Espacio que pretende resguardar voces, experiencias y conocimientos desde el rol
social del bibliotecario. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural
intangible conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas, semblanzas,
historias de vida. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

lunes, 24 de septiembre de 2018

Homenaje a Carlos Martínez Sarasola


Recientemente se llevó a cabo en la Sede Rectorado Centro de la UNTREF un sentido homenaje a Carlos Martínez Sarasola, reconocido exponente de los estudios indoamericanos y militante de las causas indígenas en nuestro país, recordado por los presentes por su labor académica, generosidad y compromiso político.

Fueron muchos los que expresaron el privilegio de haber compartido espacios y colaboraciones con Carlos, entre ellos el director de la Maestría en Diversidad Cultural, Hamurabi Noufouri, quien se refirió a la Especialización en Estudios Indoamericanos, de la que Martínez Sarasola era coordinador y artífice.

El evento sirvió para dimensionar el alcance de su obra, no solo desde el plano académico sino especialmente desde los testimonios recogidos por parte de los paisanos, que lo aceptaron como propio, no por nada este entrañable investigador fue el único blanco que participó en la ceremonia ancestral del Nguillatún, que desde hace años se realiza en las localidades de Chorriaca y Huncal, provincia de Neuquen, tal como lo rememoró el lonko Luis Pincén, máximo referente de la Comunidad Lof Vicente Catrunao Pincén y miembro del Orejiverde, cuando confesó que esta ceremonia era particularmente importante para Carlos, porque desde el 2010 había sido autorizado a purrucar, a bailar la danza del Choique Purrún, una distinción muy trascendente para aquellos hombres que han reunido las condiciones que les permiten ser purrufe, un danzante.

Asimismo Luis Pincen señaló de que para ellos el nombre originario de Carlos era Colilonko / Colinao (Jaguar colorado), un gesto que dice mucho de la trascendencia ética que Carlos tuvo entre los miembros de la comunidad, un hombre-puente, un líder sabio, que marcó un antes y un después en el entendimiento humano desde la antropología, en donde se evidenció un sincero acercamiento hacia las problemáticas de los pueblos originarios.

Fue muy interesante este concepto que expresó Luis Pincen con respecto al entendimiento del tiempo: “Nosotros tenemos la idea de que caminamos hacia el pasado, es una mirada sobre el tiempo, en la cual el futuro está atrás, el presente es efímero y adelante están nuestro orígenes, el lugar hacia el cual tenemos que volver”, esta comprensión tiene absoluta vinculación con el concepto de convergencias que tanto trabajó Carlos en sus artículos, y que lo llevó a colaborar en los distintos procesos de reetnización y espiritualidad emergentes en América Latina.

Una de las intervenciones más conmovedoras fue la compartida por Ana María Llamazares, para quien Carlos fue “mi más importante compañero de aventuras existenciales”, entre esos proyectos en los que se embarcaron juntos, la Fundación Desde América, representó para quien suscribe algo muy significativo, ya que permitió la creación del proyecto Biblioteca Indígena Qomllalaqpi, cuyos miembros, con Ana Medrano a la cabeza, lamentaron mucho la partida de Carlos.

Hubo muchas ponencias esa noche, y tratándose de Carlos no podía faltar la música, es así que destacados artistas como Carina Carriqueo, Beatriz Pichi Malen, Leon Gieco y Alejandro Iglesias Rossi (junto con la Orquesta de Instrumentos Autóctonos y Nuevas Tecnologías) ofrecieron sentidas interpretaciones que intercalaron con anécdotas y recuerdos de lo que significó Carlos en sus vidas.

Personalmente aún me cuesta dimensionar que compartí con esta gran persona, algunas ideas y proyectos en torno a la bibliotecología indígena, que inevitablemente quedaron muchas cosas por hacer, que aún faltan cerrar muchos círculos, y que en cada uno de ellos estará este apreciado amigo guiándolos en silencio, que fue un privilegio compartir su tiempo, que hay que seguir aprendiendo si realmente pretendemos honrarlo, y que hay que continuar con los andares, porque como dije el día de su partida, en medio del dolor y la incertidumbre, que todos los que formamos parte del Orejiverde “somos Carlos Martínez Sarasola”.



Fuente:

El Orejiverde
Inauguración de la Especialización en Estudios Indoamericanos y Homenaje

El Orejiverde
¿Qué estrella fuiste a buscar, hermano querido?

Mundo Untref
Homenaje a Carlos Martínez Sarasola con la participación de León Gieco
http://www.untref.edu.ar/mundountref/carlos-sarasola-leon-gieco

viernes, 7 de septiembre de 2018

Bibliotecas-heladeras en comunidades indígenas



A veces resultan llamativas ciertas medidas, hace un año se conoció en Jujuy un emprendimiento, que a decir del entonces Ministro de Cultura y Turismo, Carlos Oehler, se trató de “una muestra más del trabajo coordinado entre las diversas áreas de este gobierno. Se hizo una intervención artística de alumnos de establecimientos educativos y de pintores sobre heladeras en desuso de una reconocida empresa multinacional de gaseosas que las donó”.

Básicamente el proyecto convirtió unas heladeras en pequeñas bibliotecas para ser entregadas a distintas localidades (entre ellas Molulo, El Durazno, Catua, Ronque), los estudiantes, pertenecientes a Escuela Provincial de Artes Plásticas N° 1 “Medardo Pantoja”, el Profesorado de Artes Visuales IFD N° 4 “Scalabrini Ortiz” y el Centro Polivalente de Artes “Prof. Luis Martínez”, intervinieron esos artefactos con pinturas y los acondicionaron para albergar libros en aquellas comunidades aborígenes del interior de la provincia que no cuentan con una biblioteca popular.

Por su parte, la Ministra de Ambiente, María Zigarán, había destacado que la propuesta, con responsabilidad de la cartera de Cultura y Turismo, tuvo por fin reutilizar objetos que ya estaban en la clasificación de residuos, y que “por iniciativa de la Dirección de Derechos Culturales es que se hizo esta convocatoria para analizar desde nuestro ministerio que aporte hacer a esta propuesta”.

No se pretende enarbolar una crítica sobre la intencionalidad del proyecto, las heladeras podrían formar parte del espacio de una biblioteca, como cualquier otro elemento, pero de ahí a buscar entender que para ciertas comunidades unas heladeras alcanzan para representar la idea de biblioteca, es cuando menos una manera muy discutible de comprender que realmente dicho servicio es algo que necesiten los paisanos, cuando a pocos kilómetros de esos contextos rurales las realidades urbanas son bien distintas.

Soy de entender que no alcanza el pintoresco criterio de la “intervención artística” para justificar el sentido de la propuesta, que básicamente consiste en hacer que los niños lean en comunidades alejadas de los centros urbanos, de algún modo cuesta creer que desde el Estado no sea posible garantizar espacios adecuados para que las comunidades puedan acceder a materiales librarios representativos de sus culturas y necesidades de información.

Que la propuesta forme parte del concepto “Jujuy verde” no debería pretender relacionar el sentido de la reutilización ecológica con espacios concretos denominados bibliotecas, una biblioteca es otra cosa, es un espacio de encuentro, una casa de cultura crítica, un lugar donde la gente comparte lo que sabe, a lo sumo una heladera podría formar parte de un sector con una temática específica y determinada, pero no circunscribir su sentido al amplio entendimiento cultural que históricamente dicho concepto ha suscitado a nivel social.

Para que los paisanos accedan a libros que “los ayuden a formarse y a fomentar el hábito de la lectura” es necesario que tengan un espacio digno, esperemos que en un tiempo no muy lejano esas heladeras formen parte del espacio de una biblioteca comunitaria.

Fuente:
Gobierno de Jujuy
Bibliotecas sustentables destinadas a comunidades aborígenes jujeñas

Versión para El Orejiverde

sábado, 1 de septiembre de 2018

Biblioteca Punta Querandí, espacio de resistencia cultural



En el particular universo de la bibliotecología indígena existen espacios relacionados con la producción documental local y endógena, como también suele instalarse la idea de asociación entre el entendimiento de casa de la memoria en directa vinculación con la reivindicación de la memoria histórica de los pueblos originarios, prácticas que se encuentran atravesadas por el reclamo de los derechos, y que son recuperadas por los descendientes, buscando recrear los elementos que hicieron posible la identidad de los antiguos.

Este último caso pareciera ser el de la reciente Biblioteca de Punta Querandí, que desde 2018 funciona dentro del Museo Autónomo de Gestión Indígena, institución educativa creada por la Comunidad de Punta Querandí, motivada por el creciente abandono de las autoridades de patrimonio cultural, cuyas tierras comunitarias, que abarcan una región de humedales del río Luján y Delta del Paraná, fueron habitadas ancestralmente por los pueblos indígenas querandí, guaraní y chaná, entre varias culturas originarias migrantes de contextos rurales, lugares de encuentro e intercambio, que constituyeron enclaves estratégicos de resistencia al invasor.

Se trata de un espacio que relaciona el entendimiento de la biblioteca indígena con documentos que tratan aspectos específicos de la cultura, en su mayoría libros, donados por investigadores que dedicaron buena parte de su tiempo al mundo de los pueblos originarios. Podríamos discutir qué modelo de biblioteca indígena quieren para si sus líderes comunitarios, descendientes en su mayoría de culturas orales del noreste de la región pampeana, en tal sentido sería interesante que los responsables de Punta Querandí rescaten las historias orales de sus familias, y que la biblioteca interpele la memoria histórica construyendo conocimiento local.

En el Museo se exhibe parte del material arqueológico hallado en el territorio al mismo tiempo que se relata la historia originaria de la región y las problemáticas actuales por el avance de los grandes negociados inmobiliarios en los humedales del río Luján. Para los responsables de la biblioteca los libros, orientados en su mayoría a cubrir aspectos fundamentales de los pueblos originarios con énfasis en temas ambientales de la región, fortalecerán esta mirada crítica del pasado y del presente de la Buenos Aires que el sistema quiere ocultar.

Cabe recordar lo que implica este proyecto según las propias palabras de sus fundadores, Punta Querandí (hasta 1967 un conjunto de tierras ferroviarias del Ramal 56 del Ferrocarril Mitre) es un territorio comunitario, sagrado y educativo de una hectárea que conserva restos arqueológicos indígenas de mil años de antigüedad, ubicado en una zona de enterratorios ancestrales que está siendo destruida por la construcción de megaemprendimientos de barrios privados. Desde aproximadamente 2008 este lugar es protegido por las familias de pueblos originarios que allí desarrollan su espiritualidad y sus culturas a través de talleres de enseñanza abiertos a toda la sociedad. La Comunidad Indígena de Punta Querandí está formada por personas que pertenecen a las culturas guaraní, kolla, qom y otras identidades propias de grupos migrantes indígenas.


Hay un contexto desfavorable, que tiene lugar en la Cuenca del Río Luján durante la última década, en donde se suscitaron distintas luchas contra la invasión de los megaemprendimientos de barrios privados, lográndose en base a reclamos el otorgamiento de fallos judiciales -de dudoso cumplimiento- que ordenaron frenar todas las obras preventivamente hasta tener los resultados de un estudio de impacto ambiental acumulativo. Para garantizar la clausura definitiva de este modelo nefasto de “progreso” para pocos, organizaciones de Luján, Pilar, Campana, Escobar y Tigre impulsamos la campaña “Más humedales, Menos inundados” con una gran cantidad de adhesiones. Es allí que la Comunidad Indígena de Punta Querandí comenzó a formarse en el respeto hacia el recorrido espiritual de sus ancestros, situación que cobró otro sentido cuando tuvieron noticias de la aparición de “restos arqueológicos” en Punta Querandí (2004), a lo cual se sumaba la reciente destrucción de un cementerio indígena conocido como “sitio Garín” por integrantes del country Santa Catalina (2000), a solo cien metros de distancia, y la devastación generada por la invasión de barrios privados en humedales, campos y parajes, con espacios ancestrales amenazados como “Rancho Largo” y los tres sitios de “La Bellaca”, entre muchos otros. Todo esto hizo que la comunidad se fortaleciera internamente para enfrentar las problemáticas que afectaban directamente su forma de vida.

Entre las prácticas recuperadas se destacan la cestería con totora, techos de kapi’i ñarõ, paredes de barro, alfarería con arcilla, elaboración de artesanías con materiales naturales y reciclados, pesca, huerta y vivero. La recolección de plantas medicinales es otra actividad importante, conocimiento que se mantiene vivo gracias a la sabiduría de los ancianos, siendo algunas de las plantas existentes en el territorio la espina colorada, verbena azul, verdolaga, el sauce, kapi’i ñarõ, yerba de lucero, llantén de agua y de tierra. Mención aparte merece la práctica espiritual comunitaria, ya que han levantado sus propios espacios ceremoniales (la Apacheta de tradición andina, un Opy de la cultura guaraní y una maloka utilizando kapi’i ñarõ que según las costumbres originarias debe ser cortada en la luna cuarto menguante), junto con la realización de ceremonias durante distintos momentos del año como el Inti Raymi (junio), las ofrendas a la Pachamama (agosto), Ara Pyhau (septiembre), Aya Markay Quilla (noviembre) y Nemomgarai (enero).

La forma de organización de Punta Querandí es la asamblea comunitaria donde se llega al consenso entre todas las familias y miembros de la comunidad, allí todos sus miembros tienen un espacio para la palabra. La asamblea ordena también el trabajo y de esa forma es como deciden sus construcciones, no sólo las sagradas sino las de uso cotidiano como el salón Cacique Manuá y el quincho de kapi’i ñarõ. Además de estas actividades, construcciones y formas de organización, la comunidad indígena de Punta Querandí comparte objetivos de reparación histórica, como la recuperación de los cuerpos humanos excavados por emprendimientos arqueológicos y depositados en instituciones “académicas” lejos de su territorio, siendo uno de los reclamos la restitución y reentierro de los restos óseos de un ancestro excavado décadas atrás del sitio Garín (a 100 metros de Punta Querandí).

Como notará el lector, se trata de un entendimiento social que busca recuperar, en directa relación con la identidad, lo que el tiempo y la desidia estatal han querido destinar al olvido, y es bajo esa idea que sus descendientes han comprendido que la biblioteca habilita la posibilidad de reivindicar la memoria y la lucha de los derechos, el tiempo dirá si se trata o no de una biblioteca indígena tal como la concibieron los bibliotecarios latinoamericanos desde el año 2000 en adelante, por el momento es un lugar de acopio de materiales sobre la cultura, en torno a prácticas que buscan recuperarse, y ceremonias que les dicen en silencio que forman parte de algo, cuyas junturas vienen entrelazadas desde el fondo de los tiempos.


Datos de localización de la comunidad:
 La Comunidad Indígena Punta Querandí se encuentra entre la calle Brasil, la desembocadura del Arroyo Garín y el Canal Villanueva, en el Paraje Punta Canal, entre las localidades de Dique Luján (Tigre) y Maschwitz (Escobar), Provincia de Buenos Aires. Humedales continentales del río Luján.
Acceder a mapagoo.gl/IzkVrT

Datos de interés:

Fuente consultada:

El Orejiverde
Donaciones a la Biblioteca de Punta Querandí

Punta Querandí

viernes, 10 de agosto de 2018

Cuando una radio indígena se apaga en silencio

Biblioteca Indígena Sisa Jan Inakt'tiri (Flor inquieta)
Siempre consideré que un elemento esencial en el espacio de una biblioteca indígena, es contar con una radio local, para que las informaciones originadas en el contexto radiofónico generen un circuito de producción documental a ser resguardo en la biblioteca, el abanico informativo es amplio, pensemos a modo de ejemplo lo que implica la realización de un debate radial sobre problemática de tierras en comunidades indígenas, en el que un representante de un pueblo originario pueda discutir al aire con un funcionario público, un referente de un organismo indigenista y un abogado especialista en dicha temática, todo lo que resulte de esa conversación es un documento oral que, editado desde la biblioteca, constituye información, datos y testimonios a ser registrados para eventuales consultas, lo expresado en el programa puede resultar concerniente tanto para los vecinos de la comunidad como para los especialistas interesados en el tema, porque es un hecho que el testimonio, desde el entendimiento del plano periodístico, es información que se puede citar, refutar, discutir, tanto para avalar o sostener posturas como para utilizarla desde la inexactitud de lo expresado, y allí radica su valor, información que se transforma en documento, lo que convierte a la biblioteca en un espacio dinámico, profundamente orgánico, endógeno y representativo.

Esta situación nos lleva a plantear el rol del bibliotecario-periodista, vinculado con la comunidad, en donde tendrá la responsabilidad de representar con conceptos los entendimientos debatidos en el recinto, acordados y consensuados con los protagonistas. Mención aparte si consideramos en el catálogo de una biblioteca indígena el criterio de un registro arborescente, que permita al usuario relacionar otros documentos relativos a la problemática, en este caso con situaciones puntuales de litigio de tierras, productividad, conflictos, reclamos y conceptos jurídicos tal como los entienden desde las comunidades.

Imaginemos entonces la infinidad de situaciones y entendimientos que se generan en este tipo de espacios, junto con lo que  implica compartir noticias locales en los propios códigos culturales y lingüísticos, otorgar una voz a quienes históricamente no tuvieron posibilidad de expresarla públicamente en los medios, cuando justamente las mismas comunidades indígenas son las que desde el fondo de los tiempos hicieron de la oralidad y la memoria un rasgo característico de su cultura.

Este enfoque que comparto surge luego de haber corrobado, en un reciente viaje a Jujuy, que la radio Luna Azul 97.7 Humahuaca ha dejado de transmitir desde marzo de 2017, por el costo energético que supone el mantenimiento de una emisora, pero sobre todo porque se trataba de una radio no comercial, que no aceptaba restricciones en su programación, razón por la cual los llevó a perder ingresos por pautas publicitarias, y si bien cuesta aceptar la cabina vacía de esta radio jujeña, cuyo silencio es lo más parecido a una muerte cultural, lo que convierte todo esto en una inmensa posibilidad perdida para el pequeño universo de la bibliotecología indígena, es que dicho espacio constituía un elemento fundamental de la biblioteca indígena Sisa Jan Inakt'tiri (Flor inquieta), espacios que se retroalimentaban tomando como eje las problemáticas barriales en directa vinculación con la culturas originarias del norte argentino, es posible afirmar que esta experiencia humahuaqueña era de las pocas en el mundo en el que una biblioteca indígena contaba con su propia radio para desarrollar e interpelar su acervo bibliográfico.

Hay cuestiones que no podemos dejar de discutir, que un funcionario público otorgue una licencia radial no implica colocar una mordaza al locutor para que este diga lo que el otro quiere escuchar, la radio no es complaciente con el poder de turno, es inevitable el disenso porque la realidad siempre es compleja, por lo visto Sergio Daniel González –responsable de ambos espacios– no se ha callado y lo pagó de la peor manera, teniendo que desconectar el micrófono por temor a que sus equipos fueran confiscados, ya pasó con Sixto Zuleta Toqo con su canal de televisión, Indio Omaguaca, ahora pasa con Luna azul 97.7, justamente Flor inquieta se caracterizó por auspiciar todo tipo de evento que incluyera el saber originario, y la radio era uno de sus espacios fundamentales para asegurar que buena parte de los paisanos se enteren de lo que pasa entre estos cerros, silenciar un medio de comunicación es denegar un derecho, el mensaje instala un patrón absolutamente defenestrable: el aceptar con resignación que no es posible el pensamiento crítico, ya que invariablemente dicho ejercicio puede (y debe) afectar intereses, tanto con los empresarios que sostienen la publicidad como con el gobierno de turno –que en teoría debería garantizar la libre comunicación– lo que terminamos escuchando, lo que la audiencia termina escuchando, es una tergiversación de la realidad que los mismos usuarios comprueban inequívocamente al salir de sus casas, son conscientes que les mienten en la cara, y sin la radio, no tienen elementos para defender sus razones como ciudadanos supuestamente libres.
Para quienes tuvieron la posibilidad de escuchar contenidos de Luna Azul en Internet, notarán que el espacio crítico era muy valorado en el barrio, realmente se debatían al aire temas que hacían a las problemáticas diarias de la comunidad, por su enfoque y compromiso esta emisora ha sido visitada por representantes de Bolivia, Ecuador, Chile, discerniendo sobre temas relativos a culturas originarias, desde donde se discutieron situaciones políticas, ambientales, educativas, ecológicas, laborales, sanitarias, todo aquel que quisiera presentar un libro, recitar cuentos, promocionar discos nativos, hacer una denuncia o promover cuestiones artísticas podía hacerlo en la 97.7, allí se presentaron caciques, copleros, músicos, pintores, poniendo énfasis en lo local y comunitario, un verdadero espacio intercultural en un medio de comunicación alternativo.
                                                                                Radio Luna Azul 97.7

En una reciente conversación telefónica con Sergio, conocido también como Ser Jatún Inti (gran sol en quechua), llegó a decir que muchos líderes comunitarios indígenas no valoran el potencial que tienen los medios de comunicación como herramienta de lucha, y si una radio se apaga, si un canal de televisión desaparece, lo que tenemos por delante es impunidad y resignación, por lo tanto como profesionales de la información no podemos menos que lamentarnos de este panorama, al sacar una voz del aire, de alguna manera te están diciendo que tenés que escuchar, y eso en una comunidad con otros patrones culturales no solo representa una involución social bajo una absoluta falta de equidad, sino que instala el prolegómeno de un vacío cultural, porque no valoramos lo que poseemos desde otras formas de conocimiento, para los paisanos es una posibilidad truncada de poder acceder a una verdad compartida, la que ellos conocen, sin intermediarios políticos que interpretan desde la ignorancia, manipulación o conveniencia lo que no quieren que otros sepan, es entonces que nos seguimos preguntamos porque molesta una radio indígena, porqué incomoda una radio campesina, y porqué, en medios de alcance masivos, donde no existen restricciones para opinar de lo que sea, haya locutores que se preguntan el para qué de una radio comunitaria, justificando su inhabilitación por el tamaño y situación de sus audiencias, es como cerrar una escuela por el simple hecho de contar con un solo alumno, claramente representa una forma de entendimiento que escapa a la comprensión de quienes confunden servicios sociales con negocios especulativos, es algo más que una inversión y un derecho, pero todo indica que desde las altas esferas del poder político-económico-empresarial vean esta situación (sin reconocerlo públicamente) como una forma de coacción, donde inevitablemente perjudicarán a las minorías en sus derechos y en sus desarrollos.
Se trata de una mesa social inclinada, un permanente desbalanceo, y es aquí donde aparece el concepto de resistencia, en todos los planos informativos se supone que si alguien tiene algo importante para decir, de algún modo aparecerán nuevas formas y nuevos lugares donde decirlo, pero esa idea solo funciona bajo un contexto económico favorable, ya que toda palabra es política cuando de medios de comunicación se trata, y más si la palabra incomoda a quienes supuestamente deben garantizar su libre circulación, es cierto entonces que hay muchos medios, y que si una radio cierra existe la opción de abrirla en forma clandestina en otro espacio, pero cuando hay que pagar la luz a fin de mes sin contar con una pauta publicitaria, esa idea se reduce a cenizas, a palabras vanas sin sustento, una cosa es hacer un trabajo a pulmón, sin ningún tipo de beneficio económico, otra muy distinta es correr el riesgo de perder los equipos para siempre, por mero decreto o resolución por parte del Estado.

Entonces allí no hay modo de entender esa correlación que indica que si es importante lo que tenemos para decir se abrirán nuevas formas para poder decirlo, con las comunidades no funciona ese criterio, y lo que se pierde es una forma de conocimiento que corre riesgo de desaparecer, vaya paradoja, ya que estamos hablando de derechos en medios de comunicación que el propio Estado se encarga de mantener desnivelado, allí también se instalan dispositivos que permean la realidad alejándola de su criterio de verdad, volvamos a preguntarnos porque tenemos que aceptar que las radios indígenas y campesinas no posean sus propias líneas editoriales, y que desde sus informes habiliten un espacio de discusión para mostrarles a sus audiencias que otra realidad es posible, que los paisanos se merecen estar informados, que pueden optar, decidir y elegir sin otra acción que la propia voluntad, es por eso que lamento mucho que el proyecto de Luna Azul no tenga por el momento otro destino que el silencio, bastante silencio hay en esos cerros, como para que los paisanos tengan que callar lo que piensan, ojalá evolucionemos como país y nos permitamos una pluralidad de voces cuya ausencia no se extienda indefinidamente hacia el olvido, nos enriquecería como sociedad, habría mucha más información, lo que llevaría a contar con más ciudadanos informados, y la información en contextos rurales puede no solo instalar legítimamente el criterio de igualdad de derecho, sino también mejorar la calidad de vida de los más desfavorecidos, construir puentes de entendimiento, alimentar nuestra identidad cultural.

Esto también tiene relación con lo que alguna vez dijo Carlos Martínez Sarasola, en relación a la patria naciente que excluía en su visión a los pueblos originarios, solo que me permito para esta ocasión modificar el verbo: el país que no es.

Comunicación personal con Sergio Daniel González, responsable de la Biblioteca Sisa Jan Inakt'tiri (Flor Inquieta) y radio Luna Azul en Humahuaca.

Versión para El Orejiverde:
http://www.elorejiverde.com/el-don-de-la-palabra/4421-cuando-una-radio-indigena-se-apaga

miércoles, 1 de agosto de 2018

Sobre la necesidad de una conciencia política indígena


Recientemente Sergio Daniel González, un referente de la cultura colla, mencionó sobre la incidencia de los medios de comunicación en comunidades indígenas, en este caso puntual relacionadas con el norte andino, aunque incluyendo la problemática que particularmente se visibiliza en la región mapuche bajo el entendimiento de los “terroristas indios”.

Es para analizar lo acalorado del debate en torno al artículo, se podrá o no estar de acuerdo pero no deja de ser cierto que el tono es comulgado por buena parte de los paisanos que desde hace años luchan por sus derechos. Son invisibles, pero toman conciencia del contexto históricamente desfavorable, y cuando las circunstancias lo permiten, lo difunden en los escasos medios de comunicación (radios indígenas, contextos rurales) que tienen a su alcance.

El profesor Sergio Daniel González (cuyo nombre originario es Ser Jatun Inti) critica no solo a los referentes periodísticos de los medios hegemónicos sino también a los paisanos que optaron por asumir una posición pasiva, sin participar de los debates, en este punto hay algo interesante, y que tiene que ver con los dispositivos que se instalan a nivel social: la noción de “verdad” que muchos originarios (como también no indígenas) aceptan sin cuestionar la fuente, sin ir a los orígenes de los hechos, sin contextualizar los hilos que la historia va tejiendo en el entramado de cada noticia, cuya difusión tiene relación con intereses políticos y económicos, es allí donde los medios locales no alcanzan para contrarrestar lo que sobre ellos se afirma, para Ser Jatun Inti es deseable cumplir dos objetivos: concientizar y despertar conciencias en los demás, para de este modo generar un capital que permita a las comunidades auto-sustentarse.

Estos conceptos tienen relación con la dignidad, con la libre expresión, con la participación comunitaria, y es desde esa postura que el profesor González considera necesario la creación de un partido indígena, que cuente con sus propios medios de comunicación, es ese paisano el que podrá tener un control de su destino, discusiones que cada vez más, serán inevitables sostener.

En tal sentido desde El Orejiverde se recuerdan los casos de “Indio Canal 13 Televisión Omaguaca” ubicado en la Quebrada de Humahuaca, Jujuy, un canal de televisión indígena argentino, que fue llevado adelante en forma irregular por el legendario Sixto Zuleta Toqo, cuyo espacio no ha contado con el permiso del entonces Comité Federal de Radiodifusión, mientras que desde la cultura mapuche se encuentra el reciente caso del  Canal Mapuche Walkintun TV, ubicado en San Carlos de Bariloche, Provincia de Río Negro, difundiendo noticias bajo un criterio de comunicación intercultural.

Asimismo en el contexto latinoamericano existen variadas iniciativas, acaso una de las primeras corresponde a Colombia, donde se registró la experiencia del proyecto Kankuama TV, un canal de televisión étnico, ubicado dentro de un resguardo indígena Kankuamo, cuyos inicios se remontan al año 2005, con un taller sobre videos documentales de la etnia, que motivó a sus colaboradores a elaborar la propuesta de un canal local.

Como notará el lector, se trata de un camino que desde el punto de vista de la comunicación oral no tiene principio ni fin, sino que va cambiando de forma, sin embargo algo prevalece en esos destinos, y es la ausencia de equidad a la hora de expresar lo que las comunidades esperan escuchar: contenidos de sus realidades en sus propias lenguas.

Fuente:
Poder, cacería, medios y medio / Sergio Daniel González
Radio Luna Azul 97.7 Humahuaca

Fuentes secundarias:
Gra Scorzo
Entrevista a Sixto Vazquez Zuleta Toqo

La televisión indígena. XI Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Departamento de Historia. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Tucumán, San Miguel de Tucumán, 2007.

Televisión étnica: el ejemplo colombiano del proyecto Kankuama TV

Kankuama TV
http://kankuamatv.blogspot.com/

Versión para El Orejiverde:
http://www.elorejiverde.com/toda-la-tierra-es-una-sola-alma/4377-el-entramado-de-cada-noticia