Espacio que pretende resguardar voces, experiencias y conocimientos desde el rol
social del bibliotecario. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural
intangible conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas, semblanzas,
historias de vida. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

lunes, 20 de junio de 2022

Encuentro de Ciencias de la Información del Mercosur: experiencias de gestión de bibliotecas indígenas latinoamericanas

Desde el Departamento de Ciencias de la Información de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Nordeste, se llevó a cabo la organización del Encuentro de Ciencias de la Información del Mercosur (ECIM), evento académico bianual de profesionales de la información, con la propuesta de un foro virtual titulado "Experiencias de gestión de bibliotecas indígenas latinoamericanas. En el marco del espacio: Diversidad cultural y ciencias de la información: aprendizajes y desafíos", jornada que contó con la coordinación de la primera bibliotecaria indígena de Argentina, Shailili Zamora Aray, integrante del Centro de Documentación Indígena No'lhametwet.

La propuesta estuvo centrada en la visibilización de experiencias y reflexiones sobre procesos de registro, organización y preservación de la información y conocimientos generados desde y para los pueblos indígenas.  En especial con los procesos de cogestión comunitaria y su incidencia en el diseño y ejecución de políticas públicas en dicho campo, donde se tuvo en cuenta las singularidades de cada pueblo, así como las necesidades de información que estas requieren. 

Por tal motivo, ha resultado necesario interpelar la identidad colectiva y los procesos de memorias, así como los modos de registro, resguardo y transmisión de información y conocimientos. Tal como lo refiere Shailili, el lugar del lenguaje, de la cosmovisión del tiempo y el espacio, son ejes centrales para reconocer y pensar desde el campo científico, tensionado por desde su muy reciente reconocimiento y valoración desde las políticas estatales.

La primera exposición estuvo a cargo de Celeste Escobar, quien compartió su trabajo sobre lenguas indígenas del Paraguay, en especial la incidencia que tuvo el vocabulario Paĩ Tavyterã, libro que reúne 40 años de trabajo de documentación lexicográfica, que la lingüista paraguaya editó en coautoría con el poeta e investigador guaraní Gregorio Gómez Centurión. Lamentablemente en este caso hubo problemas con el audio y la conectividad, pero el material expuesto permitió tener una idea de la importancia de este trabajo de documentación lingüística, considerando que en Paraguay se registran un aproximado a 15.000 hablantes de lengua guaraní.

Luego continuó Soraia Pereira Magalhães para compartir su experiencia con las bibliotecas públicas del Estado de Amazonas, uno de los veintiséis estados que, junto con el distrito federal, forman la República federativa del Brasil. La presentación tuvo por tema las "Bibliotecas invisibles: sistemas, ciudades y representaciones sociales de las bibliotecas públicas en el estado de Amazonas, Brasil", un exhaustivo trabajo que incluyó visitas a más de la mitad de las bibliotecas ubicadas en dicho contexto, lo que brinda elementos para entender la compleja realidad de las diferentes culturas originarias que se encuentran cercanas a dichas unidades de información.

La bibliotecaria brasileña abordó especialmente la problemática de la biblioteca pública y la falta de atención a las minorías lingüísticas en Brasil, los objetivos fueron identificar bibliotecas públicas en ciudades del estado Amazonas, analizar el desempeño del Sistema Estatal de Bibliotecas Públicas del Amazonas (SEBP/AM) y conocer la representación social de la biblioteca pública, desde la perspectiva de los habitantes de 5 ciudades. Resulta válido comentar que dicho trabajo ha sido el resultado de una tesis de doctorado por la Universidad de Salamanca.

En ese contexto, analizó los ejemplos de la Biblioteca Pública del Municipio Benjamin Constant, reconocido como un espacio de investigación y de estudios escolares, y de la Biblioteca del Museo Magüta, nacida en un momento de movilización política y resistencia indígena, reconocida por la población que atribuye valor no solo desde el punto de vista turístico al lugar, sino al hecho de ser considerada una biblioteca especializada en temáticas indígenas, lo que genera flujo de investigadores sobre el pueblo Ticuna.

Luego fue el turno del lingüista mapuche Lucas Curapil y del bibliotecario Silverio Ortiz, para mencionar sobre el proyecto de Documentación de lenguas originarias: experiencia de gestión para la enseñanza y revitalización del mapuchezungun, documento que registra una iniciativa del profesor Nicacio Antinao, que derivó en la creación del Departamento de Lenguas Originarias dentro de la Facultad de Lenguas de la Universidad Nacional de Comahue. A su vez, este proceso registra un antecedente histórico en el año 1930, cuando la Machi Carmen Antihual comienza un proceso de revitalización del mapuchezungun.

Para Curapil, la pandemia habilitó la articulación de la biblioteca mapuche con el bibliotecario para crear un espacio de cultura mapuche en la Biblioteca Digital de la facultad, más específicamente un repositorio digital de lenguas originarias y español de la Patagonia, al que se accede a través del siguiente enlace:

https://bibliotecadelenguas.uncoma.edu.ar/exhibits/show/repositorio-de-lenguas-origina

Una de las particularidades resaltadas por este trabajo de documentación es que los libros están vinculados a los audios y/o videos subtitulados que se trabajan dentro de la biblioteca, y que lo mismo ocurre con la Educación Intercultural Bilingüe, cuyo abordaje implica trabajar los idiomas milenarios de manera holística y sistemática. Para los autores, el bilingüismo es una exigencia ética de la interculturalidad.

Tal como lo referenció Ortiz, en este proyecto se trabajan estándares de metadatos de dublin core, para que los materiales puedan ser cosechados por otros repositorios. En dicho espacio se pueden consultar entrevistas, cantos, música y danza, fotografías, clases virtuales de la cátedra de lengua mapuche, material didáctico, artículos de investigación e informes, con participación de la profesora de idioma y cultura mapuche Elisa Tripailaf. 

Ambos autores resaltaron la importancia de contar con hablantes nativos en todo el proceso de documentación, un trabajo en conjunto para interpretar y traducir documentos, transcribir audios en lengua materna y digitalizar registros respetando derechos de autor, lo que implica establecer un consentimiento con los paisanos entrevistados en diferentes medios de comunicación, o que hayan estado presente en alguna publicación virtual. En la tarea se advierte un respeto por la forma de escritura y por los regionalismos, criterio que permite el acceso a documentos representativos de la cultura.

En líneas generales, es de particular importancia generar este tipo de encuentros para analizar los avances de la bibliotecología indígena en la región, sobre todo si consideramos que uno de los últimos eventos públicos sobre bibliotecas indígenas fue realizado en San Pablo, Brasil, en el año 2008. Desde entonces se han sumado nuevas experiencias, se han discontinuado proyectos, como también se han registrado avances jurídicos que en muchos casos no han sido aplicados en beneficio de las comunidades.

Tanto el acceso a la información como la construcción de conocimiento endógeno y materiales en lenguas indígenas, implican una oportunidad de desarrollo sociocultural en el contexto de la Educación Intercultural Bilingüe, que como modalidad educativa atraviesa a la mayor parte de los países latinoamericanos.

Muchas gracias a Shailili por la información compartida.

Fuentes consultadas:

Transmisión ECIM Facultad Humanidades UNNE

https://www.facebook.com/humanidadesunne/videos/554663576042009/

ECIM. Encuentro de Ciencias de la Información del Mercosur

http://ecim.unne.edu.ar/#

Centro de Documentación Indígena No'lhametwet

https://centrodedocumentacionindigenadelchaco11860556.wordpress.com/author/cedeindigena/

sábado, 21 de mayo de 2022

La Biblioteca viviente de Rosa Pincol

Desde hace años, la referente mapuche Rosa Pincol, perteneciente a la Comunidad Pu Folil, viene sosteniendo este emprendimiento de biblioteca personal, cuyo alcance lo podríamos vincular con un proyecto educativo intercultural realizado por la docente Fabiana Nahuelquir, en la Comunidad Mapuche Tewelche Vuelta del Río (Chubut-Argentina), el título de aquella presentación bien podría aplicarse a la tarea que lleva adelante Rosa Benilde Pincol Caipillan: “Kuifi kimun Wiñoy Welukom” (Vuelve el conocimiento antiguo).

Lo que hace esta mujer es rescatar patrones de conocimiento de una cultura originaria, desde una concepción endógena del entendimiento colectivo, donde comprende el concepto general del mapuche como una sucesión del tiempo de sus antepasados, quienes “llegaron a determinar y explicarse la estructura de su propio mundo, es decir lograron comprender, articular e interrelacionar en cada uno de los elementos que constituye el mundo mapuche”.

Allí hay conceptos, como los de fuerza, energía, espíritu, que abarcan profundas concepciones sobre los términos que deben entenderse desde el propio círculo de las manifestaciones culturales de la comunidad, mismo el concepto de dualidad se aprecia desde la concepción de la naturaleza, y es difícil que exista una comprensión circular del kultrún si la misma no es concebida desde el entendimiento del rehue como principio de la wallmapu, entre otras verdades cultivadas por la referente mapuche.

En el año 2013 su trabajo cobró relevancia por haber organizado, junto al equipo de la Biblioteca Popular "Hugo Darío Fernández", una jornada en el marco del Día de la Mujer Originaria, que fue declarada de interés por la Secretaría de Cultura de Chubut. Lo que hizo desde entonces Rosa Pincol, quien se declara mapuche urbanizada, fue rescatar la cultura, la cosmovisión, las tradiciones y el idioma de su pueblo y del tehuelche, en un espacio habilitado por la biblioteca del barrio San Martín, denominado Pu Folil.

Otro de los trabajos significativos ha sido el ordenamiento de lo que la autora describe como “piezas de supervivencia”, que fueron encontradas por vecinos en distintas zonas de la ciudad, tarea que realiza desde hace unos 25 años.

Es interesante el abordaje, porque otorga elementos para incorporar en los lineamientos educativos de la modalidad EIB (Educación Intercultural Bilingüe), donde se advierte claramente, en algunas experiencias vinculadas con pueblos originarios, que los contenidos que supuestamente están orientados para incluir conocimientos cultivados por los ancianos y ancianas, terminan siendo desplazados por concepciones hegemónicas sin asistencia de los maestros bilingües que en muchos casos, como auxiliares -con todo lo que el término significa- reducen su tarea a la de traducción de frases dictadas por el maestro no indígena.

Vincular entendimientos como el de Rosa Pincol sería un modo de avanzar en el equilibro de los contenidos curriculares impartidos desde la modalidad educativa, es necesario incorporar a los libros vivientes, pero no de un modo acrítico. Volviendo al título inicial del proyecto intercultural de Fabiana Nahuelquir, parecería que muchas de las opciones que se validan al interior de la EIB consisten en acciones que encubren rasgos de discriminación positiva, gestionadas sin embargo desde retóricas que apelan a la ética y la moral.

Siguiendo con este criterio, tal como lo afirma la docente “al asociar literalidad con diálogo simétrico, subyace una noción de traducción como establecimiento de equivalencias, soslayando la lógica que la organiza. Esta simplificación reduce cultura a lengua y acota ésta solo a un idioma”.

Entre otras cosas, es lo que se advierte por fuera de las instituciones, una suerte de reconocimiento de la diversidad que se impone verticalmente, buscando de alguna manera “comprender” lo que el paisano sabe, y desde allí, oficializar dicho entendimiento sin incluir en el ejercicio el propio discernimiento de quienes comprenden cabalmente su propia cultura.

El trabajo de Rosa Pincol en la Biblioteca Popular contó con la participación de psicólogos, artistas visuales, músicos y poetas que acompañaron la iniciativa destinada a promover "el encuentro con las raíces", experiencia que incluye elementos museísticos como pinturas, objetos, joyería ancestral, instrumentos musicales, piedras, que pueden ser manipulados por los visitantes, para entender la energía de las distintas manifestaciones de la naturaleza, en sincronía con el entendimiento de la cosmovisión mapuche.

"A la biblioteca siempre llega gente con ganas de aprender sobre lo que significa vivir siendo mapuche en la ciudad y en el campo” afirma la referente comunitaria, y a la vez, la necesidad de reconectar con los sonidos de la tierra, el “viento que lleva cada uno adentro de sí mismo”.

Como bien lo afirma una de las colaboradoras del espacio, se trata de crear "una trama que no es sólo indígena ni sólo urbana, sino justamente trama. Red que nos sostiene y nos moldea, que nos crea prácticas cotidianas, regionales, sureñas, comodorenses, barriales… Y red como lugar de construcción de relaciones. Trama que nos atraviesa y deseamos atravesar con nuestras miradas, para construir relaciones más horizontales, relaciones creativas, abiertas a los aportes de todos".

De eso se trata un poco esta historia.

Nota: Un agradecimiento a Carina Carriqueo por compartir información del trabajo realizado por Rosa Pincol.

Algunas fuentes consultadas:

En el Día de la "Mujer Originaria", destacaron la labor de Rosa Pincol / El Patagónico.

https://www.elpatagonico.com/en-el-dia-la-mujer-originaria-destacaron-la-labor-rosa-pincol-n1508158

Biblioteca del Barrio San Martín creó "Pu Folil" un espacio de difusión del pueblo mapuche / Patagonia desde el borde.

http://comunicacionpatagonica.blogspot.com/2013/01/biblioteca-del-barrio-san-martin-creo.html?m=1

La cosmovivencia Mapuche-Tehuelche contada por Rosa Benilde Pincol Caipillan

https://www.youtube.com/watch?v=H-VNiVa5ry8

Fabiana Nahuelquir. Proyecto educativo intercultural: “Kuifi kimun Wiñoy Welukom” (Vuelve el conocimiento antiguo). Comunidad Mapuche Tewelche Vuelta del Río (Chubut-Argentina). Universidad Nacional del Comahue. Saberes y prácticas. Revista de Filosofía y Educación / ISSN 2525-2089 / Vol. 3 (2018) / Sección Dossier Publicación en línea del Centro de investigaciones interdisciplinarias de filosofía en la escuela (CIIFE)-FFyL-UNCuyo.

Versión para El Orejiverde:

http://www.elorejiverde.com/toda-la-tierra-es-una-sola-alma/6403-la-biblioteca-viviente-de-rosa-pincol


domingo, 17 de abril de 2022

Los olvidados


 "Vengo de realizar un hermoso paseo por el valle y las sierras de San Roque... el río después de atravesar una amplia llanura donde derrama sus crecidas en un punto dado, penetra en la montaña de piedra por una estrecha garganta que lo aprieta y estruja para permitirle el paso. Allí en ese punto haremos una pared, represaremos las aguas, Al río lo aumentaremos en millones de ríos para irrigar los altos de Córdoba durante todo el año."

Etienne Jules Felix Dumesnil-Poullain, más conocido como Esteban Dumesnil, en 1881.

Pensar la construcción de un dique a fines del siglo XIX no era algo que podía imaginarse en cualquier rincón de América Latina, sin embargo, esa idea licuó en un proyecto que terminaría modificando para siempre la geografía de un lugar, ubicado dentro del departamento de Punilla, localidad que recibe su nombre por abarcar la mayor parte del Valle de Punilla, al oeste de la provincia de Córdoba, Argentina, en medio de las Sierras, el silencio y la soledad.

Cabría preguntarse por el sentido de construir una estructura que tiene como objetivo contener el agua, impidiendo su paso natural entre el cauce de los ríos, para acumularla artificialmente, para otorgarle otro destino.

En noviembre de 1888, cuando se cerraron por primera vez las compuertas y se inició el proceso de embalse de las aguas, lo que históricamente fue el Valle de Quisquisacate o San Roque, había desaparecido para siempre. La historia dirá que el dique más grande del mundo y el primero de Sudamérica, se inauguraba el 8 de setiembre de 1891, una obra signada por las controversias propias de su contexto político y social.

Lo que la historia no dirá, son los nombres de quienes fueron retratados en esta fotografía tomada por el inmigrante inglés Jorge Pilcher, en las excavaciones para la construcción del Dique San Roque.

La imagen muestra a un grupo de obreros que, por un momento, dejaron su trabajo para ser inmortalizados con un extraño artefacto, inventado en los inicios de aquel siglo, en sus manos sostienen las palas que abrirán los surcos entre la tierra, las piedras como testigos de lo que se va amontonando entre los escombros, mientras que más arriba, unos baqueanos a caballo completan la escena, parece un día agradable a cielo abierto, en el que es posible adivinar la dura jornada que no sabe de calendarios ni de reconocimientos.

Esta fotografía en blanco y negro representa de algún modo el anónimo esfuerzo de aquellos que no ocuparán un lugar en los registros de la historia, en algún punto todos estos obreros son invisibles, y eso, según el escritor Fabian Casas, es un don, porque es cierto que todos aquellos que hacen bien su trabajo son invisibles para los demás, como los barrenderos que pasan una escoba al amanecer, como el personal de limpieza que recoge la basura cuando anochece, hasta es posible afirmar que la mejor manera de que un país salga de una crisis es que cada uno, desde su lugar, trate de hacer bien su tarea. Esa invisibilidad es una paradoja.

La captura de este retrato, verdaderamente todo un documento, dice mucho de quienes no son reconocidos en los acervos ni ocuparán un lugar en las biografías, en algún punto, traza un paralelo con los libros vivientes de las comunidades indígenas y campesinas, cuyos conocimientos no son citados por los informantes que entran a sus hogares para poder publicar sus artículos.

Dice mucho de los chamanes cuyos apellidos no son incluidos en la farmacopea o la etnobotánica.

Dice mucho de los lingüistas indígenas, cuyos nombres no aparecen registrados en los vocabularios bilingües que otros lingüistas, no indígenas, elaboran sobre su cultura.

Dice mucho de las vasijas que se encuentran en museos etnográficos, sin saber quien fue el alfarero que moldeó sus figuras y creó sus símbolos.

Dice mucho de los anónimos albañiles que construyen piletas en las cuales nunca se bañarán.

Dice mucho de quienes a fuerza de pico y pala, con baldes de arena y cal, van agregando pisos a los edificios, sin detenerse en los atardeceres que otros contemplarán.

Dice mucho de las pulperías cuyos dueños sin nombre refugian en la memoria los recuerdos del pasado.

Dice mucho, y a la vez no dice nada, solo el registro de una obra colectiva, cuya construcción marcó un límite con la geografía, cambiando para siempre el contexto y el andar de la historia. Mera evidencia de un tiempo que no vuelve.

De alguna manera, no documentar una labor es en cierto modo arrebatar lo que cada uno realizó desde su lugar de trabajo, no facilitar ese acceso a la información es dejar en blanco una página que justifique el movimiento y las intervenciones de esas vidas comunes, y ciertamente para muchos de los que habitan esos parajes, no importa lo que el desarrollo de la tecnología haya podido transformar en el lugar donde siempre vivieron, son conscientes que cuando las páginas de la historia cierren algún libro, nadie sabrá que estuvieron allí.

Mientras fue desconocido el alcance de la fotografía documental, todo lo que tuvimos como lectores fueron rostros sin historias, acaso la literatura de algún cronista pudo fijar para la posteridad una existencia prosaica de la cual imaginar algún recorrido, una página que se da vuelta sin un dato que nos permita indagar quienes fueron, de dónde vinieron, cómo hicieron lo que hicieron, porqué estuvieron allí.

Esa foto, como todas las que se publicaron, tuvo la virtud de detener el tiempo, alguna vez Gilles Deleuze afirmó que el arte conserva, y es lo único en el mundo que se conserva, si ubicamos a la fotografía como una de esas disciplinas que fijan un registro, podemos entender que esa imagen marcará para siempre un momento en las vidas de aquellos que forjaron con su trabajo el sueño de una comunidad, un dique destinado a contener el agua, una gestión imposible de imaginar.

El recurso visual es interesante para entender el trabajo de las personas, lo que implica documentar, y a la vez simbolizar, el esfuerzo de quienes ejecutan las acciones para desarrollar una obra de enorme impacto social, es a la vez entender lo que representa diagramar un proyecto, el antes y el después que incide en la geografía y en la vida de un pueblo, y lo que significa la memoria cuando está atravesada por el plano de la identidad. 

Es por eso que tiene tanta importancia, en bibliotecas que basan su sentido y su accionar en los fondos orales comunitarios, registrar los nombres de aquellos que, con sus conocimientos, saberes y destrezas, contribuyen al entendimiento creativo de la humanidad, y lo que representa crear el propio acervo en ese tránsito hacia el componente patrimonial de una cultura determinada.

Son muchos los que en la Historia Argentina han sido invisibilizados por quienes tuvieron el poder de tomar decisiones en nombre de los demás, a ellos les debemos las obras, tanto como la deuda de un silencio que los marginó del reconocimiento ciudadano para la posteridad.

Es por ese motivo que alguna vez entrevisté a libros vivientes dentro de una comunidad, y desde entonces tuve el cuidado, el atento y sentido cuidado, de vincular sus nombres propios con sus conocimientos, para poder recordar, desde mi profesión, lo que no merece ser olvidado.

Vayan estas palabras en un día siempre recordado en los pliegos de la historia, por aquel que estuvo presente en las liturgias de quienes nunca omitirán su nombre.

Fuente consultada: http://www.diquesdecordoba.com.ar/primer_dique_san_roque/

Nota: la frase sobre "los albañiles que construyen piletas en las cuales nunca se bañarán", fue pronunciada en un programa radial por el periodista Reynaldo Sietecase, no se obtuvieron registros del audio.

martes, 15 de marzo de 2022

Mirando vivir lo que otros vivieron

En un mundo donde los problemas se tornan cíclicos y las desigualdades se prolongan, le veo mucho sentido hallar refugio en las ideas, más allá de su contexto, más allá de su peso simbólico, más allá de todo lo que sea posible conectar.

Es el caso de Rafael Barrett, un anarquista español nacido en 1876 en una familia aristocrática, recibido de ingeniero en París, quien supo formar parte de la llamada “Generación del ‘98” -movimiento literario y cultural que predominó durante las primeras décadas del siglo XX, cuyo término fue acuñado en 1913 por el escritor español José Martínez Ruíz, conocido como Azorín-, alguien que era capaz de batirse a duelo por defender lo que pensaba, y que tuvo en tierras paraguayas, a partir de 1904, un vínculo que lo emparentó con el devenir de una encrucijada, que lo llevó a convertirse en un referente del anarquismo latinoamericano.

Fue en esas tierras de ancestros guaraníes, que Barrett llegó como periodista para cubrir las revueltas liberales, y su vida ya no sería la misma. Sufrió la cárcel y la tortura. Vivió en Buenos Aires, donde fundó el periódico Germinal, junto al anarquista argentino José Guillermo Bertotto, allí publicó artículos denunciando la situación de esclavitud en los yerbatales paraguayos, y también ancló un tiempo en Montevideo, donde continuó con su actividad periodística. En 1910 llega a sus manos un ejemplar de “Moralidades actuales”, su único libro publicado en vida. Enfermo de tuberculosis, viajó a París buscando una cura. Murió allí, a la edad de 34 años, sepultado en el cementerio de Arcachon en una parcela prestada por la comuna. Su cuerpo fue exhumado una década más tarde y sus huesos depositados en un osario común.

Alguna vez, en 1917 Jorge Luis Borges supo confiarle a un amigo, Roberto Godel, estas palabras: “Ya que tratamos temas literarios te pregunto si no conoces un gran escritor argentino, Rafael Barrett, espíritu libre y audaz. Con lágrimas en los ojos y de rodillas te ruego que cuando tengas un nacional o dos que gastar, vayas derecho a lo de Mendesky -o a cualquier librería- y le pidas al dependiente que te salga al encuentro un ejemplar de “Mirando la vida” de este autor. Creo que se ha publicado en Montevideo este libro. Es un libro genial cuya lectura me ha consolado de las ñoñerías de Giusti, Soiza 0’Reilly y de mi primo Alvarito Melián Lafinur” (cabe destacar la confusión del joven Borges con respecto a la nacionalidad de Barrett, y al título de su obra: “Mirando vivir”).

David Viñas, además de celebrar sus cuentos y relatos, consideró que sus crónicas políticas aún conservan vigencia. Para Roa Bastos, Barrett produjo una de las obras más lúcidas e incitadoras de su país, llegó a decir que el revolucionario español había fundado la literatura paraguaya, en un escenario por entonces no propicio para fundar literaturas, lo consideró un precursor que enseñó ideas y doctrinas que se adelantaron a su tiempo. En esa línea coincide Francisco Pérez Maricevich, afirmando que ha sido uno de los precursores de la literatura social latinoamericana. Eduardo Galeano sostuvo que Barrett fue el escritor más paraguayo de los paraguayos, y si acaso hiciera falta entender el alcance de su obra, basta con escucharlo al escritor argentino Abelardo Castillo:

Barrett estuvo entre nosotros seis años. En el relámpago de ese tiempo se hizo revolucionario. Escribió una docena de libros imborrables y fundó una literatura y una ética. Murió en 1910, a los treinta y cuatro años, edad en que otros escritores empiezan a pensar qué harán de sus palabras o de su vida”.

En Epifonemas, se lee una sentencia:

El hombre libre buscará la ciencia sin que se lo recomienden. El prisionero resuelto a evadirse buscará la lima que corte la reja. Aprender a leer es encontrar la lima. ¿Un libro?... cosa admirable, si el libro corta la cadena y desnuda el espíritu”.

Pocas veces, un texto tan cabalmente lúcido como el que comparto en esta reseña, ofrece la secreta posibilidad de un entendimiento, del cual podamos en algún momento recurrir, aunque más no sea para apartar la niebla de la incomprensión, sea cual sea el contexto en el que las ideas dejan de considerarse cuando más se necesitan implementarlas.

El texto se titula “La pluma”.

Miro mi pequeña pluma de acero, pronta al trabajo, y pienso un instante:

-Es descendiente legítima del genio más alto de la humanidad, del Prometeo que surgió en una lejana era geológica y robó el fuego de la Naturaleza. Es nieta de los rudos vulcanos que aprendieron a concentrar la llama en hornos de barro, separar el hierro de la escoria y dejar en la fundición el carbono indispensable. Es hija de los forjadores del Asia que descubrieron los efectos del temple, y fabricaron las hojas damasquinadas proveedoras de tronos. En ellas hay un átomo de la fatiga y de la angustia de los esclavos que faenaban con los grillos en los pies. Y como está hecha a máquina, veo hundirse en el pasado otra rama de su inmenso árbol genealógico. Ha salido de la palanca y de la rueda, de la mecánica y de la geometría; luce en ella un destello de Pitágoras y de Arquímedes, de Leonardo da Vinci, Galileo, Huyghens y Newton. Ha salido del empuje del vapor cautivo en los émbolos, y si por la metalurgia se emparienta con la química, por el vapor se enlaza a la termodinámica, y a la pléyade de los héroes industriales de la pasada centuria. Para crear la pluma, los mineros enterrados vivos penan en las trágicas galerías, al resplandor tembloroso de sus lámparas. Por ella perecen, asfixiados o quemados por el grisú aplastados por los desprendimientos, ahogados por las inundaciones subterráneas, o lentamente destruidos por la enfermedad. Y para llegar hasta mí, la pluma ha viajado a través de los continentes y de los mares, ha utilizado todos los recursos de la ingeniería civil y naval; para traérmela, el maquinista, colgado de su locomotora, ha pasado las noches, bajo el látigo de la lluvia, con la mirada fija en el vacilante fulgor que la linterna arroja sobre los rieles, y el maquinista del steamer, en la atmósfera febril de las calderas, ha espiado durante un mes la aguja de los manómetros, mientras el piloto consultaba la brújula y el marino interrogaba los astros. Los pueblos y los siglos, las ciencias y las artes, las estrellas y los hombres han colaborado para engendrar la oscura plumita de acero...

«Lo pasajero no es más que símbolo», decía Goethe. Y ciertamente la efímera pluma -tan efímera que por la labor de un día se anquilosa, se oxida y sucumbe- es símbolo de algo;  maravilloso ejemplo de la asociación, representa el dominio de nuestra especie sobre la inquieta y amenazadora realidad. No podrían encerrarse en este humilde pétalo de metal tantos esfuerzos, tantos dolores, tantas ideas, tanto espacio y tiempo humanos si no fuese una verdad sublime que hemos domado el planeta, que transportamos la materia con la rapidez del viento y el espíritu con la del rayo; que hacemos uno por uno prisioneros a los salvajes seres sin forma que nos rodean, y nuestros ojos empiezan a medir la distancia que nos separa de otros mundos. No lo dudamos: cuando hayamos conseguido condensar toda nuestra alma, todas nuestras almas en un punto -acaso más exiguo que la pluma de acero- nos habremos apoderado de lo infinito efectivamente. ¿Y qué es nuestra historia, sino la historia de la asociación? Los individuos, las tribus, las naciones, las razas y las clases se exterminan entre sí. Todavía hoy se llenan de cadáveres los campos de batalla, y se gime en el hospital y en la cárcel, y se tortura y se ahorca y se fusila; y la dinamita lanza su gran grito desesperado... Y ved la pluma de acero, donde se abrazan y se funden esas fieras convencidas de que se odian... No, no nos odiamos aunque nos arranquemos las entrañas, porque el trabajo nos mezcla con una energía superior a las que aparentan dirigirnos, energía gemela de la que hace morderse y herirse a los sexos fecundos. Y mañana seguiremos ensangrentando la tierra, y asociándonos más estrechamente, y por lo mismo ensanchando nuestro poder sobre el universo. Llamad odio o amor a lo que nos precipita los unos contra los otros; ¿qué importa, si nos penetramos y nos confundimos, y la muerte nos renueva? El odio esencial es la indiferencia. No se odian los que creen odiarse ni los que creen amarse, sino los que se ignoran.

¡Oh pluma modestísima, que cuestas una fracción de centésimo y eres hermana de millones de plumas tan modestas como tú, y como tú condenadas a una breve y baja existencia! ¡Yo te respeto y te amo, y me pareces mucho más bella que la orgullosa pluma de águila que recogieron para Víctor Hugo en una cima de los Alpes! Yo quiero morir sin haberte obligado a manchar el papel con una mentira, y sin que te haya hecho en mi mano retroceder el miedo.

El texto, recogido de este sitio https://es.wikisource.org/wiki/La_pluma_(Barrett) ha sido mínimamente corregido en la versión consultada por quien suscribe.

Fuentes consultadas:

Mirando vivir / Rafael Barrett. O.M. Bertani, editor. Montevideo, 1912.

Rafael Barrett: una leyenda anarquista / Catriel Etcheverri. Buenos Aires: Capital Intelectual, 2007.

Para la libertad /Abelardo Castillo. Disponible en: https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-2911-2008-01-27.html

El hombre y su obra / Francisco Corral Sánchez-Cabezudo. Disponible en: https://www.ensayistas.org/filosofos/paraguay/barrett/corral.htm 

sábado, 19 de febrero de 2022

Casa de la Poesía Evaristo Carriego, 10 años después

Hace poco, se conoció la feliz noticia de la reapertura de la Casa de Poesía Evaristo Carriego, una  experiencia que podría situarse tanto en el plano de la bibliotecología como de la literatura, simbólico espacio donde supieron cruzarse, desde principios de los años 90, un número indefinido de poetas que una década más tarde estarían etiquetados bajo un rótulo generacional, en ese contexto eran comunes las ferias de poesía en donde los escritores podían vender sus libros, recitar sus versos, compartir eventos con artistas, filósofos, músicos y pintores, discutir tendencias, conceptos, métodos, a la vuelta de todo eso, la Biblioteca Evaristo Carriego era un punto de encuentro, allí se desarrollaban infinidad de talleres, recitales, presentaciones de libros, los que íbamos en aquella época (me incluyo tardíamente) entrábamos y salíamos en diferentes momentos, la colección de libros era el resultado de un movimiento literario con fuerte impronta en el rol social de la escritura.

Se trata de un espacio que contó con su propia revista, titulada “Casi Libros”, bajo la dirección de Santiago Vega (cuando aún no era Washington Cucurto) y la producción de Guadalupe Salomón, quien tanto tuvo que ver en la organización de la biblioteca, aquella publicación tuvo por colaboradores a Daniel García Helder -poeta de poetas, inmenso crítico literario- y Josefina Darriba, quien fue parte del imprescindible “Diario de Poesía”. Los textos se editaban en distintos formatos impresos, en algunos casos se publicaban poemas ilustrados en posters y en formato fanzine con números especiales dedicados a un poeta y un ilustrador, el movimiento fue permanente.

En tal sentido, abordar la ciclópea tarea de recopilar los eventos, talleres y encuentros generados por Casa de la Poesía en aquellos años sería inabarcable, allí era posible asistir a una serie de propuestas que en muchos casos se articulaban en forma semanal, por ejemplo “Gente de Lunes”, un club de lectores que tenían un ciclo de lecturas y producción grupal de textos, el Club de lectores Juvenil, coordinado por César Rojas, que incluía recital abierto de los miembros del club y fiesta de cierre, la “Poesía de paso”, con recitales de escritores, en donde solía participar Arturo Carrera, un inquieto personaje que dejó su huella en múltiples escenarios culturales, los días sábados incluso se realizaban fiestas con “música de salón” y lecturas poéticas, coordinadas por Laura Lobov  y Nicolás Pinkus. No estaban ausentes los debates entre escritores y los recitados con textos teatralizados. Los fines de año eran frecuentes las reuniones de poetas con músicos invitados organizada por los ciclos Flora y Fauna y Poéticas en la revuelta, de las coordinadoras Mónica Sifrim y SilviaManzini.

Pero también había actividades por fuera de la Casa de la Poesía, uno de los eventos más particulares fue el de Poesía al Borda, donde se realizaban lecturas en el Hospital José T. Borda, un ciclo que fue coordinado por Damián Ríos, Martín de Souza y César Rojas. Otro caso emblemático que cruzaba la poesía social hacia nuevas posibilidades de escritura fue el Ciclo de análisis y producción de textos en la Cárcel de Mujeres de Ezeiza, coordinado por María Medrano. También se destacó una clínica de traducción de poesía titulada “Los Traidores”, a cargo de Mirta Rosenberg, que incluía en ocasiones visitas de escritores/as extranjeros.

Muchos poetas de entonces, que participaban directa o indirectamente de la Casa de la Poesía, expresaron sus ideas y conectaron experiencias con espacios públicos en diferentes circunstancias, por esos pasillos han estado entre otros, Fernando Noy, Arnaldo Calveyra, Alberto Laiseca, Dolores Etchecopar, María del Carmen Colombo, Selva Dipasquale, Concha García, Diana Bellesi, Gabriela Bejerman, Romina Freschi, Vivian Lofiego, Lola Arias, Santiago Pintabona, Walter Cassara, Luis Bacigalupo, Liliana Heer, Máximo Simpson, Paulina Vinderman, Fabián Casas, Griselda García y tantos otros.

En ocasiones, en el Parque Lezama se organizaban encuentros, la vez que estuve, los organizadores de Casa de la Poesía ataron cuerdas entre árboles para que los poetas colgaran con broches sus poemas, los escritores se sentaban en el pasto y miraban si los lectores retiraban los papeles abrochados, la fecha es imprecisa, también la ubicación real de aquella experiencia. Mucha gente circulaba por allí, colectivos heterogéneos con propuestas dispares compartían sus inquietudes literarias y proyectos editoriales.

En este paseo por la memoria, aparece en forma difusa un encuentro realizado en el barrio de la Boca, se trató de la organización de una feria de poesía en un recinto cerrado, con mesas en filas largas y un pequeño escenario donde cada uno podía recitar si quería, no existía orden ni criterio alguno de lectura, había un micrófono y cada uno podía hacer lo que quisiera, cada tanto pasaba Santiago Vega (aún no existía Eloísa Cartonera) que a modo de improvisado animador invitaba a la lectura y consumo de poesía, entre vasos de plástico, empanadas y cumbia, todo un universo fluctuante en el cual era posible encontrar nuevas escrituras, extraños artefactos que dejaban en evidencia un ejercicio distinto con los versos, una serie de construcciones acaso fractales que se correspondía con el contexto social de aquellos años.

Pienso que esa generación supo articular un modo de representar dicha realidad, y que en tal sentido, la ubicación de una biblioteca especializada en el género "que menos vende" tenía que tener un rol concreto, un espacio donde debatir cuestiones estéticas, bajo miradas críticas, en el que se desprendan los componentes sociales, culturales y políticos que en esos recovecos se estaban gestando, hoy diría que sería bueno que aquellos que estuvieron vuelvan a formar parte, que 30 años después nos digan como se modificaron esas lecturas, qué pudieron analizar de los azarosos vaivenes de un país como Argentina, donde todo cambia en pocos ciclos, bajo el cual la literatura supo permear las disyuntivas y entelequias mediante un trabajo permanente con las palabras.

La noticia dice que Juan Desiderio, poeta y bibliotecario, se encuentra a cargo de esta nueva etapa de la casa Evaristo Carriego, enhorabuena. Por el potencial que tiene este espacio, es realmente inimaginable la cantidad de proyectos que pueden llegar a desarrollarse, ojalá pueda enriquecer nuevos rumbos, que pueda lograr que muchos vuelvan, que otras cosas puedan decirse.

Fuentes consultadas:

La Biblioteca Evaristo Carriego vuelve a abrir sus puertas.

https://www.buenosaires.gob.ar/cultura/bibliotecas/noticias/la-biblioteca-evaristo-carriego-vuelve-abrir-sus-puertas

Reabrió la Biblioteca Evaristo Carriego como refugio de la poesía

https://www.clarin.com/cultura/reabren-biblioteca-evaristo-carriego-solo-libros-poesia_0_Q6xrnrOQ6V.html

Casa de la Poesía Evaristo Carriego
Honduras 3784 Ciudad Autónoma de Buenos Aires / teléfono 4963-2194