Espacio que pretende resguardar voces y conocimientos desde el abordaje de la
bibliotecología. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural intangible
conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas a bibliotecarios sobre el rol social
de la profesión. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Chamanes y bibliotecarios


Comparto algunas mínimas disquisiciones de un tema históricamente abordado desde una periferia. Realmente resulta complejo entender que provecho puede significar el meditar en torno a una problemática que sistemáticamente ha sido analizada desde interpretaciones ajenas. Tal como lo expresó Clifford Geertz, el análisis cultural es intrínsicamente incompleto, y lo que es peor, cuanto más profundamente se lo analiza menos completo es. Por ende lo que se ofrece en este espacio es fijar con la escritura una base empíricamente escueta donde se exponen algunas ideas con la intención de recabar interpretaciones y teorías.  Como bibliotecario siempre me ha inquietado el abordaje interdisciplinario hacia otras formas de conocimiento, y como dichas intervenciones instalan un modo de comprender aspectos desconocidos de culturas minoritarias, ubicando, en un plano visible, microhistorias significativas cuyo tratamiento permite entender aspectos generales de un patrimonio cultural intangible en permanente riesgo de extinción. 

Este trabajo cobra especial significado en el marco de los procesos de re-etnificación y espiritualidad emergente que se dan en la actualidad en numerosas comunidades indígenas, así como de las particularidades del mundo invisible donde entra en contacto el chamán (mezcla de sacerdote, médico, consejero, mago, brujo y artista) considerado en numerosas culturas como el máximo guardián del conocimiento comunitario.

El término saman,que en turco - tungus significa "médico", fue implementado por antropólogos europeos quienes por deformación lingüística adoptaron un significado que provenía de los sanadores tradicionales de las área turcas y mongolas del norte de Asia (Siberia) y Mongolia. Sin embargo algunos lingüistas consideran que el vocablo fue tomado del indio antiguo shraman o sramana, que si bien significa debilitado o exhausto, en el mundo espiritual de la antigua India se aplicó a cierto tipo de monjes-ascetas, mendicantes que optaban por la vía de la privación severa como forma de purificación.

Como ya se sabe, el chamanismo ha significado para numerosos antropólogos una de las expresiones más legítimas y significativas de las culturas originarias de buena parte de América Latina, incluso hay quienes sostienen que el arte cavernario es una de las expresiones más antiguas del chamanismo (período neolítico –paleolítico superior), cuyas imágenes se han asociado con símbolos que ayudaron a recrear el sentido humano de pertenencia a una unidad mayor de carácter sagrado.

La labor de algunos investigadores, mediante un enfoque etnográfico y utilizando métodos de investigación empírica (entre ellas la observación participante, las conversaciones y las entrevistas no dirigidas) ha derivado en el registro de saberes tradicionales dentro de un marco de interpretación donde sea posible la clasificación de conocimiento, bajo un carácter endógeno e interrogativo de la cultura.


Desde la bibliotecología ha sido posible llevar adelante aquello que Geertz denomina “descripción densa”, bibliotecarios que han trabajado con diarios de notas, grabadoras, y cámaras fotográficas, en comunidades donde mencionar sobre las posibilidades de los dispositivos móviles es realmente incomprensible. A modo de ejemplo en la provincia de Chaco aún es común ver a los pio’xonaq deambulando en las comunidades buscando plantas o siguiendo el vuelo de las abejas para encontrar los panales, estos hombres solo resultan conocidos por su entorno íntimo, curando mediante el empleo de técnicas chamánicas como el soplido, succión, canto y danza, acompañamiento a través de la palabra, o verbalizando consejos. En muchos casos los chamanes qom suelen callar lo que saben por fuera de la comunidad. El monte es el almacén y la farmacia. El tratamiento cualitativo por parte del bibliotecario habilita la posibilidad de fortalecer la identidad mediante la construcción de una colección genuina, que permita a la biblioteca resguardar del olvido la memoria oral de un grupo humano particular, un verdadero patrimonio ancestral. Ahora bien, la descripción del tema que se acaba de compartir fue recogida en su momento mediante el testimonio de un familiar de un chamán (Mauricio Maidana, libro viviente perteneciente al Centro Comunitario Daviaxaiqui de Derqui, sobrino de un chamán que vive en una comunidad qom de Chaco), que simplemente recordó lo que el chamán compartió, si el documento se graba para el archivo oral de la biblioteca ¿cuán representativo es de la comunidad?, el aporte es importante pero tiene un carácter microscópico que sería deseable contrastar con otros informantes.

Bibliotecarios que graban lo que el chaman sabe. Bibliotecarios que investigan la bibliografía para luego contrastar conocimiento con el testimonio local. Bibliotecarios que asignan una voz a los que siempre han sido invisibilizados por la sociedad. Bibliotecarios que necesitaron trabajar desde un enfoque interdisciplinario. Bibliotecarios que establecieron puentes entre teorías académicas y teorías locales. Bibliotecarios que habilitaron nuevos conceptos, nuevos modos de entendimiento.

Ante la posibilidad de compartir información con estos verdaderos hombres-puente, resulta necesario entender que cuando se pretende relaborar sucesos ocurridos en el pasado, concebidos según determinadas estructuras sociales, a lo que a veces se accede es al recuerdo de un recuerdo que a su vez fue relatado e interpretado por un pariente lejano; por ejemplo conocemos actualmente los violines de lata de la cultura qom (n´viqué) como derivados de los laúdes monocordes que los antiguos paisanos replicaron de los instrumentos de cuerda traídos por los europeos, pero desconocemos el porqué de la necesidad de construir el artefacto, el porqué de la representatividad (si es que no se trató de una imposición cultural), el sentido de las numerosas leyendas que poblaron el instrumento, el porqué del nombre, que muchos de los actuales qom conocen sin necesidad de interpelar la etimología (y que muchos descendientes apenas registran), entonces a lo que un investigador accede es a la interpretación de una interpretación, en muchos casos relatos de indígenas urbanos recreando relatos de familiares en contextos rurales, es allí que, tomando como parámetro  el carácter científico, uno se pueda cuestionar el criterio de verdad, de qué trata realmente ese conocimiento, aún cuando fuimos partícipes -como profesionales de la información- del exacto momento en que se transformó en documento.

Parafraseando a Geertz, podemos reconocer que la cultura no deja de ser un documento activo en el que el sujeto está inserto en tramas de significación que el mismo ha tejido, pero como dice el autor “desde un comienzo nos hallamos explicando, y lo que es peor, explicando explicaciones. Guiños sobre guiños sobre guiños” (saber distinguir, mediante la descripción, los guiños de los tics, los guiños fingidos, las parodias, los ensayos de parodias, lo verdadero de lo que no lo es).

Curioso camino el de este conocimiento, tomado a partir de los años ‘70 como método de análisis en la etnobotánica, la psicología, el arte y la etnografía, producto del variado conocimiento sobre plantas y experiencias psicoactivas de trance visionario, una sabiduría con carácter oral y artístico, cultivadores de imágenes que dominaron diferentes planos de conocimiento desde una condición social vulnerable, y del que los bibliotecarios tienen mucho que aprender.

En todo caso se trata de una disyuntiva, recogiendo datos del suelo (meras apreciaciones de apreciaciones) que muchos optaron por callar.

Consideración final: una vez más, Clifford Geertz describe de manera clara el sentido de una intervención en un contexto desconocido: “uno puede escapar de varias maneras: convirtiendo a la cultura en folklore y colectándolo, convirtiéndola en rasgos y contándolos, convirtiéndola en instituciones y clasificándolas, o reduciéndola a estructuras y jugando con ellas. Pero éstas son escapatorias. Lo cierto es que abrazar un concepto semiótico de cultura y un enfoque interpretativo de su estudio significa abrazar una concepción de las enunciaciones etnográficas”. Mucho de este entendimiento fue replicado en la experiencia Qomllalaqpi, acaso un hermoso fracaso, pero que ciertamente sentó las bases de una construcción intercultural, porque los documentos, más allá del nivel técnico, fueron genuinos y representativos, donde fue posible socializar las respuestas de los usuarios, porque al final del camino fueron los propios paisanos quienes entendieron a la biblioteca como una casa de la memoria. Un trabajo incompleto pero necesario, cuyo destino seguirá siendo el de fortalecer la propia identidad.


Bibliografía consultada:

Ana María Llamazares. Arte chamánico: visiones del universo En: El lenguaje de los dioses: arte, chamanismo y cosmovisión indígena en Sudamérica / Ana María Llamazares y Carlos Martínez Sarasola – Buenos Aires: Biblos, 2004.

Clifford Geertz. La interpretación de las culturas. Barcelona: Gedisa, 1997 (8° reimp.)

Testimonio sobre los pi’oxonaq, chamanes de la cultura qom (Página Web). Disponible en:

Nota: se recomienda los materiales del curso “Construcción de proyectos en ciencias sociales: investigación cualitativa, Acción social y Gestión cultural”, (Caicyt) a cargo de los docentes Miriam Kriger, Rosana Guber, Marcela Martínez y Karina Benito. Consultar en:
http://flacso.org.ar/formacion-academica/construccion-de-proyectos-en-cs-soc/docentes/

Las imágenes pertenecen al sitio Facebook de El Orejiverde:
https://www.facebook.com/media/set/?set=a.328125457350846.1073741834.296393747190684&type=1

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