Espacio que pretende resguardar voces y conocimientos desde el abordaje de la
bibliotecología. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural intangible
conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas a bibliotecarios sobre el rol social
de la profesión. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

viernes, 11 de junio de 2021

La virtud del fracaso

 


Alguna vez me interesó la asociación de estos conceptos, bastó ver una película de Orson Welles para dirimir los complejos alcances de dicha incidencia en contextos laborales, académicos y artísticos. En el mundo de la ciencia, la virtud del fracaso tiene directa relación con los resultados de un experimento, muchos científicos coinciden que la práctica del registro de un error deberíamos cultivarla y fomentarla, su aplicación se extiende en el campo deportivo, de ingeniería, diseño gráfico, arte, microbiología, escultura, arquitectura, física, vida en general. La pregunta sencilla que se hace el articulista de esta nota alcanza para validar el sentido de priorizar esta forma de entendimiento: ¿Qué es la ciencia después de todo si no una manera de aprender de aquellas cosas que no funcionan, de nuestros propios errores?

Compleja perspectiva que traza los recorridos de las ideas en amplios contextos culturales, y para los cuales, invariablemente, sus resultados van atravesados por el estigma del fracaso, y es que a veces, para que un sistema represente una solución, la reiteración de pruebas que fuerzan las fallas inherentes de su estructura, resulta el mejor camino para llegar al éxito.

Mencioné una película de Welles, se trata de “Al otro lado del viento”, dirigida, coescrita, coproducida y coeditada por el genial director de “Ciudadano Kane”, un film experimental que instaló la idea de cine dentro del cine, cuyo director empezó a grabar en 1970 y que luego de numerosos conflictos económicos, políticos y judiciales, nunca pudo terminar en vida. Al otro lado del viento, luego de idas y vueltas, fue estrenada en el año 2018, 33 años después del fallecimiento del director, y casi 50 años después de haber sido concebida en un estudio de grabación.

La lectura que puede hacerse de la narración -el acto de narrar sea cual sea su plano de ejecución- subsume el sentido mismo del artefacto creado. En este caso, la noción del fracaso implica otro tipo de abordaje, que es cuando una idea empieza a generar una conceptualización, como un espejo que la refleja, y que termina generando una innovación al incluir una mirada conceptual (parcialmente entendida en su tiempo, como por ejemplo la satirización del cine atmosférico europeo de los años 60), en cuanto a la comprensión del concepto “falso documental”, algo imprevisto para la época del film.

En algún tramo del documental “Me amarán cuando esté muerto”, realizado sobre la vida del legendario cineasta, el autor arroja una teoría: que pasaría si la película es una película sobre la película, que en el medio surjan inquietudes que permitan analizarla mientras es rodada, la posibilidad de que no haya final porque nunca fue concebido de esa manera, que pasaría si de pronto la película, sin detenerse en su proceso de rodaje, cobra otra forma autoconsciente que le permita introducir el cuestionamiento dentro de su propio esquema de construcción, como si el extraño mecanismo habilitara, por su propia naturaleza, a explicar para el espectador el submundo habitado de una cámara encendida en un set de filmación.

Imaginemos en este proceso a un director que mientras filma, es a su vez filmado. Pensemos hasta que punto podríamos incluir otra cámara que permita analizar lo que se está creando, una concepción para la cual no existen límites, un ejercicio libre y anacrónico. Es en este momento en donde pienso si es posible replicar dicho entendimiento en la Bibliotecología: discutir conceptos a medida que las prácticas se van extendiendo, como si se tratara de una holográfica fuente terciaria de información aplicada a través de diversas intervenciones multidisciplinarias, vincularlo todo: imágenes, textos, vocabularios, escenas, comentarios, audios, debates, artefactos, encontrar una única fórmula, llevar al límite, desde un carácter semántico, el alcance del hipertexto.

En esta cinta, Welles utilizó un estilo narrativo en el que mostraba una película dentro de una película, que sigue el último día en la vida de un envejecido director de Hollywood (John Huston) mientras hace de anfitrión en una fiesta organizada para el visionado de su último proyecto inacabado, intentando atraer inversores para finalizarlo, este entendimiento cruzaba en paralelo la ficción y la realidad, no puede dejar de apreciarse como una genialidad, que ha sido caracterizada por la edición de cortes abruptos, el uso de diversos formatos de imagen y la alternancia en el empleo del color y el blanco y negro. De algún modo, tanto en su método como en su accidentada composición, representó una sátira de la decadencia profesional del Hollywood clásico por medio de capas, estilos, formatos y lecturas, parece una película reciente, post-moderna, y sin embargo nunca se pudo terminar en el tiempo estimado, cobrando otras formas al paso de los años.

De algún modo se percibe, a través del proceso narrativo fractal y arbóreo, las proyecciones oníricas del director, probablemente moldeadas en arcilla en la etapa de planificación, que anticipan de alguna manera el conflicto mientras el mismo es filmado, llega un punto en que parece advertirse el documental del documental de una película imposible de llevar a buen puerto. Extendiendo la mirada, es como si le dieran argumentos al televidente para entender los pormenores de una industria representada bajo la forma de una picadora de carne.

Las discusiones que serpentean entre los integrantes técnicos y artísticos del proyecto, bien podrían haber sido cámaras ocultas grabadas para el filme, por momentos, lo que se entiende como película -en ese esfuerzo permanente de salirse de esa idea- se aparta del guión y encuentra auxilio en una discusión entre directores invitados a la filmación, quienes debaten sobre la imposibilidad de hacer películas bajo la premisa del cine-arte “si la audiencia no entiende ¿qué propósito tiene un filme?”.

Los actores descubren que es el mismo director el voyerista del proyecto “a todos nos gobierna el viento”, en contrapartida, dejar de esperar que el universo tenga lógica. Welles (o Huston, para el caso sería lo mismo), afirma que “todo hombre lleva dentro de si toda la condición humana”, el director disfruta fingir su ignorancia.

Toda secuencia es filmada, aún lo que ocurre en el momento del “pre-estreno”, cuando se corta la luz, incluyendo las discusiones, las especulaciones, las visitas, alguien hace de grabadora humana, y es al mismo tiempo el financista del proyecto, la autoridad: “estudiar al director, por orden del director, mientras filman”. El director se come a las luciérnagas: “ninguna máquina produce lo mismo que consume”.

Entonces ¿hay película?

La virtud del fracaso. El error en el contexto científico. Una producción cinematográfica condenada a su incompletitud, pero habilitando un sentido. La inabarcabilidad de una biblioteca.

Volviendo a Welles, lo que va ocurriendo en el plano del filme se desplaza, ampliando la articulación de una idea. No hay hilo narrativo prefijado, lo disruptivo que ocurre debe tener su casillero cubierto bajo el entendimiento de la prefiguración, se preside sobre esas ocurrencias y se las incluye en la trama. En muchas profesiones, desde el punto de vista de la investigación, se avanza en esa infrecuente dirección, la Bibliotecología no está excenta, sobre todo si consideramos su carácter interrogativo, y los rumbos políticos que su devenir incorpora.

Desde lo que implica un mecanismo cinematográfico, es posible comprender el trabajo de elaborar datos sobre datos, es un problema que algunos escritores construyen a través de la metaliteratura, su aplicación no termina de licuar como ejercicio o como recurso permanente en el entramado de una obra, es una excusa para agregar ideas articuladas con máscaras, un modo de acercarnos desde otro lugar a los artefactos creados por el intelecto humano. Un modo de pensar la profesión.

Cuando veo películas como estas, pienso en los problemas suscitados en el ámbito bibliotecario, pienso que toda biblioteca es imperfecta, que no llegará nunca el día de completar un criterio colectivo en una unidad de información, que nos permita entender que, a partir de allí, solo queda seguir un protocolo minuciosamente estipulado para cada una de las tareas.

Es hacia este lugar donde me llevó la incidencia de una película, atravesada por la idea del fracaso, que sobrevuela de alguna manera, la posibilidad del error en nuestro campo de acción.

Esa inevitable necesidad de “entender el plano”.

Fuente:

La virtud del fracaso / Kevin Kelly

https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/subnotas/6799-1329-2011-01-30.html

Al otro lado del viento (película)

https://www.filmaffinity.com/es/film942547.html

Me amarán cuando esté muerto (documental)

https://www.filmaffinity.com/es/film204435.html

viernes, 4 de junio de 2021

Sobre las construcciones sociales que dejan algunas derrotas

Desde hace más de 10 años que el abogado Alberto Sarlo viene sosteniendo con su esfuerzo un emprendimiento editorial, social y cultural sin precedentes: la creación de una editorial cartonera y un taller de escritura para personas privadas de su libertad, en donde les pide a los reclusos que generen contenidos literarios con conceptos filosóficos, porque resulta innegable que es allí donde tiene más sentido esa forma de composición, de alguna manera representa una posibilidad de articular respuestas.

El documental de Diego Gachassin (guión, dirección, producción, fotografía y cámara), titulado Pabellón 4 y difundido en Canal Encuentro, ilustra lo que significa salir y entrar de un penal, lo duro que resulta cualquier situación de encierro, pero también las posibilidades que la cultura inserta en un territorio tan intervenido.

"Hace 7 años que vengo y no existo" dice Sarlo, y en esa respuesta se ve reflejado el hecho de que, a pesar de los libros cartoneros, la producción editorial y la colaboración, el proyecto no existe para el Estado, en correspondencia, tampoco existe para buena parte de la sociedad.

Boxeo, literatura, filosofía, canciones, libros cartoneros, escritores carcelarios, todo eso forma parte del Universo de Cuenteros verseros y poetas, lo que logró Sarlo a pesar de los obstáculos, es formar una comunidad, hacen lo que pueden con esa idea. Cuenta con la presencia y apoyo de Carlos Miranda Mena, quien luego de 17 años en la cárcel volvió al penal como docente para ayudar al abogado y ser un nexo entre sus palabras y el conocimiento grupal.

"Desde este infierno se puede empezar a construir la diferencia" dice uno de los reclusos, a lo que apunta Sarlo sobre la necesidad de que el proyecto lo coordine el Estado.  

Para el abogado, la literatura no reinserta, no hay moral, y para sustentar esa frase toma los casos de escritores afiliados al nazismo, personas que tuvieron un alto nivel cultural, y que sin embargo aplicaron la barbarie a sociedades marcadas por la vulnerabilidad y ausencia de derechos, “a mi me piden reiserción, es entonces cuando aparece mi sentido marxista, para decirles que yo vengo no para que sean mejores personas, eso es colonialismo, eso es dominación, eso no lo hago porque no lo sé”.

La frase me recuerda una disertación de Pedro López López, allá por noviembre de 2016, cuando compartió unas reflexiones sobre derechos humanos y sociedad de la información, derivado de un análisis del concepto crítico de la democracia:

Una democracia formada por una masa amorfa de consumidores compulsivos que aceptan acríticamente un modelo comunicativo (especialmente en lo que se refiere a la televisión) y de consumo absolutamente alienantes, que no participan en la colectividad, que son indiferentes a la injusticia social, es solamente la cáscara de una democracia. La democracia se protege fortaleciendo la ciudadanía, y esto sólo – o principalmente- puede hacerse a través de la educación. Pero no sirve cualquier tipo de educación. Conseguir un alto nivel cultural no protege contra la barbarie, como demostró la Alemania de los años treinta y cuarenta, el país más adelantado de su época, tanto cultural como científica y tecnológicamente. El nazismo, barbarie en estado puro, tuvo dirigentes con exquisito nivel cultural. Podemos decir, con Voltaire, que la civilización no suprime la barbarie, sino que la perfecciona. Como decía Soledad Gallego-Díaz en una columna publicada en el diario El País “Desde entonces, como escribió George Steiner, ‘sabemos que los hombres pueden leer a Goethe o a Rilke por la tarde, interpretar a Bach y a Schubert por la noche, e ir a la mañana siguiente a su trabajo diario en un campo de concentración’. La cultura, toda la cultura europea, no fue capaz de protegernos de la barbarie y desde entonces todos sabemos también que, como escribió otro sabio alemán, T.W. Adorno, la única cultura verdadera es la que alienta la crítica, la que alimenta la ciudadanía, la capacidad de resistencia frente a la inhumanidad y sus dogmas... Desde Auschwitz todos deberíamos saber que lo que importa es mantener engrasados los mecanismos que permiten el libre conocimiento de los hechos frente a la propaganda... El conocimiento de los hechos y la capacidad crítica son los diques de la barbarie”.

En algún punto puedo entender, desde el otro lugar donde se dicen las cosas -el otro lado del muro carcelario- que difundir este tipo de noticias no se justifica por que los autores delinquieron y por correspondencia están pagando, pero no tengo autoridad para afirmar eso, porque el error está a la vuelta de cualquier esquina. Sarlo pide tomar los libros como símbolo de lo colectivo, no sirve hacer filosofía si no sirve para ayudar al de al lado, como dice una canción de Mena “cuando sea alguien ¿me abrazarán como lo hacen hoy?”

Sarlo habla, muchos anotan, todos escuchan, por ahí sirva de algo reproducir estas palabras que escribió en el blog de los libros cartoneros, dice mucho de su día a día, donde no hace otra cosa que ponerle el cuerpo a las ideas:

Hoy, miércoles 3 de marzo, estoy saliendo para dar clase en el pabellón de máxima seguridad N° 4 de la U23 de Florencio Varela, como lo vengo haciendo desde mayo de 2010. Por el COVID, el régimen de visita familiar se ha modificado y desde hace unos meses cada 15 días mis alumnos/compañeros/docentes reciben visita el mismo día que doy clase. Son 56 compañeros en el pabellón, de los cuales aproximadamente 50 reciben visita. Muchos opinarán que sería mejor que cada quince días cambie de día, para tener la totalidad de los alumnos en el pabellón. Esas mismas personas se preguntarán si no es una pérdida de tiempo dos horas y pico de viaje (entre ida y vuelta), para luego dar tres horas de clase/charla/mateada/filosofada para tan sólo tres, cuatro o cinco compañeros. Cinco horas en un centro de tortura para tan sólo cinco alumnos como mucho… Yo respondo contundentemente que SÍ, QUE TIENEN RAZÓN. MIS CLASES SON UNA PÉRDIDA DE TIEMPO. ACLARO: TODO LO QUE HAGO EN UN CENTRO DE TORTURA ES UNA PÉRDIDA DE TIEMPO Y POR ESA RAZÓN, POR SER UNA ACCIÓN INTEMPESTIVA CONSIDERO ESENCIAL ESTE TIPO DE PEQUEÑA COMUNIDAD GESTADA EN EL PABELLÓN 4, máxime cuando quienes reciben la clase son compañeros que, además, sufren la ausencia familiar en un ámbito donde reina la angustia. Mi accionar es una pérdida de tiempo precisamente porque parto de la premisa que “uno enseña filosofía aprendiendo filosofía”. En un mundo capitalista, patriarcal y extractivista, todo aquel que deja de trabajar con fines utilitaristas es un inútil y precisamente la filosofía es caracterizada por los “libertarios y los emprendedores” como un “saber inútil”. Reivindico la inutilidad. La filosofía inútil se aprende de dos maneras: Primero leyendo un montón y segundo cediéndole el espacio al “otro”, al distinto, al marginado. No sé si soy un buen docente, pero sí sé que leo mucho. Tampoco soy consciente de cuánta apertura tengo con mis compañeros, lo que sí sé es que recibo mucho afecto de parte de ellos. Segunda aclaración: No soy un docente paternalista, no voy a realizar “buenas obras con los descarriados”, no soy pastor de rebaños, no soy resocializador ni mucho menos portavoz de contenidos bienpensantes. Soy un mero docente autodidacta que milita el territorio y que reivindica derechos pisoteados. Es más, soy algo aún más vulgar: soy un hombre blanco, un burguesito proveniente del privilegio que ingresa de prepo y sin autorización oficial en un centro de tortura estatal destinado a los marrones, a los negros, a los nadies. Si en nuestra comunidad del pabellón 4 hemos podido alfabetizar a más de mil compañeros en once años y hemos podido publicar y regalar más de 28 mil libros escritos por detenidos/torturados es porque mis alumnos/docentes advirtieron que ingresé en su territorio con una disposición subjetiva hospitalaria. Soy un visitante/compañero que permite alojar dentro suyo lo mucho que los 56 compañeros detenidos me ofrecen. Por eso voy todos los miércoles a un centro de tortura. Por eso desde hace once años me apasiona perder el tiempo.
Alberto Sarlo

Fuente consultada:

Pabellón 4 online. Cuenteros, verseros y poetas

https://cuenteros-verseros.com.ar/2021/03/pabellon-4-on-line/

sábado, 29 de mayo de 2021

Reflexiones de este tiempo sin Carlos Martínez Sarasola

Se cumplen 3 años de la partida de nuestro querido director y amigo, Carlos Martínez Sarasola, y pareciera que a medida que sucede el tiempo, las palabras se arremolinan buscando evitar la evocación o la nostalgia.

Pienso que hubiera dicho Carlos de todo esto que como sociedad nos está pasando, que hubiese analizado de cada conflicto comunitario de las familias indígenas, a lo largo y ancho del país, que cosas hubiese propuesto para intentar equilibrar el permanente desbalanceo del contexto jurídico y legal de las comunidades, que hubiese declamado, bajo la forma de un editorial, para habilitar un sentido reflexivo ecuánime y sereno, pero firme, con la intención de incluir voluntades y entendimientos, de cuidar entre todos ese fuego de otros tiempos, propios de la empatía, la concordia y el acuerdo.

Los representantes de los pueblos originarios hace 3 años que perdieron una voz pacífica que lograba tender puentes allí donde otros pusieron muros, y es responsabilidad de quienes estuvimos cerca de sus andares, intentar hacer bien nuestro trabajo para honrar esa memoria, de algún modo es dar un sentido a las ideas, en esta especie de crepúsculo que buena parte de la sociedad está transitando.

Escribir estas palabras apenas alcanza, para tener presente un silencio poblado de criterios que fueron forjados por el estudio de una problemática, desavenencias que nuestro país atravesó desde el origen mismo de su historia, y que Carlos supo describir, otorgando visibilidad a las matrices culturales que formaron parte de nuestra identidad como pueblo.

En El Orejiverde tenemos una práctica, que suele ser cíclica, consiste en difundir las ideas de su fundador, y lo hacemos no solo para no olvidar, sino para que todos sepan el porqué de tantas luchas a lo largo de los siglos, el valor que aún tiene la memoria, que nos permite saber, a través de sus palabras, de donde venimos y hacia donde queremos ir.

Nos damos cuenta entonces, los que seguimos en el diario, que haber continuado sin Carlos era una forma de prolongar su legado, diciendo con otras voces lo que este gran antropólogo supo cultivar a lo largo de su vida: un entendimiento genuino de un profundo problema social, histórico y cultural de la Nación Argentina, nuestros paisanos los indios.

De eso se trata esta inabarcable aventura.

Versión para El Orejiverde:

http://www.elorejiverde.com/el-don-de-la-palabra/6074-reflexiones-de-este-tiempo-sin-carlos-martinez-sarasola

lunes, 3 de mayo de 2021

Pensar en pensar

Hace un tiempo, en el sitio Edge.org, se reunieron profesionales de distintas disciplinas para analizar conceptos críticos sobre temas esenciales del pensamiento humano. A fines de enero del año 2011, la consigna fue directamente que pensaran en pensar:

 ¿Qué idea nos ayudaría a pensar mejor?

Las respuestas proveen un marco de análisis que resulta posible extrapolar a cualquier contexto (bibliotecario, artístico, literario, filosófico, científico, entre otros). Resulta clave dirimir los alcances de ciertas apreciaciones.

Los físicos Carlo Rovelli y Lawrence Krauss, por ejemplo, afirmaron que todos nos beneficiaríamos si manejásemos mejor el concepto de incertidumbre, que en dicho campo disciplinar permite evaluar los errores que se producen durante una medición comparativa, que otorgue valor a una observación. El matemático Rudy Rucker sugirió la idea de impredictibilidad del mundo (un ejercicio paralelo e interesante sería incluir el concepto de azar en la física, de donde se desprenderían elementos probatorios en la dinámica de sistemas complejos o caóticos), mientras que el emprendedor Vinod Khosla hizo una propuesta similar, pero con la noción de la impredictibilidad de la tecnología (o principio del cisne negro, una metáfora que si bien nació dentro del contexto económico, se puede aplicar como teoría a la aparición del coronavirus, de algún modo describe aquellos sucesos que ocurren por sorpresa, no previstos por los analistas, en donde para bien o, generalmente, para mal, terminan teniendo un gran impacto y repercusiones trascendentales). En otras áreas, el psicólogo Jonathan Haidt sugirió “pensarnos como un superorganismo” (unidad social cuyos miembros pueden actuar juntos para producir fenómenos gobernados por el colectivo, ejemplos conocidos de este concepto lo constituyen las hormigas y abejas). El físico Gino Segre incitó a hacer Gedankenexperiments (o experimentos mentales), de los cuales muchos ejemplos se aplicaron en temas cruciales como la mecánica cuántica y la relatividad. Por último, el físico teórico Sean Carroll lo recordó: el universo no tiene sentido.

¿Que diríamos de nuestra profesión? ¿seguir renombrando conceptos? ¿incorporar informática en los planes de estudio? ¿focalizar nuestra atención a cuestiones relativas con el lenguaje inclusivo? ¿discutir nuevos sistemas de gestión? ¿aplicar eventuales estándares para describir recursos bibliográficos? ¿tener visibilidad en proyectos interdisciplinarios? ¿debatir una mayor inserción en la educación intercultural bilingüe?

La necesaria tarea de articular entendimientos en un plano.

Fuente consultada:

http://edge.org/

lunes, 26 de abril de 2021

Reflexiones sobre la permanencia cartonera en el contexto editorial

Se comparte el documento presentado en el Primer Encuentro Internacional de Editoriales Cartoneras en Costa Rica, organizado en forma virtual por la Escuela de Bibliotecología y Ciencias de la Información (EBCI), de la Universidad de Costa Rica, donde resultó muy ameno intercambiar experiencias relacionadas con la realidad de las Editoriales Cartoneras en los distintos escenarios donde sus producciones se manifiestan.

Un gusto realmente haber formado parte de la mesa redonda con Jania Kudaibergen, Sergio Rodríguez y la moderación de Mayra Giménez.

Les agradezco a los organizadores, en especial Diego Mora y Dessire Rodríguez, así como la gentileza de los comentarios compartidos por Olga Cartonera, Paloma Celis Carbajal y Adrián Vila.

Ojalá la próxima edición sea presencial.

Un abrazo.

Reflexiones sobre la permanencia cartonera en el contexto editorial

Resumen

Se comparte una serie de reflexiones sobre la permanencia social de las editoriales cartoneras en el contexto literario. Se vinculan algunas ideas manifestadas por recolectores, cartoneros y recuperadores urbanos, estableciéndose puntos en común que representan, bajo el plano de la cultura popular, una poética de la resistencia en relación al cooperativismo, desde donde se ofrecen respuestas genuinas ante la problemática del acceso a la lectura, el reciclado y el cuidado del medio ambiente.

Origen cooperativo de las editoriales cartoneras

Ya casi todos saben cómo empieza esta aventura, el origen cooperativo de las editoriales cartoneras, nacido en medio de asambleas barriales y populares, cartones, pinturas y verduras, lleva un nombre de mujer, Eloísa Cartonera, hay un momento acaso icónico que es fundacional, ocurre en el año 2003, que es cuando el poeta argentino Washington Cucurto, caminando junto al artista visual Javier Barilaro, y el poeta mexicano Hernán Bravo Varela, se encuentran en la calle con un desconocido en situación de indigencia, a cambio de unas monedas esta persona les vende un pedazo de cartón, Cucurto toma el cartón, lo dobla en forma de libro y lo muestra a sus amigos con una sonrisa, sin saberlo se le ocurre una idea que dará la vuelta al mundo.

A partir de allí, historia conocida, en ese mismo año surge Eloísa Cartonera y empiezan a publicar libros cartoneros, pintados a mano, bajo el concepto copyleft, copiar y dejar copiar, reflejando de este modo la filosofía de la editorial, con la intención de publicar y difundir libros baratos, accesibles al lector. Hay que detenerse simbólicamente en el exacto momento que Washington Cucurto cruza esa avenida con un cartón en la mano, porque de alguna manera es el motivo por el cual estuvimos conectados, desde diversas latitudes, en el Primer Encuentro Internacional de Editoriales Cartoneras en Costa Rica.

Sin embargo siempre me ha resultado curioso un antecedente previo en el mundo editorial cartonero, que fue ignorado en muchas revisiones, antologías y ensayos, se trata de Ediciones El Mendrugo, de la poeta argentina Elena Jordana, quien a principios de los años 70’ publicó libros encuadernados con cartón corrugado, impresos en papel kraft (o estraza) y atados con hilo sisal, con tipografía de sellos de goma, cada edición era distribuida personalmente por la propia Elena, en sus viajes a México, Estados Unidos y Argentina, incluso algunos libros iban acompañados de un morral de yute para que los lectores lo pudiesen llevar más cómodamente, técnicamente podemos decir que ha sido la primera experiencia editorial de libros cartoneros. Elena Jordana, conocida como la “editora-maga”, quien tuvo una intensa vida dedicada a la literatura, fallece en diciembre de 2008, cinco años después del surgimiento de Eloísa.

El otro caso que se discute es el del poeta y narrador paraguayo Carlos Martínez Gamba, un verdadero referente de la literatura oral guaraní, en su vertiente campesino indígena. Según lo ha testimoniado su hijo, Rodrigo Martínez Gamba, el escritor “guaraní-parlante” publicó en el año 1971 lo que se entiende como el primer cuento paraguayo en lengua guaraní, titulado "Hógape ojevýva karréta nandi rehevéma" ("Del que vuelve a su casa con la carreta vacía"), escrito e impreso en forma artesanal, con tapas del libro hechas de cartones de embalaje, a este libro le siguió otro, titulado "Hógape ojevýva rembihasakue ipy'a tarovarante" ("Del que retorna a su casa solo para desesperarse"), publicaciones que fueron leídas por la colonia de exiliados paraguayos en Argentina, donde el poeta vivió en su exilio, la leyenda dice que estos libros, a paso de canoa, ingresaron a Paraguay en forma clandestina, y que aún quedan trabajos sin publicar

Se trata de dos experiencias que merecen, a mi entender, un abordaje exhaustivo por parte de quienes investigan el contexto de los libros cartoneros.

También podemos mencionar, si extendemos un poco más este arco, la experiencia maya del Taller Leñateros, que nace en México en 1975, por intermediación de una poeta y editora, Ámbar Past, que propone a comunidades indígenas del barrio Cuxtitali la publicación de libros artesanales escritos, ilustrados, impresos y encuadernados con antiguas técnicas empleadas por ancestros mayas. Probablemente se pueda discutir en este caso el concepto editorial cartonera, cuya experiencia directa se vincula con una edición especial de libros de cartón, pero lo que no se puede dejar de reconocer es una forma original de producción basado en criterios de reciclado, recogiendo en este caso desperdicios agrícolas e industriales para transformarlos en verdaderos objetos artísticos. Esta mención al taller leñateros viene a cuento por un intercambio de mails entre editores y bibliotecarios, donde se discutió el alcance del concepto editorial cartonera, trazando un hilo precario que separaba un poco el caso de las editoriales artesanales, que ofrecían objetos en diferentes formatos, donde no estaba ausente el cartón.

Yo creo que hay que analizar diferencias, lo de Carlos Martínez Gamba fue un proyecto individual de publicación de libros cartoneros, en cambio Elena Jordana, si bien publicó sus propios libros en ese formato, creó una editorial donde difundió textos de otros autores, entre ellos escritores como Octavio Paz y Ernesto Sábato, quienes cedieron derechos de publicación para ediciones especiales. A pesar de la originalidad de su propuesta, la misma transitó un camino no correspondido con la difusión masiva, mientras que la editorial que soñó Washington Cucurto tuvo la virtud de otorgarle un espíritu colectivo a la propuesta, una idea que se transformó en necesidad y que terminó originando un movimiento social representativo, llegando por intermedio de una cooperativa, a lectores que, de este modo, no vieron postergadas sus posibilidades de acceso a la lectura.

La inquieta arborescencia de las editoriales cartoneras

En este punto cabe hacernos una pregunta: ¿Por qué surgieron las editoriales cartoneras?

Entre otras cosas, porque hubo una crisis, más precisamente en diciembre de 2001, en Buenos Aires, y en consecuencia hubo que empezar a buscar alternativas de subsistencia, alternativas que, desde el universo cartonero, consistieron en otorgar una respuesta social al cual supieron vincular el eje de la cultura con el eje de la asociación y/o cooperativismo.

No sorprende que en un rincón de Latinoamérica haya sucedido este fenómeno, porque bien sabemos que en esta parte del continente las crisis son cíclicas, generan movimientos populares que expresan una resistencia hacia los poderes políticos, pero no se limitan al repudio colectivo, sino que ofrecen ideas que, en este caso, han sido replicadas en 28 países a nivel mundial (19 de ellas en nuestra querida Abya Yala), con más de 300 experiencias de editoriales cartoneras, y si esto que sucedió cobró otras formas y repercutió en distintas sociedades, es porque supo instalar el eje democrático del acceso a la cultura sin intermediarios de corporaciones editoriales, sin que nadie se crea con la autoridad de imponer reglas de mercado, de vehicular los componentes de una expresión artística, la respuesta es conocida: libros de cartón sacados de la basura y pintados a mano, pasaron casi 19 años de esa idea, y es hoy que algunos escritores reconocidos eligen publicar en ese tipo de editoriales.

La alternativa se instaló, y difícilmente corra riesgo de osificarse, es preciso analizar que este fenómeno editorial habilita una serie de perspectivas que dejan al desnudo la importancia de lo que significa, en estos escenarios, el alcance de palabras como resiliencia o empoderamiento, por cierto, una sinergia acaso inevitable, dado el revestimiento de la carencia en la que inicialmente suelen estar recubiertos estos proyectos comunitarios.

Las editoriales cartoneras plantean una inquieta arborescencia, surgen de una necesidad comunicativa que el tiempo transforma en movimiento, son pocas las que se han replegado o han callado, y es en la multiplicidad donde encuentran su sentido, con sus variadas adscripciones (culturales, sociales, políticas, económicas, ideológicas, ecológicas, artesanales), así como sus tipologías (escolares, universitarias, indígenas, campesinas, carcelarias), se trata de un espacio social de resistencia, nacido en contextos tan urgentes como vulnerables, representan por si mismos la posibilidad de territorializar una demanda que necesita ser articulada desde el voluntariado y la colaboración.

Similitudes cooperativistas entre editoriales cartoneras y huertas colectivas orgánicas

Hay otro ejemplo que sería interesante vincular, se encuentra dentro del plano del mercado agroecológico: las huertas colectivas orgánicas, que asocia el cultivo del propio alimento, en algunos casos son entendimientos identitarios, con anclaje en lo social, que implican por sí mismos una alternativa necesaria, con focos de resistencia organizados desde lo urbano, porque es en la urbanidad donde se plantean los problemas complejos generados por la carencia de políticas públicas entre las comunidades más vulnerables.

Hay una idea que plantea que producir tus propios alimentos es revolucionario, entre otros motivos, porque no depende del sistema capitalista para generar esa posibilidad autosustentable, no hay que pagar para producir, todo te lo da la calle: materiales, excedentes de las verdulerías, espacios de trueque de semillas, esa idea aplica para el universo de los libros cartoneros, modifica esa concepción de las cosas que otorga valor a lo que otros desechan, instala un nuevo esquema que incluye emergentes circuitos de producción, con un anclaje filosófico puesto en el acceso a la cultura, de este modo se empieza a tener una idea distinta en relación al valor. Lo desechado vuelve a generar un circuito, se integra a otros componentes, y ofrece un servicio a la comunidad.

Esas personas, recicladores, recuperadores, recolectores, cartoneros, instalan una concepción que equilibra las permanentes disrupciones del sistema, son ellos los que entienden que desde el reciclado y la recolección, nacen otras escalas valorativas cuyo criterio nunca debió perderse, realmente si no fuera por ellos, hoy existiría un problema grave con la basura, con el medio ambiente, con la sustentabilidad, la ecología y la propagación de enfermedades absolutamente evitables, estos temas nos interpelan y deberían ser material obligado de estudio en las escuelas primarias y secundarias.

Las editoriales cartoneras supieron aplicar un formato y un método de trabajo, en muchos casos favoreció la cohesión social entre espacios marginados por el sistema, esos libros cartoneros, totalmente dispares, íntimos, plurales, heterogéneos, representaron para las inmensas minorías una verdadera conquista social que difícilmente sea arrebatada, por lo tanto, no veo inoportuno asociar a una editorial cartonera como una trinchera, donde la cultura popular literaria encontró otro modo de decir las cosas, se trata de una posibilidad que no debe limitarse a un entendimiento estético de divulgación editorial, sino que por el contrario, nunca debemos perder de vista que lo que cada editorial ha publicado es una expresión literaria, en muchos casos, subyacente de su contexto y su tiempo político.

Por ende, percibo una correlación, desde el punto de vista cooperativo, entre las huertas colectivas orgánicas y las editoriales cartoneras, en las huertas el concepto de compostaje, que básicamente se trata de poner en un tacho un puñado de tierra con desperdicios orgánicos de yerba, café, té, frutas y verduras, implica por sí mismo un entendimiento revolucionario ¿por qué? Porque no es necesario contar con dinero, porque todo se encuentra en la basura, hay quienes afirman, como Carlos Briganti (un referente del colectivo El Reciclador Urbano en Buenos Aires, quien desarrolló un innovador sistema de huertas en terrazas de edificios y canteros de neumáticos en veredas públicas), que con el compostaje cambias el mundo, que a través del “basureo”, tu vida cambia paulatinamente, ya que el trabajo de recolección subsume la noción de reciclado, lo cual deriva en este caso, en la cosecha gratuita de alimentos más sanos. Hay que prestar atención que hay mucha gente que va hacia el mismo lugar, con múltiples intereses (editoriales, agroecológicos, artesanales, artísticos), pero que no se conecta o no conoce lo que otros hacen, y de pronto descubren el poder de lo que implica la asociación y el cooperativismo, o el mero intercambio de ideas.

En las editoriales cartoneras se advierte un proceso similar al de las huertas colectivas orgánicas, el acto de compostaje se encuentra representado en este caso por el cartonero que junta los cartones que la gente tira a la calle, no solo limpia el espacio público, no solo contribuye al medio ambiente, sino que integra su tarea a un proceso de producción que deriva a su vez en la creación de un objeto de consumo popular, el libro cartonero es esa verdura que nace del compostaje, y ahí lo que estamos consumiendo, es cultura.

Entendimientos endógenos de la identidad cartonera

En este punto, resulta preciso analizar el conjunto de personas que conforman el universo cartonero, no solo los que participan del proceso editorial, sino de las ideas que surgen en contextos alternativos de quienes adscriben, desde un punto de vista filosófico y cultural, a entendimientos endógenos en relación al concepto de valor, estamos hablando de una forma de comprensión que aplica tanto para el reciclador como para el recuperador urbano y el cartonero, lo que unos desechan en la vía pública sin asociar un costo al artefacto, otros le dan utilidad social asignando un valor.

Ahora bien ¿Qué ocurre con esta lógica? Que esta idea que llamamos editoriales cartoneras, se instala desde lo cultural para intentar equilibrar socialmente el constante desbalanceo del sistema, que en ocasiones requiere la intervención de una política asistencial por parte del Estado que no soluciona el problema de fondo. Quienes publican en este tipo de editoriales, no están ajenos al contexto social que sostiene este modo de comercio.

No nos olvidemos que, en Argentina, según lo afirma la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores, hay en el país entre 150 y 200 mil personas que viven de la recolección de materiales entre los basurales, con realidades muy heterogéneas, ese número de trabajadores crece y decrece en función de la realidad económica y social que vive el país. Hay quienes lo toman como un trabajo diario y es su única ocupación, y otros lo practican de manera intermitente, pero también es una realidad que muchas de esas  cooperativas cuentan también con merenderos y hacen ollas populares, acercando alimentos a las viviendas que se encuentran en situación de riesgo, si en ese contexto no surge espontáneamente el eje de la asociación y el cooperativismo, atravesado necesariamente por el eje de la cultura popular y la educación (donde las editoriales representan un eslabón de la cadena), las comunidades recorrerían un lento camino hacia la extrema pobreza y la consecuente marginalidad.

Por lo tanto, en este territorio donde no hay cuchillos sin rosas (parafraseando el nombre del taller de Eloísa Cartonera), la literatura ha podido contar con una alternativa encuadernada con tapas de cartón, lo que representa todo un paradigma: un artefacto de palabras y colores nacido desde la precariedad, para llegar a los lectores bajo el entendimiento empático de la libertad editorial.

Es un buen lugar para sostener un acto de resistencia. Así como está planteada la propuesta, la respuesta al problema del desecho, en todos sus contextos, la encontramos siempre en la calle, y eso realmente nos hace invencibles.

Bibliografía consultada

Del catálogo de Biblioteca: Ñorairö Ñemombe'u Gérra Guasúrö guare, Guaraní Ñe'êpu Joapýpe. Como un vehículo de su lengua guaranía: entrevista a Rodrigo Martínez Gamba. Tempo. Año 2. N° 9, diciembre de 2018. Disponible en: https://issuu.com/correodelaapm/docs/tempo9_244479c7802086

Almagro Revista. Carlos Briganti, un hombre que quiere cambiar el mundo con las huertas y el compostaje. Disponible en:

https://www.almagrorevista.com.ar/carlos-briganti-un-hombre-que-quiere-cambiar-el-mundo-con-las-huertas-y-el-compostaje

Los chamanes alquimistas de las letras mayas. El Orejiverde. Disponible en:

http://www.elorejiverde.com/buen-vivir/3305-los-chamanes-alquimistas-de-las-letras-mayas

Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores

Sitio Web: https://faccyr.org.ar/federacion/ (consulta marzo 2021)

Eloísa Cartonera

Sitio Web http://www.eloisacartonera.com.ar/ (consulta marzo 2021)

Directorio Editoriales Cartoneras. Olga Cartonera.

Sitio Web: https://olgacartonera.cl/editoriales-amigas/ (consulta marzo 2021)


Encuentro Cartonero en territorio virtual de Costa Rica

Primera Jornada 21 de abril

https://www.youtube.com/watch?v=73--rneFwLw

Segunda Jornada 22 de abril

https://www.youtube.com/watch?v=uk9xuMEP5WI

Tercera Jornada 23 de abril

https://www.youtube.com/watch?v=6w88w8GPMU4

miércoles, 21 de abril de 2021

Carta sobre la promoción de la lectura

En diciembre del año 2016, compartí con Rafael Bardas una reflexión sobre la promoción de la lectura en contextos de vulnerabilidad social:

http://librosvivientes.blogspot.com.ar/2016/12/sobre-la-promocion-de-la-lectura-en.html

Se trataba del análisis de un artículo de Guillermo Saccomanno, que motivó un conjunto de reflexiones en torno a la promoción lectora, en sintonía con una serie de experiencias educativas vinculadas con políticas públicas de lectura. Me pareció relevante incluir algunas impresiones de Rafael, considerando su pasado como docente en distintas universidades, tanto nacionales como extranjeras, el resultado es la siguiente carta:

Daniel:

Me ha gustado mucho este trabajo tuyo. Toca precisamente a la esencia de ese docente innato que hay en mí y que, de algún modo y en algunas circunstancias de mi vida, he podido poner en práctica.

Vos lo has referido de modo específico a las áreas llamadas “de vulnerabilidad social”, donde a todas luces, esta temática hace crisis.

Sin embargo, creo que bien podríamos extender la consideración al resto de la comunidad humana actual, acentuándola en el caso de los jóvenes adolescentes de hoy, ya sea que provengan o no de áreas carenciadas.

Está casi comprobado que el desenfrenado avance tecnológico que día a día nos sacude, ha incidido fuertemente en la mentalidad y las costumbres de nuestros adolescentes, incapacitándolos, cada vez más para absorber el esfuerzo que implica procurarse un libro y leerlo.

Asimismo, el simple hecho de que todo se nos presente servido con sólo apretar una tecla, adormece el natural ímpetu de acción que la sana curiosidad conlleva.

Paralelamente a todo esto, hay que tener presente que el adolescente del siglo XXI ha sido convertido en objeto primario y exclusivo de una feroz campaña comercial que le hace creer que él está por encima de los adultos y que, por lo tanto, sus apreciaciones y puntos de vista, son las correctas y las más acertadas, simplemente por ser las más actualizadas. De lo cual se sigue la obvia desautorización del maestro, frente al discípulo. Una realidad que, precisamente en áreas de bajo nivel socio-cultural (no necesariamente socio-económico), se extiende aun a los padres del adolescente. Estamos, pues ante una real inversión de valores.

Otro gran factor que no debemos olvidar es la generalizada urgencia de orden económico que atormenta hoy a la familia. Sobrevivir en condiciones de razonable dignidad -no hablo de lujos- es una dura tarea que ocupa no sólo el tiempo de los ciudadanos, sino también su mente. Y también aquí hay que pensar en todas las áreas, no únicamente en las más castigadas: un simple comerciante, un profesional, un docente o un empresario, pueden padecer, en mayor o menor grado estas urgencias que, sin duda van a incidir en su disponibilidad de tiempo y su interés por la lectura.

Desgraciadamente todo esto no es nuevo en el mundo actual. Te recuerdo la vieja anécdota que, seguramente te he contado, de mi triste experiencia cuando en mis primeras armas como docente, siendo aun estudiante universitario, me tocó enseñar matemáticas en un colegio secundario nocturno de Mataderos. El primer día, el Director del establecimiento me dijo: “No pensará hablarles de matemáticas, no? A lo sumo hábleles de fútbol, si quiere salir vivo” ¿te das cuenta? Mucho peor que las docentes que sucuchaban los fascículos, en el cuento de Saccomanno. Esto fue allá, por la década del ’50. También yo, en el 2004, aquí en NY, he tenido que echar del aula a un alumno. Y también he tenido que acudir a artificios ocasionales para conseguir la atención de los estudiantes. Y logré salir airoso y hoy me enorgullece que, en la calle o en el subte, a menudo, algún muchacho me grite: “Hey, Professor!!” y me abrace afectuosamente.

Evidentemente, frente a esta problemática, nadie debería permanecer indiferente. La cuestión es quién debe tomar las riendas y cómo debe hacerlo.

Ante todo, el Estado, debe plantearse la Educación Pública como tarea primordial e ineludible. Esto supone, de entrada, ofrecer a los docentes no sólo un salario correcto, sino uno que los incentive a “meterse en esa trinchera”. Hay que volver a la época en que ser “Maestro de grado” o “Profesor del secundario” eran una verdadera distinción profesional. Para ello, se requiere también una efectiva selección de los futuros docentes y una verificación periódica de su capacidad y actualización. (Yo aquí, una vez por año, tengo que asistir un día completo a clases de actualización. Si no lo hago, caduca mi licencia en el acto. Me toca en estos días). 

O sea que es verdad lo que Saccomanno les dijo a esas docentes. Quien no tiene amor a lo que hace, inevitablemente lo hará mal. Gran parte -no todo- de los problemas es culpa de los docentes mal seleccionados, mal controlados y por supuesto, muy mal pagados. Pienso que antes de plantearse Planes Nacionales de Educación, hay que atender a una inmediata y real solución del problema docente.

Detrás del Estado, está muy prevalentemente, la Familia. De ella depende en primer lugar la formación socio-cultural del educando. Creo que se impone desarrollar fuertes, efectivas e inteligentes campañas en orden a instruir a los padres sobe la educación de sus hijos. Y esto sí que es en todas las áreas, sean o no vulnerables. Obvio que más intensamente en las vulnerables. Pero no nos olvidemos del viejo tango…”Niño Bien!” 

Niño bien, pretencioso y engrupido,

Que tenés berretín de figurar;

Niño bien que llevás dos apellidos

Y que usás de escritorio el petit bar;

Pelandrún que la vas de distinguido

Y siempre hablás de la estancia de papá,

Mientras tu viejo, pa' ganarse el puchero,

Todos los días sale a vender fainá. 

¡Qué sabias las letras de aquellos tangos! ¡No las olvidemos!

Y hablando de la necesidad de campañas de difusión, recuerdo ahora una que que no se hace y debería hacerse: la de mejorar el contenido de ciertas audiciones radiales y televisivas abiertamente destructoras de la Familia como tal. Una apología de la desunión de la pareja donde lo lógico y habitual -casi lo mejor- es “cornear” al otro, produce en el adolescente un impacto fuertísimo, que pone en duda todos los valores rescatables. Hay como una manía establecida de poner en evidencia todo lo negativo y sucio de la relación humana. Basta con escuchar los tramos farandulezcos de ciertos noticieros radiales. Muchos de ellos a las horas en que los padres llevan a sus hijos al colegio y van escuchando las noticias por radio. Vez pasada, íbamos con mi hijo y sus chicos, oyendo el noticiero y mi hijo tuvo que apagar la radio del auto. Esto confunde, bajo el pretexto de entretener. Mina la moral y la salud mental de los niños, de los adolescentes y aún de los adultos. Nadie dice ni hace nada por impedir esta forma de contaminación social.

Fuerte abrazo y gracias por seguir compartiendo!

Rafael.

NYC

Dic. 7/2016

PD: Esta carta de Rafael no ocurre en un día común, hoy, 21 de abril de 2021, se cumple un año de su partida, producto del Covid, parece mentira el paso del tiempo, que hayan sucedido tantos eventos, que este amigo no haya estado para contarlos, es algo que me ocupa, porque siempre que reviso el baúl donde guardo esas cartas, es como si saliera viento de la caja.

Todo tiene que ver con las ideas, como estas que comparto un poco atribulado, aunque esperanzado, en medio de tantas cosas.

Nota:

La imagen pertenece al sitio Web Pixabay

lunes, 12 de abril de 2021

I Encuentro Internacional de Editoriales Cartoneras en Costa Rica

Se comparte difusión del “I Encuentro Internacional de Editoriales Cartoneras en Costa Rica”, organizado por la Escuela de Bibliotecología y Ciencias de la Información (EBCI), de la Universidad de Costa Rica, que se realizará los días 21, 22 y 23 de abril de 2021, con el objetivo de intercambiar experiencias relacionadas con la realidad de las Editoriales Cartoneras en el escenario global.

El encuentro se desarrollará a través de ponencias, mesas redondas, talleres de confección de libro cartonero, exhibición, venta y muestra de colecciones y presentaciones de libros.

El evento está dirigido a todo público; con un énfasis en investigadores, profesionales, profesores, editores de libros y revistas, así como a estudiantes de documentación, archivística, bibliotecología y ciencias de la información de Latinoamérica, Iberoamérica y el Caribe. El encuentro virtual se realizará a través del Canal de Youtube de la EBCI.

De mi parte estaré participando en una mesa redonda con una serie de reflexiones sobre la permanencia cartonera en el contexto editorial. Del mismo modo, el encuentro permitirá conocer nuevas experiencias de editoriales cartoneras, con la posibilidad de ir sumando casos en el Directorio de Editoriales Cartoneras, que alcanza hasta la fecha la cantidad de 315 editoriales.

Les comparto presentación del Evento y Programa.

Para cualquier información adicional pueden consultar al correo electrónico eventos.ebci@ucr.ac.cr

Muchas gracias a los organizadores del encuentro, será un gusto estar presente.

Fuente consultada:

Escuela de Bibliotecología y Ciencias de la Información

http://ebci.ucr.ac.cr/cartoneras/

Programa Encuentro Cartonero

http://ebci.ucr.ac.cr/cartoneras/programa.pdf

https://www.youtube.com/channel/UClRlNFvR-Ng_ZOf011zvJKA/featured