Espacio que pretende resguardar voces, experiencias y conocimientos desde el rol
social del bibliotecario. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural
intangible conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas, semblanzas,
historias de vida. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

domingo, 17 de abril de 2022

Los olvidados


 "Vengo de realizar un hermoso paseo por el valle y las sierras de San Roque... el río después de atravesar una amplia llanura donde derrama sus crecidas en un punto dado, penetra en la montaña de piedra por una estrecha garganta que lo aprieta y estruja para permitirle el paso. Allí en ese punto haremos una pared, represaremos las aguas, Al río lo aumentaremos en millones de ríos para irrigar los altos de Córdoba durante todo el año."

Etienne Jules Felix Dumesnil-Poullain, más conocido como Esteban Dumesnil, en 1881.

Pensar la construcción de un dique a fines del siglo XIX no era algo que podía imaginarse en cualquier rincón de América Latina, sin embargo, esa idea licuó en un proyecto que terminaría modificando para siempre la geografía de un lugar, ubicado dentro del departamento de Punilla, localidad que recibe su nombre por abarcar la mayor parte del Valle de Punilla, al oeste de la provincia de Córdoba, Argentina, en medio de las Sierras, el silencio y la soledad.

Cabría preguntarse por el sentido de construir una estructura que tiene como objetivo contener el agua, impidiendo su paso natural entre el cauce de los ríos, para acumularla artificialmente, para otorgarle otro destino.

En noviembre de 1888, cuando se cerraron por primera vez las compuertas y se inició el proceso de embalse de las aguas, lo que históricamente fue el Valle de Quisquisacate o San Roque, había desaparecido para siempre. La historia dirá que el dique más grande del mundo y el primero de Sudamérica, se inauguraba el 8 de setiembre de 1891, una obra signada por las controversias propias de su contexto político y social.

Lo que la historia no dirá, son los nombres de quienes fueron retratados en esta fotografía tomada por el inmigrante inglés Jorge Pilcher, en las excavaciones para la construcción del Dique San Roque.

La imagen muestra a un grupo de obreros que, por un momento, dejaron su trabajo para ser inmortalizados con un extraño artefacto, inventado en los inicios de aquel siglo, en sus manos sostienen las palas que abrirán los surcos entre la tierra, las piedras como testigos de lo que se va amontonando entre los escombros, mientras que más arriba, unos baqueanos a caballo completan la escena, parece un día agradable a cielo abierto, en el que es posible adivinar la dura jornada que no sabe de calendarios ni de reconocimientos.

Esta fotografía en blanco y negro representa de algún modo el anónimo esfuerzo de aquellos que no ocuparán un lugar en los registros de la historia, en algún punto todos estos obreros son invisibles, y eso, según el escritor Fabian Casas, es un don, porque es cierto que todos aquellos que hacen bien su trabajo son invisibles para los demás, como los barrenderos que pasan una escoba al amanecer, como el personal de limpieza que recoge la basura cuando anochece, hasta es posible afirmar que la mejor manera de que un país salga de una crisis es que cada uno, desde su lugar, trate de hacer bien su tarea. Esa invisibilidad es una paradoja.

La captura de este retrato, verdaderamente todo un documento, dice mucho de quienes no son reconocidos en los acervos ni ocuparán un lugar en las biografías, en algún punto, traza un paralelo con los libros vivientes de las comunidades indígenas y campesinas, cuyos conocimientos no son citados por los informantes que entran a sus hogares para poder publicar sus artículos.

Dice mucho de los chamanes cuyos apellidos no son incluidos en la farmacopea o la etnobotánica.

Dice mucho de los lingüistas indígenas, cuyos nombres no aparecen registrados en los vocabularios bilingües que otros lingüistas, no indígenas, elaboran sobre su cultura.

Dice mucho de las vasijas que se encuentran en museos etnográficos, sin saber quien fue el alfarero que moldeó sus figuras y creó sus símbolos.

Dice mucho de los anónimos albañiles que construyen piletas en las cuales nunca se bañarán.

Dice mucho de quienes a fuerza de pico y pala, con baldes de arena y cal, van agregando pisos a los edificios, sin detenerse en los atardeceres que otros contemplarán.

Dice mucho de las pulperías cuyos dueños sin nombre refugian en la memoria los recuerdos del pasado.

Dice mucho, y a la vez no dice nada, solo el registro de una obra colectiva, cuya construcción marcó un límite con la geografía, cambiando para siempre el contexto y el andar de la historia. Mera evidencia de un tiempo que no vuelve.

De alguna manera, no documentar una labor es en cierto modo arrebatar lo que cada uno realizó desde su lugar de trabajo, no facilitar ese acceso a la información es dejar en blanco una página que justifique el movimiento y las intervenciones de esas vidas comunes, y ciertamente para muchos de los que habitan esos parajes, no importa lo que el desarrollo de la tecnología haya podido transformar en el lugar donde siempre vivieron, son conscientes que cuando las páginas de la historia cierren algún libro, nadie sabrá que estuvieron allí.

Mientras fue desconocido el alcance de la fotografía documental, todo lo que tuvimos como lectores fueron rostros sin historias, acaso la literatura de algún cronista pudo fijar para la posteridad una existencia prosaica de la cual imaginar algún recorrido, una página que se da vuelta sin un dato que nos permita indagar quienes fueron, de dónde vinieron, cómo hicieron lo que hicieron, porqué estuvieron allí.

Esa foto, como todas las que se publicaron, tuvo la virtud de detener el tiempo, alguna vez Gilles Deleuze afirmó que el arte conserva, y es lo único en el mundo que se conserva, si ubicamos a la fotografía como una de esas disciplinas que fijan un registro, podemos entender que esa imagen marcará para siempre un momento en las vidas de aquellos que forjaron con su trabajo el sueño de una comunidad, un dique destinado a contener el agua, una gestión imposible de imaginar.

El recurso visual es interesante para entender el trabajo de las personas, lo que implica documentar, y a la vez simbolizar, el esfuerzo de quienes ejecutan las acciones para desarrollar una obra de enorme impacto social, es a la vez entender lo que representa diagramar un proyecto, el antes y el después que incide en la geografía y en la vida de un pueblo, y lo que significa la memoria cuando está atravesada por el plano de la identidad. 

Es por eso que tiene tanta importancia, en bibliotecas que basan su sentido y su accionar en los fondos orales comunitarios, registrar los nombres de aquellos que, con sus conocimientos, saberes y destrezas, contribuyen al entendimiento creativo de la humanidad, y lo que representa crear el propio acervo en ese tránsito hacia el componente patrimonial de una cultura determinada.

Son muchos los que en la Historia Argentina han sido invisibilizados por quienes tuvieron el poder de tomar decisiones en nombre de los demás, a ellos les debemos las obras, tanto como la deuda de un silencio que los marginó del reconocimiento ciudadano para la posteridad.

Es por ese motivo que alguna vez entrevisté a libros vivientes dentro de una comunidad, y desde entonces tuve el cuidado, el atento y sentido cuidado, de vincular sus nombres propios con sus conocimientos, para poder recordar, desde mi profesión, lo que no merece ser olvidado.

Vayan estas palabras en un día siempre recordado en los pliegos de la historia, por aquel que estuvo presente en las liturgias de quienes nunca omitirán su nombre.

Fuente consultada: http://www.diquesdecordoba.com.ar/primer_dique_san_roque/

Nota: la frase sobre "los albañiles que construyen piletas en las cuales nunca se bañarán", fue pronunciada en un programa radial por el periodista Reynaldo Sietecase, no se obtuvieron registros del audio.

martes, 15 de marzo de 2022

Mirando vivir lo que otros vivieron

En un mundo donde los problemas se tornan cíclicos y las desigualdades se prolongan, le veo mucho sentido hallar refugio en las ideas, más allá de su contexto, más allá de su peso simbólico, más allá de todo lo que sea posible conectar.

Es el caso de Rafael Barrett, un anarquista español nacido en 1876 en una familia aristocrática, recibido de ingeniero en París, quien supo formar parte de la llamada “Generación del ‘98” -movimiento literario y cultural que predominó durante las primeras décadas del siglo XX, cuyo término fue acuñado en 1913 por el escritor español José Martínez Ruíz, conocido como Azorín-, alguien que era capaz de batirse a duelo por defender lo que pensaba, y que tuvo en tierras paraguayas, a partir de 1904, un vínculo que lo emparentó con el devenir de una encrucijada, que lo llevó a convertirse en un referente del anarquismo latinoamericano.

Fue en esas tierras de ancestros guaraníes, que Barrett llegó como periodista para cubrir las revueltas liberales, y su vida ya no sería la misma. Sufrió la cárcel y la tortura. Vivió en Buenos Aires, donde fundó el periódico Germinal, junto al anarquista argentino José Guillermo Bertotto, allí publicó artículos denunciando la situación de esclavitud en los yerbatales paraguayos, y también ancló un tiempo en Montevideo, donde continuó con su actividad periodística. En 1910 llega a sus manos un ejemplar de “Moralidades actuales”, su único libro publicado en vida. Enfermo de tuberculosis, viajó a París buscando una cura. Murió allí, a la edad de 34 años, sepultado en el cementerio de Arcachon en una parcela prestada por la comuna. Su cuerpo fue exhumado una década más tarde y sus huesos depositados en un osario común.

Alguna vez, en 1917 Jorge Luis Borges supo confiarle a un amigo, Roberto Godel, estas palabras: “Ya que tratamos temas literarios te pregunto si no conoces un gran escritor argentino, Rafael Barrett, espíritu libre y audaz. Con lágrimas en los ojos y de rodillas te ruego que cuando tengas un nacional o dos que gastar, vayas derecho a lo de Mendesky -o a cualquier librería- y le pidas al dependiente que te salga al encuentro un ejemplar de “Mirando la vida” de este autor. Creo que se ha publicado en Montevideo este libro. Es un libro genial cuya lectura me ha consolado de las ñoñerías de Giusti, Soiza 0’Reilly y de mi primo Alvarito Melián Lafinur” (cabe destacar la confusión del joven Borges con respecto a la nacionalidad de Barrett, y al título de su obra: “Mirando vivir”).

David Viñas, además de celebrar sus cuentos y relatos, consideró que sus crónicas políticas aún conservan vigencia. Para Roa Bastos, Barrett produjo una de las obras más lúcidas e incitadoras de su país, llegó a decir que el revolucionario español había fundado la literatura paraguaya, en un escenario por entonces no propicio para fundar literaturas, lo consideró un precursor que enseñó ideas y doctrinas que se adelantaron a su tiempo. En esa línea coincide Francisco Pérez Maricevich, afirmando que ha sido uno de los precursores de la literatura social latinoamericana. Eduardo Galeano sostuvo que Barrett fue el escritor más paraguayo de los paraguayos, y si acaso hiciera falta entender el alcance de su obra, basta con escucharlo al escritor argentino Abelardo Castillo:

Barrett estuvo entre nosotros seis años. En el relámpago de ese tiempo se hizo revolucionario. Escribió una docena de libros imborrables y fundó una literatura y una ética. Murió en 1910, a los treinta y cuatro años, edad en que otros escritores empiezan a pensar qué harán de sus palabras o de su vida”.

En Epifonemas, se lee una sentencia:

El hombre libre buscará la ciencia sin que se lo recomienden. El prisionero resuelto a evadirse buscará la lima que corte la reja. Aprender a leer es encontrar la lima. ¿Un libro?... cosa admirable, si el libro corta la cadena y desnuda el espíritu”.

Pocas veces, un texto tan cabalmente lúcido como el que comparto en esta reseña, ofrece la secreta posibilidad de un entendimiento, del cual podamos en algún momento recurrir, aunque más no sea para apartar la niebla de la incomprensión, sea cual sea el contexto en el que las ideas dejan de considerarse cuando más se necesitan implementarlas.

El texto se titula “La pluma”.

Miro mi pequeña pluma de acero, pronta al trabajo, y pienso un instante:

-Es descendiente legítima del genio más alto de la humanidad, del Prometeo que surgió en una lejana era geológica y robó el fuego de la Naturaleza. Es nieta de los rudos vulcanos que aprendieron a concentrar la llama en hornos de barro, separar el hierro de la escoria y dejar en la fundición el carbono indispensable. Es hija de los forjadores del Asia que descubrieron los efectos del temple, y fabricaron las hojas damasquinadas proveedoras de tronos. En ellas hay un átomo de la fatiga y de la angustia de los esclavos que faenaban con los grillos en los pies. Y como está hecha a máquina, veo hundirse en el pasado otra rama de su inmenso árbol genealógico. Ha salido de la palanca y de la rueda, de la mecánica y de la geometría; luce en ella un destello de Pitágoras y de Arquímedes, de Leonardo da Vinci, Galileo, Huyghens y Newton. Ha salido del empuje del vapor cautivo en los émbolos, y si por la metalurgia se emparienta con la química, por el vapor se enlaza a la termodinámica, y a la pléyade de los héroes industriales de la pasada centuria. Para crear la pluma, los mineros enterrados vivos penan en las trágicas galerías, al resplandor tembloroso de sus lámparas. Por ella perecen, asfixiados o quemados por el grisú aplastados por los desprendimientos, ahogados por las inundaciones subterráneas, o lentamente destruidos por la enfermedad. Y para llegar hasta mí, la pluma ha viajado a través de los continentes y de los mares, ha utilizado todos los recursos de la ingeniería civil y naval; para traérmela, el maquinista, colgado de su locomotora, ha pasado las noches, bajo el látigo de la lluvia, con la mirada fija en el vacilante fulgor que la linterna arroja sobre los rieles, y el maquinista del steamer, en la atmósfera febril de las calderas, ha espiado durante un mes la aguja de los manómetros, mientras el piloto consultaba la brújula y el marino interrogaba los astros. Los pueblos y los siglos, las ciencias y las artes, las estrellas y los hombres han colaborado para engendrar la oscura plumita de acero...

«Lo pasajero no es más que símbolo», decía Goethe. Y ciertamente la efímera pluma -tan efímera que por la labor de un día se anquilosa, se oxida y sucumbe- es símbolo de algo;  maravilloso ejemplo de la asociación, representa el dominio de nuestra especie sobre la inquieta y amenazadora realidad. No podrían encerrarse en este humilde pétalo de metal tantos esfuerzos, tantos dolores, tantas ideas, tanto espacio y tiempo humanos si no fuese una verdad sublime que hemos domado el planeta, que transportamos la materia con la rapidez del viento y el espíritu con la del rayo; que hacemos uno por uno prisioneros a los salvajes seres sin forma que nos rodean, y nuestros ojos empiezan a medir la distancia que nos separa de otros mundos. No lo dudamos: cuando hayamos conseguido condensar toda nuestra alma, todas nuestras almas en un punto -acaso más exiguo que la pluma de acero- nos habremos apoderado de lo infinito efectivamente. ¿Y qué es nuestra historia, sino la historia de la asociación? Los individuos, las tribus, las naciones, las razas y las clases se exterminan entre sí. Todavía hoy se llenan de cadáveres los campos de batalla, y se gime en el hospital y en la cárcel, y se tortura y se ahorca y se fusila; y la dinamita lanza su gran grito desesperado... Y ved la pluma de acero, donde se abrazan y se funden esas fieras convencidas de que se odian... No, no nos odiamos aunque nos arranquemos las entrañas, porque el trabajo nos mezcla con una energía superior a las que aparentan dirigirnos, energía gemela de la que hace morderse y herirse a los sexos fecundos. Y mañana seguiremos ensangrentando la tierra, y asociándonos más estrechamente, y por lo mismo ensanchando nuestro poder sobre el universo. Llamad odio o amor a lo que nos precipita los unos contra los otros; ¿qué importa, si nos penetramos y nos confundimos, y la muerte nos renueva? El odio esencial es la indiferencia. No se odian los que creen odiarse ni los que creen amarse, sino los que se ignoran.

¡Oh pluma modestísima, que cuestas una fracción de centésimo y eres hermana de millones de plumas tan modestas como tú, y como tú condenadas a una breve y baja existencia! ¡Yo te respeto y te amo, y me pareces mucho más bella que la orgullosa pluma de águila que recogieron para Víctor Hugo en una cima de los Alpes! Yo quiero morir sin haberte obligado a manchar el papel con una mentira, y sin que te haya hecho en mi mano retroceder el miedo.

El texto, recogido de este sitio https://es.wikisource.org/wiki/La_pluma_(Barrett) ha sido mínimamente corregido en la versión consultada por quien suscribe.

Fuentes consultadas:

Mirando vivir / Rafael Barrett. O.M. Bertani, editor. Montevideo, 1912.

Rafael Barrett: una leyenda anarquista / Catriel Etcheverri. Buenos Aires: Capital Intelectual, 2007.

Para la libertad /Abelardo Castillo. Disponible en: https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-2911-2008-01-27.html

El hombre y su obra / Francisco Corral Sánchez-Cabezudo. Disponible en: https://www.ensayistas.org/filosofos/paraguay/barrett/corral.htm 

sábado, 19 de febrero de 2022

Casa de la Poesía Evaristo Carriego, 10 años después

Hace poco, se conoció la feliz noticia de la reapertura de la Casa de Poesía Evaristo Carriego, una  experiencia que podría situarse tanto en el plano de la bibliotecología como de la literatura, simbólico espacio donde supieron cruzarse, desde principios de los años 90, un número indefinido de poetas que una década más tarde estarían etiquetados bajo un rótulo generacional, en ese contexto eran comunes las ferias de poesía en donde los escritores podían vender sus libros, recitar sus versos, compartir eventos con artistas, filósofos, músicos y pintores, discutir tendencias, conceptos, métodos, a la vuelta de todo eso, la Biblioteca Evaristo Carriego era un punto de encuentro, allí se desarrollaban infinidad de talleres, recitales, presentaciones de libros, los que íbamos en aquella época (me incluyo tardíamente) entrábamos y salíamos en diferentes momentos, la colección de libros era el resultado de un movimiento literario con fuerte impronta en el rol social de la escritura.

Se trata de un espacio que contó con su propia revista, titulada “Casi Libros”, bajo la dirección de Santiago Vega (cuando aún no era Washington Cucurto) y la producción de Guadalupe Salomón, quien tanto tuvo que ver en la organización de la biblioteca, aquella publicación tuvo por colaboradores a Daniel García Helder -poeta de poetas, inmenso crítico literario- y Josefina Darriba, quien fue parte del imprescindible “Diario de Poesía”. Los textos se editaban en distintos formatos impresos, en algunos casos se publicaban poemas ilustrados en posters y en formato fanzine con números especiales dedicados a un poeta y un ilustrador, el movimiento fue permanente.

En tal sentido, abordar la ciclópea tarea de recopilar los eventos, talleres y encuentros generados por Casa de la Poesía en aquellos años sería inabarcable, allí era posible asistir a una serie de propuestas que en muchos casos se articulaban en forma semanal, por ejemplo “Gente de Lunes”, un club de lectores que tenían un ciclo de lecturas y producción grupal de textos, el Club de lectores Juvenil, coordinado por César Rojas, que incluía recital abierto de los miembros del club y fiesta de cierre, la “Poesía de paso”, con recitales de escritores, en donde solía participar Arturo Carrera, un inquieto personaje que dejó su huella en múltiples escenarios culturales, los días sábados incluso se realizaban fiestas con “música de salón” y lecturas poéticas, coordinadas por Laura Lobov  y Nicolás Pinkus. No estaban ausentes los debates entre escritores y los recitados con textos teatralizados. Los fines de año eran frecuentes las reuniones de poetas con músicos invitados organizada por los ciclos Flora y Fauna y Poéticas en la revuelta, de las coordinadoras Mónica Sifrim y SilviaManzini.

Pero también había actividades por fuera de la Casa de la Poesía, uno de los eventos más particulares fue el de Poesía al Borda, donde se realizaban lecturas en el Hospital José T. Borda, un ciclo que fue coordinado por Damián Ríos, Martín de Souza y César Rojas. Otro caso emblemático que cruzaba la poesía social hacia nuevas posibilidades de escritura fue el Ciclo de análisis y producción de textos en la Cárcel de Mujeres de Ezeiza, coordinado por María Medrano. También se destacó una clínica de traducción de poesía titulada “Los Traidores”, a cargo de Mirta Rosenberg, que incluía en ocasiones visitas de escritores/as extranjeros.

Muchos poetas de entonces, que participaban directa o indirectamente de la Casa de la Poesía, expresaron sus ideas y conectaron experiencias con espacios públicos en diferentes circunstancias, por esos pasillos han estado entre otros, Fernando Noy, Arnaldo Calveyra, Alberto Laiseca, Dolores Etchecopar, María del Carmen Colombo, Selva Dipasquale, Concha García, Diana Bellesi, Gabriela Bejerman, Romina Freschi, Vivian Lofiego, Lola Arias, Santiago Pintabona, Walter Cassara, Luis Bacigalupo, Liliana Heer, Máximo Simpson, Paulina Vinderman, Fabián Casas, Griselda García y tantos otros.

En ocasiones, en el Parque Lezama se organizaban encuentros, la vez que estuve, los organizadores de Casa de la Poesía ataron cuerdas entre árboles para que los poetas colgaran con broches sus poemas, los escritores se sentaban en el pasto y miraban si los lectores retiraban los papeles abrochados, la fecha es imprecisa, también la ubicación real de aquella experiencia. Mucha gente circulaba por allí, colectivos heterogéneos con propuestas dispares compartían sus inquietudes literarias y proyectos editoriales.

En este paseo por la memoria, aparece en forma difusa un encuentro realizado en el barrio de la Boca, se trató de la organización de una feria de poesía en un recinto cerrado, con mesas en filas largas y un pequeño escenario donde cada uno podía recitar si quería, no existía orden ni criterio alguno de lectura, había un micrófono y cada uno podía hacer lo que quisiera, cada tanto pasaba Santiago Vega (aún no existía Eloísa Cartonera) que a modo de improvisado animador invitaba a la lectura y consumo de poesía, entre vasos de plástico, empanadas y cumbia, todo un universo fluctuante en el cual era posible encontrar nuevas escrituras, extraños artefactos que dejaban en evidencia un ejercicio distinto con los versos, una serie de construcciones acaso fractales que se correspondía con el contexto social de aquellos años.

Pienso que esa generación supo articular un modo de representar dicha realidad, y que en tal sentido, la ubicación de una biblioteca especializada en el género "que menos vende" tenía que tener un rol concreto, un espacio donde debatir cuestiones estéticas, bajo miradas críticas, en el que se desprendan los componentes sociales, culturales y políticos que en esos recovecos se estaban gestando, hoy diría que sería bueno que aquellos que estuvieron vuelvan a formar parte, que 30 años después nos digan como se modificaron esas lecturas, qué pudieron analizar de los azarosos vaivenes de un país como Argentina, donde todo cambia en pocos ciclos, bajo el cual la literatura supo permear las disyuntivas y entelequias mediante un trabajo permanente con las palabras.

La noticia dice que Juan Desiderio, poeta y bibliotecario, se encuentra a cargo de esta nueva etapa de la casa Evaristo Carriego, enhorabuena. Por el potencial que tiene este espacio, es realmente inimaginable la cantidad de proyectos que pueden llegar a desarrollarse, ojalá pueda enriquecer nuevos rumbos, que pueda lograr que muchos vuelvan, que otras cosas puedan decirse.

Fuentes consultadas:

La Biblioteca Evaristo Carriego vuelve a abrir sus puertas.

https://www.buenosaires.gob.ar/cultura/bibliotecas/noticias/la-biblioteca-evaristo-carriego-vuelve-abrir-sus-puertas

Reabrió la Biblioteca Evaristo Carriego como refugio de la poesía

https://www.clarin.com/cultura/reabren-biblioteca-evaristo-carriego-solo-libros-poesia_0_Q6xrnrOQ6V.html

Casa de la Poesía Evaristo Carriego
Honduras 3784 Ciudad Autónoma de Buenos Aires / teléfono 4963-2194

sábado, 22 de enero de 2022

Comunidad Yryapu, una alternativa guaraní para el turismo cultural

Desde hace un tiempo, empieza a ser frecuente el desarrollo de proyectos autogestionados, vinculados con el entendimiento del turismo comunitario indígena, con participación de las comunidades, desde donde se promueve el encuentro de culturas, la convivencia con la naturaleza y el comercio local equitativo.

El antecedente inmediato es el reconocido ProyectoMATE (Modelo Argentino para Turismo y Empleo), como consecuencia de una propuesta que nació en septiembre de 2005, tras un acuerdo de colaboración educativa entre Niagara College, de Niágara, Canadá, y su par argentino, el Instituto Tecnológico Iguazú. El MATE se instaló como un modelo de diálogo intercultural de formación para el turismo Mbya Guaraní, que apuntó al desarrollo de servicios y actividades autogestionadas por las comunidades.

Bajo esta comprensión, se advierte en forma recurrente, un abordaje del concepto “Interculturalidad”, en cuanto a los denominados “Centros de Interpretación” (uno de ellos, situado en el área Cataratas de la provincial de Misiones, equipo que reúne a técnicos, docentes, baqueanos y especialistas de distintas comunidades de la zona, quienes se encuentran trabajando en el Sendero Cultural Guaraní, ubicado en el Área de Uso Público (AUP) del Parque Nacional de las Cataratas del Iguazú, en Argentina).

Estos centros presentan estudios sobre las culturas originarias, información sobre medio ambiente, flora y fauna, guiados por los verdaderos conocedores de los territorios ancestrales, cuyos caminos se encuentran atravesados por las selvas y los ríos, lo que lleva a un cuidado por los recursos naturales, la diversidad y la ecología.

Recientemente, estuve presente en uno de esos espacios, la denominada comunidad Yryapu “Turismo Guaraní”, se trata de una comunidad indígena ubicada en Iguazú, provincial de Misiones, cuyo cartel de bienvenida “Yguachurape sendero al río Iguazú”, invita a recorrer un sendero hasta el río, para poder conocer de cerca las cascadas y saltos. En ese espacio, 135 familias pertenecientes al linaje mbya guaraní realizan visitas guiadas que culminan en el río Iguazú. Allí me encontré con Clemente Palacios, uno de los guías de la comunidad, quien contó sobre las costumbres que aún persisten en la cultura, el trabajo con los cultivos, sobre todo verduras, zapallos y frutales, que cada grupo familiar lleva adelante, incluyendo una pequeña laguna interior para suministro de peces, y hasta una cancha de fútbol con la característica tierra colorada, en donde juegan tanto hombres como mujeres.

Se trata de una forma de sustento que otorga una serie de posibilidades para los comuneros, en un contexto de permanente afluencia turística, lo que permite el desarrollo de las comunidades, ya que no solo generan su propio alimento, sino también comercian sus artesanías, y acaso algo muy importante, dentro del espacio territorial cuentan con su propia escuela EIB (Educación Intercultural Bilingüe), primera en su género en Argentina, conocida como Escuela Intercultural de Turismo Mbya Guaraní Instituto Clemencia Gonzalez Jachukayvapoty, perteneciente a la Comunidad Yryapu Sendero Turístico, en donde suele ser común la enseñanza bilingüe y en especial la inclusion de conocimiento local sobre la cultura, que abarca destrezas, saberes, música (se recomienda los coros infantiles) e historia, con apoyo de caciques, artesanos y chamanes, resulta un buen ejemplo de construcción educativa en relación al entendimiento de la interculturalidad, una forma de aprender desde lo que ya saben por intermedio de la educación familiar, en cierto modo habilita un conjunto de ideas para replicar en el complejo contexto de dicha modalidad educativa.

Desde el punto de vista del accionar bibliotecológico, resguardar información de cada contenido que se genere dentro de las aulas es absolutamente relevante para nuestra profesión, pero en especial para sostener el trabajo de los docentes y las familias, puesto que, según los testimonios de los guías, el conocimiento local está incorporado al currículo educativo, esa posibilidad permite la inserción de los bibliotecarios/as para dinamizar las actividades escolares con materiales, servicios y documentos.

Ciertamente vale la pena visitar esta comunidad, a la que se llega desde la ruta 12, ingresando por la calle “el dorado”. Luego de una conversación, que se puede extender un par de horas, llegar al río Iguazú y entrar en esas aguas claras, en el límite con Brasil (deja pensando lo que significa que un río divida y conecte ambos países), la noción del tiempo realmente parece detenerse, porque nada de ese entorno geográfico ha cambiado a través de los años, y porque las comunidades han logrado prevalecer, propiciando un punto de encuentro, una posibilidad de vida, un desarrollo cultural.

Seguramente volveré a la comunidad Yryapu, para cruzar en bajada la frondosa selva, y llegar al silencioso río entremedio de los árboles.

Ubicación de la comunidad Yryapu:

25°36'59.1"S54°33'26.3"W

Versión para El Orejiverde:

http://www.elorejiverde.com/buen-vivir/6295-comunidad-yryapu-una-alternativa-guarani-para-el-turismo-cultural

Muchas gracias a Clemente (fotografía) por la información brindada.

martes, 21 de diciembre de 2021

Detección de dispositivos biblioclásticos en la Dictadura Cívico-Militar Argentina

A través de una técnica denominada dripping (de drip, “gotear” en inglés), que tuvo en Jackson Pollock uno de sus principales cultores, el expresionismo abstracto encontró un modo de experimentar dentro del plano de la pintura, en ocasiones prescindiendo de los pinceles e incorporando diferentes tipos de materiales. Hubo quienes, por las semejanzas, trazaron un paralelismo con la escritura automática surrealista. Si fuera posible reducir un entendimiento al simple acto de observar con atención un cuadro, se podría afirmar que hay algo que conecta cada trazo de este genial pintor, quien en su adolescencia se inspiró en la técnica empleada por artistas navajos, en donde los indígenas solían elaborar cuadros de arena sobre el suelo, utilizando diversidad de materias primas y desarrollando prácticas de pintura abstracta gestual, que de algún modo ligaban la pintura con la escultura.

En algunas de sus pinturas, se advierte el espacio totalmente cubierto en el lienzo, desgarrando sobre la tela una secuencia cromática sobre un fondo abigarrado, bajo la cual el autor aplica una serie de patrones que se repiten en distintos espacios del cuadro, generalmente asociados a un color, estas imágenes serían conceptos de los cuales podemos encontrar ejemplos en el campo de la música, uno de ellos, el ritornello, que a mediados del siglo XVIII representaba, dentro de cada composición, un arco de tensión tonal que se reiteraba en determinados momentos (en filosofía, sobre todo a partir de Gilles Deleuze, este concepto es pautado como una “teoría del devenir”, que permite a las personas aplicar un patrón de referencia que sirve de orientación en medio de un supuesto caos, una suerte de repetición de una melodía que recuerda el sentido de una composición), otro caso podría ser el bebop, un desprendimiento del swing dentro del mundo del jazz, en donde se aprecia una estructura rítmica invisible que le permite a los músicos la libertad de experimentar sonidos sin salirse de un estándar.

Esos conceptos, en algunos cuadros de Pollock, están entrelazados, incluso se advierten sobre ellos una serie de conectores que, bajo la forma de salpicaduras, semejan un sistema de energía, otorgando a la obra el sentido de una unidad coherente, una entidad propia. De algún modo, esas líneas que serpentean en múltiples direcciones bajo entendimientos semánticos, entrelazan ideas que recuerdan la necesidad de conectarlas, asignando planos, componentes y conceptos.

El ejemplo podría ser válido para intentar entender la complejidad de los dispositivos biblioclásticos que se emplearon en el contexto de la Dictadura Cívico-Militar Argentina, desde donde es necesario conectar los conceptos para articularlos en un eventual vocabulario controlado, tarea que desde el año 2000, registra un antecedente que tuvo por escenario el CAICYT-CONICET, mediante un trabajo de recuperación bibliográfica sobre hechos biblioclásticos llevado adelante por el bibliotecario argentino Tomás Solari, que culminó en el libro “Biblioclastía, Los robos, la represión y sus resistencias en Bibliotecas, Archivos y Museos de Latinoamérica”, publicado por Eudeba en 2008. Esta obra reunió los trabajos seleccionados en el Concurso Internacional de Bibliotecología Fernando Báez, inspirado en la Historia Universal de la Destrucción de Libros, del destacado bibliotecario venezolano.

Bajo el objetivo de continuar este proyecto, la lingüista y documentalista Mela Bosch y la bibliotecaria Tatiana Carsen, desarrollaron un vocabulario controlado con fuentes bibliográficas y con aportes de casos de biblioclastía, recopilados por Vanesa Berasa, con colaboración de bibliotecarios y bibliotecarias en cuanto al aporte de terminologías. El vocabulario cuenta con más de 300 términos y está alojado en el Servidor semántico de CAICYT. De este modo, se buscó promover el conocimiento, memoria y prevención de destrucción, desvalorización o invisibilización de los recursos de información. El vocabulario controlado significó la construcción de una herramienta que, dada su complejidad, requiere de eventuales articulaciones interdisciplinarias, así como de estudios asociados para seguir discutiendo su arquitectura conceptual.

Las autoras consideraron a la biblioclastía como el conjunto de conductas, prácticas, procedimientos, dispositivos y políticas que conducen a la destrucción, desvalorización o invisibilización de recursos de información, de los espacios físicos donde se alojan y circulan, y que atentan contra las personas que se relacionan tanto con esos recursos como con esos espacios físicos. Así como las conductas, prácticas, procedimientos, dispositivos y políticas que vulneran los derechos asociados a la información y el conocimiento. Se mencionaron distintos tipos de dispositivos biblioclásticos, entre ellos arancelamientos, pago por acceder a servicios, leyes que castigan el uso de recursos de información si no se pagan, algoritmos que habilitan sesgos de recuperación o indización que invisibiliza la producción alternativa, la desactivación de bibliotecas o recursos digitales. Las herramientas para evitar nuevos oscurantismos, tal como lo afirma Bosch, son la identificación, la designación y la visibilización.

En la publicación del libro Biblioclastía, los autores Hérnan Invernizzi y Judiht Gociol afirmaron en el prólogo que dicho término no existe en el diccionario de la Real Academia Española, reduciendo su significado a cualquier tipo de destrucción de libros. Es posible adscribir al alcance del concepto una amplitud mayor, asociando la destrucción de diferentes tipos de soportes, como también vincular las situaciones de secuestros, desapariciones, torturas, excarcelaciones o exilios en el que numerosos artistas, escritores, bibliotecarios y periodistas se vieron involucrados, por diferentes situaciones ligadas al objeto libro, durante el denominado “Proceso de Reorganización Nacional” que los militares argentinos llevaron a cabo entre 1976 y 1983, una de las páginas más oscuras de nuestra historia como país.

No solo se secuestraron y destruyeron libros en aquel período, sino también originales, apuntes y borradores (prueba de testimonio ha sido la publicación del libro “Palabra viva”, de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina, con poemas, cuentos, ensayos, cartas y artículos de escritores perseguidos por el Terrorismo de Estado), abriendo el escenario donde necesariamente se involucraron editoriales y libreros. En el prólogo de Biblioclastía, los autores advierten un plano mayor en el vasto campo de la destrucción cultural perpetrada por las fuerzas militares, que era precisamente la ausencia de datos sobre quienes escribían los estudios de los cuales resultaba prohibir un libro, modificar un plan de estudios o perseguir una tendencia artística. Esa y otras variables relacionan el concepto con otros campos semánticos, en algunos casos en forma jerárquica y en otros vinculando diferentes tipos de escenarios.

Tal como lo formularon los integrantes del colectivo Basta Biblioclastía (conformado por archivistas, bibliotecarias/os, docentes, escritoras/es, trabajadores en archivos y bibliotecas, en informática, investigación científica, centros de datos y de información), el objetivo ha sido el estudio, registro, visibilización y acciones para la prevención, reparación, resistencia y resiliencia contra la biblioclastía. Según lo planteado, resulta imperativo hacer una deconstrucción de micro y macro acciones, donde es preciso desmontar el detrás de ciertas conductas, prácticas, procedimientos, dispositivos y políticas, que tuvieron por intención negar una posibilidad de lectura, entremedio de un contexto vinculado con la desinformación en relación con el poder político.

En primer lugar, es necesario comprender lo que implica hablar de dispositivos, según Michel Foucault, el dispositivo es una máquina que produce subjetivaciones en cuerpos dóciles, pero “libres”, que asumen su identidad y su “libertad” en el proceso mismo de sometimiento. Un dispositivo que tiene por escenario la biblioclastía, necesariamente se entiendo bajo un contexto determinado que, en nuestra historia como país, se circunscribe al terrorismo cívico-militar ocurrido entre 1976 y 1983. Una vez aplicado el dispositivo, su entendimiento-aceptación se estandariza, habilitando la secuencia destructiva de volúmenes cuyos contenidos están disociados con el discurso autoritario. No es posible obviar que el contexto represivo fue tanto clandestino como ilegal, los dispositivos se aplicaron sin que la ciudadanía pudiera corroborar empíricamente su metodología y su consecuencia, tanto en el plano social, ideológico como cultural.

De este modo, dada la ausencia de un sistema judicial que garantizara derechos básicos, no es viable probar la totalidad de libros requisados en las distintas unidades de información, así como los diferentes procedimientos que derivaron en quemas y destrucciones. Trazando un paralelo con las desapariciones forzadas de personas, es posible encontrar una explicación sobre la imposibilidad de conocer el número exacto de víctimas producidos en esos años, tal como lo afirma el escritor Martín Kohan, la cantidad total de los desaparecidos en Argentina hay que postularla, a partir de la estimación de los casos no denunciados, por ende la cifra 30.000 expresa que no sabemos exactamente cuántos fueron porque el Estado ilegal, que reprimió entre las sombras, no abrió los archivos, ni dio la información de dónde están los desaparecidos ni la información de dónde están los nietos secuestrados, la cifra es una respuesta al cinismo macabro que ocultó su accionar criminal y clandestino propio de aquella dictadura. La simbólica cifra no puede corroborarse hasta tanto no se permita el acceso a la documentación que muy probablemente haya sido destruida por completo.

En relación con los libros prohibidos, censurados y desaparecidos, debemos tener presente esa dimensión si pretendemos, a través de un vocabulario controlado, concebir una herramienta que habilite el entendimiento de un nuevo paradigma profesional, o al menos, la concepción de un elemento que permita describir cuestiones ligadas con derechos vulnerados en relación con la información, el conocimiento, los soportes, las prácticas, los recursos y las personas involucradas en dichos procesos. Esos derechos, bajo el plano del retorno de la democracia, fueron ampliándose paulatinamente en relación con los avances, científicos y tecnológicos, con amplia incidencia en el contexto bibliotecológico.

Tomando algunos conceptos esbozados por Giorgio Agamben, se entiende que los dispositivos empleados en la dictadura, sustrajeron cosas al uso común, transfiriéndolas a una esfera separada, clandestina, de no acceso, ausencia e invisibilidad y que, por lo tanto, dichos bienes deben ser restituidos al uso común por el profesional de la información. Lo que la noción de “moralidad” había separado, bajo múltiples discursos potenciados por el temor y/o la sospecha, el bibliotecario debe restituirlo, no solo desde el esquema de los materiales vulnerados, sino esencialmente desde el desmontaje del entendimiento “inmoral” vinculado al bien cultural censurado.

El ciudadano que se dejó capturar por un dispositivo biblioclástico, dejó de representar un problema para el censurador, no adquirió una nueva subjetividad, sino que, por el contrario, pasó a invisibilizar un hecho cuya aceptación habilitó una suerte de anestesia social que le permitió vivir bajo reglas impuestas, sin darse cuenta de lo que realmente estaba sucediendo. Agamben sostuvo que el problema de la profanación de los dispositivos (su discurso fue empleado en el contexto de la religión), es cada vez más urgente, porque requiere restituir al uso común lo que ha sido capturado y separado de ello, “instruyendo” a una sociedad sobre lo que debía ser considerado “normal” y “apropiado”, para instalar de este modo un patrón único de conducta. Esta máquina supo atravesar en aquellos siete años un plano ligado al poder, que desplegó siniestras relaciones de fuerzas, ejecutadas con discursos políticos, sociológicos, eclesiásticos, jurídicos y empresariales, imposible de correlacionar enunciados con pruebas empíricas.

La frase “algo habrán hecho” es la mera aplicación de la aceptación social sobre temas que excedían a buena parte de la población en cuanto a información verídica que fuera posible analizar, su entendimiento, en el plano bibliográfico, se vincula con la idea impuesta de que algunos libros fueron prohibidos porque contenían “información con referencias ideológicas” que tenían el potencial de inducir “preocupantes captaciones” que en el seno de las fuerzas armadas se consideraba como una “grave enfermedad moral”, de allí se puede analizar, a modo de lectura externa, el problema que tuvieron aquellos ciudadanos en cuanto al acceso a la información, en donde hubo un filtro aplicado desde un oscuro parámetro que detuvo la dinámica de toda conciencia crítica a causa de una ausencia democrática. Esta praxis, permitió a los militares controlar y orientar, en un sentido que se pretendió útil, los comportamientos, los gestos y los pensamientos de los hombres y mujeres que coexistieron en dicho entorno.

Biblioclastía como concepto se inserta dentro de la necesidad de interpelar la memoria, como si se tratara de una serie de conjuntos documentales que desprenden fragmentos ocultados por el terrorismo de estado. El estudio pretende orientar nuevas construcciones de sentido en vinculación con los derechos humanos vulnerados, otorgando un marco apropiado para entender lo sucedido en un contexto particular de la Historia Argentina. Los dispositivos de represión cultural ejecutados en el contexto biblioclástico, permitieron aplicar sobre las personas, libros, bibliotecas, editoriales, centros educativos y culturales, una permanente práctica de vigilancia, control ideológico y censura, tanto con los cuerpos, los materiales, como con los símbolos, donde fue necesaria una conducta de apropiación informativa por parte de la Junta Militar, especialmente los medios de comunicación (televisión, radios, periódicos). De allí, el concepto de valor ciudadano pasó a ser manipulado en directa asociación con el entendimiento de “enemigo cultural”, lo que implica el grado de importancia que puede tener un vocabulario controlado en el ejercicio de vinculación de conceptos arborescentes dentro de una estructura semántica.

Hay un caso que merece una mención especial, a diferencia de lo expuesto, esta situación ocurre también en democracia, y tiene relación con la destrucción de libros bajo la excusa de “favorecer el reciclado de papel” y el “cuidado del medio ambiente”. Es muy probable que la cantidad de unidades de información que adoptaron (y aún adoptan) este tipo de prácticas sea considerable, especialmente bibliotecas ubicadas en universidades. En estos casos, sin establecer ningún tipo de consenso con el personal bibliotecario, sus directivos toman por decisión no donar el material bibliográfico acumulado en los depósitos, para de este modo enviarlo a organismos externos (fundaciones, asociaciones, empresas), para transformar esa documentación en papel picado. Claramente se trata de un acto encubierto –y no reconocido- de Biblioclastía, que tal vez pueda representarse en un vocabulario como un componente del concepto “Instigación de la Biblioclastía”, en el que se toma la decisión más fácil con respecto a colecciones amplias o ítems duplicados: destruir-eliminar-vaciar estantes, cuando bien sabemos, que elaborar listados para eventualmente donarlos a otras instituciones, supone la necesidad de trabajar sobre esos documentos, lo cual invariablemente requiere de tiempo y recursos humanos.

Volviendo a Foucault, un dispositivo sería entonces un conjunto de estrategias de relaciones de fuerzas, que son manipuladas desde una posición de poder, para desestabilizar, bloquear o desviar lo que debe ser aceptado por la sociedad, dentro de un parámetro sostenido por el propio mecanismo de subjetivación, con amplia incidencia en el entendimiento de la moralidad. Estos dispositivos “morales” se ejecutaron en una etapa en donde se cerraron carreras universitarias, se censuraron textos y autores, se prohibieron palabras y conceptos, y en forma clandestina se empezaron a realizar quemas masivas de libros, conjuntamente con la elaboración de materiales ligados con la “depuración ideológica” por parte del Estado Mayor General del Ejército, con el objetivo de poder detectar los vínculos entre marxismo y subversión en ámbitos laborales, educativos y artísticos, donde resultaba evidente la necesidad de instalar una noción de “enemigo” (un “nosotros” que tuviera por ánimo “derogar” los principios sustentados por la Constitución Nacional), un “adversario” al cual perseguir, separar y/o adoctrinar por el bien común y la concordia social.

Por un lado, tenemos un plano moral, donde se justifica la eliminación de todo aquello que supone la contaminación del precepto a defender y, por otro lado, una serie de acciones fundamentadas en criterios absolutos, que llevan a la aplicación de movimientos mecánicos para eliminar elementos contrarios a dichas premisas. En tal sentido, los informes oficiales elaborados por la Junta Militar, tuvieron por objetivo no solo dar respuestas a las denuncias de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en cuanto a los rumores que circulaban sobre las personas desaparecidas, sino también para establecer una norma rígida que pretendía vehicular el entendimiento ético de los ciudadanos, acaso un modo de justificar una idea de rectitud que por fuera de las fronteras asumía el inevitable entendimiento de una dictadura.

Por otra parte, hay ideas y conceptos que fueron parte de la censura, y de los cuales los militares brindaron elementos para contextualizar los dispositivos biblioclásticos: textos escritos en cárceles, escenas cinematográficas eliminadas por “inmoralidad”, letras de canciones (ya sea explícitamente de protesta o con palabras que podían entenderse bajo un código común), libros con citas de pensadores de izquierda (por más que los textos del libro no dijeran nada sobre temas políticos contrarios al Ejército), nombres propios que no podían nombrarse, escritores que tuvieron que modificar su escritura para establecer un guiño cómplice con los lectores, constituyendo verdaderos espacios de resistencia, en donde cuestionaban la censura instalando metáforas de lo que ocurría, método que en ocasiones permitió evitar la quema de estos libros.

En este tramo me permito una digresión, ocupando momentáneamente el espacio de la crítica literaria, en este caso bajo el entendimiento de Josefina Ludmer, profesora, ensayista, escritora, quien, citando al filósofo Roland Barthes, afirmó que no existe el acabamiento del texto -en el caso de correlacionar esta idea con el vocabulario controlado- siempre un texto es un fragmento y todo cierre es arbitrario, solo la muerte le pone fin. En este criterio entra en juego el concepto de ideología, en donde podríamos tomar al vocabulario bajo la comprensión de una lógica tabular, en el que se pueda discutir la eventual jerarquía de los términos, la complejidad de niveles que termina incidiendo en la producción de sentido, que tal como lo plantea Ludmer, en sí mismo no traduce una ideología, sino que la constituye, en donde los términos que integran el vocabulario son respuestas en una cadena indefinida de escrituras y lecturas que pueblan espacios significativos de la sociedad, una serie de valores que son decididos desde una comunidad educativa, y que por eso mismo, el mecanismo -y la herramienta- requiere revisión, nuevos planteos, nuevas teorías. No deja de representar un valor al que debemos poner a prueba en forma permanente.

Por lo que representa el vocabulario con relación al componente ideológico y documental, su arbórea complejidad da lugar a una pluralidad de formas que buscan representar los incidentes y las manifestaciones de los diversos elementos que constituyen toda biblioclastía, y el modo en cómo funciona el vocabulario controlado es lo que produce sentido, esa construcción -o tal vez podamos decir experiencia conceptual- se inicia con una bolsa de palabras y sigue un derrotero que en este caso abarca 4 etapas:

-       - Creación de una colección sobre Biblioclastía en la base DOCSA de la Biblioteca Ricardo Gietz.

-       - Desarrollo de un lenguaje controlado sobre Biblioclastía.


-       - Colaboración con el libro sobre Bibliotecarios Detenidos-Desaparecidos.

-      - Observatorio de Biblioclastía sobre destrucción, memoria, rescate y prevención.

Me parece válido agregar notas a esta suerte de bitácora colectiva, con todo lo que significa teorizar un plano donde poder ubicar un problema. El taller sobre identificación de micro y macro acciones biblioclásticas, surgido en diciembre de 2020 y auspiciado por la Comisión de Homenaje a Bibliotecarios Desaparecidos y Asesinados por el Terrorismo de Estado en Argentina y por la Asociación Bibliotecarios de Córdoba, originó un movimiento bibliotecológico que, por el recorrido llevado a cabo, es posible afirmar que este grupo ya superó la etapa de las concepciones sobre la problemática, y que, dada la utilidad del vocabulario, requiere seguir conectando términos, ideas, relaciones, no dar por cerrados ciertos conceptos publicados en el servidor semántico, ampliar descripciones, agregar nuevas líneas de pensamiento.

Este criterio entraña reconocer que la aplicación de la herramienta, en el contexto bibliográfico, necesita de la estandarización de los conceptos asociados a un territorio donde se disputa la construcción de sentido en relación al pasado histórico de nuestro país, y para que haya estandarización debe concebirse previamente la legitimización, esto nos lleva a evaluar modos de significar lo interpretado en un campo de tensiones, en el cual es necesario validar las ideas representadas en los términos consensuados, ideas que condensan los posicionamientos ideológicos, estéticos, políticos y/o bibliotecológicos del colectivo Basta Biblioclastía, cuyas prácticas permiten afirmar -a través de los eventos virtuales que están disponibles para los usuarios- que la revisión y la discusión terminológica se encuentran habilitadas, dado el grado de interés que pueda suscitar en el ámbito académico, y que seguramente motivará eventuales aperturas -y probables modificaciones- a largo plazo.

Hay que anteponer el interrogante a cada término, y pensar que los conceptos que delimitan un análisis son prefigurados por ideas sociales propias de su tiempo político, que reproducen una representación con sustento en el entendimiento del rol social de nuestra profesión. Asimismo, en lo personal me deja una duda en cuanto al alcance que puede llegar a tener este vocabulario con respecto al concepto de identidad en nuestra historia como país, interpelado por los componentes de la memoria, la censura y la reparación histórica.

Lo que hay son disputas de sentido de la memoria, donde se cruzan concepciones sobre métodos sistémicos de opresión, ocultamientos, deconstrucciones, resistencias, violencias, reparaciones, oscurantismos, preservaciones, resiliencias, imposiciones, represiones, memoricidio, sentido crítico del entendimiento del bien común, de los valores cívicos, de la democracia en su conjunto. Se tratan de pequeñas reflexiones sobre un concepto inabarcable, que requiere nuevas lecturas y aproximaciones, nuevos desbrozamientos, así como un permanente proceso de sedimentación y difusión del conocimiento desarrollado en el campo cultural de los derechos humanos.

Espero que el próximo año sea un tanto más benévolo con nuestras realidades, que podamos compartir experiencias, con todo lo que etimológicamente esa palabra significa.

Fuentes consultadas:

Agamben, Giorgio (2016). Que es un dispositivo. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora.

Apuntes sobre el curso (Des)enterrando libros prohibidos, profesor Edgardo Vannucchi, Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti (septiembre/octubre de 2015). Disponible en: http://librosvivientes.blogspot.com/2015/10/

Báez, Fernando (2005). Historia universal de la destrucción de los libros. Buenos Aires: Sudamericana.

Biblioclastía. Los robos, la represión y sus resistencias en Bibliotecas, Archivos y Museos de Latinoamérica. Concurso Báez. Tomás Solari y Jorge Gómez compiladores. Buenos Aires, Eudeba, 2008.

Bosch, Mela (2017). Biblioclastia: vocabulario controlado para la ampliación y profundización del concepto / Mela Bosch, Tatiana M. Carsen. Disponible en: https://ri.conicet.gov.ar/bitstream/handle/11336/41864/CONICET_Digital_Nro.79e804bb-509c-4643-96a8-cbf3308a63ec_A.pdf?isAllowed=y&sequence=2

Bosch, Mela (2021). Biblioclastia, profundización del concepto y nuevos oscurantismos. Disponible en: https://bastabiblioclastia.org/wp-content/uploads/2021/01/Bosch_M_Texto-Biblioclastia-profundizacion-del-concepto-y-nuevos-oscurantismos.pdf

Bossié,Florencia (2006). Historias en común: censura a los libros en la Ciudad de La Plata durante la última dictadura militar (1976-1983) Trabajo final de grado. Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencia de la Educación. Disponible en: www.fuentesmemoria.fahce.unlp.edu.ar/tesis/te.265/te.265.pdf

Bossié, Florencia (2008) Biblioclastía y bibliotecología: recuerdos que resisten en la ciudad de La Plata [En línea]. Congreso “Textos, autores y bibliotecas”, 24 al 26 de septiembre de 2008, Córdoba, Argentina. Disponible en: http://www.fuentesmemoria.fahce.unlp.edu.ar/trab_eventos/ev.703/ev.703.pdf

Invernizzi, Hernán - Gociol, Judith: Un golpe a los libros. Represión a la cultura durante la última dictadura militar. EUDEBA. 2002.

Gociol, Judith: “La desaparición de personas tenía que corresponderse con la desaparición de los símbolos culturales”. Entrevista a Judith Gociol en Revista Tesis 11. Marzo-Abril de 2007.

Fois, Silvia (2012). Comisión de Homenaje Permanente a los Trabajadores de Bibliotecas Desaparecidos y Asesinados por el Terrorismo de Estado: Una iniciativa para la memoria. Disponible en: https://ffyh.unc.edu.ar/libros-prohibidos/wp-content/uploads/sites/17/2012/03/articulo-silvia-fois.pdf

Ludmer, Josefina (2015). Clases 1985: algunos problemas de teoría literaria. Buenos Aires: Paidós.

Infonews (2021). Por qué los desaparecidos son 30.000: la mejor explicación. Disponible en: https://www.infonews.com/24-marzo/por-que-los-desaparecidos-son-30000-la-mejor-explicacion-n264103

Vocabulario controlado sobre Biblioclastía. Disponible en: http://vocabularios.caicyt.gov.ar/portal/index.php?v=5

Encuentros del Taller sobre Micro y macro acciones biblioclásticas:

Encuentro 1: https://www.youtube.com/watch?v=JPgLp5sx0n4

Los temas tratados fueron: panorama veloz de los Derechos humanos, la progresividad de las acciones y su ampliación en generaciones de la primera a la cuarta que llega al hábeas data. Testimonios de los integrantes.

Encuentro 2: https://www.youtube.com/watch?v=arPrfctiKIM

El tema tratado fue deconstrucción de acciones biblioclásticas.

Encuentro 3: https://www.youtube.com/watch?v=BktEF_z7NFI

Se trataron temas relacionados con la identificación, registro y memoria de acciones biblioclásticas.

Encuentro 4: https://www.youtube.com/watch?v=kJMvQotSWu0

 

Se desarrolló un formato de registro de incidentes biblioclásticos para su deconstrucción y análisis. Se analizaron los pasos futuros hacia una ley contra la biblioclastía, para avanzar hacia normativas de amparo para el acceso equitativo al conocimiento, idea que incluye ir contra los oscurantismos y contra la represión.

Basta Biblioclastia
Página web: 
https://bastabiblioclastia.org/
Facebook: 
https://www.facebook.com/Basta-Biblioclastia-104973675004535
Grupo de Facebook: 
https://www.facebook.com/groups/bastabiblioclastia
Twitter: @BBiblioclastia 
https://twitter.com/BBiblioclastia
Canal de YouTube: 
https://www.youtube.com/channel/UC56WDusjxhvJNeMAhiFTaog

Correo electrónico: bastabiblioclastia@gmail.com

Biblioclastía:

Definición sintética:

Es la destrucción, obstrucción, limitación del acceso u ocultamiento de los soportes de conocimiento documental, y la persecución física o moral de las personas que trabajan en relación con esos documentos en sus distintos soportes y/o sus usuarios.

Definición por extensión:

Comprende la destrucción, obstrucción, limitación del acceso u ocultamiento de libros y otros documentos de diferentes tipologías, bibliotecas, archivos y soportes de conocimiento en formato digital de documentos primarios, de fuentes secundarias, catálogos y bibliografías, ya sea por acción directa, indirecta o desidia.  Comprende asimismo la persecución física o moral de las personas que se ocupan de la recopilación, circulación y promoción de bibliotecas, archivos y circulación digital del conocimiento documental y/o con sus usuarios.