entendimiento de la conversación, el cruce de diálogos generado bajo un lugar común, que otorga posibilidades concretas para resolver problemas propios de la comunidad, así como la necesidad de proyectar ideas que repercutan en el desarrollo diario de los habitantes.

Cuando el escenario queda habilitado, como sucede en Kuril Dhagun (con el agregado de estar inserto dentro de un organismo estatal educativo), la posibilidad de generar enunciados y conceptos es indefinida. De este modo, una cultura determinada, puede enhebrar una construcción oral que determine los pliegos del propio conocimiento, en sincronía con los valores, creencias e idiosincrasias propias de la identidad cultural. Se genera de esta manera una idea de polifonía a través de la comunicación, en donde es posible que se produzca la eventualidad de descubrir colectivamente un código de entendimiento, un hilo que atraviesa la inquietud de una cultura, el complejo espacio que favorece un simple conjunto de conversaciones.

El fuego del Círculo Parlante

En cierto modo, Kuril Dhagun habilita una respuesta, a través de un acto que acompaña a los seres humanos desde la infancia de la humanidad, ni más ni menos que el encendido de un fuego que ha sido desde siempre un elemento central de la vida comunitaria: alrededor de él los comuneros se reúnen para tejer, compartir historias, conversar, incluso bailar y comer. Desde la perspectiva de la Biblioteca Estatal de Queensland, The Talking Circle representa una zona para sentarse al aire libre alrededor de una fogata, con vistas al río Brisbane, donde la gente simplemente se sienta en un círculo que garantiza que todos sean escuchados, fomentando la conexión y la conversación grupal, lo que implica un tipo de práctica que no suele ser frecuente en espacios públicos de estas características. Una actividad similar es Fire Pit (entendido como pozos de fuego donde la gente comparte charlas alrededor del mismo), en tal sentido se registran antecedentes en instituciones educativas de Canadá.

Además de este elemento, el Kuril Dhagun cuenta con espacios interactivos, con pantallas sensibles al tacto que permiten navegar en exhibiciones online, documentales, eventos especiales, exposiciones, foros y actividades. Incluye un amplio rango de conocimiento aborigen. Este concepto fue desarrollado a lo largo de tres años de consultas con indígenas locales, llegó a ser el primero de su tipo en las bibliotecas estatales australianas, abierto a toda la comunidad -indígenas y no indígenas- como signo de integración de la sociedad en su conjunto, para compartir un amplio rango de conocimiento indígena de Queensland, tanto tradicional como contemporáneo, en donde los ancianos tienen un rol preponderante. Cabe señalar que los espacios internos fueron diseñados tomando características propias de los campamentos nativos, como un modo de acercamiento a las prácticas comunitarias de los pueblos originarios.

Asimismo, la Biblioteca Estatal de Queensland, cuyo edificio se encuentra situado en la capital, Brisbane, a metros del río que lleva el mismo nombre (entre la Galería de Arte Moderno y el Museo Kurilpa del Centro Cultural Queensland), actúa como reservorio territorial y como coordinadora de la red de bibliotecas públicas del estado. Entre los numerosos servicios que propone al público se encuentran los Indigenous Library Services (Servicios Bibliotecarios Indígenas), desde donde se gestionan los denominados “Indigenous Knowledge Centres” (IKCs), Centros de Conocimiento Indígenas bajo los cuales Kuril Dhagun es un nodo coordinador, una serie de espacios orientados específicamente a la voluminosa población aborigen de Queensland. Se trata de una compleja red de bibliotecas que incluye colecciones en diferentes formatos y actividades a lo largo de todo el Estado de Queensland, dentro de las cuales se destacan manuscritos sobre mitos, leyendas, costumbres, música tradicional y antropología, así como mapas, fotografías, genealogías nativas (de mucho impacto en la consulta), y archivos tanto personales, como de misiones y reservas indígenas.

Además del Talking Circle, cuentan con talleres en donde se invita a los ciudadanos a profundizar sobre el significado cultural de los objetos que forman parte de la colección de las Primeras Naciones, donde se incluye información sobre los movimientos sociales por los derechos civiles y las libertades en Australia. En este contexto, resulta de mucho valor la creación de un “Taller del Día del Perdón”, un acto de reconciliación colectiva llevado adelante desde un encuentro coordinado por las autoridades, que fomenta la comprensión y ayuda para fortalecer las relaciones entre los pueblos aborígenes e isleños del Estrecho de Torres y los australianos no indígenas. Allí también cobran sentido las colecciones ubicadas en distintos niveles de la Biblioteca Estatal, complementadas con actividades interactivas, narraciones y debates reflexivos, se trata de una oportunidad para que los participantes exploren la historia y la importancia de la reconciliación, en especial el impacto que tuvo las “Generaciones Robadas” (una serie de políticas gubernamentales concebidas para asimilar a los aborígenes australianos, llevadas adelante entre 1910 y 1970, dejando como resultado que entre el 10 % y el 33 % de los niños aborígenes fueron arrebatados de sus hogares, para finalmente ser ubicados en familias e instituciones adoptivas, prohibiéndoles hablar sus lenguas maternas), lo que implica la necesidad de un camino continuo hacia la reparación histórica, la justicia y la igualdad.

De algún modo, esa propuesta educativa permite que las verdades cultivadas por los pueblos originarios, visualicen los andamiajes de un sistema del que históricamente fueron marginados, si se tienen en cuenta los duros enfrentamientos entre indígenas y colonizadores, desde que estas islas fueran visitadas aproximadamente desde el siglo XVIII por marinos holandeses, franceses y portugueses, con el posterior escenario de la colonización por parte de la corona británica. Puesto en perspectiva, no sorprende que la respuesta sea concebida, tiempo después, desde un espacio surcado por la educación, el aprendizaje y la cultura, valores que hacen de Kuril Dhagun un centro de conocimiento con un fuerte anclaje en la memoria y una oportunidad para debatir sobre la identidad de las comunidades ancestrales.

En este territorio, donde intento como bibliotecario interpelar el alcance de la intervención bibliotecológica en comunidades indígenas, infiero que Kuril Dhagun habilita una conjetura, cuyo origen tiene el más simple de los componentes, y a la vez el de un alcance imposible de medir, que es precisamente toda experiencia que tiene por propósito el escenario de una conversación. Esta incidencia permite concebir, como acto genuino, la importancia de los componentes identitarios que forman parte de un fondo oral, donde es representado el saber y el quehacer cotidiano de las familias indígenas. Estos registros los incluye de alguna manera en el tejido social de un país, y probablemente sea en la producción documental -una etapa a transitar que merece un profundo análisis- donde se encuentre una clave para avanzar en los entendimientos colectivos con relación a la noción de patrimonio, con todo lo que significa integrar sin segregar, convocar sin excluir, dinamizar el saber que siempre estuvo circulando entre las numerosas comunidades de esta nación insular.


Bibliografía y sitios consultados:

Amnesty International. (2022). “Understanding our shared history: 7 things you should know”. Disponible en: https://surl.li/kklaki (consultado 20/11/2025).

Civallero, E. (2008). “Bibliotecas indígenas en Australia y Nueva Zelanda: una revisión bibliográfica”. En Revista Interamericana de Bibliotecología, vol. 30, nº 2. Disponible en: https://revistas.udea.edu.co/index.php/RIB/issue/view/212 (consultado 28/11/2025).

Kuril Dhagun. State Library Queensland. [Sitio Web]: https://www.slq.qld.gov.au/visit/spaces/kuril-dhagun (consultado 20/11/2025).

National Library of Australia (1995). “Roundtable on Libraries and Archives Collections and Services of Relevance to Aboriginal and Torres Strait Islander People [electronic resource]: 4 May 1995, State Library of South Australia, Adelaide”. Disponible en: https://catalogue.nla.gov.au/catalog/1115627 (consultado 20/11/2025).

National Library of Australia. “Historia familiar”. Disponible en: https://www.library.gov.au/research/family-history (consultado 20/11/2025).

SLQ kuril dhagun [Facebook]. Disponible en: https://www.facebook.com/kurildhagun/ (consultado 27/11/2025).

State Library Queensland. "First Nations". Disponible en: https://www.slq.qld.gov.au/collections/first-nations (consultado 20/11/2025).

State Library Queensland. Indigenous voices webcasts. Disponible en: https://www.slq.qld.gov.au/discover/video/webcasts/indigenous-voices (consultado 20/11/2025).

State Library of Queensland. “State Library of Queensland resources. Aboriginal and Torres Strait Islander Languages. Resource guide”. Disponible en: https://www.qcaa.qld.edu.au/downloads/p_10/snr_atsi_languages_11_references_slq.pdf (consultado 23/11/2025).

Taylor, S. (2013). State Library of Queensland Indigenous Library Services: Overcoming Barriers and Building Bridges. Disponible en: https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/00048623.2003.10755248 (consultado 15/11/2025).

sábado, 25 de octubre de 2025

Jornada educativa del Departamento de Ciencia de la Información de la UNMDP

El 6 y 7 de noviembre de 2025 se llevará adelante en forma conjunta, desde el Departamento de Ciencia de la Información, perteneciente a la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata, la Sexta Jornada Interna de Investigación en Bibliotecología y la Segunda Jornada Interna de Docencia, Extensión, Vinculación y Transferencia en Bibliotecología, destinado a docentes, investigadores, estudiantes y graduados del Departamento de Ciencia de la Información, tanto en modalidad presencial como virtual.

En este caso, será un gusto muy grande participar del Espacio de Tesistas, bajo la organización del Departamento de Ciencia de la Información, cuyo propósito en este encuentro es ofrecer un recorrido por distintas etapas del proceso de tesina, a partir de las experiencias de egresados/as recientes de la Licenciatura en Bibliotecología y Documentación, donde sea posible compartir una serie de reflexiones, estrategias o aprendizajes generales que puedan resultar de utilidad para quienes presencien el evento.

En mi caso particular, compartiré una exposición que tendrá por título “Del trabajo final al artículo publicable: continuidad, colaboración y escritura científica”, cuyo eje estará vinculado a cómo seguir trabajando las ideas y compartirlas con la comunidad educativa, planteado desde la comunicación científica y la profesionalización académica.

Agradezco a las autoridades la invitación a este importante evento.

Se comparten las vías de comunicación y difusión:

https://www.instagram.com/ead.bibes.licad/p/DPWg8CnjX5K/

https://www.facebook.com/eadoficial/photos/sexta-jornada-interna-de-investigaci%C3%B3n-en-bibliotecolog%C3%ADasegunda-jornada-interna/1392444946218663/

Consultas e informes: jornadasbibliounmdp@gmail.com