Espacio que pretende resguardar voces, experiencias y conocimientos desde el rol
social del bibliotecario. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural
intangible conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas, semblanzas,
historias de vida. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

jueves, 7 de mayo de 2026

Audiencia Pública para la protección de los glaciares

Como ya es de público conocimiento, las audiencias públicas por el proyecto de ley en revisión por el cual se modifica la Ley 26.639, de presupuestos mínimos para la protección de los glaciares y del ambiente periglacial, concluyeron a fines de marzo de 2026, en donde se debatió sobre el alcance de una ley que inicialmente fue sancionada en el año 2010, propiciando en aquel contexto, el antecedente de haber sido la primera en el planeta en proteger a los glaciares, y la primera en Argentina en hacer referencia al cambio climático. Este hecho histórico generó la participación de más de 102.000 personas que se inscribieron para discutir su reforma en la Audiencia Pública. Pocas veces se hizo tan visible un compromiso público ciudadano por un recurso indispensable para la vida humana. Se sabe que, luego de esas instancias, en donde a pesar de los reclamos, la ley fue aprobada en el Senado, diversas organizaciones ambientalistas han presentado recursos de amparo para frenar la aplicación de la reforma de la Ley de Glaciares, pero lo que vale tener presente, es el grado de conciencia que impulsó a la sociedad para alzar voces a favor del medio ambiente y los recursos hídricos del país.

Los representantes de las Comisiones de Recursos Naturales y Asuntos Constitucionales de la Cámara de Diputados, restringieron la participación a unas 200 personas, que representaron apenas el 0,5% de quienes se inscribieron, traducidos en un total de 23 horas de exposiciones, aproximadamente 80 videos y más de 2600 ponencias. Lo que importa es desde qué lugar se posicionó cada uno para hacer valer sus derechos, esa memoria queda grabada para siempre, ese compromiso nos hace parte de una comunidad con un sentido de pertenencia, todo eso tiene que ver con nuestra idiosincrasia, con nuestra identidad como pueblo, con nuestros valores como ciudadanos.

De mi parte, fue un gusto haber podido enviar un texto para participar del debate público, incluido en el trámite legislativo correspondiente, es el que, con las mejores intenciones, comparto a continuación.

Estimados representantes de las Comisiones de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano y de Asuntos Constitucionales de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación

Agradezco la posibilidad de participar como ciudadano en esta Audiencia Pública por el tratamiento de Ley venido en revisión sobre la modificación del régimen de presupuestos mínimos para la protección de glaciares y del ambiente periglacial. Es muy probable, dada la cantidad de inscriptos, que los argumentos para modificar este proyecto de Ley incluyan, por parte de los ciudadanos, datos e información con énfasis en aspectos científicos, ambientales, ecológicos, jurídicos y políticos, entre otros. De mi parte creo necesario aportar una referencia sobre estos cuerpos de hielo en movimiento, que corresponde al contexto de la geología, ejemplos concretos con el ánimo de generar conciencia. Uno de ellos corresponde a un caso emblemático de los Andes Patagónicos, el del Lago Buenos Aires, que tiene una extensión de 2240 kilómetros cuadrados, ubicado en una región que simboliza uno de los mejores ejemplos mundiales de preservación de paisajes modelados por la acción de los hielos, se agrega en esta mención que las geoformas glaciares (accidentes geográficos moldeados por la erosión y el depósito de hielo), que rodean al lago Buenos Aires se encuentran entre las más antiguas conservadas en la superficie de la Tierra. Imaginemos por un momento la intervención humana para autorizar actividades mineras e hidrocarburíferas en zonas periglaciales similares, con intereses centrados en una minoría con base política y empresarial, sabiendo que intervenir sobre algo tan valioso como el agua resulta irreversible en cuanto al daño que puede provocar no solo a estas extensiones de hielo y a los ecosistemas circundantes, sino al devenir de las comunidades y la supervivencia de los seres vivos que forman parte de dicho escenario.

Otro dato que deberían considerar en la Cámara de Diputados, por más que corresponda o no con futuros proyectos mineros, es del Parque Nacional Los Glaciares, que como se sabe fue creado en el año 1937 con el objetivo de preservar, entre otras maravillas naturales situadas en esta región de los Andes Australes, una dilatada área ocupada por numerosos glaciares y escenarios naturales excepcionales, como el Campo de Hielo Patagónico Sur y el glaciar Perito Moreno. En 1971, a partir de la promulgación de la Ley N° 19.292, se establecieron los límites actuales y se formalizó la zonificación de Parque Nacional y Reserva Nacional, de tal forma que de los 6.000 kilómetros cuadrados de superficie total que abarca, una cuarta parte pertenece a la Reserva Nacional, mientras que el resto corresponde al Parque Nacional propiamente dicho. Los glaciares que se hallan dentro del parque, y que constituyen una de las razones primordiales de su existencia, cubren una superficie de 2.600 kilómetros cuadrados. 

Debido a la espectacular belleza de sus paisajes, el interés glaciológico, geológico y geomorfológico que despierta a escala nacional e internacional, y las características de las especies de fauna y flora que encuentran cobijo en su ámbito, algunas de ellas en peligro de extinción, en 1981 la UNESCO declaró a este lugar como Sitio de Patrimonio Mundial de la Humanidad (Malagnino, 2008). El Campo de Hielo Patagónico Sur configura un extenso conjunto de glaciares dentro del ámbito de los Andes Patagónicos de la provincia de Santa Cruz. De todos estos glaciares el que acapara la atención mundial es el glaciar Perito Moreno, pero no podemos dejar pasar por alto que aproximadamente un 30% de la región protegida se encuentra actualmente bajo la acción del hielo, y que tanto el Campo de Hielo Patagónico Sur, junto con el Campo de Hielo Patagónico Norte, es considerado una de las reservas de agua dulce más importante del planeta, luego de Antártida y Groenlandia. Es para tomar conciencia de lo que implicaría, en estos términos, incidir en los procesos naturales mediante proyectos mineros por el solo hecho de considerar "importante" por la autoridad de turno, ejecutar obras que podrían incrementar el riesgo hídrico en áreas que representan un patrimonio para la humanidad.

Por otra parte, el estudio de los avances y retrocesos de los glaciares a través del tiempo puede resultar de gran ayuda para reconstruir la historia de cambios climáticos a largo plazo, que pueden abarcar centurias o incluso milenios. Los cambios climáticos en zonas de volcanes han evidenciado, a través de capturas fotográficas, las desapariciones de casquetes de hielo en un lapso aproximado de 70 años, como ha ocurrido dentro del Glaciar Castaño Overo (Villarosa...et al., 2008), ubicado dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi, cerca de Bariloche, se trata de una masa de hielo que funciona como centro colectivo de alimentación para varios glaciares, con lo cual, la incidencia que habilita esta Ley puede perjudicar no solo el área de extracción sino también que alcanza al resto de los glaciares que dependen del recurso hídrico presente en los casquetes polares. Otro tema no menor, vinculado con recursos económicos genuinos, es el alcance que tienen los glaciares en cuanto valor paisajístico, multiplicidad de actividades recreativas y área de estudios científicos sobre cuestiones volcánicas, que inciden en el escenario turístico, lo que representa uno de los atractivos más valiosos de la región.

El futuro de nuestros ríos, glaciares y bosques depende de decisiones políticas, dentro de la Cámara de Diputados no pueden desconocer las posiciones de los biólogos, ecólogos y glaciólogos, por sentirse ustedes habilitados a interpretar qué es importante y qué no lo es, de un modo discrecional, sin carácter científico, ya que, en este escenario, decir que es relevante y que no lo es, no puede depender del arbitrio de una autoridad de turno sino del consenso mismo de las comunidades educativas y del pueblo en su conjunto, se trata de algo más que de entendimientos, se trata de saber cómo nos paramos desde un punto de vista ético en un mundo cruzado por intereses comerciales, en donde el agua pasa a ser una moneda de cambio, y lo que no se comprende es la consecuencia del mundo que dejarían si como ciudadanos dejamos que intervengan en una de las pocas regiones con recursos hídricos fundamentales en el mundo, no solo del país. 

Así también creo, que debería tenerse en cuenta qué fue lo que sucedió en el Hoyo, Puerto Patriada y Epuyén con los incendios forestales ocurridos en enero 2026, ya que cuando el interés es económico lo que se pierde es el valor de la diversidad geográfica, de los recursos, y de hacer más habitable el espacio que nos rodea. Así como alterar el proceso de la fotosíntesis de las plantas perjudica el mantenimiento de la vida en el planeta, así también el agua -la importancia de su cuidado- antecede como valor primigenio el sentido mismo de la supervivencia humana, cuyas decisiones sobre cualquier intervención ciudadana que modifique o altere su consumo, debe contar con la opinión de la ciudadanía en su conjunto. Si se avanza en esta Ley, el sentido de comunidad quedará deteriorado, tanto como el equilibrio biológico y ecológico, el alcance del daño será visible en el largo plazo, no es futurología, son datos que anticipan hechos.

Cualquier cosa que pensemos en relación con la naturaleza, se requiere que el agua no sea manipulada para beneficio de unos pocos, cuando las políticas intervienen sin establecer consensos con la ciudadanía, lo que se observa es el riesgo de un progresivo deterioro del medio ambiente, a cuyos ambientalistas el actual presidente agrede sin detenerse a pensar en las consecuencias. Lo que hay que reflexionar en este momento delicado de nuestra historia como país, es que una vez que se interviene un recurso tan valioso, el daño es irreversible, ya que no hay modo de repararlo, salvo esperar años sin intervenciones humanas para que la naturaleza encuentre su equilibrio, algo de esto ya lo saben los ciudadanos de Chubut cuando ven los árboles negros de la cordillera andina, toda esa generación y la que viene se tendrá que habituar a observar los restos de lo que alguna vez fue una verdadera belleza geográfica, con el agua puede ser muchísimo peor, porque los antecedentes políticos -los discursos, las teorías- ya nos demostraron que la naturaleza y el medio ambiente no interesan, todas esas posturas, en donde se dice que los ambientalistas son idiotas, que la tierra es plana, y que los recursos hídricos están para ser intervenidos, no dejan otra cosa que un país resignado a perder lo que tiene de patrimonio, advirtiéndose que numerosos territorios con acceso a agua dulce ya han sido vendidos a empresarios extranjeros, sin que las comunidades lindantes tengan voz ni voto.

Ir lejos en la promulgación de esta ley es perder una oportunidad de hacer lo correcto, de salvaguardar la vida humana por sobre todas las cosas, de generar conciencia a las futuras generaciones, y especialmente, de no arruinarles las vidas por tener que acostumbrarse a vivir sin los recursos que el agua genera. La promulgación no afectaría solo a los pueblos cercanos, sino a todos, ya que generaría un precedente peligroso, parecería que lo que están buscando desde el oficialismo y sus aliados es tirar de una cuerda, y si se rompe, ya no servirá de nada saber que los informes y los testimonios alertaron sobre el grave retroceso ambiental que inevitablemente van a provocar. Resulta básico reiterarlo y entenderlo, la norma reconoce a los glaciares y al ambiente periglacial como reservas estratégicas de recursos hídricos, y los recursos son los elementos con los que cuenta un Estado para garantizar el normal desarrollo de la vida humana, de su deshielo dependen ríos, lagos y arroyos que abastecen de agua para consumo humano, riego agrícola y ganadero, turismo y diversas actividades industriales, también cumplen un rol central en la regulación del clima y sostienen una biodiversidad única en zonas de alta montaña. Estamos hablando de seguridad hídrica, garantizar que país queremos para las generaciones futuras, dejarles posibilidades, no limitaciones.

Si de algo espero como ciudadano de todo esto es que sirva para generar conciencia, imaginar un futuro que solo puede garantizarse desde este presente. Cuando en una manifestación algunas personas sostienen carteles que dicen "el agua vale más que el oro" están entendiendo algo que viene desde el fondo de los tiempos, aproximadamente desde el 3500 a.C. como lo comprendieron las primeras ciudades-estado que instalaban sus construcciones alrededor de un recurso hídrico, así sea un pozo de agua, un valle, un río, algo básico, elemental, pero que garantizaba la supervivencia a futuro. Realmente Argentina tiene una ubicación geográfica de privilegio, pero el peso de la historia no puede menospreciarse, si prosperan las modificaciones de esta Ley, perderemos para siempre una oportunidad para conservar lo que tenemos, lo que hoy nos interpela es la necesidad de corregir este problema.

Espero que estén a la altura. 

Bibliografía consultada:

Malagnino, E. C. (2008). El campo de hielo patagónico sur. Un pasado, un presente...y un futuro incierto. Sitios de Interés Geológico de la República Argentina. CSIGA (Ed.) Instituto de Geología y Recursos Minerales. Servicio Geológico Minero Argentino, Anales 46, II, 461 págs., Buenos Aires. 2008.

Miranda, Fernando. 2010. Lago Buenos Aires...la huella de un glaciar. Panel de información geológica, Los Antiguos, Provincia de Santa Cruz. 1 p., Buenos Aires, Servicio Geológico Minero Argentino. Instituto de Geología y Recursos Minerales.

Villarosa, G., Outes, V., Masiokas, M., Villalba, R., Rivas, S. Sitios de Interés Geológico de la República Argentina. CSIGA (Ed.) Instituto de Geología y Recursos Minerales. Servicio Geológico Minero Argentino, Anales 46, II, 461 págs., Buenos Aires. 2008.

Información consultada:

Audiencia Pública 2026. Proyecto de ley en revisión por el cual se modifica la Ley 26.639, de presupuestos mínimos para la protección de los glaciares y del ambiente periglacial. https://www.diputados.gov.ar/comisiones/permanentes/audpub/

Nota: una de las imágenes fue tomada desde este sitio: https://farn.org.ar/glaciares-la-audiencia-publica-mas-grande-del-mundo-con-participacion-restringida/


 


miércoles, 22 de abril de 2026

Te Rōpū Whakahau

Te Rōpū Whakahau representa, dentro de la cultura Mâori, el compromiso de una entidad que vincula a las bibliotecas con los trabajadores de la información en Aotearoa, Nueva Zelanda, sostenida por los valores de las comunidades ancestrales, desde donde defienden las prácticas culturales a través de servicios y actividades, funcionando desde 1992 como una red ligada a la Asociación de Bibliotecas e Información de Nueva Zelanda. La Asociación cuenta con un Consejo Nacional, Ngā Kaiwhakahau, integrado por tres directivos (Tumuaki, Kaiāwhina y Kaitiaki Pūtea), además de entre 4 y 8 representantes de la membresía financiera. En este escenario, Ngā Kaiwhakahau gestiona los asuntos de Te Rōpū Whakahau y, colectivamente, tiene la autoridad para ejercer todos los poderes de la Asociación en nombre de sus miembros.

El concepto de la imagen institucional está asociado al tejido para representar el rōpū (grupo), pero no bajo la idea de lo que implica como sustantivo una prenda de vestir sino más bien de un simbolismo cuyo profundo significado incluye los valores y creencias espirituales de los maoríes. Este diseño se centra en el proverbio "waiho i te toipoto, kaua i te toiroa" (que en lengua materna significaría expresar la idea de “mantenernos cerca, no separados”), como proyecto guía de la asociación, que representa el deseo de unir personas, pensamientos y acciones para el beneficio de las generaciones futuras.

El tejido y las cuerdas también evocan el ascenso al cielo para recuperar las tres cestas del conocimiento, que según la tradición oral Mâori fueron obtenidas por el dios Tāne-mahuta en el mundo superior, y juntas representan la búsqueda de la sabiduría y el equilibrio para la humanidad: el kete-uruuru-matua (de paz, de toda bondad, de amor), el kete-uruuru-rangi (o tipua, de todas las oraciones, encantamientos y rituales utilizados por la humanidad) y el kete-uruuru-tau (o tawhito, de las guerras de la humanidad, la agricultura, el trabajo con árboles o madera, el trabajo con piedra, el trabajo con tierra, de todas las cosas que tienden al bienestar, a la vida, de cualquier tipo). (Shortland, 1882). Desde una apreciación visual que no pretende corresponderse con el significado real, los tejidos de esas cestas parecen estar unidos por la imagen de una guarda que semeja a dos pájaros enfrentados, como custodios de una cultura que comunica en silencio la unión de las personas. La iconografía cultural también se ha empleado para transmitir el compromiso del grupo como kaupapa (proyecto) maorí que trabaja por las aspiraciones de la comunidad en general, los "ngāi maoríes".

El alcance de la Biblioteca

Se destacan aportes concretos a la comunidad de usuarios/as en donde se busca, a través de la representación de los documentos, favorecer las necesidades de información de los maoríes bajo un servicio que incluye talleres y diseño de herramientas de gestión documental. En este contexto cobra mucho valor la concreción del taller Mātauranga Māori dentro de las Bibliotecas de Nueva Zelanda, desarrollado y ofrecido por Te Rōpū Whakahau para apoyar el desarrollo profesional de LIANZA (organización que promueve el valor de la cultura maorí, cuyo origen se retrotrae al año 1910 cuando se crea oficialmente LANZ, la Asociación de Bibliotecas de Nueva Zelanda). Se trata de un taller interactivo diseñado para brindar una oportunidad de desarrollo específica para los profesionales de la información, el mismo se encuentra estructurado sobre el entendimiento de que Mātauranga Māori ofrece contenidos basándose en una filosofía kaupapa Māori, donde los valores y prácticas tradicionales de la cultura se aplican en su contexto en forma endógena.

Cabe señalar que los elementos distintivos de la identidad maorí -que ya eran cultivados por las comunidades mucho antes de la colonización europea – atraviesan los significados y valores de una historia que habilita desde el pasado un presente convocante. Según varios registros, los polinesios poblaron Aotearoa alrededor del año 1250 y 1300 d. C. llegando en canoas desde diferentes regiones, la Polinesia representa una agrupación de más de mil islas en el Pacífico central y meridional, conformando un triángulo geográfico que incluye entre otros principales archipiélagos a las islas de Hawái, Nueva Zelanda, Rapa Nui, Samoa, Tonga, las islas Marquesas y la Polinesia francesa. Buena parte de las tradiciones y expresiones artísticas ancestrales aún se conservan, como el ta moko (tatuajes), el haka (danza tradicional) y el whakairo (tallado), lo que representan en su conjunto características significativas que los talleres buscan tener presente a la hora de compartir contenidos sobre los aspectos sociales, históricos y culturales de las comunidades maoríes.

Aprenderás y entenderás

Es este un precepto básico que guía las acciones de la entidad, en donde la diversidad cultural se encuadra dentro de los marcos de conocimiento maoríes, siguiendo sus principios y otorgando importancia al criterio de las metodologías kaupapa maoríes para satisfacer las necesidades de investigación de los usuarios maoríes. Se trata de un taller en donde se ofrecen capacitaciones a los profesionales que participan para el desarrollo y la prestación de servicios y recursos bibliotecarios y de información, ofrecidos dentro del Plan de Registro de Profesiones de Gestión de Bibliotecas e Información de LIANZA.

El taller está diseñado para brindar una oportunidad de desarrollo específico a los profesionales de la información. Se estructura partiendo del supuesto de que el Mātauranga Māori se enmarca en el contexto más amplio del tikanga y el Te Reo Māori, desde donde se aplican los valores y prácticas tradicionales maoríes. Asimismo, el espacio ofrece la oportunidad de participar en conferencias anuales con el objetivo de poder desarrollar nuevas habilidades y establecer contactos entre los participantes. En este punto se encuentra una similitud compartida desde la plataforma Hui ā tau, para que iwi y hapū locales (tribus/sub-tribus), conecten con los profesionales maoríes de bibliotecas, trabajando aspectos de su cultura, conocimiento e información, así como las labores que realizan, se trata de una oportunidad para comprender mejor el alcance de la biblioteca en la comunidad maorí.

Whiria Te Tāngata

He aquí uno de los emprendimientos que más impacto han tenido entre los usuarios, con el fin de poder garantizar la sostenibilidad a largo plazo del sector bibliotecario, para que sus trabajos generen resultados positivos para las comunidades. El proyecto, cuya iniciativa reunió a diez profesionales bibliotecarios y de la información, conocidos como Kākaho, de diversos orígenes, se encuentra financiado por el Programa de Asociación de Bibliotecas de Nueva Zelanda (NZLPP), dirigido por Te Rōpū Whakahau y apoyado por la Biblioteca Nacional de Nueva Zelanda.

El “Whiria te Tāngata” (se entiende como “Tejer a la gente junta”) fue un proyecto piloto de residencia artística comunitaria que permitió que durante un año 10 artistas, de 10 comunidades de la región de Waikato, participaran en prácticas creativas y desarrollaran trabajo con y junto a sus comunidades. Dicho proyecto exploró iniciativas que vincularon el trabajo creativo con salarios destinados a los artistas, buscando un equilibrio entre sostenibilidad y accesibilidad, un mecanismo de apoyo para que las prácticas artísticas vinculadas con la comunidad puedan prosperar, y sobre todo reflejar las circunstancias de cambio ante las intervenciones sociales de un conjunto de obras, que en líneas generales –y bajo un sentido de pertenencia- atravesaron temas vinculados con la salud mental, el concepto de identidad, la conexión y la cohesión social.

Cada artista, junto con un mentor asignado, creó un programa de actividades a ser realizado en el lapso de un año, con la idea de generar oportunidades, espacios, conexiones sociales e impactos positivos mediante la creación de talleres, eventos, sesiones para explicar los procesos de creación artística, y encuentros con tutores entre otros. Este emprendimiento contó con la presencia de un líder de proyecto dedicado a Whiria te Tāngata, lo que garantizó una ejecución fluida, contando con el respaldo de una serie de encuestas para garantizar la viabilidad y correspondencia del proyecto, destacándose aspectos tales como la conexión con la cultura a través de la narración para comunidades migrantes e interculturales, la conexión dentro de comunidades geográficamente aisladas, la conexión con la crianza de los hijos para las madres, y la conexión con la cultura maorí y con los jóvenes de Moana Pasifika (inmigrantes y descendientes de las islas del Pacífico, entre ellas Samoa, Tonga e Islas Cook). Estos materiales permitieron utilizar los datos de las investigaciones para comprender mejor el bienestar de las comunidades en cuanto a la aplicación de prácticas éticas y genuinas por parte de los artistas y referentes comunitarios. Los resultados de cada una de estas encuestas combinan hallazgos cuantitativos (basados ​​en cifras) y cualitativos (basados ​​en historias).

Con lo cual, el proyecto Whiria te Tāngata demuestra lo que se puede lograr cuando se prioriza el bienestar de la comunidad y se apoya mediante recursos a quienes realizan prácticas artísticas para servir a la comunidad. Todo este esfuerzo colaborativo fue documentado por un cineasta local, Dan Inglis, para registrar las historias de vida y las reflexiones de los artistas y mentores. “Tejiendo a la Gente” demostró un modo de valorar las vidas de las personas que cultivan diferentes formas de conocimiento a través del arte y la comunicación. El proyecto Whiria te Tāngata se divide en cuatro módulos de tukutuku (paneles) que están respaldados por mātauranga maorí. En líneas generales, basan sus acciones en un conjunto de ceremonias que buscan respetar las conexiones simbólicas con la tierra, los procesos de conocimiento conectados con experiencias, el fortalecimiento de las capacidades y los valores sociales, en donde la investigación cumple un rol esencial, bajo la idea de unir todos estos servicios desde el plano de las unidades de información.

Por último, es para destacar un trabajo coordinado propio de un servicio bibliotecario en comunidades aborígenes, como ha sido el Proyecto de Directrices para Encabezamientos de Materia Mâori (llamado Nga Ingoa Kaupapa Mâori / Mâori Subject Headings), iniciado en 1991, que tuvo por objetivo estudiar el uso de las bibliotecas por parte de los Mâori, e identificar sus necesidades de información. Se valora en este caso el estudio de las problemáticas en cuanto a la búsqueda y acceso a la información bajo los propios códigos culturales dentro de las bibliotecas neozelandesas, un trabajo colectivo que posteriormente derivó, en el año 2003, a la creación del MSHSC (Mâori Subject Headings Steering Committee, Comité de dirección de las MSH) que implementó tres iniciativas: crear una lista de autoridades de nombres de Iwi Hapu (narraciones tradicionales), generar una lista estándar de encabezamientos de materia en Mâori y desarrollar un conjunto de directrices de catalogación. Se trató de una forma de contribuir a un uso correcto de aplicación de lenguajes documentales y una opción representativa para satisfacer las necesidades de información de los usuarios maoríes. Con todo lo que implica recuperar conocimiento en las propias lenguas maternas, aquello que es nombrado desde los tiempos antiguos por los descendientes de pueblos originarios.



Fuentes consultadas:

Connor, H. Ko te Rākau Hei Tohu Mō te Rangahau Me te Tuhi Whakapapa: el simbolismo de los árboles como método para investigar y escribir genealogía. Genealogía 2021 , 5 (2), 29. Disponible en: https://doi.org/10.3390/genealogy5020029

LIANZA. Te Rau Herenga o Aotearoa. [Sitio Web]. Disponible en: https://www.lianza.org.nz/

Shortland, E. (1882). Maori religion and mythology. London: Longmans, Green, and CO. Disponible en: https://sacred-texts.com/pac/mrm/index.htm

Te Ara Tika Guiding Words. Ngâ Ingoa Kaupapa Mâori Mâori Subject Headings Project. Pürongo Tuatoru phase 3 research report / na Sally Simpson, 2005. Disponible en: https://trw.org.nz/wp-content/uploads/2022/09/Te_Ara_Tika_Guiding_Words.pdf

Te Rōpū Whakahau. Waiho i te toipoto, kaua i te toiroa [Sitio Web]. Disponible en: https://trw.org.nz/

Whiria te Tāngata [Sitio Web]. Disponible en: https://creativewaikato.co.nz/whiria-te-tangata  

Versión para El Orejiverde: https://www.elorejiverde.com/el-don-de-la-palabra/7059-te-ropu-whakahau

sábado, 11 de abril de 2026

Una visita a la Radio La Colifata

El sábado 4 de abril estuve en el Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial José Tiburcio Borda, para presenciar por primera vez la programación en vivo de la radio La Colifata, aquella increíble iniciativa que lleva adelante desde hace 35 años el psicólogo Alfredo Olivera -actualmente en Francia con un proyecto similar- junto a un grupo de profesionales integrados por psicólogos, trabajadores sociales, musicoterapeutas y periodistas, cuyos integrantes continúan adelante con la dirección general y estratégica del proyecto.

Creada el 3 de agosto de 1991 por el reconocido profesional de la salud mental, se constituye como la primera radio en el mundo en transmitir desde un hospital neuropsiquiátrico. El paso del tiempo corroboró el sentido de los objetivos planteados, desde un rol terapéutico y comunicacional, para lograr no solo la interacción con los pacientes, sino también discutir la estigmatización social que ha pesado sobre los internos, producto de la inclusión de las voces de quienes habían sido excluidos socialmente. Cuando los conductores del programa pidieron a los internos que le pongan un nombre a su columna o espacio, ellos eligieron más de 40 posibles nombres -entre ellos el que propuso Jorge Osvaldo Garcés: “La Colifata”- que por cierto era el único que hacía alusión a la locura, pero los internos propusieron que sean los oyentes los que voten el nombre que mas les gustaba, y la votación decantó por la denominación que ya todos conocemos.

La aceptación del nombramiento no fue algo menor, ya que La Colifata, en ese punto de encuentro entre la comunidad y los pacientes, terminó por dar una respuesta a ese lugar de asignación que viene de aquellos que se encuentran al otro lado del muro social, que en tal sentido el nombre aludiera a la locura fue un modo de aceptar ese lugar de asignación por parte de la sociedad para desde allí cuestionarlo, interperarlo, debatirlo. Como bien lo expresó Olivera “La Colifata como significante propone un giro humorístico, apuntando a – en principio – desdramatizar el problema sin negarlo, admitiendo un punto de contacto diferente desde donde se pueda generar un fenómeno de empatía social, entendiendo a la misma como “capacidad para llegar a la compenetración emotiva con otros seres” Finalmente trabajamos desde ese lugar asignado socialmente, pero operando un pequeño corrimiento. El proyecto Colifata lo que hace es instalar una pregunta allí donde hay una certeza. La certeza es loco=peligroso, loco=genio, loco=insensato permanente, por lo tanto hay que apartarlo. Colifata es… Que es? Loco= Que? Así empieza a circular toda otra serie de posibles nuevas significaciones respecto al problema. Vamos generando y promoviendo una gran construcción colectiva de nuevas representaciones que cuestionen estos mitos. El camino propuesto es ir hacia el mito para luego de-construirlo en una tarea de todos.  De-construcción participante y participativa. La radio no solo como emisión sino sobre todo como lugar de “escucha”, como una oportunidad para la “escucha” de la pregunta que habla. La radio no sólo como lugar de “palabra”, la radio como “silencio” también que permite que el cuerpo social hable. Se trata de que los pacientes ejerzan libremente el derecho a la expresión, recuperando un auditorio, la dimensión humana del otro de la cultura. Justamente, la posibilidad de estar sujetos a ella re-inscribiendo en lo social su figura, provocando una nueva mirada o, al menos, cuestionando a aquella detenida cristalización de sentido”.

El formato de la programación en vivo -sentados en círculo pacientes, organizadores y visitantes- habilita la escucha atenta y la calibración consciente de cada palabra que se pronuncia, todo se mide al momento de expresar algo, pero los colifatos parecen hacerlo de otro modo, si bien siguen una estructura propia de una programación radiofónica -un trabajo descomunal de Analía  Valotta, con asistencia de Alejandro Gunkel en los controles- la sensación que queda en el aire es que dan rienda suelta a una forma de expresión muy genuina que parece asomarse desde un plano del que apenas -los que estamos “del otro lado”- podemos imaginar en cuanto a su lógica y originalidad, no carente de un espíritu artístico que asocia permanentemente el entendimiento de un tiempo y un espacio ligados profundamente al concepto de experiencia, tal como lo suscribió el filósofo Walter Benjamin (experiencia como algo que te trasciende, que te modifica, que no te deja indiferente).

Hubo momentos (de esos que el poeta Cesare Pavese imaginó en boca de Mnemosine, cuando le pregunta a Hesíodo si no podía imaginarse una existencia solo hecha de instantes que vuelven repentinamente felices a las personas), en que esa cuerda de locos parecía ser tomada por todos al mismo tiempo, entre el colifato que hablaba y los colifatos y colifatas que escuchaban, como cuando el rapero de nombre Leandro, mirando el pasto, improvisó su canto con rima rindiendo tributo a un antiguo compañero, es allí que un anciano que estaba sentado a mi lado con la remera de la Colifata, me comentó que en ese círculo donde estaba sentado el cantante fueron depositadas una parte de las cenizas del mítico Ever Beltrán, conocido por su sección “Momento Boliviano”, un clásico de los primeros tiempos de La Colifata, ahí entendí el porqué de esa mirada clavada en el pasto, mientras ponía un cigarrillo en el suelo y le cantaba al Gran Ever sin levantar la vista al público, en recuerdo de aquel que transmitía desde el techo de la radio porque planeaba regresar a Bolivia en un helicóptero equipado con un tocadiscos Winco. Basta leer la historia de La Colifata contada por Alfredo Olivera para saber que el primer impulso que tuvo para hacer el proyecto de radio lo había recibido precisamente de Ever, quien consideraba que la música era fundamental si se quería concretar el sueño de volar. A este cronista lo llamaban “el corresponsal del cielo”, y a metros del escenario donde se encuentra la radio, una estatua realizada en su honor deja en evidencia el cariño que todos los colifatos sienten.

Me sorprendió que todos vinieran a saludarnos, otorgando un valor a la presencia de quien simplemente se acerca a escuchar, pero que termina involucrado en el intercambio de mensajes, pensamientos e historias de vida. Involuntariamente terminé siendo partícipe de ese momento en que las palabras buscan asociar alguna idea que deje resonancias y que provoque motivos para una conversación. También noté que algunos testimonios visibilizaban una problemática, de la que son plenamente conscientes. El programa finalizó con una lectura de poemas por parte de “El Beat”, uno de los pacientes más antiguos que participa de La Colifata, con un manejo correcto del tiempo y de las pausas para intercalar la música. A la salida, me encontré con el mítico Citroen de La Colifata, en donde uno de los cronistas, de nombre Julio, me contó que se subían 4 personas (soportando la capacidad máxima de este pequeño vehículo) con una grabadora para salir a buscar notas a la calle, y lo increíble es que salían sin una planificación previa, si en algún momento del recorrido veían algo que les hacía creer que podían hacer una nota, simplemente paraban el auto, se bajaban y encaraban a los transeúntes para hacerles preguntas que después terminaban editando cuando volvían. El auto -intervenido artísticamente por el pintor Milo Lockett- sigue en funcionamiento y su historia es digna de una película, ya que hace unos años, luego de que el abandono lo deterioró hasta no arrancar, los colifatos tuvieron que debatir qué hacer con el Citroen y las opciones habían sido recuperarlo para volver a salir a las calles, convertirlo en instalación artística, que sirviese como auto para escuela de manejo o… prenderlo fuego, por suerte fue la primera opción la que terminó prevaleciendo, y con la ayuda de otras radios se inició una campaña que permitió que este auto de corresponsales periodistas pudiera volver a la calle.

Aún a días de haber estado, sigo procesando el impacto de la experiencia, difícilmente como bibliotecario pueda entender el alcance de nuestra profesión en un medio de comunicación que conserva y archiva sus propios contenidos, con un tema tan sensible como lo es la salud mental.

Muchos de los que allí están todavía no pueden decidir de qué lado del muro quieren vivir sus vidas, porque necesitan esa contención y esa ayuda, y muchos otros, los externalizados, van y vuelven para colaborar, porque estar les significó un avance único en sus vidas. Y luego estamos nosotros, que podemos entrar por unas horas, y que nos preguntamos -me lo pregunto con mucho cuidado- si desde nuestros trabajos podemos aportar una idea que les permita a los colifatos transitar sus creativas vidas hacia un mundo mucho más ameno.

Muchas gracias a Analía y a los colifatos que compartieron sus historias aquella tarde.

Fuentes consultadas:

Radio La Colifata:

https://lacolifata.com.ar/

Historia:

https://lacolifata.com.ar/historia-reconocimientos/

martes, 24 de marzo de 2026

50° aniversario de la Dictadura Cívico Militar



En este 50° aniversario de la Dictadura Cívico Militar que nuevamente nos convoca, es inevitable seguir reclamando Justicia, Verdad y Memoria, para que la cifra de los desaparecidos deje de postularse, para que podamos hacer las paces con el pasado sin olvidar ni cubrir su silencio.

Cada uno en su conciencia transita un camino, hace lo que puede, cumple con su tarea, apuesta una vez más por la educación, trata de argumentar por qué, en un Estado, es importante defender la salud pública, por qué es importante otorgar derechos a los trabajadores, por qué es importante cultivar el conocimiento y apoyar la investigación, por qué es importante el arte, sea cual fuere el plano que habita, por qué son importantes las bibliotecas, los archivos, los centros de documentación, de alguna manera sostener esa discusión es cuidar ese lugar donde los que no están esperan ser nombrados.

Como escribió Gelman en ese mismo libro donde cito su poema “tenemos hambre del secreto donde el dolor es de madera y se echa al fuego”. Lo que buena parte de la sociedad pretende es saber qué ocurrió, para que cada uno pueda reparar su historia, el destino que no fue, el viento que sale de cada carta, de cada foto, de cada recuerdo.

Sin Estado presente no garantizamos ese día, aún ahora, 50 años después del tiempo más oscuro de nuestra historia como país, corregir las consecuencias de ese dolor es algo a lo que no podemos renunciar.

Por todo aquello que sigue valiendo la pena intentar.

miércoles, 4 de marzo de 2026

El impacto de la lectura en el pueblo Kankuamo


El pueblo kankuamo representa, junto a los Kogui, Arhuacos y Wiwas, uno de los cuatro grupos indígenas que habitan la Sierra Nevada de Santa Marta, en el norte de Colombia, allí la lectura es un ejercicio que va más allá del entendimiento de las palabras escritas. Se trata, en algún punto, de un cruce de caminos entre las “dos educaciones”, tal como fue conceptualizado en algún momento por los referentes comunitarios del Centro Daviaxaiqui de Derqui (provincia de Buenos Aires), esto es, la educación familiar indígena y la educación escolar. En el caso de la cultura kankuama (aquellos guardianes que equilibran el mundo), la lectura refiere a la comprensión de un espacio vital en sincronía con la espiritualidad indígena y el conocimiento del territorio, una forma de discernimiento que tiene arraigo en el entendimiento endógeno de la cultura, que habilita la interacción con respecto al concepto de identidad cultural.

Mucho se ha hablado, dentro y fuera de la comunidad, de lo que representa la Biblioteca Pública Kankuaka, un espacio social y educativo ubicado en la comunidad de Atánquez, dentro del Resguardo Indígena Kankuamo, en la ladera sur de la Sierra, desde donde se guarda “el código de la memoria” vinculado profundamente con la pervivencia cultural. Entre los caminos recorridos por los referentes de la biblioteca, se destaca la creación de la Red de Bibliotecas del Pueblo Indígena Kankuamo, constituido oficialmente a través de las autoridades del Cabildo Indígena del Resguardo Kankuamo, por intermedio del Consejo General de Mayores, mediante la Resolución No. 1 publicada el 24 de octubre de 2025. Esta decisión responde a los mandatos del Quinto Congreso del Pueblo Kankuamo, organizado en diciembre de 2022, que reafirma el compromiso colectivo con la protección, preservación y proyección de la memoria histórica, cultural y ancestral del pueblo originario.

La Red de Bibliotecas nace como un sistema comunitario y territorial orientado a salvaguardar el conocimiento propio, fortalecer la oralidad, la lectura y la escritura en lengua kankuama y en español, y garantizar el acceso comunitario a libros, documentos y nuevas tecnologías. Su funcionamiento se articula con el Centro de la Memoria y Documentación Histórica, el Modelo Educativo Propio (Maku Jogúki), la Comisión de Comunicaciones y la Comisión de Educación Propia y Cultura, teniendo como nodo central a la Biblioteca Pública Kankuaka.

El pensamiento puro de los mamos

Resulta valioso el cruce de caminos entre el conocimiento oral de los mamos (autoridades espirituales que se preparan toda una vida aprendiendo a escuchar a la naturaleza, heredando el silencio de la tierra) y las nuevas tecnologías, en donde los jóvenes de la comunidad participan con escrituras de textos, utilización de micrófonos, grabadoras y cámaras, para recuperar en otros formatos los rituales y conocimientos del patrimonio intangible de la comunidad, resguardado en la memoria de los sabios indígenas. El trabajo tiene sentido si se presta atención al entendimiento ritual del origen de las cosas, tal como lo conciben los mamos, vinculado con la concepción del pensamiento puro, como una energía preexistente a la creación del universo.

En este territorio, la lectura implica un intercambio intergeneracional orientado a preservar la música, los saberes medicinales, los oficios tradicionales, todos elementos propios de un concepto de cultura interpelado por el saber de las personas, en donde resulta interesante analizar la asociación de esta casa de las palabras con lo que representa, desde una perspectiva de carácter comunitario, el sentido de una maloka, espacio donde la palabra cobra una relevancia de carácter ceremonial.

Es esencial para un mamo la escucha atenta y el traspaso de conocimiento, en un contexto en el que muchos jóvenes se encuentran apartados de la cultura ya sea por sentimientos de vergüenza o desinterés en el uso de prendas tradicionales, así como expresiones artísticas autóctonas que se van perdiendo al paso del tiempo. Esta situación repercute directamente en la lengua materna, en donde cada vez resulta más difícil encontrar hablantes puros por fuera de las zonas rurales donde están asentadas la mayor parte de las comunidades, una problemática que evidencia las dificultades de aprender un idioma que no tiene relación alguna con la lengua castellana.

Se trata de una lucha que hace tiempo lleva adelante la biblioteca, prácticamente desde su fundación en 2013, con la intención de asociar la lengua como parte esencial de la identidad kankuama, en donde también se resalta la función “psicocultural y emocional” producto de los conflictos armados en el país durante las últimas décadas del siglo XX y las primeras del XXI, en donde se registraron permanentes persecuciones y asesinatos en interminables guerrillas, con presencia de paramilitares, narcotraficantes y el Ejército, situación que aún persiste, incluyendo el interés económico de empresas multinacionales en las tierras y en los recursos geológicos.

Aprender en el hacer

Es por eso que cobra mucho valor el trabajo que lleva adelante la biblioteca desde el año 2015, cuando inauguraron un laboratorio creativo que, bajo la concepción “aprender en el hacer”, han logrado recuperar conocimientos y destrezas cultivados por sus mayores, se trata de una metodología que permite motivar la lectura del territorio. En dicho espacio se aprenden recetas de cocina tradicional, se conversa en fogones recreando historias guardadas en las memorias colectivas, y se realizan trabajos de animación con técnicas de stop motion, utilizando las historias relatadas por los abuelos y abuelas. También se incluye el conocimiento de los tejidos con diseños gráficos y serigrafía para comprender no solo su aspecto estético sino especialmente su funcionamiento y uso dentro de las comunidades.

Lo que se aprecia es un trabajo de documentación que recupera el conocimiento de los mamos a través de nuevas tecnologías, con participación de los jóvenes, quienes de esta manera registran información relacionada con petroglifos, calendarios de cosecha, ciclos de los ríos y datos de antiguas terrazas agrícolas como tecnologías de siembra, un verdadero archivo vivo del territorio, que requiere el espacio de la biblioteca para debatir discusiones públicas y fomentar el pensamiento crítico sobre el alcance de la cultura en la salvaguarda del territorio kankuamo.

Fuente consultada:

Biblioteca Pública Kankuaka (sitio Web). https://bibliotecakankuaka.org/   

Ortíz, Andrés. El País. (2026). La biblioteca comunitaria que preserva la memoria indígena en la Sierra Nevada de Santa Marta. Disponible en: https://elpais.com/america-colombia/2026-02-01/la-biblioteca-comunitaria-que-preserva-la-memoria-indigena-en-la-sierra-nevada-de-santa-marta.html?ssm=TH_CM&utm_source=th&utm_medium=social

Comunicación PIL. Cabildo Indígena del Resguardo Kamkuamo (2022). Declaración Ancestral del V Congreso del Pueblo Indígena Kankuamo. Disponible en: https://cabildokankuamo.org/declaracion-ancestral-del-v-congreso-del-pueblo-indigena-kankuamo/

Kanduruma Lab. Aprender en el hacer. Biblioteca Kankuaka. Disponible en: https://bibliotecakankuaka.org/project/kandurumalab/

Versión para El Orejiverde:

https://www.elorejiverde.com/el-don-de-la-palabra/7050-el-impacto-de-la-lectura-en-el-pueblo-kankuamo

jueves, 5 de febrero de 2026

El invisible testimonio


Un libro.

A horas de ser triturado junto a otros libros de una biblioteca universitaria.

Ocurrió hace años, las circunstancias del contexto son menores, tanto como sus personajes, lo que hice fue separar un libro que estaba destinado a un expurgo, donde simplemente iba a ser transformado en papel picado, la decisión me hizo acordar a un cuento sufí, “Las estrellas de mar”, en donde un escritor observó como un muchacho dedicaba su día a recoger estrellas de mar de la orilla para lanzarlas al agua otra vez, aquel hombre le había preguntado al joven que estaba haciendo y este le contestó:

"recojo las estrellas de mar que han quedado varadas y las devuelvo al mar; la marea ha bajado demasiado y muchas morirán".

Dijo entonces el escritor." Pero esto que haces no tiene sentido, primero es su destino, morirán y serán alimento para otros animales y además hay miles de estrellas en esta playa, nunca tendrás tiempo de salvarlas a todas".

El joven miró fijamente al escritor, cogió una estrella de mar de la arena, la lanzó con fuerza por encima de las olas y exclamó " para ésta... sí tiene sentido".

Después sabemos por el cuento que, al otro día, el escritor corrió a la playa, buscó al joven y le ayudó a salvar estrellas.

Este libro fue una de esas estrellas.

Al día siguiente, con la arbitrariedad del expurgo ejecutada, y luego de saber que lo que tenía en manos era el único objeto que sobrevivió a esa decisión tan poco comprensible –una eliminación de documentos para favorecer “el reciclado” y el problema del “espacio”- dediqué un tiempo a examinarlo. El libro está cubierto con un cartón artesanal, como si fuera prensado con hojas de árboles, incluye un texto vertical del lado izquierdo y una especie de tela sellada desde donde se resalta en forma opaca unos símbolos pintados de blanco, como si fuera estampado con cal, y luego tres solapas con sus dobleces que parecen guardar las palabras mientras se corre el telón para iniciar la lectura, la primera de esas solapas en un tono color pastel, similar a una hoja de calcar, la segunda solapa del mismo color amarronado que la cubierta de cartón, y finalmente una última solapa con una guarda acaso anaranjada, que prologa el silencio y la incertidumbre del objeto.

Buena parte del libro está escrito en ideogramas chinos, parece destinado a la lectura y al asombro. Las hojas son de excelente calidad, dejan entrever distintas caligrafías e imágenes, con delicadas impresiones, con pinturas trazadas en otras épocas, de un tiempo que parece quedarse asociado a églogas serenas acaso anacrónicas o profundas meditaciones en entornos rurales, historias que la tradición oral supo conservar.

Luego supe que ese objeto era parte de una colección digital de libros raros chinos, que albergó la División Asiática de la Biblioteca del Congreso, aproximadamente unos 5300 títulos, de los cuales se digitalizaron cerca de 2000. Se define en este caso como libro raro aquellos documentos impresos y manuscritos encuadernados en idioma chino producidos antes de 1796. Algunos de esos libros datan de los siglos XI o XII, buena parte de la colección reúne libros impresos, manuscritos, sutras budistas (discursos, enseñanzas y preceptos atribuidos a Siddhartha Gautama), obras con imágenes pintadas a mano, diccionarios geográficos locales y mapas antiguos. Se dice que estos materiales abarcan una amplia gama de disciplinas, entre ellas la historia, la geografía, la filosofía y la literatura. La mayoría son ediciones de la dinastía Ming (1368-1644) y principios de la dinastía Qing (1644-1795), mientras que casi 30 títulos son ediciones de la dinastía Song (960-1279) y la dinastía Yuan (1279-1368).

Con respecto a la colección, la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos digitalizó estos libros raros chinos en colaboración con la Biblioteca Nacional Central de Taiwán, en reconocimiento al valor de la colección como recurso fundamental para el estudio de la China premoderna, que incluye la historia local, la geografía, la política, la vida social y económica, la educación, la agricultura y la biología.

Aquella mañana que decidí guardarlo en mi mochila, me quedé pensando en los procesos de producción de un libro, desde que es concebido en manuscritos hasta que es enviado a una imprenta, cuando al otro día observé cómo un conjunto de 500 libros muy similares al que separé fueron puestos en una bolsa para ser enviados a una trituradora, la sensación de pérdida habilitaba un puente semántico entre quienes no pudieron leer esos manuscritos, y quienes, como yo, no podían entender esos símbolos cargados de significado. Mi no entendimiento del idioma me igualaba en esa noción de pérdida con la posibilidad de una lectura que invisibles lectores no tuvieron.

Y es que también esos actos trazan una línea que separa a los bibliotecarios comprometidos con la vocación, de aquellos que prefieren hacer de cuenta que esas acciones no tienen relación alguna con el sentido ético del quehacer profesional.

La disciplina habilita estas discusiones, muchas veces subyace una lógica cuya implementación puede agregar líneas reflexivas y críticas al plano de la biblioclastía, y probablemente la ausencia de recursos impide destinar un tiempo para evaluar la colección, en donde sea posible seleccionar algunos títulos que eventualmente puedan formar parte de bibliotecas insertas en comunidades asiáticas de inmigrantes. Entiendo que organizar ese criterio requiere personas con dominio del idioma, y con conocimiento de la demanda de información que pueda manifestarse en este tipo de colectivos. El criterio requiere trabajo, investigación, organización. El expurgo no. Cuando un edificio se construye pasan años, demolerlo lleva minutos.

Lo que se pierde es la significatividad que pueda tener un documento de este tipo para quien comprenda sus símbolos.

Como lo dijo Borges:

Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica. "La rosa es sin porqué", dijo Ángelus Silesius; siglos después, Whistler declararía "El arte sucede".

Ojalá seas el lector que este libro aguardaba.

No soy el destinatario de esa lectura, acaso solo el testigo de unas cuantas cosas sin resolver, pero aquel día devolví una estrella por encima de las olas.

Sitio consultado:

Library of Congress. Collection Chinese Rare Book Digital Collection. Disponible en: https://www.loc.gov/collections/chinese-rare-books/about-this-collection/

sábado, 27 de diciembre de 2025

La imprescindible resistencia

Un año más que se termina, en medio de un desasosiego que no permite dimensionar el rumbo en el que nos estamos dejando llevar como país, en ocasiones con mansedumbre, hacia una incógnita disfrazada de un entendimiento vinculado con la apropiación del concepto de libertad, donde muchos ciudadanos y ciudadanas quedan afuera, pero sabiendo que la palabra resistencia seguirá incorporando otros matices, otra hondura. Es entonces cuando contemplo los ejemplos que permiten encontrar un modo de reparar y corregir lo que está ocurriendo, más allá del trabajo de los profesionales de la información, de toda la gente ligada a la cultura social de este país, del trabajador de a pie que intenta hacer bien su trabajo, de los médicos que cumplen con algo más que una jornada laboral, de los que investigan, de los que siguen haciendo arte en medio del desprecio y la banalidad, solo por nombrar unos pocos casos.

Me quedo con dos instancias, una simbólica, efectiva, ofrecida desde el conocimiento producto del estudio y el esfuerzo, la otra, por su permanente ejemplo de construcción comunitaria. La primera de ellas pertenece a los biólogos marinos del CONICET, la segunda a los paisanos de Punta Querandí.

Pasaron unos meses de ocurrida la campaña de exploración al cañón submarino Mar del Plata, por parte de unos investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, logrando algo inusitado, pero que aun así se espera de buena parte de la sociedad: que la ciencia tenga impacto positivo y permita visibilizar la importancia que habilita el estudio y la investigación en un país que siempre se ha destacado por el recurso humano. Vale reiterar que el tipo de respuesta que esos científicos llevaron adelante, en este contexto de crisis política y social que se vive en Argentina, ha sido ni más ni menos que desde el conocimiento, el motivo real por el cual las personas desarrollan sus vocaciones, otorgando tiempo y esfuerzos por mostrar a la ciudadanía el aporte que impacta en las vidas de las personas cuando se realizan en forma ética y comprometida desde el área de la ciencia y la tecnología. 

Se sabe que en esa campaña realizada en una región de alta biodiversidad y poco explorada del Atlántico sur, participaron científicos del IBIOMAR (Instituto de Biología de Organismos Marinos), quienes a bordo del buque oceanográfico Falkor (too) realizaron una campaña sin precedentes en la historia de la institución, generando un acercamiento afectivo con la población argentina, y cuyas intervenciones tuvieron una enorme y merecida repercusión en medios nacionales e internacionales, visibilizándose el trabajo colectivo desde el streaming realizado por los científicos a través de YouTube, con picos de audiencia que superó las 40 mil personas, verdaderamente todo un récord para el ámbito científico. Se pudo mostrar que no todo está perdido, que ahí tenemos una respuesta para entender que el mayor problema será siempre la ignorancia. Desde ese barco se construyó algo que no deberíamos olvidar, y cuando la sociedad acompañó esa grabación bajo el agua, a lo que estaba adhiriendo es a un sentido de pertenencia con la cultura argentina, porque ahí hay parte de nuestro ADN, el que nos hizo reconocidos en el mundo.

El otro ejemplo viene ocurriendo desde hace casi dos décadas, ya cuesta encontrar palabras ante tantas actividades vinculadas con la identidad de los pueblos originarios, en donde siempre surgen desde esos espacios las ideas más equilibradas, respetuosas, sustentables y sensibles con el medio ambiente y el desarrollo humano, en todas sus perspectivas, ya sea laborales, artísticas, ecológicas, en el que nada es posible sin el colectivo que participa y colabora, en el que nada es posible sin referentes éticos y con conocimiento. El territorio Punta Querandí ha ido desarrollando, desde el trabajo consecuente, un aporte infrecuente en nuestra sociedad, un sentido de pertenencia concebido desde lo pluriétnico y multicultural, recuperando un modo de entender lo comunitario, ancestral, sagrado y educativo, que no es otra cosa que una soberbia respuesta a todo este desfasaje que estamos viviendo como sociedad, una respuesta que indica que siempre es posible el crecimiento si va acompañado del vínculo empático con el entendimiento de la identidad, donde la diversidad cultural de los pueblos originarios es la mayor de las fortalezas.

Crecer desde lo que cada uno sabe, construir como antiguamente construyeron los indígenas que estuvieron antes de que los funcionarios públicos alambraran los territorios en nombre del Estado, Punta Querandí no solo recupera esa idea, sino que evoluciona hacia el conocimiento desde la educación. Se puede decir que el marco que permanentemente atraviesa este grupo de personas –con pertenencia a las culturas guaraní, kolla, qom y otras identidades– nos recuerda una frase del Chango Spasiuk vinculada con el contexto del arte, cuando dijo que siempre "la salida es colectiva", por la importancia que tiene la expresión artística y sociocultural en un espacio plural. Parafraseando unas palabras que expresó alguna vez Atahualpa Yupanqui "el arte es como una antorcha que usan los pueblos para ver la belleza en el camino", bien podríamos decir que la cultura es como una antorcha que día a día sostienen en las comunidades para fortalecer la identidad mientras avanzan en ese encrespado camino hacia la espiritualidad y la sabiduría.

Cada vez que siento que nos estamos perdiendo en medio de esta niebla, entro al sitio de Punta Querandí, y por un momento, algo parecido a la empatía lo cubre todo, esperando que ese ejemplo no solo continúe, sino que también se replique en otros espacios, difícilmente a un país le vaya mal si tenemos conciencia de lo que alguna vez fuimos. Como dijo hace un tiempo la cineasta Lucrecia Martel "La cultura es un intercambio simbólico que sirve para armar un destino común, para inventar un mundo”, se puede apreciar en Punta Querandí el alcance de este pensamiento, porque el intercambio simbólico es común a todos los días en ese enclave protegido por las familias de pueblos originarios, como cuando decenas de colegios atraviesan con los botes el ingreso a la comunidad, para interactuar con todos los espacios simbólicos que la resistencia de estas comunidades ha sabido recuperar, desde la Biblioteca hasta el Museo, desde el Opy hasta la Apacheta, desde la Maloka hasta el Horno de barro, todo es juntura que se expresa, todo es cultura que se comparte, todo es un destino que entrelaza, que nos hace mejores, y cuya labranza es validada, una vez más, desde el conocimiento, desde la identidad.

Vaya como expresión de deseo en estas celebraciones, que ese círculo siga en movimiento, para que nos acordemos en tiempos de incertidumbre, que la cultura ancestral no ha sido arrebatada, que es de las pocas cosas que nos podrán dar una esperanza, ese sentido de pertenencia por el cual muchos aún siguen cultivando un quehacer que viene desde el fondo de los tiempos, respetando el ciclo de la naturaleza, honrando el pasado, donde todo vuelve a empezar.

Como lo canta Silvio Rodríguez en una canción:

esos, son los imprescindibles.

Sitios consultados:

Fundación Atahualpa Yupanqui. Emoción en el folklore por lo que dijo Chango Spasiuk de Atahualpa Yupanqui.  https://www.atahualpayupanqui.org.ar/noticias-fay/emocion-en-el-folklore-por-lo-que-dijo-chango-spasiuk-de-atahualpa-yupanqui/  

IBIOMAR. Instituto de Biología de Organismos Marinos (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) https://ibiomar.conicet.gov.ar/

Punta Querandí. https://puntaquerandi.com/