Espacio que pretende resguardar voces y conocimientos desde el abordaje de la
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de la profesión. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Entrevista a Victoria Di Césare, estudiante de Bibliotecología de la Universidad Nacional de Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina


Noticia biográfica

Victoria Di Césare es alumna del último año de la Licenciatura en Bibliotecología y Documentación de la Universidad Nacional de Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina. Tiene 24 años, es oriunda de la ciudad de Saladillo y vive en Mar del Plata. A fines de 2016 se graduó como Bibliotecaria Documentalista en la misma institución y a comienzos del corriente año obtuvo la beca de investigación para estudiantes avanzados otorgada por la UNMdP para desarrollar su proyecto “Estudio bibliométrico de la producción científica del INIDEP del período 2007-2016: caracterización y relación con las campañas de investigación”. Desde los inicios de su carrera se ha desempeñado como ayudante alumna en las materias Clasificación II, Organización del Conocimiento II y Análisis Estadístico de la Información, y ha formado parte de los grupos de investigación asociados a esas cátedras, con los que ha presentado trabajos en eventos científicos. Además, ha realizado prácticas y pasantías en bibliotecas especializadas, y ha participado en proyectos sociales en contextos vulnerables.

Entrevistador: Daniel Canosa

- ¿Por qué la Bibliotecología?

Mi introducción a esta disciplina fue por completo fortuita. Las únicas cuestiones de las que estaba segura al finalizar la escuela secundaria eran que no deseaba seguir una carrera universitaria tradicional, que definitivamente quería ser alumna de una institución pública, y que, no menor para una joven del interior, debía mudarme a una ciudad porque en mi pueblo no contaba con una oferta académica interesante. Una vez establecido que mi destino sería Mar del Plata, comencé a sopesar opciones en la Universidad Nacional de esa ciudad hasta que me topé con la Licenciatura en Bibliotecología y Documentación, carrera que me resultó por completo desconocida pero atípica y enigmática. Decidí cursar esta Licenciatura luego de asistir a una reunión para futuros ingresantes presidida por quien actualmente dirige mi tesis junto al Dr. Gustavo Liberatore, la vicedecana de la Facultad de Humanidades Dra. Silvia Sleimen, en la que además de explicarse el rol que cumplen las bibliotecas como instituciones insertas en la sociedad, se hizo mucho hincapié en la posibilidad de explotar la profesión desde el punto de vista del manejo de la información por fuera de las fronteras de este espacio y en estrecha vinculación con la ciencia, la academia y la tecnología. Si bien en su momento y hasta bien entrada la carrera no supe con demasiada precisión cómo me desempeñaría a futuro en el ámbito laboral, siempre tuve la certeza de que mi actividad profesional no se vería necesariamente circunscripta al espacio de una biblioteca, sino que el campo de actuación sería más amplio y estaría orientado a la investigación y a la docencia. Todos estos aspectos fueron los que me cautivaron en un comienzo para elegir la disciplina y los que aún siguen motivándome para profundizar en mi formación.

- Antes de descubrir la profesión ¿ha frecuentado la consulta en bibliotecas? ¿Ha manifestado afición por la lectura, por alguna expresión artística, literaria o cultural en particular?

De chica solía concurrir mucho a la Biblioteca Popular Municipal Bartolomé Mitre de mi pueblo para buscar información y hacer tareas escolares. También me gustaba pasar los recreos en la biblioteca de mi colegio, leyendo entre las estanterías. Por esos mismos años, realicé múltiples actividades artísticas en distintas instituciones o con profesores particulares como piano, pintura, escultura y danzas clásicas y contemporáneas. Además, siempre fui una ávida lectora de cuentos y novelas de ficción. Sin embargo, no considero que esas inclinaciones artísticas o culturales hayan sido las que me llevaron a interesarme por la Bibliotecología, la Documentación y la Ciencia de la Información, sino sus aspectos más científico-técnicos y académicos.

- Dos preguntas en una ¿Cuál fue el libro que más lo influenció? y ¿Qué está leyendo actualmente?

No podría elegir un solo libro, porque han sido muchos los que han dejado una marca en algún momento de mi vida. En términos generales creo que me quedaría con las obras de Tolkien y Cortázar; del primero porque me introdujo a la literatura a una corta edad, y del segundo porque, años más tarde, me dio un espacio para la introspección. A ambos los recuerdo con mucho cariño por eso. Actualmente estoy leyendo dos libros: la afamada novela gráfica “Maus” del historietista Art Spiegelman que relata las experiencias vividas por su padre, un judío polaco sobreviviente del Holocausto, durante la Segunda Guerra Mundial; y los trabajos del Dr. Mario Albornoz compilados en “Ciencia, tecnología y universidad en Iberoamérica” sobre cómo, en los países iberoamericanos, la ciencia y la tecnología articulan con los ámbitos universitarios en su aspiración por constituirse en sociedades del conocimiento.

- ¿Cómo definiría a un bibliotecario?

Es difícil dar una única definición porque las funciones que cumplen y los contextos en los que se desempeñan los bibliotecarios son muchos y muy diversos, y al definirlos conjuntamente tal vez estemos incurriendo en una simplificación que no se condice con la realidad. Sin embargo, a los fines de esta pregunta diría que se trata de un profesional que hace uso de una serie de técnicas, herramientas y conocimientos para procesar y adquirir información para sus usuarios que contribuya a la concreción de objetivos de diversa índole: educativos, culturales, recreativos, académicos, científicos, etc. Se trata de un profesional versátil; que está presente en todos los niveles formativos; para promover la lectura en los más pequeños, o conocer los últimos avances en una determinada disciplina; en contacto directo con usuarios de todos los espectros sociales, desde los ámbitos más carenciados a los más solventes; cubriendo todas las temáticas que resulten de interés para su público; utilizando documentos físicos en un ámbito concreto o digitales en espacios virtuales; vinculado a todo tipo de instituciones públicas o privadas; trabajando con antiguos documentos, o con grandes cúmulos de datos; y un largo etcétera. Personalmente considero que es esta multiplicidad de fines el aspecto que resulta más interesante y en el que se vuelve más palpable el gran abanico de posibilidades de actuación que brinda la profesión.

- ¿Qué opina del rol social del bibliotecario?

Creo que todo rol que cumple un bibliotecario es social. Al tratarse precisamente de una Ciencia Social, no concibo que sea posible desarrollar la profesión sin impactar de alguna manera en la comunidad. Toda posición tomada por un profesional de la disciplina en materia cultural, educativa, científica, de democratización del conocimiento, de acceso libre a la información es eminentemente social y también política, independientemente del ámbito en que se esté inserto y de los recursos con que se cuente.

- Con respecto al plan de estudios de la carrera ¿Considera que sus contenidos favorecen la adquisición de conocimientos y desarrollo de habilidades vinculados al rol social del bibliotecario?

Sí, pienso que el plan de estudios con el cual cursé mi carrera de Bibliotecario Documentalista (anterior al que está siendo aplicado actualmente) fue consistente respecto de esos contenidos en el plano de la teoría, aunque no tanto respecto de la adquisición de competencias sociales concretas. En algunas materias con un perfil fuertemente teórico tuve la posibilidad de conocer aspectos históricos de la disciplina, su inserción en la sociedad, los perfiles profesionales, los objetivos de las distintas unidades de información, normativas y legislaciones, etc. Sin embargo, a través del contacto que tuve con compañeros de la orientación de Bibliotecario Escolar, noté que ellos trabajaban con mayor énfasis el desarrollo de las habilidades sociales de los bibliotecarios vinculadas, por ejemplo, a la difusión de la lectura, la formación de los usuarios, la organización de actividades en el espacio de la biblioteca, la apertura de la institución hacia la comunidad o la concreción de proyectos bibliotecarios en contextos de vulnerabilidad.


- Se habla frecuentemente de un cambio de paradigma dentro de la profesión (pasando del paradigma de la información al de la comunicación), según su enfoque particular, ¿Percibe ese cambio en el tratamiento docente de cada materia

Analizándolo en retrospectiva considero que fui formada bajo el paradigma de la información. Si bien recuerdo que algún profesor mencionara los alcances y diferencias de ambas visiones, los planes de trabajo docente de las materias estaban más orientados hacia el primer paradigma; no porque los contenidos fueron puramente técnicos, también atravesé cursadas claramente teóricas, sino porque no percibí que se hiciera hincapié en los aspectos comunicacionales y en las competencias sociales del bibliotecario.

-En el caso que, promovido por el docente, haya realizado una práctica académica o pasantía en alguna unidad de información ¿Considera que los conocimientos adquiridos fueron suficientes para desempeñarse en tales prácticas? ¿Qué conocimientos tuvo que aplicar?

Hacia fines del año 2016, poco tiempo antes de recibirme de Bibliotecaria Documentalista, completé una práctica profesional en la Biblioteca Especializada del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP). Simultáneamente, aunque por un período de tiempo más prolongado, realicé una pasantía no rentada en la Biblioteca de Irulana perteneciente a la ONG Jitanjáfora y especializada en literatura infantil y juvenil. Si bien se trató de unidades de información muy disímiles entre sí, no sólo respecto de sus objetos de estudio sino también de su funcionamiento interno, de sus usuarios, y de sus recursos humanos y materiales, en ambas pude desempeñarme con solvencia y seguridad. Los conocimientos aplicados estuvieron vinculados principalmente al procesamiento técnico de los materiales y a la referencia. En la Biblioteca Especializada del INIDEP, por una parte, aprendí mucho del quehacer cotidiano de las bibliotecarias, ya que se trata de un equipo de trabajo consolidado, emplazado en una institución con décadas de experiencia en el ámbito científico-técnico. Pese a que mi actividad en esta unidad de información estuvo regida la mayor parte del tiempo por las indicaciones precisas que recibí, mis supervisoras me dieron la posibilidad de redactar un pequeño proyecto y de efectuar el procesamiento de sus cartas náuticas, un tipo de material con características especiales que no había estudiado durante la carrera. En la Biblioteca de Irulana, por otro lado, puse a prueba en mayor medida mi capacidad decisoria porque, al tratarse de una unidad de información pequeña y aún jóven, desde la Comisión Directiva de la ONG me dieron la libertad de tomar determinaciones relacionadas, por ejemplo, a la organización de la colección, a la indización de los contenidos y a la creación de una completa sección dedicada a la biblioteca en su sitio web. Haber pasado por estas dos experiencias no solo fue sumamente enriquecedor, sino que también constituyó una instancia formativa indispensable por la que todos los estudiantes de Bibliotecología deberían transitar antes de recibirse.

- ¿Considera que la bibliografía utilizada en materias relacionadas con tecnologías de comunicación e información se encuentra actualizada? ¿Considera válido el equilibrio entre teoría y práctica en relación a los conocimientos técnicos impartidos en la carrera?

Lamentablemente cursé las materias Informática I y II cuando éstas ya se encontraban bastante desactualizadas por lo que, tanto a nivel teórico como práctico, no encontré que fueran de gran utilidad. Por fortuna, esta situación se revirtió con la aplicación del nuevo plan de estudios efectuada hace casi dos años. Exceptuando Informática, en otras cátedras sí pude acceder a contenidos sobre las TICs actualizados, aunque principalmente desde la teoría. Respecto del equilibrio entre ambos abordajes pedagógicos, en los primeros años cursé algunas materias eminentemente prácticas, como Catalogación, Clasificación I o Referencia, y otras con un fuerte contenido teórico, como Introducción a la Ciencia de la Información, Clasificación II o Documentación I. Sin embargo, a medida que avancé en la carrera, hacia finales de Bibliotecario Documentalista e inicios de la Licenciatura en Bibliotecología y Documentación, noté que comenzaban a predominar las temáticas de índole teórica vinculadas, por ejemplo, al sistema científico, la evaluación de la ciencia, el sistema de publicación internacional, el acceso abierto, entre otros. Como la práctica se sustenta en la teoría, es explicada, fundamentada y contextualizada por ella, considero vital que los bibliotecarios cuenten con sólidos cimientos de este tipo en su formación. Sólo así podrán desenvolverse como profesionales críticos, proactivos y con capacidad de análisis y argumentación.

-¿Suele participar en listas bibliotecarias? ¿Considera interesante el nivel de los debates? ¿Cómo percibe en dicho espacio la recepción de temas políticos?

No suelo participar de tales listas. Me informo sobre la actualidad de los distintos ámbitos de estudio, laborales y de intercambio profesional a través de las redes sociales.

-Como estudiante ¿Presenció en el aula un debate / clase/ conversación /comentario / reflexión y/o contenido sobre la necesidad o no de contar con sindicatos / gremios / asociaciones en temas relativos a derechos laborales? En caso que la respuesta resulte negativa ¿Considera de utilidad profesional que el docente favorezca espacios de discusión y debate sobre estas temáticas?

Sí, recuerdo haber presenciado debates en clase sobre diferentes temas, generalmente protagonizados por bibliotecarios en actividad, pero nunca uno referido a la Asociación de Bibliotecarios Graduados o a la posibilidad de crear un gremio o sindicato. Considero que intercambiar opiniones o escuchar a profesionales con experiencia en estas temáticas durante la formación es de suma importancia, siempre y cuando se den en el marco de una clase acorde a ellas o con un fin último que vaya más allá del debate en sí. De otra manera se corre el riesgo de que la discusión se transforme en una pelea política estéril que no lleve a ninguna parte, como también he presenciado en numerosas ocasiones.


- El concepto de neutralidad en la profesión ha dividido las aguas ante las problemáticas sociales y políticas que inciden en alguna medida en el contexto bibliotecario, según lo vivenciado como alumna de la carrera ¿desde el aula, recuerda si algún docente ha interpelado y/o analizado esta cuestión?

Diversos profesores plantearon sus visiones al respecto, en relación prácticamente a todos los componentes de la cadena documental que se lleva a cabo en una unidad de información: la selección y adquisición de los materiales, al análisis de los contenidos, la descripción, el proceso de referencia, y la búsqueda y recuperación de información. En todas estas ocasiones se hizo especial hincapié en la necesidad de que el profesional tenga una postura neutral aunque, extrapolando lo que dice Sampieri sobre realizar una investigación “lo más objetivamente posible” porque hacerlo de forma plenamente objetiva es imposible, en este caso diría que intentar ser por completo neutral es una ilusión. Siempre existirán elementos contextuales, formativos y personales que incidirán en el bibliotecario sesgando de alguna manera su labor.

-¿Cómo percibe a la bibliotecología en contextos interdisciplinarios? ¿Resulta visible? ¿Siente que la carrera le otorga elementos para dar respuestas a problemáticas sociales que otras disciplinas sí ofrecen? (ejemplo inclusión social, problemáticas de minorías sociales, desastres ambientales, conflictos bélicos, problemáticas jurídicas, etc.)

No considero que la disciplina tenga una gran presencia en contextos sociales complejos, o que resulte visible cuando sí se involucra en dar respuesta a distintas problemáticas. Estoy al tanto de que existen proyectos bibliotecarios de esa índole, muchos de los cuales son difundidos en eventos profesionales, pero aún así creo que se trata de intentos aislados y con poca llegada a la sociedad en general. Esto tal vez se deba a que, usualmente, la formación nunca ha puesto el foco allí; situación que probablemente comience a revertirse en el nivel local cuando las primeras camadas de bibliotecarios con orientación socio-comunitaria se reciban de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Refiriéndome ahora a un ámbito completamente diferente y en relación a la primera pregunta, traigo a colación una experiencia personal: por un lapso de poco más de un año tuve la oportunidad de participar en un proyecto de investigación multidisciplinar abocado al estudio de la deserción universitaria y compuesto por investigadores y alumnos avanzados de sociología, psicología, turismo, economía y contabilidad. Si bien mi rol se limitó a la asistencia por medio de la búsqueda de información, varios miembros del grupo me hicieron notar cuánto desconocían las competencias que poseemos los bibliotecarios y cuánta calidad podemos sumar al trabajo de investigación. Conozco, además, otros casos en los que profesionales de la información se han integrado a equipos compuestos por científicos e investigadores de diversos orígenes disciplinares, no sólo desde el rol de asistentes, sino también tomando posiciones de poder dentro de ellos. Pero, insisto nuevamente, suelen ser pocos los casos y no responden a una política institucional que busque y apoye deliberadamente la retroalimentación con otros campos del saber. Creo que para que la Bibliotecología, la Documentación y la Ciencia de la Información tengan un rol más preponderante en contextos interdisciplinarios es necesario que la formación no se circunscriba únicamente al trabajo bibliotecario dentro de una institución determinada, sino que enfatice en el desarrollo de habilidades y en la adquisición de conocimientos para la creación de herramientas, proyectos e ideas con las que salir a ganar nuevos espacios de actuación, sean éstos sociales, científicos, tecnológicos u otros.

-¿Recuerda en alguna clase que el docente haya abordado cuestiones vinculadas a bibliotecas en contextos sociales vulnerables? (comunitarias, rurales, campesinas, indígenas, carcelarias o de temas relativos a minorías, desplazados sociales, multiculturalidad, comunidades sexuales, bibliotecas humanas, etc.)

Durante casi dos años participé como voluntaria de las prácticas socio-comunitarias organizadas por la Lic. Marcela Coringrato, Directora del Departamento de Ciencia de la Información. En mi caso, por ser alumna en su momento de la carrera de Bibliotecario Documentalista, me tocó asistir periódicamente a la Cooperativa Común Unidad de Recuperadores Argentinos (C.U.R.A.) en el marco del proyecto de creación de una biblioteca en su planta de separación de residuos, ubicada poca antes de llegar al basural de la ciudad. Si bien, tiempo más tarde, dicho proyecto debió ser abandonado a raíz de la realidad crítica y compleja por la que atravesaba la Cooperativa, gracias a esa práctica tuve la oportunidad de vivenciar lo que implica trabajar y relacionarse con las personas en un contexto de extrema vulnerabilidad. (Al respecto presenté este trabajo en las II Jornadas Internas de Investigación en Bibliotecología: http://humadoc.mdp.edu.ar:8080/xmlui/handle/123456789/403). Por otra parte, recuerdo que en algunas otras materias se abordó el tema, y mejor aún recuerdo los relatos de experiencia que expusieron en eventos profesionales bibliotecarios de diferentes orígenes sobre su trabajo en bibliotecas carcelarias y hospitalarias.


-Si le fuera dado proponer modificaciones en los planes de estudio de la carrera ¿En que aspectos técnicos y/o humanísticos focalizaría su atención? ¿Favorece la institución académica escenarios de discusión y debate que habiliten posteriormente la concreción de dichas propuestas por parte de los alumnos?

Luego de varios años de trabajo y discusión, fue recientemente actualizado el plan de estudios de la carrera, cuya versión anterior databa de comienzos de 1990. Estoy al tanto de que se trató de un importante proceso de trabajo conjunto, aunque desconozco si de él participó algún grupo de alumnos. Desde el punto de vista de los contenidos sociales considero que, tanto el anterior como el actual programa, se encuentran muy completos. Por el contrario, a lo largo de los años de cursada sí noté una cierta desactualización en los contenidos técnicos e informáticos, los cuales fueron revisados y modernizados en este nuevo plan de estudios que ya se encuentra en aplicación.

-Se habla frecuentemente de la lenta desaparición del libro impreso, incluso en foros de bibliotecología, en su caso como estudiante ligado permanentemente a la utilización de dispositivos físicos, digitales y/o virtuales ¿Qué le provoca esta situación?

Históricamente se ha hablado de la desaparición de diferentes medios de información con la llegada de nuevos dispositivos tecnológicos, y tales desapariciones nunca han sucedido, por lo que no creo que el augurio vaya a hacerse realidad ahora. Sí es cierto que existen ámbitos en los que los documentos digitales han ganado partido por sobre los de papel, como el científico-técnico, pero es más bien la circulación de papers y revistas científicas la que ha proliferado en la virtualidad. No considero que vaya a ocurrir lo mismo con los libros impresos, especialmente con aquellos cuya finalidad es la recreación. Se han llevado a cabo numerosos estudios científicos que indican que el cerebro humano ha evolucionado en los últimos 500 años a la par de la lectura en papel, razón por la cual el aprendizaje y la memoria, sobre todo de los niños en crecimiento, funcionan mejor cuando entramos en contacto con un texto impreso. En el campo de la lectura por placer, se ha comprobado que el disfrute, por ejemplo, de una novela no es producto únicamente del contenido que leemos, sino también de la percepción sensorial de la textura del papel, del aroma, del peso del volumen que sostenemos, del progreso que realizamos con el paso de las páginas, etc. Por mi parte, además de coincidir con los resultados de las investigaciones sobre el tema, considero que la lectura de un libro en papel va más allá del simple acto de leer con el objetivo de aprendizaje, informativo o recreativo que sea. Es un ritual que, al igual que escuchar música por medio de un disco de vinilo en lugar de hacerlo con un archivo digital mp3, o comer una buena preparación casera en lugar de comida congelada, contribuye al deleite, al bienestar y, por sobre todas las cosas, a una mejor calidad de vida de las personas.

Muchas gracias Victoria
Daniel Canosa

Nota: la entrevista ha sido publicada en el número 52 de la Revista Fuentes, perteneciente a la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia.

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