El olvido encalla en movimientos del deseo/la
madrugada que tembló en un combate/la media luna
cortada de la noche vol-vida a su prolongación. ¿Qué
llena los sumarios del espanto? Bestias que ofrecen
su energía recorren campos idos y se oye cómo cae
otro harapo del mundo. La deuda con lo que no fui-
mos nunca se pagará. El espacio se llena con la desobe-
diencia de un gorrión.
Poema LXIX del libro Hoy, de Juan Gelman
En este 50° aniversario de la Dictadura Cívico Militar que nuevamente nos convoca, es inevitable seguir reclamando Justicia, Verdad y Memoria, para que la cifra de los desaparecidos deje de postularse, para que podamos hacer las paces con el pasado sin olvidar ni cubrir su silencio.
Cada uno en su conciencia transita un camino, hace lo que puede, cumple con su tarea, apuesta una vez más por la educación, trata de argumentar por qué, en un Estado, es importante defender la salud pública, por qué es importante otorgar derechos a los trabajadores, por qué es importante cultivar el conocimiento y apoyar la investigación, por qué es importante el arte, sea cual fuere el plano que habita, por qué son importantes las bibliotecas, los archivos, los centros de documentación, de alguna manera sostener esa discusión es cuidar ese lugar donde los que no están esperan ser nombrados.
Como escribió Gelman en ese mismo libro donde cito su poema “tenemos hambre del secreto donde el dolor es de madera y se echa al fuego”. Lo que buena parte de la sociedad pretende es saber qué ocurrió, para que cada uno pueda reparar su historia, el destino que no fue, el viento que sale de cada carta, de cada foto, de cada recuerdo.
Sin Estado presente no garantizamos ese día, aún ahora, 50 años después del tiempo más oscuro de nuestra historia como país, corregir las consecuencias de ese dolor es algo a lo que no podemos renunciar.
Por todo aquello que sigue valiendo la pena
intentar.

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