Espacio que pretende resguardar voces, experiencias y conocimientos desde el rol
social del bibliotecario. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural
intangible conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas, semblanzas,
historias de vida. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

viernes, 21 de junio de 2024

Daniel David Lado

Nunca entendí porque una vez dejé una flor amarilla para recordar la vida de alguien, dicen que es el color del olvido, como si fuera algo que se va desgajando al paso del viento, un pequeño murmuro, una memoria que se esparce. No fue así como ocurrió con el gallego Daniel, el primer amigo de la infancia que tuve, cuando me dijeron que había partido. Ese día las paredes de su casa perdieron todos los colores, sin plantas en los canteros, la persiana apenas inclinada. Será porque había nacido el mismo año que yo nací, que me hizo entender lo efímero que es toda existencia cuando se transita en un borde, sin darnos cuenta cómo podemos caer, hacia alguna sombra que parece amena, que es también una forma de vivir lo que apenas se comprende.

Me cuesta nombrar a Daniel como si quedara para siempre anclado en un pasado, para la gente de mi barrio era David, el rey David "el de las boleadoras" como había dicho una vez, mientras enamoraba a la chica más linda del aula, que miraba embelesada como aquel niño, parado en una mesa de la escuela número 8 de Wilde, enarbolaba su candidez simulando arrojar una boleadora, en vez de la piedra y la honda con la que la historia conoció aquella disputa entre un rey y un gigante. Todavía lo recuerdo decir eso con una sonrisa desbordante:

¡Soy el Rey David!

Es la única imagen que tengo de la escuela primaria con aquel amigo, pasó una brisa llevándose los guardapolvos blancos que serpenteaban en la hora del recreo, los pasillos en tonos pasteles, los pupitres de madera, el izamiento de la bandera, el patio donde moraban algunos pájaros. Era esa imagen y la del primer día de clases, que entramos tomados de la mano, temerosos, callados, sin saber que nos esperaba del otro lado de esa puerta enorme que parecía un muro. Le entristecía saber que a un tal Jesús lo clavaron en una cruz, le pareció terrible ese dolor, empatizaba con la desdicha ajena, sea cual fuere el rostro que estuviera detrás.

Con los años, compartimos varios encuentros en el barrio, David vivía a la vuelta de mi casa, una tarde fuimos con una lupa a ver las plantas de su jardín, y en aquella hora en que los mosquitos reemplazan a las moscas, buscamos una linterna para seguir observando la crepuscular existencia de los escarabajos y las hormigas, David tenía una libreta y allí, en medio de la oscuridad, tomaba notas de todo lo que veía. En ese momento, viendo aquel cuaderno, entendí que esas anotaciones representaban algo nuevo, una forma distinta de sobrellevar el día, acaso la imagen de una playa distante poblada de luciérnagas.

Es extraño el paso del tiempo cuando está atravesado por la ausencia, todo se pierde como en un remolino anclado en el sosiego, los años se transforman en pequeños murmullos que obliteran la resonancia de un conjuro de voces perdidas en la infancia, Daniel David andaba por el barrio como si estuviera extraviado, parecía un náufrago, tardé en darme cuenta que había empezado a experimentar con algunas formas de evasión, y que mucho más tarde eso no alcanzó y que buscó otros modos de eludir todo aquello que carecía de interés. Una tarde, después de añares, lo crucé en la esquina de casa, me pidió ir al kiosco a comprar un vino, lo pusimos en un botellón de plástico con hielo y fuimos a su terraza, a dejar que las evocaciones cubran con un manto piadoso aquel amparo sin edad. 

Recuerdo que al mirar los cables tendidos de los postes telefónicos supimos que eso siempre estaría ahí, que ese barrio se iba a quedar en el tiempo, aquella tarde el gallego se dejó vivir mientras hablaba de los amores truncos, decía que recordar de alguna manera lo ayudaba a seguir, no supe que decirle, antes habíamos pasado por el pasillo que separaba el comedor de la cocina, donde me mostró como cultivaba unos hongos comestibles en el armario, que comía junto a una miel que el mismo preparaba, era raro ver hongos colgando de un perchero, como si fuera una ristra de ajos, y que todo eso formara parte de su alimentación, junto con algunas frutas y galletas, era medio cinematográfico todo, la casa en penumbras, los hongos, la miel, el botellón con el vino, pero lo que hablamos ese día lo guardé en algún lugar entrañable, y tal vez por ese motivo, no tengo modo alguno de recordar exactamente aquella conversación.

Si fuera siempre así esto que llamamos vivir una vida, y no dejar todo reducido a un simple encuentro. Si fueran siempre así todos los encuentros, todas las palabras reunidas en un atardecer. Si fuera siempre así intentar retener lo que ha ocurrido, hacer trampas con el tiempo, volver a encontrar lo que dejamos partir.

En aquel crepúsculo David me mostró unos poemas en una caligrafía imposible de entender, casi un jeroglífico, pero cuya lectura en voz alta me permitió adivinar que el gallego Daniel era también un poeta, de esos que descienden a los infiernos, los "malditos", los que ven cosas que otros creen ver, acaso una forma de poder detener al tiempo. Pasaron años, como días, sin que nos volviéramos a ver. Era común en esos atardeceres compartir conversaciones en la vereda, a veces el gallego Daniel amontonaba unas palabras sobre diferentes temas, y a todos nos causaba gracia la mirada que sostenía esos dichos, casi como un niño que se asombra del inequívoco desfile de unas cuantas verdades, y quiere agregar su propio criterio al contexto histórico de cualquier relato. Daniel se iba a su casa y a todos nos quedaba la sensación de no saber cuándo lo volveríamos a ver.

Una tarde, lo vi comiendo un tomate en la vereda, pero no era simplemente describir lo que estaba comiendo, sino cómo lo hacía, ese tomate parecía que fuera el último que quedaba en el  mundo, no pude evitar ir a casa a buscar un tomate en la heladera, llevarlo al patio con un cuchillo y disfrutarlo como algo nuevo que se conoce, fue como Tom Sawyer convenciendo a los amigos del barrio del inmenso placer que significaba pintar una cerca, fue como ese poema de Martín Gambarotta cortando un pomelo transversalmente "partió la mañana en gajos raros, la carne rosada expuesta por primera vez, hirió con énfasis su mundo intraducible, generando una pausa acá, en el contexto de la fruta acuchillada".

Una tarjeta de una casa de sepelios dice que el 21 de junio de 2017, Daniel David Lado se fue a otro plano, acaso libre, del que nada sabemos, o creemos saber. A ese instante siguió el silencio, la incredulidad, algo que se cae y que se rompe sin ningún tipo de sonido, algo que se desvanece en el mismo segundo que se convierte en pasado. Supe después que lo enterraron en el Cementerio de Avellaneda, y que la bolsa negra que estaba en su vereda eran sus pertenencias, la misma bolsa que un cartonero recogió bajo la lluvia, la misma bolsa que, acaso por la culpa o la intromisión, no me decidí a revisar, el libro con sus poemas que nunca encontré. Se me hizo difícil asumir que todo lo acumulado en su vida podía caber en una bolsa.

Un tubito de caña sobra pa’ eso, cantó alguna vez un anciano a quien Rubén Patagonia acompañó con su guitarra. Un tubito de caña para guardar las cenizas. Una bolsa negra para guardar los atavíos. El carro de un cartonero cubierto de trapos bajo la lluvia.

El destino a veces es impiadoso, solo permite una posibilidad, si en ese momento se cruza una duda o una niebla, el arrepentimiento te acompañará por mucho tiempo, por más que quieras hacer de cuenta que no había nada que hacer.

En esta curva de la vida, contar una historia es lo que muchos hacen, y en ese cuento sin final, hay un poema perdido, una lápida sin nombrar, una tumba sin flores.

De Daniel se dirá que vivió siempre en la misma casa de Wilde, el poeta del cual los muertos no saben su nombre, el que juntaba moras de un árbol que ya no existe, el que sostuvo con su inocencia las junturas de alguna remembranza.

David el que se fue pronto, el de la soledad concurrida, el que no supo que hacer con su alma.

Nota: en la imagen fotográfica, Daniel David es el último del lado derecho.

martes, 28 de mayo de 2024

Lo analógico y lo digital


Alguna vez frecuenté esta disyuntiva, personas analógicas en un mundo digital, donde la tecnología resulta una pantalla sin necesidad de entender los algoritmos, en esa lógica en donde una buena idea puede quedar sin posibilidad de articularse, plantearlo no deja de representar una situación que podíamos extrapolar a cualquier contexto, especialmente con las tecnologías de información y comunicación.

Desde el punto de vista de la bibliotecología no deja de ser una discusión bizantina, porque en líneas generales los fuegos artificiales prevalecen, hasta que alguien -en una tarea que requiere sobre todo tiempo- pasa un tamiz dejando evidencia del poco alcance que el invento supone.

En ese plano, se percibe la necesidad que muchos tienen de nombrar el artefacto, solo para asociar el nombre propio, al final del día son palabras, pero no lenguaje, un sistema ya hilvanado.

La verdadera preocupación es la creación de conceptos.

sábado, 18 de mayo de 2024

Homenaje a Carlos Martínez Sarasola

Es un honor compartir este evento, organizado por la Asociación Civil EMPO, para participar del Encuentro - Homenaje a Carlos Martínez Sarasola. Esta actividad cuenta con el apoyo de la Secretaría de Mujeres, Géneros, Diversidad y Derechos Humanos del Municipio de Morón.

Se realizará el Domingo 26 de mayo de 2024, a partir de las 15.30 hs.

El organigrama es el siguiente

•15:30hs Inicio:

Ceremonia Quechua homenaje a Carlos Sarasola, con Amalia Vargas y Oscar Pons, Aguarapiré Seacanderú, Suguasoné Bebe A Ba, entre otros.

•16:30hs Charlas: 

Daniel Canosa, Diario de los Pueblos Indígenas, Orejiverde.

Marcelo Valko.

•17hs intervalo:

•17:30hs:

Pepe Tasat.

Andrés Fortunato, sobre instrumentos musicales ancestrales y el disco Orejiverde. 

•18.30 hs. Sorteo del EMPO 

 •19 hs Concierto de CHIMBE.

Habrá stands de libros, instrumentos musicales en cerámica, y Feria de Artesanos del EMPO.

El lugar es el Espacio por la Memoria de los Pueblos Originarios, Predio Quinta Seré, Santa María de Oro 3035, Castelar, Municipio de Morón, Pcia de Bs As.

Los esperamos, se agradece difusión.

viernes, 26 de abril de 2024

Sobre la belleza

Decía Alejandro Dolina que la belleza es una regularidad o la falta deliberada de ella. Es siempre simetría. La repetición en el tiempo, la repetición en el espacio, la igualdad de las distancias, "todo eso genera una reacción en el espíritu humano que generalmente responde a la idea que tenemos de belleza".

"Tal era así que los griegos habían sido más rigurosos en esto, ya que la medían con exactitud, y encontraban números como el número áureo, que les servía para ver en qué momento de un segmento había que cortarlo, o en qué lugar de la cara tenían que estar los ojos, o cuándo en una obra tenía que estar el momento más decisivo" afirmaba el locutor de “La venganza será terrible”.

Y es que a veces, se obtiene belleza vulnerando esa regularidad, pero poblada de irregularidades que la sostienen. Lo que al final la obra conserva, es un acto creativo atravesado de mecanismos invisibles, que son aquellos que habilitan la posibilidad de la conjetura.

Fuente consultada:

Sebastián Ackerman, 17 de febrero de 2016. “La radio me obligó a transitar un camino de conocimiento”. Página 12. Disponible en: https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/12-38021-2016-02-17.html 

viernes, 12 de abril de 2024

El ejemplo de Punta Querandí que habilita la esperanza


En medio de un escenario devastador, Punta Querandí está representando en este momento un verdadero foco de resistencia, planteado desde el más genuino de los lugares: el conocimiento cultural sustentado en la propia identidad. Leer lo que hacen a diario otorga esperanza en este momento tan particularmente doloroso que está atravesando el país.

La última noticia (de las muchas que ofrecen desde hace más de 15 años de emprendimientos comunitarios) refiere al trabajo colectivo y a la reconstrucción identitaria, como un camino para frenar el extractivismo urbano, es conmovedor saber que son muchos los que participan cortando cañas y desmalezando el terreno para poder resguardar al área de producción agroecológica. Al paso del día se fortalecen espiritualmente mientras realizan infinidad de labores.

La “rebelión de los muertos” como fueron mencionados hace un tiempo, representan cada día un movimiento incesante que recupera lo que alguna vez fue este país: una posibilidad de convivencia que no supo entender la fortaleza desde las diferencias culturales existentes. El “país que no fue” de Carlos Martínez Sarasola, los pueblos originarios que quedaron marginados de ese imaginario, donde algunos patriotas soñaron con una idea que se perdió en el atardecer de una utopía.

Y no se trata solo del territorio, ya que Punta Querandí ha impulsado, junto con la Unión de Pueblos Originarios de Tigre y Escobar, la enseñanza de idiomas indígenas para la comunidad de usuarios, proyecto financiado por el Municipio de Tigre, donde hasta la fecha se han inscripto ni más ni menos que 850 personas, con variadas opciones, entre ellas lengua Ava Ñe’ê (guaraní, a cargo de la mbo’ehára Verónica Gómez con la colaboración de Yéssica Rodríguez, Noemí Ocampos y Liliana Bernal); laqaatqa (moqoit, con la coordinación de la napaxguinataxanaxa Deolinda Salteño, quien se desempeña como docente en la Escuela Primaria Nº 418 ‘Niño Mocoví’ de la Comunidad El Pastoril del sur chaqueño); quechua (a cargo de la yachachiq Josefina Navarro desde Jujuy) y qom la’aqtac, con la colaboración del paxaguenataxanaxaic Mario ‘Nereo’ Charole desde Villa Río Bermejito, en la zona del Impenetrable Chaqueño.

Se trata de la creación de una política pública de fortalecimiento lingüístico -que es pionera en el Gran Buenos Aires- y que representa uno de los logros más influyentes de la lucha de la Unión de Pueblos Originarios de Tigre y Escobar: resistencia desde lo que cada libro viviente sabe.                                     

Todo proyecto cobra significado en Punta Querandí, sea cual sea la tarea en la que cada uno participa, desde limpiar el terreno de malezas para cuidar la huerta, hasta recoger madera y pintar una cerca. Los hitos vienen de lejos: el horno de barro, el Opy (templo guaraní de barro y paja), la Maloka (vivienda colectiva), el monumento al yaguareté, la Biblioteca de Pueblos Originarios, el Museo Autónomo de Gestión Indígena, los talleres de cerámica, alfarería, cestería y carpintería, la Apacheta (sitio ceremonial andino), el vivero, el gallinero, el Salón Comunitario Cacique Manuá, la cocina, el quincho, los baños, el tanque de agua potable…

Últimamente, desde distintos escenarios estamos presenciando pequeños focos de resistencia, que son los que cobrarán visibilidad al paso del tiempo. Recientemente los docentes de la Universidad de Buenos Aires ofrecieron una respuesta que se asemeja a la que diariamente ofrece Punta Querandí: dieron clase en la calle, con alumnos sentados en círculos, fortaleciendo el ciclo de la enseñanza y el aprendizaje, mientras que en la última marcha realizada enfrente de la Casa de Gobierno, los científicos del CONICET mostraron sus carteles detallando las distintas especialidades en las que día a día avanzan, para beneficio de la sociedad que hoy les da la espalda, al menos una parte de ella, que no cree en el concepto político del Estado, sin entender nunca del todo de qué se trata, qué garantiza y para qué sirve.

Siento que por ahí hay que continuar este camino, ejercer el derecho a compartir el conocimiento, es lo que hace a la cultura y al desarrollo permanente, en donde cada uno, desde su vocación y compromiso, debe intentar hacer bien su trabajo. 

Para eso estudiamos, para eso nos seguimos capacitando.

Como profesional de la información, quisiera expresar mi solidaridad en este momento para todos los bibliotecarios/as injustamente despedidos. Que la comunidad educativa en su conjunto -especialmente sus autoridades- encuentre elementos para reparar las frecuentes arbitrariedades con las que se cometieron tantos atropellos. Lo que deseamos es poder seguir ofreciendo un servicio, es un anhelo con sustento en la vocación, que no debería ser arrebatado.

Hasta ese día.

Fuente consultada:

https://puntaquerandi.com/