En ocasiones, releer un texto implica el desbrozo de información que al paso del tiempo cobra otro significado, en parte ha sido esta la experiencia al retomar la lectura de la Tesis de Maestría en Bibliotecología de María del Rocío Graniel Parra, que llevó por título “Las comunidades indígenas y los servicios bibliotecarios en México: un estudio de caso”, un documento de 377 páginas publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dentro de la Facultad de Filosofía y Letras, trabajo que contó con la asesoría de Rosa María Fernández Esquivel, reconocida Doctora en Bibliotecología y Estudios de la Información por la misma casa de altos estudios. La investigación menciona un antecedente, en el apartado de los servicios bibliotecarios en comunidades indígenas, en el año 1995, de un bibliotecario español que publica en la revista “Educación y Biblioteca” sobre la existencia de bibliotecas creadas por y para las comunidades indígenas de Chiapas (Salaberría, 1995), bibliotecas que posteriormente la autora visitó en julio de 1999, constatando la existencia de servicios discontinuos, y en otros casos, en procesos de construcción o acondicionamiento de sus locales. Pero lo que queda claro es que estas bibliotecas, en aquella época, habían sido construidas por las mismas comunidades indígenas de Chiapas (sur de México), y asesoradas por profesionales mexicanos que -si bien en forma esporádica y con rotación de los eventuales colaboradores- formaban parte del voluntariado de civiles preocupados por colaborar con estos servicios. Ya por entonces, Graniel Parra había advertido uno de los grandes problemas que generaban irregularidades en este tipo de servicios, que era precisamente la no existencia de bibliotecarios indígenas –graduados en Bibliotecología- desempeñándose en dichas bibliotecas, lo que, por un lado, la apertura que habilitaba el componente bilingüe, así como el conocimiento interno de la comunidad, por otro lado se tornaba una dificultad ante la imposibilidad de aplicar criterios técnicos propios de una gestión documental, especialmente las tareas básicas relacionadas con la catalogación, clasificación y organización física de los materiales.
En ese contexto, la autora tuvo conocimiento de tres bibliotecas vinculadas con la educación escolarizada bilingüe, una en Chiapas y dos en Zautla, donde también se habían fundado en el transcurso del año 2000 otras cuatro bibliotecas de la cultura Nahuat, llamadas "Salas Comunitarias de Información" (Márquez Nava, 2001). Si bien después el artículo de Salaberría menciona algunas acciones emprendidas entre el gobierno mexicano y empresas e instituciones públicas para construir escuelas y alberges con bibliotecas, la realidad era que hasta entonces (principios de los años 90) no se tenían referencias de antecedentes bibliográficos sobre servicios bibliotecarios específicamente dirigidos a los pueblos indígenas de México, con todo lo que representaba ese dato en un país con una población de más de 8 millones de indígenas sin servicios bibliotecarios especiales, que ya contaba desde el año 1978 con lo que hoy es la Dirección General de Educación Indígena, Intercultural y Bilingüe (DGEIIB), una institución regida por la ley Federal de Educación (vigente desde 1973), que estipulaba contenidos y materiales homogéneos para la población escolar, traducidos a algunas lenguas indígenas. Todo esto en un contexto en el que la escuela preescolar indígena requería del apoyo de maestros bilingües para fortalecer la castellanización oral antes del ingreso de los niños a la educación primaria, sin obviar el sentido y la importancia de ofrecer contenidos educativos en la lengua materna.
Una biblioteca indígena de Chiapas, en el corazón de la selva Lacandona
Esto nos lleva a averiguar sobre aquel antecedente de la revista española, en donde un bibliotecario resume una experiencia de viaje por bibliotecas de México, Guatemala y El Salvador, ofreciendo un contexto sobre la pobreza estructural de la región, el analfabetismo y la precarización laboral, además de la ausencia de servicios básicos relacionados con el agua y la electricidad. Dentro de este cuadro, quiero detenerme en la descripción de una biblioteca construida en Chiapas, que tiene vinculación con la histórica intervención de los hombres y mujeres del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), exigiendo justicia y democracia, desde la histórica toma de San Cristóbal de Las Casas y otros municipios chiapanecos, el 1 de enero de 1994. La nota recupera un hecho fundacional, simbólico, que es el que llevan adelante un grupo de milicianos en medio de la selva Lacandona, al edificar un centro de convenciones que sería visto como "un barco con vela, camarotes, puente, timón, popa y proa", sitio que, inaugurado en agosto de 1994, fue cedido por el comandante Tacho (identificado por el gobierno como Humberto Trejo Jiménez, oriundo de la comunidad Guadalupe Tepeyac, uno de los principales organizadores del Comité Clandestino Revolucionario Indígena) a la comunidad (Loaeza, 2001), para ser resguardada a largo plazo por la sociedad civil en medio de los cerros de Aguascalientes.
Entonces, tenemos este increíble dato, de que durante 28 días, 600 personas en jornadas de 14 horas diarias, levantaron un anfiteatro con instalaciones que acogieron a 5000 personas, y lo que nació en ese lugar, fue nada más y nada menos que una biblioteca, con el objetivo de que todos los ciudadanos que llegaban desde distintos puntos del país para unirse a la causa Zapatista, tuvieran un lugar para disponer de un acervo bibliográfico como material de consulta y referencia, para que sirviera a las comunidades indígenas. Tanto los zapatistas como los colaboradores locales organizaron un acervo inicialmente de 3000 volúmenes, época en la que se llegó a considerar la inclusión de ludotecas y fonotecas, pero que terminó arrasado por el Ejército Mexicano en dos días de intervenciones militares, destruyendo los aproximadamente 11.000 volúmenes que las mujeres voluntarias estaban clasificando en el fondo documental. Estamos hablando de un breve sueño que involucró a los pobladores y milicianos del EZLN en Aguascalientes, Chiapas, cuya memoria no pudo ser borrada. Meses después de la barbarie, el apoyo sostenido de la comunidad artística del país, hizo que el 18 de mayo, se realizara un festival musical que permitió recaudar fondos para reorganizar la biblioteca, a estas alturas entendida como un verdadero acto de resistencia, a través de la cultura y la educación, dando forma a un poblado denominado “Nuevo Guadalupe Tepeyac”, corazón de la selva Lacandona, pero dada la situación crítica, buena parte de lo recaudado fue destinado a la compra de alimentos, dejando para otra instancia el apoyo logístico del Centro Indígena de Capacitación Integral Fray Bartolomé de las Casas y la construcción de una nueva biblioteca en el poblado de La Garrucha.
En el texto de Salaberría también se incluye una reseña sobre la importancia y función de las bibliotecas públicas, como entidades que conciernen a las comunidades en las que se asientan, donde puedan crecer y desarrollarse, según los propios intereses comunitarios. Entender esta situación implica un diálogo permanente entre el espacio bibliotecario y los pueblos originarios, desde donde sea posible construir un proyecto de nación (que los incluya realmente) bajo la construcción endógena de un acervo representativo de las culturas indígenas. En su momento, el texto de la Ley General de Bibliotecas (diciembre de 1987), desarrollado por la Dirección General de Bibliotecas de México, generó una serie de debates parlamentarios que, entre otras disquisiciones, ubicaban a la biblioteca como un componente vivo de la memoria, “un cuartel general de las ideas”, que tiene por particularidad, sobre todo en Chiapas, de relacionar a los ancianos y ancianas (verdaderos libros vivientes) como bibliotecas vivas donde la memoria reside, habilitando el fortalecimiento de la identidad. La muerte de estas personas es comprendida como el incendio de una biblioteca, una biblioteca de un “nosotros”, cuya memoria sea validada desde el conocimiento y la cultura.
Con semejante antecedente, quienes investigamos sobre bibliotecas indígenas podemos argumentar sobre la importancia que la biblioteca, como casa de las palabras, tiene con relación a los pueblos originarios cuyos conocimientos no están contemplados en los contenidos curriculares del Ministerio de Educación de cada país, a pesar de los esfuerzos contemplados en la modalidad intercultural bilingüe, y cuyo tratamiento representa una de las grandes deudas de los gobiernos latinoamericanos con relación a la educación indígena vinculada con los acervos orales y escritos producidos en bibliotecas por las propias comunidades.
El recorrido de las bibliotecas indígenas en el contexto académico
Me parece oportuno, en estas líneas finales, hacer un reconocimiento a los aportes académicos de María del Rocío Graniel Parra, cuyo trabajo de maestría sentó las bases de innumerables intervenciones por parte de bibliotecarios de distintos países de América Latina. Asimismo, el trabajo de compilación realizado en el primer encuentro latinoamericano sobre la atención bibliotecaria a las comunidades indígenas (un documento que ya lleva más de 25 años y aún sigue siendo una cita obligada si se pretende hablar de servicios bibliotecarios en comunidades indígenas latinoamericanas) representó un verdadero punto de partida para trabajar e investigar sobre las principales problemáticas que afectaban a los pueblos originarios con relación al carácter bilingüe de la cultura. En ese marco, bibliotecarios y bibliotecarias de Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Perú y Venezuela aplicaron contenidos sobre los conceptos de memoria, oralidad, identidad, para interrelacionar, a partir de entonces, los innumerables entendimientos sobre los acervos bibliográficos, las colecciones orales, los trabajos de recuperación con materiales redactados en lenguas indígenas, los servicios específicos y diferenciados en comunidades, los modelos de atención bibliotecaria, y las experiencias comunitarias que utilizaron a los libros como herramientas dinamizadoras y de cultivo entre las familias indígenas. Autores como Sergio Ricco Monge, María Elena Zapata Z., José Ribamar Bessa Freire, Ivonne Gómez Ruiz, Fresia Luisa del Carmen Catrilaf Balboa, el citado Ulises Márquez Nava, Edith Bautista Flores, Ariel Alejandro Rodríguez García, Alfredo Mires Ortiz (a quien tanto se lo extraña), Milagro Medina de Silva, Livio Rangel B., Alice Miranda Arguedas, José E. Juncosa y Jaime Noyola Rocha, representan ejemplos –junto con otros investigadores- de profesionales de la información que han ingresado a las comunidades estableciendo puentes con otras formas de conocimiento.
Todos ellos sentaron las bases para posteriormente continuar las investigaciones con el Seminario Peruano del año 2003, denominado “Acceso a los servicios bibliotecarios y de información en los pueblos indígenas de América Latina”, organizado por la Sección América Latina y el Caribe de IFLA/LAC y el Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica (CAAAP), en donde se sumaron experiencias de Bolivia y Ecuador. Si tenemos en cuenta que el tercer encuentro, realizado en el año 2008 en San Pablo, Brasil (III Encontro Internacional sobre Acesso à Informação e Promoção de Serviços Bibliotecários em Comunidades Indígenas da América Latina - IV Congresso Latino-Americano de Biblioteconomia e Documentação, São Paulo, Brasil, 25-28 de marzo), incluyó como declaración una serie de recomendaciones a ser aplicadas con relación a los servicios bibliotecarios en comunidades aborígenes –básicamente un listado de enunciados de carácter normativo, de lo que se espera a nivel político, social y cultural con respecto a la aplicación del concepto biblioteca indígena en contextos comunitarios- la lectura que se desprende, es que, si bien este movimiento bibliotecológico ha realizado suficientes aportes sobre las concepciones vinculadas con el objeto de estudio, cabría señalar que los enfoques teórico-prácticos no han logrado estandarizar –merced al debate público en torno a las propuestas y recomendaciones sobre las problemáticas suscitadas en la bibliotecología indígena- una serie de protocolos que puedan aplicarse para dar respuestas concretas a las necesidades de información y de organización de documentos y materiales desde los pueblos originarios. Por lo general, las experiencias se registran desde las intervenciones personales de los bibliotecarios/as con apoyo de los entendimientos comunitarios locales, pero sin un criterio que cuente con respaldo académico que permita guiar la construcción y desarrollo de estas unidades, cuyos parámetros puedan tomarse como referencia a la hora de establecer consensos para organizar materiales dentro de una biblioteca indígena, aunque cabe señalar que en esa heterogeneidad de las experiencias compartidas en los congresos, descansa buena parte de los significados que hacen únicas a dichas bibliotecas. El encuentro de Brasil fue organizado entre otros por la Federación Brasileña de Asociaciones de Bibliotecarios, el FEBAB y la Fundación Memorial de América Latina, una jornada que, además de los países anteriormente citados, incluyó experiencias de Argentina, El Salvador, Guatemala, Panamá y Paraguay, y aportes de investigaciones por parte de España, Canadá y Estados Unidos.
Si tenemos en cuenta que uno de los últimos encuentros sobre estas temáticas fue organizado en septiembre de 2020 (II Coloquio Internacional sobre Información y Comunidades Indígenas) es para reflexionar sobre los silencios que se establecen con relación a las reuniones internacionales que tienen por referencia a las comunidades indígenas y el amplio escenario de la información. Este último encuentro fue realizado en México, por parte del Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información (IIBI), en colaboración con el Programa Universitario de Estudios de la Diversidad Cultural y la lnterculturalidad (PUIC), el Laboratorio Nacional de Materiales Orales (LANMO) de la Escuela Nacional de Estudios Superiores, Campus Morelia (ENES, Morelia) y el Programa de Posgrado en Bibliotecología y Estudios de la Información (entidades académicas y de investigación de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)), y tuvo por lema la organización y preservación de la información en las culturas originarias, lo que deja en evidencia que aún son muchos los que siguen investigando y aportando conceptos en base al registro de experiencias en comunidades aborígenes.
Para finalizar, considero que aún sigue siendo importante plantear la disyuntiva que representa, para el universo de la bibliotecología indígena, las razones que eventualmente persiguen en algunos casos las bibliotecas comunitarias: la búsqueda de representatividad en los acervos bibliográficos. Posiblemente se trate de un “nosotros” contemplado desde una casa sin muros, donde la interdisciplinariedad y la producción conjunta de conocimiento genere un sentido de pertenencia y una forma insoslayable de construir comunidad, la posibilidad de fortalecer identidad, representar ideas, cultivar conocimientos. Un espacio donde la educación familiar encuentre su lugar para poder mostrar aspectos de sus ricas culturas, a través de documentos vivos, intersubjetivos, auténticos, dejando sin sustento las etiquetas propiciadas desde entornos ajenos sobre lo que se comprende en cuanto al patrimonio cultural intangible de cada cultura. Biblioteca de indígenas, o bibliotecas con indígenas, no “sobre” indígenas, bibliotecas donde incluso conviene discutir el “para indígenas” con que muchos bibliotecarios suponen establecer un debate políticamente correcto pero que en ocasiones reviste un cierto paternalismo que indica cómo y por qué elaborar esta clase de servicios, de creer que las cosas hay que hacerlas de una determinada manera.
Aún debemos seguir discutiendo el alcance de la oralidad y el bilingüismo, y no creernos que podemos clausurar una temática solo por haber sentido que se cumplieron los recorridos académicos, como si ya no hubiera nada más que investigar. Esas posturas, que encubren un cierto grado de soberbia, son invisibles en las comunidades, y totalmente inviables. Las casas de las palabras de los libros vivientes seguirán formando parte de la literatura, pero a estas alturas ya es tiempo que muchos entiendan lo necesario que resulta generar, desde nuestra profesión, una conversación sobre la utilidad social de la biblioteca indígena, y como bien sabemos, ese diálogo, sin el conjunto de experiencias, conocimientos y memorias de los paisanos, no tiene absolutamente ningún sentido.
Fuentes consultadas:
Acceso a los servicios bibliotecarios y de información en los pueblos indígenas de América Latina: Memorias del Seminario en Lima, Perú (2003). Lima, Perú, IFLA/ALP (Project Report N° 22).
Encuentro Internacional sobre acceso a información y promoción de servicios bibliotecarios en comunidades indígenas de América Latina (2008). Memorial de América Latina, San Pablo. Recomendaciones disponibles en: http://www.febab.org.br/pdf/III%20Encontro%20Internacional%20Acesso%20%20Informa%E7%E3o%20Comunidades%20Ind%EDgenas%20-%20Recomenda%E7%F5es.pdf
Graniel Parra, M. del R. (1999). Aspectos lingüísticos a considerar en bibliotecas dirigidas a las comunidades indígenas mexicanas. Métodos de Información (MEI), 1999, vol. 6, n. 32-33, pp. 68-72. Disponible en: http://eprints.rclis.org/4996/
Graniel Parra, M. del R. …[et al.] (2000). Encuentro Latinoamericano sobre la atención bibliotecaria a las comunidades indígenas. Memoria - México, UNAM/CUIB.
Graniel Parra, M. del R. (2002). Las comunidades indígenas y los servicios bibliotecarios en México: un estudio de caso [tesis]. Universidad Autónoma de México. Facultad de Filosofía y Letras. Maestría en Bibliotecología. Disponible en: https://ru.atheneadigital.filos.unam.mx/jspui/handle/FFYL_UNAM/1908
Loaeza, G. (2001). Comandante Tacho, entrevista con Guadalupe Loaeza. Enlace Zapatista. Disponible en: https://enlacezapatista.ezln.org.mx/2001/02/11/comandante-tacho-entrevista-con-guadalupe-loaeza/
Márquez Nava, U. Salas comunitarias de información, cultura nahuat y posibilidades de desarrollo local en la Sierra Norte de Puebla. Memoria / María del Rocío Graniel Parra (comp.), 2001, ISBN 968-36-9419-5, págs. 65-75.
Salaberría R. Un bibliotecario de paseo. En: Educación y Biblioteca, noviembre 1995, año 7, N° 62, p. 59-65. Disponible en: https://gredos.usal.es/bitstream/handle/10366/112937/EB07_N062_P59-65.pdf?sequence=1&isAllowed=y
Nota: las imágenes fueron extraídas de los
siguientes sitios:
https://radiozapatista.org/?page_id=20278
https://mujeresylasextaorg.com/2013/11/17/ezln-30-anos-de-rebeldia-1-las-7-etapas/



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