Espacio que pretende resguardar voces, experiencias y conocimientos desde el rol
social del bibliotecario. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural
intangible conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas, semblanzas,
historias de vida. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

sábado, 4 de julio de 2026

Biblioteca de la Pacha: 10 años de trabajo por la cultura de los pueblos originarios

Supe recientemente, por intermedio del bibliotecario Marcelo Rafael Cosnard, de que ya se cumplieron 10 años de los inicios de la Biblioteca de la Pacha, especializada en pueblos originarios, en donde tuve la posibilidad de estar presente el día de la inauguración, una fría tarde de un sábado 25 de junio de 2016, compartiendo conversaciones al lado de un fogón, en medio de una cuerda de tambores. En aquel entonces, la biblioteca, concebida bajo el espíritu de la Pachamama, contaba con una pequeña colección de libros sobre pueblos indígenas, desde donde se buscaba reivindicar la cultura Quilmes en particular y de los pueblos originarios en general. 

Vale recordar el legado de los Quilmes o Kilmes, pueblo perteneciente a la etnia calchaquí que habitaba el oeste de la actual provincia de Tucumán, quienes representaron una de las más heroicas resistencias contra el imperio español, en las denominadas Guerras calchaquíes, junto a los Tolombones y los Cafayates, donde fueron finalmente derrotados y reasentados en la reducción de Santa Cruz de los Quilmes en 1666, cerca de Buenos Aires. Mucho se supo del coraje de estos pueblos, quienes pagaron un precio muy alto solo por haber pretendido ser libres. De aquella rendición para evitar un total exterminio, al desarraigo al que fueron confinados -en donde un aproximado a 200 familias sobrevivientes recorrieron encadenados y a pie, más de 1.200 kilómetros hacia Buenos Aires- muchas huellas han quedado marcadas a través del tiempo, imposibles de borrar en la memoria de los descendientes, a pesar de las crónicas que invisibilizaron el testimonio de aquellos que nunca necesitaron la potestad de una escritura.

Es de alguna manera la historia de una biblioteca itinerante que buscó representar el doloroso derrotero histórico de este pueblo originario, desde donde intentaron reconstruir un modo de vivir y de pensar, por intermedio de colaboraciones de carácter intercultural, contando con la eventual participación de artesanos, artistas, docentes, investigadores y bibliotecarios. Como bien lo dice Marcelo en una de las redes sociales de La Pacha “Es posible que cumplir diez años pareciera ser poco en la vida de una institución –y quizá así sea- pero para quienes sostenemos la Biblioteca de la Pacha nos parece un montón, y por ese motivo queremos reseñar brevemente nuestra labor en dicha etapa, como un ejercicio de memoria y también a manera de agradecimiento para quienes nos acompañaron durante este tiempo”.

En estos 10 años, La Pacha, funcionando desde un carromato –ícono de la itinerancia del Centro Cultural La Pacha- supo acompañar numerosas peñas, talleres, ceremonias ancestrales, ciclos de charlas y capacitaciones ofrecidas a estudiantes de bibliotecología. En el camino, encontraron varios obstáculos pero también adhesiones y vínculos con otros espacios, como escuelas, centros culturales, bibliotecas públicas, museos y oportunidades de participar en ferias del libro. Se trata de un sentido de pertenencia al cual acuden desde el compromiso sincero, agregando valor al contenido de cada documento, atravesando interpelaciones y promoviendo el diálogo y la fraternidad entre la ciudadanía.

Es importante el mensaje que dejan con relación al futuro, desde la intervención como bibliotecarios en el catálogo bibliográfico, y la relación con quienes tienen un conocimiento de la cosmovisión originaria y del registro histórico de la cultura. Acaso los conceptos de Educación Intercultural y de descolonización tenga en estos referentes la posibilidad de un espacio donde sea posible discutir sus eventuales alcances, aportando datos para evitar la distorsión discursiva y la apertura consciente de algunas verdades que el paso del tiempo no pudo asociar con el olvido.

Hacia ese lugar entonces, en medio de estas celebraciones por una década de trabajo comunitario.

Se comparte texto de Marcelo Cosnard, publicado en el Facebook de La Pacha:

Biblioteca de La Pacha 2016-2026. 10 años de trabajo. Disponible en: https://www.facebook.com/Espacio.de.INTERCAMBIO.y.REFLEXION/

Documentos consultados:

Tolosa, Sandra (2019). El valle calchaquí tucumano a fines del siglo XIX. Apuntes sobre el contexto productivo y las condiciones de existencia de los sectores indígenas subalternos

Mundo Agrario, vol. 20, núm. 44. Universidad Nacional de La Plata

https://www.redalyc.org/journal/845/84559186008/html/

Pueblo quilme

https://es.wikipedia.org/wiki/Pueblo_quilme

sábado, 13 de junio de 2026

Crónica de un antecedente sobre las bibliotecas indígenas de México

En ocasiones, releer un texto implica el desbrozo de información que al paso del tiempo cobra otro significado, en parte ha sido esta la experiencia al retomar la lectura de la Tesis de Maestría en Bibliotecología de María del Rocío Graniel Parra, que llevó por título “Las comunidades indígenas y los servicios bibliotecarios en México: un estudio de caso”, un documento de 377 páginas publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dentro de la Facultad de Filosofía y Letras, trabajo que contó con la asesoría de Rosa María Fernández Esquivel, reconocida Doctora en Bibliotecología y Estudios de la Información por la misma casa de altos estudios. La investigación menciona un antecedente, en el apartado de los servicios bibliotecarios en comunidades indígenas, en el año 1995, de un bibliotecario español que publica en la revista “Educación y Biblioteca” sobre la existencia de bibliotecas creadas por y para las comunidades indígenas de Chiapas (Salaberría, 1995), bibliotecas que posteriormente la autora visitó en julio de 1999, constatando la existencia de servicios discontinuos, y en otros casos, en procesos de construcción o acondicionamiento de sus locales. Pero lo que queda claro es que estas bibliotecas, en aquella época, habían sido construidas por las mismas comunidades indígenas de Chiapas (sur de México), y asesoradas por profesionales mexicanos que -si bien en forma esporádica y con rotación de los eventuales colaboradores- formaban parte del voluntariado de civiles preocupados por colaborar con estos servicios. Ya por entonces, Graniel Parra había advertido uno de los grandes problemas que generaban irregularidades en este tipo de servicios, que era precisamente la no existencia de bibliotecarios indígenas –graduados en Bibliotecología- desempeñándose en dichas bibliotecas, lo que, por un lado, la apertura que habilitaba el componente bilingüe, así como el conocimiento interno de la comunidad, por otro lado se tornaba una dificultad ante la imposibilidad de aplicar criterios técnicos propios de una gestión documental, especialmente las tareas básicas relacionadas con la catalogación, clasificación y organización física de los materiales.

En ese contexto, la autora tuvo conocimiento de tres bibliotecas vinculadas con la educación escolarizada bilingüe, una en Chiapas y dos en Zautla, donde también se habían fundado en el transcurso del año 2000 otras cuatro bibliotecas de la cultura Nahuat, llamadas "Salas Comunitarias de Información" (Márquez Nava, 2001). Si bien después el artículo de Salaberría menciona algunas acciones emprendidas entre el gobierno mexicano y empresas e instituciones públicas para construir escuelas y alberges con bibliotecas, la realidad era que hasta entonces (principios de los años 90) no se tenían referencias de antecedentes bibliográficos sobre servicios bibliotecarios específicamente dirigidos a los pueblos indígenas de México, con todo lo que representaba ese dato en un país con una población de más de 8 millones de indígenas sin servicios bibliotecarios especiales, que ya contaba desde el año 1978 con lo que hoy es la Dirección General de Educación Indígena, Intercultural y Bilingüe (DGEIIB), una institución regida por la ley Federal de Educación (vigente desde 1973), que estipulaba contenidos y materiales homogéneos para la población escolar, traducidos a algunas lenguas indígenas. Todo esto en un contexto en el que la escuela preescolar indígena requería del apoyo de maestros bilingües para fortalecer la castellanización oral antes del ingreso de los niños a la educación primaria, sin obviar el sentido y la importancia de ofrecer contenidos educativos en la lengua materna.

Una biblioteca indígena de Chiapas, en el corazón de la selva Lacandona

Esto nos lleva a averiguar sobre aquel antecedente de la revista española, en donde un bibliotecario resume una experiencia de viaje por bibliotecas de México, Guatemala y El Salvador, ofreciendo un contexto sobre la pobreza estructural de la región, el analfabetismo y la precarización laboral, además de la ausencia de servicios básicos relacionados con el agua y la electricidad. Dentro de este cuadro, quiero detenerme en la descripción de una biblioteca construida en Chiapas, que tiene vinculación con la histórica intervención de los hombres y mujeres del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), exigiendo justicia y democracia, desde la histórica toma de San Cristóbal de Las Casas y otros municipios chiapanecos, el 1 de enero de 1994. La nota recupera un hecho fundacional, simbólico, que es el que llevan adelante un grupo de milicianos en medio de la selva Lacandona, al edificar un centro de convenciones que sería visto como "un barco con vela, camarotes, puente, timón, popa y proa", sitio que, inaugurado en agosto de 1994, fue cedido por el comandante Tacho (identificado por el gobierno como Humberto Trejo Jiménez, oriundo de la comunidad Guadalupe Tepeyac, uno de los principales organizadores del Comité Clandestino Revolucionario Indígena) a la comunidad (Loaeza, 2001), para ser resguardada a largo plazo por la sociedad civil en medio de los cerros de Aguascalientes.

Entonces, tenemos este increíble dato, de que durante 28 días, 600 personas en jornadas de 14 horas diarias, levantaron un anfiteatro con instalaciones que acogieron a 5000 personas, y lo que nació en ese lugar, fue nada más y nada menos que una biblioteca, con el objetivo de que todos los ciudadanos que llegaban desde distintos puntos del país para unirse a la causa Zapatista, tuvieran un lugar para disponer de un acervo bibliográfico como material de consulta y referencia, para que sirviera a las comunidades indígenas. Tanto los zapatistas como los colaboradores locales organizaron un acervo inicialmente de 3000 volúmenes, época en la que se llegó a considerar la inclusión de ludotecas y fonotecas, pero que terminó arrasado por el Ejército Mexicano en dos días de intervenciones militares, destruyendo los aproximadamente 11.000 volúmenes que las mujeres voluntarias estaban clasificando en el fondo documental. Estamos hablando de un breve sueño que involucró a los pobladores y milicianos del EZLN en Aguascalientes, Chiapas, cuya memoria no pudo ser borrada. Meses después de la barbarie, el apoyo sostenido de la comunidad artística del país, hizo que el 18 de mayo, se realizara un festival musical que permitió recaudar fondos para reorganizar la biblioteca, a estas alturas entendida como un verdadero acto de resistencia, a través de la cultura y la educación, dando forma a un poblado denominado “Nuevo Guadalupe Tepeyac”, corazón de la selva Lacandona, pero dada la situación crítica, buena parte de lo recaudado fue destinado a la compra de alimentos, dejando para otra instancia el apoyo logístico del Centro Indígena de Capacitación Integral Fray Bartolomé de las Casas y la construcción de una nueva biblioteca en el poblado de La Garrucha.

En el texto de Salaberría también se incluye una reseña sobre la importancia y función de las bibliotecas públicas, como entidades que conciernen a las comunidades en las que se asientan, donde puedan crecer y desarrollarse, según los propios intereses comunitarios. Entender esta situación implica un diálogo permanente entre el espacio bibliotecario y los pueblos originarios, desde donde sea posible construir un proyecto de nación (que los incluya realmente) bajo la construcción endógena de un acervo representativo de las culturas indígenas. En su momento, el texto de la Ley General de Bibliotecas (diciembre de 1987), desarrollado por la Dirección General de Bibliotecas de México, generó una serie de debates parlamentarios que, entre otras disquisiciones, ubicaban a la biblioteca como un componente vivo de la memoria, “un cuartel general de las ideas”, que tiene por particularidad, sobre todo en Chiapas, de relacionar a los ancianos y ancianas (verdaderos libros vivientes) como bibliotecas vivas donde la memoria reside, habilitando el fortalecimiento de la identidad. La muerte de estas personas es comprendida como el incendio de una biblioteca, una biblioteca de un “nosotros”, cuya memoria sea validada desde el conocimiento y la cultura.

Con semejante antecedente, quienes investigamos sobre bibliotecas indígenas podemos argumentar sobre la importancia que la biblioteca, como casa de las palabras, tiene con relación a los pueblos originarios cuyos conocimientos no están contemplados en los contenidos curriculares del Ministerio de Educación de cada país, a pesar de los esfuerzos contemplados en la modalidad intercultural bilingüe, y cuyo tratamiento representa una de las grandes deudas de los gobiernos latinoamericanos con relación a la educación indígena vinculada con los acervos orales y escritos producidos en bibliotecas por las propias comunidades.

El recorrido de las bibliotecas indígenas en el contexto académico

Me parece oportuno, en estas líneas finales, hacer un reconocimiento a los aportes académicos de María del Rocío Graniel Parra, cuyo trabajo de maestría sentó las bases de innumerables intervenciones por parte de bibliotecarios de distintos países de América Latina. Asimismo, el trabajo de compilación realizado en el primer encuentro latinoamericano sobre la atención bibliotecaria a las comunidades indígenas (un documento que ya lleva más de 25 años y aún sigue siendo una cita obligada si se pretende hablar de servicios bibliotecarios en comunidades indígenas latinoamericanas) representó un verdadero punto de partida para trabajar e investigar sobre las principales problemáticas que afectaban a los pueblos originarios con relación al carácter bilingüe de la cultura. En ese marco, bibliotecarios y bibliotecarias de Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Perú y Venezuela aplicaron contenidos sobre los conceptos de memoria, oralidad, identidad, para interrelacionar, a partir de entonces, los innumerables entendimientos sobre los acervos bibliográficos, las colecciones orales, los trabajos de recuperación con materiales redactados en lenguas indígenas, los servicios específicos y diferenciados en comunidades, los modelos de atención bibliotecaria, y las experiencias comunitarias que utilizaron a los libros como herramientas dinamizadoras y de cultivo entre las familias indígenas. Autores como Sergio Ricco Monge, María Elena Zapata Z., José Ribamar Bessa Freire, Ivonne Gómez Ruiz, Fresia Luisa del Carmen Catrilaf Balboa, el citado Ulises Márquez Nava, Edith Bautista Flores, Ariel Alejandro Rodríguez García, Alfredo Mires Ortiz (a quien tanto se lo extraña), Milagro Medina de Silva, Livio Rangel B., Alice Miranda Arguedas, José E. Juncosa y Jaime Noyola Rocha, representan ejemplos –junto con otros investigadores- de profesionales de la información que han ingresado a las comunidades estableciendo puentes con otras formas de conocimiento.

Todos ellos sentaron las bases para posteriormente continuar las investigaciones con el Seminario Peruano del año 2003, denominado “Acceso a los servicios bibliotecarios y de información en los pueblos indígenas de América Latina”, organizado por la Sección América Latina y el Caribe de IFLA/LAC y el Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica (CAAAP), en donde se sumaron experiencias de Bolivia y Ecuador. Si tenemos en cuenta que el tercer encuentro, realizado en el año 2008 en San Pablo, Brasil (III Encontro Internacional sobre Acesso à Informação e Promoção de Serviços Bibliotecários em Comunidades Indígenas da América Latina - IV Congresso Latino-Americano de Biblioteconomia e Documentação, São Paulo, Brasil, 25-28 de marzo), incluyó como declaración una serie de recomendaciones a ser aplicadas con relación a los servicios bibliotecarios en comunidades aborígenes –básicamente un listado de enunciados de carácter normativo, de lo que se espera a nivel político, social y cultural con respecto a la aplicación del concepto biblioteca indígena en contextos comunitarios- la lectura que se desprende, es que, si bien este movimiento bibliotecológico ha realizado suficientes aportes sobre las concepciones vinculadas con el objeto de estudio, cabría señalar que los enfoques teórico-prácticos no han logrado estandarizar –merced al debate público en torno a las propuestas y recomendaciones sobre las problemáticas suscitadas en la bibliotecología indígena- una serie de protocolos que puedan aplicarse para dar respuestas concretas a las necesidades de información y de organización de documentos y materiales desde los pueblos originarios. Por lo general, las experiencias se registran desde las intervenciones personales de los bibliotecarios/as con apoyo de los entendimientos comunitarios locales, pero sin un criterio que cuente con respaldo académico que permita guiar la construcción y desarrollo de estas unidades, cuyos parámetros puedan tomarse como referencia a la hora de establecer consensos para organizar materiales dentro de una biblioteca indígena, aunque cabe señalar que en esa heterogeneidad de las experiencias compartidas en los congresos, descansa buena parte de los significados que hacen únicas a dichas bibliotecas. El encuentro de Brasil fue organizado entre otros por la Federación Brasileña de Asociaciones de Bibliotecarios, el FEBAB y la Fundación Memorial de América Latina, una jornada que, además de los países anteriormente citados, incluyó experiencias de Argentina, El Salvador, Guatemala, Panamá y Paraguay, y aportes de investigaciones por parte de España, Canadá y Estados Unidos.

Si tenemos en cuenta que uno de los últimos encuentros sobre estas temáticas fue organizado en septiembre de 2020 (II Coloquio Internacional sobre Información y Comunidades Indígenas) es para reflexionar sobre los silencios que se establecen con relación a las reuniones internacionales que tienen por referencia a las comunidades indígenas y el amplio escenario de la información. Este último encuentro fue realizado en México, por parte del Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información (IIBI), en colaboración con el Programa Universitario de Estudios de la Diversidad Cultural y la lnterculturalidad (PUIC), el Laboratorio Nacional de Materiales Orales (LANMO) de la Escuela Nacional de Estudios Superiores, Campus Morelia (ENES, Morelia) y el Programa de Posgrado en Bibliotecología y Estudios de la Información (entidades académicas y de investigación de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)), y tuvo por lema la organización y preservación de la información en las culturas originarias, lo que deja en evidencia que aún son muchos los que siguen investigando y aportando conceptos en base al registro de experiencias en comunidades aborígenes.

Para finalizar, considero que aún sigue siendo importante plantear la disyuntiva que representa, para el universo de la bibliotecología indígena, las razones que eventualmente persiguen en algunos casos las bibliotecas comunitarias: la búsqueda de representatividad en los acervos bibliográficos. Posiblemente se trate de un “nosotros” contemplado desde una casa sin muros, donde la interdisciplinariedad y la producción conjunta de conocimiento genere un sentido de pertenencia y una forma insoslayable de construir comunidad, la posibilidad de fortalecer identidad, representar ideas, cultivar conocimientos. Un espacio donde la educación familiar encuentre su lugar para poder mostrar aspectos de sus ricas culturas, a través de documentos vivos, intersubjetivos, auténticos, dejando sin sustento las etiquetas propiciadas desde entornos ajenos sobre lo que se comprende en cuanto al patrimonio cultural intangible de cada cultura. Biblioteca de indígenas, o bibliotecas con indígenas, no “sobre” indígenas, bibliotecas donde incluso conviene discutir el “para indígenas” con que muchos bibliotecarios suponen establecer un debate políticamente correcto pero que en ocasiones reviste un cierto paternalismo que indica cómo y por qué elaborar esta clase de servicios, de creer que las cosas hay que hacerlas de una determinada manera.

Aún debemos seguir discutiendo el alcance de la oralidad y el bilingüismo, y no creernos que podemos clausurar una temática solo por haber sentido que se cumplieron los recorridos académicos, como si ya no hubiera nada más que investigar. Esas posturas, que encubren un cierto grado de soberbia, son invisibles en las comunidades, y totalmente inviables. Las casas de las palabras de los libros vivientes seguirán formando parte de la literatura, pero a estas alturas ya es tiempo que muchos entiendan lo necesario que resulta generar, desde nuestra profesión, una conversación sobre la utilidad social de la biblioteca indígena, y como bien sabemos, ese diálogo, sin el conjunto de experiencias, conocimientos y memorias de los paisanos, no tiene absolutamente ningún sentido.

Fuentes consultadas:

Acceso a los servicios bibliotecarios y de información en los pueblos indígenas de América Latina: Memorias del Seminario en Lima, Perú (2003). Lima, Perú, IFLA/ALP (Project Report N° 22).

Encuentro Internacional sobre acceso a información y promoción de servicios bibliotecarios en comunidades indígenas de América Latina (2008). Memorial de América Latina, San Pablo. Recomendaciones disponibles en: http://www.febab.org.br/pdf/III%20Encontro%20Internacional%20Acesso%20%20Informa%E7%E3o%20Comunidades%20Ind%EDgenas%20-%20Recomenda%E7%F5es.pdf

Graniel Parra, M. del R. (1999). Aspectos lingüísticos a considerar en bibliotecas dirigidas a las comunidades indígenas mexicanas. Métodos de Información (MEI), 1999, vol. 6, n. 32-33, pp. 68-72. Disponible en: http://eprints.rclis.org/4996/

Graniel Parra, M. del R. …[et al.] (2000). Encuentro Latinoamericano sobre la atención bibliotecaria a las comunidades indígenas. Memoria - México, UNAM/CUIB.

Graniel Parra, M. del R. (2002). Las comunidades indígenas y los servicios bibliotecarios en México: un estudio de caso [tesis]. Universidad Autónoma de México. Facultad de Filosofía y Letras. Maestría en Bibliotecología. Disponible en: https://ru.atheneadigital.filos.unam.mx/jspui/handle/FFYL_UNAM/1908

Loaeza, G. (2001). Comandante Tacho, entrevista con Guadalupe Loaeza. Enlace Zapatista. Disponible en: https://enlacezapatista.ezln.org.mx/2001/02/11/comandante-tacho-entrevista-con-guadalupe-loaeza/

Márquez Nava, U. Salas comunitarias de información, cultura nahuat y posibilidades de desarrollo local en la Sierra Norte de Puebla. Memoria / María del Rocío Graniel Parra (comp.), 2001, ISBN 968-36-9419-5, págs. 65-75.

Salaberría R. Un bibliotecario de paseo. En: Educación y Biblioteca, noviembre 1995, año 7, N° 62, p. 59-65. Disponible en: https://gredos.usal.es/bitstream/handle/10366/112937/EB07_N062_P59-65.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Nota: las imágenes fueron extraídas de los siguientes sitios:

https://radiozapatista.org/?page_id=20278

https://mujeresylasextaorg.com/2013/11/17/ezln-30-anos-de-rebeldia-1-las-7-etapas/

domingo, 7 de junio de 2026

Indio

Tiempos difíciles estos que atravesamos, lo ocurrido con el Indio Solari me interpeló en muchos de los sentidos, va más allá de mi profesión y no tiene que ver con mi formación musical, con lo que uno ha escuchado a lo largo de su vida, sin embargo, al Indio lo empecé a considerar desde hace más de 20 años, atraído por su coherencia artística, por sus intervenciones públicas, que explican en buena parte el tremendo impacto que generó en la sociedad al ir a despedirlo.

Hubo poetas en el rock argentino, los que crecimos comprando vinilos y casetes tuvimos esa suerte, estuvo Luca, estuvo Luis Alberto, estuvo Palo Pandolfo, estuvieron varios, imposibles de reunir en estas líneas, pero el Indio fue más allá, porque supo poner en palabras lo que mucha gente necesitó escuchar, agregó al testimonio social una dimensión política que de alguna manera explica ese abrazo colectivo que no sería posible sin el respaldo de una obra. 

Cómo no conmoverse ante kilómetros de espera en donde muchos han pronunciado, entre tantas palabras, dos que parecen condensar todos los sentimientos: familia y comunidad, palabras atravesadas por el amor y el sentido de pertenencia, palabras que hacen falta visibilizar en este escenario que nos toca transitar como sociedad. Cuántas lecturas podrán hacerse a partir de estos hechos, cuánto nos queda por reflexionar, para tratar de entender semejante manifestación, única en el mundo, nacida ni más ni menos que desde el territorio del arte, pero especialmente, cuánto de todo esto podremos aplicar en nuestros trabajos.

Para los que estuvieron allí, debe ser lindo saber que forman parte de una tribu. Que todo lo que necesitan es lo que cada uno da, que el consuelo siempre llega cuando algún crepúsculo se aproxima.

Dicen que es la última misa, yo creo que recién está empezando algo que este gobierno no va a poder destruir, solo espero que estas cosas sirvan para seguir trabajando sobre la necesidad de generar concordia, empatía, conciencia social, paz, y sobre todo, un entendimiento genuino, igualitario y honesto de la palabra Libertad.

Que esta belleza sea como un resplandor.

Nota: La imagen, muy bella y significativa, es del sitio https://www.instagram.com/p/DZNU3K0xuHH/ 

sábado, 16 de mayo de 2026

El dilema de la IA y el error como respuesta

Desde hace tiempo que no deja de sorprenderme la proliferación de cursos, talleres y eventos relacionados con la Inteligencia Artificial (IA) en el contexto de las unidades de información (bibliotecas, archivos, centros de documentación, museos, entre otros), entendiendo hasta cierto punto lo que significa utilizar la herramienta sin caer en la dependencia y anulación de las propias capacidades cognitivas, una cosa es usar la IA para configurar datos de un Excel y otra muy distinta que la IA piense por nosotros para encontrar respuestas a los problemas. Recientemente tuve conocimiento de una interesante reflexión del periodista Cristian Campos, cuyo contenido se puede ver en la Web, tiene relación con una serie de propuestas artísticas que van en contra de la IA, utilizando un recurso que las máquinas no pueden implementar, que es ni más ni menos que la consideración del error en la creación de contenido. Es un hecho que la IA genera perfección desde la irrealidad, en donde el concepto de valor queda cuestionado en parte por el bajo costo que implica utilizar la herramienta, lo que el periodista advierte es que desde hace un tiempo las máquinas nos ganan por aburrimiento, idiotizando a través del entretenimiento, lo que en algún punto nos deja vacíos ante la irremediable y progresiva ausencia de la creatividad humana, pero el foco al que dedica su atención el autor es que hay algo que la IA no sabe hacer, y es equivocarse… 

La artificialidad implica reducir el acceso de contenidos a un conjunto mínimo de referencias, donde las “creaciones” se limitan a una serie de productos que no habilitan en el oyente la posibilidad de advertir la arborescencia y complejidad de una composición. Todo es llano y predecible. Ante ese cuadro, la variable antagónica es precisamente mostrar lo imperfecto, lo irregular, que se vean las vetas de la madera y no una superficie lisa y homogénea, una creación que para plantear diferencias requiere el error del alma humana, así sea una pintura, una fotografía, un poema o una artesanía, si es humano es real, y el resultado compete a las características propias de los seres biológicos, con sus rasgos analíticos, emocionales y espirituales. 

Me pareció excelente este ejemplo que comparte Campos, porque sirve para pensar el contexto en el que estamos situados, ocurrió en el siglo XIX, más precisamente en el año 1839, cuando el francés Louis Jacques Mandé Daguerre presentó el primer procedimiento fotográfico comercial de la historia, que consistía en una imagen obtenida sobre una placa metálica pulida recubierta de plata, revelada químicamente y fijada para su conservación, no había en ese proceso negativos ni copias simples, lo que significaba que cada imagen era una pieza original e irrepetible. A esa materialidad de la imagen se la conoció como daguerrotipo, lo que generó cierto pánico entre los pintores al saber que, a partir de ese momento, una máquina reproducía la realidad en modo perfecto, con lo cual lo que a un pintor le llevaba semanas reproducir, esa máquina lo hacía en minutos, fue un invento que oscureció en aquel entonces el horizonte de los artistas, pero los pintores no se rindieron, hicieron algo mucho más inteligente: abandonaron la realidad.

Como la representación perfecta de la realidad se había devaluado porque ahora era automática, los artistas se refugiaron en la subjetividad, así nació el impresionismo, el cubismo, el expresionismo, el surrealismo, diferentes formas de "deformar" la realidad, de mostrar lo abstracto, lo caótico, lo extraño, fue la auténtica respuesta humana a la cámara de fotos, una forma de decir que esa expresión era única, imposible de replicar por una máquina, porque allí estaban las distorsiones, la creatividad, incluso el error, como forma genuina de expresión e intervención artística, el arte se tornó más humano cuando dejó de intentar hacer una copia perfecta de la naturaleza, de hecho las vanguardias terminaron siendo una respuesta humana a la aparición de una máquina que intentaba sustituir el esfuerzo creativo de las personas. 

Para Cristian Campos, la IA es un espejo retrovisor, modelos que son entrenados con lo que ya existe, y lo que ya existe es el resultado de años de algoritmos optimizados para el consumo masivo, donde el mecanismo es simple, la IA genera contenido basado en lo genérico y la sociedad consume ese contenido lo que a su vez alimenta la siguiente generación de la IA que se vuelve invariablemente más genérica ¿eso adónde nos llevaría? pensemos en lo que se anula como percepción, como creación, como diferencia, como innovación, y el resultado, en el corto plazo, es un desierto estético total y absoluto, donde todo es parecido, frívolo, banal, inexpresivo, comercial, asociando el producto a una idea de éxito que una buena parte de la sociedad consume de modo acrítico. 

Esto nos lleva al motivo por el cual el periodista abordó esta problemática, un video de un grupo de música, Angine de Poitrine, que se volvió variable en las redes sociales, se trata de algo que parece hecho a propósito en cuanto a la desconexión rítmica y las escalas utilizadas en las notas musicales, el sistema colapsa porque su música es impredecible, incluso irracional, algo así como una declaración de guerra contra la estandarización, pero acaso sin saberlo o sin proponérselo, la mera existencia de la propuesta terminó siendo un acto de resistencia. Es probable que, al cabo de un tiempo, si tomamos en cuenta esta experiencia musical, podamos decir que gracias a la IA el arte volvió a ser una opción genuina creada por artistas reales.

Podría ubicar en este contexto la música generada por el grupo Reynols de Argentina, una banda de culto absolutamente inclasificable, que rompe con los estándares de lo que se entiende por música, dando valor al sonido como modo de experimentación y creación artística, en donde incluso llegaron a editar -a modo de primer disco oficial- la publicación de un “disco sin disco” (titulado Gordura Vegetal Hidrogenada), ya que al abrir la caja del CD el usuario se encontraba con ilustraciones, una lista de temas y notas, pero ninguna canción para escuchar, en donde se indicaba que el disco como tal se había “desmaterializado” (el texto en el sobre interno decía “Este CD se desmaterializó hace 15 segundos”). Más allá de lo atípico del grupo, integrado por Alan Courtis, Roberto Conlazo y Miguel Tomasín, en la que buena parte de su producción fue editada en el exterior (su catálogo cuenta con más de 120 ediciones en sellos de Japón, Europa, Estados Unidos y Oceanía), la creatividad manifestada se encuentra en las antípodas de lo que la IA registra en cuanto a la comercialización y la composición musical. 

Sus contenidos son permanentemente centro de atención de discusiones filosóficas, musicales, artísticas y literarias, llegando incluso a distintas áreas dentro de la neurociencia y neurodiversidad, dada la condición de su cantante y baterista, Miguel Tomasín, quien tiene Síndrome de Down. Es para prestar atención lo que genera este cantante, que suele utilizar palabras inventadas, pero que ha logrado compartir un sentido único del entendimiento de la música, ya que, tal como lo afirma Courtis “para trabajar con Miguel necesitás manejar lo no-verbal y lo no-lógico”. Se trata de un músico que no ha seguido ninguna tradición y que simplemente fue seguido por los demás miembros de la banda, emprendiendo la “búsqueda de un estado de consciencia alternativo”. Las composiciones de Reynols, además de propiciar la creación de conceptos dentro del género noise (no-filosofía, entre otros), llevaron su experiencia sonora más allá de los límites conocidos de los géneros y las convenciones.

Si trasladamos este tema al campo de la literatura, sin tratarse exactamente del mismo problema, tenemos un libro del poeta Daniel Samoilovich en donde ofrece un modo de entender qué es el arte, la belleza, la verdad, pero tomando al error no como una falla que debe ser corregida, sino una oportunidad de descubrimiento y creación, el error como punto de partida para complejizar la producción artística, extendiendo el criterio no solo a los poemas sino también a las obras de arte, las teorías y corrientes artísticas clásicas y contemporáneas, lo que también termina siendo una respuesta auténticamente humana sobre las percepciones de la realidad, los desajustes, las incoherencias, las distracciones, donde lo inesperado -aquello que la IA no puede predecir- cobra forma y sentido. El crítico literario comparte una frase que considero relevante: “acaso todo error en un mundo sea un acierto en otro que apenas podemos pensar, un patito feo de una raza de cisnes fantásticos”.

Otro punto que me resulta relevante en ese aporte de Samoilovich es el universo donde conviven los bocetos, las notas y los diarios personales, que en ocasiones el paso del tiempo, a través de quienes investigan estas colecciones, los considera legibles como obras. Se discurre allí sobre lo “no terminado” lo apenas insinuado o esbozado, tanto en poesía como en las artes plásticas, y donde el foco está puesto en el error (ya que por algún motivo no fue publicado por su autor), bajo esa idea de lo imperfecto entendida como el devenir contrario de la perfección en el arte. En tal caso, resulta válido evaluar cómo, en la apariencia de dicho terreno irregular, las distracciones y los ensueños obran como palanca de nuevas técnicas e ideas, y de la creación de obras maravillosas. Entonces, en ese marco, tal como lo afirma Samoilovich, la heterogeneidad termina siendo la apuesta, en alegre contrapunto con la reincidencia. Fracasando una y otra vez en la representación, surge acaso un nuevo concepto de belleza, en todo caso son asombros que se repiten, y con los cuales el acto de vadear el cauce no implica abandono sino cultivo de variables que forman parte de lo no pensado del pensamiento.

Volviendo al testimonio de Campos, hay una lógica que subyace al problema que nos interpela, si nos damos cuenta que las máquinas hacen nuestro trabajo mejor que nosotros, no nos queda otra que volver a nuestra esencia: el libre albedrío, la capacidad de ser incomprensibles, irracionales, extraños, ya que la racionalidad es el terreno de la máquina, de lo digital, y nuestro terreno es la irracionalidad. Entonces, lo que los usuarios han visto en ese video reproducido por millones es humanidad en estado puro, una idea de lo irracional frente a la tiranía de la perfección racionalista, más bien es un trabajo ligado a la belleza, a la curiosidad, a la intuición, a la expresión, que nos hace enteramente humanos. La libertad creativa nace de la posibilidad de equivocarse, ahí para Campos tenemos una ventaja con respecto a la IA, ya que en ese mundo que nos obliga a ser perfectos, ser imperfectos termina siendo el único acto de rebeldía. 

Fuente consultada:

Campos, Cristina. Opinión. ¿Por qué millones de personas se han obsesionado con Angine de Poitrine?. El Español. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=cpiBHy0iX5Y

Reynols: Minecxiología / Reynols: editado por Gabriela De Mola, 1ª ed. Buenos Aires: Dobra Robota, 2022.

Samoilovich, Daniel. Estética del error: apuntes sobre arte y poesía. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2024.