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miércoles, 14 de junio de 2017

La pérdida de una lengua, una muerte cultural


Se trata de un tema recurrente en este espacio, el inevitable deterioro que las lenguas indígenas padecen a medida que sus hablantes van desapareciendo, dejando a la sociedad sin un modo de  nombrar las cosas, sin una manera de entender el mundo. Culturas remotas que desde el fondo de los tiempos conocieron mejores escenarios, cuya memoria apenas queda sostenida por un puñado de ancianos, hasta que ocurre lo insalvable, lo que todos presienten que algún día va a ocurrir, y sin embargo nada se hace para evitarlo: la muerte de una lengua.

Algo de todo esto ocurre actualmente en algunas comunidades de las etnias Zápara, Kichwa, Andwa y Shuar de Ecuador. Según el lingüista y antropólogo Jorge Gómez Rendón los procesos de revitalización lingüística y cultural más exitosos, no son aquellos que nacen desde arriba, sino desde las comunidades, que son las que tienen sus propios proyectos.

En este caso, y a propósito de una nota publicada en El Orejiverde, se compartió una problemática que encuentra eco en buena parte de las comunidades indígenas ubicadas en diversos países de América Latina. Dice el texto que “cada vez que hay un encuentro indígena los líderes de las 14 nacionalidades del Ecuador dan un discurso en su idioma. Pero los andwas, residentes de la provincia de Pastaza, lo hacen en kichwa. Están conscientes de que esa lengua no les pertenece. La suya, el andwa, murió con su último hablante, en 2012, y hay quienes intentan revitalizarlo desde su comunidad”. Gómez Rendón ha apoyado este proceso, dejándoles claro que no podrá volver a ser una lengua viva. Sus posibilidades de volver a afincarse en el presente estarían únicamente en un nivel de comunicación básica y como un valor identitario.

Allí se percibe el deterioro de una mesa que siempre estará inclinada, acaso una elección solo concebida desde la voluntad de los abuelos de cada comunidad, situación que es revisitada por lingüistas que tienen por inútil tarea documentar lo que ya ha se ha perdido.
El autor de la nota no solo domina su lengua materna, también comparte charlas sobre la historia de los diferentes grupos étnicos ecuatorianos, como cuando presentó una exposición sobre “Los Colorados: etnohistoria y toponimia del piedemonte andino occidental y las tierras bajas del Pacífico ecuatoriano”, el 10 de marzo de 2017 en el Museo Nahim Isaías (Guayaquil, Ecuador), pero incluso es de aquellos investigadores que recorren los entornos geográficos donde aún persiste la comunicación de dialectos en proceso de extinción, como cuando se interna en la Amazonía, terreno en el que mantiene una investigación con la comunidad zápara, cuya lengua homónima está por desaparecer con su último hablante fluido, Cesario Santi.

En Ecuador se han reconocido 14 nacionalidades indígenas. En teoría, según Gómez Rendón (cuyas áreas de interés contempla especializaciones en documentación de lenguas indígenas, revitalización de lenguas amenazadas, registro del Patrimonio Cultural Inmaterial y lexicografía de lenguas indígenas entre otros), deberían existir también 14 lenguas. Pero la lengua andwa desapareció en 2012 y la zápara sigue ese camino. Además, en términos lingüísticos, el shiwiar sería una derivación del shuar, comunidad a la que -según constata el lingüista- sería muy cercana, a pesar de que esta la reconoce como propia “y hay que ser sensibles a eso”, comenta el autor. Bajo esa lógica, el baicoca de la nacionalidad siona y el paikoka de los secoya serían derivaciones de una misma lengua. Estos aspectos devienen, según Gómez Rendón, en la existencia de 11 lenguas únicamente.

A causa del contexto, en donde a pesar de los esfuerzos de la Unesco, del Estado ecuatoriano y de las mismas comunidades para detener el avance de la pérdida de la lengua, los hablantes puros fueron desapareciendo, quedando pocos en situación de sostener conocimientos a través de conversaciones, situación que va debilitando la condición lingüística por la ausencia de interlocutores. Como ejemplo de esta situación, la comunidad andwa se ha kichwizado. Todos han dejado su lengua y han adoptado el kichwa.

¿Qué es lo que hace que un indígena sea indígena?

Esta pregunta se la hizo la lingüista peruana Carmen López en 1997, es necesario retomar su lectura. Pasaron 20 años de aquella serie de reflexiones que compartió en un taller de políticas lingüísticas sobre la situación de las lenguas de tierras bajas y el desarrollo de la EIB, y sin embargo sus cuestionamientos no perdieron vigencia, vayamos entonces al texto:

¿Por qué defendemos las lenguas?
Aunque la pregunta parezca evidente, considero necesario repetir, una vez más, algunas ideas ¿Qué es lo que hace que un indígena sea indígena? ¿Qué es lo que hace que un guaraní sea guaraní? ¿O que un guarayo sea guarayo? Creo hacer hecho esta pregunta miles de veces a indígenas de distintos pueblos, y entre las tres primeras características más mencionadas ha estado siempre la lengua. Uno es guaraní, entre otras cosas, porque habla guaraní; es guarayo porque habla guarayo, es indígena porque habla una lengua indígena. Quizás no sea la razón más importante para considerarse indígena, pero si es una de las características más importantes para un indígena el hablar la lengua indígena.

¿Por qué es la lengua importante como elemento de definición de la identidad? Porque nos refiere a un grupo humano –todos los hablantes de esa lengua-, porque nos refiere a un territorio –es la lengua de un determinado lugar-, porque nos refiere a un pasado – mis antepasados también hablaban esa lengua- y a un futuro –mis hijos también hablarán esa lengua-, porque nos diferencia de “los otros”: los que hablamos mi lengua frente al resto.

Pero además de estas funciones de identificación, es necesario recordar que la lengua es el instrumento del pensamiento. No es posible pensar sin una lengua; se piensa siempre en una lengua. Y aquí viene algo muy importante, algo que los bilingües saben muy bien. Hay cosas que se piensan en una lengua, y sólo en esa. Hay cosas que solo podemos pensar en nuestra primera lengua, que no podemos traducir, que no podemos ni siquiera pensar en otra lengua que no sea nuestra primera lengua ¿Por qué? A veces, porque no tenemos la costumbre. Pero a veces porque no existen las palabras en la otra lengua, porque no hay forma de decirlo en la otra lengua. Si la lengua es el soporte del pensamiento, al perderse la lengua, ¿cuánto del pensamiento propio de un pueblo se está perdiendo? Es posible que la pérdida sea muy grande. Imaginemos que una persona “pierde” el castellano, y tiene que utilizar el francés ¿Podrá decirlo todo? ¿Será muy grave la pérdida? Como son lenguas hermanas, de la misma familia, más o menos de la misma cultura, con más o menos la misma historia, es probable que se pueda decir más o menos lo mismo en las dos lenguas. Y a pesar de eso, siempre habrá cosas que se pierdan de una lengua a otra. Ahora bien, si se trata de dos lenguas que no tienen nada en común –ni la familia lingüística, ni la historia, ni el pasado, ni la cultura, etc., como es el caso de las lenguas indígenas con relación al castellano, es posible que la pérdida cultural al perderse la lengua sea realmente grave. La muerte de una lengua es, en mayor o menor grado, una muerte cultural.

Hablemos de los pueblos cuyos niños entran a la escuela hablando muy bien la lengua indígena, y sin saber el castellano, o un poquito, o bastante, pero siempre menos que la lengua indígena. Por supuesto que la escuela se apoyará en la lengua indígena como lengua preferencial para la enseñanza, y a lo largo de los años irá haciendo niños bilingües, niños que puedan comunicarse bien en las dos lenguas. Esto será en la primaria, y si hacemos fuerza, también en la secundaria. ¿Y la universidad? ¿Y los medios de comunicación de la región (radio, televisión, periódicos, cine), y los servicios de estado (salud, justicia, etc.) en que lengua vendrán?

Las lenguas no son objetos que existan por sí mismos. Las lenguas existen porque hay gente que las habla. Las lenguas están vivas mientras sirven para la comunicación, mientras hay gente que las usa para contarse cosas, para hacer bromas, para informar, para pensar.
Del trabajo con pueblos indígenas en situaciones de dominación y discriminación secular, se sabe que el proceso de “bilinguización” es un proceso unidireccional, que va del monolingüismo en lengua indígena al bilingüismo de lengua indígena y lengua dominante, luego al bilingüismo de lengua dominante y lengua indígena, y que de ahí, tarde o temprano, se pasa al monolingüismo en castellano. En su versión más aterradora, este proceso dura solo tres generaciones: abuelos monolingües de lengua indígena, padres bilingües de lengua indígena y castellano, hijos (nietos) monolingües de castellano. En sus versiones menos trágicas, este tránsito del bilingüismo al monolingüismo de castellano puede demorar algunas generaciones.

Por ende la pregunta ¿Es realmente una opción por el multilingüismo, por la diversidad lingüística proponer que las lenguas indígenas sean aprendidas como segundas lenguas? ¿Es ésta una opción real de revitalización y desarrollo lingüístico para las lenguas indígenas?
Para que la lengua indígena no sea una imposición en la EIB, es imprescindible que los niños hablen la lengua indígena antes de ingresar a la escuela. Una opción sería tratar una inmersión oral a través del juego y de actividades recreativas (que desarrollen a su vez destrezas psicomotrices) lo que permitiría desviar la atención de los niños del objetivo de aprendizaje de la lengua, recreando el proceso de aprendizaje por exposición permanente, sin presión, de manera relajada y divertida. En este punto la escuela debería incorporar la participación de ancianos de la comunidad que hablen bien el idioma, con el fin de contar historias, enseñar la fabricación de algún producto o cantos tradicionales en su lengua. De manera más ambiciosa, habría que pensar en estrategias para ganar pequeños espacios en los medios de comunicación (en especial la radio) en que se usen lenguas indígenas con el objetivo de revalorizar la lengua materna en espacios históricamente exclusivos de las lenguas dominantes.

Nada de todo esto que compartió Carmen López se percibe en las actuales comunidades de América Latina, no hay al respecto una política de Estado que implemente enseñanzas de la lengua materna bajo un criterio lúdico, incorporando el conocimiento de los ancianos en los diferentes espacios educativos, aquello que los paisanos suelen entender como “las dos educaciones”, la escolar y la familiar. Quien suscribe recuerda los talleres de lengua qom brindados por Ana Medrano en el Centro Daviaxaiqui de Derqui, Buenos Aires, en donde los nombres de los animales se representaban a través del juego y las ilustraciones, aquel emprendimiento, nacido por interés comunitario, jamás contó con apoyo estatal, incluso hace años el libro viviente Omar Camachi reflexionó con cierta amargura sobre el sentido de la educación intercultural, lo que ciertos conceptos representan para los qom sin encontrar analogía en el contexto áulico, sin propiciar una verdadera integración de culturas. En este caso la Educación Intercultural Bilingüe atraviesa un plano de relaciones entre ambos espacios educativos, pero nos los confronta, no los interpela, no los complementa, nos los hace realmente partícipes.

Aquí debemos volver a un concepto que expresa Gómez Rendón, de que no es posible medir el nivel de una lengua desde la cantidad de sus hablantes, sino de la vitalidad con que es transmitida  de generación en generación, puesto que hay padres que prefieren no hablar su lengua materna lo cual implica una disminución de dicho entendimiento, dice el autor que “Las dos lenguas más vitales son las de relación intercultural, que constan en la Constitución: el kichwa y el shuar. El kichwa se habla en la Sierra, en la Amazonía, pero también ahora en la Costa por procesos migratorios de la comunidad kichwa hablante. Hay otras con menor número de hablantes, pero que siguen siendo vitales como el chapalá, de los chachis que se habla en Esmeraldas o el a’ingae, de los cofanes. El caso extremo y más delicado de todos es la lengua de la nacionalidad zápara que, en 2008, su lengua y sus tradiciones orales fueron declaradas patrimonio intangible de la humanidad”.

Lo grave es que esa lengua apenas cuenta con tres hablantes, de los cuales solo uno puede considerarse hablante fluido, con una fluidez disminuida porque no puede hablar con la misma intensidad por la ausencia de interlocutores, entonces ocurre un proceso inevitable:  la comunidad opta por dejar su lengua para terminar adoptando el kichwa.

Para mayor complejidad cabe señalar que en Ecuador la EIB ha sido uno de los motivos por los cuáles los záparas terminaron debilitando su lengua, ya que estos programas educativos solo se realizaban en lengua kichwa, por considerarla sus docentes una forma de diálogo intercultural, tomando en cuenta que el espacio amazónico es multidiverso, de este modo los alumnos zápara contaban con profesores bilingües kichwa-castellano que no entendían la lengua zápara, con lo cual la imposición del sistema propició de algún modo la pérdida lingüística en lugar de cultivarla y fortalecerla desde otro lugar.

Lo que invariablemente ocurre es que los andwa o los zápara ya no se reconocen como tales sino como “interculturales”, miran con resignación lo que el supuesto avance de la civilización provocó en su propia cultura, y saben que no está lejos el día en que ni siquiera en silencio puedan pensar en su propia lengua.

Fuente:
El Orejiverde

Algunas reflexiones sobre la situación de las lenguas de tierras bajas y el desarrollo de
la EIB / Taller de políticas lingüísticas. Santa Cruz, 9 al 12 de junio de 1997. Carmen
López

Taller de lengua qom en la Biblioteca Qomllalaqpi

Testimonio oral sobre educación indígena y educación escolar
http://librosvivientes.blogspot.com.ar/search/label/Omar%20Camachi

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