miércoles, 4 de marzo de 2026

El impacto de la lectura en el pueblo Kankuamo


El pueblo kankuamo representa, junto a los Kogui, Arhuacos y Wiwas, uno de los cuatro grupos indígenas que habitan la Sierra Nevada de Santa Marta, en el norte de Colombia, allí la lectura es un ejercicio que va más allá del entendimiento de las palabras escritas. Se trata, en algún punto, de un cruce de caminos entre las “dos educaciones”, tal como fue conceptualizado en algún momento por los referentes comunitarios del Centro Daviaxaiqui de Derqui (provincia de Buenos Aires), esto es, la educación familiar indígena y la educación escolar. En el caso de la cultura kankuama (aquellos guardianes que equilibran el mundo), la lectura refiere a la comprensión de un espacio vital en sincronía con la espiritualidad indígena y el conocimiento del territorio, una forma de discernimiento que tiene arraigo en el entendimiento endógeno de la cultura, que habilita la interacción con respecto al concepto de identidad cultural.

Mucho se ha hablado, dentro y fuera de la comunidad, de lo que representa la Biblioteca Pública Kankuaka, un espacio social y educativo ubicado en la comunidad de Atánquez, dentro del Resguardo Indígena Kankuamo, en la ladera sur de la Sierra, desde donde se guarda “el código de la memoria” vinculado profundamente con la pervivencia cultural. Entre los caminos recorridos por los referentes de la biblioteca, se destaca la creación de la Red de Bibliotecas del Pueblo Indígena Kankuamo, constituido oficialmente a través de las autoridades del Cabildo Indígena del Resguardo Kankuamo, por intermedio del Consejo General de Mayores, mediante la Resolución No. 1 publicada el 24 de octubre de 2025. Esta decisión responde a los mandatos del Quinto Congreso del Pueblo Kankuamo, organizado en diciembre de 2022, que reafirma el compromiso colectivo con la protección, preservación y proyección de la memoria histórica, cultural y ancestral del pueblo originario.

La Red de Bibliotecas nace como un sistema comunitario y territorial orientado a salvaguardar el conocimiento propio, fortalecer la oralidad, la lectura y la escritura en lengua kankuama y en español, y garantizar el acceso comunitario a libros, documentos y nuevas tecnologías. Su funcionamiento se articula con el Centro de la Memoria y Documentación Histórica, el Modelo Educativo Propio (Maku Jogúki), la Comisión de Comunicaciones y la Comisión de Educación Propia y Cultura, teniendo como nodo central a la Biblioteca Pública Kankuaka.

El pensamiento puro de los mamos

Resulta valioso el cruce de caminos entre el conocimiento oral de los mamos (autoridades espirituales que se preparan toda una vida aprendiendo a escuchar a la naturaleza, heredando el silencio de la tierra) y las nuevas tecnologías, en donde los jóvenes de la comunidad participan con escrituras de textos, utilización de micrófonos, grabadoras y cámaras, para recuperar en otros formatos los rituales y conocimientos del patrimonio intangible de la comunidad, resguardado en la memoria de los sabios indígenas. El trabajo tiene sentido si se presta atención al entendimiento ritual del origen de las cosas, tal como lo conciben los mamos, vinculado con la concepción del pensamiento puro, como una energía preexistente a la creación del universo.

En este territorio, la lectura implica un intercambio intergeneracional orientado a preservar la música, los saberes medicinales, los oficios tradicionales, todos elementos propios de un concepto de cultura interpelado por el saber de las personas, en donde resulta interesante analizar la asociación de esta casa de las palabras con lo que representa, desde una perspectiva de carácter comunitario, el sentido de una maloka, espacio donde la palabra cobra una relevancia de carácter ceremonial.

Es esencial para un mamo la escucha atenta y el traspaso de conocimiento, en un contexto en el que muchos jóvenes se encuentran apartados de la cultura ya sea por sentimientos de vergüenza o desinterés en el uso de prendas tradicionales, así como expresiones artísticas autóctonas que se van perdiendo al paso del tiempo. Esta situación repercute directamente en la lengua materna, en donde cada vez resulta más difícil encontrar hablantes puros por fuera de las zonas rurales donde están asentadas la mayor parte de las comunidades, una problemática que evidencia las dificultades de aprender un idioma que no tiene relación alguna con la lengua castellana.

Se trata de una lucha que hace tiempo lleva adelante la biblioteca, prácticamente desde su fundación en 2013, con la intención de asociar la lengua como parte esencial de la identidad kankuama, en donde también se resalta la función “psicocultural y emocional” producto de los conflictos armados en el país durante las últimas décadas del siglo XX y las primeras del XXI, en donde se registraron permanentes persecuciones y asesinatos en interminables guerrillas, con presencia de paramilitares, narcotraficantes y el Ejército, situación que aún persiste, incluyendo el interés económico de empresas multinacionales en las tierras y en los recursos geológicos.

Aprender en el hacer

Es por eso que cobra mucho valor el trabajo que lleva adelante la biblioteca desde el año 2015, cuando inauguraron un laboratorio creativo que, bajo la concepción “aprender en el hacer”, han logrado recuperar conocimientos y destrezas cultivados por sus mayores, se trata de una metodología que permite motivar la lectura del territorio. En dicho espacio se aprenden recetas de cocina tradicional, se conversa en fogones recreando historias guardadas en las memorias colectivas, y se realizan trabajos de animación con técnicas de stop motion, utilizando las historias relatadas por los abuelos y abuelas. También se incluye el conocimiento de los tejidos con diseños gráficos y serigrafía para comprender no solo su aspecto estético sino especialmente su funcionamiento y uso dentro de las comunidades.

Lo que se aprecia es un trabajo de documentación que recupera el conocimiento de los mamos a través de nuevas tecnologías, con participación de los jóvenes, quienes de esta manera registran información relacionada con petroglifos, calendarios de cosecha, ciclos de los ríos y datos de antiguas terrazas agrícolas como tecnologías de siembra, un verdadero archivo vivo del territorio, que requiere el espacio de la biblioteca para debatir discusiones públicas y fomentar el pensamiento crítico sobre el alcance de la cultura en la salvaguarda del territorio kankuamo.

Fuente consultada:

Biblioteca Pública Kankuaka (sitio Web). https://bibliotecakankuaka.org/   

Ortíz, Andrés. El País. (2026). La biblioteca comunitaria que preserva la memoria indígena en la Sierra Nevada de Santa Marta. Disponible en: https://elpais.com/america-colombia/2026-02-01/la-biblioteca-comunitaria-que-preserva-la-memoria-indigena-en-la-sierra-nevada-de-santa-marta.html?ssm=TH_CM&utm_source=th&utm_medium=social

Comunicación PIL. Cabildo Indígena del Resguardo Kamkuamo (2022). Declaración Ancestral del V Congreso del Pueblo Indígena Kankuamo. Disponible en: https://cabildokankuamo.org/declaracion-ancestral-del-v-congreso-del-pueblo-indigena-kankuamo/

Kanduruma Lab. Aprender en el hacer. Biblioteca Kankuaka. Disponible en: https://bibliotecakankuaka.org/project/kandurumalab/

Versión para El Orejiverde:

https://www.elorejiverde.com/el-don-de-la-palabra/7050-el-impacto-de-la-lectura-en-el-pueblo-kankuamo

jueves, 5 de febrero de 2026

El invisible testimonio


Un libro.

A horas de ser triturado junto a otros libros de una biblioteca universitaria.

Ocurrió hace años, las circunstancias del contexto son menores, tanto como sus personajes, lo que hice fue separar un libro que estaba destinado a un expurgo, donde simplemente iba a ser transformado en papel picado, la decisión me hizo acordar a un cuento sufí, “Las estrellas de mar”, en donde un escritor observó como un muchacho dedicaba su día a recoger estrellas de mar de la orilla para lanzarlas al agua otra vez, aquel hombre le había preguntado al joven que estaba haciendo y este le contestó:

"recojo las estrellas de mar que han quedado varadas y las devuelvo al mar; la marea ha bajado demasiado y muchas morirán".

Dijo entonces el escritor." Pero esto que haces no tiene sentido, primero es su destino, morirán y serán alimento para otros animales y además hay miles de estrellas en esta playa, nunca tendrás tiempo de salvarlas a todas".

El joven miró fijamente al escritor, cogió una estrella de mar de la arena, la lanzó con fuerza por encima de las olas y exclamó " para ésta... sí tiene sentido".

Después sabemos por el cuento que, al otro día, el escritor corrió a la playa, buscó al joven y le ayudó a salvar estrellas.

Este libro fue una de esas estrellas.

Al día siguiente, con la arbitrariedad del expurgo ejecutada, y luego de saber que lo que tenía en manos era el único objeto que sobrevivió a esa decisión tan poco comprensible –una eliminación de documentos para favorecer “el reciclado” y el problema del “espacio”- dediqué un tiempo a examinarlo. El libro está cubierto con un cartón artesanal, como si fuera prensado con hojas de árboles, incluye un texto vertical del lado izquierdo y una especie de tela sellada desde donde se resalta en forma opaca unos símbolos pintados de blanco, como si fuera estampado con cal, y luego tres solapas con sus dobleces que parecen guardar las palabras mientras se corre el telón para iniciar la lectura, la primera de esas solapas en un tono color pastel, similar a una hoja de calcar, la segunda solapa del mismo color amarronado que la cubierta de cartón, y finalmente una última solapa con una guarda acaso anaranjada, que prologa el silencio y la incertidumbre del objeto.

Buena parte del libro está escrito en ideogramas chinos, parece destinado a la lectura y al asombro. Las hojas son de excelente calidad, dejan entrever distintas caligrafías e imágenes, con delicadas impresiones, con pinturas trazadas en otras épocas, de un tiempo que parece quedarse asociado a églogas serenas acaso anacrónicas o profundas meditaciones en entornos rurales, historias que la tradición oral supo conservar.

Luego supe que ese objeto era parte de una colección digital de libros raros chinos, que albergó la División Asiática de la Biblioteca del Congreso, aproximadamente unos 5300 títulos, de los cuales se digitalizaron cerca de 2000. Se define en este caso como libro raro aquellos documentos impresos y manuscritos encuadernados en idioma chino producidos antes de 1796. Algunos de esos libros datan de los siglos XI o XII, buena parte de la colección reúne libros impresos, manuscritos, sutras budistas (discursos, enseñanzas y preceptos atribuidos a Siddhartha Gautama), obras con imágenes pintadas a mano, diccionarios geográficos locales y mapas antiguos. Se dice que estos materiales abarcan una amplia gama de disciplinas, entre ellas la historia, la geografía, la filosofía y la literatura. La mayoría son ediciones de la dinastía Ming (1368-1644) y principios de la dinastía Qing (1644-1795), mientras que casi 30 títulos son ediciones de la dinastía Song (960-1279) y la dinastía Yuan (1279-1368).

Con respecto a la colección, la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos digitalizó estos libros raros chinos en colaboración con la Biblioteca Nacional Central de Taiwán, en reconocimiento al valor de la colección como recurso fundamental para el estudio de la China premoderna, que incluye la historia local, la geografía, la política, la vida social y económica, la educación, la agricultura y la biología.

Aquella mañana que decidí guardarlo en mi mochila, me quedé pensando en los procesos de producción de un libro, desde que es concebido en manuscritos hasta que es enviado a una imprenta, cuando al otro día observé cómo un conjunto de 500 libros muy similares al que separé fueron puestos en una bolsa para ser enviados a una trituradora, la sensación de pérdida habilitaba un puente semántico entre quienes no pudieron leer esos manuscritos, y quienes, como yo, no podían entender esos símbolos cargados de significado. Mi no entendimiento del idioma me igualaba en esa noción de pérdida con la posibilidad de una lectura que invisibles lectores no tuvieron.

Y es que también esos actos trazan una línea que separa a los bibliotecarios comprometidos con la vocación, de aquellos que prefieren hacer de cuenta que esas acciones no tienen relación alguna con el sentido ético del quehacer profesional.

La disciplina habilita estas discusiones, muchas veces subyace una lógica cuya implementación puede agregar líneas reflexivas y críticas al plano de la biblioclastía, y probablemente la ausencia de recursos impide destinar un tiempo para evaluar la colección, en donde sea posible seleccionar algunos títulos que eventualmente puedan formar parte de bibliotecas insertas en comunidades asiáticas de inmigrantes. Entiendo que organizar ese criterio requiere personas con dominio del idioma, y con conocimiento de la demanda de información que pueda manifestarse en este tipo de colectivos. El criterio requiere trabajo, investigación, organización. El expurgo no. Cuando un edificio se construye pasan años, demolerlo lleva minutos.

Lo que se pierde es la significatividad que pueda tener un documento de este tipo para quien comprenda sus símbolos.

Como lo dijo Borges:

Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica. "La rosa es sin porqué", dijo Ángelus Silesius; siglos después, Whistler declararía "El arte sucede".

Ojalá seas el lector que este libro aguardaba.

No soy el destinatario de esa lectura, acaso solo el testigo de unas cuantas cosas sin resolver, pero aquel día devolví una estrella por encima de las olas.

Sitio consultado:

Library of Congress. Collection Chinese Rare Book Digital Collection. Disponible en: https://www.loc.gov/collections/chinese-rare-books/about-this-collection/