Espacio que pretende resguardar voces y conocimientos desde el abordaje de la
bibliotecología. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural intangible
conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas a bibliotecarios sobre el rol social
de la profesión. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

miércoles, 19 de julio de 2017

Entrevista a Javier Avalos, estudiante de bibliotecología del ISFDyT N° 56 de González Catán, Buenos Aires, Argentina

Noticia biográfica

Actualmente se encuentra cursando el 3er y último año de la carrera. Estuvo viviendo en EE.UU, entre el año 2001 y el 2006, donde nació su interés por la bibliotecología, la comunicación y la documentación. Al volver al país culminó sus estudios de secundario en 2013. Un año más tarde inició la tecnicatura en el Instituto Superior de Formación Docente y Técnica N° 56. Hasta el momento no cuenta con experiencia laboral en bibliotecas.

Entrevistador: Daniel Canosa

- ¿Por qué la Bibliotecología?

Elegí estudiar bibliotecología por ser una carrera corta de fácil salida laboral y que me permite brindar un servicio a los demás, crecer tanto en forma individual como personal por su enfoque social y por ser de constante perfeccionamiento y capacitación.

- Antes de descubrir la profesión ¿ha frecuentado la consulta en bibliotecas? ¿Ha manifestado afición por la lectura, por alguna expresión artística, literaria o cultural en particular?

Durante mi estadía en los EE. UU.  La biblioteca era parte de mi rutina semanal, me pasaba horas consultando en ella. Me encanta leer sobre todos los temas y particularmente novelas policiales.

- Dos preguntas en una ¿Cuál fue el libro que más lo influenció? y ¿Qué está leyendo actualmente?

El libro que más me influencio fue “Los 12 apóstoles” de Luis Beldi. Actualmente estoy leyendo “Canción de hielo y fuego” de George R.R. Martín.

- ¿Cómo definiría a un bibliotecario?

Un bibliotecario es el nexo entre la información y el usuario. Es el que permite obtener de manera rápida y precisa la documentación necesaria para satisfacer la necesidad de un usuario.

- ¿Qué opina del rol social del bibliotecario?

El rol social del bibliotecario es fundamental para poder crear usuarios independientes y conscientes de sus derechos y obligaciones, para poder tener una sociedad más pensante y activa que procure por el bienestar común.

- Con respecto al plan de estudios de la carrera ¿Considera que sus contenidos favorecen la adquisición de conocimientos y desarrollo de habilidades vinculados al rol social del bibliotecario?

Tendría que haber un cambio en la currícula ya que los contenidos están desactualizados y enfocados al bibliotecario del siglo pasado que solo era el que guardaba y conservaba libros, algunos profesores están conscientes de esta falla y desde sus cátedras dan otra orientación a los contenidos que si ayudan al rol social.

- Se habla frecuentemente de un cambio de paradigma dentro de la profesión (pasando del paradigma de la información al de la comunicación), según su enfoque particular, ¿Percibe ese cambio en el tratamiento docente de cada materia? (la pregunta va orientada hacia los contenidos que brinda el docente, si fomenta habilidades sociales o comunicativas o centra toda su atención en contenidos técnicos)

Algunos docentes enfocan sus cátedras en forma moderna, actualizando los conceptos a las nuevas necesidades, ayudándose de la tecnología para socializar de forma clara los contenidos, otros siguen enfocados al tecnicismo de los 80 en donde una computadora era un lujo al que pocos accedían.

-En el caso que, promovido por el docente, haya realizado una práctica académica o pasantía en alguna unidad de información ¿Considera que los conocimientos adquiridos fueron suficientes para desempeñarse en tales prácticas? ¿Qué conocimientos tuvo que aplicar?

Lamentablemente el instituto al que pertenezco tiene una carencia importante en el área de informática, al realizar las prácticas tenía los conceptos claramente incorporados pero nunca vistos desde la parte operativa. Gracias al interés y preocupación de algunos docentes pudimos realizar cursos fuera del ámbito educativo que nos permitió estar a la altura de las circunstancias. Fuera del área informática no tuvimos ningún problema al realizar la pasantía, aplicando los conceptos de catalogación, procesos técnicos, estudio de usuarios, realización de encuestas, tutoriales.

- ¿Considera que la bibliografía utilizada en materias relacionadas con tecnologías de comunicación e información se encuentra actualizada? ¿Considera válido el equilibrio entre teoría y práctica en relación a los conocimientos técnicos impartidos en la carrera?

Con respecto al área de informática no puedo ser imparcial ya que el instituto tiene graves inconvenientes de estructura edilicia, computadoras y personal. Las prácticas fueron muy influyentes a la hora de aplicar los conceptos incorporados pero considero que si estuvieran en el diseño curricular desde el principio sería mucho mejor para un excelente desempeño a la hora de enfrentarse a una biblioteca real.

-¿Suele participar en listas bibliotecarias? 

No participo de listas bibliotecarias. Al encontrarme a punto de recibirme necesito el 100 % de la atención en terminar los dos trabajos finales que me habilitan a rendir los finales de  Formación de Usuarios y Desarrollo de Colecciones. Los dos trabajos son de investigación y requieren toda la atención.


-Como estudiante ¿Presenció en el aula un debate / clase/ conversación /comentario / reflexión y/o contenido sobre la necesidad o no de contar con sindicatos / gremios / asociaciones en temas relativos a derechos laborales? En caso que la respuesta resulte negativa ¿Considera de utilidad profesional que el docente favorezca espacios de discusión y debate sobre estas temáticas?

Si, en la cátedra de Gestión y administración de unidades de información I, cuyo docente es delegado gremial de Suteba, presencié charlas sobre la necesidad de un sindicato que agrupe a los bibliotecarios y defienda sus derechos.

- El concepto de neutralidad en la profesión ha dividido las aguas ante las problemáticas sociales y políticas que inciden en alguna medida en el contexto bibliotecario, según lo vivenciado como alumno/a de la carrera ¿desde el aula, recuerda si algún docente ha interpelado y/o analizado esta cuestión?

Ningún docente abordo este tema. 

-¿Como percibe a la bibliotecología en contextos interdisciplinarios? ¿Resulta visible? ¿Siente que la carrera le otorga elementos para dar respuestas a problemáticas sociales que otras disciplinas sí ofrecen? (ejemplo inclusión social, problemáticas de minorías sociales, desastres ambientales, conflictos bélicos, problemáticas jurídicas, etc.)

La bibliotecología no es muy tenida en cuenta dentro de los contextos interdisciplinarios ya que no la consideran como una carrera sino como un curso para complementar otras disciplinas. No resulta visible al ser opacada por otras ciencias que se sirven de ella sin darle ningún crédito. La carrera ofrece muchos elementos para dar respuesta a los problemas sociales, mediante la promoción de lectura y los debates abiertos.

-¿Recuerda en alguna clase que el docente haya abordado cuestiones vinculadas a bibliotecas en contextos sociales vulnerables? (comunitarias, rurales, campesinas, indígenas, carcelarias o de temas relativos a minorías, desplazados sociales, multiculturalidad, comunidades sexuales, bibliotecas humanas, etc.)

En una clase de Formación de Usuarios se charló sobre la creación de una biblioteca y una bebeteca dentro de la villa de emergencia 1.11.14 en donde se daba asistencia a la comunidad de la zona. El proyecto se está ejecutando actualmente con muy buenos resultados.

-Si le fuera dado proponer modificaciones en los planes de estudio de la carrera ¿En que aspectos técnicos y/o humanísticos focalizaría su atención? ¿Favorece la institución académica escenarios de discusión y debate que habiliten posteriormente la concreción de dichas propuestas por parte de los alumnos?

Focalizaría la atención en la parte informática, más horas de práctica desde el primer año, trabajos de campo, visitas a bibliotecas considero que interactuando en el lugar los conocimientos se fijarían mejor y se adoptarían de forma práctica y efectiva. Los debates son buenos si se sabe aplicar lo definido allí, hay veces que se plantean muchas cosas que con el paso de la gestión no se concretan y quedan en la nebulosa.

-Se habla frecuentemente de la lenta desaparición del libro impreso, incluso en foros de bibliotecología, en su caso como estudiante ligado permanentemente a la utilización de dispositivos físicos, digitales y/o virtuales ¿Qué le provoca esta situación? 


La desaparición del libro impreso en mi opinión es casi imposible ya que para ser accesible a todos es necesario, la gente no se acostumbra a leer en formato digital y prefiere poder tocar, en los lugares en donde la tecnología es un lujo de pocos no hay nada como un buen libro.

Muchas gracias Javier.
Daniel Canosa

sábado, 15 de julio de 2017

Sonidos de tambores en el mítico tren de hierro


Hace años leí sobre Antonio Aguilar, nacido en Teruel, España, se trata de un buscador de historias que recorría con su cámara fotográfica y su mochila los rincones más remotos del planeta, entre crónicas varias contó que atravesó el desierto de Sahara uniendo las ciudades de Nouadhibou y Zourat, en Mauritania, a bordo del mítico tren de hierro, considerado el más largo del mundo, ya que arrastra una cadena de 300 vagones que transporta alrededor de 22.000 toneladas de hierro desde la gigantesca mina de Zourat, en mitad del Sahara, hasta su destino final en la costa mauritana. Dicen que solo el último vagón es para pasajeros, donde sus viajeros, sentados en tablones laterales y bebiendo té como lo indica la tradición, deben convivir en penumbras, con velas pálidas que se encienden al caer el atardecer, mientras se escuchan tambores gastados por el tiempo que cobran vida en medio del lento chirrío de los vagones, cuyos rieles parecieran hundirse en la arena, surcando un escenario tan silencioso como desolador.

Imaginemos el contexto, un tren polvoriento que va surcando el amarillo del desierto con sus pesados metales, mientras el sonido hipnótico de los tambores ejecutados por ignotos saharauis parecen darle un sentido al entorno, una marca propia en el que no es imposible adivinar un rasgo identitario. El aventurero español encontró las palabras adecuadas, dice que cuando va avanzando, el tren del Hierro va profanando el desierto

Es entonces donde uno se pregunta, desde la lejanía cultural, por el sentido de ejecutar tambores dentro de un tren que atraviesa la nada (o que todo lo atraviesa) donde lo que se observa desde los médanos es una minúscula serpiente de hierro perdiéndose entre las dunas, en la que solo una de sus escamas es un vagón cubierto de personas, sin saber que allí, en esos habitáculos quejumbrosos, ocurren historias que muchos cuentan y otros eligen recordar, es probable que en esa circunstancia, más que en ningún otro lugar, tenga sentido hacer canciones como plegarias, estableciendo una comunión con el contexto, un trance que acompañan los paisajes de las ventanillas, con sus horizontes, sus camellos y sus nómades.

Todo es polvo que se levanta al paso del tren, vidrios que parecen borroneados y una línea delgada del crepúsculo que no avisa su penumbra, y que invariablemente lleva a cada pasajero a replegarse en sus pensamientos, a dejarse vivir por el tiempo concedido.
Es posible adivinar a los turistas, a los hombres del desierto en sus túnicas blancas, rojas y negras, a los músicos improvisadores, a los contadores de cuentos, a los comerciantes que llevan sus enseres al pueblo cercano ¿Cómo será el maquinista? Quien suscribe recuerda un viaje en la trochita (antiguamente conocido como el “viejo expreso patagónico”), partiendo desde el Maitén, provincia de Chubut, cuando en un momento el tren paró para abastecerse, el maquinista se dejó fotografiar junto a la caldera, parecía un personaje de Chaplín (el grandote de ojos claros y remera blanca que peleaba en algunas películas con el gran Charles) no me olvido que las gentes de los pueblos cercanos se acercaban a los cruces de vías para saludar al tren que devolvía el gesto con la bocina, cada sonrisa, cada grito de júbilo, y de fondo la inmensidad de las estepas, recuerdo a unos mapuches que eligieron bajar antes de llegar a la estación, en medio de un promontorio árido, cubierto de cardones, en dirección al este, vaya a saberse a cuantos kilómetros de sus viviendas.

Los trenes tienen historias fascinantes, en el que es probable mantener una conversación con un desconocido, cosa que en los micros de larga distancia difícilmente ocurra, tal vez tenga que ver la disposición de los asientos, esa idea de pertenecer a un vagón cuyas puertas lo aíslan del resto de las formaciones, tal vez sean las vías, que marcan un rumbo fijo en el que no es posible modificación alguna, acaso un espacio ambulante comunitario, donde todos los presentes forman parte sin saberlo de un tejido en el que cada historia se entremezcla, teniendo por desenlace el paraje final del recorrido, allí cada uno recogerá lo que trajo para salir a continuar con su destino, a dejarse vivir por el desierto, relatos de guerreros, comerciantes, esclavos, viajeros, o como lo recordó Aguilar, de padres que llevan a sus hijos a ver el mar.


Sobre viajeros y escritores

Esto me lleva a otras instancias (si hacemos de cuenta que efectivamente estamos en ese tren y podemos tejer otras historias, en apariencia vinculantes), la de quienes, al son de las percusiones, recitan sus versos recurriendo a la memoria. Así lo ha testimoniado el poeta Arthur Rimbaud en una de sus cartas, desde Abisinia, mientras se abría camino en el África profunda, mediante la redacción de un informe geográfico publicado en 1884 por la Sociedad de Geografía. Se trata de la “Relación sobre el Ogaden” donde el poeta francés, que si bien abandona la literatura pero no así la escritura, refiere sobre algunos herreros ogadinos que deambulan entre las tribus, fabricando hierros para lanzas y puñales. Según lo aseveró el autor de Iluminaciones, “en su comarca estos hombres no conocieron, al parecer, ningún mineral”.

Sobre estas tierras de hierbas altas, con zonas pedregosas que en aquellos años eran recorridas por exploradores y aventureros, Rimbaud testimonió sobre el modo de vida de aquellos hombres, por lo general se trataba de “musulmanes fanáticos. Cada campamento tiene su Imán, que canta la oración en las horas debidas. En cada tribu se encuentran los wodads (letrados); conocen el Corán y la escritura árabe y son poetas improvisadores”.

Se tratan de textos que trascienden el entorno, en el que los cronistas son por un momento testigos mudos de realidades ajenas, pero cuyas percepciones nos acercan a esos otros planos de la realidad, y ante lo cual solo cabe la gratitud sincera por haber compartido con palabras aquello cultivado por la memoria.

Tal vez sea por este motivo que vinculo estas crónicas, históricamente los exploradores se abrieron paso en medio de lo desconocido, y con sus escritos visualizaron realidades que solo tenían lugar en los mitos, desde la época de Rimbaud muchas cosas cambiaron al momento de reportar sobre culturas lejanas, y para ejemplo tenemos la historia de Antonio Aguilar, que estuvo en ese desierto y que viajó en ese tren, acercándonos por un momento los tiestos de un mundo que apenas caben en palabras.

Estuve allí, desde aquí, imaginando las ráfagas de viento del Sahara, mientras en algún rincón oscuro del último vagón un músico deja que su tambor lo lleve de regreso a casa.


Bibliografía consultada: El nómade: cartas de Jean Arthur Rimbaud en Abisinia / Jorge Monteleone. Buenos Aires : Adriana Hidalgo Editora

Abyssinia: revista de poesía y poética / Eudeba, Universidad de Buenos Aires, noviembre de 1999.

El tren mas largo del mundo / Antonio Aguilar

Nota: Se recomienda consultar el blog de Antonio Aguilar: “Historias de nuestro planeta”:
http://www.historiasdenuestroplaneta.com/ donde podrán encontrar muchas otras historias. Las imágenes seleccionadas corresponden a dicho espacio.

Versión para El Orejiverde:
http://www.elorejiverde.com/el-don-de-la-palabra/2885-sonidos-de-tambores-en-el-tren-de-hierro

Notas relacionadas:

Los tambores sagrados de Burundí

Máscaras, tambores y chamanes en Burkina Faso

Boniface Ofogo, la voz de los Ancestros

El África profunda en las fotografías de Leonce Raphael Agbodjelou
http://www.elorejiverde.com/el-don-de-la-palabra/1347-el-africa-profunda-en-las-fotografias-de-leonce-raphael-agbodjelou

jueves, 13 de julio de 2017

Entrevista a Santiago Pacek, estudiante de Bibliotecología del ISFD yT N° 35 de Monte Grande, Buenos Aires, Argentina




Santiago Pacek es estudiante del último año de la Tecnicatura Superior en Bibliotecología en el Instituto Superior de Formación Docente y Técnica N° 35 de Monte Grande, Buenos Aires, Argentina. Tiene 30 años y vive en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Desde 2009 a 2011 participó del programa radial “La cocina de la cosa inadvertida” que se emitía desde FM Los Molinos 90.7, emisora del Colegio Superior Victoria de  la localidad de Glew. Ha participado en dos antologías de cuentos cortos publicadas por Editorial Dunken. En 2016 participó de la realización de la segunda experiencia de Biblioteca Humana del país por medio de un proyecto de intervención cultural realizado en el marco de la cátedra de Administración y Gestión de Unidades de Información II.

Entrevistador: Daniel Canosa
- ¿Por qué la Bibliotecología?

Mi acercamiento a la bibliotecología fue puramente azaroso. Luego de haber incursionado en diferentes carreras que abandoné, algunas a pocas semanas del comienzo, un conocido que había estado en esa situación me recomendó la tecnicatura. Al principio, lo que me atrajo de la carrera fue la modalidad semi-presencial y la posibilidad de entrar en un mundo totalmente novedoso para mi. A medida que fue pasando el tiempo fui adquiriendo un interés por la materia y sus relaciones, derivaciones y alcances.

- Antes de descubrir la profesión ¿ha frecuentado la consulta en bibliotecas? ¿Ha manifestado afición por la lectura, por alguna expresión artística, literaria o cultural en particular?

En alguna ocasión, para alguna tarea escolar, he concurrido a la biblioteca popular del barrio. Pero, desde que tengo acceso a una computadora y las posibilidades que brinda Internet, debo confesar que no he frecuentado  bibliotecas salvo para casos muy puntuales. Desde siempre tuve afición por el arte en general, y por la literatura y la música más particularmente.

- Dos preguntas en una ¿Cuál fue el libro que más lo influenció? y ¿Qué está leyendo actualmente?

El libro que más me influenció fue el Manifiesto Comunista de Karl Marx. Ahora estoy leyendo una novela, Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal

- ¿Cómo definiría a un bibliotecario?

Es la pregunta sin respuesta. O, mejor dicho, la pregunta con mil respuestas. Dejando de lado los diferentes perfiles que un bibliotecario puede adoptar, y para completar las etiquetas genéricas actuales tales como “profesional de la información” o “gestor de información”, considerando a la biblioteca como un servicio, definiría a un bibliotecario como un servidor social con aptitud para adaptarse a los cambios constantes y para actuar en un contexto interdisciplinario y, fundamentalmente como un formador de usuarios, (sin el cual no existiría la profesión). Quisiera aclarar que me refiero tanto a la formación entendida como facilitadora y proveedoras de herramientas y conocimientos como a la formación referida a la creación o generación de usuarios.

- ¿Qué opina del rol social del bibliotecario?

Creo que la función social que se puede ejercer desde las bibliotecas tiene dos lecturas que vendrían a ser, cliché de por medio, dos caras de una misma moneda. Por un lado,  el contexto (en el más general sentido del término) en el cual se desarrolla hoy la actividad hace necesario un reposicionamiento del bibliotecario. Es más bien un instinto de supervivencia que se institucionaliza desde las directivas y constantes llamados de las organizaciones rectoras (IFLA, etc.) y los teóricos hasta en las pequeñas y espontáneas formas que puede tomar en las bibliotecas populares y públicas. Por otro lado, este nuevo rol, permite al bibliotecario tender lazos con las comunidades y así crear nuevos espacios de participación y generar nuevos servicios que revalorizan la profesión y que sirven de eje para sostener la necesaria y promisoria interdisciplinariedad. 

- Con respecto al plan de estudios de la carrera ¿Considera que sus contenidos favorecen la adquisición de conocimientos y desarrollo de habilidades vinculados al rol social del bibliotecario?

En mi caso particular, al ser una carrera técnica, el eje está puesto en esta parte. De todos modos, desde las cátedras que abordan aquella temática tuve acceso a contenidos sumamente interesantes y participación en experiencias muy fructíferas en el campo mismo de la acción.


- Se habla frecuentemente de un cambio de paradigma dentro de la profesión (pasando del paradigma de la información al de la comunicación), según su enfoque particular, ¿Percibe ese cambio en el tratamiento docente de cada materia?

Nuevamente, al ser una tecnicatura, hay un alto porcentaje de contenidos teóricos y técnicos. Pero desde las materias que permiten un abordaje de aspectos comunicacionales, los programas de las cátedras y, fundamentalmente, los profesores fomentan y animan el desarrollo de estas habilidades con propuestas curriculares y extracurriculares, con proyectos y actividades aplicadas dentro y fuera del aula generando encuentros con los ámbitos por los cuales transcurre la profesión.

-En el caso que, promovido por el docente, haya realizado una práctica académica o pasantía en alguna unidad de información ¿Considera que los conocimientos adquiridos fueron suficientes para desempeñarse en tales prácticas? ¿Qué conocimientos tuvo que aplicar?

En mi caso particular, he cumplido una de las dos prácticas profesionales previstas por el plan de estudios. Dicha experiencia fue realizada en una biblioteca que por su colección especializada y tipo de usuario particular revestía características muy concretas y que podría definir como de modalidad tradicional. En esta experiencia me pude desenvolver con facilidad y aplicar los conocimientos y habilidades técnicas adquiridas hasta ese momento.
Asimismo, dentro del programa de la cátedra de Administración y Gestión de Unidades de Información II tuve la oportunidad de participar en la gestación y aplicación de un proyecto de intervención cultural y social en el marco de una biblioteca popular que me permitió aplicar todo tipo de conocimientos y habilidades comunicativas y de gestión.

- ¿Considera que la bibliografía utilizada en materias relacionadas con tecnologías de comunicación e información se encuentra actualizada? ¿Considera válido el equilibrio entre teoría y práctica en relación a los conocimientos técnicos impartidos en la carrera?

Si bien el campo de las TICs está en constante transformación y evolución y es muy difícil que un plan de estudios se mantenga actualizado, mucho más difícil aún es para uno perteneciente al que considero vapuleado sistema educativo argentino. Con respecto a la bibliografía utilizada en las materias relacionadas a este ámbito, considero que se acerca mucho a cubrir una parte de lo que ocurre hoy en día aunque no con la profundidad y actualidad que uno desearía. Sí nos encontramos, alumnos y profesores, con  graves problemas para acceder a espacios de práctica con edificios y equipos que se acerquen remotamente a lo que deberíamos para consolidar una educación óptima en este aspecto.

-¿Suele participar en listas bibliotecarias? ¿Considera interesante el nivel de los debates?

Francamente, no he participado en lista ni debates dentro de ese tipo de contexto.


-Como estudiante ¿Presenció en el aula un debate / clase/ conversación /comentario / reflexión y/o contenido sobre la necesidad o no de contar con sindicatos / gremios / asociaciones en temas relativos a derechos laborales? En caso que la respuesta resulte negativa ¿Considera de utilidad profesional que el docente favorezca espacios de discusión y debate sobre estas temáticas?

Una profesora es miembro, bastante activo por cierto, de ABGRA (Asociación de Bibliotecarios Graduados de la República Argentina) y ha promovido y dado lugar a charlas y debates sobre los alcances de la organización. Aún así, creo que es escaso el lugar que se le brinda a este tipo de temáticas.  El tema de los derechos laborales y las organizaciones gremiales y sindicales es un tema con mucha tela para cortar y me resulta necesario de abordar en este y en cualquier ámbito estudiantil y profesional.

-El concepto de neutralidad en la profesión ha dividido las aguas ante las problemáticas sociales y políticas que inciden en alguna medida en el contexto bibliotecario, según lo vivenciado como alumno/a de la carrera ¿desde el aula, recuerda si algún docente ha interpelado y/o analizado esta cuestión?

Con respecto al concepto de neutralidad en la profesión se ha abordado en la carrera desde diferentes cátedras e, incluso, con distintas perspectivas. Es decir, una perspectiva sindical o, mejor dicho, gremial, tomando como referencia la Asociación Bibliotecarios Graduados de la República Argentina (ABGRA) y debatiendo sobre la ingerencia de los bibliotecarios en los asuntos relacionados a las políticas para el desarrollo de la profesión en el país. Por otro lado, y en mayor medida, se ha dado el debate sobre la supuesta neutralidad de la profesión desde las cátedras que permiten un estudio y análisis del lugar que ocupa (o pretende ocupar) la bibliotecología en un contexto como el actual que obliga a los bibliotecarios a repensar ese lugar como así también los servicios y la relación con el usuario y el entorno social, cultural, económico y político.

-¿Como percibe a la bibliotecología en contextos interdisciplinarios? ¿Resulta visible? ¿Siente que la carrera le otorga elementos para dar respuestas a problemáticas sociales que otras disciplinas sí ofrecen? (ejemplo inclusión social, problemáticas de minorías sociales, desastres ambientales, conflictos bélicos, problemáticas jurídicas, etc.)
 
En un mundo globalizado (con todo lo que esto significa)  la transversalidad de la bibliotecología en relación a otras disciplinas es, a esta altura, un hecho de necesidad.  No hay posibilidad de desarrollo fuera de un contexto interdisciplinario porque las necesidades que debemos satisfacer y los servicios que pretendan atenderlas así lo requieren. Creo que esto es más evidente que visible, sólo por una cuestión de perspectiva.
En el instituto en el que curso la carrera, de un tiempo a esta parte, desde las cátedras que permiten un abordaje más transversal y, sobre todo, por parte de algunos profesores, tuve acceso a materiales y noticias de experiencias relacionadas con esto (por ejemplo, el trabajo de bibliotecas europeas en relación a las comunidades de exiliados o, en Sudamérica, con los Parques Bibliotecas en Medellín, Colombia) y, como dije más arriba, participé en experiencias de intervención cultural muy interesantes y fructíferas. De todos modos, seguramente una mayor orientación desde el plan de estudios en estas cuestiones fomentaría el desarrollo de elementos muy útiles.

-¿Recuerda en alguna clase que el docente haya abordado cuestiones vinculadas a bibliotecas en contextos sociales vulnerables? (comunitarias, rurales, campesinas, indígenas, carcelarias o de temas relativos a minorías, desplazados sociales, multiculturalidad, comunidades sexuales, bibliotecas humanas, etc.)

Siguiendo la línea de la respuesta anterior, se han abordado estas temáticas de manera general y en la mayoría de los casos con ejemplos en otros países.

-Si le fuera dado proponer modificaciones en los planes de estudio de la carrera ¿En que aspectos técnicos y/o humanísticos focalizaría su atención? ¿Favorece la institución académica escenarios de discusión y debate que habiliten posteriormente la concreción de dichas propuestas por parte de los alumnos?

Mis críticas (en el buen sentido de la palabra) se relacionan, justamente, con estos temas que se han tratado. Creo que una orientación con mayor fundamentación en el rol social de la biblioteca nos permitiría una inserción laboral, particularmente, y, en general, en el contexto político, económico, cultural y social en el que se encuentra el mundo con más y mejores herramientas. Con respecto a los contenidos técnicos de los programas de las materias relacionadas con las TICs y los espacios de práctica, estamos, creo, muy atrasados.
Con respecto a la posibilidad de acercar propuestas o participar de un debate sobre estas cuestiones, el sistema educativo prevé una instancia de debate institucionalizada en los denominados CAI (Consejo Académico Institucional). En la institución a la que pertenezco se creó un Centro de Estudiantes hace algunos años promovido por un grupo de alumnos y que se encuentra en pleno proceso de crecimiento de modo que la participación de los estudiantes en este tipo de instancias, por lo menos en dicha institución, aún es incipiente y mínima.

-Se habla frecuentemente de la lenta desaparición del libro impreso, incluso en foros de bibliotecología, en su caso como estudiante ligado permanentemente a la utilización de dispositivos físicos, digitales y/o virtuales ¿Qué le provoca esta situación?

La aparición y proliferación del e-book (para tomar un ejemplo) interfirió en todos los aspectos  (producción, comercialización, uso, etc.) que intervienen en el mercado editorial. Y  es evidente que se ha producido un fenómeno con características revolucionarias. Sin embargo, no creo que el libro impreso vaya a desaparecer. Las posibilidades que traen consigo estos dispositivos son muchas. Pero, al igual que el nacimiento de plataformas del estilo de Netflix o Spotify no han vuelto obsoleto al cine o al disco físico (existe hoy día un reflorecimiento del disco de vinilo), no creo que al libro le quepa ese destino. Por lo menos, por un buen tiempo. Sin entrar en detalles, las diferentes aplicaciones y posibilidades que otorgan los diferentes formatos y soportes y los distintos tipos de usuarios a los cuales sirven, o tienen posibilidad de servir, auguran una convivencia pacífica y, por sobre todo, complementaria. Creo que allí está la clave.

Muchas gracias Santiago.
Daniel Canosa.

Nota: La entrevista de Santiago Pacek a sido publicada en la edición del número 48 de Fuentes perteneciente a la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia.

domingo, 9 de julio de 2017

Interpelación crítica de la formación profesional en Bibliotecología: el contexto social desde la visión estudiantil


A modo de prólogo...

Junto con esta primera entrevista se inicia una propuesta que pretende habilitar un espacio crítico para los alumnos de Bibliotecología en Argentina, que estén cursando actualmente la carrera o finalizando sus estudios en sus respectivos espacios educativos.

El propósito es profundizar en algunos interrogantes que permitan evaluar la formación bibliotecaria sin dejar de lado cuestiones relativas al contexto social de la profesión.

El criterio de selección de los alumnos entrevistados se ha basado en recomendaciones subjetivas por parte de docentes de la carrera, pertenecientes a diversas instituciones académicas, en general alumnos destacados, quienes reflexionarán a través de las preguntas sobre temas relativos a la formación profesional, incluyendo aspectos éticos, políticos y legales del contexto social de la disciplina. Se busca determinar un espacio que favorezca incluso cuestionar el actual escenario educativo, para de este modo encontrar elementos que nos autoricen analizar, desde nuestras posibilidades, lo que día a día se genera en las aulas.

De alguna manera se trata de una construcción, una interpelación crítica de nuestro ámbito de formación profesional, que estimo será de mucha utilidad para los docentes.
Lo que se pretende es abrir espacios y plantear escenarios donde puedan articularse ideas que nos permitan la posibilidad de refutar o corroborar  nuestras certezas, enraizadas en buena parte dentro del actual cambio de paradigma de la información a la comunicación.

La propuesta es también una posibilidad de otorgar una voz a quienes se encuentran finalizando sus estudios, que puedan expresarse en el mismo espacio en que lo hace diariamente un colega titulado.

Por tal motivo considero que la docencia es un lugar privilegiado. Las puertas de las aulas están abiertas. Prestemos atención, de aquí en más, lo que los alumnos tienen para decirnos.

Daniel Canosa
Bibliotecólogo. Docente-Investigador

Nota:

Las entrevistas, aproximadamente 30 en total, serán publicadas a lo largo de 2017 en dos espacios alternativos: la Revista Fuentes, perteneciente a la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia y el blog Que sabe quien (http://librosvivientes.blogspot.com.ar/). Se prevé elaborar, para marzo de 2018, un informe final con un análisis de las entrevistas pautadas con los alumnos.

Los alumnos entrevistados cursan actualmente en los siguientes espacios educativos:

Instituto Superior de Formación Docente y Técnica N° 35 Vicente D’Abramo - Montegrande.
Instituto Superior Formación Docente y Técnica Nº 56 - González Catán
Instituto de Formación Técnica Superior N° 13 – Ciudad Autónoma Buenos Aires
Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA) - Ciudad Autónoma Buenos Aires
Universidad Nacional de La Plata (UNLP) – Ciudad de La Plata
Biblioteca Nacional Mariano Moreno - Ciudad Autónoma Buenos Aires

Un especial agradecimiento a los docentes Mirta Pérez Díaz, Alejandro Parada, Marcela Fushimi, Ana Sanllorenti, Raúl Escándar y Maria Angela Silvetti por la información brindada.

Entrevista a Eliana Noemí Macias, estudiante de Edición y Licenciada en Bibliotecología de la Universidad de Buenos Aires, Argentina


Noticia biográfica

Eliana Macias es Licenciada en Bibliotecología y Ciencia de la Información con orientación en Archivología (Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires). Actualmente estudiante de la carrera Edición de la misma facultad. En 2010, ayudante en el proyecto de catalogación de la biblioteca personal de Carlos M. Mayer (Biblioteca Max von Buch, Universidad de San Andrés). Bibliotecaria ad honorem, de 2010 a 2012, en la Biblioteca Su Alteza Imperial Príncipe Akishino (Instituto Privado Argentino Japonés Nichia Gakuin). Asistencia en recomendaciones archivísticas y de preservación documental en el Archivo de la Asociación Japonesa en la Argentina (AJA). Archivista en el Archivo General de la Armada, desde 2012 hasta la fecha.

Entrevistador: Daniel Canosa

- ¿Por qué la Bibliotecología? 

Opté por estudiar Bibliotecología por la mayor salida laboral que representaba. Siempre me gustó escribir ficción, y cuando estaba terminando la escuela secundaria pensaba estudiar Letras. Precisamente hablé con una Licenciada en Letras por la Universidad de Buenas Aires (UBA) y tras manifestarle mi inquietud resolví que, por un lado, escribir se aprende escribiendo y yendo a talleres y, por el otro, probar con Bibliotecología por la amplia salida laboral que ofrece sería la mejor opción. Cuando entré a la carrera ―2008, con el Ciclo Básico Común (CBC)―, no era una carrera muy conocida y éramos muy pocos. Más allá de eso, no me arrepiento de mi elección: descubrí mi vocación de servicio y el vínculo que puede crearse entre el profesional de la información y el usuario.

- Antes de descubrir la profesión ¿ha frecuentado la consulta en bibliotecas? ¿Ha manifestado afición por la lectura, por alguna expresión artística, literaria o cultural en particular?

Cuando estaba en la escuela primaria, un par de veces mi papá me acompañaba a la biblioteca del colegio fuera del horario de clase para retirar algún libro. Pero esa experiencia duró poco: en mi casa tenemos gran cantidad de libros de todo género y por eso nunca desarrollé el hábito de ir a una biblioteca. Para ser sincera, la primera vez que fui a una biblioteca por mi propia cuenta fue una vez iniciada la cursada de la carrera, para sacar mi carnet en la Biblioteca Central de la facultad.
Desde que tengo conciencia, leí siempre. Leía todo lo que me cayera en las manos y me interesara: revistas, libros, comics, manga. Mi incursión en la literatura comenzó teniendo yo doce años, escribiendo cuentos que sólo leía mi hermana menor. Participé por primera vez en un taller literario municipal el mismo año que cursé el CBC. Actualmente estoy trabajando mi primera novela en el Taller de Corte y Corrección, coordinado por Marcelo di Marco.

- Dos preguntas en una ¿Cuál fue el libro que más lo influenció? y ¿Qué está leyendo actualmente?

Es difícil decantarse por un solo libro. En ficción, La colina de Watership, de Richard Adams (una historia contada desde el punto de vista de los conejos); El misterio del cuarto amarillo, de Gastón Leroux (el inicio de mi fiebre por las novelas policíacas, que me convirtió en seguidora de Agatha Christie); la saga Camelot, de Terence Hanbury White, y mi consecuente enamoramiento de la leyenda artúrica. En cuanto a libros de no ficción, siempre me gustó la historia antigua ―Grecia, Roma―, lo cual me llevó a leer obras sobre el tema. Esto derivó en mi actual pasión por las novelas históricas (Valerio Massimo Manfredi, Ben Kane, Christian Cameron, Massimiliano Colombo, Santiago Posteguillo).
Ahora estoy leyendo dos libros: El corazón de piedra verde, de Salvador de Madariaga; y Las maravillas del mundo antiguo, de V.M. Manfredi. A veces tengo la necesidad de “evadirme” del caótico mundo actual disfrutando de otros mundos, caóticos a su manera. 

- ¿Cómo definiría a un bibliotecario?

Un bibliotecario debe ser un servidor de información, un guía para el usuario. Debería despegarse de la idea del “empleado remunerado” que trabaja en una unidad de información. Es esencial que tome conciencia de toda la cadena de trabajo: desde la adquisición de los materiales para la colección, hasta el trato directo con el usuario. Sólo deberían ser bibliotecarios quienes tengan vocación de servicio. Incluso permanecer horas en una oficina catalogando y clasificando, sin entrar en contacto con el público, tiene un objetivo que trasciende esa tarea: todo debe hacerse pensando en el usuario, en la persona o institución que se presentará en nuestra biblioteca con una necesidad de información y que deberemos resolver de la mejor manera posible.

- ¿Qué opina del rol social del bibliotecario?

Mi idea del bibliotecario como agente con vocación de servicio apunta a desempeñar ese rol social. Tomé conciencia de eso trabajando en un archivo de la administración pública, donde tenemos una pequeña colección de libros de acceso público pero que carece de instrumentos que faciliten al usuario su acercamiento. Esta situación, generada por gestiones previas que no tenían los recursos necesarios o desconocían la importancia de contar con un catálogo, me moviliza para actuar en consecuencia. Cualquier proyecto que se presente debe tener como eje a la sociedad y al perfil de usuario definido por la institución. En nuestro archivo de la Armada Argentina atendemos no sólo a personal de las Fuerzas Armadas, sino también a cualquier ciudadano que nos manifieste una inquietud. Y ambos perfiles de usuario son atendidos de igual manera y con la misma calidad.

- Con respecto al plan de estudios de la carrera ¿Considera que sus contenidos favorecen la adquisición de conocimientos y desarrollo de habilidades vinculados al rol social del bibliotecario?

El plan de estudio de Bibliotecología funciona como un empujón, el inicio para que el estudiante avance por su propia cuenta. La formación es completa en el sentido de que abarca múltiples ámbitos en los que se desempeña un bibliotecólogo / profesional de la información. Por el perfil con que se sale de la UBA, pienso que nuestro mejor aprovechamiento es en bibliotecas especializadas y de universidades. Es positivo que el eje de la formación en la carrera sea el usuario. Las prácticas profesionales son una oportunidad para estimular el rol social, aunque está en cada uno desarrollar el compromiso.


- Se habla frecuentemente de un cambio de paradigma dentro de la profesión (pasando del paradigma de la información al de la comunicación), según su enfoque particular, ¿Percibe ese cambio en el tratamiento docente de cada materia?

Los contenidos técnicos son transmitidos considerando el eje “usuario”. En materias de carácter más social, como Servicio de referencia e información, es sencillo detectar el contenido orientado a la comunicación. Pero en materias como Principios de catalogación y Clasificación del conocimiento, es importante que los docentes no pierdan de vista el “para qué” de la formación técnica: es decir, que rutinas técnicas ―procesamiento de la información― estén pensadas en el usuario. Esto se aplica también en las materias de preservación y conservación ―conservar para difundir―. Lo mismo debe suceder con materias del área de tecnología de la información. Cuando cursé la carrera, los docentes tenían en cuenta no perder de vista al usuario como guía para tareas como elaborar un catálogo y sus descripciones bibliográficas, o registros computarizados para un catálogo en línea. Registrar para controlar sólo tiene sentido si se puede comunicar esa información.

-En el caso que, promovido por el docente, haya realizado una práctica académica o pasantía en alguna unidad de información ¿Considera que los conocimientos adquiridos fueron suficientes para desempeñarse en tales prácticas? ¿Qué conocimientos tuvo que aplicar?

La primera práctica académica que hice fue en la biblioteca del Instituto de Investigaciones Gino Germani (Facultad de Ciencias Sociales, UBA), y la segunda ―para la licenciatura― en el Archivo General de la Nación. El impacto inicial es la “bajada a tierra” después de cursar años en la facultad, porque se nota el paso de la teoría a la práctica. Todo lo asimilado en la facultad constituye una base para despertar al “practicante” y desarrollar iniciativa y creatividad. A veces, tenía la sensación de que no estaba aplicando la totalidad de lo visto en las materias. Pero eso encuentra lugar con los años y en el campo laboral, lo cual demuestra que ningún conocimiento está de más.
En la biblioteca, tuve que inventariar, catalogar y clasificar libros y revistas científicas. También, atender usuarios y realizar búsquedas en el catálogo, y compartir recursos en redes de la región. Esto último me enseñó el alcance y el valor que tiene compartir recursos entre bibliotecas del mundo. En el archivo, había gran cantidad de documentos para describir y elaborar un catálogo para el público: cartas manuscritas, actas. En este caso, los conocimientos de Archivología son esenciales pues el trabajo con libros y documentos de archivo es diferente. Lo bueno de las prácticas es que ayudan a terminar de aprender ―“cerrar” lo asimilado teóricamente― y otorga una experiencia inicial para aplicar en un trabajo diario. La formación académica es sólo la punta del iceberg, un puntapié para que cada profesional continúe creciendo.

- ¿Considera que la bibliografía utilizada en materias relacionadas con tecnologías de comunicación e información se encuentra actualizada? ¿Considera válido el equilibrio entre teoría y práctica en relación a los conocimientos técnicos impartidos en la carrera?

Repasando la bibliografía de una de las materias del área de tecnología de la información, es curioso ―aunque no llama la atención― que aún siga vigente un texto de 2003 que plantea los problemas de la automatización en unidades de información de nuestro país. Hay muchas obras de los ’90 y posteriores que tratan cuestiones teóricas sobre el tema, textos atemporales ya que rondan el espíritu bibliotecológico. La actualización se manifiesta, en el caso de Automatización en unidades de información, en los sistemas automatizados de gestión bibliotecaria que se enseñan a los estudiantes. Es importante que se trabaje con tecnologías de uso actual en las bibliotecas del país y del mundo, sobre todo si se piensa en el intercambio de información a nivel internacional. Esa materia la cursé en 2010, y en su momento vimos varios sistemas de uso corriente. Pero cuando comencé a trabajar en una biblioteca cuya colección era 90 % de obras en japonés, se presentó el problema de los caracteres para lograr un registro bibliográfico adecuado a los usuarios. Ante esa situación, pensé en lo útil que sería que en la facultad se trabajara con software compatible con lenguajes no occidentales para migrar registros.
Recursos de información en redes globales es la segunda materia del área tecnológica ―tramo de formación profesional básica―, cuya bibliografía teórica tiene las mismas características que Automatización. La principal diferencia es la idea de “red”: una dimensión trabajada de manera que los estudiantes tengan un pantallazo de nivel teórico, pero que deja de lado algo clave hoy en día. Bibliotecas y archivos tienen un espacio en las redes sociales, en las que interactúan con los usuarios: este contenido no se ve reflejado en la bibliografía de la materia. Desconozco si en materias de la licenciatura se trabaja con esas herramientas, al alcance de toda unidad de información.
Entre la teoría impartida en las clases y la práctica que se encuentra en el puesto de trabajo, siempre hay una brecha, al principio abrumadora pero no imposible de enmendar. La situación presupuestaria y de gestión de bibliotecas y archivos hace más o menos notoria esa diferencia. Sigo sosteniendo que los conocimientos técnicos de la carrera funcionan como una base sobre la que el egresado debe construir su saber: capacitándose y actualizándose por fuera de la enseñanza formal o académica.

-¿Suele participar en listas bibliotecarias? ¿Considera interesante el nivel de los debates? ¿Cómo percibe en dicho espacio la recepción de temas políticos?

La única lista bibliotecaria en la que participo, por fuera de los grupos armados en la carrera, es la de ABGRA ―Asociación de Bibliotecarios Graduados de la República Argentina―. La uso para recibir novedades, no suelo participar activamente. Los debates no son de mi interés, pues soy consciente de la cantidad de “opinólogos” que abundan en la web, sobre todo en materia política. Valoro más la convocatoria a una charla que signifique un aporte a nuestra profesión, que un debate generado por un dicho o una acción política, nos afecte o no. Pienso que nuestro deber es actuar para cambiar la realidad. Es muy desagradable encontrarse en una lista de profesionales con discusiones más propias de un partido de fútbol. ¿Qué podemos hacer para cambiar para bien?: esa es la cuestión, no generar tensión entre los miembros de la lista. 


-Como estudiante ¿Presenció en el aula un debate / clase/ conversación /comentario / reflexión y/o contenido sobre la necesidad o no de contar con sindicatos / gremios / asociaciones en temas relativos a derechos laborales? En caso que la respuesta resulte negativa ¿Considera de utilidad profesional que el docente favorezca espacios de discusión y debate sobre estas temáticas?

No recuerdo haber presenciado en las clases debates sobre cuestiones sindicales vinculadas a nuestra profesión. Quizás algún comentario cuando nos recomendaron suscribirnos a la lista de correo de ABGRA. Pero no me parece oportuno que los docentes incluyan en el espacio de enseñanza temas de otra área: nuestros derechos laborales tienen su propia arena, y la formación del profesional de la información trasciende esas cuestiones. Un salario no debería condicionar el rol social de ningún profesional, ambas cuestiones van por carriles diferentes. De lo contrario, sería una falta de respeto hacia quienes nos comprometemos a servir.


-El concepto de neutralidad en la profesión ha dividido las aguas ante las problemáticas sociales y políticas que inciden en alguna medida en el contexto bibliotecario, según lo vivenciado como alumna de la carrera ¿desde el aula, recuerda si algún docente ha interpelado y/o analizado esta cuestión?

La supuesta neutralidad de nuestra profesión, claro está, es inexistente en un mundo en el que la información es un recurso estratégico para toda clase de organización social y política. Los profesores de la carrera ―por lo menos en los años que yo cursé― han puesto el acento en la delicada posición en la que se encuentra un profesional de la información. Pero mayor es la tensión en el caso de los archivos, donde cuestiones políticas o vinculadas al poder son elementos de   análisis para la licenciatura: entender los engranajes de la burocracia, el funcionamiento de las relaciones de poder y su cristalización ―o no― en documentos que son objetos estudiados desde la Archivología y la Diplomática. En mi opinión, trabajar en un archivo lo expone más a uno a los avatares socio-políticos que en una biblioteca. Sin embargo, una vez escuché una excelente definición sobre el día a día de un bibliotecario: a veces, es una lucha por el dinero y el poder (presupuesto y que alguien se interese por que la biblioteca cumpla su función). En las clases, los profesores sí han expuesto la importancia de una buena gestión bibliotecaria en todos los niveles, atendiendo al contexto de la unidad de información. Esto vinculado a la brecha digital, por ejemplo, cuestión pendiente de resolver y a la que los bibliotecarios no son ajenos. Algo que no recuerdo haber escuchado en las clases, por lo menos no con suficiente fuerza, es la necesidad de que los bibliotecarios acuerden planes o estrategias de algún tipo junto con maestros para que, desde los niveles iniciales en las escuelas, se valore a la biblioteca ―”sin muros”― como uno de los espacios de difusión del   conocimiento.   A veces, suele banalizarse la importancia de nuestra   profesión reduciéndola a una mera actividad remunerada, actitud que deja vulnerable a la sociedad en su conjunto ―ciudadanos con derecho a acceder a la información―. Grave sería si los actuales planteamientos del sector docente en nuestro país se extrapolaran a la actividad bibliotecaria.

-¿Como percibe a la bibliotecología en contextos interdisciplinarios? ¿Resulta visible? ¿Siente que la carrera le otorga elementos para dar respuestas a problemáticas sociales que otras disciplinas sí ofrecen? (ejemplo inclusión social, problemáticas de minorías sociales, desastres ambientales, conflictos bélicos, problemáticas jurídicas, etc.)

Lo que me fascinó de la bibliotecología es que funciona como el “detrás de escena” de todas las demás disciplinas. Esto se ve en las bibliotecas especializadas, y en la posibilidad que tienen los profesionales de la información de insertarse en prácticamente cualquier proyecto, puesto que la información es un recurso estratégico para capturar, administrar y explotar. Cursando la carrera de Edición, descubrí que allí también hay espacio para la bibliotecología, ya que la edición de libros y revistas representa la elaboración de la materia prima de que hace uso la ciencia de la información.
Sin duda, la bibliotecología brinda herramientas y condiciona la perspectiva de tratamiento a la hora de encarar problemáticas sociales: pensar en el otro que necesita una respuesta o una guía para satisfacer una necesidad. En mi caso, se me ocurre el tema de las investigaciones en materia de derechos humanos, para lo cual el Archivo General de la Armada cuenta con documentación clave y requiere personal capacitado para atender los requerimientos de información.

-¿Recuerda en alguna clase que el docente haya abordado cuestiones vinculadas a bibliotecas en contextos sociales vulnerables? (comunitarias, rurales, campesinas, indígenas, carcelarias o de temas relativos a minorías, desplazados sociales, multiculturalidad, comunidades sexuales, bibliotecas humanas, etc.)

Bibliotecas ambulantes, en cárceles y ejemplos semejantes fueron tratados cuando analizamos la cuestión de la “biblioteca sin muros” y las modalidades que puede adoptar una unidad de información. Abordar ese tema resultó útil pues, cuando comencé a ayudar en la biblioteca de un colegio argentino-japonés, surgieron ideas con los compañeros de trabajo para ampliar la llegada de la colección. El desarrollo de ideas para aplicar en contextos sociales vulnerables sería un buen ejercicio para incorporar en alguna materia de la carrera, incluyendo el aprovechamiento de las redes sociales.

-Si le fuera dado proponer modificaciones en los planes de estudio de la carrera ¿En que aspectos técnicos y/o humanísticos focalizaría su atención? ¿Favorece la institución académica escenarios de discusión y debate que habiliten posteriormente la concreción de dichas propuestas por parte de los alumnos?

En cuanto a aspectos técnicos del plan de estudio de Bibliotecología, es básico la actualización de normas y estándares internacionales. No creo que haya problemas con eso, lo que sí debería hacerse es un censo de la situación de todas y cada una de las unidades de información del país. Con esos datos podría trabajarse en la carrera para pensar propuestas de mejora y diseñar proyectos. Esto debería articularse con el área tecnológica ―junto con otras áreas: administración, servicios―, la cual debe estar al día siguiendo ejemplos de regiones más avanzadas. Pienso en la Biblioteca “Su Alteza Imperial Príncipe Akishino”, del colegio Nichia Gakuin, cuya atención estaba a cargo de una sola persona y que no atendía todos los días. Con un grupo de estudiantes de la carrera iniciamos tareas de voluntariado hasta lograr que la biblioteca abriera casi todos los días de la semana, aunque en horario acotado. Allí volcamos todo lo aprendido en la carrera y sacamos ideas de aquí y de allá. Casos como este podrían replicarse en otras bibliotecas y archivos con recursos limitados, cuyo destino podría estar en manos de futuros egresados de nuestra carrera.
Las listas de correo de la carrera y el Departamento de Bibliotecología son canales abiertos a las propuestas de los alumnos. Las asambleas también, como espacio de debate. Mucho más no puedo agregar ya que no participo en las asambleas.

-Se habla frecuentemente de la lenta desaparición del libro impreso, incluso en foros de bibliotecología, en su caso como estudiante ligado permanentemente a la utilización de dispositivos físicos, digitales y/o virtuales ¿Qué le provoca esta situación?

El tema de la desaparición del libro impreso es más desarrollado ―y desmitificado― en Edición. Tengo el privilegio de contar con las dos perspectivas: la bibliotecológica y la editorial. En mi opinión, los libros impresos forman parte de un “nicho” ―de mercado y como formato contenedor de información―, así como está el nicho de los e-books, por ejemplo. Con los periódicos en papel es más evidente la disminución de ventas, y el paralelo crecimiento de lectores que siguen las noticias en las redes sociales o en formato electrónico.
El caso del libro es especial. Lo que pudo haber disminuido es la tirada por título. Si se compara, el porcentaje de ventas de obras en formato electrónico continúa siendo reducido. En la práctica se ve: los “blockbuster” han desaparecido, no así las librerías “de papel” ―es más, ahora venden productos no editoriales para ampliar el ingreso por ventas―. Con información efímera, como la publicada en revistas y periódicos, puede darse el caso de que desaparezca el soporte papel. Con los libros, en mi opinión, podría suceder si se llegara al extremo del colapso del espacio físico en las diversas unidades de información. Los archivos son las primeras instituciones que están sufriendo ese problema, de ahí la necesidad y las propuestas en desarrollo que alientan la digitalización y la gestión de documentos nativos digitalmente ―con ingredientes como la firma electrónica, por ejemplo―.
Estamos en un momento “bisagra”, en el cual todavía no podemos augurar el destino certero de las publicaciones impresas. Como bibliotecóloga y empleada de un archivo, opino que los profesionales de la información deben centrarse en la adaptación de sus prácticas y de su compromiso con los usuarios en función de los cambios que vayan dándose en el mundo editorial y tecnológico. Recomiendo la lectura del artículo de Alejandro Katz, “Falsos dilemas”, publicado en Libros de México (92, febrero-abril 2009, pp. 26-29). Allí se presenta el panorama de los temores en torno al porvenir del libro y la relación con el rol del editor. Agrego que el bibliotecario / archivista también es parte de la cadena de información en la que se mueven los objetos editoriales, somos agentes transformadores. ¿Cuál es el camino que tomarán las unidades de información ante el desarrollo de las tecnologías para la información y las nuevas prácticas que desarrollarán los usuarios?

Muchas gracias Eliana.
Daniel Canosa.