Espacio que pretende resguardar voces, experiencias y conocimientos desde el rol
social del bibliotecario. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural
intangible conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas, semblanzas,
historias de vida. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

martes, 29 de marzo de 2016

Los relatos de los otros


Hace tiempo que algunas notas del Orejiverde son generadas desde el propio espacio, es parte del objetivo que se trazó este diario digital del cual formo parte, informar sobre y desde las propias comunidades, mostrando no solo los conflictos sino especialmente los valores de las culturas originarias de nuestro continente y del mundo.

Esta noticia permite trazar un ejemplo, ya que son pocas las veces que el qarashé Féliz Diaz ofrece testimonios que terminan siendo publicados en los medios, de pronto El Orejiverde está visibilizando palabras, pensamientos, realidades y rostros que no ocupaban un espacio en los medios de comunicación ¿no es acaso un modo de construir subjetividad? ¿una subjetividad históricamente silenciada, ausente?

El mundo está poblado de relatos, los hay políticos, ideológicos, filosóficos, religiosos, pero también se encuentran aquellas abstracciones que se construyen sobre lo que apenas se comprende, sin pertenecer al círculo originario, sin formar parte de una comunidad. Es el mundo de los otros, pero opinamos sobre ellos, como si los entendiéramos, y no les pedimos permiso para decir lo que pensamos.

Es necesario cambiar la mirada, construir discernimiento, respetar otras formas de entender la realidad, comprender el significado profundo de la palabra cosmovisión, apreciar en todas sus formas el concepto buen vivir.

Hacia ese espacio plural seguiremos avanzando, hasta conformar (a través de la convergencia), un mundo donde quepan muchos mundos.

Fuente:
http://www.elorejiverde.com/buen-vivir/1005-mi-sueno-es-facilitar-el-acceso-a-la-informacion-hacia-y-desde-los-indigenas

domingo, 20 de marzo de 2016

La vocación y los anhelos de una bibliotecaria wichi-kariña


Shailili Zamora Aray es la primer bibliotecaria indígena de la Argentina, flamante egresada en la Universidad Nacional del Nordeste, representa uno de los tantos casos de mestizajes entre culturas indígenas (wichi-kariña), en esta entrevista se comparten algunos de sus anhelos, su vocación de servicio y las múltiples posibilidades de colaboración entre bibliotecas y comunidades indígenas, un gusto enorme haberla entrevistado.

Entrevista

-Shailili, fuiste la primer alumna indígena en recibirse de bibliotecóloga en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE). Entre tus compañeros ¿existen otros casos en la misma situación?
Si, conozco al menos a cinco jóvenes qom que estaban estudiando, están entre primero, segundo y tercero. Tanto en bibliotecología como archivología.

-¿Imaginas una posible intervención en bibliotecas ubicadas dentro de comunidades indígenas?
Sí, me gustaría poder ver como es la relación de las bibliotecas con las comunidades, saber cómo se comunican con los pueblos y como facilitan el acceso y transmiten la información.

-¿Cómo fortalecerías la identidad de una comunidad indígena desde el espacio de una biblioteca?
Se puede fortalecer de muchas maneras, una biblioteca tiene que proveer información a la comunidad que pertenece, sin discriminación de ningún tipo.
Hay servicios como el de información al ciudadano y el de diseminación selectiva de la información que serían muy útiles para los pueblos indígenas en lo que es la protección, difusión y conservación de las diferentes culturas.

-¿Pueden las bibliotecas ser representativas de los valores de las culturas indígenas?
Sí, siempre que haya profesionales que sean indígenas que conozcan su cultura y sean nexos entre las comunidades indígenas y el mundo de la información, y viceversa.

-¿Que reflexión te merece la tarea de recopilación que se realiza en el Centro de Documentación Indígena?
Es una tarea difícil, porque hay escasos lugares que tengan documentación sobre los pueblos indígenas, que estén bien registradas, clasificadas y disponibles para la consulta. A eso se le puede sumar que muchos son estudios de interpretación, ya que no han sido escritos por miembros de las comunidades que describen.

-¿Como tratarías el tema de la oralidad dentro de las comunidades?
El registro oral es sumamente importante ya que ha sido el medio tradicional por el cual se traspasa la historia, la cultura de un pueblo indígena. En este momento también es el método más rápido y veraz para realizar un registro. Y a partir del registro oral se pueden generar otros documentos.

-A veces he notado esta disyuntiva, hay investigaciones realizadas por personas ajenas a la cultura que no tienen por finalidad entender lo que el paisano sabe sino más bien interpretar para la sociedad occidental lo que “comprende” de dicho entendimiento ¿se percibe al interior de las comunidades esta lectura del otro? ¿Qué sienten al respecto?
Es muy divertida esta pregunta porque con mis compañeros indígenas hemos ido a presentaciones de diversas ponencias relacionadas con la temática indígena, y siempre hablamos de ese hecho, como se expresan en nombre de nosotros, haciendo de sus interpretaciones verdades innegables. Lo cual en algunos casos nos parece risible, porque de una u otra forma están diciéndonos como ser o como éramos.

-¿En que momento surgió la idea por estudiar esta carrera?
Siempre ha estado muy presente en toda mi vida, pero lo elegí por el poco tiempo de cursada y las posibilidades de trabajo, aunque no imagine trabajar en una biblioteca “normal”, mis raíces son bastante fuertes, así que el trabajo con las comunidades indígenas es parte de todo. Pero el momento que más peso tuvo fue cuando en el cursillo de ingreso los profesores hablaron de la posibilidad de investigación, de recuperación y resguardo de la memoria de los pueblos, y allí fue que dije esto es lo que quiero, técnicamente todavía no he cumplido mi meta. Tengo que terminar mi licenciatura.

-Hubo bibliotecarios que mencionaron sobre la importancia de contar con escritores indígenas dentro del contexto escolar, en tal sentido ¿Cómo es la situación en Chaco?
Tanto los textos sobre la cultura indígena como los que tratan de transmitir el idioma son escasos, aunque en los últimos años han ido aumentando, porque más escritores indígenas han escrito tanto en español como en su lengua materna.
Existen varias dificultades con respecto a esto porque el idioma tiene variables entre las comunidades.

¿Cual sería tu sueño dentro de la bibliotecología?
Facilitar el acceso a la información hacia y desde los pueblos indígenas.

Fuente:

lunes, 14 de marzo de 2016

Shailili Zamora Aray , la primer bibliotecaria indígena...


Recientemente se dio a conocer la feliz noticia de una egresada en bibliotecología en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE). Se trata de Shailili Zamora, oriunda de Puerto Ordaz, Venezuela, quien a los 11 años vino a vivir a Puerto Tirol, provincia del Chaco. Este título honra sus orígenes, mezcla de la etnia kariña de Venezuela y la etnia wichí del Chaco, por parte de su madre y su padre respectivamente, según la información de Extensión Universitaria. No conforme con su título, Shailili planea recibirse a fin de año de Archivóloga, así como también continuar con la Licenciatura en Ciencias de la Información.

Shailili es además la primera egresada del programa Pueblos Indígenas de la UNNE, que fue puesto en marcha cinco años atrás por esa Universidad, con el objetivo de promover la inclusión de estudiantes de las etnias qom, wichi y moqoit. “Nací en Venezuela, mi mamá es venezolana y mi padre es argentino, wichi, de Salta. Decidimos venir acá porque le ofrecieron trabajo a mi papá, entonces nos mudamos por acá”.

Al mismo tiempo que estudiaba, la joven wichi trabajó en el Centro de Documentación Indígena en el marco del programa Pueblos Indígenas del Instituto de Cultura del Chaco, que dirige el historiador qom Juan Chico, donde continúa desempeñándose recopilando información sobre los pueblos indígenas de la zona y de América Latina.
Este trabajo paralelo implica un valioso conocimiento por la variedad de información especializada sobre culturas originarias que allí se realizan. Shailili Zamora Aray se convirtió en un ejemplo a seguir para muchos integrantes de su comunidad, que ahora se sienten estimulados para continuar con sus estudios universitarios.

Bibliotecas indígenas sin bibliotecarios indígenas...

Recién en el año 2000 un movimiento generado por bibliotecarios latinoamericanos organizaba en México un Congreso que recogía una serie de investigaciones, trabajos de campo y experiencias diversas en comunidades indígenas, punta de lanza de sucesivos encuentros que discutirían la compleja realidad de los servicios bibliotecarios en comunidades pertenecientes a pueblos originarios. Entre las conclusiones de aquel evento se prestó especial interés a los modelos de formación para bibliotecarios indígenas, donde según los especialistas era “deseable que quien atienda a estos grupos sea preferentemente originario de la etnia, que sea bilingüe (lengua materna y lengua franca, en este caso el español), con formación teórica en ciencias sociales, antropológicas, lingüísticas y bibliotecológicas. Un conjunto de conocimientos, aptitudes, habilidades y actitudes que lo ubiquen como nexo entre dos culturas y que le permitan reconocer y valorar la cultura propia manejando diferentes tipos de soportes”.

Si nos tenemos que remitir exclusivamente a la existencia de bibliotecarios indígenas en Argentina, basta considerar las diversas experiencias de bibliotecas indígenas para contrastar que efectivamente no hay registro de bibliotecarios pertenecientes a etnias locales. Haciendo un breve recorrido encontramos la biblioteca del CIFMA (Centro Integral Formación Modalidad Aborigen), creada en 1995 con la misión de formar docentes indígenas de las etnias tobas, wichí y mocoví. Su colección, especializada en Educación Intercultural Bilingüe, ha contado con el servicio de bibliotecarios escolares pero no indígenas.

La Biblioteca Qomlaqtaq, que se inicia en Rosario desde el año 2004, cuenta con documentos orales y escritos en lengua qom, proyecto que fue llevado adelante por un grupo de trabajo coordinado por la antropóloga Marcela Valdata, en donde colaboran jóvenes de la comunidad qom (ubicada en el Barrio Roullion). Actualmente son responsables de la biblioteca Andrés Honeri (moqoit) que es estudiante de antropología, y Agustín Lopez (qom) pròximo a graduarse como Analista de Sistemas, además de contar con la valiosa ayuda de Ruperta Pérez, lingüista qom.

En junio de 2007 se inauguró en la la localidad Fishcüg Menuco del partido de General Roca (Río Negro), la “Biblioteca Mapuche y Pueblos Originarios Ñimi Quimün” (en mapuche zungún “pensamiento revalorizado”), un centro de documentación que trabaja en vinculación con la biblioteca “Ernesto Sábato” de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional del Comahue, en el sur del pais, donde colaboran y participan miembros de la comunidad indígena “Elel Quimun”. El responsable a cargo es el profesor mapuche Lucas Curapil, linguista y docente en cultura mapuche, contando en su momento con la colaboración de una licenciada en Bibliotecología no indígena.

A principios de 2009 se crea en Buenos Aires la Biblioteca Qomllalaqpi: Noýec Tounaxaqui (Hijos de la gente: casa de la Memoria), ubicada dentro del Centro Comunitario Daviaxaiqui, Derqui, quienes allí colaboran son artesanos y lingüistas qom, con el apoyo de un bibliotecario no indígena desde 2009 hasta 2012.

Posteriormente la Biblioteca Indígena Sisa Jan Inakt' tiri” (“Flor inquieta” en quechua), que nace en Jujuy en abril de 2010, cuenta con la colaboración de escritores kollas y locutores radiales, pero sin bibliotecarios.

Cabe agregar que paralelamente a estos espacios de la memoria recién a partir de 2004 empezarían las publicaciones de artículos y trabajos de campo realizados en comunidades chaqueñas y bonaerenses por parte de bibliotecarios graduados no indígenas.

“No pensaba ser la primera”

Es la reflexión de Shailili, que a los 27 años rindió la última materia de la carrera de Licenciatura en Bibliotecología. “Aunque cuesta un poco adaptarse a la vida universitaria realmente vale la pena y lo podemos hacer. Aunque lleva un tiempo, es posible, nosotros podemos”, afirmó en declaraciones radiales. 

La primera graduada de los pueblos indígenas de la UNNE confiesa que “con la carrera me decidí porque era un tiempo corto, para la tecnicatura son tres años. Pero, después, en el cursillo de orientación nos hablaron sobre la licenciatura y lo que es la investigación, entonces me interesó también”, reconoce.

Cuándo se la consulta sobre cómo se siente al convertirse en la primera egresada de la UNNE perteneciente a los pueblos indígenas, aclara que “no lo pensaba así pero después me lo fueron repitiendo mucho. No pensaba ser la primera tampoco, ahora que ha pasado todo me toca estar aquí”.


Queda mucho por hacer, pero seguramente será muy valioso considerar la visión de Shailili con respecto a la idea de brindar servicios bibliotecarios a las comunidades wichi, qom y moqoit. Ojalá que desde la bibliotecología podamos compartir futuras experiencias e intercambiar opiniones, y que sobre todo esta mujer pueda brindar un servicio idóneo y representativo a su comunidad. Enhorabuena.

Fuente: El Orejiverde

lunes, 29 de febrero de 2016

La casa del conocimiento del pueblo bri bri


Construir un Usuré no es producto de un acuerdo o de un proyecto, es el resultado de una necesidad comunitaria, cuya construcción permite fortalecer las actividades culturales de los indígenas bri bri de Costa Rica, se trata de una casa cónica hecha con postes de madera de “manú”, bejucos y hojas obtenidos de las montañas, donde los sabios transmiten sus conocimientos y desde donde se realizan actividades festivas para beneficio de la cultura.

Así como las malocas amazónicas, en una Usuré los ancianos llevan la palabra y el conocimiento cultivado por los ancestros, compartiéndolo con las familias de la comunidad. Para construir estas casas es necesario trasladar diversos materiales surcando ríos y cruzando terrenos de planicies quebradas, además de contemplar recomendaciones técnicas y espirituales sobre la construcción. Estas tiendas cónicas representan para los paisanos la simbología del Universo y eje de la cosmovisión originaria, y solo pueden recrearse siguiendo las decisiones del consejo de ancianos y ancianas.

Existe un caso reciente, publicado en el diario digital de los pueblos indígenas ElOrejiverde, que ha causado preocupación a nivel nacional y continental, por tratarse de un misterioso incendio provocado en una Usuré de Cabagra, que produjo diversas reacciones en espacios académicos y educativos, entre ellos la Dirección de Extensión Universitaria de la UNED. Casualmente el incendio coincidió un día antes del inicio de la recuperación de tierras en las comunidades de Brazo de Oro y Palmira, anhelo largamente perseguido por las comunidades bri bri.

Para estas antiguas culturas, el Usuré representa la casa de Sibö (una de las máximas deidades), permitiendo resguardar un espacio sagrado de valor espiritual que históricamente debería ser protegido. Como dice el informe “cada elemento de su compleja estructura expresa la profundidad de la filosofía y cosmovisión bri bri. Su construcción fue una proeza que solo era posible con el trabajo mancomunado de los bri bri de Salamanca y Cabagra bajo la conducción del Consejo de Ancianos Iriria Jetcho Wakpa. El Usure se convirtió en el lugar donde los Awá (médico y sabio tradicional) venidos de Talamanca brindaban servicios de salud según los conocimientos y prácticas ancestrales, y también funcionaba como espacio intercultural de encuentro entre los pueblos indígenas de toda la región brunca”.

Pensemos en la compleja gravedad del asunto, para recuperar el Usuré o Casa cósmica, el pueblo bri bri de Cabagra tuvo que reaprender la tradición para poder construirlo después de 60 años de haber perdido su último templo ancestral. Sus maestros dicen que una casa cósmica es un centro espiritual que representa la visión del mundo de los bri bri y su organización social. Cabe mencionar que la tradición oral había desaparecido en la zona, y que solo en Talamanca existen en la actualidad. Lo que intentan hacer es recrear lo que sus ancestros practicaron por siglos.

Como profesional de la información sigo creyendo en la necesidad de discutir estos espacios para asociar una representación de las bibliotecas en contextos indígenas. Los colegas costarricenses tienen la posibilidad, por la cercanía geográfica, de propiciar un encuentro con los paisanos para tratar de entender el significado y sentido de una biblioteca indígena. Se tratan de discusiones que enriquecen, a las cuales debemos asistir con las limitaciones propias de nuestro cuerpo académico. Se trata también de un aprendizaje en el cabal sentido de la palabra.

El Usuré o Casa cósmica bri-bri, es el centro espiritual que representa la cosmovisión de este pueblo originario y su organización social. Una biblioteca construida con la colaboración de los paisanos debería alcanzar el mismo sentido de representatividad, un espacio donde se pueda cultivar y proteger el conocimiento oral de las familias. Un reservorio del saber anclado en un territorio de encuentro entre distintas formas de conocimiento.

Hoy por hoy, reconstruir un Usuré solo puede ser posible mediante una convivencia e intercambio intercultural entre los awas del consejo de ancianos local, el Ministerio de Cultura y organismos indígenas como la reconocida organización Ditsö. Los criterios se basan en investigaciones, reportes y trabajos de campo donde se advierten sobres los distintos procesos de aculturación que los pobladores de la región sufren desde hace años en deterioro de sus culturas orales, pero también de la escasa conciencia cultural que lleva a algunas personas a destruir estos espacios por meros intereses particulares, incluso actualmente los conocimientos sobre la construcción de este tipo de sitios ceremoniales son escasos, razón por la cual el incendio reciente simboliza una sensible pérdida para el patrimonio cultural de las comunidades originarias de Costa Rica.

Hubo un evento que la destrucción del Usuré transformó en anécdota, que es cuando el Consejo Iriria Jtechö Wakpa tuvo a su cargo la dirección de la ceremonia, presidida por el awa Justo Avelino Torres. La charla histórica la dictó el líder Maximiliano Torres y sobre la historia de los Usuré hablaron los miembros del pueblo bri brí Adilio Ortiz y Julia Figueroa. Participaron representantes de instituciones estatales y delegaciones de pueblos indígenas de otros territorios vecinos. Todo eso se lo llevó el viento, con lo cual hay que empezar de nuevo la construcción, que como se advierte no es solamente de materiales.

Se sabe que el bri bri es uno de los pueblos indígenas más importantes de Costa Rica, con una población estimada en diez mil personas, asentado en la cordillera de Talamanca. Aún conservan su lengua y en la actualidad hacen un gran esfuerzo impulsándola de forma escrita. Asimismo practican una de las cosmovisiones más antiguas de la región, estructurando sus sistema social en clanes.

Vale reiterar el informe final del Orejiverde, para detenernos en cada palabra, para repensar el alcance de una biblioteca indígena:


El Usuré es el punto central de su cosmovisión, al ser la representación del Universo y por lo tanto la manifestación de la vinculación macrocosmos-microcosmos. Es además el mundo ancestral, el lugar de curación y el ámbito de reflexión y armonia para la consolidación de los lazos familiares y comunitarios. Es un espacio cosmovisional de integración en donde conviven los dioses y todas las expresiones de la Dualidad”.

martes, 16 de febrero de 2016

Las casas de las palabras de las comunidades amazónicas


El paisaje es un libro que se lee...
Hace años, en un congreso sobre interculturalidad y Biblioteca Pública que se realizó en Bogotá, Colombia, el filósofo, investigador, docente, poeta y fotógrafo Fernando Urbina  Rangel compartió conocimientos que le fueron confiados por paisanos huitotos y muimanes (nación amerindia que habita en la Amazonia colombo-peruana) a los cuales frecuentó por mucho tiempo, y que le llevó a comprender que “el paisaje es un libro que se lee, si se deteriora no se puede leer”.
Esta frase provocó múltiples reflexiones sobre el sentido de las bibliotecas en comunidades indígenas, tenía relación directa con la idea de representatividad de las casas de las palabras en contextos multiétnicos, y fue entonces que escuché por primera vez sobre las malocas, casas comunales del amazonas, que son tenidas como duplicados del universo, duplicados hechos a escala del hombre, pero que comprenden (resumen, sintetizan) la totalidad.
Su construcción no puede ser arbitraria, debe respetar la ubicación de las estrellas y realizarse según el criterio arquitectónico indígena, de lo contrario, una maloca puede “deteriorar el paisaje”.

Es el lugar ritual por excelencia, la síntesis Universo-Memoria, donde el abuelo (eje de los mundos y de los tiempos), es la autoridad máxima, cuya misión es enseñar, curar, entregar las plantas, hacer los bailes, dirigir y señalar a las personas que deben encargarse de la construcción y reparación de la maloca, de la hechura del maguaré (tambor ritual), la simbología tradicional ubica al abuelo sentado en el mambeadero (útero de la madre-maloca, el lugar más sagrado de la gran choza comunal), engendrando la palabra, (el saber) a la comunidad humana, sentados en media luna en bancos-de saber, de mínima altura. Junto al abuelo permanece en vela su esposa, que es su respaldo, y en cierta medida, su mayor fiscalizadora. Estos espacios suelen ser frecuentados en rituales (eventos cósmicos totalizadores) como en tareas colectivas de interés comunitario (donde es preciso que las palabras se transformen en obras).
El canasto del saber...
Para estas culturas la palabra tiene una importancia decisiva, según Fernando Urbina su poder creador, vitalizador y cosmológico la convierte en la noción y realidad fundamental del sistema, “Es la primera concreción de los murmullos primordiales: la ausencia-aire-Palabra, que una vez configurada le confiere existencia a las cosas nombradas entre los sueños de los demiurgos primigenios”, el hilo de la palabra va tejiendo la trama del canasto, “el canasto del saber” que lo es todo, los hombres que pretenden vivir a plenitud han de tomar el hilo de la historia y a partir de el y siempre en el, ir tramando el tejido de su vida que será su propio canasto, cuyo contenido será el saber, el total entendimiento de las cosas.
Cabe aclarar que el etnónimo –término para denominar una etnia– fue producto de un “acuerdo” entre lingüistas y autoridades tradicionales indígenas, sin embargo para el autor  la importancia del nombre propio en la lengua de origen es un problema cultural profundo que no se resuelve con una declaración formal entre lingüistas y antropólogos, su estudio obliga a remontarse varios siglos atrás. Dice Fernando Urbina: Tanto los muimanes como los huitotos poseen una lengua emparentada con el bora (que también denomina otra nación amazónica), razón por la cual los lingüistas la denominan «muinane-bora», cuando el reconocido investigador les pregunto a los muinanes cómo llaman a los uitotos, le respondieron diciendo que los llaman murui; este entendimiento se debe a la ubicación geográfica que en el caso de los huitotos equivale a las cabeceras de los ríos que fluyen hacia oriente (de hecho occidente lo conocen como murumio) ya que los uitotos eran gente de cabeceras en tanto que los muinanes lo eran de las bocanas. Así pues, «los uitotos son de arriba», en tanto que «los muinanes son de abajo», con lo cual a los que vivían hacia el occidente los llamaron murui, mientras que aquellos que eran vecinos de los muinanes, o sea los que vivían más abajo, hacia oriente, los denominaron muina o «muinanes no propios», como si fueran muinanes pero sin serlo. Reuniendo los dos tendremos entonces la denominación murui-muina, que algunos antropólogos usaron para designar a los uitotos.
La razón principal para proponer la denominación murui-muina para los uitotos tiene relación con las malocas indígenas, ya que tradicionalmente se han venido escalonando a lo largo de las riberas de los ríos, que son la principal vía de transporte. Así, cuando la gente de una maloca invita a las de otras a un baile, los invitados han de concurrir desplazándose desde arriba –cabecera del río–, o desde abajo –a donde fluye el río–; se dice entonces que «quienes llegan desde arriba, vienen como murui», y «quienes llegan desde abajo, vienen como muina».
Sería para discutir en otro artículo el complejo tema de las auto-denominaciones indígenas y los términos con los que sin embargo son representados por la sociedad occidental, en muchos casos se conservan denominaciones despectivas de culturas consideradas inferiores, desconociendo que los paisanos son gente, y que como tales se reconocen en su lengua materna, lejos de las interpretaciones erróneas que desde hace décadas fueron volcadas en los libros y enseñado por los maestros en las aulas.

Pensando bibliotecas como malocas
Hay preguntas y cuestionamientos que son inevitables, nacen desde la vocación pero deben hilarse bajo un ejercicio crítico, donde sea posible abrirnos a las verdades de los otros, proponiendo las nuestras sin apagar las otras, una genuina coexistencia de las ideas. Si por algún momento nos fuera dado situarnos en el contexto de la selva amazónica, allí donde no existen bibliotecas y probablemente no exista necesidad de ellas, que un bibliotecario, luego de comprobar en base a sus investigaciones que la cultura oral de una comunidad corre riesgo de perderse y que, siempre atendiendo a su criterio académico y desde una posición respetuosa hacia otra cultura, considera necesario proponer la instalación de una biblioteca en medio de la selva para salvaguardar dicho conocimiento, esa acción, aún contando con buenas intenciones y favoreciendo la recuperación de un patrimonio ¿no deteriora en cierto modo el paisaje?
¿Debemos pensar bibliotecas como malocas?

Hay una enorme disyuntiva: el corpus académico de las ciencias de la información puede contribuir a preservar conocimientos orales que hacen al patrimonio cultural, pero el carácter orgánico de su estructura interna (la sola idea de su arquitectura) puede significar una intromisión, un elemento ajeno a la cultura, una imposición desde otra vereda. Es necesario tomar herramientas propias de la descripción densa para entender de qué estamos hablando. Seguramente la construcción, si resulta aceptada, debería seguir los criterios y fundamentos de una maloca, pero probablemente no podría tener un vínculo genuino con la gente, ya que históricamente nunca lo necesitaron. Si corremos el contexto y lo ampliamos, como bibliotecarios estaríamos ante un debate complejo sobre la idea de concebir bibliotecas en comunidades, la respuesta solo es posible de obtener con un diálogo profundo, en modo horizontal, generando propuestas bajo la representación canónica del tiempo en las culturas orales: el círculo.
Toda maloca es circular, la palabra se genera desde un plano horizontal, la construcción no altera la biodiversidad ecológica y respeta una ubicación cosmológica.
Toda biblioteca debería prolongar en diferentes soportes el sentido de la palabra compartida, pero eso significaría fijar las palabras para luego poder recrearlas, con lo cual estaríamos alterando un orden primigenio, una construcción de sentido. Desde el punto de vista intercultural el resultado podría generar intercambios enriquecedores, desde el punto de vista nativo el modelo sería difícil de comprender, porque simularía un laboratorio donde buscar adaptar un sistema de entendimiento ajeno, para poder expresar al resto de la sociedad como entendemos lo que los paisanos entienden, con lo cual perdería sentido.  Así planteado, las personas podrían malinterpretarse como unidades de análisis y no como usuarios que generan su propia información.
No existen protocolos, directrices o normativas  que impliquen por sí mismos guías adecuadas para generar modelos representativos como las malocas, porque en dichos contextos no se incluye el entendimiento local de quienes viven bajos otros parámetros culturales,  limitando en algunos casos la interpretación ajena  (explicando explicaciones) como modo de concebir una intervención o proyecto. Así también resultan comunes las actitudes paternalistas que buscan modificar los comportamientos suponiendo un beneficio social que en el fondo no comprenden. No suele ser frecuente la  necesidad de cultivar conocimiento con informantes locales, visitando realmente los sitios de interés, estableciendo comunicaciones directas con los libros vivientes que por lo general no figuran en las citas correspondientes luego de haber sido consultados, el foco parecería estar puesto en nombrar conceptos para luego instalar etiquetas asociadas con el nombre propio del investigador, mientras estas situaciones prevalezcan solo estaremos interpretando Interpretaciones en modo acrítico, lejos de entender siquiera el interior de una maloca, el verdadero significado de una biblioteca.
Es preciso que la idea tenga un cuerpo. Muchos bibliotecarios, desde diferentes países de América Latina, han aportado teorías, metodologías y trabajos de campo, pero el cuerpo aún es una tibia discusión que necesita fundamentos sólidos para ser representado.
Las malocas suelen ser recintos donde la memoria encuentra un eje desde donde fortalecer la propia identidad, las bibliotecas fijan en soportes los tiestos de esa memoria ¿cómo emparentar ambos espacios y porqué? Los ancianos marchan y la memoria histórica se va modificando, el accionar bibliotecario recupera aquello que desde siempre los ancianos supieron compartir, les otorga elementos a los más jóvenes para tener conciencia de su pasado, no podemos plantear estas ideas desde los centros urbanos sino bajo un entendimiento periférico, que es desde donde se urden los conocimientos endógenos de aquellas culturas que bordean los ríos. Una maloca se comparte en comunidad, al igual que las bibliotecas, su principal fortaleza es la gente, y su acervo es absolutamente inmaterial. Lo que una maloca comparte es la palabra en un contexto oral, lo que una biblioteca comparte es el conocimiento perpetuado en un soporte. Deberíamos empezar a discutir un plano en el que ambos entendimientos encuentren un puente poblado de parábolas, que la construcción del mismo fortalezca lo que cada comunidad guarda en su memoria colectiva. Es una tarea que requiere de una profunda comprensión intercultural, cuyos límites no fueron frecuentados por quienes estudiaron las anónimas obras que los paisanos grabaron en una piedra.
A modo de epílogo, considero valiosas estas palabras del autor:
"Toda realidad cultural se diversifica hacia atrás en un montón de raicillas cuya conjunción produce el origen de algo. Todo problema cultural es como un árbol con muchas raíces que se van diversificando hasta volverse hilos imperceptibles que son, precisamente, los orígenes de las cosas. Por eso este tipo de problemas (el del origen) nunca se acaba, lo apasionante es tratarlos, porque hay una vocación irremediable del espíritu humano por entender los inicios del universo y el destino. Esas son las dos preguntas fundamentales de la existencia: de dónde es lo que es y para dónde va".
Así entonces, deberemos empezar, una vez más, la construcción.
Bibliografía consultada:
Las palabras del origen. Breve compendio de la mitología de los uitotos / Fernando Urbina Rangel. Consultar enhttp://www.banrepcultural.org/sites/default/files/89037/04-Las-palabras-del-origen-Breve-compendio-de-la-mitologia.pdf

Un hombre camuflado en los mitos / Fernando Urbina Rangel. Consultar en:  http://historico.cartauniversitaria.unal.edu.co/ediciones/02/06.htm

Las palabras del origen: breve compendio de la mitología de los huitotos / Fernando Urbina Rangel Consultar en:
Notas para un "diálogo de saberes" / Fernando Urbina Rangel. Consultar en:
El autor de los artículos consultados, Fernando Urbina Rangel, nació en Pamplona (Colombia) en 1939, graduado en Filosofía en la Universidad Nacional de Colombia, ejerció como profesor en dicha institución desde 1963 hasta 2004. Ha realizado treinta y dos trabajos de campo entre comunidades indígenas de Amazonia, Orinoquia, Chocó y Guajira, sobre estos temas ha publicado 6 libros y alrededor de 40 artículos. Su último libro es DÏÏJOMA - El hombre serpiente águila - mito uitoto de la Amazonía, basado en el relato del abuelo muinane don José García, quien compartió mitos amazónicos narrados en lengua uitoto, en la Amazonía colombiana. Como fotógrafo ha presentado exposiciones individuales. Fue fundador y codirector del Grupo de Estudios sobre Pensamiento Abyayalense (Amerindio) y fundador y curador del concurso "La esquina del poema" (Universidad Nacional de Colombia - Casa de Poesía Silva)
Nota: las imágenes pertenecen a estos sitios Web:
http://www.heeyaiagodobakari.info/ 
(Hee Yaia Godo – Bakari El Territorio de los Jaguares de Yurupari)