Espacio que pretende resguardar voces y conocimientos desde el abordaje de la
bibliotecología. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural intangible
conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas a bibliotecarios sobre el rol social
de la profesión. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Nuestros paisanos los indios, en una Biblioteca de Guadalajara



Haber compartido recientemente el 33º aniversario del Coloquio Internacional de Bibliotecarios, dentro de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), significó algo más que plantear reflexiones en torno a los servicios de información para grupos vulnerables. En la mochila llevaba algo que para El Orejiverde representaba muchas cosas, se trataba de una edición de Nuestros paisanos los indios, de Carlos Martínez Sarasola, junto con uno de sus últimos libros, La Argentina de los caciques, o el país que no fue.

El libro de Carlos fue donado a la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco “Juan José Arreola”, que forma parte del proyecto del Centro Cultural Universitario (CCU) de la Universidad de Guadalajara, un ejemplar que ya se encuentra en el catálogo, permitiendo a sus lectores entender cómo es que ha sido, desde la Revolución de Mayo en adelante –donde los indígenas estuvieron momentáneamente integrados a una noción de país que no sobrevivió el tiempo de vida de sus principales líderes– que los argentinos no supimos integrar otras formas de conocimiento dentro del contexto político, social, cultural y educativo que por entonces se estaba forjando. Por el contrario, tal como lo afirmó Carlos, como ciudadanos fuimos enseñados en la negación de los pueblos indígenas, negación que aún hoy, en diferentes estratos sociales, ha generado importantes expresiones de discriminación, segregación y racismo.

Entender esa automutilación social, es comprender en parte lo que somos como país, la lenta conformación de variadas matrices culturales que plantearon el interrogante del ser argentino, en donde la ocupación, por parte del Estado, de los denominados territorios libres indígenas, significaron no solamente un despojo arbitrario sino esencialmente la destrucción de una forma de vida, cuyo eje siempre fue la espiritualidad, deuda social que aún sigue pendiente, y que la obra de Carlos Martínez Sarasola continúa interpelando.

Dejar ese libro en aquellos estantes es una forma de tributar la memoria de nuestro querido Director, y es también, a nuestro modo, una forma de completar el entendimiento cultural de la Historia Argentina.

Se trata de una verdad que tiene que ver con nuestra identidad, bienvenida sea esa posibilidad en el concurrido espacio de una biblioteca. 

Nota: la imagen corresponde al sitio Web del autor: 



jueves, 19 de diciembre de 2019

XXXIII Coloquio Internacional de Bibliotecarios: una reseña sobre los servicios de información para grupos vulnerables


En el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), se celebró en dicha ciudad, desde el 2 al 4 de diciembre de 2019, el 33º aniversario del Coloquio Internacional de Bibliotecarios, organizado por la Coordinación de Bibliotecas de la Universidad de Guadalajara, México, que en la presente edición llevó por título “Servicios de información para grupos vulnerables”.

En esta ocasión me ha tocado participar el martes 3 de diciembre en la mesa de trabajo número 4, denominada “Lenguas indígenas”, donde compartí un panorama sobre bibliotecas indígenas de Argentina, analizando casos de resistencias culturales, paradigmas y discontinuidades. Las demás mesas temáticas abordaron experiencias como la cohesión social desde las bibliotecas, las realidades sociales en relación al acceso y las oportunidades para todos, y las bibliotecas en la construcción de comunidades diversas.

Entre las presentaciones del primer panel (las bibliotecas en la construcción de comunidades diversas), se abordaron cuestiones relacionadas con los servicios para usuarios con discapacidades, que en algunos casos se redujo a la descripción de ausencias de atención a estos grupos en protocolos, así como ausencia de espacios apropiados para personas con problemas de motricidad en bibliotecas públicas, una de las propuestas evaluadas por el profesor José Orozco Tenorio consistió en la creación de un símbolo internacional de accesibilidad, ubicado en rampas y accesos a edificios e instituciones educativas. 

Por su parte, el estudiante de licenciatura en Médico Cirujano y Partero de la Universidad de Guadalajara, Nikolai Emmanuel Bayro Jablonski, fundador y administrador de la revista estudiantil Osmosis https://www.facebook.com/RevistaOsmosis/ compartió unas reflexiones basadas en iniciativas estudiantiles relacionadas con la producción y consumo de la información, planteando una actitud proactiva que llevó a considerar al alumno como un potencial productor de información, lo cual lleva a evaluar la necesidad de generar consumidores que favorezcan un circuito de consulta y construcción de conocimiento. Resultó interesante el rol activista en relación a la protección del acceso a los recursos bibliográficos en contextos de salud, situación que se tornó visible con el movimiento “Salvemos la Biblioteca UDG”, en este caso una página Facebook https://www.facebook.com/SalvemosLaBibliotecaUDG/ creada por los alumnos de la Universidad de Guadalajara, luego de que se diera a conocer en redes sociales la noticia de la probable desaparición de la Biblioteca Virtual de la Universidad de Guadalajara (UdeG) por inminentes recortes presupuestales federales. Por otro lado el autor realizó un análisis de los países que mayor producción de artículos científicos generan (China, USA, UK, Alemania) en detrimento de los países americanos (recién Brasil se ubica en el puesto 14, seguido de México en el 28 y Argentina en el 44), cabe señalar el caso mexicano, que a pesar de contar con mayor cantidad de licenciados por país no es sin embargo el que más documentos publica. Otro dato interesante compartido en la presentación ha sido la mención de Chile, Colombia y Perú como los países en donde se registraron mayor cantidad de artículos científicos publicados por estudiantes.

Luego llegó el turno de Gerardo Zavala Sánchez y Máximo Román Domínguez López, ambos  licenciados en Bibliotecología, quienes expusieron sobre el derecho a la información y desarrollo de habilidades informativas, tomando por caso las necesidades informativas y digitales de los migrantes de la Frontera Sur, una realidad compleja de inmensas minorías provenientes del llamado Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador), quienes se agruparon para poder cruzar de manera pacífica el país con el propósito de llegar a Estados Unidos de América, situación compleja dadas las restricciones de las políticas migratorias estadounidenses. El vehículo utilizado por los servicios bibliotecarios en bibliotecas públicas estuvo centrado en la accesibilidad de la conexión a Internet, considerando que más del 80% de la población hondureña se conecta vía Facebook (86%) y en menor medida Twitter (30%). Asimismo proliferan los mensajes y fotografías por Whatssap en situación de tránsito, provocando movilizaciones por esta red. Buena parte de los desafíos encontrados en las bibliotecas ha estado motivado por problemas de infraestructura para facilitar la conexión a información electrónica, en donde se incluyen las barreras idiomáticas, por lo que se propuso incorporar acceso a Facebook y Whatssap dentro de las bibliotecas públicas ubicadas en contextos de frontera, así como organización de talleres para contención psicológica (donde se valoró el apoyo emocional por parte de los bibliotecarios). Finalmente los autores compartieron un video que mostró los problemas cotidianos de los inmigrantes en cuanto a los permisos migratorios, la discriminación padecida y las escasas posibilidades de progreso, esos testimonios, que fluctuaban entre la esperanza y la resignación, constituyen un enorme desafío para las bibliotecas.

El panel sobre cohesión social desde las bibliotecas empezó con la abogada y política Mariana Fernández Ramírez, una activa luchadora en busca de la construcción de un Jalisco con mejor calidad de vida, lo que derivó en una fuerte crítica hacia la ausencia de estadísticas oficiales en México sobre los crímenes de odio, aquellos que se cometen en contra de los derechos humanos de grupos que de por sí sufren discriminación. Fue muy clara al hablar de lo que significa la intolerancia, registrándose altos índices en crímenes motivados por odios raciales, preferencias sexuales, transgéneros, odio social, religión, origen étnico, discapacidades y en especial redes sociales –verdaderas tribunas del odio- la necesidad de que las bibliotecas elaboren materiales sobre la tolerancia, en especial con las mujeres indígenas, los migrantes y lesbianas entre otros, en tal sentido la autora propuso trabajar documentos sobre la memoria, alertando sobre la importancia de constituir y organizar experiencias de bibliotecas humanas.

Posteriormente, la abogada María Guadalupe Ramos Ponce, especializada en temas sobre feminismo, compartió un documento sobre servicios de información con grupos en situación de vulnerabilidad, donde llamó a despatriarcalizar la educación, hubo en su discurso una aclaración en cuanto al entendimiento del concepto “grupos vulnerables” en relación a las mujeres, en donde ha propuesto mencionar sobre el contexto de vulnerabilidad como un modo más adecuado de referirse a la problemática de este colectivo social, la necesidad de analizar críticamente el porqué de la negación histórica al derecho de la mujer para poder votar como cualquier ciudadano, y la urgencia por garantizar el acceso de las mujeres a una vida libre de violencia, propio de un derecho humano fundamental. Como diputada, presentó una iniciativa de reforma al artículo 219 del Código Penal para el Estado Libre y Soberano de Jalisco, incorporando las agresiones motivadas por el odio social, como agravante para los delitos de homicidio para determinar penas concretas y efectivas.

Luego vino el turno del profesor español Hilario Hernández Sánchez, quien compartió reflexiones sobre la biblioteca social en sectores vulnerables, bajo una mirada inclusiva y sostenible. El autor realizó un análisis de los factores de exclusión presentes en nuestras sociedades, visibles en escenarios socioeconómicos, educativos, culturales, así como barreras planteadas por temas sociodemográficos, de discapacidad, salud y violencia. Luego de plantear estas problemáticas se preguntó qué hace la biblioteca ante esta realidad, una de las respuestas estuvo focalizada en el entendimiento del Tercer Sector de Acción Social, en donde, utilizando como soporte un video, ilustró sobre la importancia del acceso a la lectura en las poblaciones infantiles, buscando generar desde las bibliotecas un servicio de proximidad, la necesidad de promover la lectura bajo un marco de cohesión social y espacio inclusivo, estas propuestas suelen estar presentes en la Fundación Biblioteca Social, ubicable en este enlace https://fundacionbibliotecasocial.org/es/

Finalizó este panel la antropóloga Lorena Careaga Viliesid, compartiendo un documento denominado “La biblioteca de la Universidad del Caribe en Cancún: un laboratorio de interacción cotidiana de la diversidad”, tomando como ejemplo el pueblo Maya de Quintana Roo, un lugar de raíces ancestrales y de diversidad cultural cambiante. Allí la biblioteca de la Universidad del Caribe, como espacio educativo de información, de encuentro y de apoyo, reúne estudiantes y profesores de distintos orígenes étnicos y nacionales, la autora mencionó sobre la ausencia de bibliotecas documentando realidades en estas comunidades, lo cual subrayó en la necesidad de un mayor entendimiento por la cultura Maya.

El día martes inició la jornada el mexicano Juan José Serrato Velasco, maestro en historia latinoamericana y doctor en antropología social, inaugurando el panel “Realidades sociales: acceso y oportunidades para todos”, quien expuso un panorama sobre el acceso a las publicaciones científicas en México, habilitadas para su consulta por intermedio de 32 universidades públicas estatales y 3 universidades públicas federales (la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Autónoma Metropolitana), cuyos espacios cuentan con partidas presupuestarias asignadas por el gobierno. El autor manifestó que el 1.4% del presupuesto es destinado para ciencia y tecnología, recurso obtenido por el CONACYT (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología), en ese punto planteó una disyuntiva en cuanto a la administración de recursos públicos con los presupuestos asignados, cuya implementación debe realizarse antes de finalizar el año, lo cual requiere un conocimiento de gestión y de planificación de tareas y servicios.

Acto seguido, el Director de la Biblioteca del Congreso de la Nación Argentina, Alejandro Lorenzo César Santa mostró un video sobre las políticas institucionales de la biblioteca, comentando parte de sus servicios (atención las 24 hs, cuerpo de traductores de artículos científicos en inglés, acceso a la información en zonas carenciadas a través de un bibliobús, utilización de paneles solares para reciclado de residuos y de agua, así como colaboración con envío de papel reciclado para organizaciones sin fines de lucro), el autor focalizó en los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible), que como biblioteca pública y parlamentaria, la BCN tiene un rol específico en cuanto garantizar el derecho de acceso a la información, en donde resulta necesario incorporar y evaluar indicadores para el cumplimiento de dichos logros en el Sistema de Gestión de la Calidad.

A continuación, la bibliotecóloga estadounidense Cynthia Medrano Torres, expuso  sobre la necesidad de programar servicios bibliotecarios para el público infantil, tomando como ejemplo un centro comunitario multicultural Bilingüe en Rantoul, Illinois, que brinda cuidado de niños a los trabajadores agrícolas migrantes y sus familias, en contextos de vulnerabilidad social y emocional. Las tareas consistieron en explorar la creatividad de los niños, desarrollar habilidades interpersonales y aumentar su alfabetización, sin embargo remarcó que las bibliotecas no cuentan con recursos apropiados, los bibliotecarios no tienen conocimiento de la comunidad por no pertenecer a la misma y el presupuesto es inexistente, lo cual invitó a plantear interrogantes en cuanto al alcance del espacio cultural en relación a las carencias de los usuarios.

Luego el español Pablo Parra Valero compartió un documento titulado “La biblioteca como espacio contra la desigualdad: fomentando las competencias lectoras en niños y jóvenes en situación de exclusión social”, donde mostró un caso muy particular en Galapagar, municipio ubicado al noroeste de Madrid, que cuenta a nivel país con poca inversión en gasto social y que tuvo como problemática la coexistencia con otros grupos minoritarios, en especial familias marroquíes de segunda generación, lo cual llevó a la biblioteca Municipal "Ricardo León" de Galapagar (Premio Nacional de Animación a la Lectura María Moliner 2017) a implementar nuevos servicios de extensión bibliotecaria. Una de esas propuestas estuvo focalizada en visitas a lugares comunitarios organizados desde la biblioteca, en especial museos, centros culturales y una novedosa propuesta conocida como Micropolix, una ciudad infantil dedicada al ocio educativo para niños de 4 a 14 años. Un caso que despertó el interés de la biblioteca municipal ha sido la difusión de la historia de vida de Manal Al Sharif, informática y activista de los derechos de las mujeres de Arabia Saudita, que ayudó a iniciar una campaña a favor de los derechos de las mujeres para conducir en dicho país, lo que le valió ser encarcelada, perder su trabajo y la custodia de su hijo.  El autor también focalizó en los ODS, ejemplificando cómo las bibliotecas contribuyen al cumplimiento de la Agenda 2030, en tal sentido la Biblioteca Municipal Ricardo León de Galapagar inició en 2018 un programa anual de animación a la lectura titulado “Más allá de los libros” con el propósito de divulgar los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas y mejorar las competencias lectoras de niños y jóvenes de entre 5 y 12 años en situación de exclusión social.

Luego fue el turno de la bibliotecaria y cineasta estadounidense Jill E. Baron, quien compartió una interesante iniciativa, motivada por los reclamos de los estudiantes que asistían a la Biblioteca del Congreso de EEUU en relación al encabezamiento de materia denominado "Extranjeros ilegales", considerado como una ideología racista por parte de los usuarios, lo que llevó a los bibliotecarios a reflexionar sobre los criterios empleados en los vocabularios, iniciando una campaña para eliminar este tipo de términos que involucraba a inmigrantes indocumentados (fue precisamente el concepto que se propuso para reemplazar al anterior). La autora se apoyó en un video para mostrar las críticas de la comunidad de migrantes hacia los catálogos, y lo que posteriormente generó en la sociedad norteamericana, el anuncio de la Biblioteca del Congreso de que promulgaría el cambio, las reacciones entre los políticos y los medios conservadores y la inacción por parte de la Biblioteca del Congreso para abordar la problemática, disyuntivas que aún se siguen interpelando a nivel nacional. A modo de conclusión compartió el documental Change the Subject https://www.youtube.com/watch?v=Ebphd5Rg6c8 donde se resume la historia de la lucha por el cambio de encabezamiento de materia y lo que implicó en relación al contexto de inmigración de los EE. UU. Se trata de un documento que buscó transmitir la importancia de escuchar a los estudiantes y trabajar en consecuencia hacia una biblioteca más comprensiva y más inclusiva.

Por la tarde prosiguió el panel número 4, correspondiente a Lenguas indígenas, con la excelente moderación de María Guadalupe Arredondo Ochoa, allí quien suscribe compartió un panorama de las bibliotecas indígenas de Argentina, focalizando esencialmente en el sentido y entendimiento del concepto Biblioteca Indígena, y tomando algunos ejemplos de experiencias que buscan representar la identidad cultural a través de los acervos bibliográficos. Compartir estas reflexiones significaron un modo de comprender la historia indígena de Argentina, desde una mirada crítica, y apoyándome conceptualmente en Carlos Martínez Sarasola, intenté demostrar las disyuntivas del “país que no fue” en relación a los valores no integrados de los pueblos originarios, porque no cabe duda que los argentinos fuimos enseñados y educados a lo largo del tiempo en la negación de los pueblos indígenas, negación que en muchos estratos sociales alcanzó preocupantes niveles de discriminación, racismo y segregación, en breve se publicará el documento, pero me parece válido rescatar algo que hace al rol social del bibliotecario: la necesidad de articular la noción de conocimiento con el concepto de verdad, tal como lo comprenden en forma endógena los paisanos de las comunidades, quienes aún conservan en su memoria el entendimiento cultivado por sus abuelos. Las verdades tergiversadas de quienes publican sobre los paisanos debe ser contrastada desde las propias verdades que aún perviven en las comunidades, y los fondos orales son uno de los tantos elementos que los bibliotecarios tienen para lograr que esos conocimientos se transformen en documentos, por tal motivo considero que las bibliotecas indígenas tienen mucho que aportar a la historia cultural del país, ya que la deuda social que aún tenemos con las comunidades indígenas está lejos de ser saldada, es algo que como ciudadanos debemos interpelar.

Posteriormente el escritor Wixárika Gabriel Pacheco Salvador compartió un texto denominado “Desarrollo de las lenguas indígenas, un paradigma de inclusión editorial”, donde evidenció las dificultades que experimentó durante su formación académica, por la ausencia de recursos informativos en su lengua materna, una realidad que cuenta con variados testimonios de escritores indígenas a lo largo del continente. El autor dejó en claro la situación de las comunidades cuyas culturas ágrafas no han podido desarrollarse, ya sea por la invisibilidad del Estado como por la ausencia de contenidos en la Educación Pública, donde sea posible la inclusión de la tradición oral como base fundamental de la comunicación del vasto acervo comunitario producto de miles de años. Allí planteó la disyuntiva de lo que la biblioteca significa para los pueblos originarios, como un espacio que debe definir su rol, ya que en muchos casos no corresponde precisamente a las necesidades e intereses de las comunidades. Si bien, tal como lo refirió el autor, en la época prehispánica los pueblos originarios de América, poseían las formas propias del lenguaje y de comunicación escrita a través de códices, estelas, grabados en piedras, maderas y en pieles de animales, no dejó de resultar muy interesante la exposición de documentos informativos, propios de la escritura y cosmovisión Wixarica (quien suscribe advierte una similitud con las reconocidas molas de la etnia Kuna de Panamá) por tratarse de objetos que comunican información a través de las imágenes y texturas. Por otro lado resultó un gran aporte el entendimiento de lo que para la cultura Wixárika es el acervo más importante, conocido como Tuki o “Templo mayor”, donde no solo se encuentra el conjunto de los objetos que hablan, transmiten y guardan el saber ancestral, sino que están también los objetos infantiles que pueden ser leídos por quienes han sido formados durante su vida en el recorrido del aprendizaje. Como lo expresó Gabriel, el camino del saber es la relación y la práctica constante de las actividades espirituales que permiten conocer la cosmovisión propia.

Finalmente la bibliotecaria brasileña Soraia Pereira Magalhães abordó la problemática de la biblioteca pública y la falta de atención a las minorías lingüísticas en Brasil, teniendo como aval el haber recorrido más de la mitad de las bibliotecas ubicadas en comunidades de la Amazonía, lo que le permitió contar con datos dentro de un territorio que equivale en proporciones al de México, allí la investigadora indagó sobre el Sistema Estatal de Bibliotecas Públicas dentro del estado de Amazonas, encontrando fuertes demostraciones de indiferencia hacia las minorías lingüísticas, lo que deriva invariablemente en un contexto donde las desigualdades dejan al desnudo la inviabilidad de los servicios bibliotecarios inclusivos y democráticos. En su exposición me alegró mucho encontrar una mención a la Biblioteca Maguta de la etnia Ticuna, que personalmente considero como una de las bibliotecas indígenas más representativas de América Latina, citando los aportes conceptuales del profesor José Bessa Freire, reconocido investigador en el amplio contexto de la bibliotecología indígena comunitaria. Tanto las observaciones como los recorridos que la autora transitó en esos escenarios, dejan entrever un panorama complicado en cuanto a la presencia del Estado en aquellas unidades de información que brindan servicios sin los recursos adecuados, en un contexto de compleja vulnerabilidad social.

El día miércoles pude presenciar la charla cultural que compartió el artista Raúl García Sangrador, Doctor en Arte por la Universidad de Guanajuato, denominada “Albergue Las Memorias de Tijuana: laboratorio de corporalidades de arte pos-abismal”, donde narró la experiencia de la visita al Albergue para personas con VIH y tuberculosis “Las Memorias” de Tijuana, entendido como un laboratorio de construcción de corporalidades, en el cual la premisa consistió en materializar las tensiones escritas por el autor, donde lo metropolitano, lo colonial, lo abismal y pos abismal generan rutas de análisis de la producción artística actual. El resultado trasladó el debate al concepto queer, casi veinte años después de su planteamiento inicial. Con esta propuesta, cuya audacia ha enriquecido el contexto del coloquio (a mi entender un buen criterio por parte de los organizadores al incorporar este trabajo), se pudieron observar obras que dejaban al desnudo una mirada muy humana en un contexto de finitud y vulnerabilidad, incluso al hablar de prevención era posible observar como el concepto atravesaba la subjetividad de la obra colectiva. De este modo, tanto las pinturas como los cuerpos desnudos retratados por el creador visual, generaron nuevos espacios de entendimiento en cuanto a las corporalidades LGBTQ, las profundas problemáticas de la pandemia del SIDA y el rol de las artes visuales en dichos escenarios.

Finalmente, el abogado por la Universidad de Guadalajara, Salvador Alcántar Morán, brindó una charla sobre Wikipedia en la integración de grupos vulnerables, explicando esta forma de trabajo no centralizada, no jerárquica y abierta, lo que ha generado una infraestructura idónea para la integración de personas en la creación del conocimiento.  Como dato se registra un bajo porcentaje de personas transgénero que editan información en Wikipedia. Asimismo quienes colaboran en Wikimedia México –promovido desde Wikipedia– registran aportaciones en la enciclopedia virtual por la integración del náhuatl y el maya en los contenidos informativos, movimiento que requiere del permanente voluntariado para integrar narrativas marginadas.


Hubo algo que como lector agradecí mucho -sabiendo de antemano que el Coloquio Internacional de Bibliotecarios estaría inserto en la Feria del Libro de Guadalajara, cuyas proporciones resultaron imposibles de abordar en tres días- haber encontrado el stand del Taller Leñateros de la Cultura Maya, donde pude comprobar la calidad editorial de los catálogos, la originalidad de los textos publicados, y el diseño de los diversos artefactos que sus mujeres y libros vivientes trabajan con una profusa variedad de materiales. Encontrarse y perderse en esos pasillos resultó un placer que espero volver a experimentar pronto.

No quiero finalizar sin agradecer a las autoridades que me permitieron compartir estas experiencias, al organizador Dr. Sergio López Ruelas, a Josué Alejandro Chávez Castellanos, Ana Gricelda Morán Guzmán y María del Carmen García Villareal por asistirnos en todo momento, a la Mtra. Helen Ladrón de Guevara Cox, Dora Elia Cortés Hernández y Martha Ibáñez Marmolejo por compartir tanta información, a los compañeros mexicanos, brasileños, españoles, estadounidenses y argentinos que formaron parte de las jornadas, al público presente, sinceras gracias.

Datos del Coloquio Internacional de Bibliotecarios:

jueves, 12 de diciembre de 2019

Testimonio de una vocación



El 11 de mayo de 2005 conocí a Carlos Martínez Sarasola en la Feria del Libro de Buenos Aires, el pretexto fue la presentación de una colección sobre Pueblos Originarios, por ese entonces recién me había recibido de bibliotecario, tenía publicado un estado de la cuestión sobre servicios bibliotecarios a las comunidades indígenas, razón por la cual decidí presentarme ante quien consideraba una palabra autorizada en el mundo de las culturas originarias, un hombre-puente, un conocedor de los patrimonios ancestrales. Cuando me acerqué al stand Carlos estaba firmando ejemplares, le conté que estaba investigando sobre bibliotecas indígenas, el tema le había sorprendido, desconocía la bibliografía en torno a esos trabajos, y quedamos en vernos en la hoy extinta Fundación desde América, el mismo espacio físico donde posteriormente funcionó el Orejiverde, Diario de los Pueblos Indígenas, para conversar sobre los eventuales alcances de aquella investigación bibliotecológica.

Siempre manifesté que el único círculo profesional que integré en mi vida fue el del Orejiverde, y el motivo de ese sentido de pertenencia era Carlos, su sola presencia habilitaba distintos puentes de entendimientos interdisciplinarios, creía mucho en ese plano de relaciones en donde todo tenía algún tipo de vínculo, bajo esa comprensión los saberes se entrelazaban y se enriquecían, avanzando hacia la completitud de los conceptos, desbrozando ideas, interpelando teorías, respetando la diversidad de los aportes.

Nunca olvidaré, en este esfuerzo por traer a la memoria lo vivenciado en tantos años, cuando en junio de 2017 compartimos un viaje hasta el pueblo mapuche de Los Toldos, en ocasión de la celebración, por primera vez en la historia, del izamiento de la wenufoye mapuche en una plaza pública, fuimos en mi auto, yo manejaba y Carlos cebaba mate, cinco horas de viaje y unas seis de regreso, recuerdo que había quedado azorado, mientras manejaba, al escucharle su experiencia con los Beatles, resultó ser que Carlos tocaba la guitarra en un dúo folk, junto a su amigo Eugenio Carutti, lo cierto es que ambos enviaron una cinta a la mismísima Apple Records, el sello donde los 4 de Liverpool grabaron sus discos más emblemáticos, y la respuesta que recibieron de Londres los había dejado perplejos, el ingeniero de sonido los invitaba a participar de una grabación, que fue escuchada entre otros por Lennon, McCartney y George Harrison, quienes compartieron un té con Carlos mientras escuchaban la cinta, Carlos recuerda que no estuvo Ringo Starr ese día, pero sí estaba Yoko Ono, el ingeniero de grabación les pidió un tiempo para ver la posibilidad de una producción, en ese lapso Carlos y Eugenio aprovecharon para recorrer París bajo el reciente mayo francés, y luego Italia, donde Carlos descubrió un libro sobre el Machu Pichu que le terminaría cambiando la vida, ya que lo llevaría al poco tiempo de regreso al país para estudiar Antropología en la UBA.

Carlos lo recuerda de este modo: La música me llevó a tener una banda de rocanrol y a creer en el sueño de cambiar el mundo. El hippismo, la beatlemanía y el “hagan el amor y no la guerra” inundaban el planeta y un día, junto a mi gran amigo y socio de aventuras, Eugenio Carutti, nos embarcamos con dos guitarras y bolsos a llevarle nuestras canciones a los Beatles. Era el invierno de 1969. Disfruté mucho vivir ese tiempo en Londres, pletórico de libertades individuales, de hippies con enormes melenas (en Ramos Mejía la policía de Onganía nos perseguía con tijeras para cortarnos el pelo), de pies descalzos, minifaldas mínimas, conciertos de rock, de un gran multiculturalismo puesto en acción. Luego fue París, donde observé lo que quedaba del Mayo Francés, en grafittis que convocaban a lo imposible. Y finalmente Roma. Una noche en que revolvía los estantes de la gran biblioteca –una más- elegí un libro que “devoré” en un par de días y que marcó mi vida. Era “Machu Picchu, la ciudad perdida de los incas” de Hiram Bingham.

En los Toldos percibí la dimensión de su persona, allí en medio de la nada, luego del acto había paisanos que se juntaron para pedirle una dedicatoria, una foto, una conversación, no hacía falta eso para darme cuenta lo que Carlos representaba para la Antropología Argentina, pero daba una idea del impacto que su trayectoria generaba entre los concurrentes, un recorrido imposible de igualar. Recuerdo la caída de la tarde, cuando culminó la rogativa del Nguillatún y nos quedaba aún atravesar la ruta, mientras el crepúsculo parecía tejer un manto en tonos pasteles, con mínimos nubarrones dorados, Carlos relataba historias en donde los temas antropológicos, artísticos, culturales, e incluso bibliotecarios, se enlazaban generando nuevas ideas, nuevos cruces de camino, nuevos entendimientos, daba la sensación que algo nuevo siempre estaba por comenzar.

Cada reunión del Orejiverde era un círculo en el que Carlos parecía estar naturalmente en el centro, y no fue casual que esa simbólica esfera tuviera por escenario su querida biblioteca, esa que ahora ocupa los estantes de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, Carlos llegó a decir que si por un accidente esos libros se hubiesen quemado en un incendio su vida ya no tendría sentido, aquel espacio contó con ediciones únicas de temáticas antropológicas, etnográficas, históricas, literarias y artísticas, tanto musicales como pictóricas, muchos de esos libros los adquirió en sus innumerables viajes, otros los recibió en donación por parte de reconocidos referentes de las culturas originarias, documentos de gran valor que de aquí en más los lectores de la Biblioteca Nacional tendrán la oportunidad de consultar.

Hay un detalle que pocos conocen de Carlos, y era algo que lo emparentaba con los bibliotecarios, su biblioteca personal estaba catalogada en un archivo Word con criterios propios de clasificación, los libros estaban ordenados por temas, muchos de ellos ligados a sus intereses académicos, pero además el inventario añadía la cantidad total de registros según lo que Carlos denominaba “bloques temáticos”, detallando cuántos volúmenes, fascículos, suplementos, revistas, separatas, folletos, textos inéditos, cuadernillos informativos y videos tenía en relación a cada tema, recuerdo dos curiosidades: una gran colección sobre ovnis y programas con conciertos de Rock, además de tener registrado guías de actividades, catálogos editoriales, fichas y programación de cada Feria del Libro.

Los archivos incluían detalladas bibliografías según los temas más investigados por Carlos: Indigenismo/indianismo, Cuestión indígena en América, Pueblos indígenas de Argentina, Sudamérica y Norteamérica, Animales/Biodiversidad, Ufología, Chamanismo (muchos trabajos compartidos en colaboración con Ana María Llamazares), Derechos, Tierras y territorios, las referencias bibliográficas adoptaron normas APA (datos de apellido y nombre del autor, año de publicación, título, país de publicación y editorial).

En el catálogo, como prueba de la exhaustividad con que Carlos clasificaba su colección, aparecen listadas todas las temáticas que formaron parte de sus inquietudes personales, desde sus propios textos no publicados hasta materiales sobre pueblos indígenas de Argentina, colecciones varias de comics, cosmovisión indígena, teoría antropológica, arte originario, historia argentina y latinoamericana, documentos de la Fundación desde América, filosofía, historia de las religiones, diccionarios, enciclopedias, folklore, religiosidad popular, medicina, poesía, ciencia ficción, fotografía, conquista y colonización de América, etnografía, etnología, cosmología, guerra de fronteras y “Conquista del Desierto”, arqueología, prehistoria, culturas africanas, afrodescendientes, museos y Guías turísticas, música universal, etnomusicología, gauchos, expedicionarios, viajeros y sobrevivientes, educación, interculturalidad, “San Lorenzo querido” (lo que deja al desnudo una faceta no tan conocida de Carlos, como hincha fanático del club de Boedo), San Martín, Ejército de los Andes, etnoliteratura, genocidio, cine indígena, en definitiva todo lo que estuviera ligado con el mundo de los paisanos que tanto comprendió y que tanto quiso.
Muchos de esos libros llevan marcas de lecturas y notas que hacen más valiosa la colección, resulta imposible dimensionar el valor de esas escrituras, consecuencia de su paso por la docencia y la investigación.

La biblioteca personal Carlos Martínez Sarasola inició la catalogación en julio de 2014 y finalizó en junio de 2015, más de cuatro años después, por intermedio de su hijo Lucas, el destino quiso que toda esa obra, de la cual el gran antropólogo fue un ferviente lector, esté a disposición de nuevos investigadores.

Desde su partida, en mayo de 2018, medité mucho sobre los ciclos que se interrumpen, e invariablemente sobre la necesidad de continuar con los andares, en algún punto, estos libros que Carlos deja, representan simbólicas ofrendas, similares a las apachetas andinas cubiertas de piedras al costado de los caminos, es un testimonio de su paso por la vocación, y a la vez, la posibilidad que otros estudiantes sigan construyendo eventuales teorías en nuevos contextos, seguramente a Carlos le hubiera gustado que así sea.

Dedico estas palabras a quienes acompañaron a este gran amigo en sus numerosas aventuras, Ana María Llamazares, Lorena Ottolina, Fernanda Sakihara, Maria Andrea Franzoni, Daniel Pincén, Eduardo Javier Pincén, Héctor Martín Pincén, Carlos Santos Sáez, Amalia Noemi Vargas y tantos colaboradores y paisanos imposibles de nombrar.

Un especial agradecimiento a Lucas Martínez Sarasola por confiar en las buenas intenciones de proponer a la BNMM como recinto del legado profesional y académico de su querido y admirado padre.

A la memoria de Carlos y de Luis Eduardo Pincen.


Versión para El Orejiverde

Cuaderno de la BN

miércoles, 27 de noviembre de 2019

XXXIII Coloquio Internacional de Bibliotecarios – FIL 2019, Guadalajara, México



En el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), se celebrará en dicha ciudad, desde el 2 al 4 de diciembre de 2019, el 33º aniversario del Coloquio Internacional de Bibliotecarios, que organiza la Coordinación de Bibliotecas de la Universidad de Guadalajara, México, que en la presente edición lleva por título “Servicios de información para grupos vulnerables”.

En esta ocasión participaré en la mesa de trabajo número 4, denominada “Lenguas indígenas”, programada el día martes 3 de diciembre de 12:10 a 14:00 horas, junto a Soraia Pereira Magalhães y Gabriel Pacheco Salvador. Allí compartiré un panorama sobre bibliotecas indígenas de Argentina, analizando casos de resistencias culturales, paradigmas y discontinuidades.

Será un gusto grande reflexionar con los colegas mexicanos y latinoamericanos las diferentes propuestas y actividades, cuyas mesas temáticas son las siguientes:

- Las bibliotecas en la construcción de comunidades diversas.
- Cohesión social desde las bibliotecas.
- Realidades sociales: acceso y oportunidades para todos.
- Lenguas indígenas.

Programa general de eventos:

sábado, 23 de noviembre de 2019

La Biblioteca Especializada del CIFMA (Centro de Investigación y Formación para la Modalidad Aborigen – Chaco)



Este caso es paradigmático, de las primeras experiencias existentes de bibliotecas consideradas indígenas por los bibliotecarios, nace a fines de los años 80, cuando las comunidades indígenas del Chaco (en su mayoría Qom, Moqoi’t y Wichí), solicitaron a las asambleas una educación que los reconozca y valore como pueblo, este reclamo derivó en 1987 en la conformación de una capacitación de Auxiliares Docentes Aborígenes (ADA), y en 1995 la creación del Instituto educativo en el cual se insertaría la biblioteca especializada en Educación Intercultural Bilingüe (EIB), cuya implementación se encuadra legalmente en la Ley Federal de Educación, la Ley del Aborigen Chaqueño, la Ley Provincial de Educación, la Constitución Nacional (art. 75, inc.17), la Constitución de la Provincia del Chaco (art. 37) y el Convenio 169 de la OIT.

El CIFMA (Centro de Investigación y Formación para la Modalidad Aborigen), se propuso  fortalecer la identidad étnica y cultural de los alumnos, promover y estimular experiencias educativas significativas, elaborar estrategias pedagógicas interculturales y generar espacios que propicien la participación igualitaria, en tal sentido concibió dichas propuestas con un eje vertebrador focalizado en la interculturalidad, en base al requerimiento académico planteado por las autoridades: título de Profesor Intercultural Bilingüe para la Educación Primaria y para el Nivel Inicial, avalado documentalmente por el Consejo Federal de Educación, lo cual requiere para el ingreso que el alumno pertenezca a una comunidad indígena Qom, Moqoit o Wichí, sea hablante competente en la lengua originaria y tener los estudios secundarios completos (Nivel Medio o Educación Polimodal).

Entre los objetivos específicos que se plantearon figuran el sentido de pertenencia y arraigo a la Identidad indígena, ser respetuosos de la diversidad socio-cultural, promover la investigación cultural y el diálogo intercultural, que los alumnos sean promotores de participación comunitaria, y sobre todo críticos desde una perspectiva bilingüe intercultural. De esta manera sus egresados podían colaborar con el maestro titular traduciendo los contenidos de las diferentes disciplinas que formaron parte del programa educativo.


Lo que puntualmente ofrece la Biblioteca Especializada BP Nª 345 IES (Instituto Educación Superior) CIFMA es acceso a los alumnos, provenientes de comunidades indígenas de Chaco (y en menor número de paisanos migrantes de las provincias de Santa Fe y Salta), de material bibliográfico sobre Educación Intercultural Bilingüe, necesario para completar el aprendizaje de la carrera de maestros interculturales. La sede central del CIFMA se encuentra en la localidad de Sáenz Peña, a su vez cuenta con extensiones educativas en distintas comunidades, entre ellas Castelli, Tres Isletas, La Leonesa y Sauzalito.

Considerando las problemáticas frecuentes en el escenario de la Educación Intercultural Bilingüe, desde el CIFMA se propuso rescatar y sistematizar los conocimientos ancestrales de los indígenas en un ámbito de revalorización de la identidad social y cultural, generar capacitaciones para habilitar investigaciones sobre las culturas y las problemáticas lingüísticas, e incorporar el conocimiento de las familias indígenas al sistema escolar, propiciando un vínculo entre la escuela y la comunidad. Estos desarrollos favorecieron la inserción laboral en el sistema educativo entre los alumnos que estudiaron la carrera. 

En este contexto se destaca el trabajo de la bibliotecaria Miryam Karina Ledesma (en la fotografía la cuarta mujer desde la izquierda), quien cumple un papel vital en la articulación de las diferentes actividades y propuestas del CIFMA, como personal único colabora en forma permanente con los alumnos que cursan la carrera de profesor intercultural bilingüe para la educación primaria, y que desde 2017 incluye alumnos de la carrera de nivel inicial, tomando como prioridad la atención al lector (tanto alumnos y docentes de la institución como de escuelas aledañas, incluyendo alumnos de otras universidades, quienes suelen realizar prácticas de residencia). 


Las investigaciones sobre las culturas Qom, Moqoit y Wichí -la mayor parte traducido en sus respectivas lenguas- se guardan dentro de la biblioteca, con sus correspondientes procesos de sellado, inventariado, clasificación y catalogación, asimismo desde el CIFMA suelen compartir sus colecciones con visitas a colegios en fechas simbólicas que involucra a los pueblos originarios, como el Día de la diversidad, incluyendo participación en la Feria del libro y en eventos artísticos comunales. La bibliotecaria también ha colaborado con una profesora Qom (Andrea Valdés) modelando artesanías que recuperan técnicas cultivadas por los pueblos originarios. Por otra parte continuó un interesante proyecto iniciado por la profesora de Lengua Elsa Gallardo, que más participación ha generado entre los alumnos: la construcción del documento “Efemérides Intercultural Bilingüe”, vinculado con la historia nativa de los pueblos, cuyos textos fueron organizados por cursos de nivel primario en los que cada alumno tuvo por responsabilidad la investigación de una fecha histórica, para luego traducir a la lengua originaria el contenido del trabajo grupal, posteriormente las efemérides son incluidas en la cartelera y socializadas por los docentes en la fecha correspondiente, al inicio de cada jornada educativa.

Desde el Orejiverde pude comunicarme telefónicamente con Miryam, quien me comentó sobre la necesidad de contar con una computadora para la Biblioteca, con lo cual extiendo el pedido a la comunidad lectora, considerando el permanente trabajo que vienen realizando en el CIFMA, donde cuentan con los recursos humanos como su principal fortaleza. Prueba de ello resulta el apoyo de dos libros vivientes de la comunidad, por un lado el docente Qom Orlando Sánchez, quien aportó documentos sobre culturas aborígenes, abordando problemáticas de la lengua materna, relatos bilingües de los abuelos pertenecientes a la comunidad, y análisis de sucesos históricos como la masacre de Napalpí. Por otro lado la participación del docente e investigador Wichí Camilo Ballena (también conocido como Camilu  Wayena), quien editó libros sobre la cultura, entre ellos una guía para alfabetizar en Wichí (titulado Totshonhay tojh hit’s ilaklhameshen tojh ihi wichi lhomet), muy utilizado por los profesores de la institución.

Se destacan también los aportes de las reconocidas “Madres cuidadoras de la Cultura Qom”, trabajando relatos en forma bilingüe y organizando talleres con elaboración de material didáctico, que incluyó el tejido de muñecos de trapo con imágenes de animales autóctonos de la zona. Otros libros muy consultados han sido los del investigador Qom Juan Chico, quien como historiador es el responsable de la Fundación Napalpí, organización creada con el fin de investigar lo ocurrido el 19 de julio de 1924, uno de los capítulos más sangrientos de la historia chaqueña. De su autoría se destacan los libros Lvillaxaco ye Napalpi y un documento titulado “Los Qom de Chaco en la Guerra de Malvinas. Una herida abierta” (Na qom na LChaco so halaataxac ye Malvinas nque'emoxa saimiguiñe).

Para Miryam Ledesma, la biblioteca del CIFMA es el corazón de la institución.


Dirección: Quinta 4 – Barrio Nala’ – Presidencia Roque Sáenz Peña – Chaco – Argentina. Para llegar al edificio escolar y albergue, desde la rotonda de ingreso a Sáenz Peña, hay que tomar la Ruta 95 hacia el Norte.



Versión para El Orejiverde



Nota:
Se agradece especialmente la gentileza de la bibliotecaria Miryam Karina Ledesma y de la Rectora Zulma Martínez por compartir la información que se publica.

sábado, 16 de noviembre de 2019

La Rueda Medicina como círculo de entendimiento en bibliotecas indígenas



Resumen
Se plantean una serie de reflexiones en torno al concepto Rueda Medicina, presente en comunidades indígenas de Estados Unidos y sur de Canadá, se asocia la noción de círculo según el entendimiento de algunas culturas originarias. Se establece una serie de posibles interrelaciones con prácticas orales registradas en casas comunales de conocimiento, pertenecientes a la Amazonía colombiana y peruana, finalmente se propone considerar la arquitectura en relación a la circularidad como modo de representar simbólicamente el espacio de una biblioteca indígena.

La Rueda Medicina como círculo de entendimiento en bibliotecas indígenas

“Habéis visto que todo lo que hace el indio lo hace en un círculo, y todas las cosas tienden a ser redondas. En los días de antaño, cuando éramos un pueblo fuerte y feliz, todo nuestro poder nos venía del círculo sagrado de la nación, y en tanto el círculo no se rompió, la nación floreció. El árbol florido era el centro vivo del círculo, y el círculo de las cuatro direcciones lo nutría [...] Todo lo que hace el poder del Mundo se hace en un círculo. El cielo es circular y he oído decir que la tierra es redonda como una bola, y también las estrellas son redondas. El viento en su fuerza máxima, se arremolina. Los pájaros hacen sus nidos en forma de círculo, pues tienen la misma religión que nosotros. El sol sale y se pone en un círculo. La Luna hace lo mismo, y ambos son redondos. Incluso las estaciones, con sus cambios, forman un gran círculo y siempre regresan a donde estaban. La vida del hombre es un círculo de infancia a infancia, y así en todas las cosas en que se mueve el poder. Nuestros tipis eran circulares como los nidos de los pájaros, y estaba siempre dispuestos en círculo, el círculo de la nación, un nido hecho de muchos nidos en el que el Gran Espíritu quería que cobijásemos a nuestros hijos”.

Black Elk (Alce Negro), Jefe Sioux, célebre sabio indígena.

En algunos casos, los textos intervenidos generan nuevas construcciones cuyas variables tejen conceptos en espiral, completando y adscribiendo teorías que buscan conjeturar ideas   surcadas por planos interdisciplinarios, de algún modo se trata de ciertas libertades generadas en contextos bibliotecológicos, que llevan a relacionar diferentes discernimientos en torno a una problemática, estos ejercicios o experimentos han sido frecuentes en el mundo de la literatura, en ocasiones su tratamiento suele ser propicio tomando como anclaje las notas periodísticas, donde es posible agregar nuevos entendimientos que nos lleven a plantear eventuales respuestas a recurrentes manifestaciones socioculturales.

En este caso, la intervención se debe a un texto publicado en El Orejiverde, Diario de los Pueblos Indígenas,  por la docente María Ester Nostro [Nostro, 2019], sobre las “ruedas medicina”, un entendimiento que representa en sí mismo un concepto, como tantas otras veces ha ocurrido en comunidades que históricamente prescindieron de los alfabetos y las escrituras, se trata de grandes círculos de piedras, cruzados por ejes dirigidos a los puntos cardinales que se encuentran principalmente en Estados Unidos y sur de Canadá y son utilizados con fines rituales, de sanación chamánica y también pedagógicos, en su simbolismo del universo y su relación con el ser humano. Montículos que se extienden sobre una planicie, bordeando riscos y escarpadas colinas, cuya imagen se vincula, desde la sacralidad, con espacios energéticos destinados a la celebración y a la meditación espiritual.

Un sentido cosmológico cuya construcción remite, desde el punto de vista de una vivienda, a la espacialidad de las malocas construidas por los paisanos huitotos y muinanes [Urbina, 1994],  (pueblos indígenas de la Amazonía colombiana y peruana, cuyos territorios se encuentran sobre las márgenes del río Caquetá y sus afluentes), un lugar frecuentado para compartir conocimientos que es aceptado como duplicados del universo por sus chamanes, abordando la idea de totalidad, y en cuyo interior se engendra la palabra a través de los mambeaderos, lugares de reunión de los ancianos que van hilando a través de la oralidad verdaderos canastos de conocimiento, y cuya pertenencia no excluye las diferencias que pudiesen existir entre caciques, curacas (jefe político y administrativo de comunidades familiares), gobernadores, sabedores, brujos, médicos, mujeres, niños, jóvenes y adultos. Tal como lo reseña el investigador colombiano Fernando Urbina, los mambeaderos representan simbólicamente el útero de la madre maloca, un territorio donde es frecuente desovillar el frondoso tejido de la interculturalidad, el total entendimiento de las cosas...

La mayoría de las culturas ha utilizado el círculo en sus representaciones sagradas, una forma geométrica que ha sido aceptada como una concepción de la totalidad, conforme a los ciclos de la naturaleza tal como ha sido representado en la construcción de templos funerarios (especialmente la cultura micénica) o de antiguos anfiteatros griegos, la realización de cálculos calendáricos entre los mayas, o instrumentos de meditación como los mandalas de los hindúes [Nostro, 2019], el trabajo de los artesanos precolombinos con cuencos, mosaicos y cerámicas en donde las formas circulares eran moldeadas con la arcilla, la reconocida "piedra del sol" en el que cada círculo representa un ciclo del tiempo y un estrato del cosmos, el simbolismo del kultrun mapuche, donde se trazan los rasgos de la cultura a través de la música, apenas unos ejemplos que dan cuenta de la complejidad del entendimiento antiguo. Asimismo cabe señalar el modo en que las numerosas culturas indígenas de Colombia han llevado adelante los Círculos de la palabra, a través de los palabreros pütchipü'ü pertenecientes al pueblo Wayuu, cuyas experiencias han estado consustanciadas con la oralidad, el conocimiento, la memoria histórica y la identidad [Epinayu Pushaina, 2013].

Tal como lo señala Carlos Martínez Sarasola [Martínez Sarasola, 2004], “...desde el tiempo (los calendarios circulares como el azteca que nos proponen una idea del tiempo diferente, fundamentalmente no lineal, no una sucesión progresiva de acontecimientos) hasta ciertos rituales como la cabaña de sudar (sweat lodge o inipi) e incluso la misma danza del sol de los indios norteamericanos, por mencionar sólo algunos, están llenos de manifestaciones circulares que son el símbolo de la totalidad”. "Lo mismo ocurre con rituales mapuches como el Nguillatún (rogativa) en el cual toda la ceremonia se realiza durante tres días en una estructura de círculos concéntricos".

En este punto el antropólogo argentino asocia a la noción de totalidad una serie de múltiples manifestaciones, entre ellas la concepción de los opuestos (en sentido complementario), visibles en los principios de caos y cosmos, buscando un permanente equilibrio, a modo de ejemplo es posible verificarlo en la actividad de los pueblos agricultores, en donde el trabajo con la tierra no es una mera actividad económica sino un ritual, a través del cual se transforma el caos -lo no cultivado- en la tierra domesticada por el hombre –el cosmos, lo cultivado-. Asimismo a la idea de totalidad se asocia la concepción de la dualidad, expresada en la cosmovisión indígena a través de una extensa nómina de dioses andróginos, hombre y mujer al mismo tiempo, esta noción a su vez se vincula con la condición de la multiformidad de los dioses, en donde no representan un solo atributo sino varios, incluyendo cualidades contradictorias (ser benéficos y maléficos a la vez), acaso un ejemplo emblemático lo constituye el Dios de la lluvia entre los mayas, Chaac, considerado el Dios de la fertilidad y la agricultura, pero representado en cuatro dioses, uno para cada punto cardinal y para un color en particular.

De este modo Martínez Sarasola resalta la forma geométrica del círculo y la noción de circularidad como la representación más acabada de la concepción de totalidad [Martínez Sarasola, 2010], se trata de una serie de elementos que nos llevan a concebir el entendimiento del círculo en el espacio de una biblioteca, sentido que cobra otro significado cuando dicho ámbito se encuentra dentro de una comunidad indígena.

El círculo en las casas de conocimiento: posibles interrelaciones


Los pueblos originarios de América del norte han trazado en su interior el mapa del universo con sus Cuatro Direcciones y la ubicación del hombre en él, y no cuesta ver en este caso una analogía con las casas comunales de los indígenas del Amazonas, ya que su construcción no puede ser arbitraria, si en dicho proceso al momento de colocar el primer soporte no se respeta la ubicación de las estrellas, la casa de la cultura puede llegar a “deteriorar el paisaje” y no ser representativa de la sabiduría de los ancianos [Urbina, 1994].

En este punto encontramos elementos para vincular la arquitectura de los pueblos originarios en la tarea de construcción de una biblioteca indígena, la noción de círculo se encuentra consustanciada con los elementos simbólicos de las pinturas, guardas, tejidos e imágenes de la naturaleza, que los paisanos han venido realizando desde el fondo de los tiempos, no solo las decisiones que se toman en comunidad habitan una esfera, invariablemente las creaciones artísticas son trazadas bajo dicha comprensión.

Tal como se reseña en la cita introductoria, en el universo Sioux Lakota, se aprecia el entendimiento del anciano Alce Negro (Hehaka Sapa en lengua materna), quien describía la importancia del círculo diciendo: “Todo lo que hace el indio lo hace en círculo /…porque el poder del mundo actúa en círculo…/ Todo lo que hace el poder del mundo se hace en un círculo”, un círculo que, en el caso de la Rueda Medicina, terminó asociándose a la rueda en su movimiento y retorno sin fin, tan próximo, a la idea del devenir circular del tiempo entre los originarios americanos.

Según lo explica Nostro, más que una construcción, la rueda medicina es un símbolo sagrado que representa el orden cósmico, el eterno patrón de vida y muerte, el sendero del sol y la luna, el diseño del tipi (vivienda circular) y la forma del tambor…donde la línea vertical indica el sendero del hombre y la horizontal el sendero del sol. La sagrada intersección de ambas representa el centro de la tierra, así como, entre los Sioux, la infaltable presencia de la pluma de águila evoca y activa al poder de WakanTanka –el Gran Espíritu- sobre todo lo creado y la armoniosa interacción entre los seres vivos y la Madre Tierra. También es necesario recordar que la imagen de la rueda remite a un movimiento, tal como lo representa la bandera de la cultura gitana, la rueda del pueblo Rrom, que expresa los deseos de libertad de circulación más allá de las fronteras establecidas, un deseo que es la vez una señal de identidad en recuerdo de las innumerables persecuciones padecidas por este pueblo a lo largo de su historia [Vegas, 2011]. Simbologías que diferencian a unas culturas de otras, pero cuyos entendimientos tienden un puente hacia nuevas ideas.

Desde el espacio de una unidad de información comunitaria es preciso entender lo que implica la noción de círculo, la idea de una totalidad circular, analizar el sentido de los tejidos hilvanados a través del conocimiento, encontrar elementos para aplicar en eventuales bibliotecas indígenas, acaso un espacio donde la palabra debe ser perpetuada mientras su hilatura lo permita, un escenario donde las voces confrontan verdades, conceptos que asocian cultura con identidad, consensos que representan una historia y un devenir, un círculo que se completa documentando información que se inicia con un recuerdo, al que se une el registro de una destreza, la continuación de un legado familiar, la finalización que es en realidad una pausa, interrupción o abandono, la memoria que en su giro se completa.

Desde el punto de vista chamánico, el término “medicina” alude al poder y fuerza de la naturaleza, lo sagrado del universo que guía al hombre en el campo de energías que lo rodean. Son las energías de las Cuatro Direcciones básicas: norte, sur, este y oeste, que marcan las estaciones del año y las etapas de la vida (nacimiento, infancia, adultez y ancianidad) en relación con el centro, punto del cual todo emerge y al cual todo regresa.
Los acercamientos a este tipo de sabiduría se encuentran connotados en muchas culturas ancestrales, en el cual las construcciones respetan los ciclos de la naturaleza, tal como ocurre con los pueblos guaraníes y chanás, en ellos las reconocidas casas de espiritualidad  (templos en donde se realizan rituales marcados por una profunda religiosidad, acaso uno de los más emblemáticos corresponden al Opy, frecuente en comunidades Mbya Guaraní), forman un componente que podemos situar en un plano mayor, donde es posible dimensionar la importancia de la arquitectura indígena como eje desde el cual reconstruir procesos de identidad y espiritualidad. Esta situación es visible en aquellas comunidades sin territorio que han decidido llevar adelante procesos de reetnización y recuperación de antiguas ceremonias [Martínez Sarasola, 2010], buscando volver a equilibrar la tierra, bajo una idea de coexistencia social, armonía ecológica y apertura de conciencia hacia el otro.

Al intervenir este texto, he querido ver en las distintas etapas referenciadas, el traspaso de conocimiento entre quienes cultivan un saber ancestral, así como en nuestras universidades otros jóvenes toman el testimonio para continuar el camino de los docentes, de la misma manera se construye identidad entre las paredes de una biblioteca indígena, desde lo que saben los abuelos hasta la comprensión lúdica de los nietos. No son habituales los ejemplos de este tipo de construcciones, sin embargo basta conversar con los referentes de algunas comunidades, para encontrar en ellos similitudes en cuanto a la arquitectura que se pretende representativa de un modo de comprensión que aún persiste, a pesar de los permanentes obstáculos con los que los referentes de pueblos originarios se enfrentan en las actuales sociedades occidentales, un modo de comprensión que desde el espacio orgánico de una biblioteca puede recuperarse.

En este análisis que se plantea no estamos hablando de los materiales empleados en una construcción que representan el contexto geográfico en el cual está inserta una comunidad (acaso un ejemplo emblemático -no exento de crítica- lo constituya la Biblioteca “La Casa del Pueblo”, de la cultura Nasa, situada en Guanacas, municipio de Inzá, departamento del Cauca, suroccidente de Colombia, construida con cañas y techo de paja), como tampoco de los colores característicos de las diferentes culturas (por citar algunos casos, la simbología de la bandera Mapuche, la utilización de la Whipala, o ciertas arcillas de tonos amarronados utilizadas en artesanías o vasijas por los Qom), sino de una representación esquemática de los valores culturales dentro de un espacio físico, cuyo plano mayor lo cubre el entendimiento de la arquitectura.

La concepción de dispositivos endógenos: eventuales construcciones


Se impone en este caso discutir el concepto de lugar, asociado a los espacios donde el conocimiento es generado desde el aporte de libros vivientes, sin necesidad de plantear un ordenamiento físico, propio de la cultura escrita. Esta particularidad interpela el concepto de otredad en relación con la identidad indígena, habilitando dispositivos endógenos que representan el contexto y la cotidianidad de los usuarios, de alguna manera se trata de comprender, en este tránsito que las distintas arquitecturas bibliotecarias han recorrido desde la antigüedad, “la ductilidad y maleabilidad  de espacialidades que eran fijas o predeterminadas y que ahora migran hacia localidades que necesariamente no son no-lugares, sino quizás, lugares signados por la ambivalencia de un espacio implementado desde la fugacidad” [Parada, 2015] es aquí donde el espacio, anárquico e infinito, brinda la posibilidad de consustanciar la propia identidad con un sentido de pertenencia ligado a la memoria, desde el cual organizar y dar sentido a lo que se construye y a lo que se cultiva.

Personalmente he presenciado, en comunidades Qom de Derqui (en el Partido de Pilar, Provincia de Buenos Aires) y Rosario, al sureste de Santa Fe (una experiencia que me ha honrado formar parte), la recreación del círculo dentro de la biblioteca, un círculo de personas, conectado a la concepción de lugar, frecuente en la organización de asambleas, reuniones o conversatorios, en donde todos podían mirarse desde un plano igualitario, sin jerarquías sociales de ningún tipo, contando con un tiempo libre de exposición, para al final tratar de lograr consensos. Las decisiones más trascendentes fueron tomadas en un círculo, como históricamente ha sucedido con los antiguos parlamentos.

Siguiendo los lineamientos de la cosmovisión Cherokee (sudeste de Estados Unidos), en las ruedas medicina cada dirección tiene su color, su animal guía, sus características climáticas y espirituales, como también espacio para los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego en una imagen integradora, de equilibrio, armonía sanadora y crecimiento personal, pues su comprensión lleva implícita la adquisición de la mayor sabiduría.
En este escenario podríamos trazar las variables de dos ejes a confluir: la noción circular de meditación espiritual del eje Rueda Medicina, y la noción de cultivo de conocimiento del eje Biblioteca Indígena, y así como algunos movimientos de pueblos originarios necesitaron un estandarte para visibilizar simbólicamente sus reclamos, así también las bibliotecas indígenas necesitan una arquitectura que represente los valores de su cosmovisión, rasgos y entendimientos que el paso del tiempo fue ocultando bajo otro ropaje.

Si bien los principios generales son comunes para todos, cada pueblo otorga a las direcciones características su propia cosmovisión, sus tradiciones, sus condiciones geográficas y circunstancias históricas, es decir que coexisten a través de un entendimiento común, cuidando de no instalar imposiciones en cuanto a lo que cada pueblo comprende, sobre estos postulados se avanza hacia el fortalecimiento de las propias creencias, y en ocasiones se generan nuevos planos de entendimiento, en especial en culturas plurilingües, cuyas representaciones artísticas toman elementos de las culturas geográficamente más cercanas.

Si acaso fuera posible, podríamos trazar un paralelo con el arte collage cubista [Ludmer, 2015], en donde el concepto de textura adquirió otra dimensión, allí se puede apreciar, en algunas pinturas, cómo un recorte de diario o un pedazo de tela terminaba formando parte de un cuadro abstracto, de algún modo ese accionar representaba sacar un elemento de contexto para ponerlo en un nuevo contexto, pero el plano artístico seguía teniendo referencias del cubismo, eran expresiones que en algún punto exhibían, mediante dichas junturas, otros entendimientos sin perder representatividad. De algún modo, trenzar un tejido es ofrecer un servicio bibliotecario, la intervención genera un vínculo que termina perpetuado en un registro, los matices de cada concepto, de cada conversación, de cada conocimiento endógeno, encuentran correlaciones con las notas subyacentes de los documentos.

En estas circunstancias el catálogo demarca un plano inabarcable, en donde muchas veces estará significado por una serie de datos analizados desde una periferia, probablemente aquellos bibliotecarios que tuvieron la inquietud e interés de ingresar a una comunidad indígena, comprendan este razonamiento y este sentido de pertenencia, esa responsabilidad profesional de presenciar el exacto momento en que un conocimiento se transforma en documento. No solamente debemos pedir permiso para generar un acervo, sino sobre todo debemos entender -y no se trata en este punto de ofrecer nuestro entendimiento de lo que un paisano sabe- sino lisa y claramente compartir lo que cada persona conoce, poblar de verdades el catálogo, constituirlo de representaciones genuinas, que los propios libros humanos puedan decir “allí está guardada nuestra memoria, nuestro conocimiento, nuestra historia, nuestra identidad”...

Según lo reseña la autora del artículo periodístico, el pueblo cherokee describe de la siguiente manera las Direcciones: “además del norte, sur, este y oeste, debemos recordar de dónde venimos, la Madre Tierra, MakaIna o UnciMaka, la quinta dirección. Es nuestra conexión con la vida, representada por el color verde. Luego está el Padre Cielo, azul, la sexta dirección, representando el mundo presente y el mundo hacia el cual nos dirigimos. Por último está la séptima dirección, TU, como ser material y espiritual y centro de todo lo demás buscando la armonía y conexión entre nuestros cuatro aspectos, físico, emocional, mental y espiritual pero fundamentalmente entre lo que fue, lo que es y lo que será”.

Como se notará, se trata de diferentes formas de entendimiento que requieren de parte de nuestra sociedad una mirada atenta, no “comprensiva” sino más bien legítima en cuanto a la necesidad de aprender nuevos enfoques filosóficos, porque ciertamente estamos atravesando una crisis de la cual no está exenta la naturaleza en su conjunto, plantas y animales, una biodiversidad que corre riesgo de desaparecer al ritmo de los actuales procesos, y que requiere del conocimiento de los pueblos indígenas para encauzar lo que por diversos motivos como sociedad fuimos devastando, allí necesitamos adscribir al concepto de rueda medicina, intervenirlo, agregarle nuevas variables, completar renovadas esferas, enhebrar inevitables hipótesis.

Hacia estos pensamientos no lineales me llevaron las actuales inquietudes y preocupaciones de quienes aún preservan sus costumbres y tradiciones, buscando recrear nuevos planos en armonía con el contexto, sin embargo desde nuestro ámbito, especialmente con profesionales de la información que se acercan desde una periferia sociocultural a problemáticas que los exceden, sobrevuela la duda de la imposición de ideas en relación a la representación documental de los espacios habitados por la palabra, en donde se supone que es posible plantear una metodología con base en la formación académica, sin previamente habilitar un mínimo esfuerzo en escuchar e indagar lo que “el otro” sabe, comprende o necesita, en tal sentido es preciso seguir desentrañando la diversidad de conjeturas que dicha complejidad plantea, si pretendemos como bibliotecarios abrir una puerta cuyas posibilidades sean realmente apreciadas por los paisanos de una comunidad indígena.

Es posible empezar por la forma más sencilla: escuchar lo que el otro sabe, conversar sin anular lo que el otro cree, decidir colectivamente lo que forma parte de nuestro círculo.

Fuentes consultadas: 

EPINAYU PUSHAINA, Ignacio Manuel. (2013). La palabra y el palabrero Wayuu: entre la tradición y la ignorancia. [Mensaje en un blog]. Ignacio Manuel Epinayu Pushaina. Recuperado de:

LUDMER, Josefina. (2015) Clases 1985. Algunos problemas de teoría literaria. Buenos Aires: Paidos.

MARTÍNEZ SARASOLA, Carlos. (2004). El círculo de la conciencia: una introducción a la cosmovisión indígena americana. En: El lenguaje de los Dioses: arte, chamanismo y cosmovisión indígena en Sudamérica / Ana Maria Llamazares y Carlos Martínez Sarasola. Buenos Aires: Biblos.

MARTÍNEZ SARASOLA, Carlos. (2010). De manera sagrada y en celebración. Buenos Aires: Biblos/Desde América.

NOSTRO, María Ester. (2019). La rueda medicina como círculo de sabiduría. El Orejiverde. Diario de los Pueblos Indígenas. Recuperado de: http://www.elorejiverde.com/el-don-de-la-palabra/4805-la-rueda-medicina-como-circulo-de-sabiduria

PARADA, Alejandro. (2015). Espacialidad y bibliotecas: reflexiones sobre una breve tipología del espacio bibliotecario. Información, Cultura y Sociedad. vol. 33, diciembre 2015. Recuperado de: http://revistascientificas.filo.uba.ar/index.php/ICS/article/view/1907/1891

PISI, Raquel. (2008). El simbolismo de las figuras circulares: con un ejemplo del área andina. Mendoza. Universidad Nacional de Cuyo. Facultad de Filosofía y Letras. Seminario de Licenciatura. Recuperado de: http://bdigital.uncu.edu.ar/objetos_digitales/3887/rpisitesis.pdf

URBINA RANGEL, Fernando. (1994). El hombre sentado: mitos, ritos y petroglifos en el río Caquetá. Banrepcultural. Boletín Museo del Oro. Recuperado de: https://publicaciones.banrepcultural.org/index.php/bmo/article/view/6989

VEGAS, Carolina. (2011). Los gitanos. [Mensaje en un blog]. Maestros comprometidos con la etnoeducación. Recuperado de:

Nota:
Las imágenes corresponden al sitio Web Ancient Origin:

Texto publicado en Revista Fuentes: