Espacio que pretende resguardar voces y conocimientos desde el abordaje de la
bibliotecología. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural intangible
conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas a bibliotecarios sobre el rol social
de la profesión. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

lunes, 21 de mayo de 2018

La vestimenta que no se pudo desollar


Niall Ferguson, profesor e historiador británico, considerado en su momento una de las 100 personas más influyentes por la revista Times, compartió en su libro “Civilización: Occidente y el resto”, una serie de reflexiones entre las cuales se destaca una mención sobre el nacimiento de la sociedad de consumo, cuyo planteo ofrece una interesante paradoja en relación a las costumbres que se van modificando con el paso del tiempo. El catedrático de Harvard inicia el texto con una anécdota, que se trascribe a continuación:

En 1909, inspirado por una visita a Japón, el banquero y filántropo judío francés Albert Kahn se propuso crear un álbum de fotografías en color de gentes de todos los rincones del mundo. El objetivo, en palabras del propio Kahn, era "realizar una especie de inventario fotográfico de la superficie del mundo habitado y desarrollado por el hombre a comienzos del siglo XX". Creadas con el recién inventado proceso de la placa autocroma, las 72.000 fotografías y 100 horas de película de "los archivos del planeta" de Kahn muestran una deslumbrante variedad de aspectos e indumentarias de más de 50 países distintos: campesinos miserables del Gaeltacht irlandés, reclutas desaliñados de Bulgaria, intimidantes jeques de Arabia, guerreros desnudos de Dahomey, engalanados maharajes de la India, insinuantes sacerdotisas de Indochina, y vaqueros de mirada extrañamente impasible del salvaje oeste norteamericano. En aquel entonces, en una medida que hoy parece asombrosa, éramos lo que llevábamos puesto.

Hoy, un siglo después, el proyecto de Kahn resultaría más o menos absurdo, puesto que en la actualidad la mayoría de la gente de todo el mundo se viste de igual modo: los mismos vaqueros, las mismas zapatillas deportivas y las mismas camisetas. Hay solo un puñado de lugares donde la gente se resiste a la gigantesca apisonadora de la moda. Uno de ellos es el Perú rural. En las montañas de los Andes las mujeres quechuas todavía llevan sus vestidos y chales de vivos colores, y sus pequeños sombreros de fieltro, colocados con aire desenfadado y decorados con su insignia tribal. El único problema es que esa no es en absoluto la indumentaria tradicional quechua. Los vestidos, chales y sombreros son, de hecho, de origen andaluz, y fueron impuestos por el virrey español Francisco de Toledo en 1572, tras la derrota de Túpac Amaru. El atuendo femenino andino verdaderamente tradicional consistía en una túnica (anacu), asegurada en la cintura por una faja (chumpi), sobre la que se llevaba una capa (lliclla), que a su vez se sujetaba con un alfiler (tupu). Lo que llevan las mujeres quechuas hoy en día es una combinación de esta antigua indumentaria con la ropa que les ordenaron llevar sus amos españoles. Los populares sombreros hongos de las mujeres bolivianas vinieron más tarde, cuando llegaron los trabajadores británicos para construir los primeros ferrocarriles del país. Así, la moda actual entre los hombres andinos, que llevan ropa informal estadounidense, no es más que el último capítulo de una larga historia de occidentalización de la vestimenta.

Aquí Fergurson se pregunta ¿Qué tiene nuestra ropa que hace que otras gentes parezcan incapaces de resistirse a ella? ¿El hecho de vestirse como nosotros tiene algo que ver con que quieran ser como nosotros? Es obvio que aquí se trata de algo más que simple ropa. Se trata de abrazar toda una cultura popular que se difunde a través de la música y las películas, por no hablar de los refrescos y la comida rápida. Dicha cultura popular lleva consigo un sutil mensaje. Un mensaje que tiene que ver con la libertad, con el derecho a vestir o beber o a comer como a uno le plazca (aunque resulte ser del mismo modo que todos los demás).

Tiene que ver con la democracia, porque solo se fabrican los productos de consumo que la gente realmente quiere. Y, desde luego, tiene que ver con el capitalismo, porque las empresas han de obtener beneficios vendiendo tales cosas. Pero la ropa está en el corazón del proceso de occidentalización por una razón muy simple. La gran transformación económica que los historiadores denominaron hace ya mucho la revolución industrial -un salto cuántico en el nivel de vida material para una parte creciente de la humanidad- tuvo sus orígenes en la fabricación de tejidos. Fue en parte un milagro de fabricación en serie causado por una oleada de información tecnológica, que tuvo su origen en la anterior revolución científica, pero la revolución industrial no se habría iniciado en Gran Bretaña ni se habría extendido al resto del continente sin el desarrollo simultáneo de una sociedad de consumo dinámica, caracterizada por una demanda casi infinitamente elástica de ropa barata. La magia de la industrialización, aunque fuera algo que los críticos contemporáneos generalmente pasaron por alto, consistió en el hecho que el trabajador era también y al mismo tiempo un consumidor. El "esclavo del trabajo" también iba de compras; el proletario más humilde tenía más de una camisa y aspiraba a tener más de dos.

La sociedad de consumo resulta hoy tan omnipresente que es fácil suponer que ha existido siempre, pero en realidad es una de las innovaciones más recientes que propulsaron a Occidente por delante del resto del mundo. Su característica más asombrosa es su aparentemente irresistible atractivo. A diferencia de la medicina moderna, que a menudo se impuso por la fuerza a las colonias occidentales (el autor aborda dicha problemática en otro capítulo del libro), la sociedad de consumo es una "aplicación demoledora" que el resto del mundo generalmente ha deseado "recargarse". Incluso aquellos órdenes sociales explícitamente concebidos para ser anticapitalistas -sobre todo los diversos derivados de la doctrina de Karl Marx- han sido incapaces de evitarla. El resultado es una de las mayores paradojas de la historia moderna: el hecho de que un sistema económico diseñado para ofrecer infinitas opciones al individuo haya terminado por homogeneizar a toda la humanidad.

Hasta aquí la transcripción directa del quinto capítulo de “Civilización: Occidente y el resto”, sin dejar de lado el hecho de asumir (o indagar) que lo que históricamente el lector imaginó como algo genuino terminó siendo impuesto, es en este punto donde igualmente nos preguntamos ¿Qué hubiesen hecho los ancestros incas si Tupac Amaru no hubiese sido derrotado? ¿Alguien se hubiera imaginado a las comunidades andinas aceptando modas ajenas? Probablemente la sociedad de consumo tal como la plantea Ferguson no hubiese calado hondo en estas tierras, especialmente si consideramos que a pesar de la sistemática imposición registrada, las antiguas comunidades incas prevalecieron bajo una cultura de resistencia, visibles en algunas expresiones propias de los usos, hábitos y costumbres, entre las que se destacaron los vestidos tradicionales.

Manipulación cultural e identidad étnica

Por otro lado, no podemos dejar de remarcar el argumento sostenido por Jean-Jacques Decoster en su artículo “Identidad étnica y manipulación cultural: La indumentaria inca en la época colonial”, en donde deja en claro que la vestimenta precolonial andina - considerada una expresión semiótica de identidad - servía para expresar la pertenencia étnica y la condición (estatus) del individuo. Lo que vino con la conquista española fue un intento de homogeneización de las diferencias autóctonas a través de la imposición de una identidad indígena genérica.

Para el autor, los españoles que arribaron a estas orillas asumieron con el tiempo que las tierras bajo el control de los incas formaban un imperio cuya integridad política necesariamente acompañaba a una uniformidad étnica y cultural. De hecho, la colonización inca de la región había impuesto una unidad política, económica y, hasta cierto punto, ideológica. Pero fueron la conquista y la colonización españolas las que crearon e implementaron una identidad homogénea sobre aquella población múltiple, a través de políticas que reflejaban la percepción que los conquistadores tenían del indio como "otro" genérico. 

En este punto resulta válido el entendimiento que plantea Decoster, en el cual el uso secundario de la vestimenta empieza a tomar importancia -y su riqueza semiótica- a partir del surgimiento de sociedades pluriculturales o pluriétnicas. En situaciones de contacto o interacción cultural surge la necesidad de establecer la identidad propia y el reconocimiento inmediato del "otro" (un uniforme deportivo o militar, una túnica, un poncho), lo cual implica un proceso de identificación colectiva que se construye tanto desde adentro como desde afuera del grupo, y la identidad (citando a Barth F.) es tanto adquirida como atribuida, tanto absoluta como relativa. El poncho andino, con todas sus características de diseño y colores, al fin y al cabo sólo se puede identificar con una cierta localidad en virtual oposición o comparación con todos los demás ponchos de las demás comunidades. Identidad, para parafrasear a Derrida, sólo existe como diferencia. Sin este contraste, o fuera de contexto, el poncho se reduce a ser una manta, un abrigo, bello quizás, pero privado de su marco semiótico que informa su lugar preciso de origen.

Resulta esclarecedora la siguiente afirmación de Decoster:
Existe un aforismo en los estudios sobre identidad andina que dice que basta para un campesino abandonar su poncho y el uso del quechua para poder "pasar" como mestizo. Pero la realidad es mucho más sutil. A través del cambio de ropa, no hay trueque de identidad cultural. Más bien la identidad queda descartada. Y en este proceso de transformación cultural, el aspecto significativo no es la identidad que se adquiere: es la que se deja atrás. El individuo que sale de su pueblo y cambia su ropa tradicional por el vestido de los mestizos, se llama en quechua q'ala, desnudo. La fuerza de esta metáfora es tal, que los indígenas que viajan desde el pueblo de Q'eros al Cusco llevan encima de la ropa de su comunidad otro poncho de color plomo, similar al poncho asignado por los españoles. Este "poncho de arriba" les transforma, de q'eros fácilmente reconocibles, a una suerte de campesino genérico de las alturas. Sin embargo, no dejan su poncho q'eros en casa. Todavía lo llevan debajo de su poncho llano. El poncho es de verdad la piel social, para glosar a T. Turner, y no se la puede desollar.

Basta un ejemplo que de algún modo complementa el entendimiento de Ferguson sobre la imposición cultural manifestada en la vestimenta andina, según Decostér los conquistadores que llegaron al Cusco eran hombres solteros o solos, segundos hijos u hombres de clase baja en su propia tierra. Era imprescindible para ellos hacer alianzas matrimoniales con la nobleza local y casarse con princesas incas para mejorar su condición económica y social, y la de sus hijos mestizos. En consecuencia, para mantener su pretensión a la nobleza americana también era necesario mantener el estatus noble de los indios con cuyas hermanas se habían casado. Así, por ejemplo, a un inca y a sus descendientes, el bautismo en la fe cristiana les daba automáticamente el estatus de hidalgos y el derecho de usar el título de "don". Además, a esos miembros de la élite de la llamada República de Indios se les otorgó una serie de privilegios que vienen a ser indicios visuales de su condición de noble: llevar el uncu inca, pero también montar a caballo, por ejemplo.

Para el antropólogo francés existen indicios desde el siglo XVII que indican un cambio en el uso de la vestimenta indígena. En el lienzo guardado en la iglesia de La Compañía, en Cusco, que representa el matrimonio de la ñusta Beatriz con Martín García de Loyola, vemos que la madre de la princesa, Cusi Huarcay, lleva lo que corresponde a la vestimenta tradicional inca para mujeres de sangre real (ñañaca, lliclla y acso). Su hija, la ñusta, más bien lleva una variante españolizada de la misma, donde la ñañaca ha desaparecido y la lliclla se deja entrever debajo del manto español. No obstante, el mismo simbolismo del lienzo, la alianza de dos culturas, lleva a proponer que la españolización externa de la ñusta puede ser nada más que el presagio del mestizaje por venir.

La problemática es tan compleja que lo seguiremos tratando en otra oportunidad.

Fuente consultada:
El nacimiento de la sociedad de consumo. Capitulo 5: Consumo, Del libro “Niall Ferguson / Civilización: Occidente y el resto. Buenos Aires: Debate, 2012”.

Estudios Atacameños N° 29, pp. 163-170 (2005)
Identidad étnica y manipulación cultural: La indumentaria inca en la época colonial
Jean-Jacques Decoster. Consultar en:

Versión para El Orejiverde:
http://www.elorejiverde.com/el-don-de-la-palabra/4235-la-vestimenta-que-no-se-pudo-desollar

sábado, 12 de mayo de 2018

El bibliotecario que siempre sonreía



A modo de prólogo, e inmerso en un mar de dudas, no sé si esta divagación que comparto representa lo que quiero relacionar, me motiva un entendimiento que sublima cualquier disquisición, la necesidad de considerar la profunda complejidad que encierra la frase “todo tiene que ver con todo”, vayan las disculpas sinceras por esta digresión.

Hace un tiempo leí sobre la función que cumple el ritornello en el plano de la música, un concepto abordado por Gilles Deleuze y Félix Guattari, en donde lo que se percibe es una intervención que marca el pulso de cualquier proceso creativo, se trata de una secuencia armónica, la repetición de un fragmento, que aparece en momentos clave, al principio, al final, pero sobretodo en la mitad de la composición (para el filósofo francés el concepto de pliegue, tal como lo analizó en Gottfried Leibniz, se da precisamente en el medio de toda construcción), son pequeños retornos que nos recuerdan la estructura, pero más que eso, le otorgan significado, dentro de un contexto signado por la arborescencia, cuyos movimientos guían el sentido de lo creado, marcando la sincronía en momentos específicos, sin necesidad de trazar dicha inserción en el perímetro bosquejado.

De algún modo se trata de algo que genera tranquilidad ante la inmensidad de lo desconocido, porque nos recuerda el sentido de la obra en medio de las constantes bifurcaciones si momentánemente nos permitiéramos un paréntesis conceptual, tiene sentido acercar una observación de Deleuze, cuando dice que en filosofía, a la hora de crear conceptos, suele suceder que algunos filósofos se sumergen en el caos, del que extraen unas determinaciones con las que harán los rasgos diagramáticos de un plano de inmanencia– nos pasa cada tanto como bibliotecarios en nuestra profesión, tomamos un concepto de una disciplina distinta, y lo insertamos en nuestro campo, adaptando sus componentes, propiciando un plano desde el cual articular nuevos entendimientos, si por ejemplo el concepto fuese el rol social bibliotecario, muchas ideas pertenecientes a la etnografía, antropología, filosofía, educación e incluso psicología pueden ser útiles para tornar vivible nuestra praxis profesional. Para que tal construcción sea posible se necesitan personas que vinculen datos, textos, documentos y teorías, según los perfiles de quienes incursionan en dichos temarios, y nada de todo esto es posible si no hay un profundo conocimiento entrelazado con una inquieta curiosidad.

Esta comprensión del ritornello (que básicamente es algo que se repite en determinadas secuencias dentro de la música), la podemos trasladar desde el punto de vista filosófico a todos los contextos posibles, ya que trata de un espacio creativo generado para que pasen cosas, pero sobre todo para crear líneas de fuga con las cuales investigar conceptos, olvidemos ahora lo que el ritornello significa para la música, pensemos en relación al alcance de lo que su naturaleza representa, es entonces que no puedo alejar de esta idea a lo realizado por Carlos Córdoba (quien por estos días, a un mes de su fallecimiento, es recordado ya con nostalgia por quienes tuvieron la suerte de compartir su tiempo), porque desde su intervención ha provocado que muchos profesionales de la información completaran ideas, capturando conceptos que podían funcionar en otros planos, y sobre todo habilitando la posibilidad de pensar, a veces incluso la sugerencia de una filmación provocaba una curva en el camino recto, esas cosas...

Oriundo de Quilmes, bien ya pueden decir los suyos “uno de los nuestros ha llegado muy lejos”, no solo por lo pensado sino especialmente por lo compartido, creo que no es posible cuantificar de algún modo las articulaciones que provocó este bibliotecario en su profesión, a cuantos hizo crecer, a cuantos ayudó a encontrar respuestas, a cuántos les alumbró senderos para terminar abriendo caminos, no es solo su inteligencia, su vocación y su capacidad, sino su gentileza, su sentido de empatía (esa palabra que tanto pronuncio últimamente y tan pocas veces encuentro representada), alguna vez leí que el yo es siempre una tercera persona, esto venía a cuento por el concepto de subjetivación que trabajó Michel Foucault, y cobraba sentido cuando se vislumbraba un acto creativo, que como podemos imaginar no se limita a lo artístico, sino que también es preciso hallar esta relación en el territorio de las ideas, sea cual sea la profesión.

He aquí “uno de los nuestros”, ahí está su obra, solo que para dimensionarla va a haber que registrar el efecto de la multiplicación en las innumerables personas que aprendieron a su lado (felices los felices), y que de aquí en más desparramarán por los infinitos campos interdisciplinarios todo lo que saben, es así que en cada texto, en cada artículo, en cada acción, en cada imagen del pensamiento, habrá alguien haciendo algo porque Carlos Córdoba lo generó, y eso no se olvida nunca, y eso no termina nunca de crecer.

Se trató de un buen tipo, que según dicen, sonreía siempre, y que en el momento menos esperado sus palabras llegaban bajo la forma de un abrazo, pero también se trató de un excelente profesional, que honró con su sensibilidad el noble espacio de las bibliotecas, será por eso que me parece injusto este silencio, que tuve estos motivos para escribir sobre alguien que apenas conocí en persona, pero de la que me hablaron tanto desde diferentes situaciones, contextos y lugares, y en todas esas experiencias siempre hubo una respuesta y una sincera ayuda que hoy muchos recuerdan con cariño.

Gracias a personas como Carlos Córdoba, los bibliotecarios nos convertimos siempre en otra cosa, y renacemos en ideas nuevas, rodeados de rostros agradecidos.

Fuente:
Quilmes le debe un homenaje a Carlos Alberto Córdoba:
http://www.perspectivasur.com/3/nota.php?nota_id=72000

¿Qué es la filosofía? / Gilles Deleuze y Félix Guattari. Barcelona : Anagrama, 1993.

jueves, 10 de mayo de 2018

Versiones de la Patagonia ultrajada


Para el poeta, ensayista y traductor Jorge Fondebrider, la Patagonia, “tierra de pedregales, donde empollan los pingüinos, donde las orcas se comen a los lobos y donde varan las ballenas", ha sido y sigue siendo una fuente inagotable de mitos y relatos. No es casual que bajo este entendimiento el autor se apoye conceptualmente en una cita borgeana que figura en “Pierre Menard, autor del Quijote”, cuando afirma que “la historia no es una indagación de la realidad, sino su origen mismo”, incluso Borges va más allá al preguntarse ¿qué es la historia sino nuestra imagen de la historia?, para Fondebrider ambas afirmaciones apuntan a lo mismo: una cosa son los hechos concretos; otra, lo que la Historia hace con ellos.

Detenerse en este libro es navegar por varios ríos a la vez, se trata de una narración a varias voces, realizada por cronistas de diversas épocas y latitudes: viajeros, aventureros, científicos, militares, políticos, sacerdotes, historiadores. Todos, parafraseando a Gilles Deleuze, aportan un cauce, un arroyo, un lugar, una batalla. Es el paso del tiempo el que resignifica lo narrado, añadiendo mitos a las crónicas, envolviendo recuerdos con mantos de leyenda, entre los textos se desprende uno que me inquietó por su crueldad, es el capítulo que Fondebrider dedica a los Selk’nam, etnia que muchos conocen bajo la mención de onas, nombre que le dieron los yámanas, canoeros del sur, a sus vecinos del norte. Según estos registros los Selk’nam estaban establecidos en la mayor parte del territorio de la Isla Grande, su territorio abarcaba estepas y parques boscosos, en su lengua, párik era la región de praderas que hay al norte del Río Grande y hérsk, la zona boscosa del sur. Cada familia Selk’nam poseía un territorio privado, al que denominaban haruwen, en donde vivieron de la caza de guanacos, hasta que la llegada de los blancos agudizó una problemática que los libros de historia no documentaron exhaustivamente. Afirma el autor que en 1879, el teniente de la Marina chilena Ramón Serrano Montaner, miembro de la Comisión Chilena de Límites, descubrió oro aluvial, lo cual generó un enorme contingente de aventureros que llegaron desde diferentes puertos en donde irremediablemente tuvieron enfrentamientos con los paisanos del sur. A partir de la firma del tratado de límites entre Chile y Argentina en 1881, los gobiernos de ambos países empezaron a hacer grandes ventas públicas de tierras. En 1897 se introdujeron enormes cantidades de ovejas en la isla. El choque cultural entre los Selk’nam y los ganaderos resultó trágico. Fondebrider señala que las ovejas empiezan a quitarle las mejores pasturas a los guanacos, lo cual implicó una disminución del número de animales originarios, esta situación llevó a los Selk’nam a matar ovejas y en consecuencia generar un conflicto con los estancieros.

He aquí donde aparece la crónica de un tal Alexander MacLennan, un escocés contratado por el estanciero José Menéndez para “limpiar de indios las propiedades”. A una libra esterlina por cada cráneo de Selk’nam muerto, MacLennan tuvo un buen negocio por delante, y en una ocasión encontró el modo adecuado de hacerse de una buena suma. Con el pretexto de establecer un cese de hostilidades, el “Chancho Colorado” –apodo de MacLennan– decidió reunir a varios cientos de paisanos en Cabo Domingo o cabo Peñas (según las distintas versiones), en una de ellas el asesino a sueldo ofreció a los indios un banquete convenientemente regado de alcohol, cuando estuvieron del todo borrachos, hizo formar en semicírculo a sus esbirros y los liquidó a todos a tiros, dicen las versiones que eran unos quinientos Selk’nam los que murieron aquel día. Las crónicas se entrecruzan, con diferencias en cuanto a las estadísticas que en verdad no importan, no es el número lo más trascendente, el tema es lo que la historia hizo con esos hechos concretos. Para el autor las desventuras de los Selk’nam no concluyen con las matanzas ni con los conflictos entre grupos, y para mayor ilustración cita el caso  de un grupo de Yámanas –cuatro varones, cuatro mujeres y tres niños– que en 1881 fueron capturados y llevados a Europa para exhibirlos en circos franceses y alemanes. Existen muchas de esas historias en donde los indígenas eran presentados como caníbales, puestos en jaulas como si fueran animales, y con varios días sin comer, con lo cual el “espectáculo” consistía en arrojarles carne cruda cuando la carpa se llenaba de visitantes, para los parisinos era algo único, entonces lo mínimo que cabe pensar, a 137 años de semejante escenario, es cuanto de humanidad se perdió en el exacto momento de permitir esa cruenta locura, y que la sociedad “civilizada” no repudiara ese escarnio y esa humillación.

Fondebrider observa que las versiones difieren, y que es muy probable que ninguna sea completamente cierta. Lo importante, en todo caso, es que esos indios fueron transportados a algún punto de Europa para ser exhibidos, que muchos murieron en el mar, y que el gobierno argentino, como en muchos otros casos, y por los motivos que fueren (geopolíticos, económicos), brilló por su ausencia, dejando que los estancieros se excedieran con los paisanos. Todo lo que vino después –la paulatina aculturación de los Selk’nam sobrevivientes hasta su desaparición como etnia– es parte de una triste historia conocida, de esas que sumadas a otras, hicieron de la Argentina el “país que no fue”.

Fuente consultada:

Borrero, José María. La Patagonia trágica. Asesinatos, piratería y esclavitud, Ushuaia, Zagier y Urruty Publicaciones, 1989.

Fondebrider, Jorge. Versiones de la Patagonia. Buenos Aires: Emecé, 2003.

Versión para El Orejiverde:
http://www.elorejiverde.com/el-don-de-la-palabra/4181-versiones-de-la-patagonia-ultrajada

domingo, 22 de abril de 2018

Los pequeños universos de los Mbyá-guaraní



No sigas las huellas de los antiguos, busca lo que ellos buscaron"
Matsuo Bashó (1644-1694), poeta de Ueno, Japón.

No recuerdo en qué momento me encontré con los Pequeños Universos del Chango Spasiuk, ese soberbio programa emitido en Canal Encuentro, que deja al descubierto la  diversidad de géneros y sonidos que forman parte del patrimonio artístico de nuestra región, pero si entendí que se trataba de una mirada documental, con raíces en la etnomusicología, pero profundamente sensible, buscando entre los caminos expresiones propias de una identidad que ha prevalecido, a pesar de los envilecimientos y penurias que más de 500 años de historia dominante provocó en nuestros pueblos originarios.

Me detengo en un solo capítulo, el que trata sobre la cultura Mbyá-guaraní, filmado en la comunidad Mbyá Ka'a Kupé, cerca de la Escuela bilingüe N° 357, en la provincia de Misiones, e intento de algún modo buscar una relación con aquellos bibliotecarios que brindan un servicio en comunidades alejadas de los centros urbanos, con pocos recursos, con bajos salarios, pero cuyas tareas complementan el noble esfuerzo de los docentes y auxiliares bilingües que enseñan en las escuelas rurales, donde es frecuente experimentar un sentido de interculturidad viva, encontrando aulas heterogéneas desde donde asisten niños pertenecientes a pueblos originarios, criollos, de familias paraguayas, brasileñas y descendientes de inmigrantes, especialmente polacos y ucranianos, que justamente representan los ancestros del reconocido acordeonista. En un lapso que abarca casi un cuarto de siglo (1897 hasta 1921 aproximadamente), inmigrantes provenientes de Galitzia, región de Europa Central bajo dominio del Imperio Austro-Húngaro (lo que actualmente comprende la zona sur de Polonia y oeste de Ucrania), se asentaron en el sudeste misionero, muchos de ellos en Apóstoles (donde nació el mismo Spasiuk) y Azara, mientras que por otra parte grupos escandinavos se asentaron al sur y centro de la provincia. 

En la cultura Mbyá-guaraní se aprecia un delicado hilo que une la expresión artística con la espiritualidad de este pueblo originario, y un sentido de comunión que hace tiempo ha perdido la cultura occidental. En mi trabajo como bibliotecario he estado más de 4 años colaborando activamente con la comunidad Qom de Derqui, y en un ningún momento he visto que un padre o una madre alce la voz a sus hijos, siempre un tono calmo para decir las cosas y para marcar un entendimiento, siempre la concordia y el asombro, el dejar que la vida los viva, y actuar en consecuencia. Años más tarde lo corroboré en un trabajo de Ana María Gorosito Kramer (antropóloga social, capacitadora de docentes sobre la música Mbyá guaraní), en relación a lo que implicaba el impacto cultural del niño indígena que asiste a la escuela “blanca”, el solo hecho de tener a una docente pidiendo silencio a gritos, el impartir contenidos en donde no se completan conocimientos con entendimientos locales, el no asumir que todo tiene relación con su contexto, y que el contexto es amplio, dinámico, multicultural, y que no deja de significar una oportunidad perdida para el crecimiento intelectual y emotivo de un niño, precisamente en una etapa en la que debería considerarse el carácter lúdico, curioso, ameno y comprensible de la enseñanza.

Lo que muestra el Chango Spasiuk en este documento audiovisual debería proyectarse en todas las escuelas que pretendan integrar el conocimiento propio de una cultura, en donde sea posible apreciar porqué el rol del docente no se circunscribe al perímetro del aula, integrando en ella al anciano de la comunidad, sino que va más allá, a compartir fuera de clase una danza con las familias de los niños, a entender como se hace una flauta con cañas, a escuchar una conversación mirando las estrellas alrededor de un fuego, los valores que descienden del abuelo y quedan fijos en la memoria de los que siguen.

Varias veces se mencionó, en incontables artículos, la necesidad de que el niño aprenda jugando, en la escuela primaria he presenciado una vez a mi maestra liberando una paloma de su jaula, estuvimos esa mañana sentados en círculo en el patio, a la hora de clases, para entender que significaba la libertad, una palabra que ciertamente se encuentra en el diccionario, pero cuya imagen despertó diversidad de entendimientos asociados. Al menos para esa paloma, y para nosotros, la libertad era lo que estaba fuera de su jaula, para los niños Mbyá-guaraníes de Ka'a Kupé hay entendimientos que no figuran en los manuales, y que tienen íntima relación con su identidad: la melodía que el abuelo Basilio ejecuta con su flauta (similares a los sicus o flautas de pan) para dar la bienvenida o para despedirse o proteger a alguien querido, las canciones marcadas por el pulso de la guitarra y sobretodo del Ravé (o Lavé, un cordófono compuesto, laúd de cuello, con tres cuerdas, antecedente de los arcaicos violines europeos), las maracas que tocan los ancianos y las tacuaras que las mujeres percuten en la tierra (conocidas como takuapú “tubo de ritmo” o “caña sonora” extraídas de los montes), la danza en círculos con los pies descalzos, el humo de la pipa del opy'guá (chaman) en sus cabezas, las maderas que se golpean para alejar los malos espíritus, las trampas caseras para atrapar quirquinchos, los ríos en el que los niños juegan, los frutos que se recogen de los montes, todo un caudal de conocimiento que requiere ser fortalecido en el aula, para recordar lo que saben pero a la vez para enriquecerlo, y que dicho aprendizaje forme parte activa de su crecimiento, que les permita no olvidar nunca los consejos.

Es una mirada muy humana la que propone el músico misionero, los diálogos son como arroyos que confluyen en apacible sincronía, realmente el televidente advierte que el entrevistador escucha al entrevistado, hay un plano horizontal y receptivo, y la credibilidad que genera estar frente a alguien que se interesa sinceramente por el otro, compartiendo lo que el otro sabe, y ahí entramos en otro concepto que trasciende la literatura y especialmente la filosofía, cuyo plano es sobrevolado por la empatía, y para lo cual no pretendo balbucear en este espacio.


Habría que evaluar el alcance del bibliotecario que colabora con el maestro bilingüe en una escuela rural, con niños de diferentes contextos culturales, la sola colección es motivo de un arduo trabajo interdisciplinario, entre ellos recuperar los materiales bilingües utilizados en clase, grabar el conocimiento de los ancianos, resguardar información en riesgo de desaparición, trabajar vocabularios, fotografías, mapas, motivar a que los alumnos entrevisten a sus padres, promover la investigación local, generar un espacio de encuentro bajo un carácter social, cultura y artístico, y largos etcéteras que solo cobran sentido bajo el influjo de la vocación. Este documento del canal Encuentro motiva otras intervenciones ¿cuántos bibliotecarios estarán haciendo lo mismo que estos docentes hacen desde hace tiempo? Se trata de experiencias que trascienden la profesión y cuya construcción marcan un pulso, una forma de entendimiento colectivo basado en el equilibrio del rol que cada persona tiene en el lugar que eligió para vivir, porque hay algo inmanente que en cierto modo une a los Mbyá con los inmigrantes europeos y las familias de los pueblos limítrofes, y es que todos ellos, por diversas circunstancias, eligieron el mismo territorio, con sus identidades a cuestas, para construir desde el contexto, como cauces de agua que se van juntando formando un río de voces, de historias, de creaciones, de experiencias, conformando un patrimonio y a la vez un sentido identitario.

En la comunidad Ka'a Kupé, el atardecer va cayendo, ya la danza queda atrás, pronto anochecerá, y será tiempo de escuchar al abuelo Basilio, el guía espiritual, alrededor de un fuego, pidiéndoles a los suyos que sean reflexivos, que estén atentos a las enseñanzas de los mayores, que recuerden los consejos, en algún punto siento que es posible replicar este modo de entender las cosas, porque lisa y llanamente estamos hablando de un lugar donde no existe la maldad, y me pregunto si por un momento todos fuéramos como este virtuoso del acordeón, ciertamente que buen lugar sería nuestro mundo.

Dejo para el final unas palabras del Chango Spasiuk, que lo dicen todo sobre lo mucho que perdemos como sociedad, por no saber lo que sabe aquel que estuvo antes:

“...Osvaldo (el docente Mbyá-guaraní) inicia un largo viaje, al final del camino lo espera una mesa de examen en una universidad, mientras el micro se acerca uno no puede dejar de imaginarse al abuelo Basilio tocando con su flauta la melodía que protegerá a Osvaldo en su viaje, cuando el examen se inicie Osvaldo hablará sobre Platón, Sócrates, Descartes...sobre las enseñanzas de los ancianos, sobre eso, no hablará, lamentablemente para nosotros, la sociedad dominante.”

Fuentes consultadas:

Pequeños Universos V: Música Mbyá - Canal Encuentro

Gorosito Kramer, Ana María; Achilli, Elena; Tamago, Liliana. Un debate sobre la interculturalidad (2004). En: Educación Intercultural Bilingüe en Argentina: Buenos Aires: Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, 2004

Rave o Lave, el Rabel Mbya Guaraní

Las takuaras sagradas de las mujeres Mbyá
http://www.redalyc.org/pdf/148/14802504.pdf

Versión para El Orejiverde
http://www.elorejiverde.com/el-don-de-la-palabra/4133-los-pequenos-universos-de-los-mbya-guarani


martes, 10 de abril de 2018

Sumando apoyos para los niños qom de Derqui


Recientemente, el Centro Comunitario Daviaxaiqui ha recibido la donación de una heladera que le permitirá a la comunidad conservar alimentos para el merendero Qomi Qompi, que desde hace tiempo cuenta con la colaboración permanente de Ana Medrano y Estela Acosta, quienes realizan los desayunos para los niños del barrio. Por tal motivo la comunidad qom de Derqui solicita la donación de fideos, azúcar, arroz, harina (muy especialmente), sal, grasa (para tortas fritas y pan casero) y leche.

En el caso que alguien cuente con una cocina con horno, la comunidad estará muy agradecida de recibirlo, al igual que vasos, tazas, platos y cucharas, ya que actualmente son las propias familias las que asisten con sus utensillos, elementos que están empezando a escasear.

Cabe recordar que el merendero funciona de lunes a viernes, y que desde hace unos meses se iniciaron gestiones desde la comunidad con el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) para recibir semillas para las huertas orgánicas presentes en algunas casas del “barrio toba”, con esa ayuda se espera ampliar el menú comunitario agregando variedad de verduras.

Como ya es de público conocimiento, el nombre del merendero es el mismo de la agrupación musical que próximamente tendrá su disco publicado con las canciones del grupo infantil (quienes ya compartieron escenario con bandas como Tonolec), se trata de una noticia largamente esperada, especialmente por los cantantes del barrio, sumando voces y sonrisas bajo la atenta mirada de Ana Medrano, artesana y maestra del barrio qom.

Para quienes puedan colaborar se comparten las siguientes vías de comunicación:

Ana Medrano
02304-485288

Centro Comunitario Daviaxaiqui
1567336933

Fuente:
Comunicación personal con Ana Medrano, corresponsal El Orejiverde.

Qomi Qompi: taller de canciones en lengua qom
https://www.facebook.com/QomiQompi/

Versión para El Orejiverde



sábado, 24 de marzo de 2018

AIATSIS, la gran biblioteca sobre pueblos indígenas de Australia


¿Cómo era antes de que Lord Vestey naciera y que yo naciera? Era un país de indígenas.
- Vincent Lingiari (Wattie Creek 1966)

La cita de Vincent Lingiari corresponde a una de las tantas historias que forman parte de los conflictos territoriales que durante siglos padecieron los pueblos originarios australianos, Lord Vestey era un propietario británico en cuyas tierras trabajaban agricultores indígenas en pésimas condiciones, lo que motivó en agosto de 1966 que algunos ganaderos Gurindji (comunidades indígenas que viven al norte de Australia), y de otros grupos fueron a una huelga para protestar contra Lord Vestey, conflicto que se prolongaría durante nueve años, y que finalmente se convertiría en una reivindicación para que los Gurindji pudieran volver a sus tierras.

Se sabe que en Australia existen más de 400 pueblos indígenas que representan una de las culturas más antiguas de la tierra, cada una con rasgos étnicos diferenciados, propios de una herencia identitaria común y una localización geográfica particular. Generalmente se los identifica por el nombre de su lengua materna. Los aborígenes australianos son, junto con los isleños del estrecho de Torres (estrecho marino que separa Australia, al sur, de la isla de Nueva Guinea, al norte) los descendientes de los primeros habitantes del país australiano y sus islas adyacentes, que a pesar de la llegada de colonos británicos a fines del siglo XVIII, han continuado viviendo en sus tierras a lo largo de la colonización europea. Según lo indica la legislación australiana, ambos pueblos constituyen el conjunto de los indígenas australianos. El territorio tradicional de los aborígenes australianos se extiende por toda Australia, Tasmania y algunas islas cercanas.

Después de numerosos debates, en el año 2000 el Gobierno australiano ha adoptado la siguiente definición: Un Aborigen o un Isleño del Estrecho de Torres es una persona descendiente de los Aborígenes o de los Isleños del Estrecho de Torres, que se identifica como Aborigen o Isleño del Estrecho de Torres y es aceptado como tal por la comunidad en la que vive. Dicha definición excluye la idea de mestizaje.

Los trabajos de documentación en el Instituto Australiano de Estudios Aborígenes

En Australia (más específicamente Canberra), existe una biblioteca que posee una de las mayores colecciones que hacen referencia al mundo indígena del país, se trata de “Australian Institute of Aboriginal and Torres Strait Islander Studies” (AIATSIS) Instituto Australiano de Estudios Aborígenes e Isleños del Estrecho de Torres, cuya  biblioteca, accesible a través de MURA Collection Catalogue, pone a disposición del usuario un fondo documental compuesto por libros, videos, grabaciones, mapas, manuscritos y textos digitalizados. Resulta interesante los distintos tipos de opciones que habilita el sitio Web, desde donde se destaca el segmento “Historias familiares” (facilitando al usuario la posibilidad de recoger información sobre cuestiones que hacen a su descendencia cultural indígena, especialmente con los isleños del Estrecho de Torres, cuyos descendientes comparten el tronco lingüístico Papú), así como diferentes recursos lingüísticos entre los que sobresalen un tesauro con temas relativos a los aborígenes australianos y los estudios de isleños del Estrecho de Torres, incluyendo grupos de idiomas y personas, el mismo se encuentra actualizado y puede descargarse en forma gratuita siguiendo los protocolos establecidos, también es posible consultar catálogos y bibliografía sobre los pueblos aborígenes, colección de idiomas (que reúne material impreso escrito en las propias lenguas indígenas australianas así como también colecciones audiovisuales con lecturas, conversaciones, análisis gramaticales y léxico, historias orales, ceremonias y canciones)  y el acceso a un mapa digital, que por su importancia lo detallaremos más adelante.
Dentro del sitio Web es posible consultar historias de vida de referentes comunitarios, las principales luchas de los pueblos indígenas australianos y documentos sobre el significado de los escudos, registros etnográficos, filmaciones y entrevistas a líderes nativos entre otros.

El trabajo de AIATSIS abarca una producción documental muy amplia en sincronía con la revista Australian Aboriginal Studies, así como también trabajos publicados por Aboriginal Studies Press (que constituye el brazo editorial del Instituto tanto como el principal editor australiano de estudios indígenas del continente). El objetivo institucional es visibilizar las publicaciones de autores indígenas australianos, incluyendo los trabajos de aquellos investigadores que trabajan en colaboración con personas aborígenes e isleños del Estrecho de Torres en toda Australia.


La necesidad de construir mapas sobre conflictos territoriales indígenas

Representa a mi entender uno de los grandes aportes de AIATSIS, plausible de ser replicado en cualquier contexto que cuente con situaciones de conflictos territoriales en comunidades indígenas, se trata de la creación de un mapa digital sobre culturas indígenas australianas, que busca representar a todos los grupos lingüísticos de los pueblos aborígenes de Australia. Los datos han sido tomados del trabajo de investigación llevado adelante por Norman B. Tindale, cuyo libro titulado "Aboriginal Tribes of Australia", ha sido publicado por la Universidad de California en 1974, lo que ha constituido un intento de representar la distribución tribal australiana en el exacto momento del contacto con colonos europeos.

En Internet es posible consultar el mapa  “Tribal boundaries in Aboriginal Australia”, un soberbio trabajo que detalla exhaustivamente los límites tribales entre comunidades, cuyos derechos de publicación pertenecen a South Australian Museum Archives. Al ingresar desde cualquier computadora podemos acceder a información específica de cada comunidad, entre ellos los datos de ubicación de coordenadas geográficas, registro de las lenguas maternas, materiales de referencia bibliográfica y nombres alternativos con los cuales son conocidas dichas culturas, junto con las correspondientes citas de las colecciones del museo en donde es posible consultar estos registros.

Por lo tanto lo que AIATSIS ofrece es una adaptación de lo investigado por el autor, determinando los límites culturales, lingüísticos y comerciales, así como las relaciones entre grupos de proximidad. El mapa fue desarrollado en colaboración con la Enciclopedia Aborígen de Australia, disponible en bibliotecas, en donde es posible consultar información detallada sobre los diferentes grupos representados. Cabe aclarar que el mapa generado desde AIATSIS no es definitivo y de hecho no es la única información disponible que vincula el registro cartográfico con el idioma y las características culturales de los diferentes grupos sociales. Una de las disyuntivas están presentes en la demarcación territorial de las comunidades, sobre cuyas fronteras no existe un completo acuerdo entre las etnias y los terratenientes, producto de disputas y discusiones en torno a los asentamientos de las comunidades. Un detalle no menor es que el mapa fue producido antes de la legislación sobre el derecho nativo y no es adecuado para su uso en lo que refiere a títulos nativos u otras reivindicaciones territoriales pero representa un primer paso muy importante para continuar actualizando y sobre todo analizando dichas problemáticas.

Estos trabajos merecen ser abordados en los institutos geográficos de cada país, desde donde sea posible diseñar mapas locales en los cuales puedan insertarse las diferentes problemáticas que hacen a los conflictos territoriales, se trataría de una cartografía que podríamos situar bajo el concepto de Geografía Crítica, cuyo carácter dinámico torne visible los reclamos que en muchos casos se remontan a décadas de discusiones sin posibilidades de acuerdo.

Por último (por cuestiones de espacio el artículo no pretende un completo análisis de los numerosos recursos con los que cuenta AIATSIS) merece destacarse el acceso a la base de datos AUSTLANG desde donde se proporciona información sobre los idiomas aborígenes e isleños del Estrecho de Torres, accediendo a datos que hacen referencia a los nombres alternativos de cada comunidad, historia del número de hablantes, distribución geográfica, clasificaciones de diversas fuentes, documentación, programas educativos, investigaciones y recursos en línea.

Como se notará, AIATSIS ofrece variada información en diferentes formatos, buscando propiciar un puente de entendimiento entre ambas sociedades desde el plano de la documentación.

Fuentes de interés:

AIATSIS – Sitio Web

AIATSIS map of Indigenous Australia

Tribal boundaries in Aboriginal Australia / Norman B. Tindale

Base de datos Mura Austlang

AUSTLANG. Australian Indigenous Languajes Database

Western Australia: Tindale Tribal Boundaries

Notas relacionadas

Las bibliotecas en la Tierra de la Gran Nube Blanca

Nota:
La imagen de AIATSIS corresponde al siguiente sitio:

Versión para El Orejiverde
http://www.elorejiverde.com/toda-la-tierra-es-una-sola-alma/3985-la-gran-biblioteca-sobre-pueblos-indigenas-de-australia

lunes, 19 de marzo de 2018

¿Hay bibliotecas sin bibliotecarios?



Me ha resultado oportuno el comentario que Robert Endean Gamboa escribiera hace unos años en “Problemas del Campo de la Información” –un reconocido espacio crítico referente de la Bibliotecología- en relación a una disyuntiva que últimamente ha corroído el contexto bibliotecario argentino con respecto a los despidos masivos en bibliotecas. Se trata de un texto cuya intervención pública motivó en su momento airados cuestionamientos, en donde lo que se puso en discusión fue la necesidad de que haya bibliotecarios atendiendo en bibliotecas. Para Robert Gamboa “la biblioteca la hace el bibliotecario, y que si no hay bibliotecario entonces tenemos una colección de recursos, pero no una biblioteca”.

Cuando se está en contra de este entendimiento, lo que se desprende es asumir el hecho, tal como lo plantea el autor, de que en algún punto se ha cosificado al bibliotecario, y que a la ignorancia recurrente de su formación, se le suma la idea generalizada de que su campo de acción se basa en un conjunto de rutinas que puede realizar cualquier administrador, basta tener un mínimo conocimiento de orden y que básicamente los libros no se pierdan, en este contexto habría que preguntarse cual es el argumento de los funcionarios de turno para justificar el despido de bibliotecarios en bibliotecas, imaginemos por un momento si el criterio se expandiera transversalmente hacia el resto de las profesiones, o mismo con los políticos, pautar su no-necesidad, que todo se redujera a un protocolo actualizado, que todo se tratase de recetas, para evitar que la idoneidad justifique un sueldo.

Para el colega mexicano ha sido pertinente problematizar este asunto y pensar un poco sobre la posibilidad de que haya bibliotecas sin bibliotecarios, para ello tenemos que preguntarnos quien es el bibliotecario y qué lo caracteriza como bibliotecario. En este apartado recomiendo directamente la lectura del artículo, incluso abordado desde el punto de vista histórico (la necesidad que tuvieron algunos pueblos de organizar bibliotecas, luego de prácticas de acumular soportes con información en sitios determinados, como un rasgo cultural diferenciador de esas sociedades), situación que como sabemos encuentra ejemplos latinoamericanos antes de la llegada de los españoles (sin ir muy lejos los libros pintados de la cultura náhuatl –cuya macrolengua yuto-nahua se habla en México desde el siglo V– conservados en las reconocidas “Amoxcalli” o casa de documentos, verdaderas bibliotecas prehispánicas), por ende lo que tenemos en todas las sociedades son conocimientos organizados por personas preparadas para dichas labores.

Ciertamente hay un desconocimiento del carácter orgánico de la tarea que realizan los profesionales de la información, ignorancia que se suma a la ausencia absoluta de entendimiento por las inevitables consecuencias que su ausencia provocaría en las diferentes unidades de información que forman parte del contexto cultural y educativo de un país, y aquí el autor propuso en su momento un juego inverso: proceder en negativo para efectivamente sustraer al bibliotecario de la biblioteca y corroborar que sucedería en ese hipotético escenario, el resultado es lo que sigue:

Las autoridades deciden que ya no necesitan que haya un bibliotecario en su biblioteca.
El personal que hace el aseo abre la biblioteca cada día por órdenes de las autoridades, quienes mandan que vigilen la biblioteca. Sin embargo, este personal se niega a hacerlo porque esas son funciones del bibliotecario.
Los usuarios comienzan a llegar y preguntan por el bibliotecario, a lo que les responden que ya no habrá nadie para atenderlos y que la biblioteca será de autoservicio. Cuestionan cómo sacarán los libros en préstamo a domicilio, por lo que les presentan una máquina de autopréstamo. Asimismo, les informan que todos los libros tienen el sistema RFID, por lo que si alguien se llevara un libro sin registrarlo en el autopréstamo las autoridades se darían cuenta y lo sancionarían.
A los dos días, hay tal cantidad de libros acumulados en las mesas y el mostrador, además de una revoltura en los estantes, que las autoridades deciden enviar a algunas secretarias para acomodarlos en los libreros. Sin embargo, ellas se quejan y detienen el trabajo, pues no entienden la clasificación.
Las autoridades deciden hablar con su proveedor de los equipos y proponerle que les ayude a que su biblioteca funcione sin un bibliotecario. El proveedor hace un plan en el que cancela el uso del sistema de clasificación e instala un sistema automatizado desde el catálogo electrónico, donde al elegir el registro de un libro se activa una pistola de búsqueda tipo GPS que conduce al usuario al libro que busca.
Varios usuarios se quejan con las autoridades porque ya no hay nadie que les ayude con las búsquedas en bases de datos, para la elaboración de bibliografías, con la recuperación de los documentos y en el servicio de referencia y orientación. Las autoridades deciden que esos problemas se deben a la falta de un programa de alfabetización informacional efectiva, por lo que emprenden una reforma institucional e incorporan cursos en los diversos temas que deben dominar los sujetos para ser autosuficientes en la biblioteca.
Se compran más computadoras para el recinto y se amplía el acceso a la red. Para ello, se decide liberar espacio a través de un descarte de la colección de referencia y de la hemeroteca, pues según las autoridades únicamente son colecciones caras, voluminosas e inútiles, ya que todo lo que contienen debe estar en la Internet.
Los libros continúan acumulándose en las mesas, el mostrador y el piso, los estantes están semivacíos, pero no importa, pues se les puede encontrar con el sistema que instaló el proveedor. El mobiliario y el equipo muestran huellas de vandalismo, por lo que se decide instalar cámaras de seguridad y se estipulan sanciones para los infractores en el reglamento. Los usuarios aprenden a identificar los puntos ciegos del sistema de seguridad y siguen los actos ilícitos en la biblioteca.
Seis meses después, la biblioteca da muestras de gran deterioro y abandono. Los usuarios ya no van. Aunque se ha cuidado que los libros no se queden en las mesas, y menos aún en el piso, exhiben claras muestras de mutilación y abuso, manchas de alimentos, quemaduras de cigarro y otros daños. Desde tres meses antes, los usuarios se quejaban de que los libros que buscaban ya no se hallaban en la biblioteca, que nunca encontraban nada, que nadie estaba para ayudarlos, y que la biblioteca era un desastre.
Las autoridades descubrieron que había ocurrido un saqueo de un número indeterminado de libros, por lo que mandaron hacer un inventario que corroboró el delito y aportó una alarmante cantidad de pérdidas. Entonces, decidieron deshacerse de la biblioteca y utilizar su espacio para poner una sala de Internet con un responsable al frente. Su perfil debía ser de bibliotecario para asegurar el éxito en las búsquedas que hicieran los usuarios y para darles clases de alfabetización informacional.

Aunque pensemos que este relato es improbable que ocurra en la vida real, seguramente estaremos de acuerdo en que la realidad muchas veces supera la ficción. Empero, la duda permanece y por tal motivo le daremos cabida a este problema: El que los propios bibliotecarios crean que puede haber bibliotecas sin bibliotecarios. Es un problema tan espinoso que seguramente lo volveré a tratar más adelante…

Nótese que las “soluciones” al conflicto equivalen a partidas presupuestarias mucho más costosas que los sueldos cobrados por los bibliotecarios, y a pérdidas sensibles de materiales, lo que equivale a imaginar una biblioteca deteriorada en el corto plazo, situación que probablemente lleve a las autoridades a sugerir su cierre por falta de público.

Hagamos un brinco de 6 años. El testimonio viene a cuento luego de los sucesivos despidos masivos que por estos días estamos presenciando en espacios institucionales como el INTI o el CDI-MECON, sumado a una serie de declaraciones desafortunadas del Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, Lino Barañao, quien ha llegado a considerar “obsoletas” a las bibliotecas, mencionando la necesidad de “reconvertir” bibliotecarios desconociendo por completo la actualización permanente que exige el actual desarrollo de nuestra profesión.

Quien suscribe recuerda una anécdota de un estudiante de ingeniería quien se sorprendió al saber que se estudiaba bibliotecología “para entregar en mano libros a los lectores”, es por eso que podemos afirmar que el problema de fondo sigue siendo la ignorancia, aunque sería interesante preguntarnos porqué ahora surgen estos cuestionamientos políticos, porqué lo especulativo de estas argumentaciones para justificar el vaciamiento de profesionales en estos espacios, porqué la imposibilidad de que dichos entornos sigan favoreciendo relaciones semánticas entre las colecciones y los usuarios, y porqué el entendimiento de aplicar parches, dando a entender que la solución alcanza y sobra poniendo en práctica ciertos verbos: conservar, ordenar, tal vez informar, y a lo sumo disciplinar, que estos lugares de encuentro conocidos como bibliotecas dejen de ser lugares para transformarse en otra cosa, probablemente no-lugares, seguir sosteniendo que en las grandes bibliotecas hay demasiados bibliotecarios, que todos entran en esa inmensa bolsa y que invariablemente la profesión deberá limitar su campo de acción hasta perder toda entidad, sin ser nunca parte de la identidad cultural de una organización educativa.

Para quienes estamos del otro lado sabemos que el problema es otro, y que aún es posible discutirlo desde el disenso, aplicando lógica y no emociones, dando a entender el sentido de nuestra presencia.

Fuente consultada

¿Hay bibliotecas sin bibliotecarios?
En “Problemas del Campo de la Información” / Robert Endean Gamboa

Texto relacionado
¿Dónde están los bibliotecarios?

La imagen corresponde al siguiente sitio:
https://unsplash.com/search/photos/bibliotecas-vacias


Nota: debo decir que cuando me llegó el artículo en una lista de bibliotecología, di por entendido que se trataba de un texto actual, sin embargo el documento de Robert Gamboa es de noviembre de 2012, me ha sorprendido la vigencia del tema, y la estrecha relación que tiene hoy por hoy con el contexto que se experimenta en Argentina, se trata de una reflexión intemporal, que mucho dice de algunas situaciones que se reiteran, lo cual motiva una profunda relectura.